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Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Jujuy

On-line version ISSN 1668-8104

Cuad. Fac. Humanid. Cienc. Soc., Univ. Nac. Jujuy  no.38 San Salvador de Jujuy Jan./July 2010

 

ARTICULO ORIGINAL

La violencia: rasgo de la especie o conducta emergente de condiciones socio-históricas

Violence: trait of the species or emerging

José María Galli *

* Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy - Otero 262 - CP 4600 - San Salvador de Jujuy - Argentina.
Correo Electrónico: jm.galli@gmail.com.ar

RESUMEN

El presente trabajo es uno de los avances del proyecto de investigación "La violencia: escenarios y procesos de identificación" llevado adelante por el equipo docente de las cátedras de Psicología Social de la FHyCS-UNJu, con evaluación y financiamiento de la SeCTeR.
Su principal objetivo es el análisis de dos perspectivas teóricas antagónicas sobre los orígenes de la violencia y, en última instancia, sobre la concepción misma del psiquismo humano.
Es un lugar común señalar que en los últimos años se han multiplicado los hechos de violencia en los más diversos ámbitos de la vida cotidiana de los argentinos: al aumento de la violencia que acompaña al delito común o su reaparición esporádica en determinadas expresiones del conflicto social, se han agregado en las últimas dos décadas fenómenos más atípicos en otros momentos históricos de nuestro país. Nos referimos a la mayor frecuencia de casos de suicidio (especialmente entre jóvenes), diversas formas de agresión entre miembros de la comunidad educativa, entre vecinos de barrio, espectadores de futbol y hasta en los múltiples altercados de tránsito. Estos son apenas algunos ejemplos de cómo la violencia ha llegado prácticamente a "envolver" nuestra cotidianidad, ya que la inmensa mayoría hemos sido víctimas, protagonistas o testigos más o menos directos de distintas formas de violencia.
Pero lo que resulta especialmente significativo es que como simultáneamente se han producido extraordinarios avances en los descubrimientos en los campos de la genética y la neurobiología, diversas expresiones del pensamiento conservador (montados en el auge que tuviera a partir de los ´80) han tratado de forzar deducciones que interpretan todo fenómeno de violencia como derivado de conductas agresivas propias de la especie o de enfermedades orgánicas heredadas.
Todas estas interpretaciones a la moda que, entre otras expresiones prácticas llevan al reforzamiento del aparato represivo, la ampliación de las condenas o la disminución de las edades de ininputabilidad, tienen como común denominador la negación o fragmentación del papel de las determinaciones históricos-sociales en las conductas violentas.

Palabras Clave: Violencia; Determinaciones; Biología; Sociedad.

ABSTRACT

This work is an advance of a research project: "Violence its setting and its processes of identification" carried out by the social psychology teaching team at the FHYyCS-UNJu (The Humanities and Social Sciencies) UNJu evaluated and finance by SeCTeR.
Its main objective is to analyze two antagonic theoretical perspectives about the origin of violence and, ultimately on the human psyche.
It is quite common to point out that the violence in Argentina has grown in different places of everyday life of Argentine people, violence growth that accompanies crime or its sporadic reappearance in certain expressions of social conflict, during the last two decades more atypical phenomena have been added to the other historical moments in our country. We mean the more frequent suicide cases (especially among young people), different forms of aggression among members of the educational community, among neighbours in neighbourhoods, football fans and even in the traffic quarrels. These are just some example of how violence is involved practically our daily life, since most of us have been victims, protagonist or direct witnesses of different forms of violence.
But what is specially significant is how simultaneously is has been produced extraordinary advances in the discoveries in the genetic fields as well an in microbiology, different expression of conservative thinking (considering a moment of apogee from 80 on) people have tried to force deductions that interpret all violence phenomena derived from aggressive behaviour inherent to the species, or inherited organic illnesses.
All these interpretations, among other practical expression reinforce the representative apparatus, the enhancement of the condemnation or de decrease of the edge unfit to be pleaded a negation of fragmentation, as common denominator of the role of the determination, with are socio-historical in violent behaviour.

