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Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Jujuy

versión On-line ISSN 1668-8104

Cuad. Fac. Humanid. Cienc. Soc., Univ. Nac. Jujuy  n.34 San Salvador de Jujuy mayo 2008

 

Lectura y lectores de Pierre Bourdieu. Lecciones y equívocos desde Francia y EEUU

Pierre Bourdieu ' readings and reader. Lessons and ambiguities from France and America

Ana Teresa Martínez*

* San Martín 377 - CP 4200 - Santiago del Estero - Argentina.
Correo Electrónico: anateresa@yahoo.com.ar

RESUMEN

En el presente trabajo se proponen algunos elementos para la interpretación de la sociología de Pierre Bourdieu, explorando pliegues de los lectores y las lecturas que de su trabajo se han hecho en Francia y en Estados Unidos. Se intenta reponer las mismas en algunas de las condiciones en que las lecturas se han hecho y los lectores han estado situados, vinculando ciertos sentidos otorgados a los textos de Bourdieu con estas operaciones de lectura, inseparablemente intelectuales y afectivas. Así, tanto el involucramiento en un campo en el que Bourdieu tenía una posición y tomas de posición particularmente conflictivas, como la distancia frecuentemente ignorada del contexto intelectual del otro, visto desde una posición dominante, conspiran contra la comprensión de un trabajo sociológico innovador en uno y otro caso.

Palabras Clave: Bourdieu; Prácticas de lectura; Campo sociológico; Teoría social.

ABSTRACT

In this work, we propose some elements for the interpretation of Pierre Bourdieu's sociology, through exploring the sides of readers and readings done around his work in France and the United States. This is an attempt to locate them in any conditions on which they were done and the readers situated, linking certain senses given to Bourdieu's texts with these reading operations, intellectual an affective at the same time. In this way, just the involvement in a field, on which Bourdieu had a position and position takings particularly controversial, as the frequently unknown distance of the other’s intellectual context, seen from a dominant position, conspire against the innovative sociological work comprehension in any of the cases.

Key Words: Bourdieu; Reading practices; Sociological field; Social theory.

"¿Pero se trata simplemente de una cuestión de ‘lectura’ como supone en principio el lector que presupone que los autores y los lectores plantean cuestiones de ‘lectura’ y no asuntos de vida o muerte?" (Bourdieu 1997:106)

Las operaciones intelectuales en juego en cada acto de lectura, sabemos que se inscriben en cada caso en un complejo entramado de pre-percepciones, anticipaciones de sentido, interpretaciones en las que tienen un papel fundamental los esquemas (schèmes) que provee la lengua en tanto sistema históricamente constituido, la historia social del lector, las certezas ignoradas de la disciplina y la tradición intelectual desde donde se lee, tanto como las circunstancias precisas de la lectura, individuales y sociales, inscriptas siempre en un juego de fuerzas y tomas de posición relativas unas a otras. Leer sociológicamente a un sociólogo, requerirá en primer lugar, la misma operación de descentramiento del yo social que necesitamos para las operaciones de construcción de la sociología, al tiempo que un esfuerzo de reconstrucción de las condiciones de producción y de acceso al discurso que se intenta comprender, que no es más que la otra cara de la primer operación. En Meditaciones Pascalianas, luego de describir las trampas y los límites de la mirada escolástica, en un post-scriptum, Bourdieu nos dice que leer a un autor es enfrentarnos a un problema de antropología histórica tan complejo como el del historiador o el etnólogo cuando abordan una sociedad desconocida: esa operación de desciframiento nunca es del todo inocente, siendo la lectura más ingenua y desarmada la más culpable de las proyecciones indebidas del etnocentrismo de clase, de etnia, de grupo, de academia. Si es imposible liberarse por completo de cierta proyección interpretativa, es posible en cambio superar la "proyección salvaje" ("sauvage", dice Bourdieu, cargada de los mitos de la práctica y del interés, como el pensamiento "en estado salvaje" de Lévi-Strauss) mediante operaciones de objetivación que repongan al autor en cuestión en la red de relaciones en que consisten las condiciones de producción de su trabajo, esforzándose así por comprender lo que el otro quiso decir desde las circunstancias en que lo dijo, en diálogo con quien lo dijo y con las posibilidades expresivas y conceptuales en que podía decirlo. Esto supone, desde ya, reconstruir el juego de relaciones sociales en que se hallaba inmerso y en cuyo entramado se teje su discurso. Si la actitud "sauvage" tiende al "encantamiento" o a la desrealización, la que proponemos trata de introducirse en el mundo común de productores y de lectores.
Es en este doble juego de las condiciones de producción y las condiciones de lectura donde vamos a tratar de situarnos para sistematizar algunas grandes líneas de comprensión y apreciación de los textos bourdianos tanto en su país de origen, donde los comunes intereses de vida o muerte simbólica de Bourdieu con los de muchos de sus lectores e intérpretes parecen configurar el grueso de las dificultades de aprehensión, como en EE.UU. donde las condiciones de recepción están especialmente marcadas por el ritmo, orden y calidad de las traducciones, tanto como por el peso de la propia tradición intelectual y las condiciones sociales generales de la producción de conocimiento sociológico en ese lugar central.

EN FRANCIA

"Cuando se piensa, como yo creo, que hay que dirigirse en cada caso al punto donde se espera el máximo de resistencia (...) y decir a cada auditorio, (...) el aspecto de la verdad que es para él más difícil de admitir (...) como se dice, lo que más le va a costar aceptar, tragar, es decir, lo que toca a sus inversiones más profundas, se sabe que se está siempre expuesto a ver el socioanálisis transformarse en sociodrama. Las incertidumbres y las imprecisiones de este discurso deliberadamente imprudente, tienen también como contrapartida el temblor de la voz, que es la marca de los riesgos compartidos en todo intercambio generoso, y que, si se percibe aunque sea un poco en la trascripción escrita, me parece que justifica su publicación".(Bourdieu 1987:9-10)

