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Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Jujuy

On-line version ISSN 1668-8104

Cuad. Fac. Humanid. Cienc. Soc., Univ. Nac. Jujuy  no.38 San Salvador de Jujuy Jan./July 2010

 

ARTICULO ORIGINAL

El otro como adversario

The other like adversary

Fernanda Cieza *

* Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy - Otero 262 - CP 4600 - San Salvador de Jujuy - Jujuy - Argentina.
Correo Electrónico: fernanda.cieza@gmail.com

RESUMEN

En el marco de la investigación "Violencia: escenarios y procesos de identificación", esta ponencia muestra los avances en la delimitación del concepto violencia y sobre la significación del Otro. El otro igual, pero a su vez adversario, aquel con el cual se identifican pero desde la adversidad. Una suerte de búsqueda de sostén pero a partir de la diferenciación extrema. Entendiendo que la problemática juvenil nos enfrenta con toda crudeza a la problemática socio histórica actual en toda su expresión.
Indagar sobre causas, características, motivaciones subjetivas y categorías que reflejen con mayor objetividad a qué nos referimos cuando hablamos de violencia, pero enmarcados en un contexto concreto: la escuela y en un grupo determinado: los jóvenes.
La dialéctica entre el ser y el pensar, permite concebir una suerte de instrumento de análisis donde no alcanza con indagar sobre las representaciones, que aunque necesarias no permiten la visualización total de problemática específica de la violencia entre pares. El objetivo es comprender cuales son los mecanismos que permiten que se produzca y reproduzca la violencia social, a través de la incorporación de modelos vinculados a ella, para abordar la contradicción que marca la definición de esta como un fenómeno negativo y a su vez la existencia de procesos sociales que generan modelos de identificación con la violencia.
Bucear sobre las diferentes modalidades vinculares y de comunicación que favorecen procesos de identificación con modelos violentos, nos permitirá concluir provisoriamente si actualmente los jóvenes se identifican positivamente con dichos modelos y qué función tendrían para la reproducción del sistema o su cuestionamiento.

Palabras Clave: Jóvenes; Identidad; Vínculo; Violencia.

ABSTRACT

Within the framework of the investigation "Violence: scenes and processes of identification" this communication shows to the advances in the boundary of the concept violence and on the meaning of the Other. Other equal, but as well opposing one, that with which they are identified but from adversity. A support luck search but to divide the differentiation extreme. Understanding that problematic the youthful one faces to us all crudity the problematic present historical partner in all its expression.
To investigate on subjective causes, characteristics, motivations and categories that reflect with greater objectivity to what we talked about when we spoke of violence, but framed in a concrete context: the school and in a determined group: the young people dialectic between the being and thinking, allow to conceive a type of analysis instrument where she does not reach with investigating on the representations, that although necessary do not allow the problematic total visualization of specific of the violence between pairs. The objective is to include/understand as they are the mechanisms that allow her that the social violence takes place and reproduces, through the incorporation of tie models, to approach the contradiction that marks the definition of this like a negative phenomenon and as well the existence of social processes that generate models of identification with the violence.
To dive on the different modalities you will tie and of communication that processes of identification with violent models favor, it will allow us to conclude provisory if at the moment the young people identify themselves positively with these models and what function would have for the reproduction of the system or its questioning.

Key Words: Violence; Identity; Relationship; Youth.

