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Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Jujuy

versión On-line ISSN 1668-8104

Cuad. Fac. Humanid. Cienc. Soc., Univ. Nac. Jujuy  n.24 San Salvador de Jujuy jul. 2004

 

Historia regional, racionalidad y cultura: sobre la incorporación de la variable cultural en la definición de las regiones

Regional history, rationality and culture: about the inclusion of cultural variable in regions definition

Adriana Kindgard *

* Unidad de Investigación en Historia Regional (UNIHR) - Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales – Universidad Nacional de Jujuy - Otero 262 - CP 4600 - San Salvador de Jujuy - Jujuy - Argentina. Domicilio Postal: El Chañar 129 (4600) San Salvador de Jujuy - Jujuy - Argentina. Correo Electrónico: a.kin@imagine.com.ar

RESUMEN

   En años recientes han sido frecuentes las reflexiones en torno a los principios subyacentes en las reconstrucciones historiográficas regionales. La que aquí nos ocupa parte de la voluntad de integrar en los análisis de nivel regional la dimensión cultural de los procesos sociales. En nuestra perspectiva, la operatividad del concepto de "región" podría consistir en permitir la demarcación del horizonte surcado por las múltiples relaciones que definen la experiencia social. La región marcaría, así, el límite superior del contexto histórico-cultural al que remitir las prácticas en una primera instancia capaz de proporcionar claves integradoras en términos de la dualidad acción/estructura.
   La microhistoria se instala explícitamente en el debate suscitado por el deslizamiento actual del interés hacia las cuestiones conceptuales y metodológicas de la disciplina. El sentido vivido por los actores en sus prácticas es capturado a través de una fuerte contextualización, "apuntando" hacia el marco histórico y el sistema cultural en el que la racionalidad implicada en la acción resulta inteligible. Alinéandonos en esta propuesta teórico-metodológica, postulamos aquí que el marco de esta contextualización histórico-cultural intensiva podría definirse en clave regional.

Palabras Clave: Horizonte cultural; Análisis regional; Microhistoria.

ABSTRACT

   In recent years the reflection about the principles underlying the regional historiography have been quite frequent. Here we postulate the intention to integrate the cultural dimension of social processes in regional analysis. From our point of view, the concept of "region" could let demarcate the horizon scored by the multiples relationships which define social experience. Then, region would mark the top limit of an historical and cultural context to insert social practice into a frame capable of give integration keys in terms of the duality between action and structure.
   Micro-history is explicitly installed in the historiographical debate because of the present slipping of the interest to the conceptual and methodological matters of the discipline. The sense of social action is captured by putting it into context, "pointing" at the historical frame and the cultural system where rationality implied in action become intelligible. Following this theoretic and methodological proposal, here we postulate that the frame of this intensive historical and cultural contextualization could be defined in a regional key.

Key Words: Cultural horizon; Regional analysis; Micro-history.

