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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.4 n.7 Buenos Aires jul./dic. 2006

 

Ethos protestante y modernidad. A propósito del centenario de la publicación de: La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo

Paulina Perla Aronson

Instituto Gino Germani. Facultad de Ciencias Sociales, UBA

paronson@fibertel.com.ar
Paulina Perla Aronson. Profesora Adjunta de la Carrera de Sociología, Investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.

La historia –alguien lo dijo muy bien– revela
sus secretos sólo a quienes comienzan por
el
presente.

(Robert Nisbet, 1996: 17)

Tal como indican los analistas, las circunstancias actuales constituyen una realidad que trasciende los parámetros modernos de organización y dan lugar a nuevas formas sociales a las que se les otorga nombres diversos: capitalismo flexible, infocapitalismo, sociedad red, sociedad de la información, conceptos que procuran retener los rasgos distintivos de la nueva época. Paralelamente a las transformaciones acaecidas, se anuncia el derrumbe definitivo del cuerpo categorial elaborado a lo largo de casi dos siglos, obsolescencia teórica que evidencia la urgente necesidad de descargarse de nociones que ya no sirven para dar cuenta de los procesos de globalización y postmodernidad. En este marco, la vuelta a un clásico de la sociología puede parecer un procedimiento anacrónico y hasta superfluo. Sin embargo, si para comprender el presente corresponde formularle a la historia preguntas provechosas, y si además se acuerda con Wallerstein acerca de la existencia de una cultura sociológica compartida por la comunidad profesional, las reflexiones weberianas ofrecen sólidos fundamentos para ambos asuntos: de una parte, invitan a repensar la realidad desde una óptica particular que provee fecundos estímulos sociológicos, incita a repensar la complejidad y suministra instrumentos para identificar los procesos que operaron, y aún siguen incidiendo, en los niveles más profundos de la vida social; por otra parte, el lugar que ocupan dentro del conjunto de axiomas compartidos refleja la intensidad de un pensamiento que indiscutiblemente compone el tronco principal de la disciplina. Cuando lo que se discute es si el mundo exterioriza la llegada de una segunda modernidad que pone en cuestión las atribuciones del Estado nacional, cambia las relaciones espaciales del pasado territorial y arrolla los procedimientos políticos convencionales, o si expresa el advenimiento de una modernidad reflexiva que radicaliza la totalidad de los procesos y universaliza sus consecuencias, vale preguntarse por qué habría que releer La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo (en adelante EP).

Religión y acción social

Desde luego, lo mismo que todo texto clásico, la EP soporta diversas claves de lectura. Con todo, los escritos elaborados por Weber entre 1904 y 1905 –y ulteriormente reformulados para la publicación del primer volumen de los Ensayos sobre Sociología de la Religión– proporcionan un marco temático donde la estrecha relación entre religión y acción social cobra importancia explicativa. Dicho vínculo, pese a la abundancia de análisis enfocados a destacar el carácter idealista de la interpretación weberiana1, no ha perdido validez, a juzgar por la decisiva importancia que la religión sigue teniendo en los episodios mundiales de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Sin ánimo de simplificar un argumento que, en agitado diálogo con sus críticos2, se completa y modifica en el lapso comprendido entre 1904 y 1920, y cuya formulación más elaborada en términos histórico-universales se encuentra en La Ética Económica de las Religiones Universales, el nexo que postula hace hincapié en una explicación de carácter motivacional3. Weber examina la religión en cuanto factor esencial para la constitución del carácter, lo que a la vez posibilita individualizar qué rasgos de la práctica que genera contribuyen a conformar cualidades personales permanentes. Todas las confesiones que convocan multitudes tienen la cualidad de instaurar un conjunto de principios que varían según la índole de los mandatos que imponen a sus fieles, con lo que contribuyen a conformar la personalidad de modos diversos. A su vez, los sistemas de ideas religiosas poseen importancia sociológica, pues aunque no buscan fundar asociaciones éticas ni organizaciones humanitarias, sino orientar a los creyentes en el camino de la salvación del alma, sus efectos prácticos desembocan en la configuración de instituciones, proceso que ocurre imprevista y espontáneamente, desviándose y hasta contrariando la intención estrictamente religiosa (Weber, 2004: 151). En este sentido, el puritanismo valora éticamente la vida profesional, produce la superación de los modos tradicionales de satisfacción de necesidades, racionaliza el mundo, lo desencanta, y abre una brecha entre la irracionalidad propia de la religión y la legalidad económica y social que instaura. Luego, al analizar el lazo entre religión y acción social, Weber busca contribuir con "...una modesta aportación ilustrativa sobre cómo las 'ideas' alcanzan eficiencia histórica" (Ibíd.)4.
También hoy pueden extraerse valiosas enseñanzas de la tesis que postula:

