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Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Jujuy

versión On-line ISSN 1668-8104

Cuad. Fac. Humanid. Cienc. Soc., Univ. Nac. Jujuy  no.39 San Salvador de Jujuy jul./dic. 2010

 

ARTÍCULO ORIGINAL

La producción de conocimiento en la universidad de la calle (Un proyecto de investigación)

Knowledge production at the university of the street (A research project)

Juan Magariños de Morentin

* Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales – Universidad Nacional de Jujuy - Otero  262 - CP 4600 - San Salvador de Jujuy - Jujuy - Argentina / Facultad de Ciencias Naturales y Museo - Universidad Nacional de La Plata.

RESUMEN

En este paper (trabajo) plantearé el problema de la Universidad de la calle como el objeto de conocimiento de un trabajo de investigación dentro del campo de las ciencias sociales. Su desarrollo y adecuada realización requiere aplicar una metodología semiótica. El estudio de este fenómeno y la explicación de su eficacia pedagógica necesitan operaciones analíticas y críticas que se derivan del posible desarrollo de una semiótica indexical específica, del mismo modo que se pueden tomar (evitando estar enclaustrados en una derivación dogmática) de la propuesta de Ch. Peirce acerca del tratamiento del signo indexical. (Ch. Peirce, 1913/1965, párrafo 2.283 y siguientes)
El propósito de esta investigación será recolectar la información pertinente la que consistirá principalmente de: (Nota 1) la enunciación descriptiva de un conjunto de experiencias generadoras de conductas; (Nota 2) la enunciación generalizada de los conocimientos adquiridos de la experiencia
Esto permitirá la identificación, desde los procesos pedagógicos formales e informales, de la existencia efectiva de situaciones de aprendizaje concretas que tienen fundamental importancia en el logro de las metas relativas a la mejora social e incluso a la supervivencia.

Palabra Clave: Semiótica indexical; Cognición social; Oxímoron; Pedagogía popular; Enseñanza académica; Herencia escolástica; Política pedagógica.

ABSTRACT

In this paper I will pose the university of the street question as the object of knowledge of a research work into the field of the social sciences. Its development and proper achievement require to applying a semiotic methodology. The study of this phenomenon and the explanation of its pedagogical efficacy need analytical and critical operations to be derived from the possible development of a specific indexical semiotics, just as it can be taken (avoiding to be cloistered in a dogmatic derivation) from Ch. S. Peirce´s proposal concerning the indexical sign´s treatment (Ch. S. Peirce, 1913/1965, paragraph 2.283 and following).
The aim of this research will be to collect the pertaining information, which will consist mainly of: (Nota 1) the descriptive enunciation of a set of experience generating behaviors; (Nota 2) the generalized enunciation of acquired experiential knowledge.
This will permit the identification, out of the formal and informal pedagogical processes, of the effective existence of concrete learning situations that have fundamental importance in the achievement of the goals concerning social improvement and even survival.

Key Words: Indexical semiotics; Social cognition; Oxymoron; Popular pedagogy; Academic teaching; Scholastic heritage; Pedagogical politics.

INTRODUCCIÓN

La expresión "universidad de la calle" se refiere aquí a esa suma de conocimientos que no se imparte en ninguna institución determinada (1), sino que se adquiere en el esfuerzo cotidiano por ganarse la vida y/o por tener éxito en el logro de los objetivos sociales; en definitiva, todo lo que unos hacen para sobrevivir y otros para vivir todavía mejor.
Apunto algunos aspectos iniciales de este Proyecto de Investigación acerca de la universidad de la calle. Aparte de la fundamentación teórica que se expondrá en su oportunidad(2), la primera etapa tendrá como objetivo la recopilación de la información pertinente que consistirá fundamentalmente en: (1) la enunciación descriptiva de un conjunto de comportamientos generadores de experiencia, percibidos y/o protagonizados por el propio investigador, o acerca de los cuales otra persona le haya proporcionado información; (2) la enunciación generalizadora del conocimiento experiencial adquirido por el investigador a partir de la percepción de, participación en, o testimonio trasmitido acerca de dichos comportamientos.
Entiendo en esta investigación por "comportamiento generador de experiencia" a aquella conducta humana cuyos componentes constitutivos (gestos, palabras, actitudes, interacción con otros sujetos, etc.) y la estructura relacional que los vincula pueden reproducirse en otro momento y en circunstancias relativamente semejantes, para la obtención de un resultado deseado. Entiendo en esta investigación por "conocimiento experiencial adquirido" a la disponibilidad de determinado comportamiento como posibilidad actualizable a partir de su previa percepción y/o participación y/o información. Las características específicas de la interrelación entre tales comportamientos y su correspondiente conocimiento abductivo emergente, compartiendo dialécticamente características de globalización e identificación, constituye la estructura semiótico-cognitiva fundamental de la investigación que se propone.

HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA INVESTIGACIÓN

Para proponer, introductoriamente, la temática que se pretende desarrollar en esta Investigación, diría que el nombre que mejor la puede identificar es "la universidad de la calle". Una expresión popular que, intuitivamente, dice o sugiere mucho, pero especifica poco, por lo que requerirá ir perfilando su problemática, sus contenidos y sus posibles aportes.
La intuyo como una aplicación de la Semiótica Indicial, ya que tratará de la educación y del aprendizaje, en determinado ámbito social, a través del espectáculo del comportamiento de los otros. Probablemente esbozará (o algo más) una crítica a la formas y los contenidos de la educación formal e incluso de la informal, en cuanto a su eficacia para garantizar la supervivencia. También se diría que puede completar lo que se conoce como "Pedagogía de los sectores populares" (Nota 3), los cuales, en muchos casos, al no acceder a la educación escolarizada, es la única propuesta social de aprendizaje que reciben, pero que no suele ser tenida en cuenta, como tema de reflexión pedagógica, por los pedagogos. Pero no sólo de quienes no acceden o no han accedido a las aulas institucionales, ya que, al margen de lo aprendido ante un maestro, todos concurrimos a esa inmensa, permanente y temáticamente inagotable aula (en este sentido "universidad") que se imparte en la calle (con el contenido que lleguemos a atribuirle a "calle").
La expresión "la universidad de la calle" recupera (o, mejor, se aproxima a designar una recuperación de) uno de los aspectos fundamentales del proceso de la humanización. Somos humanos porque logramos atribuirle un sentido al mundo. Después nos enseñaron cómo atribuirle sentido al mundo y qué sentido deberíamos atribuirle. Pero en un primer momento, al percibir los objetos, los fenómenos o los comportamientos del entorno, comenzamos a hacerlos representativos de otra cosa distinta a su propia existencia o a su propio acontecer: ese era el sentido que le atribuíamos y que ya no estaba en todos ellos ni en cada uno de ellos, sino en nuestra mente, en cuanto proyecto futuro o hábito, para su reconocimiento, para su aceptación, para su rechazo, para su imitación, para su eliminación, etc., pero, en definitiva, para algo que queda situado, definitivamente, fuera de lo percibido.
Comenzamos a aprender directamente de la experiencia (sería absurdo suponer que comenzamos a aprender cuando apareció el primer maestro que nos dijo qué es lo que debíamos escuchar o lo que debíamos mirar o lo que debíamos oler o lo que debíamos saborear o lo que debíamos tocar o, mucho más tarde, lo que debíamos leer). Aprendimos a conservar en la memoria algo que había ocurrido, asociado con sus consecuencias; asociación (y no sólo ella) a la que llegaría a llamársele "su significado" y, ante distintas experiencias y ante la experiencia de diferentes consecuencias de cada experiencia, llegaría a hablarse de los diferentes significados de un mismo objeto, fenómeno o comportamiento. Y comenzamos a intentar transferirles esta experiencia a otros, porque los amábamos o porque los aborrecíamos, enseñándoles a escuchar, a mirar, a oler, a saborear, a tocar y a leer. Con lo que otros comenzaron a aprender indirectamente por experiencias que no habían experimentado ni percibido, pero que les habían sido trasmitidas mediante las palabras, las imágenes o las actitudes de otros. Y surgió la fe y la ciencia, o sea, la confianza en el conocimiento de los otros (simultáneamente con todo lo contrario).
Creo poder decir que, por suerte, nunca perdimos esa capacidad de aprender a partir de nuestra propia experiencia o percibiendo directamente la experiencia de otro (Nota 4). Considero que, elementalmente, ése es el aprendizaje que se adquiere en la universidad de la calle. Más allá y además de adquirir el conocimiento proveniente de la experiencia de otros, continuamos aprendiendo en base a la experiencia existencial de contemplar y valorar según nuestros propios intereses las consecuencias de nuestra propia vinculación (o las consecuencias de la vinculación de otros) con objetos, fenómenos y comportamientos de nuestro entorno.