INTRODUCCIÓN

   En los medios académicos del país, son frecuentes los cuestionamientos -al interior o desde fuera de la disciplina histórica- a la ligereza con que suele colocarse el rótulo de "historia regional" a trabajos que no pasan de ser historias provinciales, estando ausente cualquier reflexión sobre el concepto de región. De hecho, muchas de las compilaciones emprendidas con el ánimo de constituir una obra de historia regional, sirven de marco a la reunión de estudios diversos que se centran en aspectos y problemáticas muy diferentes entre sí, estableciendo cada uno de los autores su atención en su área de referencia provincial, sin definir conceptualmente la estrategia "regional" de articulación y definición temática (Dalla Corte y Fernández, 1997/1998).
   Como ha sido reiteradamente señalado, las ciencias sociales atraviesan hoy una coyuntura de replanteamiento metodológico y conceptual, ligada a la disolución de los grandes paradigmas. El presente trabajo quiere ser una primera aproximación a la agenda de reflexión sobre cuestiones relativas a la historia regional, orientando el análisis hacia la búsqueda de un camino metodológico capaz de integrar la dimensión cultural en los procesos sociales aprehendidos a este nivel espacial. En la práctica historiográfica microhistórica hemos encontrado interesantes claves al respecto.
   El procedimiento microhistórico considera esencial el cambio en la escala de observación del fenómeno bajo estudio. Como metafóricamente lo ha expresado Jacques Revel, "cambiar el foco del objetivo no es solamente aumentar (o disminuir) el tamaño del objeto en el visor, sino también modificar la forma y la trama" (Revel, 1995: 129). El pasaje a una escala micro entraña efectos de conocimiento, por cuanto logra integrar en el análisis datos diversificados en relación a los comportamientos y a las experiencias de los actores, permitiendo conocer realidades específicas y distintas de las develadas a una escala macro.
   En la microhistoria está presente un cuestionamiento a la cosificación de la sociedad implícita en la modalidad de referir el análisis a entidades ya formadas en lugar de atender al proceso de su conformación. Quienes se inscriben en esta línea entienden su práctica como una interrogación sobre la historia y la construcción de sus objetos, en abierta oposición a una historia social concebida como la de entidades sociales coherentes, con capacidad de actuar y reaccionar por sí solas, llámense éstas clases, comunidades, corporaciones o el orden social mismo. La sociedad es pensada como una red de relaciones y el análisis de los individuos presupone su inserción en una relación social y en un espacio en donde, si bien dichos vínculos operan eficazmente como condicionantes de la acción dejando su impronta en prácticas culturales que adquieren características específicas, es posible hallar subjetividades al margen de la interacción pautada, esto es, individuos concretos actuando en los insterticios de relaciones institucionalizadas a un determinado nivel espacial. Un abordaje tal puede encontrarse en la obra principal de uno de los mentores de esta peculiar corriente historiográfica.
   Así, es Giovanni Levi quien, en su conocido estudio sobre las peripecias del cura párroco de la comunidad piamontesa de Santena, proporciona una vía metodológica de acceso a la dinámica social en horizontes culturales contextualmente delimitados (Levi, 1990).(Nota 1) Lo veremos echar mano de una técnica intensiva que incluye la identificación en los documentos de las huellas dejadas por un mismo individuo actuando en diferentes momentos. Esta reconstitución de itinerarios individuales –los de todos los habitantes del pueblo de Santena que hubieran dejado una huella documental durante cincuenta años, a fines del siglo XVII e inicios del XVIII- permite conocer, detrás de la tendencia general que nos hace pensar en comportamientos básicamente homogéneos, las estrategias sociales desarrolladas por los diversos actores en función de sus recursos y de su posición en la sociedad y revelar significados que habían evadido una explicación. Observemos más de cerca las características del modelo utilizado y la instancia de su aplicación a una realidad empírica.

