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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.4 n.6 Buenos Aires ene./jun. 2006

 

La fragilidad de los vínculos humanos en la moderna sociedad líquida. Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Zygmunt Bauman. (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005)

Guido Vespucci

Universidad Nacional de Mar del Plata

guivespucci@yahoo.com.ar
Guido Vespucci. Profesor en Historia. Equipo Familia del Programa de Estudios sobre Población y Trabajo, Universidad Nacional de Mar del Plata.

Gracias al desarrollo sistemático de la coordenada analítica que Zygmunt Bauman expuso en Modernidad líquida (2003a), referente al proceso de licuefacción de las sociedades modernas, ahora este sociólogo polaco puede permitirse desentrañar, bajo esta misma clave, los aspectos más sutiles de dicho proceso. Amor líquido es, entonces, un acercamiento a la realidad más inmediata de los sujetos modernos: el amor, la sexualidad, la amistad, la solidaridad, las relaciones familiares, todos estos vínculos que van quedando presos de una lógica social que fragmenta y diluye las instituciones erigidas por la modernidad, hasta dejar al individuo en una situación de inédita soledad. La angustia y la incertidumbre resultantes de este devenir histórico no son, sin embargo, problemas privados de cada sujeto, aunque puedan vivenciarse como tales -y tenemos aquí una gran paradoja-, sino que responden a un modus operandi económico y cultural, que es de carácter global. Bauman se encarga bien de recalcar este aspecto: que ni son dilemas locales ni pueden resolverse de manera local, pero la dificultad es que la humanidad no dispone todavía de otra organización institucional sólida que no sea la que ofrece la modernidad, la que justamente, día a día, transita su desintegración.
¿Qué es lo que emerge a medida que todo lo sólido se desvanece en el aire?1 Aquí está la ardua tarea de Barman, que consiste en registrar las características que conforman al hombre de la moderna sociedad líquida, el homo economicus, o más precisamente el homo consumens, binomios que sintetizan su máxima aspiración en esta obra: lograr un identikit cuyo motor es la reducción de todas las relaciones humanas a una lógica de costo-beneficio.
A diferencia de Modernidad líquida, donde Bauman analizaba sistemáticamente las transformaciones sufridas en conceptos medulares para la "modernidad sólida" -espacio-tiempo, trabajo, comunidad, individualidad, emancipación-, Amor líquido tiene un formato más ensayístico; es, como él mismo expresó, "una carpeta llena de burdos bocetos fragmentarios, en vez de un retrato completo y menos aún definitivo" (p. 8), lo cual lo convierte en un libro difícil de sintetizar, pues en cada página se abre un universo de interrogantes. Los cuatro capítulos que componen esta obra están divididos en pequeños apartados que suelen reflexionar a partir de una cita de autoridad, colocada por Bauman de manera genuina o bien irónicamente. Si respecto de las primeras encontramos referentes predilectos y afines del ya veterano sociólogo, tales como Richard Sennet, Anthony Giddens, Ulrich Beck, Giorgio Agamben, Hanna Arendt e incluso Kant (sólo por mencionar algunos), el segundo tipo de citas no son menos importantes -a pesar de que Bauman se coloque en la vereda de enfrente-, ya que representan el síntoma mismo de la desintegración de las instituciones y los referentes de la modernidad: "el boom del counselling", esto es la proliferación de discursos de autoayuda en materia de políticas de vida, cuyo estallido remite a que estos "expertos están dispuestos a asesorar, seguros de que la demanda de asesoramiento jamás se agotará, ya que no hay consejo posible que pueda hacer que un círculo se vuelva cuadrado" (p. 10). ¿Qué significa esto? Pues que la necesidad de mitigar la soledad en el marco de una relación sustentada por la díada de costos-beneficios es una contradicción absoluta. Esta paradoja está contenida en cualquier tipo de vínculo humano en esta "era de liquidez", en la que Bauman hace un símil entre estos sujetos líquidos y los agentes de bolsa (no es conveniente "invertir" en una relación cuando las "acciones" ya no prometen más beneficios), pero en el caso de las relaciones de pareja este esquema -en el que el compromiso duradero ha dejado de ser un proyecto tentador- duplica su fragilidad: "Eso deja librado a su cálculo y decisión la posesión o abandono de la inversión, pero no hay motivo para suponer que su pareja, si así lo desea, no ejercerá a discreción el mismo derecho. (...) La conciencia de este hecho aumenta aún más su inseguridad" (p. 31). En definitiva, como concluye Bauman, la soledad provoca inseguridad, pero las relaciones no parecen provocar algo muy diferente, el círculo y el cuadrado son dos formas geométricas irreconciliables, y la incertidumbre, el pánico y la angustia derivados son el caldo de cultivo para la acción de los counsellors, en una modernidad en la que sus intelectuales han mutado su rol de "legisladores" para convertirse en "intérpretes" (Bauman, 1997).
