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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.4 n.6 Buenos Aires ene./jun. 2006

 

Utopía y desencanto. Creación e institucionalización de la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires: 1955-1966. Alberto Noé (Miño y Dávila, Buenos Aires, 2005, 219 pp.)

José Casco

Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Buenos Aires

pepe_casco@yahoo.com.ar
José Casco. Lic. en Sociología (UBA). Asistente Técnico de la Comisión Especial en Historia de la Sociología, CPS.

Reconstruir la historia de las ciencias sociales en la Argentina constituye una tarea sumamente difícil. En efecto, a diferencia de las ciencias sociales de los países desarrollados, donde los campos científicos tienen una autonomía y una producción fáciles de discernir, en este lado del mundo las mismas disciplinas atravesaron un proceso de institucionalización complejo y problemático, repleto, por cierto, de avatares y vaivenes políticos. Sin embargo, en los últimos años han aparecido una serie de trabajos que han intentado la reconstrucción de la historia de la Sociología en la Argentina. La mayor parte de esta producción fue realizada por jóvenes investigadores desde una perspectiva histórica más distanciada de los hechos, producto del tiempo y el recambio generacional1. Pero el caso de Utopía y desencanto constituye un caso singular entre los nombrados. Alberto Noé forma parte de la generación que participó del proceso de creación de la Carrera de Sociología en la UBA. En este sentido, su trabajo constituye un testimonio invalorable de ese impulso modernizador. Basada en un riguroso trabajo de archivo y de entrevistas con algunos de los más relevantes protagonistas, esta obra se propone estudiar las interacciones entre actores institucionales, políticos e individuales que en 1955 convergieron en un amplio debate en torno de la modernización cultural del país. El resultado final permite una lectura ágil y amena; sus reflexiones y afirmaciones posibilitan interrogarse sobre el rol de esos actores en la renovación universitaria en aquel momento, el fracaso del desarrollismo como proyecto socio-político, el papel de Gino Germani como fundador de la Sociología en la Argentina y el proceso de institucionalización y profesionalización de esa disciplina en el país.
El libro se estructura en tres grandes partes, más un prólogo a cargo de Atilio Borón. Con un tono entre apasionado y directo (muy de su estilo), el prologuista reivindica la vuelta a la reflexión sobre Germani (pp. 17-24). En la primera parte, Noé se centra en la reconstrucción histórica de los avatares que hicieron posible la caída del gobierno peronista a manos de la llamada Revolución Libertadora (llegando hasta los orígenes de la reforma universitaria de 1918), para colocarse luego en las condiciones político-culturales del período 1955-1966 (pp. 33-84). Se describe allí, brevemente, el frente cultural opositor al peronismo que tiene al mundo universitario como uno de sus ejes centrales. En esta sección, el autor destaca especialmente la labor modernizadora de José Luis Romero como constructor cultural y describe su enfrentamiento con los grupos católicos del gobierno. Es ilustrativo, en este sentido, el conflicto que se generó cuando Germani fue designado profesor en la Facultad de Filosofía y Letras. Es allí cuando Noé introduce la biografía de Germani, reconstruyendo sus estrategias de crecimiento dentro del campo, su labor como editor, su perspectiva teórica-analítica y la difusión de sus ideas. La tensión entre los grupos modernizadores, representados por Romero y Germani, y los grupos más conservadores se sintetizó en la disputa conocida como "laica o libre". Por aquellos años se reabrió "la cuestión peronista", y diferentes actores que resultaron favorecidos después de 1955 intentaron la liquidación del movimiento proscrito. Pero los avatares políticos nacionales e internacionales condicionaron el rumbo de este proyecto político, así como el desarrollo institucional de la sociología argentina.
Si bien, en esta primera parte, el autor cumple con los objetivos planteados, los juicios sobre el momento histórico abordado están, a veces, demasiado apegados a las palabras de protagonistas del período analizado. Así, el examen sobre la experiencia política y cultural del peronismo se basa en las declaraciones de Jorge Graciarena, quien fue un miembro expulsado de la universidad peronista y, años después, un actor central del proceso que liderará Germani. En ese sentido, la caracterización general del período y del mundo universitario tampoco aporta datos novedosos, sino que la reconstrucción histórica se basa en los argumentos de libros clásicos sobre el tiempo considerado, como pueden ser las obras de Silvia Sigal y de Oscar Terán.