CULTURA Y ACCIÓN SOCIAL EN ESPACIOS REGIONALES

   A partir de la confrontación de datos sobre las familias de colonos analizadas, Levi había logrado aislar una serie de rasgos para construir un modelo. Entre ellos, los fuertes vínculos entre familias no corresidentes, la diversificación de actividades al interior de esta alianza, la conservación de escasa cantidad de tierra en propiedad, la estricta endogamia del grupo, la solidaridad del grupo frente a los agravios del exterior. "Era un modelo en cualquier caso difundido en todas las familias de los colonos de esta zona, aunque en el caso de los Perrone había alcanzado una plenitud en cierta manera ejemplar" (Levi, 1990: 66). En un paso ulterior, el modelo es puesto a prueba en otras situaciones sociales pero –se aclara- no mediante una verificación estadística sino por las deformaciones que sufren las variables.
   Es en relación a los campesinos pobres de Santena donde, según Levi, resulta harto evidente la imposibilidad de hacer una lectura totalmente formal de los comportamientos económicos. Entre ellos, un acto de intercambio de tierra en el mercado no puede interpretarse únicamente en términos de maximización de los beneficios económicos. Bajo el aparente mecanismo del mercado se oculta el problema general de los recursos, del poder, de la supervivencia, de la solidaridad y de los valores sociales existentes. Fenómenos cuya elucidación última requeriría interpelar el horizonte cultural compartido por los distintos grupos sociales a lo largo de un espacio que trascendía los límites de aquella comunidad piamontesa para abarcar a toda una región. Dirá que "la estrategia que llevan los colonos es mucho más variada que la que los pequeños propietarios o los muy pobres pueden realmente proponerse en concreto. Lo que, sin embargo, me parece común, es el objetivo, la lógica, el esquema mental" (Levi, 1990: 68).
   De lo anterior se desprende la capilaridad entre los diversos grupos que dan cuenta de la estratificación social del pueblo de Santena, toda vez que existe un trasfondo constitutivo de las prácticas culturales, común a todos ellos. Junto a esta constatación de la circularidad de la cultura, es claro que se otorga un importante margen a la autonomía cultural de cada estrato social respecto de otros y, más allá, a la capacidad de acción autónoma de cada individuo respecto a los condicionamientos normativos prevalecientes. El autor reacciona especialmente contra la imagen predominante del campesino del Antiguo Régimen, considerado esencialmente pasivo, incapaz de un comportamiento activo y estratégico.
   De este modo, oponiéndose a los modelos que resaltan los comportamientos adaptativos de un mundo social aferrado obstinadamente a sus tradiciones frente a los embates de la economía capitalista y del poder centralizado del Estado, se propone demostrar la existencia de una racionalidad específica –no económica- en las comunidades campesinas, conviviendo al interior del sistema. Esta no se expresaba en términos de resistencia o de definición de subculturas opuestas a las ideas de las clases dominantes, sino, antes bien, asumía los nuevos lineamientos del sistema y se disponían a utilizarlos. Así, se arroja nueva luz sobre el modo en que las comunidades de una determinada región desarrollaron prácticas culturales específicas y percibieron de modo particular la crisis general del feudalismo y la consolidación de un nuevo ordenamiento social.
   Sostenemos aquí la necesidad de revalorizar la capacidad de acción de los sujetos respecto de la fuerza de las determinaciones colectivas y de los condicionamientos sociales. Alineando la obra en cuestión en torno a la problemática de la tensión acción/estructura, indagamos sobre los modos en que el autor hace irrumpir las instancias de elección individual en un abordaje atento a los marcos histórico-culturales de las prácticas.