Las entrevistas y conferencias recopiladas y editadas en 1987 bajo el título de Cosas dichas, están dirigidas a públicos muy diversos y varias de ellas fueron publicadas en otras lenguas, como el alemán o el neerlandés, antes que en francés. En cada texto, Bourdieu estructura un discurso según un destinatario específico, y, si creemos a su propia afirmación en el prólogo, haciendo el esfuerzo de presentar a cada interlocutor el aspecto de las cosas que con más dificultad lograba ver. Esta actitud está para él en el origen de lo que la sociología en cuanto portadora de una tarea de develamiento de lo oculto, de lo negado por el espacio social en cuestión, pretende ser. Si con ella el socioanálisis tiende a volverse sociodrama es porque el interlocutor con frecuencia, en lugar de analizar y aceptar, asume el rol y actúa, confirmando por sus actos lo que niega con sus palabras. Cuánto nos explica esta característica de la sociología de Bourdieu la violencia de los amores y odios que ha suscitado y suscita su trabajo (y su persona social) en el mundo intelectual francés, es difícil de ponderar, aunque no podemos ignorar el peso que en este sentido pudo tener el carácter de un trabajo que reflexionó, dirigiendo los instrumentos de la objetivación sin condiciones ni concesiones, sobre áreas y agentes del mundo social francés en sus campos más protegidos y sacralizados, apuntando hacia sus creencias inconscientes más profundas: el sistema educativo republicano, el arte y las refinadas consumiciones y producciones de lujo que caracterizaron el orgullo de la "France rayonnante" por su "genio" y su cultura, la ideología del "carisma" que la sostuvo, las Grandes Escuelas de formación de las elites, el peso que tienen en la "opinión culta" los filósofos-ensayistas de izquierda y derecha, la jerarquía social de las disciplinas con la filosofía en la cúspide. Si no faltan contra nuestro autor los gestos y las palabras de escándalo, indignación y desprecio, tampoco faltan las del innegable reconocimiento a la calidad del trabajo científico (medalla de oro de la CNRS, nombramiento en el Collège de France), y tal vez más significativo en este punto, los testimonios de agradecimiento por la experiencia de "liberación" vivida frente a sus textos por parte de muchos dominados, especialmente en el campo de la cultura (Nota 1) llamativo sobre todo advertir que el mismo trabajo que es visto por numerosos agentes situados en el polo dominante de la cultura como una especie de máquina infernal de repetición y determinismo, es recibido por muchos profesores de escuela media, trabajadores y dirigentes de movimientos sociales o productores en espacios culturales nuevos, como una fuente de lucidez y libertad.
Gérard Mauger describía en 1994 el estado de la relación de la sociología de Bourdieu respecto del campo de las ciencias humanas y sociales en Francia, recogiendo algunas apreciaciones significativas, como la de Robert Maggiori: "lo que es molesto en los libros de Bourdieu, es que no se puede nunca leerlos con serenidad"(Mauger y Pinto 1994:313), o la mención en una entrevista a "La agresividad que usted suscita y que no se puede negar"(Mauger y Pinto 1994:313), para resumir luego la situación dentro del campo sociológico en los siguientes términos: "Ningún debate apasionado, sino una apasionada ausencia de debate" (Mauger y Pinto 1994:313).
No pretendemos en las páginas que siguen explicar una situación conflictiva querequeriría un trabajo de investigación empírica pormenorizado del campo, de su génesis y de su estructura actual, donde comprender la trayectoria de P. Bourdieu en relación con la de otros agentes, sino simplemente apuntar en borrador ciertas líneas, algunas de las cuales ya han sido antes señaladas, a fin de dejar constancia de la conflictividad que la figura y los textos de Bourdieu han suscitado en Francia, y de la complejidad de elementos que pueden estar en juego sesgando la comprensión de su trabajo. En un primer momento mostraremos la dificultad de la posición y de algunas tomas de posición de Bourdieu desde sus primeros años de trabajo como sociólogo, para caracterizar lo que fue su punto de llegada en el campo académico, como un "marginal" que detentaba un enorme prestigio aunque poco poder. Luego trabajaremos brevemente las reacciones que se suscitaron en la prensa francesa de inmediato a su muerte, reacciones en las que se puede leer cierta continuidad de algunos conflictos más sociales que sociológicos. En realidad, el panorama que queda trazado nos deja frente a un espacio de luchas de fuerte tenor personal que no alcanzan a expresarse en polémica científica, panorama al que, sobre todo en los últimos años, se suma la confusión que procede de la fuerte toma de posición y despliegue de estrategias de objetivos políticos a la que Bourdieu se sumó y a la que legitimó en toda conciencia aportándole su prestigio específico.

POSICIÓN Y TOMAS DE POSICIÓN EN "porte-à-faux"

