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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.4 n.7 Buenos Aires jul./dic. 2006

 

La palabra proscripta: Los intelectuales argentinos y su sociedad. Dirección, compilación y análisis de las contribuciones de Norberto Rodríguez Bustamante (Ediciones Libera, Buenos Aires, 1967, 245 pp.)

Claudia Bacci

Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y CeDInCI

claudiabacci@yahoo.com.ar
Socióloga, Docente e Investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (CeDInCI).

La escritura de reseñas bibliográficas es un género devaluado en nuestro país, a falta de espacios institucionales que legitimen esta actividad dentro de lo que llamamos "academia". Algo de la degradación de los debates en las comunidades académicas locales, especialmente en ciencias sociales, se cuela en el escaso interés que se presta a estas piezas. Cuarenta años después de ocurrido, el debate que da origen al libro Los intelectuales argentinos y su sociedad, compilado por Norberto Rodríguez Bustamante, refleja todavía algunas de las tensiones que se manifestaban en esos años sesenta en lo que podríamos llamar, de manera perezosa, el "campo intelectual" argentino. Esta obra se inserta entre aquellas dedicadas al tópico de los debates entre intelectuales. Prolíficos en la Argentina durante el pasado siglo XX, constituyeron verdaderos programas donde acción y pensamiento se encontraban de alguna forma unidos. La productividad actual de estas tensiones es el tema que me gustaría señalar en este comentario bibliográfico.
Norberto Rodríguez Bustamante fue una de las figuras clave de las ciencias sociales en la Argentina, contribuyendo, con su trabajo docente en diversas instituciones, al fortalecimiento institucional de la Sociología desde la década de 1940. Durante los años del peronismo formó parte del arco liberal opositor. A partir de 1955 se desempeñó como Director del Instituto de Historia de la Filosofía y el Pensamiento Argentino en la Universidad Nacional de La Plata. En la post-dictadura (1984-1990) trabajó como Decano Normalizador de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. De sus pasiones sociológicas apenas permanecen hoy su biblioteca personal (donada a la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA) y su nombre en el cartel que la bautiza.
En diversos análisis, en especial los provenientes de la historia de las ideas y de los intelectuales en el ámbito local, se ha señalado la presencia de rupturas y quiebres entre sectores y tradiciones intelectuales, y aun de hibridaciones problemáticas, eslabonamientos y dis-continuidades teóricas, políticas e ideológicas1. En ese confuso mapa de tendencias y rupturas, Los intelectuales argentinos y su sociedad puede inscribirse dentro de la tradición "liberal" y reformista del espectro político-intelectual. La tesis central que recorre tanto los análisis del compilador como el resto de las intervenciones podría resumirse en la idea de que el intelectual desempeña un "papel social" desde el cual aportar soluciones a una coyuntura que es leída en clave de "crisis" ultimísima. El libro registra las participaciones de numerosos/as2 intelectuales de diversas disciplinas en un Simposio realizado entre el 17 de noviembre y el 22 de diciembre de 1966 en Buenos Aires, auspiciado por el Centro Argentino por la Libertad de la Cultura, miembro del Instituto Latinoamericano de Relaciones Internacionales. El Simposio proponía un debate acerca de la participación de los/las intelectuales en el proceso de cambio que se enunciaba como "inevitable", desde una perspectiva comprensiva y a la espera de aportaciones "empíricas" que mejoraran la percepción de los problemas que los/las afectaban.
Las fechas de realización (1966) y publicación (1967) del Simposio resultan significativas para entender algunos de los rodeos del debate registrado. El 28 de junio de 1966, luego del golpe de Estado liderado por Onganía, se produjo la intervención de las universidades nacionales. Un mes después, el 29 de julio, tuvo lugar el suceso que conocemos como la "Noche de los Bastones Largos", es decir, la serie de redadas policiales contra profesores y alumnos de la Universidad de Buenos Aires.
La organización temática del libro reproduce la sucesión cronológica de los diversos subtemas de discusión: Comunicación y aislamiento entre los intelectuales; El problema del carácter nacional; La Argentina: Sociedad en crisis; La Argentina: Metas para el cambio , realizados, cada uno, en jornadas diferentes. Rodríguez Bustamante escribe la Introduccióngeneral del Simposio, e inicia y comenta cada sección temática. A continuación de las ponencias realiza también un Análisis y balance de los resultados, consistente en una lectura crítica del Simposio, en dos secciones: Participantes: Contribuciones y Resultados y Epílogo, a manera de conclusiones de los temas discutidos3.
