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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.6 n.11 Buenos Aires jul./dic. 2008

 

Integración social de la juventud cubana hoy. Una mirada a su subjetividad

María Isabel Domínguez García

Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, Cuba

midominguez@cenia.inf.cu
María Isabel Domínguez García. Doctora en Ciencias Sociológicas. Directora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), que integra el sistema de instituciones del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba.

Abstract

En el artículo se analizan áreas significativas de la subjetividad de la juventud cubana para los procesos de integración social y se expresan las interfases entre individuo, grupo y contexto social y cultural más general. Se intenta abarcar y correlacionar áreas diversas del horizonte de sentido de la juventud cubana y comentar tendencias generales que comparten distintos grupos sociales, lo que permite hablar de la diversidad juvenil en sus rasgos comunes y diferencias, en momentos significativos para la sociedad cubana en general, especialmente para las políticas sociales dirigidas a la juventud en los últimos años.

Palabras clave: Juventud; Subjetividad; Integración social; Diversidad juvenil; Política social.

This article analyzes areas of Cuban youth subjectivity that are key to the processes of social integration. It also reveals the interfaces between individual, group, and social and cultural context at large. The research includes and relates different areas of meaning for the Cuban youth, contrasting different social groups. Thus, and beyond general trends or specific views, it is possible to speak of the diversity of youth in their commonalities and differences at significant moments for Cuban society in general, particularly as regards youth social policy in the last years.

Keywords: Youth; Subjectivity; Social integration; Differentiation of youth; Social policy