Key words: Violence; Determinations; Biology; Society.

INTRODUCCIÓN

Desde hace algunos años -aproximadamente dos décadas- la violencia se ha instalado como un problema acuciante en la sociedad argentina. La vida cotidiana está atravesada por múltiples episodios donde sus habitantes, de todas las edades y de cualquier condición social, se ven inmersos como testigos o protagonistas en hechos violentos.
Si provisoriamente hacemos abstracción de ciertos fenómenos de violencia, tanto de aquella abiertamente política -del tipo que se vivió en la década del '70- como de la que resurge esporádicamente ante la represión de conflictos gremiales o sociales; resulta casi obvio señalar que se ha abierto una nueva situación respecto a un conjunto muy diverso de formas cotidianas de violencia. Estas expresiones de violencia -no todas necesariamente desconocidas pero sí mucho menos frecuentes en el pasado- habrían pasado a un nivel cualitativamente diferente. Los episodios violentos se vienen multiplicando exponencialmente y muchas veces se dan en escenarios hasta ahora inéditos, como la escuela. De una forma u otra, terminan implicando directa o indirectamente a la inmensa mayoría de los habitantes.
Desde ya es evidente e innegable la ampliación numérica y extensión geográfica del delito común. La denominada cuestión de la "inseguridad", se ha instalado como un punto central de la agenda de políticos, funcionarios, medios de comunicación y, en momentos determinados, han emergido fenómenos de masas donde centenares de miles de personas se han manifestado preocupados por ese "flagelo".
Pero si se amplía más la mirada, se podrá observar que la multiplicación de las agresiones entre miembros de la comunidad educativa, la cronicidad de los enfrentamientos alrededor del futbol o entre "barras" de adolescentes, el aumento de la frecuencia de suicidios de jóvenes son algunos indicios de cómo la violencia ha llegado a envolver la cotidianidad de los argentinos.
Una vez determinada la especificidad del emergente y señalado algunos de los ámbitos relativamente novedosos en los que se manifiesta, pretendemos establecer como una premisa epistemológica clave el no reducir el análisis de la violencia a los escenarios en los que aparece. Aspiramos a mantener una mirada simultáneamente multifacética y global que articule sus diferentes formas de aparición con las causas más profundas que las provocan. En este sentido nos prevenimos y a la vez alertamos sobre la utilización de vocablos que adjetivan la violencia como "delincuencial", "policial", "familiar", "escolar","callejera", "sexual". Ello, si bien contribuye a circunscribir los agentes, el espacio y las circunstancias, también puede inducir a unilateralizar el fenómeno y fragmentar sus determinaciones.