   Al acudir a la realidad socio-cultural en busca de claves interpretativas de la acción, Levi comprobaba cómo las formas de organización no estaban preconstituidas. Había diversos modos de responder a las situaciones que el ciclo vital y los acontecimientos políticos o económicos externos podían crear, y éstas se configuraban en la experiencia misma. Si hay un planteo esclarecedor del camino por el cual se intenta asumir las tensiones entre estructura y acción social es el de "...cómo definir los márgenes de la libertad concedida al individuo a través de los insterticios y contradicciones de los sistemas normativos que lo gobiernan" (Levi, 1993: 13). En el caso que analizamos tal posibilidad se manifiesta claramente en relación a las prácticas del padre del cura párroco de Santena: Giulio Cesare.(Nota 2) Un solo hombre fue capaz de contener, durante décadas, los conflictos de poder suscitados por las contradicciones y ambigüedades de un ordenamiento político que dejaba indefinidas las jurisdicciones y, por lo mismo, abría grandes espacios al despliegue de elecciones y decisiones por parte de los sujetos dispuestos a aprovecharlos. Giulio Cesare Chiesa oficiará de mediador –de líder político, dirá Levi- entre su comunidad y los poderes superiores.
   Chiesa negocia, distorsiona información y manipula desprejuiciadamente las relaciones. Era su competencia verificar las inmunidades fiscales para las familias que tuvieran al menos doce hijos vivos. Giulio Cesare había declarado, antes de 1677, que tres familias estaban en estas condiciones: la suya propia (que sólo tenía cinco hijos), la del conde Luigi Benso Santena, que tenía cinco, la del caballero Amadeo Broglia, que tenía dos: la suma llegaba a doce hijos. La indefinición de las sanciones en los insterticios dejados por centros de poder que producen sistemas de normas diferentes pareciera brindarle seguridad, hacerlo sentir invulnerable: "La mediación, el uso explícito de los insterticios locales abiertos por los conflictos entre feudatarios, comunidad y autoridades centrales será la zona de su actividad, la fuente de su éxito" (Levi, 1990: 121). Chiesa sabía aprovechar su conocimiento íntimo de las redes sociales, su dominio de la información, tan necesaria en las estrategias familiares para imponerse como intermediario obligado en el interior de la comunidad y fuera de ella. Al indagar por el sentido de esta conducta, los nexos causales no remiten a ambiciones económicas; sus inversiones se hacen en la zona menos tangible del prestigio y de las relaciones. Y esto no implica indiferencia hacia la suerte que el destino deparará a sus hijos. Si bien no podrá legarles dinero ni tierras, les dejará como herencia un puesto social buscado y acumulado durante cuarenta años de gestión política: la red de relaciones es su riqueza. Giovan Battista -vicario de Santena gracias a las influencias de su padre- tendrá a la muerte de éste la responsabilidad de preservar esa "herencia inmaterial".
   Vemos que en este caso la acción social toma la forma de una permanente negociación. De elecciones y decisiones del individuo aunque de cara a una realidad normativa; el actuar humano no está aquí libre de condicionamientos. De hecho, los individuos se encuentran desde un principio inmersos en un contexto cultural espacialmente delimitado y el sentido de sus prácticas se inscribe en una trama de valores culturales e históricos que trasciende con mucho una vida individual, atando cabos con las sociedades pasadas.

