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Visión de futuro

versión impresa ISSN 1668-8708

Vis. futuro vol.14 no.2 Miguel Lanus jul./dic. 2010

 

ARTÍCULOS ORIGINALES

Michel Foucault y la Gubernamentalidad Financiera. Reflexiones sobre la Crisis Financiera Internacional

 

Agüero, Juan Omar

Universidad Nacional de Misiones- Facultad de Ciencias Económicas- Ruta 12 - Km 7,5 - C.P. 3304 - Miguel Lanús - Misiones - Argentina
E-Mail: juanaguero@arnet.com.ar

 


RESUMEN

En este ensayo planteo una forma de gubernamentalidad o de tecnología de poder que denomino gubernamentalidad financiera, que se diferencia del ordoliberalismo alemán y el anarcoliberalismo norteamericano, analizados por Michel Foucault. ¿En qué contexto emerge esta forma de racionalidad financiera?, ¿cómo emerge y se desarrolla?, ¿qué significados tiene para la biopolítica y la gubernamentalidad? y ¿qué implicancias devienen de este proceso de transformación del trabajo humano en capital financiero?, son algunos de los interrogantes que se discuten en este trabajo a modo de ensayo. A partir de los conceptos de biopolítica y gubernamentalidad, abordo las teorías de la política de sociedad y del capital humano, como fundamentos del ordoliberalismo alemán y del anarcoliberalismo norteamericano, respectivamente, discutiendo luego la forma de gubernamentalidad que denomino gubernamentalidad financiera, como tecnología de poder diferenciada de aquéllos.

PALABRAS CLAVE: Foucault; Gubernamentalidad Financiera; Crisis Financiera Internacional.


 

INTRODUCCIÓN

Desde mediados del siglo XX, y con mayor intensidad a partir de la década de 1970, se inicia en los países denominados occidentales, el desarrollo de una forma de gubernamentalidad o, como lo llama Foucault (2006), de tecnología de poder, que podríamos denominar gubernamentalidad financiera y que se diferencia de las formas analizadas por este autor con los nombres de ordoliberalismo alemán y anarcoliberalismo norteamericano. Las diferencias son varias: las nuevas tecnologías de poder, la forma financiera de las relaciones que se establecen, los sujetos que intervienen, el marco institucional y la localización de los intercambios, entre otras.

Ahora bien, ¿en qué contexto emerge esta nueva forma de racionalidad financiera?, ¿cómo emerge y se desarrolla?, ¿qué significados tiene para la biopolítica y la gubernamentalidad? y ¿qué implicancias devienen de este proceso de transformación del trabajo humano en capital financiero? Éstas son algunas de las preguntas que orientan este trabajo y a las cuales me refiero, por supuesto no para intentar responderlas ni mucho menos resolverlas, sino para plantearlas como ensayo y como discusión de un proyecto investigativo que tenga por objeto sean estas cuestiones y cuyo propósito sea indagar acerca de la genealogía y el modo de producción de estos procesos históricos.

DESARROLLO

1. Biopoder y Gubernamentalidad

Para iniciar este trabajo, creo conveniente partir de los conceptos de biopoder y gubernamentalidad que Michel Foucault utiliza en los cursos de 1978 y 1979 en el Collège de France, para explicar la emergencia del liberalismo hacia fines del siglo XVIII y el tránsito posterior al neoliberalismo en el siglo XX. Son dos conceptos claves que le permite al autor analizar el proceso de surgimiento y desarrollo de los Estados modernos y de lo que él denomina arte liberal de gobernar. Estos cursos se publican recién en el 2004 en francés y luego, dos y tres años más tarde, en español.

Foucault introduce por primera vez, en su clase del 17 de marzo de 1976, la problemática del biopoder o biopolítica. Este poder sobre la vida surge, para este filósofo, hacia fines del siglo XVIII, cuando la especie humana entra en una estrategia general de poder que él lo presenta como el esbozo de una historia de las tecnologías de seguridad. Tras un año de receso, Foucault retoma el tema en 1978, pero corre el eje de discusión de la cuestión del biopoder a la cuestión del gobierno y, luego, a la cuestión de la gubernamentalidad, modificando su visión en relación al concepto mismo de poder, ya que deja de lado su idea de una sociedad de la guerra, aquella que lo expresara en su clase del 28 de marzo de 1973 con la frase "El poder se gana como una batalla y se pierde de la misma manera" [Foucault, M., 2006, p.418] (1). Su nueva visión del poder cambia de eje y se centra en las relaciones entre sujetos. Este giro es fundamental en Foucault y se extiende hasta su muerte en 1984.