VIOLENCIA COMO RASGO DE LA ESPECIE

Desde el punto de vista de la psicología social, lo primero que habría que encarar es el interrogante acerca de si la violencia es parte inherente de la condición humana. Tal como lo sostienen diversas formas de la ideología dominante, sean estas vulgares o "científicas", los ejemplos más diversos de violencia física, desde guerras, conflictos étnicos y enfrentamientos de clases, hasta delitos comunes y agresiones personales, constituirían una demostración irrefutable de que la agresividad es un atributo esencial, innato e inmodificable de la especie, al igual que el andar erguido, el lenguaje articulado o el pensamiento abstracto.
Muy diversos autores de las más variadas esferas del pensamiento sistemático, desde Hobbes a Freud, desde Dart a Lorenz, para citar sólo unos pocos ejemplos de los más conocidos y que mejor conceptualizan opiniones propias del "sentido común", fundamentan que existe una agresividad específicamente humana, distintiva del homo sapiens, que lleva a que sea el único que mata a sus congéneres aunque no corra riesgo su sobrevivencia. Por lo general entienden que dicho rasgo de la "naturaleza humana" sólo puede ser reprimido o desviado, mediante el aparato estatal o a través del avance de la cultura y la racionalidad, pero jamás eliminado y que este objetivo sólo consistiría en una utopía inalcanzable.
Thomas Hobbes (1996), al argumentar a favor de la instalación del estado burgués, fundamenta que la situación de los hombres en su condición natural genera una "guerra de todos contra todos" porque consideran que todos tienen derecho a todas las cosas pero que eso lleva precisamente a Homo homini lupus o sea a que los hombres se conviertan en lobos los unos para los otros. Precisamente la conformación del estado moderno (al que equipara con un ser mitológico temible: Leviatán) resolvería el caos de la guerra perpetua, Al ceder los individuos sus derechos a cambio de una paz asegurada por esa instancia de fuerza superior, se garantiza a todos el ejercicio de su libertad, en una situación donde nadie reclama más de lo que le corresponde, so pena del castigo de ese supremo "mediador" o "administrador".
En una carta de Freud a Einstein de 1932, encontramos una de las formulaciones más claras, teóricamente justificada, en la cual el fenómeno de la violencia se representa como biológicamente fundado y prácticamente inevitable. En esa oportunidad Freud (1981a; p. 3207-15) explicita "que los instintos del hombre no pertenecen más que a dos categorías: o bien son aquellos que tienden a conservar y unir -los denominados ´eróticos´, completamente en el sentido del Eros del Symposion platónico, o ´sexuales´, ampliando deliberadamente el concepto popular de sexualidad-, o bien son los instintos que tienden a destruir y a matar: los comprendemos en los términos 'instintos de agresión' o 'de destrucción'".
Basado en esta concepción de los basamentos de la vida psíquica, el fundador del psicoanálisis arriba a "la conclusión de que serán inútiles los propósitos para eliminar las tendencias agresivas del hombre". Incluso llega al extremo de afirmar que: "la orientación de dichas energías instintivas hacia la destrucción alivia al ser viviente, debe producirle un beneficio".
Entre los caminos que intuye podrían evitar indirectamente la guerra, señala: el someter la "vida instintiva a la dictadura de la razón", [ejercida por] "una capa superior de hombres...a los cuales corresponde la dirección de las masas dependientes". El objetivo sería avanzar en "un progresivo desplazamiento de los fines y en una creciente limitación de las tendencias instintivas" a través de "las modificaciones psíquicas que acompañan la evolución cultural". Al mismo tiempo, no deja de oscilar entre si tales aspiraciones serían o no una "esperanza utópica".
El prestigioso arqueólogo Raymond Dart (citado en Leakey, 1985, p.223) interpretó las múltiples fracturas que presentaban una gran cantidad de huesos fosilizados encontrados en la cueva sudafricana de Makapansgat como evidencia incontrovertible de una esencia agresiva de los seres humanos. "La repugnante crueldad de la humanidad para con el hombre constituye uno de sus rasgos ineludibles, característicos y diferenciales; sólo es explicable en términos de sus orígenes caníbales"."Los archivos de la historia humana, bañados en sangre y plagados de carnicerías,...concuerdan...en proclamar este rasgo diferencial de ansia de sangre, este hábito depredador, este signo de Caín, que separa dietéticamente al hombre de sus parientes antropoides y más bien lo alía con los carnívoros más mortíferos".
El elocuente y fogoso Dart ha tenido hasta hoy muchos seguidores, algunos muy destacados como el escritor Robert Ardrey o el premio Nobel Konrad Lorenz. Sus opiniones, que coinciden en señalar la agresividad como rasgo inmanente de la humanidad, se han visto reflejadas en múltiples obras difundidas especialmente durante los momentos más tensos de la "guerra fría". Además, como lo señala Richard Lowentin (2003, p.13 y ss) posiciones similares, han reverdecido en los medios intelectuales más prestigiosos del mundo durante las últimas dos décadas del siglo anterior, particularmente estimuladas por ciertas interpretaciones de los actuales desarrollos de la genética y de la neurobiología. Tales interpretaciones, habrían sido potenciadas por la "revolución conservadora" que se inició en los EEUU a partir de Reagan y en Gran Bretaña con la Tatcher y prácticamente dura hasta hoy, abarcando los principales países del hemisferio Norte. Podríamos agregar que no serían ajenos al resurgimiento de teorías de este tipo, el abierto sinceramiento de la restauración de relaciones capitalistas en la Unión Soviética y en China