Introducción

Cada vez resulta más incuestionable la emergencia del grupo juvenil en el presente y futuro de cualquier sociedad, tanto desde sus potencialidades como sector estratégico del desarrollo, como desde su heterogénea y compleja relación con la integración social.
Sin lugar a dudas, el advenimiento del nuevo siglo se ha producido en medio de profundas fracturas civilizatorias que algunos han dado en llamar la post-modernidad, sin que hayan sido alcanzadas las metas de la modernidad, con sus ideales de igualdad, libertad y fraternidad, y cuando aun una parte de la humanidad se encuentra en la pre-modernidad.
El fenómeno de la globalización, acompañado del neoliberalismo como doctrina y como política concretas, diseña el escenario internacional en el que hoy vive la generación joven, y la configura como portadora del "estilo de la época", como lo definiera Mannheim (1972), a la vez que condicionan el tipo de actividad social que desarrollan.
En términos específicos, ese escenario significa, para la generación joven, dificultades e incertidumbre para su inserción social, especialmente laboral, de manera que para la gran mayoría -incluso en los países del Primer Mundo- resulta común la situación del desempleo, subempleo u ocupación en empleos precarios. Ello coloca a sectores importantes de la juventud en condiciones de pobreza y de exclusión social, que a su vez tienen sus correlatos en el incremento de otros procesos como la emigración, actitudes de enfrentamiento a la sociedad, resistencia o evasión, como la violencia o la drogadicción, todo lo cual, a su vez, impacta su escala de valores y sus relaciones con el mundo adulto y sus instituciones, incluyendo sus comportamientos políticos.
Para los que logran incluirse, la exigencia de nuevas competencias cambia los referentes calificacionales en relación con generaciones precedentes, lo cual amplía las brechas entre ellas también por esta vía, en circunstancias en que la extensión de la esperanza de vida conduce a una convivencia más prolongada entre personas generacionalmente distantes.
Todas estas condiciones marcan la formación de la subjetividad juvenil, configurada a partir de relaciones intersubjetivas en un contexto social y cultural, a través de sucesivas socializaciones y resocializaciones que permiten evaluar las pautas introyectadas por la sociedad y autoafirmarse individual y colectivamente como generación.
Aunque la globalización -tanto en sus expresiones económicas como culturales- generaliza y extiende el alcance de sus impactos más allá de fronteras nacionales y clases sociales, de manera que pueden compartirse situaciones estructurales y horizontes de sentido entre grupos sociales diversos, lo que constituye, en este caso, "un estilo de época" que influye en la conformación de la generación joven, se está muy lejos de pensar en una reducción de la diversidad del universo juvenil.
La fragmentación social que se deriva del propio proceso de globalización a escala internacional y al interior de las sociedades, unida a los esfuerzos por preservar las identidades culturales, indica que la juventud sigue siendo -quizás lo es más- heterogénea.
De ahí que, aun cuando resultan sumamente interesantes algunos estudios que apuntan a identificar aquellos rasgos similares de los actuales grupos juveniles, que incluso tienden a ubicarlos dentro de perfiles comunes, se impone la necesidad de continuar profundizando en sus características específicas en sociedades concretas y su diversidad interna entre distintos grupos sociales.
En ese marco se inscribe este trabajo, que pretende analizar la realidad diversa y heterogénea que representa la juventud cubana actual, pero más que observar las manifestaciones de lo juvenil intenta analizar el sentido que los individuos atribuyen a sus acciones y a su entorno, las representaciones que tienen de ellos, es decir, se remarca la dimensión subjetiva de la juventud.
Cuba, aunque no escapa a las influencias más generales del contexto internacional y a las tendencias de la época, las recibe tamizadas por sus peculiaridades, bastante distintivas y complejas, en el concierto mundial.
En esas peculiaridades confluyen desde elementos geográficos e históricos hasta las circunstancias actuales. Se trata de una isla -lo que tiene impactos en la posibilidad y la naturaleza de los contactos interculturales con otros grupos humanos-, de pequeña escala -lo que a su vez repercute en la posibilidad y la naturaleza de los contactos y vínculos internos-, situada en el continente latinoamericano, pero muy próxima a los Estados Unidos -lo que ha tenido y continúa teniendo efectos económicos, culturales y políticos, acentuados en las últimas cuatro décadas por la contradictoria relación que implica la hostilidad del gobierno de ese país hacia la isla, frente a sus efectos atractores como potencia hegemónica a nivel internacional-.