Otra noción fundamental, que también introduce Foucault en su clase del 17 de marzo de 1976, es la de población, que define como "masa global, afectada por procesos de conjunto que son propios de la vida, como el nacimiento, la muerte, la (re)producción, la enfermedad". [Foucault, M., 2006, p.433] (2). Con esta noción de población, se produce otro giro fundamental del autor, ya que deja de lado la idea de sociedad disciplinaria o normalizadora de los cuerpos, que venía sosteniendo desde 1970, reemplazándola por la de sociedad reguladora de la población. Como él mismo lo aclara, se trata del paso de lo que él denomina anatomopolítica del cuerpo humano, introducida durante el siglo XVIII, a lo que él llama biopolítica de la especie humana, incorporada hacia fines del mismo siglo. En realidad, se trata de dos formas básicas de poder sobre la vida que se desarrolla desde el siglo XVII, una centrada en los cuerpos y otra centrada en la población.

De esta manera, observamos dos giros fundamentales en el pensamiento de Foucault, de fines de la década de 1970. Por un lado, su concepción del poder, uno de los temas centrales de toda su labor investigativa y que lo movilizó a lo largo de toda su vida, el otro es el saber.

Indudablemente, en la actualidad, resulta muy difícil abordar estos temas, sin hacer referencia al pensamiento de Foucault. De su idea del poder como cosa, cambia bruscamente de dirección hacia la idea del poder como relación entre sujetos sociales. Este cambio es radical, porque ubica al poder en el centro de las relaciones sociales, como dimensión constitutiva de la interacción social, invalidando la hipótesis de la soledad del poder o del general en su laberinto como en el relato maravilloso de Gabriel García Márquez.

Por otro lado, su concepción del poder sobre la vida, que se desplaza de la vigilancia y disciplinamiento de los cuerpos a la regulación de las poblaciones. Se trata aquí también de un cambio brusco de dirección, que implica el inicio de un nuevo ciclo en Foucault, que se extiende hasta su muerte. En la clase del 25 de Enero de 1978, el mismo autor explica qué significa este giro, al sostener que "la temática del hombre,..., debe comprenderse a partir del surgimiento de la población como correlato de poder y objeto de saber. Después de todo (...) el hombre no es, en definitiva, otra cosa que una figura de la población" [Foucault, M., 2006, p.108](3). Se trata de un giro epistemológico, que busca fundamentar en la noción de población la construcción de un saber acerca del hombre, pero se trata también de un giro ontológico, en el sentido de considerar a la población como fundamento constitutivo del hombre.

En el curso de 1977-1978, denominado Seguridad, Territorio, Población, Foucault se propone abordar el problema de la sociedad de seguridad, analizando el tránsito de la seguridad del territorio a la seguridad de la población y considerando como antitéticos el territorio y la población. Sin embargo, tras el análisis de los dispositivos de seguridad, formula el concepto de gobierno, en el sentido fisiocrático de gobierno económico, como técnicas específicas de manejo de las poblaciones. En la clase del 1º de Febrero de 1978 denomina gobierno al arte de ejercer el poder en la forma de economía y esto le permite definir al liberalismo económico como un arte de gobernar.

De esta manera, Foucault reemplaza el triángulo problemático Seguridad, Territorio, Población, por Seguridad, Población, Gobierno y esto implica un nuevo giro del curso, que queda más claro cuando introduce el concepto de gubernamentalidad. Con este concepto, abre un nuevo campo de investigación, deja de lado la historia de las tecnologías de seguridad y centra su interés en una historia de la gubernamentalidad. Esto implica una nueva mirada de la sociedad, ya que hay un giro de sujetos de derecho a sujetos sociales, aquéllos vinculados a la soberanía política, la seguridad y el territorio, y estos últimos a la gubernamentalidad, la población y la seguridad.