Es conocida, y sobre todo luego de la aparición de Autoanálisis de un sociólogo (Bourdieu 2006), la inusual trayectoria social de Bourdieu. En otro lugar (Martinez 2007), hemos reconstruido su trayectoria científica, al hilo de la construcción de la problemática que articula su trabajo. Esta manera de leerlo, que vinculó sus conceptos fundamentalmente con la tradición de la que proceden, no siempre ha permitido ver lo suficiente las posibilidades dejadas de lado y los vínculos entre esta trayectoria teórica, su trayectoria social y la de sus tomas de posición en el campo académico y político. Sin pretensiones de exhaustividad, queremos dar aquí algunas indicaciones al respecto.
Si bien Bourdieu se autodefinía en forma reiterada (e insistía deliberadamente en ello por razones que explicitaba cada vez (Nota 2) como sociólogo, no se puede olvidar que su formación había sido la de un filósofo (Nota 3), y por eso será con relación al campo de la filosofía que autodefinirá sus tomas básicas de posición cada vez que plantee la génesis de su manera de hacer sociología. Así lo hace en el primer capítulo de Cosas dichas (que precisamente se titula Trabajo de campo en philosofía, y también en el texto que cierra el colectivo Bourdieu, perspectivas críticas (Bourdieu 1993:268-70). Podríamos decir que las claves, tanto de problematización, como de resolución de los problemas en la sociología bourdiana, más acá del trasfondo de su experiencia social y sus tomas de posición ético-políticas, se articulan en intereses y en un habitus que en buena medida sigue siendo filosófico, aunque se defina luego siempre en un trabajo que indudablemente tiene el estatuto epistemológico de la sociología y propone una teorización que es claramente la de una ciencia empírica. No en vano dirá finalmente en Meditaciones Pascalianas, que su trabajo es una especie de "Filosofía negativa expuesta a parecer autodestructora" (Bourdieu 1997:15), en realidad el modo en que él entendió realizar un "proyecto filosófico". A la filosofía lo había llevado su trayectoria social ascendente, que no podía ambicionar otra cosa que la Escuela más noble y su sección más prestigiosa, el lugar de la excelencia intelectual por antonomasia, y aunque sus disposiciones antiintelectualistas (vinculadas también a su origen social) lo llevaran a realizar esta vocación de una manera muy particular, no pudo menos que transportar consigo a su nueva disciplina la misma ambición teórica que había cultivado hasta entonces.
Como señala Louis Pinto (Pinto 1999:33-7), en los años de formación de Bourdieu, el campo de la filosofía en Francia, además de estar dominado por el existencialismo, con su alternativa en la filosofía de la ciencia neokantiana y a la vez histórica (Cabaillés, Bachelard, Koyré, Canguilhem), estaba atravesado por dos ejes: el que oponía un polo erudito y especializado a un polo mundano orientado al gran público, y un segundo eje de oposiciones, entre los reproductores de la filosofía consagrada, dedicados sobre todo a la historia de la filosofía y a la formación de profesores, y los productores, más orientados a la innovación y a la novedad. No es difícil imaginar hacia qué polos de ese doble juego de oposiciones se inclinaría el joven estudiante. En este contexto, en una misma línea de reacción contra la filosofía existencialista, el proyecto filosófico de Bourdieu buscará generar innovación, como el de Foucault, trabajando en los márgenes entre la filosofía y la ciencia, radicalizando la filosofía neokantiana de las "formas simbólicas", pero en el caso de Bourdieu, a diferencia de Foucault, haciendo una verdadera ruptura con la jerarquía social de las disciplinas, facilitada por su creencia racionalista en la posibilidad de una ciencia social rigurosa. Más inclinado por su trayectoria social a la ruptura que a la trasgresión en los límites de lo permitido, hará, como vimos, preguntas filosóficas al mundo histórico, y sin sacrificar al "fetichismo del terreno", esperará sin embargo construir desde allí las respuestas a esas preguntas.
La decadencia de la escuela Durkheimiana, cuyos miembros más prometedores habían muerto en el frente de batalla o habían sido deportados en el transcurso de la Primera y Segunda Guerra, se traducía por entonces en un cuestionamiento sobre la posibilidad misma de una ciencia acerca de la sociedad, en la asimilación de Durkheim al género de la filosofía, y en el desprestigio de profesores universitarios dedicados al tema, que estaban lejos de ser considerados entre los detentadores de la excelencia, excepción hecha de la valoración, entre científica y social -por su condición de miembro de la Resistencia- de Raymond Aron. Cuenta Bourdieu: "nuestro desprecio por la sociología era reforzado por el hecho que un sociólogo podía presidir el jurado de agregación de filosofía e imponernos sus cursos, que juzgábamos nulos, sobre Platón o Rousseau" (Bourdieu 1987:15). Si Benveniste, Dumezil y Lévi-Strauss habían abierto una posibilidad de "elevar" las ciencias humanas en la jerarquía de las disciplinas, arrancándolas al empirismo positivista al que parecían condenadas a los ojos de los filósofos de entonces, era la sociología la que seguía apareciendo como irrecuperable, lugar en todo caso de refugio para carreras filosóficas fracasadas.
Sin embargo, esta debilidad tenía una contracara: si la sociología era una disciplina "paria", un joven filósofo como Bourdieu, que había mostrado ya sus dotes de excelencia, podía rápidamente ocupar posiciones destacadas en un espacio que como espacio social e institucional estaba en plena construcción: en 1961, a los 31 años, era asistente de Raymond Aron en La Sorbonne, y en 1964 uno de los más jóvenes directores de estudios en la EHESS (Nota 4) y secretario del Centro de Sociología Europea, que su mismo mentor había fundado y desde la publicación con Passeron de Los Herederos, a sus treinta y cuatro años, era ya ampliamente conocido en el mundo universitario francés. Este joven "miraculeux" (excepción que confirmaba la regla que sus primeros trabajos de sociología de la cultura enunciaban) desde el habitus impregnado de laboriosidad de la pequeña burguesía, desde su creencia en los valores profesados por la academia a causa de su condición de oblato de la ciencia y del sistema escolar, desde la timidez social (procedente de su sentimiento de ilegitimidad) y el desprecio por lo que veía como aspectos "mundanos" de la vida académica (Nota 5), construía por entonces una posición científica tan "en porte-à-faux" como su historia social: racionalista e historicista a la vez, de gran ambición teórica pero minuciosamente empírico, proponiendo una ciencia rigurosa pero rechazando el positivismo, fundándose en la