VIOLENCIA COMO EMERGENTE DE CONDICIONES SOCIO-HISTÓRICAS

Según lo señala Richard Leakey (1985) gran parte de la información en la que se basaron las interpretaciones de un pasado humano sanguinario -como las de Raymond Dart- no han podido superar las pruebas de investigaciones posteriores. En la revisión de datos de Makapansgat se demostró que las fracturas de huesos podrían haber sido producidas por la presión de decenas de metros de sedimentos que los cubrían y por la acción de piedras que los comprimían directamente. El propio Dart, que había autorizado y estimulado la nueva investigación, reconoció posteriormente las nuevas conclusiones. Pero como lo señala el mismo Leakey, en la noción de que la violencia es inmanente a la condición humana se mezclan distintas cuestiones que serían necesarias discriminar.
El descubrimiento central de Charles Darwin respecto a que la especie humana no era producto de un acto de creación, sino el resultado de un largo proceso evolutivo rompió con el mito de un ser separado radicalmente del resto del mundo animal. Pero este aporte genial, abrió espacio a distintas interpretaciones sobre las continuidades y diferencias entre el hombre y los animales. Algunos han tratado de apoyarse en la teoría de la evolución de las especies argumentando que dado que el hombre "desciende" de especies inferiores no se ha desprendido de los instintos de violencia que muestran los animales más agresivos.
Sin embargo, los estudios en profundidad de la conducta animal han demostrado que las disputas por alimento, espacio o acoplamiento entre animales de la misma especie generalmente están enmarcadas en determinados rituales de enfrentamiento (por supuesto instintivos) y que las más de las veces no derivan en graves daños contra el ocasional rival, salvo circunstancias especiales como la superpoblación u otra situación que genere falta de algún recurso vital.
Pero hay cuestiones fundamentales que generalmente se ocultan cuando se hace referencia al pasado animal de la especie y que, precisamente, hacen a algunos de sus rasgos más distintivos. Por un lado, la inmadurez del cachorro humano al momento del nacer que implica el más largo período de crianza de cualquier organismo vivo y consecuentemente la necesidad de atención y cuidado prolongados por parte de los adultos. Por otro lado, la extrema indefensión física -aún en plena madurez- de un ejemplar que esta en inferioridad de condiciones respecto a otros animales, tanto en fuerza, velocidad, visión, capacidad de camuflarse y demás recursos del organismo que faciliten el acceso a la comida y la protección frente a las amenazas de cualquier adversario.
Esta situación de inferioridad congénita y estructural frente al conjunto del reino animal no sólo ha sido compensada con el andar erguido, la visión binocular, la precisión del movimiento de las manos y la mayor capacidad cerebral. Hay algo fundamental que se olvidan los teóricos de la agresividad innata y que es precisamente una de las condiciones que ha sido decisiva para la supervivencia y el desarrollo de la especie: la cooperación.
Diversos autores consideran que, sobre la base de capacidades orgánicas más obviamente diferenciales como las ya descriptas, ha sido la vida solidaria en grupo, más circunstancias ambientales particulares, las que confluyeron en el surgimiento de la actividad exclusivamente humana que es el trabajo.
Es evidente que la capacidad concebir y fabricar sistemáticamente instrumentos -punto de partida de una modalidad de existencia particularísima y distintiva que se adapta al medio ambiente transformándolo- exige un ámbito de colaboración y auxilio mutuo. Es en dicho ámbito donde se pueden procurar los recursos básicos para la sobrevivencia (por ej, la caza colectiva) y luego distribuirlos con aquellos que no habían participado directamente en la acción de conseguirlos. También es muy probable que haya sido en ese marco en el que se desarrollaron las modalidades de interacción que llevaron a la adquisición del lenguaje y del pensamiento que, progresivamente desprendidos de la acción inmediata, llegaran a alcanzar los niveles propios de la abstracción, actividades que -al igual que el trabajo- son específica y exclusivamente humanas.