Como concepto, la gubernamentalidad se refiere al régimen de poder introducido en el siglo XVIII, que tiene por blanco principal la población, por forma mayor de saber la economía política y por instrumento técnico esencial los dispositivos de seguridad. También se refiere al proceso que llevó a la preeminencia del tipo de poder que podemos llamar gobierno sobre todos los demás: soberanía, disciplina, etc. En la clase del 8 de Febrero de 1978, Foucault explica que se trata de una genealogía del Estado moderno, donde la gubernamentalidad sería para el Estado lo que la segregación fue para la psiquiatría, la disciplina para el sistema penal y la biopolítica para las instituciones médicas, es decir, se trata, como sostiene Foucault (2006), de una tecnología general de poder.

En los cursos posteriores, Foucault sigue desarrollando el concepto de gubernamentalidad. En el curso de 1978-1979, extiende su significado no sólo a las prácticas gubernamentales constitutivas de un régimen de poder particular como el liberalismo o el neoliberalismo, sino a la forma como se conduce la conducta de los hombres. De esta manera, como señala Foucault (2007), la gubernamentalidad sirve como grilla para el análisis de las relaciones de poder en general, ya sea a nivel de micropoderes o microrrelaciones de poder, como a nivel de políticas gubernamentales.

En el curso de 1981-1982, Foucault aclara que el concepto define el campo estratégico de relaciones de poder, en lo que tienen de móviles, transformables, reversibles. En este último sentido, si bien la gubernamentalidad y el gobierno son dos conceptos que parecen confundirse, porque se implican mutuamente, sin embargo, Foucault deja bien en claro que la gubernamentalidad es la que define la forma, las condiciones y el tipo de gobierno en un momento dado. Por lo tanto, la gubernamentalidad no es una estructura rígida o invariante de relaciones, sino una generalidad singular, que sólo existe como acontecimiento y debe ser entendida como lógica estratégica, como campo estratégico de relaciones de poder.

De esta manera, el concepto de gubernamentalidad le permite a Foucault introducir al Estado en el análisis microfísico del poder. No lo hace por casualidad, sino por necesidad, porque estudiar poblaciones no es lo mismo que estudiar escuelas, hospitales, cárceles u otras instituciones, e implica, como él mismo lo señala, órganos complejos de coordinación y centralización que se encuentran a nivel de Estado, entendido éste como una realidad compleja, como el efecto móvil de un régimen de gubernamentalidades múltiples.

2. Gubernamentalidad Económica

En el curso de 1978-1979, denominado Nacimiento de la Biopolítica, Foucault muestra cómo el liberalismo constituye la condición de inteligibilidad de la biopolítica. La economía política surge como un principio de autolimitación interna de la razón de Estado, mientras que el principio de autolimitación externa es el derecho. La economía política tiene la pretensión de constituirse en un conocimiento del curso natural de las cosas e irrumpe como una nueva racionalidad en el arte de gobernar, que se resume en la fórmula gobernar menos, pero con más eficacia.

En esta nueva racionalidad, los sujetos de derecho sobre quienes el Estado ejerce la soberanía política, son reemplazados por la población. De esta manera, el liberalismo se constituye en el marco general de la biopolítica, en una razón gubernamental que desplaza a la razón de Estado. Es una razón gubernamental limitada y controlada por el mercado, ámbito donde Foucault ubica la cuestión de la verdad o, como él prefiere, de la veridicción.

El liberalismo no sólo garantiza la libertad como componente central del arte liberal de gobernar, sino que la produce, para promover y alcanzar sus propios fines. De esta manera, el liberalismo implica un riesgo, un vivir peligrosamente, por la necesidad de compatibilizar el libre juego de los intereses individuales con el interés de todos. Ahora bien, la existencia de este riesgo implica a su vez la necesidad de múltiples mecanismos de seguridad y, por ende, la libertad y la seguridad constituyen dos polos opuestos de intervención del Estado. Esta oposición entre sociedad y Estado para Foucault es una relación paradójica, ya que la sociedad constituye un principio en cuyo nombre el gobierno liberal tiende a autolimitarse, pero al mismo tiempo es el blanco de intervención gubernamental para promover y alcanzar las libertades individuales que requiere el arte liberal de gobernar. Esta paradoja del liberalismo es el origen de lo que Foucault denomina crisis de gubernamentalidad.