INTRODUCCION

Comenzar a preguntarnos sobre las causas, las características, las motivaciones subjetivas, las categorías, que reflejen con mayor objetividad el concepto de violencia, es complejo. Es un concepto viciado de connotaciones afectivas, subjetivas e ideológicamente fragmentadas que hacen difícil su definición.
Conocemos lo que han dicho muchos autores sobre el tema desde los antiguos filósofos como Aristóteles, que sostiene, "...Esta será pues para nosotros la definición de la violencia y de la coacción: hay violencia siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos; y no hay violencia desde el momento que la causa es interior y que está en los seres mismos que obran" (Aristoteles-Ascarate, 1873); hasta los contemporáneos, que tratan de explicar escenarios particulares, o aspectos tan importantes como la violencia simbólica de Bourdieu.
Nos referimos a "conductas violentas", "personas violentas"; violencia activa o pasiva; violencia política, económica, social. Nos preguntamos sobre la violencia del Estado, la violencia popular, la violencia entre pares, la violencia como resultado de las relaciones jerárquicas, la violencia explícita de lo verbal, físico o psicológico y la violencia implícita de la llamada "violencia simbólica". La violencia injusta, la violencia justa. La violencia del opresor y la del oprimido.
En qué escenarios se desarrolla: Violencia en el fútbol, en la Escuela, en la familia, en los barrios, en los boliches, en el trabajo, en las manifestaciones populares. Finalmente ¿de qué hablamos cuando hablamos de violencia? ¿Por qué, si la violencia es un fenómeno negativo, existen procesos sociales que generan modelos de identificación con ella? ¿Cuáles serán las prácticas que se dan en aquellos escenarios privilegiados de conformación de la subjetividad, para producir y reproducir modelos de identificación con la violencia?

DESARROLLO CONCEPTUAL: SOBRE EL CONCEPTO DE VIOLENCIA

Para abordar este problema, el aporte conceptual que Pierre Bourdieu, presenta con el término "violencia simbólica" nos pone en situación de prestar atención al fenómeno mucho más allá de la agresión corporal explícita o implícita de la violencia psicológica.
Los sistemas simbólicos -de conocimiento y comunicación- omnipresentes en los procesos de constitución de la subjetividad, cumplen una función política al ser instrumentos de imposición o de legitimación de la dominación.
Así, los vínculos violentos en situaciones de asimetría son el producto de la internalización de modelos de interacción de dominación. Estos modelos se reproducen también en situaciones simétricas, las que se dan entre pares, y expresan justamente la necesidad de establecer relaciones de poder en los vínculos no asimétricos. Esto impide identificar las relaciones de cooperación y horizontalidad propias de un grupo de sostén y terminar visualizando al otro como potencial competidor, objeto sólo de la diferencia.
Tal y como plantea Bourdieu (1999) "Si esta división parece «natural», como se dice a veces para hablar de lo que es normal, al punto de volverse inevitable, se debe a que se presenta, en el estado objetivado, en el mundo social y también en el estado incorporado, en los habitus, como un sistema de categorías de percepción, pensamiento y acción.... esta experiencia es la forma más absoluta de reconocimiento de la legitimidad; aprehende al mundo social y a sus divisiones arbitrarias como naturales, evidentes, ineluctables, comenzando por la división socialmente construida entre los sexos..."

"...La violencia simbólica impone una coerción que se instituye por medio del reconocimiento extorsionado que el dominado no puede dejar de prestar al dominante al no disponer, para pensarlo y pensarse, más que de instrumentos de conocimiento que tiene en común con él y que no son otra cosa que la forma incorporada de la relación de dominio...." (Bourdieu, 2000).