RACIONALIDAD Y CONTEXTO HISTÓRICO

   Más allá de su aprehensión intensiva de una singularidad histórica, el microanálisis es pensado como punto de partida para un movimiento más amplio hacia la generalización, y Levi no se abstendrá de formular hipótesis acerca de patrones regulares de acción social. Esta apuesta por la generalización nos coloca ante la problemática de la racionalidad de cara a los distintos contextos históricos. Levi no hace derivar su modelo racional de interacción de ninguna concepción previa, debiendo siempre demostrarse su grado de ajuste a una realidad empírica, considerada además en su singularidad histórico-cultural. En su perspectiva, los actores sociales no se piensan como agentes maximizadores ni como meros ejecutores de normas. El tratamiento de las prácticas socioeconómicas de los santaneses demuestra que no había implicada una teoría de la racionalidad que postulara la coherencia de intereses y de mecanismos psicológicos en todas las culturas y entre los diversos grupos sociales, puesto que esto entrañaría "simplificaciones de la realidad que no pueden dejar de hacer mecánicas las relaciones entre individuos y normas, entre decisión y acción" (Levi, 1990: 12). Aunque la formalización de las interacciones le permitirá revelar importantes aspectos de la lógica social operante en el Antiguo Régimen, el momento de la comprensión entraña una compleja y rica consideración de la causalidad implicada. Es importante remarcar la distancia que separa esta propuesta de las teorías de la elección racional sostenidas por el marxismo analítico. Así, por ejemplo, Jon Elster postula la universalidad de la racionalidad estratégica –que atribuye a la misma naturaleza humana- y reduce todo fenómeno histórico-social a un tipo que subsume al conjunto de los humanos: la racionalidad estratégica y la tendencia a maximizar utilidades (Elster, 1997). De este modo, la explicación de los fenómenos sociales remite a un mecanismo causal que trasciende épocas y lugares.
   En definitiva, del modelo original elaborado por Levi sólo permanecería constante un esquema general de pensamiento que tendía a homogeneizar las actitudes frente a la inseguridad derivada de la incertidumbre del futuro en sociedades muy vulnerables a los cambios de coyuntura económica o política. Había una tendencia a reforzar la capacidad de previsión y a hacer la vida menos dependiente de la oscilación del ciclo agrícola y del ciclo de la familia nuclear aislada, en épocas históricas de altísima mortalidad.
   A fin de ligar a dimensiones mensurables las prácticas observadas, se partía de un modelo de comportamiento humano que suponía un sujeto portador de una racionalidad limitada y selectiva para enfrentar, actuar y responder a las alternativas que se le presentaban. Se partía de asumir la ambigüedad de las reglas, la necesidad de tomar decisiones en situaciones de incertidumbre, la tendencia psicológica a simplificar los mecanismos causales y la utilización activa de los insterticios entre sistemas normativos. La combinación de variables en diversas operaciones lógicas permitía identificar diferencias entre las situaciones a las que se aplicaba y establecer, en cada caso, una jerarquía de causas entre los elementos incluidos en su construcción.
   Podría decirse que se tiende a generalizar el principio de maximización en torno a un supuesto central que rige el análisis: los actores intentan mejorar, o al menos preservar, su posición social. Sobre esta base se articula la trama lógica de las explicaciones de los procesos de interacción y el modelo adquiere su carácter estratégico. No se ignora, ciertamente, la presencia de elementos deformadores de los procesos de deliberación y decisión involucrados en la acción del sujeto -el modelo utilizado es el de "racionalidad limitada"-. Por otra parte, las interacciones de los habitantes de Santena se entablaban en torno a elementos culturalmente valorados.
   Hacia finales del siglo XVII la comunidad atravesaba una coyuntura difícil. A las consecuencias de la guerra contra Francia –devastaciones del terreno por los soldados- se sumaban una serie de trastornos meteorológicos que redujeron drásticamente las cosechas e incrementaron la mortalidad por doquier. La crisis social desató una crisis psicológica debida a una incertidumbre nueva, a causa de la creciente dificultad de controlar los mecanismos de relación, de prever los acontecimientos para dominar las situaciones y poder organizar los comportamientos. Los embates centralizadores del Estado se hacían sentir con mayor fuerza. El hábil y prestigioso notario de Santena había muerto ya y el juego político parecía requerir un nuevo tipo de liderazgo.
   Los seguidores del párroco Chiesa sufrían males. No existía un enfrentamiento entre medicina y exorcismo. Se recurría a explicaciones sobrenaturales sólo cuando las naturales fallaban y las enfermedades llegaban al límite entre la vida y la muerte, en un juicio que no era abstracto sino que estaba ligado a una determinada situación social. En una atmósfera de fuerte angustia ante el mal generalizado, cuyas causas –al menos en su extensión- eran nuevas y desconocidas, el párroco de Santena proponía una simplificación; la multiplicidad de causas quedaban reducidas a una: "...a casi todos decía que estaban poseídos por los Demonios...que los Demonios eran los que con la opresión de las criaturas abrevian la vida de los hombres, los cuales mientras en otros tiempos llegaban hasta la edad de cuatrocientos años en el presente sólo vivían setenta como mucho" (Levi, 1990: 20).
   Para rescatar los motivos de la acción social y lograr comprenderla el observador no buceará en un universo económico y cultural homogéneo que trasciende diferencias espaciales y sociales. El sentido irrumpe al centrar la atención en las experiencias vividas por los individuos en sus interacciones. Al analizar las estrategias que subyacen en las formas de asociación entre familias en orden a lograr seguridad, y comprobar la medida en que la mejora económica era un fin subordinado a la ampliación y mantenimiento de las relaciones sociales, irrumpe un posible sentido vivido por los seguidores del párroco. Una racionalidad inteligible en referencia a un contexto histórico específico.