Además, Noé analiza, en la segunda parte, las condiciones de la creación de la sociología científica, reconstruyendo el marco histórico y la labor emprendida por Germani (pp. 85-130). El texto incluye, de esta manera, un análisis del proceso por el cual el Colegio de Estudios Superiores y la situación de exclusión de la intelectualidad liberal y progresista durante el peronismo posibilitaron la estructuración del grupo fundacional de la carrera. Noé dedica especial atención al momento de aparición del primer libro de Germani: La estructura social de la Argentina, repasando sus condiciones de producción y resaltando sus características de apuesta intelectual por fundar otra sociología, basado en criterios científicos e investigación empírica. En un clima de época proclive a la modernización, el movimiento estudiantil (actor central de la renovación universitaria) confluyó con el empuje de Germani en la introducción dentro del espacio universitario local de un conjunto de nuevas teorías y paradigmas epistemológicos y en la producción de rupturas significativas con las miradas anteriores de lo social. Así, un movimiento estudiantil progresista, un intelectual innovador y la élite reformista confluyeron en la renovación universitaria en 1956. Esa confluencia, apunta Noé, hizo posible la creación de la Carrera de Sociología en la UBA.
En el último apartado de esta segunda parte, el autor hace un repaso de las diferentes versiones del desarrollo de la sociología local y revisa el papel de Germani, recorriendo sus preocupaciones, sus caracterizaciones y, al mismo tiempo, insertándolas en su contexto histórico. Sin embargo, Noé se muestra por momentos demasiado apegado a los juicios de Germani. Por ejemplo, en la caracterización de la historia de la Sociología, repite su diagnóstico y las etapas históricas construidas por aquél (pp. 121-122). Con todo, en este capítulo se destaca la detallada descripción del programa de la carrera en el momento de su implementación, el plan de estudios y las innovaciones que se introdujeron en 1958.
Mientras tanto, en la tercera parte, Noé describe con más detalle el proceso de institucionalización de la carrera (pp. 131-191). Aquí, en la sección más sobresaliente del libro, se muestra el despliegue de la estrategia germaniana y se afirma que la creación de la carrera constituyó una auténtica fractura en la historia de la Sociología argentina, al introducirse un rigor científico del que carecían los estudios sociológicos previos e incorporarse el trabajo estadístico heredero de la sociología empírica norteamericana de los años treinta, los es tudios de la Antropología social del mismo origen y la más tardía perspectiva funcionalista. Esta innovación intelectual se complementaba con un conjunto de estrategias que iban desde la utilización de fondos externos, la creación de un sistema de becas y la invitación a profesores extranjeros hasta la traducción y publicación de fragmentos de textos y artículos. A partir de estas iniciativas, Germani cortó lazos con la historia pasada y reciente (ensayismo, sociología de cátedra) y generó nuevos lazos con la comunidad académica internacional. Se destaca que el proyecto de investigación empírica del Instituto de Sociología tuvo un fuerte apoyo del centro de estudiantes, dando espacio a Germani en sus propias publicaciones (pp.134-135).
Noé describe, además, cómo Germani, en busca de conformar un frente que contrarrestara la resistencia que generaba su figura, invitó e integró a su proyecto a personas de otros espacios, estableciendo, de esta forma, alianzas con fracciones del catolicismo y del liberalismo cercanas a las Fuerzas Armadas. Esta estrategia de alianzas se fortalecía con un programa de integración con otras disciplinas, en el cual se destacaba, principalmente, el trabajo en conjunto con Enrique Butelman, de Psicología (quien por su vinculación con Paidós fue además un protagonista clave en la estrategia editorial de Germani), y con el historiador José Luis Romero, ya mencionado. Desde este nuevo espacio institucional, Germani situó sus proyectos de investigación en un marco regional y vinculó al Instituto con FLACSO y el Centro de Investigaciones de UNESCO en Río de Janeiro. Todo este proyecto buscaba dar respuestas a lo que visualizaba como "una interminable crisis que vivía la Argentina" (p. 144).
Ya entrando en los años sesenta, Noé apunta que la primera etapa de expansión del proyecto institucional de Germani finaliza en 1961, cuando se organizaron las "Jornadas Argentinas y Latinoamericanas de Sociología". Este suceso es presentado en el libro como el momento culminante de la disputa entre los sociólogos modernos y los tradicionales, representados, respectivamente, por Germani y Alfredo Poviña, quienes dirigían organizaciones profesionales enfrentadas y mutuamente excluyentes. Pero esas jornadas fueron también el momento de clausura de una etapa y la inauguración de otra superadora.