Al referirse a esta cuestión, Foucault interviene por única vez en un tema contemporáneo y se pregunta qué crisis de gubernamentalidad caracteriza al mundo hacia fines de la década de 1970 y qué modificaciones produjo en el arte liberal de gobernar. Para responder a esta cuestión, analiza las dos experiencias neoliberales más importantes del siglo XX, el ordoliberalismo alemán y el anarcoliberalismo norteamericano. Convengamos que analiza dos formas básicas de gubernamentalidad económica o de razón gubernamental basada en la economía política. Estas formas de neoliberalismo se desarrollan como crítica a las políticas económicas keynesianas, al intervencionismo del Estado y a los programas sociales que implican aumento del gasto fiscal.

Para Foucault, el liberalismo norteamericano no surge como un principio moderador de la razón de Estado, sino como demanda básica de independencia y reivindicación económica. Además, siempre estuvo en el centro del debate de la sociedad norteamericana y tanto la derecha como la izquierda política lo han defendido como parte de la tradición norteamericana y de la lucha cotidiana contra un Estado imperialista y militar. Es decir, en Estados Unidos el liberalismo es un modo de pensar y una forma de vida, mientras que en Europa es sólo una tecnología de gobierno.

El neoliberalismo alemán se basa en la teoría de la política de sociedad, hace valer la lógica de la competencia pura en el terreno económico, pero con mercados encuadrados en un conjunto de intervenciones estatales. El mercado es el principio regulador del proceso económico y la formación de precios y la tarea del gobierno es garantizar la competencia, evitar la centralización, favorecer a las medianas empresas, sostener a las empresas no proletarias, multiplicar el acceso a la propiedad y proteger el medio ambiente, es decir, generalizar la forma empresa en el tejido social, multiplicando el modelo de oferta, demanda, inversión, costo y beneficio en las relaciones sociales, los grupos, las familias. En esta sociedad de empresa, para que la competencia pueda actuar en el mercado, es necesario establecer un marco político y moral, donde el Estado se mantenga por encima de la rivalidad y la competencia y garantice la integración social y la cooperación entre los hombres.

Por su parte, el neoliberalismo norteamericano se basa en la teoría del capital humano. Es más radical que el neoliberalismo alemán y busca generalizar las relaciones de mercado a la totalidad del tejido social. El análisis económico, el modelo de mercado, de oferta y demanda, se extiende a comportamientos sociales o procesos sociales tradicionalmente considerados no económicos. Así, por ejemplo, en la relación madre-hijo constituyen inversión en capital humano el tiempo que la madre pasa con su hijo, la calidad de los cuidados que le brinda, el afecto que le prodiga, la vigilancia de su desarrollo, la educación que le proporciona y la calidad de la alimentación a su hijo, entre otros.

Otro ejemplo es la cantidad de hijos que tienen las familias ricas, que tratan de concentrar en pocos hijos una alta inversión en capital humano. Como estas familias tienen un capital humano elevado y la transmisión de este capital a sus hijos implica tiempo, atención educativa e inversiones financieras, esto no sería posible si la familia fuese numerosa. Otro ejemplo es el matrimonio y la relación de pareja. Como son unidades de producción, celebran contratos a largo plazo buscando una economía en el nivel de costos de transacción, ya que de otro modo, como sostiene Migué (1978), deberían celebrar innumerables contratos diarios o renegociarlos continuamente.

En el neoliberalismo norteamericano, también las políticas públicas y la acción gubernamental son evaluadas económicamente según el modelo de empresa y mercado, de oferta y demanda, de costos y beneficios económicos. Así se construye una crítica de la razón gubernamental, que no es ni política ni jurídica, sino económica. Con esta extensión, señala Foucault, se criticaron, por ejemplo, los programas de salud, educación y segregación social de las décadas de 1960 y 1970 y la acción de los organismos federales creados en la época del New Deal.

Para Foucault, se evalúa la acción gubernamental con la lógica de un positivismo económico. En el liberalismo clásico, el Estado debía intervenir lo menos posible en el mercado, tenía que dejar hacer, dejar pasar; en cambio, en el neoliberalismo norteamericano, esto se invierte y el análisis económico no deja hacer, ni deja pasar al Estado, en nombre de las leyes naturales del mercado. Es decir, las políticas públicas son juzgadas por el tribunal del mercado.

