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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.5 n.9 Buenos Aires jul./dic. 2007

 

Acerca de la violencia política en la obra de Carri

Gustavo W. Moscona

Carrera de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales-UBA

gwncapo@yahoo.com
Lic. en Sociología, UBA. Lic. en Ciencias Políticas, UBA. Profesor de Historia (I.E.S Nº 1).

Una introducción necesaria

Parto de la idea de que no se puede pensar la obra de Carri sin pensar en él. Entre los datos sueltos1 que pude obtener de su vida encuentro que era hincha de Boca, que le gustaba Edmundo Rivero, que era sociólogo, que era peronista, que militó en Montoneros. También, que estaba casado con Ana María Caruso y que tenía tres hijas: Andrea, Paula y Albertina.
Para quienes no lo conocimos, su obra escrita puede resultar un punto de partida. En 1967 publicó su primer libro, Sindicatos y poder en la Argentina, prologado por Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña. Seguirán Isidro Velázquez: formas pre-revolucionarias de la violencia, en 1968; Poder imperialista y liberación nacional. Las luchas del peronismo contra la dependencia, en 1973.
Colaboró, a su vez, en diferentes publicaciones como Primera Plana y La Opinión y en agencias como "Inter Press" y "Prensa Latina". Escribió artículos en revistas como Cristianismo y revolución, Envido y Antropología del Tercer Mundo.
Otra forma de acercarnos a su figura es mediante las diferentes publicaciones que se han hecho sobre él, definiéndolo como un referente de las Cátedras Nacionales entre los años 1966 y 1974.
Si hay algo que me llama la atención de lo que se ha escrito sobre Carri es que, generalmente, cuando se habla de él no se tiene en cuenta su politicidad. Se piensa su obra en forma aislada, sin tener en cuenta su militancia en el peronismo y en las organizaciones político-militares.
Es en esa clave política que me voy a detener a pensar el tema de la violencia en su obra.
Para terminar esta referencia inicial, considero necesario mencionar que Carri fue secuestrado junto con su esposa de su hogar de Hurlingham por integrantes de las Fuerzas Armadas, el 24 de febrero de 1977, y desde ese entonces integra la triste y larga nómina de detenidos desaparecidos que hay en nuestro país2.

La violencia en la obra de Carri

En su libro "Isidro Velázquez: formas pre-revolucionarias de la violencia", Carri analiza la violencia popular, escapando a los formalismos. En ese sentido, considera que toda práctica es política y tiene ideología. Lo de Isidro Velázquez es un problema político, no policial.
Cuestiona, por lo tanto, la idea de pensar a Velázquez como delincuente por violar leyes, ya que, según Carri, el orden legítimo está construido en la ilegitimidad.
En 1961 Isidro Velázquez, honesto peón de origen rural, sufrió una serie de hostigamientos por parte de la policía de Colonia Elisa, Chaco, que sirven para entender la causa de su accionar bandolero. Lo expresado por Carri no difiere de la tipología ideal construida por Eric Hobsbawm para referirse al origen común del bandolerismo social.
Para abordar el tema de la violencia voy a tener en cuenta a Fanon, ya que es el propio Carri quien se refiere a él señalando: "Fue él mi guía teórico político en el momento de pensar la violencia y el espontaneísmo". Ambos autores, al pensar la violencia realizan una deconstrucción analítica, y es en sus distintos aspectos que la componen en los cuales me voy a detener.

A) La historia

La historia de la provincia del Chaco es una historia violenta. Desde cómo se produjo la colonización por medio de la ocupación de tierras y el disciplinamiento de la mano de obra, se puede ver cómo la legitimidad se construyó en la ilegitimidad.
La economía de la región muestra cómo se da el despojamiento del quebracho a manos foráneas, al igual que el algodón. A pesar de que se la recuerda como la época del trabajo, la vida del obraje era de explotación.
Para Carri se trata de un orden injusto, y Velázquez es un producto de la lógica de un sistema que, como parte de las clases oprimidas, rechaza ese orden injusto. Piensa al desempleo como violencia y lo relaciona con la aparición de las villas miserias en los alrededores de las ciudades chaqueñas y santafesinas. La posesión de la tierra tiene una fuerte relación con la raza y sus descendientes; no es casualidad que el nativo, el criollo, la mayoría pobres, estén excluidos de ella. Se trata de una división clasista y de una relación de trabajo que nos habla de dos grupos sociales, el del patrón y el del peón.
Fanon, en su libro Los condenados de la tierra, también va a tener en cuenta el proceso por el cual el campesinado debe abandonar el campo y cómo en la ciudad se convierte en lumpen proletario, debiéndose amontonar en los barrios miserables de la periferia.