Las intervenciones reunidas en el Simposio pueden sonar tibias o incluso conservadoras, aun para oídos acostumbrados a las actuales maneras del debate. La débil inserción estatal de los agentes del campo intelectual local se conjugaba ya con las crecientes exigencias intergeneracionales de un mayor compromiso político, tema que se encuentra en varias de las intervenciones del libro. Sin embargo, es preciso recordar el contexto socio-político en el que fueron formuladas, para resaltar el grado mínimo de la politicidad discursiva posible durante aquellos años sesenta.
De acuerdo con Beatriz Sarlo (2001: 100), dicho Simposio reunió a la "plana mayor" de los profesores y profesoras de la Universidad de Buenos Aires, muchos de los cuales habían renunciado a sus cargos universitarios tras el golpe de Onganía, o como consecuencia de la intervención y de la "Noche de los Bastones Largos". Rodríguez Bustamante señala en la Sección "Participantes: Contribuciones y resultados" que, de diecinueve intelectuales invitados que eran profesores universitarios, once habían renunciado a sus cargos en la Universidad tras la intervención. Sobre los participantes efectivos, de un total de doce que eran profesores universitarios, ocho habían renunciado a sus cargos, asumiendo lo que denomina como "una automarginalidad hecha pública" (pp. 229, 242). Esta "automarginación" contribuyó a una de las más importantes purgas dentro de las universidades nacionales de la época, así como al exilio y/o a la acción política activa de numerosos/as jóvenes investigadores/as e intelectuales.
Del encuentro participaron, finalmente, quince intelectuales de diferentes disciplinas no necesariamente académicas, quienes desarrollaron los subtemas haciendo eje en el "estado" de su respectiva "especialidad": María M. Andrés de Varela (Educación), José Babini (Historia de la ciencia), Sergio Bagú (Sociología), Enrique Butelman (Psicología), Roberto Cortés Conde (Economía), Gregorio Klimovsky (Filosofía), Alfredo Lanari (Medicina), Guillermo Maci (Filosofía), Adelmo Montenegro (Filosofía), Thomas Moro Simpson (Filosofía), Leopoldo Portnoy (Economía), Gilda Romero Brest (Educación), Fryda Schultz de Mantovani (Literatura), Enrique Silberstein (Economía) y Gregorio Weimberg (Educación).
La compilación de las comunicaciones busca establecer las claves para comprender el "nuevo" escenario nacional y pensar posibles formas de acción desde las prácticas intelectuales y las perspectivas disciplinarias específicas. La figura de "intelectual" sugerida es ambigua y refiere, por momentos, más al modelo del homme de lettre, que a los del "experto" y el técnico.
"Productores", si bien que de materiales simbólicos tales como "ideas e ideologías", profesionales e "innovadores", dedicados a "las cosas del espíritu", conocedores de técnicas y procedimientos, aunque con un "papel social" a cumplir, los intelectuales son presentados por Rodríguez Bustamante como un grupo heterogéneo y, aun así, compacto. Los une el afán de "⁄ enfrentar, de manera articulada⁄ las decisiones atingentes al orden colectivo⁄ Elaboran los proyectos que una sociedad postula; analizan, critican y discuten los programas de vida, y llevan a conciencia la articulación de los conflictos, de los intereses, de las metas" (p. 18). Ser la luz de la sociedad en crisis, comprender el conflicto que la atraviesa, proyectar salidas y metas que la salven. Las tareas intelectuales, sin embargo, no eluden el tema de la técnica: hay que "capacitarse", disponer las metodologías apropiadas para cumplir con funciones tan importantes. El diletantismo no tiene ya lugar en este panorama.
En contrapartida con las cada vez más numerosas convocatorias a la acción política directa realizadas hacia y desde el espacio político-cultural en general, los objetivos de largo alcance de este Simposio se muestran todavía más imprecisos. Por un lado, se afirma que "no caben rubores acerca de la decidida asunción de utopías", y por el otro se invita a poner en cuestión el orden social vigente, a la vez que se propone pensar su posible reconstrucción, mostrando en un párrafo la dificultad de enhebrar tantas palabras "proscriptas" (p. 178).
Aun cuando el libro registra escasas notas al pie, una de ellas resulta especialmente iluminadora, al indicar que la mesa dedicada al tema del carácter de la "crisis" argentina había sufrido "una postergación, al ser prohibido el acto por la policía, el día en que se efectuaría, es decir, el 7 de diciembre de 1966. Felizmente, se realizó sin inconvenientes, fuera de la fecha programada⁄" (p. 177) Hablar de "utopías" y de "cambio social" requería, sin dudas, algún matiz aplacatorio que, sin embargo, no pudo impedir la prohibición y "postergación" de la realización de esta sección.
La "Introducción" y los respectivos estudios preliminares escritos por Rodríguez Bustamante se fundan en una lectura de autores más o menos clásicos de la Sociología y la Filosofía, así como en la recuperación de figuras ineludibles del ensayismo latinoamericano y argentino de los siglos XIX y XX, y entre estos últimos da un lugar destacado a Raúl Scalabrini Ortiz, Ezequiel Martínez Estrada, Eduardo Mallea y Jaime Rest. Por otra parte, si bien da cuenta de diversos debates y estudios sobre el tema del rol de los intelectuales, realizados con anterioridad en la Argentina, se desentiende de la centralidad que éste había tomado durante el curso de aquellos años en los debates culturales y políticos entre las distintas corrientes ideológicas en boga. Los debates mencionados –"Debate a propósito de un ensayo de Archibald Mac Leish", Revista Sur (1941); "Encuesta" realizada por Ricardo Curutchet entre especialistas de Historia, Revista Esto es (1954); "Coloquio sobre la incomunicación entre los argentinos", aparecida en el Suplemento Cultural de Diario El Mundo (1950)– resultan hoy marginales, sino decididamente olvidables, y se detienen notoriamente en el período peronista, evitando la alusión a otros más relevantes.