Esos objetos, fenómenos y comportamientos se constituyen ellos mismos en signos, o sea, son representantes de algo que es diferente de ellos mismos, pero a lo que están señalando o sustituyendo, no de cualquier modo, sino del modo que lo hace posible la constitución de la memoria y de las asociaciones de que es capaz la mente de cada uno de los que interpretan esos objetos, fenómenos y comportamientos. Así es cómo a esos objetos, fenómenos y comportamientos ya no los podemos percibir como lo que serían en sí mismos, sino ya siempre asociados al sentido que les atribuimos por la experiencia que hemos tenido con ellos o con el sentido que les atribuyen otros que los han experimentado y cuyo testimonio, provisionalmente al menos, aceptamos, conscientes de que no podemos participar de todas las experiencias cuyas consecuencias podríamos llegar a tener que soportar.
El enfoque teórico más próximo, si bien no se corresponde exactamente con el problema y los objetivos propuestos para esta Investigación, es el conocido como COGNICIÓN SOCIAL, que se define, en el Diccionario de Ciencias Cognitivas, como:
El campo de los saberes y competencias relativos a las personas (uno mismo y los otros); a las relaciones interpersonales que intervienen entre individuos identificados por parámetros personales y funcionales, en relación inmediata o retransmitida (comunicaciones, procesos de posicionamiento mutuo y de influencia); a las relaciones en el seno de un grupo humano o entre grupos; a las situaciones sociales. Estos saberes y competencias se refieren a las emociones y los afectos, los móviles e intenciones que animan a los agentes sociales, de manera habitual o en una circunstancia particular, a los procesos de ajuste, de influencia, de evitación y de disimulación. [...] Puede tratarse de acontecimientos inmediatos u ocurridos en un pasado más o menos lejano, o futuros, o sólo probables. Tienen un impacto retroactivo, en cuanto a interpretación del pasado y del momento actual, y proactivo, en cuanto a la anticipación del efecto, componente principal de la regulación de las conductas, porque administra su reiteración, su modificación, su inhibición parcial o total. [...] Cuatro enfoques, independientes entre sí, se ocupan de la cognición social: la psicología social cognitiva, la psicología del desarrollo, la medida de la inteligencia y la psicología social del desarrollo cognitivo(Nota 5).
Y, por supuesto, con esta reflexión apenas si se balbucea un posible comienzo. Porque, ¿cuál es el problema? ¿Cuáles son las hipótesis capaces de explicar un problema que todavía no sabemos bien en qué consiste? Sin problema no hay hipótesis y sin hipótesis que sea necesario probar no hay investigación.
Es una evidencia perogrullesca mencionar la alta complejidad que posee lo que puede llamarse "el universo mediador constituido por el discurso social." A este universo mediador me he referido ya en diversas oportunidades, siempre para aludir a la imposibilidad de lograr un acceso directo a los entes y fenómenos de nuestro entorno; acceso necesariamente mediado por las construcciones de sentido, tanto históricas como contemporáneas, que pueden designarse como "discurso social".
O sea, podemos representarnos, verbal, visual e imaginariamente, al mundo (una metáfora para designar el conjunto tanto global como individual de todo lo cognoscible) como lo que está del otro lado del discurso social (eludiendo toda equívoca alusión a lo especular); otro lado que implica que hay un lado (el otro del otro, o sea, éste), aquél del que está el sujeto cognoscente, que se establece como punto válido de referencia para determinar las situaciones relativas en las que se sitúan tanto el discurso social como el mundo, de modo tal que, desde el punto de vista del sujeto, éste sólo percibe del mundo lo que le permite y como se lo permite el discurso social, y en la medida en que se le permite percibir determinados y no otros discursos sociales (que por eso se constituyen en el objeto de apropiación de todas las políticas educativas, desde el surgimiento de las nacionalidades).
En definitiva, cuando pretendemos estudiar el mundo, lo que estudiamos es la forma conforme a la cual el discurso social, que se nos permite percibir, nos permite percibir ese mundo. Ese discurso social mediador está constituido por el conjunto de los textos construidos con símbolos, con imágenes y con objetos y comportamientos y reconstruidos, siempre desde una contemporaneidad, como la actualización de los discursos sociales históricos que han logrado quedar memorizados, como la propagación de los discursos sociales actuales que han logrado hacerse percibibles, y como la exhibición de los comportamientos sociales que han logrado hacerse mostrables.