ANÁLISIS CULTURAL: DE LA COMPRENSIÓN A LA EXPLICACIÓN DE LOS PROCESOS REGIONALES

   En general, los microhistoriadores entienden el cambio en la escala de análisis como la forma más adecuada de disponer el objeto a su abordaje interpretativo, con vistas a reconstruir una experiencia pasada a través de la identificación de huellas y signos de una realidad que, aunque se sabe inaprehensible en su plenitud, se considera externa al observador mismo. Asimismo, la estrategia narrativa de pasar de un contexto a otro en forma discontinua, sin respetar la secuencia cronológica de los acontecimientos, está vinculada al sentido que se quiere transmitir. Este "sentido", ciertamente, no participa del conjunto de opciones abiertas al investigador. El conocimiento científico debe pretender objetividad. Esto es, existe -de hecho y a pesar del observador- un sentido a develar aunque sólo sea asequible de un modo conjetural e hipotético. La huella material que el historiador encuentra en las fuentes documentales remite a un mundo social verdadero cuyas conexiones de sentido se busca comprender a través de la apelación a un horizonte cultural con referencia al cual las prácticas son inteligibles. En el caso que nos ocupa, se intentará ir más allá de la información que ofrecen las actas del proceso contra Giovan Battista Chiesa para entender "las correrías de predicación" de este cura párroco. No existen documentos que permitan explicar por qué la curia no había vuelto a intervenir en forma inmediata frente al modo de actuar del párroco de Santena, dado que "las plazas de los pueblos entre Chieri y Carmagnola bullían de agitación y el caso amenazaba con difundirse a una zona más amplia" (Levi, 1990: 19). Recién el 16 de agosto Giovan Battista es detenido nuevamente, siendo la última vez que aparece libre.
   Levi se preguntará por las razones que habrían llevado al cura párroco a persistir en su práctica, a sabiendas que con ello desafiaba a las autoridades eclesiásticas -y en plena época inquisitorial-. No duda, en principio, de que hay allí una motivación de peso. El sentido de la misma sólo se revelaría, sin embargo, al disponerse a acceder a la realidad histórica en cuestión usando un "microscopio". Esto es, tras apreciar al menos parte de la infinita riqueza que entrañan las múltiples interrelaciones sociales e intentar reconstruir su compleja trama. El cambio en la escala de análisis entraña así, junto a una opción metodológica, una toma de posición epistémica: la puerta de acceso a la comprensión de lo social se encuentra al apuntar la lente hacia los individuos que participan de las relaciones sociales porque de lo que se trata es de capturar "motivos" y estos son –como los sujetos que los mientan- inaprehensibles a través de un abordaje de macronivel.
   Si existe interés en el sentido vivido por los individuos en su actuar es porque se considera que estos contenidos subjetivos pueden efectivamente dar forma a una realidad histórico-social. Los actores no son meros portadores de mandatos sociales y, de hecho, pueden torcer o modelar los condicionamientos que tienden a constreñirlos. Así, fue posible que la acción concreta de un emprendedor político local –el padre del cura exorcista- pusiera límites a las envestidas centralizadoras que el Estado saboyano, en proceso de consolidación de su control político sobre la variada periferia piamontesa, lanzaba sobre la comunidad de Santena. Levi dirá: "Mi intención es mostrar el significado de la adhesión voluntaria a una política y el relieve que ello tiene también en sociedades en las que estamos habituados a considerar como únicas fuerzas dinámicas posibles las modificaciones generadas por la iniciativa externa, y a considerar la respuesta local sólo como un reflejo pasivo del cambio del mundo social en su conjunto ... la historia que se va a contar en este capítulo se propone precisamente sugerir –incluso para sociedades profundamente jerarquizadas, con mecanismos de sucesión y estatus sociales ampliamente predeterminados a través de formas generalizadas de atribución- la presencia de espacios para personalidades emprendedoras, dinámicas, que manifiesten una fuerte capacidad de innovación y de ruptura" (Levi, 1990: 120).
   De este modo, se afirmaba la contingencia del orden social a partir del lugar preservado a las tomas de posición individuales en la reconstrucción de los fenómenos sociales, como elemento causalmente eficaz. Así, se entiende que la comprensión debe incluir a la explicación, como instancia lógica de un conocimiento que se pretende objetivo.