"Son los intereses, materiales o ideales, no las ideas, quienes dominan inmediatamente la acción de los hombres. Pero las 'imágenes del mundo' creadas por las 'ideas' han determinado, con gran frecuencia, como guardaagujas, los raíles en los que la acción se ve empujada por la dinámica de los intereses" (1983: 204).

Originado en ese peculiar punto de vista, aspectos de la realidad como la sociedad, la economía y el Estado adquieren nueva apariencia cuando se los observa a través del prisma religioso. Robert Nisbet considera que la sociología "...revela una fascinación por las aplicaciones analíticas de lo sacrorreligioso sin paralelo en ninguna otra ciencia social" (1996: 266), interés que procede de su utilidad metodológica. Si para Durkheim la religión genera tanto las ideas básicas como los contextos generales del pensamiento, pues sus derivaciones la superan ampliamente (1991: 14), para Weber el ascetismo puritano "...engendró uno de los elementos constitutivos del moderno espíritu capitalista, y no sólo de éste, sino de la misma civilización moderna: la racionalización de la conducción de la vida (Lebensfürung) sobre la base de la idea profesional" (2004: 285). A este respecto, corresponde considerar los malentendidos que rodean la hipótesis de la EP, sobre todo los que interpretan su argumento principal como una explicación unidireccional. Es sabido que la metodología weberiana abre la posibilidad de que los acontecimientos se analicen desde diversas perspectivas, para no ignorar las condiciones materiales ni las ideas que crean aptitudes para ciertas conductas prácticas. El dominio racional del mundo activado por el ethos calvinista tiene, entonces, "...una importante influencia y 'afinidad electiva', no con el capitalismo en general, sino con el espíritu del capitalismo, es decir, con una manera específica de concebir la ética de trabajo en la vida cotidiana de la actividad económica capitalista" (Gil Villegas, 2004: 10).