En este sentido habría aspectos de encuentro entre la definición de Bourdieu y la de Aristóteles ya que al hablar de una motivación que "obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos", lo que se está desconociendo desde este punto de vista son las genuinas necesidades del sujeto. Bourdieu, con la sutileza propia de los tiempos actuales, apunta a los modos más triviales pero contundentes de configuración del sujeto. De tal modo, que la imposición de una modalidad de actuar, de sentir o pensar se refuerza en la vida cotidiana a través de infinidad de experiencias que se internalizan de tal modo que dicho sujeto cree que es su verdadero deseo o pensamiento.
Una hipótesis posible es que la violencia explícita (física, psíquica o emocional) es la expresión del fracaso de los mecanismos de legitimación de la dominación, propios de la violencia simbólica, es la expresión de que en dicho vínculo, el dominado se rebela de alguna forma a la dominación. El abuso de poder se expresa en la ineficacia de ejercer el poder a través de la coerción consensuada y "no queda otra alternativa" que lograr el sojuzgamiento a través de la fuerza.
En este sentido, la mirada de Michael Foucault sobre el lugar del cuerpo en la historia, permite visualizar un sendero en donde podemos encontrar alguna luz sobre la necesidad de la violencia en nuestra sociedad actual: "No se debería decir que el alma es una ilusión, o un efecto ideológico. Pero sí que existe, que tiene una realidad, que está producida permanentemente en torno, en la superficie y en el interior del cuerpo por el funcionamiento de un poder que se ejerce sobre aquellos a quienes se castiga, de una manera más general sobre aquellos a quienes se vigila, se educa y corrige, sobre los locos, los niños, los colegiales, los colonizados, sobre aquellos a quienes se sujeto a un aparato de producción y se controla a lo largo de toda su existencia..." (Foucaut, 2002)
La otra categoría que se extrae de los planteos de Bourdieu, es la de "reproducción". Esta nos parece de un valor incuestionable para explicar por qué aquellos que fueron receptores de conductas violentas, pueden reiterar esquemas y contribuir así al sostenimiento de los mismos. Ante esto, me pregunto, si es sólo reiteración de esquemas o si en esa violencia hay algún aspecto de resistencia, descontrolada, desorientada pero una forma de resistencia a la violencia simbólica que se ejerce en forma sutil desde los orígenes. Pichon Riviere plantea en este sentido que la enfermedad mental es una forma infructuosa de rebelarse ante situaciones que producen un alto monto de angustia generado por la ausencia de fuentes de satisfacción.
El utilizar estas dos categorías como ejes conceptuales desde donde sustentar el análisis de nuestra realidad, tiene el objetivo de evitar fragmentaciones a la hora de interpretar la violencia en disímiles ámbitos y, a su vez, sostener una mirada global y multifacética que articule sus diferentes formas de aparición con las múltiples causas que la provocan. Por eso renunciamos desde un inicio a vocablos que unilateralizan y aíslan las interpretaciones, tales como violencia "escolar", "doméstica", etc.
A partir de esta premisa que sostiene nuestra investigación, intento encontrar una definición que permita visualizar cuales son los procesos psicológicos de los sujetos que actúan violentamente. En dicha acción siempre esta imbricado otro, otro que como dice Freud en Psicología de las Masas y análisis del Yo "Muy pocas veces y bajo determinadas condiciones le es dado prescindir de sus relaciones con sus semejantes; en la vida anímica aparece integrado el otro como modelo, objeto, auxiliar o adversario. La psicología individual en sentido amplio es social" (Freud, 1921)
Si es el Otro, o dicho de otra manera, el orden social a través de este, el que constituye la subjetividad, la violencia no puede ser un "modo de actuar que va en contra algún modo natural" sino por el contrario, resultado "....en una cultura en donde existe una conciencia comunitaria, como en la indígena-andina, la ley humana sí que puede ser forjada por un "contrato social comunitario"; pero lo mas probable es que en una cultura de individuos, en donde pre-existe el individualismo y la megalomanía, cada humano, quiera tener "su" orden, frente a lo cual no queda sino la guerra total para definir no "la fuerza de la ley", sino la "ley del mas fuerte", pues se sobreentiende que el mas fuerte va a imponer "su ley" por la fuerza, o por la fuerza de la "razón" que da lo mismo. Este es el origen simple de la violencia en occidente, en el plano humano." (Lajo, 2004)
Este trabajo radica en demostrar que la violencia no es el resultado de fuerzas innatas (pulsiones), por tanto no es un hecho biológico ni individual, sino el resultado de una modalidad de vínculo que está caracterizado por la competitividad, el autoritarismo y la jerarquización como modelo social dominante.
El vínculo, como unidad mínima de análisis del sujeto, ya que no existe tal, sino con otro, es definido como una "estructura compleja que incluye un sujeto, un objeto y procesos de comunicación y aprendizajes" (Pichon Riviere, 1985)
En el mismo sentido, Jorge Corsi define la acción violenta como "un intento de doblegar la voluntad del otro, anularlo precisamente en su calidad de otro"....como..."una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza (ya sea física, psicológica, económica, política" (Corsi, 1997)
Esta perspectiva nos remite nuevamente a la constitución del sujeto como el resultado de vínculos y a su vez a la percepción de si mismo en un contexto histórico social particular, configuración subjetiva en la cual, para poder definirse aparece como inminente el control de la voluntad del otro sujeto.
Si la violencia es muy antigua (algunos la ubican en la creación de las ciudades como origen de la violencia como tal) en la actualidad se ha intensificado por la competitividad, la lucha por la apropiación de los productos necesitados o deseados para ser consumidos, la prioridad esencial de la propiedad privada como valor supremo, la necesidad de exclusión del otro como modo de existencia, la escasa posibilidad de continuidad de los objetos, trabajos y vínculos, la fragmentación y rápida caducidad de dichos vínculos. Marcando una modalidad de vinculación marcada por la cosificación del otro.
Quizás lo más nuevo es que esta naturalización del otro como "objeto", tomando como objeto a algo inanimado, sin subjetividad propia, llega a hacerse tan clara a través de lo que denominamos violencia "ciega" aparentemente irracional, sin un objetivo definido, sin aparente direccionalidad.
Esta es una de las preguntas centrales de mi investigación. ¿Contra quién arremete un joven cuando pelea contra otro? Aquellas frases repetidas y sin un claro registro subjetivo del por qué y el para qué como "me miró mal" o "me bardeo" o "me empujó" o "el empezó" ¿qué es lo que ocultan? ¿A quién quieren golpear cuando golpean al otro?
Pichón Rivière planteaba que "el mundo está sometido en su totalidad a una frustración del hombre en su posibilidad de realizarse. De allí surgen tremendas tensiones cargadas de hostilidad que cuentan con un común denominador: la agresión. Ese miedo es hoy una enfermedad universal y contra él surge un mecanismo de defensa: la violencia...siempre reflejan la situación de una comunidad....en ese momento actúa como portavoz de un grupo." (Pichon Riviere, 1985)
Luego, precisa las causas de la violencia como una reacción ocasionada por la acumulación de frustraciones "surgida y constantemente fomentada a través del carácter competitivo de nuestra sociedad, por la inaccesibilidad de las fuentes de gratificación, un incesante aumento del costo de vida, con la consecuencia de un incremento de la incertidumbre y el miedo al desempleo, uniéndose a esto la imposibilidad de planificar un futuro".
Definitivamente Pichón Riviere refiere el fin de la conducta violenta como la necesidad de "destruir lo que representa la fuente de frustración o de miedo, ya sea un objeto concreto o un símbolo de ese objeto. La violencia siempre actúa en una dirección."
Pichón Rivière y Ana Quiroga pudieron vislumbrar hace más de cuarenta años, las características esenciales de nuestra organización social actual: las experiencias de aislamiento como horizonte de la experiencia humana; la vertiginosidad en la pérdida de objetos, la competencia, la exclusión, y la opresión como modelos vinculares. En suma, la intolerancia con lo diferente y fundamentalmente la rivalidad y el individualismo como valor.