Por otra parte, ateniéndose estrictamente a los datos que brinda la prehistoria de la humanidad, no es cierto que nuestra especie se haya mantenido en perpetua guerra desde sus mismos orígenes. Según Bernard Campbell: "No encontramos indicios de matanzas y guerras hasta que surgen las ciudades con templos (hacia el 5.000 A.C.). Este es un acontecimiento demasiado reciente como para que haya tenido alguna influencia en la evolución de la naturaleza humana...El hombre no está programado para matar y hacer la guerra, ni siquiera para cazar; su habilidad para hacerlo la adquiere aprendiendo de sus mayores y sus iguales cuando la sociedad lo exige" (citado en Leakey, 1985, p.247)
Leakey, que señala la cooperación como uno de los fenómenos que permitieron la sobrevivencia en los orígenes de un ser tan indefenso como el homo sapiens, también afirma que las pruebas de enfrentamientos regulares entre miembros de la especie surgieron a partir de la consolidación de la agricultura que había empezado a desarrollarse hace unos 10.000 años. En realidad, son derivaciones de la agricultura como el comercio y la propiedad de tierras y esclavos (todo lo que llevo unos 5.000 años) las bases de las continuas disputas. Comparando: si el homo sapiens sapiens (el hombre actual) lleva unos 100.000 años sobre la Tierra, sus rasgos agresivos demoraron unos 95.000 años en aparecer.
La conclusión, es que el ser humano no es un mono asesino ni tampoco una criatura genéticamente pacífica. La real dotación natural, en el sentido de biológica, es la absoluta capacidad de flexibilidad de su conducta.
Hay hechos incontrovertibles que demuestran que, a diferencia de los animales que mantienen una interacción con el mundo basada en sus instintos, el ser humano es un animal que cuenta con una serie de capacidades heredadas, pero que ellas sólo son potencialidades. Vale decir, que nunca llegan a desarrollarlas plenamente si no se cría en un ambiente humano; de manera que nunca llega a caminar, hablar o manejar pensamiento abstracto si no mantiene contacto con otros humanos.
Es arquetípico el caso de los ciegos y sordos al momento o inmediatamente de nacer, que si quedaran privados de relación con otros seres humanos y no recibieran inmediata asistencia de una educación especial no alcanzarían a manejar el habla y pensamiento propios de la especie. Pero, fuera de los medios especializados, acaso no es tan conocido que bebés nacidos con estructura orgánica y funcionamiento normales, no llegan desarrollar pensamiento y lenguaje a niveles convencionales, si no ha tenido la posibilidad de cierto "contacto especial" con miembros de su especie.
René Spitz (1983, p. 204-205), describió y caracterizó la enfermedad que denominó "hospitalismo", en bebes de pocos meses de vida internados durante períodos prolongados por dolencias en sí mismas no invalidantes. A pesar de los cuidados prodigados por enfermeras y mucamas, por carecer de un contacto regular, frecuente y "especial" con un adulto que llegara a ser significativo, primero mostraba ciertas formas de agitación, en una especie de búsqueda frenética de contacto y luego se retraía y aislaba, para finalmente caer en formas de debilidad mental irrecuperables. La ausencia de esa forma especial de interacción que denominamos "afectiva" con un determinado adulto, privaría de la posibilidad del desarrollo de cualidades propias de la especie. Ellas son genéticas pero exigen una relación específica con otro humano para emerger.
En definitiva: el humano es un ser esencialmente social. Enrique Pichon-Rivière sintetiza su concepción del sujeto en una frase que vale la pena reproducir completa: "El ser humano es un ser de necesidades, que sólo se satisfacen socialmente en relaciones que lo determinan. El sujeto no es sólo un sujeto relacionado, es un sujeto producido en una praxis. No hay nada en él que no se la resultante de la interacción entre individuo, grupos y clases". (1982, p.206)