B) El aparato represivo

Fanon considera, con respecto a este aspecto, que el mundo colonizado está dividido en dos. La frontera son los cuarteles y la policía.
Para Carri, a su vez, la represión policial forma parte de una violencia policial típica que puede no ser aceptada pasivamente. A Isidro Velázquez se lo considera el vengador justamente, porque va a vengar a los sectores más humildes de los hostigamientos de la policía, lo cual le va a significar la simpatía y el apoyo de los más humildes, de los criollos, de los indígenas.
Una de las formas de represión utilizada por las fuerzas policiales se basa en romper los lazos de solidaridad de los humildes hacia Isidro Velázquez, anticipando de este modo lo que pasará años más tarde, en la época del Proceso, con quienes colaboraron con las organizaciones político-militares.
La represión policial contra Velázquez es la represión contra los pobres, contra los indígenas, contra los trabajadores rurales. El autor se detiene a señalar que justamente el éxito de ese aparato represivo se debe a que la propia policía proviene de las mismas filas del pueblo.
Carri, en el libro Poder imperialista y liberación nacional, al pensar el aparato represivo tendrá en cuenta el papel del ejército, no sólo en el plano militar sino además en cuanto a la seguridad, como garantes del orden, de las empresas internacionales, cuya misión es la guerra contrarrevolucionaria, en donde se plantea como estrategia integral del imperialismo.

C) La religión

Fanon define a la Iglesia en las colonias como una Iglesia de blancos. Plantea que, por medio de la religión, los colonizados soportan una vida de humillación: "La burguesía colonialista es auxiliada en su labor de tranquilizar a los colonizados por la inevitable religión, los santos que han ofrecido la otra mejilla son citados y puestos como ejemplo" (Fanon, 1994: 53).
Para Carri también la religión es otro argumento, otro instrumento eficaz de la dominación en las áreas rurales chaqueñas.
Para el autor, el mito, la magia, justifican la subordinación, la felicidad se encontraría más allá de la tierra.
En ese sentido, es interesante cómo estudia a las nuevas religiones como parte de una estrategia política que tiene su centro en Estados Unidos.

D) La conformación cultural

Fanon señala que las fuerzas del orden en los países colonizados están garantizadas por los valores que enseñan los profesores, a los que llama desorientadores. La burguesía colonialista combate en el campo de los valores de la cultura, de las técnicas.
Carri también se detiene a analizar en Isidro Velázquez: formas pre-revolucionarias de la violencia el papel del periodismo junto a grupos intelectuales, partidos políticos, jueces, representando la cultura civilizada frente a la barbarie.
Esa misma conformación cultural también la tiene en cuenta a la hora de pensar la coyuntura política de 1972: "El régimen impone la violencia represiva, la campaña de terror hoy día forma parte del núcleo de la ideología dominante, crea un ambiente general a través de los medios de comunicación, quienes desvían la atención de la propia realidad violenta del sistema y de lograr su aceptación" (Carri, 1973: 290).

E) La resistencia

Ante la represión policial ejercida contra Isidro Velázquez y Gauna, Carri valora la resistencia y la solidaridad por parte de los humildes.
A modo de ejemplo, menciona el hecho de que la sociedad rural ofreció una fuerte recompensa que fue rechazada por la gente, que destruía los afiches en donde ésta se ofrecía.
Estos pequeños gestos sirven para pensar cómo resiste y lucha el pueblo ante injusticias cometidas desde el poder. De hecho, la resistencia peronista está plagada de numerosos ejemplos de lucha realizados en forma anónima por los humildes.
Para Fanon, la violencia asumida permitió al hombre colonizado reintegrarse, recuperar su lugar, que se libera en y por la violencia: "El pueblo, comprueba que la vida es un combate interminable (…) El recuerdo del período colonial y sus luchas es cantado por sus madres a sus niños, así también se construye la historia, la identidad" (Fanon, 1994: 69).

F) Violencia y limitaciones

Tanto Fanon como Carri piensan a la violencia como una forma de autoconocimiento y recuperación de la identidad de los colonizados.
Entre las limitaciones de Velázquez está su individualismo, "se trata de un rebelde aislado que no posee organicidad".
La práctica de la redistribución del botín llevada a cabo por Velázquez fortaleció su liderazgo; la riqueza y la ostentación fueron bien vistas por el pueblo. En ese sentido, se trata de una recuperación colectiva.
Para el autor, la violencia de Velázquez es una violencia justa, porque justamente hay justicia. Señala irónicamente, pensando a la izquierda, que la vanguardia esclarecida desprecia este tipo de prácticas, ya que es una violencia contra la policía y no contra el régimen.
Fanon y Carri consideran que todas las barreras interiores en realidad forman parte de la misma lucha, son nuestras limitaciones y se debe luchar también contra nosotros mismos.
Se trata de reorientar la violencia para no caer en un voluntarismo ciego. Por eso no es casualidad que Fanon le preste atención al lumpen proletariado, a la delincuencia juvenil en los países colonizados, y que Carri, a su vez, le preste atención a un bandolero social como Isidro Velázquez.
Ambos autores saben que sólo el odio, el racismo, el resentimiento, no pueden alimentar una guerra de liberación, no pueden constituir un programa.