Y digo esto para poder establecer un espacio al margen de todo ello, constituido por otros conocimientos aparentemente innecesarios o incluso vergonzantes y, en cuanto tales, excluidos de la memoria consciente, ocultados a la percepción e inmostrables, y donde se es testigo de otro panorama que es el resultado de otra historia; espacio donde se sitúan los contenidos cognitivos de la universidad de la calle, evadidos de la dorada cárcel de la pedagogía, pero igualmente mediadores en la construcción de otro mundo.
La expresión "Universidad de la Calle" creo que tiene un particular sentido en el uso que recibe en la Argentina. Además de atribuirse su primera enunciación a Arturo Jauretche también se comenta que fue la actriz Tita Merello quien la difundió desde uno de sus programas televisivos. La cuestión es que, aquí (y en ese sentido comencé a utilizarlo y, en lo posible, es el espacio semántico en el que trataré de mantenerme), esa frase nominal se refiere a una suma de conocimientos que no se imparte en ninguna institución determinada, sino al margen de cualquier institución, y que uno adquiere en el esfuerzo cotidiano por ganarse la vida y/o por tener éxito en sus objetivos sociales (aspectos que, en algunas situaciones, se superponen; como ocurre cuando el éxito consiste en sobrevivir). El conocimiento adquirido en la Universidad de la Calle implica el posible uso de una cierta picardía (pero no sólo) para eliminar obstáculos, evadir competidores, encontrar atajos, fomentar adhesiones, aprovechar oportunidades, desviar agresiones, capitalizar esfuerzos, aprovechar una inercia favorable para llegar antes o más fácilmente, dejar que el oponente se enmarañe en sus propias palabras o acciones, aparentar simpatías y declarar aborrecimientos, bajarse y subirse a tiempo al mejor vehículo (o a la más oportuna posición social), saber "caer parado» (o sea, no lastimarse en la caída e, incluso, aprovecharla para mejorar o, también, llegar en el momento oportuno, así como convertir a la adversidad en buena suerte), ignorar lo que puede comprometer, o sea, saber cuándo puede convenir no ver lo que se mira, irse antes de que una situación se deteriore, etc. Pero estos son los conocimientos que se adquieren y, a los efectos de esta investigación, a mí me interesa más identificar, como objeto de estudio, los comportamientos que los imparten.
Tomado, por consiguiente, en este sentido, no he pretendido referirme, con la expresión "La Universidad de la Calle", a lo que puede aludirse expresando y desarrollando, desde distintos enfoques, que "la calle puede malograr a cualquier joven «. O sea, sugiero que nos pongamos de acuerdo en que lo que daría nombre a esta posible investigación no designa el aprendizaje de ningún comportamiento específicamente delictivo (aunque puede no excluirlo), sino simplemente a la relación de enseñanza-aprendizaje acerca de contenidos comportamentales indispensables para la supervivencia social, que se aprenden por experiencia, en cuanto testigo ocasional de situaciones incidentales y no programadas. Dado que ningún programa pedagógico incluye a tales conocimientos entre sus objetivos, se los considera como degradados, vituperables y no merecedores de respaldo académico (¿o es a la inversa?). Creo, no obstante, que esa práctica pone en funcionamiento aspectos cognitivos de los que existe poca conciencia, ya bien porque se prefiere dejarlos en el subconsciente, por no considerarlos dignos de tomar la forma de pensamientos concretos y políticamente estructurados, ya bien por remitirlos al inconsciente, en cuanto al deseo de ignorarlos para poder negar la importancia de lo vulgar en la construcción de la identidad.
Es curioso que, no obstante, hayan dado lugar a una extensa producción textual y que ésta sí haya sido objeto de múltiples consideraciones analíticas e interpretativas, desde los sitiales académicos: tales son los refranes, a los que considero formulaciones verbales de ese conocimiento popular y materialista, que no se enseña en las escuelas ni en las universidades, a cuya producción y transferencia empírica pretendo dirigirme. Pero no sugiero ir de los refranes al comportamiento, porque una vez más habríamos caído en la trampa de la palabra la cual, con sus reglas y exigencias constructivas nos haría ver los fenómenos que pretendemos estudiar como su mero reflejo, pero sin advertirnos de esa trampa y como atribuyéndole al comportamiento lo que son características del lenguaje que lo describe; con lo cual volvería a quedar incluido en el conocimiento formal. En todo caso, el itinerario, a mi