La vida líquida no persigue ningún itinerario fijo, las prácticas no son precedidas por un orden estable, al contrario, la fluidez es la norma que rige un tipo de comportamiento consistente en especular sobre las mejores oportunidades. Los compromisos se convierten en trabas, para este propósito. Es por ello que Bauman señala que la gente habla cada vez más de conexiones en redes. "A diferencia de las relaciones, el parentesco, la pareja e ideas semejantes, que resaltan el compromiso mutuo y excluyen o soslayan a su opuesto, el descompromiso, la red representa una matriz que conecta y desconecta a la vez. (...) En una red, conectarse y desconectarse son elecciones igualmente legítimas" (p. 12). Desde esta perspectiva, conformar una familia, tener hijos, son verdaderos obstáculos para la libertad que reclaman los sujetos líquidos, no concuerdan con el ideal de vínculos descartables, pues recordemos, dirá Bauman, que el lei motiv del homo consumens no es acumular bienes, sino usarlos y descartarlos rápidamente para hacer lugar a nuevos bienes (p. 72). En consecuencia, la modernidad compulsiva, controlada por una minoría empeñada en diluir los sólidos para su propio beneficio, produce desperdicios, sobrantes, tanto de objetos como de sujetos, que difícilmente puedan volver a insertarse en un mundo cada vez más veloz y cambiante (Bauman, 2006).
La sexualidad, por supuesto, no es la excepción a esta regla. Desligada cada vez más de la reproducción, de sus vínculos con el amor, la seguridad y la permanencia, y de su papel de "inmortalizadora" gracias a la continuación del linaje, ella es hoy más autónoma que nunca. Se basta a sí misma y sólo persiste en función de sus gratificaciones. Pero la contracara es otra vez su liviandad, "la insoportable levedad del sexo". Preocuparse por el rendimiento no deja lugar ni tiempo para el éxtasis, lo físico no conduce a lo metafísico, su misterio ha desaparecido, por lo tanto, arguye Bauman, sus promesas -exaltadas por los medios- sólo pueden quedar insatisfechas. La victoria del sexo en su guerra de independencia ha sido, a lo sumo, una victoria pírrica. En definitiva, las agonías actuales del homo sexualis son las del homo consumens.
El hombre de la moderna sociedad líquida es, en definitiva, un sujeto más autónomo pero solitario; pretende relacionarse pero eso le ocasiona pánico por lo que pueda implicarle para su condición de liviandad, y su amor por el prójimo, uno de los fundamentos de la vida civilizada y de la moral de Occidente, se ha traducido en temor a los extraños, xenofobia. La variedad cultural que se presenta en el medio urbano globalizado lo aterra por su consecuente ausencia de familiaridad, el resultado es la mixofobia, la inseguridad y el encierro. Sin embargo, Bauman no pierde las esperanzas en revertir esta deshumanización, enfatizando la necesidad de encontrar nuevos sólidos. Amor líquido es, como el resto de sus obras, un libro comprometido, una toma de posición frente a la moderna sociedad líquida, porque como él mismo expresó: "La neutralidad en sociología es imposible; quien la sostiene se miente a sí mismo" (Bauman, 2003b).

Notas

1. Este aforismo se aplica mejor a la etapa actual de la modernidad (líquida) que a sus orígenes, cuando fue acuñado por Marx y luego retomado por Berman, en razón de que la modernidad temprana, según Bauman, habría disuelto los sólidos para hacer espacio a nuevos y mejores sólidos. Véase, respectivamente, Berman (1988) y Bauman (2003a: 9).

Bibliografía

1. BAUMAN, Z. (1997): Legisladores e intérpretes. Sobre la modernidad, la posmodernidad y los intelectuales, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes.        [ Links ]

2. BAUMAN, Z.(2003a): Modernidad líquida, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.        [ Links ]

3. BAUMAN, Z.(2003b): La soledad del ciudadano global La Nación, Cultura, 4 de mayo de 2003, p. 2.        [ Links ]

4. BAUMAN, Z.(2006): "Entrevista", Revista de Cultura Ñ, Clarín, 28 de enero de 2006.        [ Links ]

5. BERMAN, M. (1988): Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad, Buenos Aires, Siglo XXI.        [ Links ]

Aceptado: 21 de abril de 2006