G) La lucha armada y la liberación nacional

Carri, en un artículo denominado "Imperialismo, violencia y poder político" (Carri, 1973: 265), divide a la violencia en tres aspectos: "Hay una violencia intrínseca a las relaciones sociales impuestas por el imperialismo que se expresa fundamentalmente en el campo económico, hay una violencia represiva y contra revolucionaria y hay una violencia revolucionaria consecuencia de las dos primeras".
Tanto para Carri como para Fanon, una de las formas de lucha que estarán presentes en los países denominados del Tercer Mundo será la lucha armada, como parte de una estrategia en pos de lograr la liberación nacional y la construcción del socialismo nacional.
La lucha armada se presenta, en este sentido, como superadora de la violencia espontaneísta fragmentada del pueblo, la lucha armada como una superación cualitativa y cuantitativa de la violencia voluntarista.
La lucha armada, sin lugar a dudas, será un tema de debate que atravesará al campo intelectual, a la izquierda tradicional y a las propias organizaciones revolucionarias.
Al respecto, sirve de ilustración lo que Fanon señala en su libro Los condenados de la tierra, diciendo que las izquierdas se sienten molestas porque los guerrilleros van demasiado lejos:

"En realidad la actitud clásica del intelectual colonizado y de los dirigentes de los partidos nacionalistas es que no están seguros de que la violencia impaciente de las masas sea el medio más eficaz para defender sus propios intereses. Para ellos no hay duda de que todo intento de quebrar la opresión colonial mediante la fuerza es una conducta desesperada, una conducta suicida. Es que en sus cerebros los tanques de los colonos y los aviones de caza ocupan un lugar enorme, desde un principio se consideran perdedores. (…) Se dice que los colonizados quieren ir demasiado deprisa, pero no hay que olvidar que no hace mucho se afirmaba su lentitud, su pereza, su fatalismo" (Fanon, 1994: 101).

Consideraciones finales

Coincido con Eduardo Luis Duhalde cuando en el posfacio del libro Isidro Velázquez: formas pre-revolucionarias de la violencia se detiene a pensar que a los treinta y seis años Carri dejó de escribir y que de ninguna manera se puede considerar su obra como concluida, como definitiva; por el contrario, su obra está incompleta.
Analizar la violencia en la obra de Carri me dio la posibilidad de acercarme a su definición sobre la lucha armada como una violencia revolucionaria que él mismo asumió.
En la actualidad existe una proliferación de trabajos de investigación y de libros que analizan los años sesenta y setenta, que contribuyen a un debate interminable en la historia de nuestro país respecto de aquel período. Es en ese debate donde se deben recuperar los días, la obra, la vida de Carri que pretendieron silenciar.
A cincuenta años de la creación de la Carrera de Sociología y con la nueva reedición de este libro, la vida y la obra de Carri nos permiten seguir pensando en el presente cuál es nuestro papel cómo sociólogos, para qué y al servicio de quién ponemos nuestro conocimiento.

Notas

1. Los datos sobre la vida de Carri que pude obtener fueron extraídos del libro Héroes, de Gregorio Levenson y Ernesto Jauretche (1998: 151), y del libro Isidro Velázquez: formas pre-revolucionarias de la violencia, sección "Posfacio" de Eduardo Luis Duhalde (1968: 125 a 138).

2. En el libro Nunca más, escrito por la CONADEP (1984), aparecen datos sobre su cautiverio.

Bibliografía

1. CARRI, Roberto (1973), Poder imperialista y liberación nacional, Buenos Aires, Efece ediciones, p. 290.        [ Links ]

2. CONADEP (1984), Nunca más, Buenos Aires.        [ Links ]

3. DUHALDE, Eduardo Luis (1968), "Posfacio", en CARRI, Roberto, Isidro Velázquez: formas pre-revolucionarias de la violencia, Buenos Aires, Editorial Sudestada, pp. 125 a 138.        [ Links ]

4. FANON, Frantz (1994), Los condenados de la tierra, México, Editorial Fondo de Cultura Económica, p. 53.        [ Links ]

5. LEVENSON, Gregorio y JAURETCHE, Ernesto (1998), Héroes, Argentina, Ediciones Colihue, Ediciones del pensamiento nacional, p. 151.        [ Links ]

Aceptado: 20 de septiembre de 2007