parecer, es el opuesto: ir del comportamiento a los refranes. Y eso, si tal destino verbalizador llega a importar, porque hay que advertir que, en la actualidad, los refranes han perdido la vigencia de otras épocas (y no sólo me refiero al Sancho que hastiaba a Don Quijote con su interminable retahíla de manifestaciones de sabiduría popular, sino a lo inoportuno y artificial que resulta, hoy en día, traer a cuento un refrán cuando algo acontece que nos merece reflexionar sobre sus consecuencias). Más bien atribuyo el decaimiento de la vitalidad del refranero al rápido cambio de las costumbres, que le han quitado al refrán su ámbito temporal y social de vigencia, ya que rápidamente pasan al desuso. Aparte de que la mayoría de los refranes, por su origen popular, continúan demostrando con excesiva contundencia la desjerarquización del conocimiento que transportan (como, de modo semejante, ocurre con los graffiti, las letras del rock popular, la cumbia villera, etc., todas surgidas de ese mismo ámbito).
Exploro, para descubrir el eje que permita organizar un Proyecto de Investigación acerca del tema de La Universidad de la Calle. Pretendo sugerir e ir afirmando ideas que puedan conducir a la identificación del problema, a la búsqueda de cuya explicación apunte el desarrollo de esta investigación. Para que haya investigación, y no se trate de un ensayo (o comentario erudito), ni se quede en ser un mero diagnóstico (o descripción) acerca de este tema, es necesario que se formule adecuadamente un problema. Al exigir que se formule adecuadamente un problema estoy planteando la necesidad de descubrir que, en la forma convencional (o científica, en su caso) de su formulación o en el significado que se le atribuye o en el uso social que se hace del tema, está contenida una contradicción o un absurdo o que incluye una incongruencia o algo que suene a nuestros socializados y contemporáneos oídos como tal; y que, no obstante, se puedan formular otros determinados enunciados, las hipótesis, que ofrezcan la posibilidad de explicar lo problemático, eliminándolo o superándolo, de modo que la expresión en estudio, aquí "Universidad de la Calle ", designe a un determinado y concreto fenómeno, que antes no era percibible, ofreciendo la posibilidad de identificarlo sin ambigüedad y con eficacia representativa, al menos, para nuestra socializada y contemporánea capacidad de interpretar.
O sea, tenemos una expresión: "La Universidad de la Calle" y necesitamos un enunciado que establezca las características fundamentales que le asignamos al fenómeno intuido tras la capacidad de designación de tal expresión. Si no logramos formular tal enunciado, no existe el fenómeno al que pretendemos designar. Existen una serie de acontecimientos sociales, dispersos, con eficacia individual, cada uno valorado desde determinado enfoque, que presenciamos, compartimos, disfrutamos o sufrimos, pero que no constituyen un área de sentido identificable, salvo si conseguimos formular el enunciado que le dé existencia significativa, que nos lo haga ontológicamente presente y evidente, en cuanto complejo haz de relaciones interactuantes, dinámicas y en continuo cambio. Nuestra tarea no es describir sus características sociales, sino explicar lo que de paradójico contienen.
"La Universidad de la Calle" es una expresión que sugiere, permite intuir, sacude con la evidencia de estar construyendo un fuerte concepto social. Pero en este estado, es la designación de una idea poética; o sea, no es que la idea poética preexista a la expresión; es que esta expresión, en la que se reúnen como pertenencia, casi genéticamente, ambos términos ("Universidad" y "Calle"), le proporciona existencia poética al concepto que no existía antes de ser nombrado. Y esta eficacia, esa expresión ya la ha cumplido. Pero lo que me interesa es saber si hay un existente social (complejo, disperso y eficaz) al que se identifica cuando se logra enunciar lo que se entiende por "Universidad de la Calle"; en ese caso, esas características de complejidad, dispersión y eficacia lo constituyen como problema. Esto no es mejor ni peor que su existencia como idea poética, simplemente es diferente y a mí me interesa saber si puede haber un interpretante lógico que le dé existencia. Por eso exploro y busco para saber si tiene sentido pretender construir una tarea de investigación que logre explicar lo que tiene de fenómeno social, además de presentarse como una idea poética.