VIOLENCIA E IDENTIDAD

Es claramente articulable la relación entre violencia e identidad, ya que los polos de la contradicción yo-otro (como oposición) están hipertrofiados (oposición y afirmación yoica) en las modalidades actuales de configuración de la identidad. La identidad se construye a través de semejanzas con y en oposición a otros; esto nos permiten discriminar las diferencias entre el yo y el mundo externo, pero a su vez existe un movimiento permanente entre el mundo externo en el cual se proyectan objetos y vínculos internos y el proceso de internalización de objetos y vínculos reales y concretos que en un movimiento no lineal se convierten en parte de nuestra subjetividad (intrasubjetivo), proceso en el cual se reedita la red vincular.
Josefina Racedo avanza en la comprensión del término, incorporando un aspecto fundamental en el proceso de constitución, ya que la define "en lucha y resistencia con una identidad que nos pretenden imponer" (Racedo, 1992)
Por eso los patrones de identificación, la apropiación de valores, modelos, pautas de conducta que nos proponen desde los sectores dominantes (países dominantes, clases dominantes, género dominante, rol dominante, etc.) se configuran en lucha con otros valores, modelos que responden a las genuinas necesidades de los sectores dominados.
Para abonar al enriquecimiento de esta perspectiva Ana Quiroga plantea que "La identidad es un proceso complejo en el que se da como decíamos, historicidad, es decir un transcurrir de tiempo, y una dialéctica entre la unidad y la multiplicidad, una dialéctica también entre la mismidad y la alteridad, yo mismo y el otro, tanto en el seno de un pueblo y su cultura, como en la interioridad de cada uno de nosotros." (Quiroga, 2003)
La vida cotidiana de los jóvenes, esto que hacen en forma irreflexiva, vivida como natural, nos muestra la esencia de las relaciones entre las necesidades de los sujetos y las modalidades de resolución de éstos en esta organización social. A la urgente necesidad de sostén a través de la identificación con los otros, los mensajes dominantes les ofrecen homogeneidad con los parecidos e intolerancia con lo diferente, el consumo de drogas y alcohol los unifica y convoca. A la necesidad de diferenciarse, se les ofrece una forma rápida y espectacular de resolución: la aniquilación del otro, otro que debe ser doblegado, sojuzgado, anulado para que el sujeto pueda lograr identidad.