La teoría del capital humano se basa en el análisis del trabajo humano como factor de producción. Este análisis fue dejado de lado por la economía política, como una página en blanco, pero los neoliberales norteamericanos lo retoman en la segunda mitad del siglo XX. Para la teoría del capital humano, la gente trabaja por un salario, entendido como ingreso y éste puede definirse como el producto o rendimiento de un capital. Por lo tanto, si es un ingreso, el salario es la renta de un capital y este capital lo constituyen los propios trabajadores y está conformado, como lo describe Michel Foucault, por

el conjunto de los factores físicos, psicológicos, que otorgan a alguien la capacidad de ganar tal o cual salario, de modo que, visto desde el lado del trabajador, el trabajo no es una mercancía reducida por abstracción a la fuerza de trabajo y el tiempo (durante) el cual se lo utiliza. Descompuesto desde la perspectiva del trabajador en términos económicos, el trabajo comporta un capital, es decir, una aptitud, una idoneidad; como suelen decir, es una máquina. Y por otro lado es un ingreso, vale decir, un salario o, mejor, un conjunto de salarios; como ellos acostumbran decir, un flujo de salarios [Foucault, M., 2007, p.263] (4).

La teoría del capital humano plantea un giro copernicano en la concepción del trabajo humano, que se aleja totalmente de la concepción clásica y neoclásica de la economía política y, obviamente, de la crítica marxista. Ya no se trata del uso de una cierta cantidad de fuerza de trabajo, durante un período de tiempo determinado, en un proceso de producción dado, organizado y conducido por un empresario, con el objetivo de maximizar el beneficio y capitalizar el excedente económico. Tampoco se trata ya de un problema de combinación eficiente de trabajo, naturaleza y capital como factores de producción en una unidad de producción determinada. Tampoco se trata del trabajo transformado en mercancía a que alude Foucault en el texto transcripto más arriba y menos aún, obviamente, de subordinación y explotación del proletariado por la burguesía propietaria de los medios de producción.

Se trata de una nueva concepción del trabajo humano, que transforma a los trabajadores, como lo sostiene Pierbattisti (2008), en empresarios de si mismos. Ya no hay explotados ni explotadores, porque ya no hay trabajadores sino empresarios. El problema de las clases sociales, las luchas históricas de los trabajadores, el conflicto y la cuestión social, los movimientos sociales, la teoría marxista, la experiencia del Welfare State, en fin, todo parece diluirse de pronto con esta ficción de empresario de si mismo, creada científicamente por los neoliberales norteamericanos.

Usando una expresión histórica de Marx y Engel (1975), que aquí resulta harto elocuente, pareciera que todo lo sólido se desvanece en el aire y las desigualdades sociales se diluyen y se vuelven líquidas, como lo sostiene Bauman (2000), por la acción de esta ficción empresarial. En esta nueva concepción, el trabajo humano se compone de capital y renta. El empresario de si mismo tiene un capital, su propia idoneidad y aptitud, que lo transforma en una inversión económica capaz de generar ingresos futuros. De esta manera, sostiene Foucault (2007), ya no está la figura de la fuerza de trabajo que se vende en el mercado por un precio o salario, sino la idea de capital-idoneidad que recibe renta-salario.

La economía se transforma así en unidades-empresas y también la sociedad. Todo se transforma en empresa, como forma básica de racionalización o como lógica del neoliberalismo norteamericano. Hay un regreso al homo economicus que maximiza el beneficio como empresario de si mismo. Para Gary Becker (1983), el consumo no es un proceso de intercambio, porque el hombre que consume es un productor, produce su propia satisfacción. El consumo es una actividad empresarial, porque el individuo, sobre la base de un capital que dispone, produce su propia satisfacción.

Para la teoría del capital humano, éste se compone de elementos innatos y adquiridos. Los innatos pueden ser hereditarios o simplemente congénitos. La productividad de un individuo y también su nivel salarial dependen, en un momento dado de su vida, de la combinación de estos elementos innatos y adquiridos. A su vez, los elementos adquiridos dependen del nivel de inversión en salud, educación, etc., mientras que los innatos dependen de condiciones genéticas. Sostiene Theodore William Schultz (1971), que la composición del capital humano sólo resulta de interés para el análisis económico, en la medida en que provenga de recursos escasos de uso alternativo, es decir, de condiciones genéticas con bajos niveles de riesgo por enfermedad y que puede utilizarse de diversas maneras. Esto introduce en el análisis económico la problemática de la reproducción de la especia humana, la posibilidad de manipulación genética y la problemática racial.