Todo ello acunando un proyecto de emancipación social que dio continuidad a las aspiraciones de independencia y justicia social por las que se luchó durante casi un siglo y en las que se forjó la identidad de la nación. Proyecto social que, más allá de sus éxitos y errores, se mantiene como un experimento alternativo aún después del fracaso de intentos similares y a pesar de la permanente hostilidad y disímiles adversidades para mantenerse, si se tiene en cuenta la condición de país subdesarrollado, con escasos recursos naturales y altamente dependiente del mercado internacional.
Ese marco general se ha hecho mucho más complejo a partir de la última década del siglo XX, en que el derrumbe del campo socialista de Europa Oriental implicó para Cuba la ruptura de sus principales nexos económicos, la pérdida de referentes políticos comunes con otro conjunto de naciones y el aumento de la agresividad por parte de Estados Unidos.
En el plano interno ello se tradujo en fuerte crisis socioeconómica, aplicación de medidas de reajuste y reforzamiento de las coordenadas políticas propias del proyecto de la Revolución, proceso que aún se está configurando.
Como es de suponer, tal panorama no puede menos que ejercer fuertes repercusiones sobre los distintos grupos que integran la sociedad, y entre ellos especial resonancia sobre los grupos juveniles, por la complejidad de las relaciones sociales en esa etapa de la vida y la particular dinámica que aquí se genera entre individuo y sociedad.
Por la importancia de tales impactos, el tema ha sido objeto de análisis a lo largo de los años noventa. Se cuenta sobre todo con estudios que evalúan sus implicaciones estructurales en áreas claves como la educación, el empleo, la participación política, la familia y la emigración, entre otras (CESJ, 1999; Martín y Capote, 1997; Colectivo de Autores, 1994). También se ha prestado atención a la evolución de fenómenos surgidos o reforzados en esa década, con afectación para la juventud, como la prostitución y el VIH/SIDA.
Incluso algunos de dichos estudios han intentado brindar una visión holística de tales procesos a través de categorías de análisis abarcadoras como la integración social (Domínguez y Ferrer, 1996; Domínguez, Cristóbal y Domínguez, 2000). Otros, se han acercado a áreas de la subjetividad juvenil. Han proliferado las indagaciones sobre las representaciones sociales de la juventud en torno a disímiles fenómenos (Perera, 2002)1. Sin embargo, aunque algunos han tenido una intención abarcadora al apoyarse en categorías de alcance más general como vida cotidiana (Martín, Perera y Díaz, 2000), la mayor parte se caracteriza por su concentración en temas específicos y no permiten formarse una idea integrada de la subjetividad juvenil, ni de sus transformaciones en relación con etapas anteriores.
De ahí que nos hayamos planteado analizar áreas significativas de la subjetividad juvenil para los procesos de integración social, la interacción entre ellas e intentar expresar las interfases entre individuo-grupo-contexto social y cultural más general. Con ese enfoque hemos intentado abarcar y correlacionar áreas diversas del horizonte de sentido de la juventud cubana y contrastar distintos grupos sociales.
No es posible dejar de considerar que a partir del año 2000 la sociedad cubana ha entrado en una nueva etapa de implementación de su proyecto social, con el objetivo de formar en sus ciudadanos, especialmente en la juventud, una cultura general integral. Ello está teniendo implicaciones sustanciales en las políticas educativas, de empleo, en materia de información, en la convocatoria a la participación política, entre otras áreas de transformación.
De manera que contar con estas caracterizaciones de la juventud permite realizar análisis comparativos con la información disponible de fines de los años ochenta2, previos a la etapa de crisis y reestructuración económica y social y, por tanto, considerar posibles efectos de ésta sobre la subjetividad juvenil en relación con sus procesos de integración social evaluados a fines de los años noventa, así como de las nuevas políticas de juventud, vistas a finales del primer lustro de los años 2000.