Esta exploración puede consistir, y así la recorro ahora, en dejar fluir las sugerencias que pueden proporcionar un conjunto de pequeñas frases; pero con el objetivo de que dejen de ser sugerencias y algunas o alguna de ellas permitan hacer presente al correspondiente fenómeno social como problema concreto, respecto de cuya enunciación la metodología semiótica proporcione los instrumentos para explicar las características de su presencia y su eficacia sociales. Las siguientes son pues algunas de tales expresiones exploratorias:
- la universidad de la calle implica aprender un determinado modo de vincularse con el entorno de objetos, personas y comportamientos;
- los comportamientos son discursos sociales que imparten conocimientos que quedan registrados en refranes, literatura picaresca, pasquines, graffiti, rumores, coplas, letras de canciones rock, etc.; y también en obras de arte;
- esos comportamientos enseñan, estando rechazados como enseñanza;
- esos comportamientos son discursos sociales mediadores, en su gran mayoría, de lo innecesario, vergonzante o prohibido que, no obstante, se nos permite, socialmente, percibirlos (¿o no puede impedirse que los percibamos?)
- esos comportamientos son discursos sociales mediadores de lo imprescindible para sobrevivir e n la sociedad;
- esos comportamientos son lo evidente y lo velado;
- esos comportamientos son lo imprescindible para salir de la calle o para no volver a ella o para no caer en ella;
- la universidad de la calle es enseñar con el ejemplo; con el contraejemplo; con el comportamiento; con las consecuencias del comportamiento; ¿es enseñar?; ¿es educar?;
- ¿por qué "universidad", y por qué de "la calle"? La pregunta es válida porque "universidad" designa, en nuestra cultura, el ámbito de más alto nivel en la administración del conocimiento o en el ejercicio de la enseñanza y "calle" el ámbito más ruin, peligroso y fascinante en que se desenvuelve nuestra cotidiana existencia ciudadana;
- ¿"universidad" y "calle" pueden ser términos, en principio, contradictorios?;
- ¿puede la calle ser universidad? ¿O puede tener una universidad?;
- ¿puede una universidad pertenecer a la calle?
La expresión tiene un carácter de metáfora que simultáneamente produce un oxímoron. Esto hace que me preocupe la relación posible (o imposible) entre retórica e investigación. ¿Puede desarrollarse una investigación acerca de o a partir de una expresión retórica? Si la expresión retórica apunta fundamentalmente a la producción de un efecto poético, ¿cómo puede esa específica eficacia constituirse en objeto de una investigación, a la que, además, como estoy pretendiendo en esta propuesta, enfrento con el mayor rigor posible? Considero que en toda producción auténticamente poética se pone en funcionamiento un muy estricto rigor; su consistencia y eficacia vendrá a ser establecido, mediante el análisis y por el productor de otra clase de discurso (ya no poético, sino analítico), después de  completada la obra poética (escrita, plástica, musical, etc.), ya que considero que no le corresponde al autor del discurso poético dar cuenta explicativa (en especial, antes de producirlo) del proceso de producción de su texto poético, sino producirlo.
Pero, por supuesto, no es el objetivo de esta investigación explicar la eficacia poética de la expresión "la universidad de la calle ". Yo, simplemente, intuyo dos metáforas vinculadas por un oxímoron, o sea, se designa como "universidad" a un aprendizaje (del que se recupera la jerarquía) y como "calle" a un espacio (del que se recupera lo vulgar, la exhibición y el riesgo), generando una autocontradicción entre ambos términos, ya que no condice atribuir la jerarquía del aprendizaje a un espacio en que coexisten lo vulgar, la exhibición y el riesgo(Nota 6).
Pero ahí comienza todo el deslumbramiento que provoca esta expresión: ni hay universidad, ni hay calle, pero sí se produce una contradicción dialéctica que nutre de inagotables sugerencias la asociación de ambos términos. Entonces aparece un universo construido cuya identificación requiere una tarea de investigación, que es la que estamos proyectando. ¿Cuál es el universo de referentes construido por la expresión "universidad de la calle"? ¿Cómo encontrar, entre los fenómenos sociales, aquellos que puedan ser portadores de esas cualidades contradictorias? ¿Cómo establecer que hay contradicción y cuáles sean sus características, no en cuanto construcción poética, sino en cuanto acontecimiento existencial que nos traspasa por necesario y vergonzante?