A la par de la apelación a la "utopía", Rodríguez Bustamante propone a sus invitados realizar apuestas, definir rumbos de acción, proponer soluciones al agobio de la crisis, pues "no se trata sólo de describir o de diagnosticar puntualmente nuestros males, sino también de procurar ponerles remedio, no sólo teóricos sino prácticos, y para emplear la palabra proscripta: políticos" (p. 230).
El desafío de la palabra proscripta proferida en estas páginas finales del extenso libro no puede hacernos olvidar la ausencia de otras restricciones: la renuencia frente a la palabra "peronismo", o cualquiera de sus derivaciones, en el amplio análisis realizado al comienzo, así como en las intervenciones de invitados e invitadas señala un nudo censurado en la trama de la historia reciente del Simposio. Esto se hace evidente cuando se introduce el subtema de las "crisis sociales", que el compilador sitúa a partir de la quiebra del proyecto de Estado Nación en 1930, o cuando realiza una periodización de la inestabilidad política, eludiendo el tema maldito por excelencia (p. 139).
Sobre este último punto, las fechas "clave" destacadas son 1930, 1943, 1955, 1962 y 1966, indicando en el examen de "1943" el advenimiento de un "nuevo ensayo corporativista-fascista⁄, un ensayo de autoritarismo popular⁄", y recogiendo el análisis –oeya canónico?– de Germani sobre las relaciones existentes entre los migrantes internos y las sociedades en transición. Finalmente, y en el colmo de la omisión y el equívoco que hoy llamaríamos políticamente in-correctos, "1955" es mencionado como el intento de "restauración del orden republicano" y "1962" como la "destitución del Presidente y mantenimiento del orden constitucional (sic), con restricciones al ejercicio de los derechos políticos, en especial para los sectores populares" (pp. 138-140). Las fechas elegidas recortan los sucesos con la matriz de la tradición "democrática" y desestima la importancia de los "duelos" nacionalistas en la cuenta de los debates primordiales en favor de la más plácida amalgama de culturas.
Si bien la temática de las lecturas intelectuales sobre la/s "crisis" argentina/s –política, económica, cultural, social– merece un tratamiento detallado, aquí sólo puedo mencionar que, en este caso, "la crisis" se manifiesta como "el momento" en el cual la necesidad de la intervención de los y las intelectuales aparece como más urgente, a la vez que sus posibilidades de proyección o influencia en el ámbito político-estatal son menores. Las intervenciones de Gregorio Weimberg y de Gregorio Klimovsky, en clave de propuestas para la acción desde las respectivas disciplinas, son indicativas de esta posición paradójica (pp. 200-208).
Las apuestas intelectuales quedan finalmente minimizadas frente al panorama elegíaco de obstáculos y espejismos nacionales, como el mismo Rodríguez Bustamante señala en el análisis final de las contribuciones. El escepticismo militante al que refiere en los últimos párrafos del libro, no hace más que remarcar la actualidad de una lectura diagonal de estas intervenciones, en diálogo con apuestas más frontales y de mayor circulación en los discursos actuales acerca del campo intelectual de esa época. Recobrar estas voces nos permite examinar debates más actuales acerca del papel de los y las intelectuales en momentos de desarticulación social y profundización de las marcas de violencias simbólicas y materiales, pasadas y presentes.

Notas

1. En un recorrido ecléctico y parcial, me refiero a Terán (1986, 1991); Sigal (1991); Rubinich (1994); Sarlo (1994, 2001); Altamirano y Sarlo (1997); Neiburg (1998); Altamirano (1999); González (1999); Tarcus (1996, 2002); Neiburg y Plotkin (comps., 2004).

2. A fin de dar cuenta de la singularidad del presente debate, que incluye de manera indiferenciada a intelectuales de ambos géneros, y a falta de convenciones acerca del uso de los géneros gramaticales en estos casos, optaré por diferenciar el femenino toda vez que me refiera al colectivo "intelectuales".

3. El "Epílogo" fue reproducido en Sarlo (2001: 445-450).

Bibliografía

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2. GONZÁLEZ, H. (1999), Historia crítica de la Sociología Argentina, Buenos Aires, Colihue.        [ Links ]

3. NEIBURG, Federico (1998), Los intelectuales y la invención del peronismo. Estudio de antropología social y cultural, Buenos Aires, Alianza.        [ Links ]

4. PLOTKIN, M., y NEIBUR, G, F. (comps.) (2004), Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento social en la Argentina, Buenos Aires, Paidós.        [ Links ]

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Aceptado: 25 de octubre de 2006.