Integración social de la juventud y subjetividad: una perspectiva de análisis

Se parte como marco de referencia conceptual para ubicar el análisis de la sociedad cubana, y en especial de su grupo juvenil y su subjetividad, de una concepción de integración social. No se desconoce, sin embargo, el carácter controvertido de esta categoría, capaz de dicotomizar la teoría sociológica según su aceptación o rechazo, y que ha sido objeto de múltiples aplicaciones de naturaleza esquemática y reduccionista. Pero apelamos a su potencialidad para generar enfoques de una gran integralidad, que permiten leer en una misma dirección procesos de tipos diversos.
En trabajos anteriores hemos fundamentado y desarrollado nuestra concepción de integración social (Domínguez y Ferrer, 1996; Domínguez et.ál., 2000) y su aplicación centrada en el grupo social de la juventud por su significación actual y perspectiva para el desarrollo del proyecto social cubano, debido a su aún elevado peso numérico, pero, sobre todo, por sus rasgos cualitativos y su papel en la sucesión generacional.
En ellos revisamos la larga historia del término "integración" dentro de la teoría sociológica y su utilización en distintos contextos teóricos, así como los diversos niveles en que ha operado para dar lugar a diferentes modos de entender la categoría, como una de las perspectivas básicas de la Sociología.
En su acepción más general, ella alude a la unidad de lo social a partir de concebir la sociedad como una estructura de partes interrelacionadas que se sostiene por mecanismos de equilibrio, frente a la perspectiva del conflicto que resalta la capacidad de grupos de poder o dominantes para mantener un orden social conforme a sus intereses, e identifica el conflicto o la contradicción como el estado natural de una sociedad en la que individuos y grupos luchan por el poder (desde el cual se construyen las instituciones sociales). Esta división, que puede resultar algo pretensiosa al englobar teorías diferentes dentro de cada perspectiva (e incluso algunas tan opuestas como las de Marx y Weber), demuestra la centralidad de la problemática de la integración en la teoría sociológica desde los orígenes (Spencer, Durkheim, Parsons, Merton), hasta la actualidad.
Por eso, una de las cuestiones medulares es qué se va a entender por integración social. Cada vez con mayor fuerza se ha abierto paso un enfoque de la integración como polo opuesto no al conflicto, sino a la exclusión y marginación, y que se concibe como condición imprescindible para cualquier proceso de desarrollo.
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, celebrada en 1995, lo tuvo como uno de sus temas centrales y consideró algunos elementos básicos para definir las capacidades de una sociedad para la integración social3. Según estos criterios, la integración supone la tolerancia y la colaboración entre diferentes, pero supera los intentos de integración por homogeneización (a veces forzada). En este caso, se trata de la aceptación de la diversidad y, por supuesto, presupone como un elemento clave la oposición a toda discriminación, exclusión y marginación. Pero el elemento más importante de esta visión es el énfasis en que la integración requiere, como condición, la creación de estructuras de inserción social que permitan la satisfacción de las necesidades básicas de las mayorías, sin lo cual es prácticamente imposible lograr una integración en la esfera de los valores. Es decir, si los grupos no se insertan no pueden compartir valores comunes.
Nuestra concepción pone el énfasis en la integración social como un proceso de participación efectiva de todos los grupos e individuos en el funcionamiento de la vida social.
Es cierto que todo sistema social contiene su propio modelo de integración, conformado por las distintas vías y grados de posibilidades que brinda para la incorporación a ese modelo y la capacidad para reproducirlo. Así, el sistema capitalista tiene sus propias normas de funcionamiento, capaces de integrar a los grupos sociales e individuos a su lógica. Pero, en ese caso, dicha lógica es en sí misma excluyente, de ahí que para reproducir el sistema se produzca desintegración de la sociedad como conjunto, de grupos específicos e incluso del entorno.
Es por eso que se considera que no hay posibilidades amplias y duraderas para la integración social mientras la sociedad reproduzca desigualdades socioeconómicas y otras por concepto de raza, etnia, género, generaciones o ubicación territorial, y mientras no se construya una comunidad de valores que se apoye en la diversidad de los grupos y la respete.
Para el análisis de la integración social de la juventud, la concepción utilizada se enfocó en el plano de una sociedad nacional concreta, es decir, la sociedad cubana actual, y se concibió como un proceso dinámico, en constante evolución, que toma en cuenta el devenir histórico, evalúa el presente y considera las perspectivas futuras en función de los distintos escenarios posibles: económicos, sociales y políticos, a partir de las condiciones internas y externas.
La integración social ha sido considerada como la compleja red de relaciones que se entreteje entre tres elementos básicos de su existencia: justicia social, participación y cohesión nacional.
* Justicia social, entendida como la real igualdad de oportunidades para el acceso equitativo de todos los grupos e individuos a los bienes y servicios que brinda la sociedad y la ausencia de discriminación de cualquier tipo.
* Participación, entendida como el acceso y la presencia real de los individuos y los grupos en las instituciones y organizaciones económicas, sociales y políticas de la nación y la posibilidad de intervenir en las decisiones que le conciernen no sólo como beneficiarios sino también como formuladores de estas decisiones.
* Cohesión nacional, entendida como el sistema de valores y normas compartidas por los distintos grupos sociales que se configura y modifica en el propio proceso participativo.