búsqueda de regularidades objetivas pero recuperando la creatividad de los agentes, de fuerza crítica pero rehusándose al profetismo. Conservó de la filosofía una inclinación a proponerse proyectos intelectuales amplios que ignoraban los límites entre las disciplinas y entre los campos, practicó un "politeísmo metodológico", rechazó de plano las especializaciones que desvinculaban teoría, metodología y trabajo empírico, retornó a los clásicos de la sociología y los leyó en diálogo complementario, pero a la luz de los problemas que le planteaba el terreno. Esta manera de conducir sus prácticas científicas, moviéndose siempre entre aparentes contradicciones que veía artificiales e intentaba superar, lo llevó a construir una nueva posición teórica en el campo, lo que Pierre Ansart consideraba en 1985 una de las cuatro corrientes más o menos definidas de la sociología francesa contemporánea, el estructuralismo genético, que marca su diferencia respecto de la sociología dinámica (Balandier y Touraine), de la aproximación funcionalista y estratégica (Crozier) y del individualismo metodológico (Boudon) (Ansart 1990). Estas otras tres corrientes forman parte, por lo tanto, del horizonte contra el cual se definía, diferenciándose, y al mismo tiempo, obligando a los otros a definirse contra su "estructuralismo genético" (Nota 6).
Por otra parte, sus posiciones en "porte-à-faux" se tradujeron también al campo de las tomas de posición institucionales y políticas, que parecen marcadas por una agudeza crítica extrema, una rebeldía anti-institucional ostensible y a la vez por una extraordinaria sensibilidad al sufrimiento social, rasgos que lo llevarán con frecuencia a la confrontación con sus colegas. En una entrevista para el mundo anglófono (evidentemente más cómodo que si hablara para su propio mundo cultural), él mismo decía: "Algo similar me ocurría en la Escuela Normal: yo no me sentía bien conmigo mismo. Fue mucho más tarde que encontré en Nizan y en la brillante introducción de Sartre a Aden Arabie, al detalle lo que yo había sentido en aquella "escuela". Después de mi agregación, podría haber permanecido un año más en la Escuela pero decidí en cambio comenzar a enseñar en otra parte. No me fui a Aden, sino a un pueblo de provincia. Quería hacer algo útil y construir una vida. En todo lo concerniente al sistema de educación yo estaba mitad ‘dentro’ -tenía su bendición y reconocimiento y estaba modelado por sus ideales, y mitad ‘fuera’ sin saber por qué. Me sentía profundamente atraído por él y en rebelión contra él al mismo tiempo... no me podía contentar con leer periódicos de izquierda o firmar peticiones; tenía que hacer algo concreto como científico" (Harker 1990:7) Sus tomas de posición expresan una y otra vez esta incomodidad y esta disidencia. Basten algunos ejemplos concretos: cuando en la Escuela Normal Superior la mayoría de los estudiantes se afiliaban al partido comunista, Bourdieu con Derrida y Louis Marin fundaron un "Comité para la defensa de las libertades intelectuales"; cuando en los años 60 el paso por los EE.UU. con becas de la Fundación Ford o Rockefeller parecía una etapa obligada, él apenas realizó una estadía breve en Princeton y en la Universidad de Pensilvania, donde conoció a Erving Goffman; en 1965, cuando los sociólogos franceses se encontraban divididos por un debate para definir su posición respecto de los requerimientos del Estado a la profesión, mientras la Sociedad Francesa de Sociología convocaba un Coloquio que dio lugar a la obra Tendencias y voluntades de la sociedad francesa, Bourdieu y Alain Darbel dirigieron otro cuya obra de autoría colectiva se titularía El reparto de los beneficios (Amiot 1986); en mayo del 68 su libro Los Herederos era referencia para los estudiantes y docentes en rebeldía, pero él mantenía distancia de los entusiasmos excesivos por el movimiento y a diferencia de varios de sus colegas no escribió sobre el tema hasta 1984; aunque es autor con Passeron de Los herederos y La reproducción, en 1985 coordinó un documento en el Colegio de Francia para proponer cambios al gobierno de Mitterand para una reforma del sistema educativo francés. En suma, desde los primeros años de su carrera, con demasiada frecuencia lo encontramos en posiciones disidentes y bastante solitarias, tanto respecto de los poderes dominantes como de las ortodoxias y de las posturas de lo considerado en el momento "políticamente correcto". Son conocidas por otra parte en el medio académico francés, sus poco diplomáticas estrategias, su tendencia a la confrontación, el cuidado extremo de su propia libertad intelectual. Françoise Héritier, a su muerte, lo decía así: "La resistencia del mundo real frente a lo que sentía como una verdad irrefutable le era siempre incomprensible (...) No es que fuera amargo: no era un diplomático y no comprendía que hubiera resistencias frente a hechos intelectuales que eran a sus ojos indudables (...). Es esta incansable exigencia de un ser libre en el mundo, partiendo sin descanso al asalto para defender y expandir las ideas en que creía, el recuerdo que personalmente guardaré con emoción y asombro" (Heritier 2002).
Estas tomas de posición tanto al interior del campo sociológico como en el campo intelectual y en el político, no se fueron consolidando en la construcción de un polo de poder académico: con frecuencia Bourdieu es señalado, también de modo similar a Foucault, como un marginal en este sentido. Si reiteradamente debía volver a pedir el apoyo de Raymond Aron, de quien se había distanciado desde 1968, para hacer triunfar alguna candidatura o propuesta en la EHESS, si necesitó nuevamente de él en 1981 para apoyar su propia candidatura en el Collège de France, si nunca defendió una tesis de Estado (requisito normal para presidir jurados de tesis) es porque presumiblemente no logró o no quiso acumular el capital académico que, del lado "político" del campo intelectual, permite participar con peso propio en el gobierno de las instituciones académicas. Desde este punto de vista, su inclusión en el Colegio de Francia, por las características de esta institución, no lo ponía en mejor posición, sino que reforzaba su condición de marginal académico con fuerte prestigio científico. Postularse al Colegio de Francia, institución en la que sí creía, y que alguna vez llamó "institución de libertad", parece así coherente con el conjunto de su trayectoria social y académica y con la elección del polo "profético" del campo, desde el cual continuó su tarea crítica, a la vez de la ciencia social, y de la sociedad misma, y esto -una vez más- sin dejar de volver sobre sí mismo los instrumentos de la objetivación para "desencantar" el poder mágico de ese mismo "profetismo".