O sea, como problema de investigación (o problema a explicar) aparece la identificación de situaciones o acontecimientos sociales que participen de esas contradictorias cualidades y, todavía más importante, que explique de qué modo coexisten tales cualidades en un mismo fenómeno y cómo convivimos nosotros con ellas. Todo esto es típico del signo: algo construye a otro, atribuyéndole sus propias cualidades, y exigiéndole a alguien que lo asuma como hábito de su cotidianeidad
Percibo una notable circularidad en mis propias reflexiones acerca de la universidad de la calle, generada en torno a la búsqueda de una identificación del problema que permita organizar un Proyecto de Investigación que, para ser tal necesita de un problema, adecuado a las actuales exigencias de racionalidad en las ciencias sociales y susceptible de un desarrollo riguroso con resultados bien fundamentados y aptos para la comprensión de su eventual carácter de fenómeno social altamente complejo.
Esa circularidad me parece mostrar que estamos ante una doble tarea que es necesario afrontar y resolver en su adecuado orden secuencial: 1º realizar un diagnóstico que permita identificar sus elementos efectivamente constitutivos; y 2º enfrentar la investigación que permita explicar el problema que se habrá manifestado mediante tal diagnóstico. Esto implica mantener relativamente diferenciados los aspectos descriptivo, propio del diagnóstico, y explicativo, propio de la investigación. No es que tengan que estar necesariamente distanciados en el tiempo (o sea, admitiendo la posibilidad de que mientras se explica también pueda obtenerse información descriptiva que ayude a tal explicación y viceversa), pero sí es necesario (o, al menos, muy conveniente) diferenciarlos lógicamente (o sea, en cuanto al aporte conceptual y a las conclusiones que pueden obtenerse de cada uno de ellos).
Con esta salvedad puede decirse que el diagnóstico es previo a la investigación. Necesitamos disponer de una información adecuada y suficiente para poder generar una explicación eficaz. Por eso considero que la causa de la mencionada circularidad estriba en la falta de información adecuada y suficiente.
Además, respecto del fenómeno social (o del conjunto de los fenómenos sociales) que pueda llegar a identificarse mediante la expre sión "universidad de la calle", se observa la pluralidad, por lo general contradictoria, de interpretaciones que genera su utilización, predominantemente popular.
Desde el punto de vista semiótico, el tema es fascinante; exige la intervención constructiva del discurso social (o sea, no podemos empezar percibiéndolo inmediatamente al fenómeno social, ya que requiere identificar y aceptar alguna de las específicas semiosis desde las cuales se lo construye) y abarca un entramado complejo y contradictorio de mundos semióticos posibles (o de formaciones discursivas, en la terminología foucaultiana(Nota 7), o sea, de relaciones que generan una amplia dispersión de interpretaciones. Es una oportunidad como hay pocas para mostrar el funcionamiento de la semiótica en cuanto creación de sentido (o sea, como facultad cognitiva), para después dar lugar a su desarrollo en cuanto metodología explicativa del proceso de producción del significado que implica y de su eficacia (o sea, de la semiótica como disciplina académica).
Por tanto, sugiero concentrar nuestros esfuerzos en la tarea de enfocar ese primer aspecto descriptivo o de diagnóstico que nos permita saber de qué se habla cuando se habla de la "universidad de la calle", conservando el propósito de estudiar su explicación para cuando sepamos cuáles son y cómo son esos múltiples (multiplicidad que, por ahora, es sólo una intuición) fenómenos sociales que llamamos "universidad de la calle".
Pero también un diagnóstico tiene hipótesis. Cuando buscamos determinadas características de un fenómeno, esa búsqueda anticipa el supuesto de que tales características se van a poder identificar perceptualmente en un concreto fenómeno social y que tales características están formuladas discursivamente (mediante iconos, índices o símbolos) en el concreto discurso social que le atribuye sentido al fenómeno en cuestión. Por lo tanto, todo lo que se proponga como búsqueda en esta recopilación de información tendrá que ser falsable, o sea, tal que pueda demostrarse, si tal fuera el caso, que no se corresponde con ningún determinado fenómeno y/o que ningún fenómeno determinado ha sido construido a partir de la circulación de ese determinado discurso (esto viene a querer decir que no podemos atribuirle a los fenómenos que tratamos de identificar como universidad de la calle características metafísicas, éticas o estéticas, con independencia del contexto en el que se manifiestan).