La teoría del capital humano gana terreno en los países occidentales, particularmente a partir de la década de 1970, con la desregulación y apertura de las economías nacionales impulsadas por Estados Unidos e Inglaterra, países donde en la década de 1980 se instalan gobiernos neoliberales que aceleran y profundizan los cambios. En el Consenso de Washington, suscripto hacia fines de la década de 1980, se establece el programa de reformas neoliberales que, desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se impone a los países miembros. Incluye políticas de privatización de empresas públicas, achicamiento del Estado, transferencia de los servicios de salud y educación a las provincias y municipios, disminución y búsqueda de eficiencia económica del gasto público, flexibilización laboral, apertura y desregulación económica, libre circulación y garantías para los capitales externos, entre otras. La caída del muro de Berlín el 9 de Noviembre de 1989 y la desintegración del bloque de países socialistas, favorecen en la década de 1990 la expansión del neoliberalismo norteamericano y del modelo de empresario de si mismo.

3. Gubernamentalidad Financiera

Sin embargo, planteado a modo de hipótesis, la expansión del neoliberalismo norteamericano y de la teoría del capital humano se produce porque, al mismo tiempo y como condición sine qua non, se desarrolla en el mundo, a partir de mediados del siglo XX y con mayor intensidad desde la década de 1970, un tipo de gubernamentalidad o de tecnología de poder que podríamos denominar gubernamentalidad financiera y que se diferencia de las formas de gubernamentalidad económica que Foucault denomina ordoliberalismo alemán y anarcoliberalismo norteamericano.

Las diferencias son varias: las nuevas tecnologías de poder, la forma financiera de las relaciones que se establecen, el tipo de sujetos que intervienen, el marco institucional y la localización de los intercambios, entre otras. ¿En qué contexto emerge esta nueva forma de racionalidad financiera?, ¿cómo emerge y se desarrolla?, ¿qué significados tiene para la biopolítica y la gubernamentalidad? y ¿qué implicancias devienen de este proceso de transformación del trabajo humano en capital financiero? En los párrafos siguientes me refiero a estas cuestiones.

Antes de la finalización de la segunda guerra mundial, cuando ya se perfilaban los países ganadores de la contienda, se firma en Estados Unidos el acuerdo de Bretton Wood, por el cual se crea el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, más conocido como Banco Mundial, donde Estados Unidos se asegura los votos necesarios para la gubernamentalidad financiera del mundo a través de estos organismos. Por entonces, como lo señalo en Agüero (2008), Estados Unidos controlaba más del 52% del oro del mundo y no por casualidad se acuerda que este metal sea el nuevo patrón monetario internacional.

Cuando finaliza la guerra, Estados Unidos ejecuta un plan de reconstrucción europea conocido como Plan Marshall, que permite a los bancos y empresas norteamericanas expandirse en Europa y en otros continentes. Además, la guerra había desarrollado la matemática, la física y la química, con lo cual se inicia un acelerado proceso de desarrollo tecnológico en el campo de la informática y las telecomunicaciones. Asimismo, se inicia en el mundo un período de continuado crecimiento económico de tres décadas, más conocido como los gloriosos treinta que, junto con la guerra fría y el temor de un nuevo conflicto Este-Oeste, favorecen la expansión y la influencia norteamericana en el mundo.

De esta manera, la formación de una banca mundial, la expansión mundial de las grandes corporaciones transnacionales y el desarrollo de la informática y las telecomunicaciones, crean las condiciones necesarias para la emergencia, en la década de 1970, de un fenómeno que en la década de 1980 comienza a llamarse globalización, por su impacto simultáneo y expansivo en muchos países. Los detonantes del fenómeno son las crisis petroleras de 1973 y 1979 y las políticas financieras impulsadas por Estados Unidos desde comienzos de la década de 1970, que implican la revisión del acuerdo de Bretton Wood en lo que hace al patrón oro y su reemplazo por el patrón dólar, la libre flotación de las tasas de interés y los tipos de cambio, la libre circulación de capitales y la separación entre los flujos financieros y el flujo comercial entre los países.