Religión, profesión y trabajo

Las especificaciones sobre la profesión ofrecen otra respuesta a la pregunta acerca del alcance contemporáneo del texto weberiano: resulta de la comparación que puede realizarse entre la forma de trabajo ajustada a los preceptos puritanos y lo que algunos estudiosos denominan "corrosión del carácter" (Sennett, 2000), "estética consumista" (Bauman, 1999) o "individualización del trabajo" (Beck, 2000). Es precisamente en la EP donde Weber se explaya largamente sobre su significado y sus ulteriores modificaciones. Dice allí que el cristianismo reformado tuvo la cualidad de lanzarse al "mercado de la vida", cambiar las conductas y transformarlas en "vida racional en el mundo" (2004: 241). No obstante, "...el afán de lucro, ya hoy exento de su sentido ético-religioso, propende a asociarse con pasiones puramente agonales, que muy a menudo le dan un carácter en todo semejante al de un deporte" (2004: 249). Es evidente que, en nuestros días, el trabajo es un bien escaso que indudablemente ya no posee los matices originarios que el sociólogo de Heidelberg perfiló a comienzos del siglo XX. En las etapas fundacionales, la dedicación abnegada a la profesión constituyó un factor característico de la cultura capitalista. Hoy, el trabajo es considerado la sede de la rutina, del tiempo burocrático, una verdadera "lacra", al decir de Richard Sennett. La afirmación de motivos constantes que estimulaba en el pasado ha sido reemplazada por la apreciación de que la "mano muerta de la burocracia" no hace más que trabar el desarrollo de cualidades que ya no se vinculan con la continua reflexión, tarea de por sí irrealizable dentro de redes flexibles que crecen hasta cobrar un carácter indescifrable. Si antes –dada la austeridad y disciplina que implicaba– el trabajo educaba la personalidad, hoy la perseverancia y la continuidad, en cuanto preventivos de todas las tentaciones, han dado paso a una idea que concibe la falta de trabajo en términos de disfrute del tiempo libre y escenario de una actividad laboral de por sí intermitente y variable.
El descanso en la búsqueda de la riqueza, precursor no sólo de la ruina material sino de la decadencia moral, ha mutado a la posesión de cualidades orientadas a aprovechar las oportunidades, aun cuando no se sepa qué es lo que deparará el final del camino. Para el protestante, el obrar era lo contrario del ocio y del goce, y operaba a modo de contención del pecado de dilapidación del tiempo, dimensión radicalmente opuesta al concepto temporal que impregna al trabajo contemporáneo: el tener que empezar siempre de nuevo, transforma al tiempo en un enredo que condena a las personas a ceñirse a un presente perpetuo. Los tiempos ya no demandan el ajuste de la propia conducta a cánones como los que formulara Franklin, cuando el capitalismo suponía la organización de la vida a largo plazo. Actualmente, tales máximas carecen de significado porque, como señala Beck, tanto la sociedad laboral –en la cual el trabajo constituía el eje de la organización social– como el ethos del trabajo –sin cuyo auxilio el capitalismo no hubiera salido victorioso de la lucha que entabló con el tradicionalismo feudal– han llegado a su fin. El proceso ha desembocado en un retroceso de la profesión en su sentido clásico, consecuencia que ya había sido anticipada en el célebre enunciado weberiano: "Especialistas sin espíritu, gozadores sin corazón: estas nulidades se imaginan haber ascendido a una nueva fase de la humanidad jamás alcanzada anteriormente" (2004: 249).

"La Ética Protestante": fuente de conceptos y pautas de trabajo

En su aspecto teórico-metodológico, la EP interpela a los investigadores en el plano de la construcción de herramientas analíticas, además de contener un enfoque singular acerca de actividades tan cruciales como la selección de los objetos de estudio y las operaciones necesarias para explicarlos. Los ensayos también pueden examinarse en términos de la "aplicación" de los procedimientos que Weber desarrolla en la misma época en "La 'objetividad' cognoscitiva de la ciencia social y de la política social". Los razonamientos con respecto a la elaboración del "espíritu del capitalismo", por ejemplo, ilustran la función de las definiciones5, las formas posibles de encarar el estudio de los problemas (todas de carácter iluminador)6 y los criterios de utilización de las fuentes históricas7. Paralelamente, la conocida distinción entre juicios de hecho y juicios de valor, su voluntad por dar cuenta de la imposibilidad teórica de la ciencia para formular recomendaciones éticas, impregna la totalidad de la fundamentación. Investigar, en vez de valorar, es el lema que recorre la siempre presente tensión entre las demostraciones científicas y las tomas de posición ante los elementos prácticos de la cultura moderna.
Avivados por incesantes contribuciones inherentes a la comprensión y correcta ubicación de los ensayos dentro de la producción weberiana, los argumentos de la EP siguen suscitando acalorados debates8 que ejemplifican su actualidad, a los que se añaden las celebraciones realizadas en todo el mundo para conmemorar el centenario de su publicación9. Más allá de oposiciones y acuerdos, parece regir el principio según el cual los clásicos no sólo siguen proveyendo los criterios normativos de la disciplina (Alexander, 1991: 44), sino que obligan a no evadir el pasado, a no transformar la investigación en puro empirismo sin sustento histórico (Elias, 1998: 255), y a comprender que los problemas contemporáneos se remontan a procesos anteriores que, sin determinarlos mecánicamente, les imprimen un dinamismo siempre variable.