   Al analizar su obra se advierte que el historiador italiano no se detiene en la mera comprensión; no se conforma solamente con la identificación de señales significativas en los fenómenos. Antes bien, buscará motivos y se convencerá, por ejemplo, de que "puede avanzarse alguna hipótesis sobre la relación entre la predicación de Chiesa y el entusiasmo campesino" (Levi, 1990: 36). Puesto que existían por aquellos años en la región otros personajes que curaban males y se ocupaban de lo sobrenatural, no se puede explicar el éxito de un nuevo curandero sólo en términos de curaciones conseguidas o de nuevas esperanzas de personas desilusionadas por otros curanderos. Tampoco se podía explicar el nuevo fenómeno como "normal" dada la cultura de la época".
   Es decir, no basta con postular la conexión entre cierta creencia y una determinada acción -la gente lo seguía porque creía en la eficacia de sus métodos- ya que esto nos dejaría en la arena superficial de las explicaciones "incomprendidas". Es necesaria la búsqueda de un plus de sentido en la acción, es decir, la indagación por el modo en que la sufrida muchedumbre de aquella región piamontesa había llegado a establecer un vínculo entre su creencia y las propuestas de aquel tosco cura de pueblo. Se van delineando así los contornos de esta perspectiva interpretativa, centrada en la comprensión del sentido de la acción con miras a integrarlo en una reconstrucción causal compleja, no reduccionista, del fenómeno analizado.
   Pero ¿cómo "capturar" ese sentido? ¿cómo encontrarlo entre las inmensas lagunas que dejan las fuentes? Levi no parece proponer una entrada inmediata al sentido. Antes bien, el análisis desplegado en "La herencia inmaterial" demuestra que éste debe ser encerrado en formas lógicas para ser capturado. En efecto, el ingreso a los motivos del actor se logra a través de una formalización toda vez que buscará hacer inteligible los fenómenos históricos al interior de un modelo. No se trata aquí de una construcción conceptual ya acabada sino, más bien, de un instrumento flexible orientado a producir hipótesis. Se trata de una práctica eminentemente experimental, destinada a modificar esquemas previos o a generar nuevas formalizaciones. Dejando momentáneamente de lado las peripecias de Chiesa para fijar la atención en el ámbito de las prácticas económicas de los habitantes de Santena, mostraremos la forma en que Levi se dispone a abstraer elementos para integrarlos en un modelo que luego contrastará con diversas situaciones.
   La estructura de la propiedad en aquella región del Piamonte se caracterizaba por la polarización entre algunas grandes explotaciones agrupadas y una multitud de pequeñas propiedades campesinas. Dada la diversidad de actividades de subsistencia no ligadas a la producción agrícola, el estudio de la estratificación no podía quedar limitado al de las dimensiones de la propiedad, por lo que el historiador iniciaría un trabajo de reconstrucción de las complejas estrategias familiares a través de las cuales los campesinos organizaban su presente y su futuro, en una sociedad constantemente amenazada por el hambre y la fatiga: "¿cómo sobrevivirá un viejo incapaz ya de trabajar o un campesino pobre en un año sin cosecha?... una red intangible de amistades, vínculos y protecciones, debían de ser la base de la supervivencia, aunque los datos económicos sólo las representan de una forma distorsionada y parcial" (Levi, 1990: 54). Para abordar estas estrategias se utilizará un modelo construido previamente en base a pautas de interacción de un grupo de familias de administradores-colonos (Nota 3) ya que se trata del grupo social sobre el que incidían de modo más completo hechos estratégicos que estaban en la base del comportamiento y del sistema de valores en ese particular contexto regional.
   A lo largo de la obra se aprecia el modo en que explicación y comprensión se integran en una común empresa cognoscitiva. En esta ajustada síntesis he salteado, necesariamente, mucho de la rica y compleja reconstrucción realizada en orden a otorgar consistencia a la explicación propuesta. Si el comportamiento del cura párroco había dejado perplejo al observador, el primer paso sería tomar los rastros sin significado en las fuentes documentales y resignificarlos a partir de su inserción en un contexto. Los actos y acontecimientos presentes en las fuentes son huellas materiales objetivas pero fragmentarias e inconexas, a la espera de hipótesis que, en referencia a un marco histórico-cultural determinado, establezcan vínculos causales entre ellas. Así, la contextualización no persigue el fin último de restituir en su pureza originaria el sentido que las acciones sociales tenían para sus actores sino, antes bien, clarificar patrones de causación compleja con miras a proyectarlos a otros espacios y tiempos.
   En fin, en los análisis microhistóricos el sentido vivido por los actores en sus prácticas es capturado a través de una fuerte contextualización, "apuntando" hacia el marco histórico y el sistema cultural en el que la racionalidad implicada en la acción resulta inteligible. Proponemos aquí que el marco de esta contextualización histórico-cultural intensiva podría definirse en clave regional.