Hipotetizo, por tanto, que, entre otras muchas características, la universidad de la calle habrá de ser:
a) generadora de aprendizaje;
b) generada (¿predominante o absolutamente?) mediante comportamientos;
c) independiente de toda formalización o programación;
d) accesible a cualquiera;
e) ubicua (en cuanto puede manifestarse en cualquier lugar);
f) identitaria (en cuanto depende de cada contexto en el que se manifiesta);
g) tiene como objetivo lograr el éxito (tanto como evaluación de la vida de alguien, como en cuanto resultado de comportamientos parciales);
h) requiere ser visualmente (¿sólo?) percibible;
i) requiere ser reproducible;
j) no se imparte, pero se adquiere;
k) se la reconoce como enseñanza; o sea, se la interpreta por el interpretante-intérprete como información (o conocimiento) utilizable.
Etc., etc., etc. ¿Con estas elementales y balbucientes características, se empieza a identificar algún fenómeno social? ¿Qué otros rasgos serían necesarios para que algún fenómeno social comience a adquirir presencia conceptual (quizá para que pueda transformarse de percepción no consciente en un existente identificable de modo que pueda formularse a su respecto un juicio perceptual, en terminología peirceana, ya que lo que la facultad semiótica proporciona, y la disciplina semiótica explica cómo, no es existencia sino conocimiento?)
Reasumo la tarea de ir configurando lo que podemos entender  (o sea, el significado que actualizamos) por universidad de la calle, cuando hablamos de "universidad de la calle"; o sea, qué construyo yo (y cada uno de nosotros), como interpretante-productor, cuando utilizo esa expresión, y qué construyo yo (y cada uno de nosotros) como interpretante-intérprete, cuando la leo (o leemos) o la escucho (o escuchamos).
Como primera aproximación, tipo diagnóstico, se trata de identificar situaciones sociales concretas, que puedan ostentar conjuntamente, las características hipotéticas (o sea, que habrá que constatar si son éstas u otras) propuestas en el punto anterior y las nuevas cuya exploración habrá de proponerse. Todas estas características proyectan como referente(Nota 8) el fenómeno social que estamos tratando de identificar (agrupando fragmentos y segmentando acontecimientos) con la designación de "universidad de la calle".
Como posible investigación, formularía en los siguientes términos el problema que habrá de explicarse: en el lenguaje popular, se atribuye al ámbito, fuertemente desprestigiado, de interacción social designado como "calle ", las cualidades de excelencia atribuidas, en ese mismo lenguaje popular, al ámbito de producción del conocimiento designado como "universidad ".
Las hipótesis que habrá que probar para explicar el significado producido por la expresión "universidad de la calle", en un primer esbozo, podría formularse en los siguientes enunciados:
a) si determinada comunidad valora positivamente el aprendizaje de las estrategias cotidianas de supervivencia y/o de éxito;
b) si determinada comunidad considera que dicho aprendizaje es ajeno a la política pedagógica de la universidad institucional;
c) si determinada comunidad considera que el ámbito privilegiado de percepción y adquisición de tales estrategias de supervivencia y/o de éxito es el de la interacción social;
d) si determinada comunidad designa con el término "universidad" el más importante ámbito de adquisición de conocimientos;
e) si determinada comunidad designa con el término "calle" el ámbito de interacción social donde se aprenden las técnicas profesionales de supervivencia y/o de obtención de éxito; entonces:
el uso que hace determinada comunidad de la expresión metafórica "universidad de la calle" no implica contradicción y resulta eficaz para identificar un concreto espacio de aprendizaje fundamental.

NOTAS

1) PRIETO CASTILLO, 1999: 113 ss; y también en GUTIÉRREZ PÉREZ, F. y PRIETO CASTILLO, D., 1994
2) MAGARIÑOS DE MORENTIN, J., 1996: 249 ss
3) GUTIÉRREZ PÉREZ, F. y PRIETO CASTILLO, D. 1994
4) THARP, R. & GALLIMORE, R., 1988
5) BEUADICHON, J. y PLUMET, M-H., 2003 – "Cognición social", en HOUDÉ, O., KAYSER, D., KOENIG, O., PROUST, J. y RASTIER, F. ps. 66-71
6) LACASA, P., 1994
7) FOUCAULT, M., 1969, p. 44 ss.
8) JACKENDOFF, R., 1989, ps. 23-27

BIBLIOGRAFÍA

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