Notas

1. La veracidad de esta hipótesis excede los límites del presente artículo. No obstante, cabe evocar un comentario referido al enojo de Max Weber ante un colega, quien definía su teoría sobre el nexo entre calvinismo y capitalismo como una concepción idealista de la historia, a lo que respondió señalando que "soy mucho más materialista que lo que Delbrück piensa" (Honigsheim, 1977: 54).

2. Ver "Mi palabra final a mis críticos", en la versión de la EP de Francisco Gil Villegas (2004); la "Introducción" y las notas críticas resultan sumamente aclaratorias.

3. Dicha motivación arraiga en la apreciación psicológica de la predestinación, la cual establece manifestaciones de conducción y modos de sentir la vida que concuerdan con el precepto de trabajar cotidianamente para la mayor gloria de Dios.

4. Cabe aclarar que ulteriormente, precisamente cuando avanza en sus elaboraciones acerca de las religiones universales, los planteos iniciales de la EP se complejizan en virtud de la ruptura de la unidad social originaria, cuyo estallido instituye esferas de vida autónomas y simultáneas.

5. Dicha noción puede determinarse conceptualmente por sucesivas especificaciones, y sólo cuando la investigación ha concluido (2004: 91).

6. "Desde otros puntos de vista, cualquier fenómeno histórico mostraría otros rasgos 'esenciales'; de donde se sigue que por 'espíritu del capitalismo' no hay que entender únicamente lo que en esta investigación se revela como esencial para nosotros" (Ibíd.: 91-92).

7. Weber privilegia las máximas de Franklin pues encuentra que ellas se hallan inspiradas en aquel "espíritu" y contienen "...con clásica pureza lo que más directamente nos interesa" (Ibíd.: 92).

8. Ver Sociedad y religión. Un siglo de controversias en torno a la noción weberiana de racionalización, Perla Aronson y Eduardo Weisz (comps.), Buenos Aires, Prometeo, 2005.

9. En Buenos Aires, entre el 5 y el 7 de octubre de 2005, tuvieron lugar las Jornadas Internacionales "La vigencia del pensamiento de Max Weber a cien años de La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo", las que contaron con la participación de destacados especialistas europeos, norteamericanos y latinoamericanos. Todos ellos demostraron fehacientemente la vitalidad del debate en torno de la EP.

Bibliografía

1. ALEXANDER, J. (1991), "La centralidad de los clásicos", en: GIDDENS, A., y Turner, J., La teoría social, hoy, México, Alianza Editorial.        [ Links ]

2. BAUMAN, Z. (1999), Trabajo, consumismo y nuevos pobres, Barcelona, Gedisa Editores.        [ Links ]

3. BECK, U. (2000), Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización, Barcelona, Paidós Ibérica.        [ Links ]

4. DURKHEIM, E. (1991), Las formas elementales de la vida religiosa, México, Colofón.        [ Links ]

5. ELIAS, N. (1998), "El atrincheramiento de los sociólogos en el presente", en: La civilización de los padres y otros ensayos, Colombia, Editorial Norma.         [ Links ]

6. NISBET, R. (1996), La formación del pensamiento sociológico, Vol. 1, Buenos Aires, Amorrortu Editores.        [ Links ]

7. SENNETT, R. (2000), La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo, Barcelona, Anagrama.        [ Links ]

8. WALLERSTEIN, I. (1999), El legado de la sociología, la promesa de la ciencia social, Briceño León, R., y Sonntag, H. (editores), Venezuela, CENDES-Nueva Sociedad.        [ Links ]

9. WEBER, M. (2004), "Introducción" y edición crítica de VILLEGAS MONTIEL, Francisco, Gil, La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, México, Fondo de Cultura Económica.        [ Links ]

10. WEBER, M. (1983), "La ética económica de las religiones universales. Ensayos de sociología comparada de la religión. Introducción", Ensayos sobre sociología de la religión, Vol. 1, Madrid, Taurus.        [ Links ]

11. WEBER, M. (1982), "La 'objetividad' cognoscitiva de la ciencia social y de la política social", en: Ensayos sobre metodología sociológica, Buenos Aires, Amorrortu.        [ Links ]

Aceptado: 5 de octubre de 2006