PAZ ARMADA SOCIOLÓGICA Y GUERRAS MEDIÁTICAS

Tanto en sus libros y artículos como en entrevistas y en sus cursos, Bourdieu se quejaba de que su trabajo no era comprendido, y esto no sólo cuando se lo criticaba: lo decía también respecto del éxito editorial (fue un best-seller) de La miseria del mundo, según él, su texto más leído pero peor comprendido. Paralela a esta queja, Bourdieu deploraba que el campo sociológico francés funcionara como "un campo de teólogos", donde cada grupo seguía una ortodoxia en torno a un profeta ejemplar, sin abrir debates sobre temas sociológicos a partir de un patrimonio común de teorías, de métodos y técnicas. En realidad, como señalaba Mauger, esta ausencia de debate científico se verificaba particularmente en torno a su trabajo. Si es verdad que Bourdieu rechazaba la mayoría de las críticas que se le hacían alegando su improcedencia, era precisamente el tenor de esas críticas, vinculadas a posiciones filosóficas o políticas más que a procedimientos científicos, lo que rechazaba (Nota 7). Y lo decía sin diplomacia: "es verdad que la mayor parte de las objeciones que me son dirigidas, sobre todo por ‘los más eminentes de los sociólogos franceses’ entre comillas, tienen para mí valor de autoexclusión" (Mauger y Pinto 1994:329). Refiriéndose a Bourdieu se hablaba de "jefe de secta" (retomando un párrafo de Raymond Aron en sus memorias, donde se refería a 1968), de rigidez y de absolutismo, al punto que Luc Boltansky, antiguo compañero de trabajo, aunque varios años más joven, en la década del setenta, alegó luego de su muerte: "Como en el caso del lacanismo, había en torno a él, una especie de pequeño grupo de seguidores autoproclamados que funcionaban como una secta política y se servían de esta pertenencia como de un reaseguro.(...) Lo más discutible en mi opinión es el endurecimiento del sistema a partir de la mitad de los años 70, con un fuerte acento positivista. Es en ese momento que yo me separé de él (...) Lo que retengo de él es la calidad de profesor en los años 60-70" (Nota 8). Más allá que las palabras de Boltansky alegan un "positivismo" en el trabajo bourdiano que puede discutirse -y al que de hecho nosotros no adscribimos-, más allá de las reales actitudes sectarias de algunos seguidores (Nota 9), y la violencia crítica de algunas afirmaciones de nuestro autor, hay indicios de que el funcionamiento del campo sociológico como campo científico exponía en este caso todas sus deficiencias. Bernard Lahire, quien también se formó como sociólogo junto a Bourdieu, plantea que las dificultades del diálogo son en el fondo "el síntoma de un funcionamiento colectivo deficiente" y se preguntaba al respecto: "Qué es lo que puede forzar a la virtud científica a una personalidad que posee su revista, su colección (medios objetivos de no tener que rendir cuentas científicas a nadie), su Centro de Investigación, que se vio atribuir la medalla de oro de la CNRS en 1993 y que, para coronar la totalidad, es el único representante de su disciplina en el Colegio de Francia desde 1981" (Lahire 2001:6). Como decíamos, sin embargo, esta acumulación de poder científico y editorial le daba a Bourdieu una gran influencia en cuestiones científicas, pero no un poder propiamente académico, y, de creer a Françoise Héritier en el texto arriba citado, esta contradicción era para él incomprensible en la práctica y muy difícil de aceptar. Lo cierto es que, como señala Jean-Baptiste Marongiu, entre los colegas y compañeros de trabajo de los años 70 "No fue sino a partir de una visibilidad creciente de la obra de Bourdieu que los problemas comenzaron, con una serie impresionante y dolorosa de desgarros, separaciones y guerras intestinas", pero por otra parte "las relaciones entre el bourdieusismo y las otras escuelas sociológicas francesas (...) están fundadas sobre una paz armada, sino sobre un respeto mutuo que no ha dado lugar a enfrentamientos espectaculares, contentándose unos y otros con no discutir para no pelear (Nota 10)"
A esta dificultad para el debate al interior del mundo académico, se añadía en Francia una sucesión de ácidas críticas más bien mediáticas, de parte de filósofos y ensayistas de gran audiencia en los periódicos y las revistas culturales. El semanario cultural de Le Nouvel Observateur y la revista fundada y dirigida por los jesuitas Esprit eran en los años 80-90 los dos escenarios más frecuentes de las confrontaciones, sin excluir los comprensibles ataques desde cotidianos como Le Figaro o L'Express, tradicionalmente leídos por las franjas más conservadoras de la sociedad, y, desde 1995, cuando comenzaron los reproches de Bourdieu a un socialismo que consideraba cómplice de la revolución conservadora del neoliberalismo y sus análisis sobre el funcionamiento del campo periodístico, también las críticas desde las páginas de Le Monde. Se insistía en general sobre el tema del determinismo y la reproducción, se lo acusaba de no aportar nada para pensar las transformaciones sociales, de dividir el mundo entre dominantes y dominados, se insistía en su marxismo extemporáneo (como etiqueta insultante), se decía que se arrogaba un papel profético "a la Sartre", que era un "gurú" y un "mandarín" ácido, dogmático y sin ideas, de escritura ilegible, último representante "des ‘intellos’" de "la pensée ‘68" y de un moralismo obsesionado en realidad por alcanzar una presencia mediática que su falta de talento le negaba. Todo esto puede leerse en la prensa cultural de Francia sobre todo a partir de 1995.
A su muerte, sin embargo, Le Monde retrasó su aparición para poder incluir la noticia, se pronunciaron el presidente de la república, el primer ministro, presidentes de asociaciones y sindicatos, las instituciones y personas ligadas a los más importantes centros de estudio, y en los días siguientes aparecían dossiers y páginas especiales en Le Monde, L'Humanité, Libération, L’Express, Le Nouvel Observateur, Le Canard Enchaîné, además de sucederse manifestaciones de dolor en asociaciones, sindicatos y espacios académicos de todos los niveles. La unanimidad del homenaje hizo comentar al periodista Jean Daniel, uno de sus habituales contradictores, "finalmente, comprendo las necesidades que se han revelado en los insólitos homenajes a Pierre Bourdieu (...): creo que nuestra época no logra consolarse de la pérdida de algunos útiles conceptuales marxistas. De la pérdida de un sistema que permitía otorgar una providencial vestimenta científica, e incluso mesiánica, a nuestras revueltas contra el dinero, el mercado, la desigualdad..." (Nota 11) y desde otra posición, al filósofo del Colegio de Francia Jacques Bouveresse: "Como se podía prever, no han faltado allí ni la porción de admiración obligatoria y convencional, ni el modo que tiene la prensa de dar la lección (un poco más discretamente esta vez, dadas las circunstancias) a los intelectuales que no ama, ni la dosis de perfidia y bajeza que se considera necesaria para dar una impresión de imparcialidad y de objetividad. Si Bourdieu pudiera verse en la primera página de algunos de nuestros periódicos (...) no dejaría (...) de encontrar en lo que ocurre desde hace algunos días una confirmación ejemplar de todo lo que escribió respecto de la ‘amnesia periodística’." (Bouveresse 2002). Pese a la unanimidad del homenaje, tampoco faltó un pleito judicial entre la familia de Bourdieu y Le Nouvel Observateur, por la publicación póstuma de un texto hasta entonces inédito -facilitado por Didier Eribon, editor de Bourdieu- escrito para ser publicado primero en alemán, donde Bourdieu completaba el socio-análisis ensayado en su último curso en el Colegio de Francia, y donde relataba, entre otras cosas, las humillaciones sufridas en su adolescencia como interno en el Liceo de Pau. El texto, publicado en el semanario en medio de otros artículos de conocidos enemigos del sociólogo, algunos de los cuales insinuaban la tesis del resentimiento social como base de su trabajo de análisis de la sociedad francesa, aparecía así como una versión caricaturesca del "regador regado" en el que Bourdieu siempre se había reconocido. Su propio socioanálisis suscitó finalmente el sociodrama en que cada uno asumió y representó el papel esperado, actuando sin saberlo todas las tensiones del campo.
En suma, un campo sociológico disfuncional, una personalidad construida en una trayectoria social y académica en porte-à-faux, una intervención política "inoportuna", parecen obligar en Francia a los lectores a definirse a favor o en contra, a engrosar imaginariamente las filas de los "discípulos" o de los "enemigos", antes que a leer, comprender, utilizar. Como afirma Loïc Wacquant: "Los retóricos de revista, en unos pocos días, con la seguridad que da la ignorancia, ya han trazado el balance de ‘lo que quedará de Bourdieu’. Para los investigadores harán falta varios decenios para medir completamente y sacar todas las consecuencias de un pensamiento fundamentalmente reacia a la ‘manualización’." (Wacquant 2002). Y todo parece indicar que esta será tarea, al menos en Francia, no de los sociólogos contemporáneos a Bourdieu, sino de las nuevas generaciones de investigadores.

EN E.E.U.U.