A partir de este instante, el autor pasa a describir "la crisis de 1962", por la cual se asiste al punto inicial de decadencia del proyecto de Germani. Según Noé, esta etapa de crisis comenzó con una crítica desde el interior del Departamento de Sociología a la tarea de Germani, sobre todo a sus orientaciones teórico-prácticas. Estas diatribas incluían acusaciones de falta de integración de la sociología científica con la tradición intelectual argentina y la pretensión de neutralidad valorativa de la sociología de Germani, pero que básicamente cuestionaban sus conexiones institucionales y el origen de los fondos de investigación. Estas críticas se inscribían en un clima de época de oposición a las orientaciones hegemónicas tanto académicas como políticas. Noé asegura que la crisis fue producto de la falta de comprensión de Germani acerca de los cambios generacionales y políticos en el Departamento de Sociología. Ese enfrentamiento llegó a su clímax con una huelga estudiantil, por la cual se denunciaba la ausencia de literatura marxista en la cátedra de Metodología y Técnicas de la Investigación Social (p. 180).
En términos de reconstrucción histórica, éste es el mejor apartado del libro, ya que permite comprender las razones del proyecto de la sociología científica. En efecto, en un clima de politización creciente de gran parte de la juventud universitaria, donde tanto el peronismo como el marxismo se convertían poco a poco en las ideas rectoras en el campo político y cultural, los hombres que en 1955 habían puesto en marcha la universidad científica y moderna debían comenzar su retirada. De esta forma, la intervención militar de 1966 encontró una Carrera de Sociología desarmada por la emigración de Germani, pero además por la ausencia de un proyecto alternativo y la lucha de todos contra todos dentro del campo sociológico local.
Frente a un contexto interno y externo de pérdida de hegemonía, Germani comenzó así un proceso de alianzas con instituciones fuera de la UBA y luego fuera de la Argentina. Ese desplazamiento para la continuidad de su proyecto fue la creación, en 1963, del Centro de Sociología Comparada en el Instituto Di Tella. Pero pronto una rebelión contra las imposiciones de Germani produjo un conflicto entre el Director del Departamento y algunos jóvenes docentes que formaban parte del grupo fundacional, entre quienes se destacaba, especialmente, Eliseo Verón. Esta pelea provocó la renuncia de Germani, quien más tarde, en 1965, viajó a Estados Unidos para enseñar en Harvard. Así, este cambio en la dirección del Departamento de Sociología significó, entre 1962 y 1966, la sucesión de directores incapaces de resolver la pelea entre fracciones e imponer un liderazgo claro. Este ciclo se cerró con el golpe de estado y la intervención a las universidades en 1966. Por lo cual, para Noé, sin embargo, las causas de la decadencia en el Departamento no comenzaron con la intervención militar, sino que el punto de inflexión habría que buscarlo en la crisis de 1962 (pp. 90-91).
Además de un repaso por los temas más importantes del libro, Noé concluye, en las últimas páginas, que el desarrollo de la Sociología a partir de 1966 se sumió en un tobogán del que aún hoy no se ha podido recuperar (pp. 193- 204). En su opinión, la historia y el presente de los centros de investigación desde 1970, así como las actuales universidades desfinanciadas y arrasadas por el neoliberalismo, señalan un proceso en el cual la oposición al proyecto de la sociología científica no supo dar respuestas adecuadas al desarrollo de la disciplina. En este sentido, Noé reivindica la empresa de Germani aun cuando el sentido de la dirección de ese proyecto no está exento de críticas en el libro. El texto se completa con la inclusión de un anexo estadístico con información sobre la cantidad y la composición de estudiantes y graduados de Sociología durante el período considerado.
En síntesis, aun cuando Utopía y desencanto deja muchas líneas de investigación sin resolver, la obra tiene un enorme valor para la construcción de un debate para las nuevas generaciones de sociólogos y científicos sociales en general. En efecto, aporta un modelo y una mirada testimonial que no debería pasarse por alto a la hora de contribuir a las formas en que se escribe la historia de las ciencias sociales. Por lo cual es de esperar que su lectura y discusión estimulen la reflexión histórica en varios sentidos. Por un lado, puede invitar a otros protagonistas de este proceso a tomar la posta e imitar el ejemplo de Alberto Noé, iniciando nuevas investigaciones capaces de combinar el relato generacional con una reconstrucción histórica rigurosa y sistemática. Por otro lado, debería servir para que los investigadores más noveles se sientan tentados por la reconstrucción de la historia de la Sociología, desde una perspectiva institucional.

Notas

1. Me refiero, especialmente, a los trabajos de Alejandro Blanco, Hernán González Bollo y Diego Pereyra, cuyas agendas de investigación y tesis doctorales se orientaron y aún se sitúan en esta línea de trabajo. Véase, por ejemplo, González Bollo, El nacimiento de la sociología empírica en la Argentina, Dunken, Buenos Aires, 1999; Blanco, "La sociología. Una profesión en disputa", Federico Neiburg y Mariano Plotkin (eds.), Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento social en Argentina, Paidós, Buenos Aires, pp. 327-370, y Pereyra, "American organizations and the development of sociology and social research in Argentina. The case of the SSRC and the Rockefeller Foundation (1927-1966)", Research Reports online, Rockefeller Archive Center, New York, 2006.

Aceptado: 24 de abril de 2006