"La identidad a partir de la "diferencia" tiene que ver con la fuerte exterioridad que los jóvenes dan a sus modos comunicacionales, caracterizados por la imagen, el disfraz, la exaltación del cuerpo y preocupación por el aspecto...construyen su identidad, con otros adolescentes con los que comparten preferencias musicales, modas, videos, pero también afectividad, rebeldías y alianzas respecto de la sociedad adulta" (Bianco, M; García, S et al., 2006)

Ambos aspectos permiten por un lado procesos de identificación que los sostiene y procesos de estigmatización de lo diferente. Así es que ser mirado por otro y reconocido trae su opuesto, el ser mirado en forma descalificante. Ser mirado, para las jóvenes define la relación, y esta relación vinculada a la mirada remite a los inicios de nuestro vinculo fundante, al protovínculo, cuando la palabra aún es inexistente, lo más precoz, junto con el contacto corporal del bebé a través de la succión del pecho, es la mirada de la madre. Ser mirado, entonces, da entidad, existencia o la niega.
El ser humano es un ser de necesidades que no sólo no se limitan a lo biológico, su cuerpo esta marcado, ocupado por lo social; justamente es desde el registro de la mirada del otro que podemos mirarnos. Ese cuerpo inicial, producto biológico se convierte en símbolo de deseo, de desprecio, de indiferencia a partir de la mirada del otro, es síntesis de elaboraciones de esa mínima unidad de análisis que es el vínculo enmarcado en un contexto que lo determina.
La trama vincular que lo alberga es condición de existencia de este ser incapaz de sobrevivir sin la asistencia del otro social, sin la presencia del otro se devela la fragilidad sobre la que esta constituido el reconocimiento de la mismidad y la identidad del sujeto. Esto lo conocen bien los que implementan las celdas de castigo para desbastar a sus enemigos a través de la privación de estímulos y por ausencia de todo contacto humano. Aislados del mundo tendemos a derrumbarnos. Por eso los otros, en particular en la adolescencia, que algunos caracterizan como segundo nacimiento, esos vínculos son tan imprescindibles.

LOS JÓVENES Y LOS MODELOS DE IDENTIFICACIÓN PROPUESTOS

La naturalización convierte diferencias circunstanciales en esenciales, siendo esta forma de representación funcional a un sistema que necesita de las divisiones entre iguales para sostener su profunda inequidad e injusticia. Diferencias tales como vivir en uno u otro barrio, ser de uno u otro equipo de fútbol, tener diferencias en gustos en relación a la música (rock, cumbia, etc.), se convierten en diferencias inescrutables y a partir de allí, aparecen protagonizando situaciones de violencia en diversos escenarios como las escuelas, canchas de fútbol, barrios, boliches, familia, etc.
Estos modelos de identificación entre pares, no parecen reflejar en el mismo sentido un modelo que trascienda símbolos musicales, deportivos o barriales. Cuando realizamos una ficha de ingreso al Departamento de Orientación Estudiantil de la Unju, y les preguntamos ¿a quién se quieren parecer? La respuesta es categórica en la gran mayoría de los casos "a nadie". Esta afirmación nos podría convocar al peor de los escepticismos si nos olvidamos de nuestra propia historia como país, como región. El maestro José Töpf nos aclara cómo han operado con nuestra memoria, elemento fundamental para la construcción de la identidad.