"Uno de los tópicos más gastados del discurso de celebración de los clásicos (...) consiste paradojalmente en describirlos como nuestros contemporáneos y nuestros próximos más próximos; tan contemporáneos y tan próximos que no dudamos un instante de la comprensión aparentemente inmediata (en realidad mediatizada por toda nuestra formación) que creemos tener de sus obras" (Bourdieu 1997:101)

Si en Francia la lectura del trabajo de Bourdieu está marcada por la posición que lectores y autor ocupan en un campo de tradición común y por las tomas de posición de unos y otros en los conflictos que lo atraviesan, en el caso de la exportación de su sociología a otros medios nacionales, sucede de algún modo como con la comprensión de los clásicos: la ignorancia de la distancia, la invisibilidad de los propios esquemas de percepción interpuestos, se convierte en el principal obstáculo. En este sentido, las posibilidades y dificultades de una comprensión fecunda, están vinculadas a cinco factores fundamentales: el ritmo, orden y calidad de las traducciones; la familiaridad de los lectores con el mundo intelectual de producción de la obra; las características de la tradición intelectual desde la que se recibe el trabajo; las condiciones de producción del campo receptor, más o menos abierto a percibir la novedad que le llega desde otras latitudes y a dejarse modificar por ella; las características y el estado del campo científico de recepción, donde, a partir de los elementos anteriores, se tenderá a asociar el trabajo extranjero con alguna posición y toma de posición localmente definida; en fin, según el grado de autonomía del campo, las cuestiones en juego en el momento en el campo general del poder. En el caso de los EE.UU., el trabajo de Bourdieu parece haber encontrado escollos, que sólo paulatinamente se van superando, en cada uno de los cuatro primeros aspectos. El quinto y sexto requiere un estudio específico más minucioso, que no estamos aquí en situación de realizar.
Tanto David Swartz en los primeros capítulos de su obra Pierre Bourdieu, cultura y poder, como Craig Calhoum, Edward Lipuma y Moishe Postone en la Introducción a Bourdieu, perspectivas críticas, coinciden en señalar los sesgos de lectura que produjeron en el campo anglófono la lentitud y fragmentariedad con que fue traducida y conocida la obra de Bourdieu en inglés, a pesar que desde los años 60 éste publicaba ya en revistas científicas de esa lengua. Hacia fines de la década de 1980, nuestro autor es ya uno de los autores franceses más citados en los EE.UU. (superado sólo por Foucault) y en la década de 1990 se aceleraron las traducciones de algunas de sus obras importantes aún no disponibles en inglés, como El oficio de sociólogo y Lo que quiere decir hablar (traducidos recién en 1991) u otras obras en colaboración, como Un arte medio (traducida en 1990). También a partir de esta década, su producción es vertida rápidamente al inglés (Las reglas del arte aparece en inglés en 1993, un año después que en francés y Respuestas en el mismo año que en el hexágono). Sin embargo, el hecho que hasta 1984, año de traducción de La distinción, no se haya conocido ninguno de los trabajos de Bourdieu en colaboración, en los que abordaba cuestiones de sociología de la cultura, tales como el estudio del público de los museos europeos o los usos sociales de la fotografía, así como el desconocimiento de la reflexión epistemológica y metodológica que presidía su trabajo, por la aparición tardía de El oficio de sociólogo, parecen haber sesgado hasta entonces en el mundo anglófono las interpretaciones de la obra de Bourdieu, reduciéndolo por un lado, a un sociólogo de la educación, por otro, a un antropólogo en el sentido americano.
Las consecuencias fragmentadoras de este orden de traducciones se vieron potenciadas por la aguda especialización del campo de las ciencias sociales en EE.UU. Como ya Richard Harker señalaba en 1990, los sociólogos de la educación desconocieron en buena medida y durante mucho tiempo, los trabajos de etnología kabyl de Pierre Bourdieu, y por tanto, la teoría de la acción social desde donde debía ser leída la sociología de nuestro autor, ya que estos textos, según la división del trabajo imperante en el campo local, estaban confinados al ámbito de la antropología cultural, raramente abordado por los sociólogos de la educación. Como señalan los editores de Bourdieu, perspectivas críticas, la ausencia en los EE.UU. de un espacio interdisciplinario equivalente al de las "ciencias humanas" en Francia, tendió a fragmentar la recepción de un autor como Bourdieu, cuyo proyecto se extiende al conjunto de las ciencias sociales, que ignora conscientemente los límites entre las disciplinas y que transpone experimentalmente sus hallazgos de un campo a otro. En realidad el trabajo de Pierre Bourdieu, como vimos a lo largo de esta tesis, no puede ser correctamente comprendido y menos aún utilizado en sus potencialidades si no es desde la percepción de la unidad de sus intenciones teóricas y sus supuestos epistemológicos, ya que es allí donde aporta las principales novedades, y estas intenciones y supuestos se perciben puestos en práctica a lo largo de su obra, mucho más que en las explicitaciones que en general aparecen dispersas jalonando los diversos trabajos empíricos. El escaso conocimiento de la tradición francesa de epistemología histórica fundada por Bachelard y Koyré agrava aún más esta dificultad.
Podemos agregar también los obstáculos que surgen de una tradición intelectual aún marcada -incluso para quienes se definen contra él- por el empirismo positivista dominante durante varias décadas. Es contra este rasgo de la sociología americana de los años sesenta, trasladado al campo francés por los becarios de la época, que Bourdieu reaccionaba en muchos de sus primeros trabajos (Nota 12) y simultáneamente contra los excesos subjetivistas de la reacción etnometodológica que intentaba construir otra alternativa. Desde esta perspectiva, la reacción puramente deconstructiva de la epistemología "postmoderna", no permite superar las limitaciones de su opuesto (Nota 13).
En una conferencia en el Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago en abril de 1987, publicada luego en la revista Theory and society (Bourdieu 2000), Bourdieu arremetía contra las oposiciones implícitas del pensamiento práctico que él veía aún dominantes en las ciencias sociales norteamericanas. Por un lado, adjudica el a-historicismo que atribuye a buena parte de esa sociología, a las categorías de percepción originadas en la división del trabajo en disciplinas, que mantienen incomunicadas historia, sociología, antropología y economía. Ese a-historicismo dificultaría las rupturas necesarias con las definiciones de los problemas naturalizados en la sociedad especialmente por los discursos burocráticos de la organización y la administración, reduciendo así a rigor metodológico el rigor científico y despojando a la ciencia social de buena parte de su capacidad crítica. Al mismo tiempo, la práctica, con frecuencia separada, de teoría e investigación empírica (que -plantea en otra parte- reproduce la antigua división social del trabajo entre trabajo intelectual y trabajo manual), tendería a desvincular una teoría "teoricista", construida contra otras teorías, de lo que en EE.UU. se llama "metodología", una "suma de preceptos escolásticos" y de "recetas técnicas". Finalmente, como herencia a su vez de la desvinculación de la teoría y la "metodología" respecto del trabajo empírico, se plantearía en el campo americano del norte la afiliación teórica cuasi-obligatoria a una "matriz" consagrada, con exclusión de las otras. Toda la sociología de Bourdieu, como vimos, se opone desde el comienzo diametralmente a este modo de plantear el trabajo sociológico, tanto en la concepción de la teoría como del método. El hecho que encontremos dificultades en los lectores estadounidenses de Bourdieu precisamente en aspectos casi término a término vinculados con estos puntos, parece confirmar el diagnóstico que él mismo realizaba.
En su artículo publicado en Bourdieu, perspectivas críticas, Loïc Wacquant sistematiza los que considera son los principales desentendimientos entre sociólogos de aquel país respecto del trabajo bourdiano. Ordena allí las críticas en tres grandes temas: la imposibilidad de ubicar su matriz teórica, las dificultades para seguir su estilo de escritura, y las discusiones en torno al sentido y significado del concepto de habitus.