CONSIDERACIONES FINALES

   En años recientes han sido frecuentes las reflexiones en torno a los principios subyacentes en las reconstrucciones historiográficas regionales, poniendo en discusión cuestiones como la materialidad de las regiones o las instanciaciones de la identidad regional. Este proceso de inquietud metodológica participa, ciertamente, de un clima de época que trasciende fronteras nacionales y disciplinares. En el caso particular de la historia, "teóricos de toda clase [se lanzan sobre] … los mansos rebaños de historiadores que pacen en los ricos pastos de sus fuentes primarias o rumian las publicaciones de sus colegas. A veces hasta los menos combativos se sienten impulsados a hacer frente a sus atacantes" (Hobsbawm, 1998: 7). El historiador inglés se refería a la serie de impugnaciones que, derivadas del llamado giro lingüístico, se hacían sobre el estatuto científico de la historia.
   Compartimos con los microhistoriadores la idea de que la racionalidad que subyace a la acción intersubjetiva está determinada contextualmente, es decir, constituida a partir de la información parcial con que cuentan los individuos, condicionada de acuerdo a sistemas valorativos específicos y constreñida por la densidad de la trama relacional en la que están inmersos. Levi acudirá al horizonte cultural de las comunidades piamontesas, no en busca de vínculos entre un sistema inmóvil de valores existenciales al cual referir los contenidos de una prédica religiosa concreta –y, por ende, la eficacia de ésta como orientadora de la conducta- sino para descifrar las formas en que una creencia ambigua hacía de mediadora sólo al ser resignificada y utilizada por los hombres, en su acción. Así, a los fines de identificar patrones comunes de comportamiento –reconstruir la causalidad implicada- el sentido buscado es referido a un contexto más amplio, que trasciende la época y la comunidad de Santena, "apuntando" hacia el marco histórico y el sistema cultural en el que el fenómeno resulta inteligible.
   Reafirmando nuestra voluntad de integrar en las reconstrucciones historiográficas regionales la dimensión cultural de los procesos, sostendremos aquí que la operatividad del concepto de "región" podría consistir en permitir la demarcación de ese horizonte surcado por las múltiples relaciones que definen la experiencia social, manifestadas con caracteres propios. La región marcaría, así, el límite superior del contexto histórico-cultural al que remitir las prácticas en una primera instancia capaz de proporcionar claves integradoras en términos de la dualidad acción/estructura. Este nivel de aprehensión de la realidad proporcionaría la base para movimientos más amplios de contextualización como así también para definir las hipótesis o plantear preguntas a través de las cuales proyectar el análisis, no sólo para establecer comparaciones con otras regiones de un ámbito nacional común sino también para aplicarlas a situaciones históricas menos convergentes.
   Por lo demás, ya dijimos que en la práctica historiográfica del historiador italiano no se vislumbra la disolución total de las determinaciones sistémicas en la acción humana. Su interés por rescatar el papel activo de lo individual -pasivo e indiferente en la versión dominante de historia social- no lo lleva a desconocer la impronta de los ordenamientos sociales. Como vimos, buscará resolver la tensión inherente a esta perspectiva integradora reivindicando la capacidad humana de actuar en los insterticios de los sistemas y trascender los límites de un mandato social. Así, aún cuando la impronta de la normatividad social sobre las pautas de interacción de los individuos deje huellas duraderas, existen espacios e instancias de acción creativa. Se sigue de esto la pertinencia de un ejercicio siempre nuevo de captura del sentido mentado en la acción social que es también, claro está, la de un programa científico. De este modo, la microhistoria se instala explícitamente en el debate suscitado en el campo historiográfico por el deslizamiento actual del interés hacia las cuestiones conceptuales y metodológicas de la disciplina. Su posicionamiento en la cuestión abre, según quisimos proponer aquí, una fértil perspectiva para los estudios históricos regionales.

NOTAS

1) Santena era una pequeña aldea feudal del Piamonte situada hacia el sudeste de Turín. El párroco, Giovan Battista Chiesa, se dedicaba a exorcizar y a curar a sus habitantes en una época (fines del siglo XVII) en que la región atravesaba un período de aguda crisis a causa de la guerra contra Francia y a una serie de malos años agrícolas.
2) Giulio Cesare Chiesa, juez y notario de Santena, había sido la figura más importante del pueblo entre 1647 y 1690. Santena no era una comunidad autónoma; al depender de la curia arzobispal de Turín su estatuto jurídico era ambiguo y fuente de una serie de conflictos de jurisdicción que involucraban a la Iglesia, el Estado y los señores feudales, y que serán utilizados como referencia por Levi para comprender el sentido de algunas de las estrategias sociales y políticas de sus habitantes.
3) Se trata del grupo social de "notables" de Santena, formado por los más ricos entre los que desarrollaban actividades agrícolas, gestionando grandes explotaciones como colonos de los propietarios nobles.

BIBLIOGRAFIA

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