VIOLENCIA COMO RESULTADO DE LA FRUSTRACIÓN SISTEMÁTICA

La necesidad consiste en una carencia, en algo que no tenemos, que nos hace falta y que sólo puede resolverse en la relación con otros. Dicha carencia en sí misma no es negativa, como podría inducir la acepción más común del término. Se expresa como un desequilibrio y genera alguna forma de displacer o tensión, pero en realidad es inherente a la vida misma ya que esa secuencia constante de desequilibracion-equilibración es la base del intercambio con el mundo externo que denominamos proceso vital. Esto es válido desde los organismos unicelulares más elementales hasta el homo sapiens y en éste actúa como factor motivacional, como impulsor o movilizador hacia el establecimiento de esa interacción con los otros que es fundacional del psiquismo humano.
Las necesidades primarias como alimento, abrigo, sueño, sexualidad son resueltas generalmente por la madre o figura sustituta y es a partir de esa relación inicial que el sujeto va construyendo su psiquismo y como parte de ese proceso adquiriendo otras necesidades a las que llamamos secundarias por oposición a las iniciales que son fundamentalmente biológicas y heredades por toda la especie.
Cabe señalar que necesidad es un concepto que Pichon Rivière lo opone a la noción de instinto o pulsión de Freud. La necesidad se asemeja al instinto en su común carácter endosomático, es decir que ambos términos intentan describir fenómenos que se darían en el interior de nuestra estructura orgánica. También tiene en común que ambos operan como una fuerza motriz, son la base de un proceso motivacional que nos impulsa a ponernos en relación con los que nos rodean. Además, si se consideran las necesidades primarias de alimentación, abrigo, sueño, sexualidad, no hay duda que éstas son biológicas y heredadas.
Pero lo que descarta la teoría pichoniana es que exista algo así como "instintos originados en la organización somática que alcanzan [en el ello] una primera expresión psíquica", (Freud, 1981b, p.3380) al margen de cualquier relación con el mundo externo, tal como Freud describe, por ejemplo, el narcisismo primario (1981c, p.2564). La necesidad es una carencia y se expresa como un desequilibrio que sólo puede resolverse en la interacción con otros.
Sin duda la necesidad es la condición interna del desarrollo de la vida psíquica, pero es la organización social la que opera como condición de posibilidad y desarrollo de la satisfacción de la necesidad o también como condición que bloquea y frustra esa necesidad.
Desde el ECRO (Esquema Conceptual Referencial y Operativo) pichoniano podemos decir que la violencia consiste en una conducta determinada por la sistemática frustración de las necesidades. Dicha conducta no necesariamente está dirigida siempre a la fuente real de privación de la satisfacción, pero la reiterada imposibilidad de resolver algunas de las necesidades significativas para el sujeto, promovería un monto progresivo de ansiedad, muchas veces acompañada por un estado de confusión, que lo empuja a reacciones violentas.
No hablamos entonces de una violencia innata, propia de una llamada "naturaleza humana", como si los hombres tuviéramos una esencia a-histórica e inmutable. Hablamos de una violencia multideterminada por un orden histórico-social que genera frustraciones de distintos órdenes. De esta forma nos alejamos de una interpretación no sólo de la violencia sino de que todas las relaciones humanas se establecen sobre la base de fuerzas instintivas innatas. Creemos que de esta manera se cae en la justificación y en la creencia de inmodificabilidad de las relaciones sociales, a las que nosotros consideramos como históricas. Es decir, necesarias en determinado momento y caducas y susceptibles de modificar en otro período diferente.

BIBLIOGRAFÍA

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