"Si recordar, resignificar, olvidar, son hechos naturales de la condición humana, que nos permiten ir construyéndonos y deconstruyéndonos continuamente, en nuestras diversas circunstancias, la manipulación social del recuerdo y del olvido, la distorsión buscada ex profeso, es entonces un ataque a nuestra condición misma de Persona...Así quedaron sepultados en la tierra y en la memoria nuestros pueblos indígenas, nuestro pueblo negro, nuestras peonadas vencidas, nuestros niños harapientos, nuestros combatientes masacrados. Los múltiples genocidios con que nuestra historia comenzó y que larvadamente continúan. Memoria arrasada, Historia arrasada, Subjetividad arrasada." "....Así también, el modo como imaginamos -personal y colectivamente- el futuro de quienes nos continúan, determina nuestra percepción de nosotros mismos, de nuestro proyecto vital y, por lo tanto, nuevamente, nuestro modo presente de estar en el mundo" (Töpf, 2004)

La impunidad como modelo produce este siniestro deterioro de los ideales sociales. Así es como la impunidad ha ofrecido modelos e ideales sociales que legitiman un tipo de violencia que refuerza los funcionamientos omnipotentes del psiquismo. "Los modelos que refuerzan los mecanismos omnipotentes tienen particular incidencia en jóvenes y adolescentes, ya que la adolescencia como período particular de la vida presenta lo que Winnicott denomina «patología normal». Los adolescentes tienen una tendencia importante a las defensas omnipotentes y a la acción...Esto constituye un proceso doloroso para el psiquismo individual que debe afrontar el sentimiento de pérdida de seguridad y el sentimiento de perfección como premisa para poder proyectarse hacia el futuro." (Kordon, D; Edelman, 1995)
Jóvenes bombardeados por "pobres triunfos pasajeros", desacreditados en su capacidad de productores, objetos de consumo de diferentes tipos de propuestas inmediatistas tales como las drogas, el consumo de celulares; jóvenes que encuentran una nueva forma de comunicación, con comunicaciones múltiples y vertiginosas como con el chateo. Jóvenes que no recibieron como parte de su historicidad la historia de nuestros luchadores sociales ni de nuestros aborígenes como orgullo de nuestro país.

CONCLUSION

Somos seres sociales, productos enriquecidos o empobrecidos por una historia personal y social que nos atraviesa y determina como sujetos. La sujeción al grupo, espacio de sostén psíquico, que durante siglos permitió el desarrollo de la vida, la subsistencia hoy queda acotado a encuentros aleatorios; sostenidos por la desconfianza y la rivalidad la dificultad principal aparece centrada en la posibilidad de encontrar al otro como semejante. Ese espacio de encuentro, de recreación del sujeto, de su posibilidad de aprendizaje queda escamoteado y sostenido en la dificultad de ser.
La lucha de poder, jerarquización vincular y competencia plantean a los sujetos una contradicción entre identificarse con el otro o enfrentarse, someterse o alejarse. La fragmentación cotidiana, la instantaneidad, el lugar de consumidor o consumido, de protagonismo o de pasividad nos enfrenta a una ardua tarea, la de construir espacios de contención, de encuentro, de cooperación en un mundo dominado por el miedo, la competencia y el individualismo.
La soledad y el miedo real son amplificados por espacios virtuales y reales sostenidos, reforzando la inseguridad que va marcando las diferencias radicadas en las clases sociales pero que se generalizan en relación a diferencias secundarias como trabajadores-desocupados, blancos-negros, hombres-mujeres, jóvenes-viejos, intelectuales- trabajadores manuales, etc.
Continuar la tarea de investigar sobre las múltiples determinaciones de este proceso, es fundamental para poder operar sobre esta realidad compleja, que necesitamos abordar porque aparece como urgencia. Para esto continuaré indagando y abordando aspectos de la forma de constitución de vínculos entre los jóvenes en el marco de una institución escolar, para ahondar sobre los rasgos identitarios de dichos jóvenes, conociendo las modalidades de configuración vincular que promueven situaciones de conflicto resueltos a través de la violencia. Pero es necesario aclarar que entiendo fundamental, para poder realizar un verdadero abordaje de dichas situaciones, la realización de acciones que logren reconstituir la mirada del otro como par y no como adversario. Tarea difícil, en cuanto las contradicciones sociales se agudizan y profundizan cada día más.

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