Como lo expongo en Agüero (2008), las enormes masas de dólares que reciben los países exportadores de petróleo, provenientes de las subas de precios del insumo, los depositan en su mayor parte en bancos norteamericanos e ingleses, y éstos a su vez los destinan a préstamos a los gobiernos y colocaciones en los mercados financieros internacionales, que crecen aceleradamente y se diversifican en las décadas de 1970 y 1980.

Con la caída del muro de Berlín, los capitales financieros ya no encuentran trabas para su expansión en el mundo y, en la década de 1990, se reproducen en los ex países comunistas como China, Rusia y Europa del Este, a tasas extraordinarias de ganancia, favorecidos a su vez por las políticas neoliberales impulsadas por el G-7, el grupo de países con mayor poder económico y político en el mundo. Este grupo, liderado por Estados Unidos e integrado por Alemania, Francia, Italia, Inglaterra, Japón y Canadá, al que luego se integra Rusia, transformándose en G-8, gobierna al resto de países del mundo a través de políticas financieras que claramente orientan a los mercados financieros internacionales y a los flujos de capitales, establecen los niveles de tasas de interés y tipos de cambio y supervisan las políticas públicas aplicadas por los gobiernos a través de organismos internacionales como las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

De esta manera, en la gubernamentalidad financiera, los mercados financieros reemplazan a las poblaciones de Foucault y la nueva tecnología de poder ya no es la biopolítica sino que son las computadoras y las bases de datos electrónicas programadas para administrar flujos de fondos electrónicos desde algún lugar del gran espacio cibernético globalizado. Estos flujos de fondos son las nuevas mercancías que se negocian en los mercados financieros como derechos y no como cosas. Estos derechos se identifican por registros electrónicos que expresan la nueva forma de dinero predominante: el dinero electrónico.

En este sentido, las fábricas, las maquinarias, los procesos físicos y químicos de producción, los servicios, los insumos y el mismo trabajo humano, se transforman en dinero electrónico, en flujos de fondos electrónicos, en el mismo momento o antes de la obtención material de los productos, por la acción de los mercados financieros, que transforman estos productos en derechos que se pueden negociar especulativamente en forma ilimitada.

Un ejemplo de lo afirmado precedentemente lo constituyen las commodities como el petróleo o la soja, cuyo valor no depende de las condiciones materiales de producción, sino de los mercados financieros internacionales donde se negocian como derechos. Mientras estos productos se producen y se venden como mercancías en los mercados de petróleo y de granos, en los mercados financieros se negocian especulativamente varias veces como derechos, generando flujos de dinero electrónico en los mercados financieros que pueden superar varias veces su valor económico real.

Esta negociación especulativa de derechos o de flujos de dinero electrónico, permite que los mercados financieros aumenten artificialmente la tasa de ganancia del capital, mediante la creación de lo que Marx (1999) denomina capital ficticio, refiriéndose al capital-dinero en el Tomo III de El Capital. De haber seguido viviendo Marx, seguramente escribiría el Tomo IV de El Capital con el título La plusvalía financiera o El proceso de creación de capital electrónico.

Indudablemente, el capitalismo ha entrado en la fase de financierización y se ha transformado en un capitalismo financiero, mucho más sofisticado y potente que las fases de capitalismo comercial e industrial analizadas por Marx. Un autor brasileño, Reinaldo Carcanholo, en un artículo publicado en el 2008, habla de capitalismo especulativo y sostiene la tesis de que el capitalismo se encuentra en una crisis económica estructural que tiene como trasfondo la tendencia a la baja de la tasa de ganancia y esta fase especulativa sería un intento del capital de dar una respuesta.

La tesis de Carcanholo no es aceptable por dos argumentos: la naturaleza de las crisis en el capitalismo y la naturaleza de la fase de financierización del mismo. En relación al primer argumento, no es que el capitalismo de pronto entró en crisis. No está en crisis, ni estructural ni coyuntural, sino que las crisis son ontológicas en el capitalismo, es decir, son constitutivas del mismo. En uno de sus tantos significados, las crisis pueden definirse como cambios o transformaciones y esto es, precisamente, lo constitutivo del capitalismo, su capacidad de transformación continua de una cosa en otra. De hecho, ha adoptado diversas formas y contenidos históricos, se ha adaptado a los más diversos contextos, cambia constantemente de discurso y produce continuas formas novedosas de explotación, apropiación, acumulación y reproducción del capital. La forma financiera electrónica no es más que una de las tantas formas de despliegue histórico del capitalismo.