Respecto de la matriz teórica, Loïc Wacquant expone la diversidad de afiliaciones que le han sido atribuidas en EE.UU., desde Durkheim a Marx, de Lévi-Strauss al post-estructuralismo, de Weber a Luhmann, generalmente basándose en lecturas parciales y parcializadas de su trabajo (Bourdieu 1993: 237-8), y es conocida sobradamente la actitud reacia de Bourdieu a afiliarse, fundamentalmente por su idea dinámica de la construcción dialéctica de la teoría como un juego de complementación entre los aportes conceptuales de unos y otros en función de la resolución concreta de problemas específicos de investigación. Como él mismo plantea, cada autor trabaja metódicamente un aspecto en buena medida porque se impide a sí mismo fijar la mirada en otro, pero esto no significa que esas perspectivas no puedan ser integradas en una nueva visión y frente a nuevos problemas. En el texto ya citado "Viva la crisis"! Bourdieu habla de una verdadera "realpolitik del concepto capaz de evitar el eclecticismo" (Bourdieu 2000:76). En este sentido, los trabajos de Loïc Wacquant intentando establecer el "zócalo común" y las diferencias de la teoría bourdiana tanto respecto de Durkheim (Wacquant 1995) como respecto de Marx (Wacquant 2003) nos parecen esclarecedores, en el sentido que en un caso como en el otro se nos permite ver que lo que puede ser considerado el "lado durkheimiano" de Bourdieu es común, por ejemplo, a los planteos marxistas o al estructuralismo (como el pensamiento relacional), o que su costado "weberiano" puede significar fundamentalmente un deseo de corrección de límites encontrados en el marxismo para pensar un problema particular, pero ser a su vez común a Durkheim (como la centralidad de los sistemas simbólicos). La empresa entonces de asignarle una matriz teórica a Bourdieu sería completamente vana y el reproche de la dificultad para hacerlo, irrelevante, salvo que en un análisis epistemológico de sus textos se pudiera mostrar la infecundidad o las contradicciones que se siguieran de este modo de utilizar la teoría. Pero éste es, como bien dice Brubaker (Bribaker 1993), un problema referido al carácter y función de la teoría en la investigación social que pocas veces es puesto de relieve y discutido.
El estilo de escritura de Bourdieu no sólo ha sido y es objeto de críticas y perplejidades en EE.UU., sino también en Francia y (generalmente en voz baja) entre nosotros. Sin embargo, lo primero a tener en cuenta al respecto, es que este modo de escribir está vinculado a un modo de pensar "recursivo y en espiral" (Wacquant 1992:15), situado lejos de la linealidad cartesiana del razonamiento conclusivo. Bourdieu vuelve constantemente sobre los mismos temas y problemas, así como repiensa y reescribe sus artículos y libros, pero esto no es más que la evidencia superficial de un modo bachelardiano de entender la ciencia como "corrección del error", como "círculo virtuoso" de un trabajo siempre en marcha y trabajando contra sí mismo. Hecha habitus, hecha esquema de percepción, pensamiento y acción, esta modalidad define en la escritura un estilo "emboîté", donde los larguísimos períodos, que parecen querer siempre poner de nuevo en evidencia todos los matices y las tensiones a tener en cuenta, encierran una infinidad de frases subordinadas y de aclaraciones en aposición, semejando la estructura de una muñeca rusa y por momentos de un laberinto. El apogeo de las dificultades de este estilo lo podemos señalar en sus textos de la década del 70, marcando los de los años 90 cierto aligeramiento, en parte mediante el uso de paréntesis y un reconocimiento de las dificultades de comunicación, implícito en la adopción del método de la entrevista para construir algunos textos de explicación de su teoría más accesible a un público amplio.
David Swartz, autor de un muy buen texto de análisis de la obra bourdiana, sostiene que Bourdieu "es a la vez un escritor de gran estilo y el autor de una prosa impenetrable" Swartz 1997:13). Coincidimos con él en que Bourdieu emplea adrede técnicas de retórica -afirmaciones exageradamente taxativas, ironías, juegos de palabras- para romper con las evidencias del sentido común (social o disciplinar), así como lo vemos con frecuencia recurriendo a términos griegos o latinos a fin de diferenciar el sentido de un vocabulario técnico. La imposibilidad de la fijación del vocabulario en las ciencias sociales, que se valen siempre en última instancia del lenguaje natural para decir sus conceptos vinculados al mundo histórico, es una razón más que suficiente para buscar recursos que permitan precisar el sentido de las afirmaciones. Desde sus primeros textos Bourdieu insiste en que la sociología es una ciencia que parece decir cosas que todos sabemos un poco y por eso podemos creer comprender, pero en realidad quedar entrampados en nuestros saberes previos. Esta es la razón por la que desde entonces veía necesario producir rupturas, también en el vocabulario y el estilo de escritura.
Por otra parte, como también Swartz afirma, "su estilo es un desafío calculado a las convenciones estilísticas del discurso académico ortodoxo en Francia" (Swartz 1997:13). En coincidencia con la actitud disidente que marcábamos páginas arriba, y con la teoría de la legitimidad cultural y de la dominación simbólica que conocemos, romper con el discurso académico francés, desafiar la exigencia escolar de "claridad y distinción" cartesianas y sin embargo legitimar su posición por fuera de las convenciones de la elegancia y del uso consagrado, debió ser para él una necesidad más que una elección.
Posiblemente sea el tercer punto de los señalados por Wacquant el que resulta más sintomático de las particularidades de la tradición sociológica americana: las discusiones en torno al concepto de habitus, que abarcan desde interpretaciones que lo consideran una fuente ilimitada de creatividad de los agentes hasta otras que lo ven como la máscara de una visión mecánica de la reproducción y el dominio (Wacquant 1993:238). Las dificultades con este concepto parecen al menos en parte, ligadas a su asimilación práctica a alguno de los polos en que se divide el campo de las ciencias sociales en EE.UU.: "micro/macro, "agencia/estructura", "interpretativismo/positivismo, estructuralismo/individualismo, normativo/racional, función/conflicto" (Wacquant 1993:241). Este etnocentrismo de los esquemas de percepción impide pensar con los conceptos que precisamente escapan a estas dualidades, como el de habitus, y a través suyo, toda la sociología bourdiana. Wacquant señala que la tenacidad de este obstáculo epistemológico norteamericano se vincula a su posición dominante en el campo de las ciencias sociales: si los campos periféricos están siempre tentados de "herodianismo", los dominantes miran a los otros a través del lente de sus categorías incuestionadas, porque el sentimiento de autosuficiencia los mantiene, por decir lo menos, "menos atento y abierto a las corrientes intelectuales extranjeras".
Incluso un lector agudo y minucioso como Swartz, que explica teóricamente con acierto el concepto de habitus, no logra pensar en términos disposicionales para comprender el sentido de las oposiciones míticas del sentido práctico, tanto actuante en la vida social como en el trabajo científico. En el capítulo tercero, por ejemplo, de Pierre Bourdieu, cultura y poder, Swartz presenta la antinomia objetivismo-subjetivismo en un cuadro que mezcla todos sus matices, modalidades y niveles de significación, planteando la dificultad de moverse entre estas oposiciones y queriendo mostrar así que se convierte en una antinomia-omnibus que le sirve a Bourdieu para descalificar cualquier postura previa y diferente a la suya. Evidentemente, la dificultad de Swartz es no pensar las antinomias en términos del sentido práctico, siendo que precisamente la clave problemática de las mismas consiste en funcionar desde ese ámbito y por tanto en términos de una lógica analógica. El deslizamiento semántico y las transposiciones de los términos de las antinomias míticas es así la clave de su utilidad práctica al mismo tiempo que la fuente de su resistencia a ser superadas. Los obstáculos epistemológicos lo son precisamente porque funcionan en el sentido práctico del científico y no como términos definibles y unívocos. No percibiendo esto e intentando aclararse, Swartz buscará más adelante una dupla base y fundamento de las demás antinomias (que sería para él la dupla dominante-dominado), como si trabajáramos en términos de una analogía de proporción, con un sumo analogado de referencia: lo propio del sentido práctico es, por el contrario, un juego de diferencias que cambia de centro constantemente según las necesidades de la práctica en la circunstancia precisa. En suma, esta propuesta de Bourdieu de una teoría de la acción donde la prioridad está en la razón práctica, "para explicar las categorías específicas de esta razón" (Harker 1990:35), y que abarca reflexivamente también la tarea misma del sociólogo, propone una verdadera revolución mental, que en el campo de la sociología americana se vuelve más difícil de percibir por atravesar todas las especializaciones y disciplinas, y encontrarse fuera de los modos consagrados y escolarizados de pensar la sociología. Esta novedad, mucho más precisamente calibrada en sus consecuencias por Brubaker en el artículo ya mencionado, se encuentra a su vez más inaccesible en este universo por ser un aporte de gran ambición teórica que no está planteada tanto en grandes libros de teoría, como en una práctica que llama a utilizaciones prácticas.