El elemento central que sirve como hilo conductor entre cada uno de estos tres factores es la posibilidad de inserción social real que brinda el modelo social, a la vez que los indicadores para evaluar los niveles de integración social logrados pasan por la medición de la inserción alcanzada por los grupos e individuos como expresión concreta en el plano estructural de la justicia social y la participación.
Aún cuando no existe una relación de igualdad entre desinserción y desintegración, no cabe dudas de que la primera es terreno propicio para la segunda, pues en la medida en que los sujetos no encuentran un espacio social donde insertarse de forma provechosa, se pierden los nexos colectivos y los compromisos hacia el conjunto; se resiente la cohesión y pierde efecto la presión de las normas sociales.
Por tanto, un contexto donde predomine la justicia social y la participación, necesariamente abre espacios para una mayor inserción social de los grupos e individuos, lo que a su vez implica mayores posibilidades para una reproducción democrática de la estructura social, es decir, oportunidades similares para formar parte de cualquier clase, capa o grupo social, y ello también constituye un contexto más adecuado para una socialización en normas y valores que favorezcan la solidaridad y reduzcan el individualismo.
Esta manera de concebir la integración social constituye un paso de avance en el largo camino recorrido en el tratamiento de esta categoría, pues, por una parte, se afilia a los que intentan superar el antagonismo dicotómico entre integración y conflicto al considerar que la integración sólo es posible como etapa de desarrollo, después de haber resuelto los conflictos más esenciales y en la cual se generarán otros, es decir, como momento de equilibrio para la solución de nuevas contradicciones.
Pero, sobre todo, ha resultado valiosa por su potencialidad para ser operacionalizada, de manera que permita su utilización en el análisis práctico de un momento dado, orientado a la comprobación de hipótesis en indagaciones concretas que es uno de los principales déficits en los estudios de la integración social, aunque es importante aclarar que, aun cuando se trata de un fenómeno medible y cuantificable en cierta medida, es un proceso esencialmente cualitativo, por ello la precisión de la estrategia metodológica para su estudio requiere de aproximaciones sucesivas.
El análisis de los procesos de integración social se complementa con la visión de las principales tendencias desintegradoras, las cuales serán entendidas como aquellas que excluyen a los individuos o los grupos del acceso a los bienes y servicios que brinda la sociedad y de la participación en la vida social en sentido amplio, en particular en el estudio, el trabajo y la esfera sociopolítica, así como aquellas que los distancian de las metas colectivas aprobadas por el consenso de la nación (si es que se trata de naciones donde se ha expresado el consenso de la mayoría).
Es necesario aclarar que los efectos desintegradores varían en función del nivel en que se analicen: individual, grupal o social, aun cuando generalmente tienden a interrelacionarse y que en nuestros estudios hemos privilegiado el nivel societal, es decir, las afectaciones que producen a la integración social de los miembros del grupo juvenil con el conjunto de la nación, aunque cada una de ellas impliquen niveles de desintegración diferente en el plano individual.
El otro elemento a tomar en consideración -aunque afirmamos que el aspecto central es la posibilidad de inserción social y la realmente alcanzada por los grupos e individuos como expresión concreta en el plano estructural de la justicia y la participación- es la percepción acerca de esas posibilidades y resultados, pues no basta que éstos existan sino que resulta esencial cómo son percibidos. De ello dependerá, en gran medida, el nivel que alcance la cohesión social como uno de sus componentes básicos.
Es por ello que el estudio de la subjetividad deviene tema imprescindible para una adecuada comprensión de los procesos integrativos y de desintegración, más aún si se trata de grupos sociales como los juveniles, en los que éstos se dan de forma particularmente activa.
No es posible obviar que el tema de la subjetividad es un campo de extremada amplitud y elevada complejidad teórica sobre el que mucho se discute, aun en la actualidad, en las Ciencias Sociales. En este caso, el eje central de nuestra visión girará en torno a la interrelación entre subjetividad juvenil y los procesos de integración y desintegración social.
Se ha definido como subjetividad al "complejo sistema de formaciones y subsistemas psicológicos estrechamente vinculados entre sí, donde los contenidos y su expresión funcional se manifiestan simultáneamente en múltiples y disímiles formas, teniendo sentidos psicológicos diferentes, de acuerdo al subsistema o a la formación psicológica a la que se integran" (Fuentes, 2000).
Dicha subjetividad -como emergente de las distintas realidades sociales- es consecuencia y condición de un proceso de construcción individual y social que, a partir de inserciones sociales específicas, determina la forma particular y singular en que un individuo percibe, interpreta y da sentido a su realidad, interioriza un sistema de valores y organiza su vida y su acción personal.
Con frecuencia se comete el error de realizar estudios de subjetividad que pretenden identificar los valores y rasgos estables de la personalidad más que su carácter procesal, que evalúe a la persona como un todo, cómo participa y se desarrolla. También se ha pretendido definir la subjetividad fuera de su integración necesaria en lo social, lo que ha llevado a una representación estática de muchas de las configuraciones de la subjetividad y ha estimulado una comprensión metafísica de la relación individuo-sociedad, ora centrado en el individuo, ora en la sociedad. Este enfoque ha sido una seria limitante para una comprensión integrada de la subjetividad, que ha estimulado una fragmentación que cada día deviene más irracional.