En relación al segundo argumento y tal como lo resumí muy brevemente en sendos párrafos anteriores, la fase financiera del capitalismo no emerge de una situación de decadencia o declinación económica, ni de una tendencia a la baja de la tasa de ganancia. Al contrario, emerge del crecimiento económico continuado de tres décadas, del desarrollo tecnológico, de la expansión de los bancos y las corporaciones transnacionales y de la formación de fenomenales masas de capitales financieros depositados en los bancos y recolocados en los mercados financieros internacionales.

Es decir, es una fase superior y más compleja del capitalismo, más sofisticada y con mucho más potencialidad que las anteriores. Y, por supuesto, con mucho más capacidad de destrucción y depredación del medio ambiente, de las condiciones materiales de vida y de las relaciones sociales. Si Marx destina tantas páginas del Tomo III de El Capital a la reproducción del capital-dinero y del capital-efectivo, producido por los bancos y el comercio, ¡cuánto más hubiera destinado a la producción y reproducción del capital financiero electrónico!

Los procesos financieros, como en el caso del petróleo y la soja, se alejan e independizan de los procesos productivos, pero no de los procesos políticos en los cuales se generan. Es decir, los mercados financieros crean sus propias condiciones de existencia y sus propias reglas de funcionamiento, pero no lo hacen por fuera de lo que aquí denomino gubernamentalidad financiera, que constituye la tecnología de poder que Foucault llamaría arte neoliberal de gobernar.

Sin embargo, este alejamiento financiero de los procesos productivos es sólo aparente, ya que el capital financiero ha aumentado considerablemente su poder sobre la vida humana, transformándose en lo que Osorio (2008) denomina biocapital. En efecto, los cambios en el mundo del trabajo, provocados por la gubernamentalidad financiera y el modelo neoliberal de empresario de sí mismo, han aumentado enormemente la incertidumbre, la indefensión y la fragilidad de los-que-viven-de-su-trabajo, como denomina Antunes (2003) a la clase trabajadora actual.

Para Osorio, el trabajador actual es un esclavo moderno porque, teóricamente, es un hombre libre pero vive sometido al mando despótico del capital, que diariamente se apropia de su vida, a través de largas y extenuantes jornadas de trabajo. Además, con los niveles actuales de productividad generados por los avances tecnológicos y las posibilidades adicionales de ganancia que proveen los mercados financieros, los trabajadores aportan cientos de veces más de lo que reciben como salario.

En este sentido, para Antunes, hay un proceso de precarización estructural del trabajo, que se expresa en figuras como colaborador, emprendedor, trabajo flexible, cooperativo, voluntario, inmaterial, tercerización, subcontratación, entre otras. Este proceso de precarización laboral deja profundas marcas en los trabajadores y es constitutivo de nuevas identidades, como lo demuestra Pierbattisti (2008), analizando el caso de la privatización de la ex Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel) en Argentina.

CONCLUSIÓN

He discutido en este ensayo los fundamentos de un proyecto investigativo cuyo objeto es indagar el proceso de formación y desarrollo de la gubernamentalidad financiera, como tecnología de poder del arte neoliberal de gobernar. La hipótesis formulada es que esta gubernamentalidad es la condición sine qua non para la expansión en el mundo, a partir de la década de 1970, de la teoría del capital humano y del modelo del empresario de sí mismo. He analizado brevemente la emergencia del fenómeno de la globalización, la formación de los mercados financieros y las condiciones de transformación de los procesos económicos en procesos financieros, con sus implicancias para el mundo del trabajo.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) FOUCAULT, M. (2006) Seguridad, territorio, población, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, p.418.

(2) FOUCAULT, M. (2006) Seguridad, territorio, población, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, p.433.

(3) FOUCAULT, M. (2006) Seguridad, territorio, población, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, p.108.

(4) FOUCAULT, M. (2007) Nacimiento de la biopolítica, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, p.263.

BIBLIOGRAFÍA

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2. ANTUNES, R. (2003) ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre las metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo, Buenos Aires, Ediciones Herramienta.         [ Links ]

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