NOTAS

1) Cf. entre otros, los testimonios de diversos docentes en Un "mec fondateur" ou un "gourou". Le Monde. 25.01.03
2) Convertirse a esa disciplina "paria" a la mirada de los filósofos en sus años de formación, siendo el primer universitario de su familia, portador de una promesa de ascenso que no podía traicionar, le había llevado, según confiesa, un largo tiempo para aceptarlo, pero por eso mismo sentía necesidad de definirse claramente para no asumir una posición ambigüa, que le facilitara "jugar en dos tableros", legitimándose en uno u otro según el caso y finalmente no sometiéndose a las reglas de ninguno. Si su posición era en sí misma compleja y bifronte, rechazó sistemáticamente aceptar la ambigüedad como toma de posición, siendo esta postura un aspecto de su vigilancia epistemológica sobre las ambivalencias objetivas inevitables en su posición.
3) Aunque no haya sido esta la razón en el caso de Bourdieu, debemos recordar que no existía en Francia en la década de 1950 la carrera de sociología. Por otra parte, según testimonio de Loïc Wacquant, Bourdieu habría leído sistemáticamente a Marx, Weber, Durkheim y Schutz recién en la década del 60. (Wacquant 2002)
4) Esta candidatura precoz a la que por entonces aún se denominaba VI sección de la École Pratique des Hautes Études, fue apoyada nada menos que por Aron, Lévi-Strauss y Fernand Braudel.
5) Cf.. los relatos de Loïc Wacquant en Un savant inventif et iconoclaste. Le monde. 27-01-02. 23-09-03. http://www.hommemoderne.org/societe/socio/wacquant/mortPBobs.html
6) Esta denominación, nos parece que dice sólo de manera muy provisoria una etapa del trabajo de Bourdieu, pero no la novedad principal de su propuesta. Cf. Martinez 2007
7) Ante una pregunta de Louis Pinto al respecto, respondía: "La Nobleza de Estado, estudio del funcionamiento de las Grandes Escuelas. ¿Cómo criticarlo? Hay que levantarse temprano, hay que retomar el trabajo, y examinar cuáles son laa ventajas que produce el estudiar el conjunto de las Grandes Escuelas en relación a la estrategia que existía anteriormente, es decie, estudiar una gran escuela de manera aislada, a fondo. Del mimso modo, cuáles son las ventajas que produce estudiar el campo en el tiempo de Flaubert respecto de la lectura de los borradores de Flaubert, muy de moda hoy, etc. etc. Aquí hay materia de discusión, de confrontación, de crítica. Tengo un ejemplo..." (etc.). (Mauger, y Pinto 1994 :328).
8) Boltansky, Luc. Le monde 24.01.02.
9) Basta recordar una frase de un docente cerrando un curso de doctorado en una Universidad de Paris, quien había sido alumno de Bourdieu durante sus años de formación en la ENS: "Pas des sociologues en France! Il n’y a que Bourdieu!"
10) Marongiu, J-B. Libération, 25-01-02.
11) Daniel, Jean. Éditoriale de Le Nouvel Observateur, semaine de jeudi 31 janvier 2002 N 1943.
12) Cfr por ejemplo las páginas dedicadas al "fetichismo de la estadística" en Bourdieu 1963:9-13.
13) Es precisamente contra esta última que reaccionaba Bourdieu en su último curso en el Collège de France, recogido en Bourdieu 2001.

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