Ello ha dado lugar a la utilización de la categoría Sujeto, que pasa a ocupar un lugar central como momento de integración entre lo psicológico y otras dimensiones esenciales del individuo en su existencia social. En este sentido, el sujeto (social e individual) es un importante momento de integración de las diferentes esferas, que permite la explotación de un espacio metodológico común a diversas Ciencias Sociales en la búsqueda de indicadores concretos diferentes, pero susceptibles de integración interdisciplinaria pues el sujeto psicológico real y sus manifestaciones como sujeto grupal, apoyadas y configuradas en la personalidad, sólo pueden ser aprehendidas en el estudio de su historia social.
El sujeto individual es una expresión viva de su sistema actual de relaciones y, simultáneamente, de la historia de sus relaciones, de ahí que constituye una unidad esencial para el estudio de la convergencia entre lo histórico y lo actual en una unidad indisoluble. Por tal razón, la comprensión de los mecanismos, formaciones y configuración de la personalidad en el nivel psicológico no agota la comprensión del sujeto, por lo que resulta necesario comprender el sentido de su cultura, expresada en una multiplicidad de factores actuales e históricos a los que este sujeto se integra.
Concordamos con González Rey (1999), en que la subjetividad representa un complejo sistema de significaciones y sentidos producidos en la vida cultural humana, plurideterminado, contradictorio, en constante desarrollo, sensible a la cualidad de sus momentos actuales, la cual tiene un papel esencial en las diferentes opciones del sujeto en cada uno de los momentos de su desarrollo.
Es importante tener en cuenta el alerta que hace este autor cuando señala que la única forma de superar la tentación objetivista de explicar la subjetividad por la relación biunívoca con los elementos presentes en la vida social del sujeto, es reconocer su carácter histórico, que significa considerar los procesos generadores de sentido dentro del propio desarrollo del sistema subjetivo y no como el producto inmediato de una influencia externa, a la vez que marca que no son los objetos, sino los sistemas de relaciones subjetivadas en los cuales ellos aparecen en la acción humana, los responsables, por su sentido, para el desarrollo subjetivo.
En esta misma línea concuerda F. Hinkelammert (2006), quien precisa que el ser humano como sujeto no es una instancia individual, sino que la intersubjetividad es una condición para que el ser humano llegue a ser sujeto pues se sabe en red, que incluye la misma naturaleza externa al ser humano, ya que la vida del otro es una condición de la propia.
Este enfoque de la subjetividad como articulación de procesos sociales y psíquicos ha sido aplicado en estudios concretos. La investigadora argentina Ana María Fernández (1999) ha señalado cómo las mutaciones en el ámbito sociohistórico incluyen mutaciones en el modo de percibir y significar el mundo, en las formas de sensibilidad, así como en las prácticas sociales tanto públicas como privadas, lo que produce cambios en las prioridades desde las cuales las personas ordenan sus vidas, instalan nuevas producciones de sentido y modifican posicionamientos psíquicos. Señala que estos fenómenos se producen más allá de la conciencia de los actores sociales, enlazan de manera profunda los procesos sociales con las percepciones, los sentimientos, las imágenes y prácticas de sí, lo que sostiene tanto las prácticas de la vida cotidiana como las de la vida social.
Con estos presupuestos de partida, trabajamos con una comprensión de la subjetividad juvenil como aquella construcción sociopsicológica de los sujetos colectivos que conforman los distintos grupos juveniles, que se produce a partir de la interpretación del entorno social y su traducción en maneras de pensar, sentir y actuar de los/as jóvenes de hoy. Ello implica una clara comprensión de la relación existente entre subjetividad individual y subjetividad social, en su doble carácter de constituidas y constituyentes, que permita entender la subjetividad juvenil como parte específica de esa subjetividad social y que facilite la interacción con otras categorías centrales para entender la situación juvenil, en particular integración y desintegración social, así como socialización.
Con este propósito se pretende hacer una pequeña contribución a llenar los vacíos que existen en los estudios de la subjetividad juvenil -lo que es un hecho reconocido internacionalmente-. Por ejemplo, en una compilación sobre temas de juventud se señala:

"Lo que interesa destacar aquí es que, en el marco de las diferencias disciplinarias para conceptualizar a la juventud, los enfoques predominantes en los estudios sobre el mundo joven no han sido pertinentes para visualizar los procesos que se desatan entre el individuo y su entorno sociocultural; específicamente dichos enfoques han ignorado -o han sido incapaces de abordar- el análisis de los procesos que operan en el plano de la subjetividad, a través de los cuales el individuo interpreta, resignifica y se apropia de la realidad que experimenta" (Medina, 2000: 89).

El poco alcance de la dimensión subjetiva en los análisis de la diversidad juvenil ha imposibilitado la comprensión -a través del entendimiento de las representaciones sociales, las intersubjetividades y las construcciones simbólicas- de:

* El significado que los/as jóvenes atribuyen a sus experiencias, a los discursos que identifican provenientes de las culturas parentales y de la cultura social imperante.
* Las normativas formales e informales que regulan los procesos interaccionales en los espacios de su cotidianidad.
* Los procesos de socialidad que los/as jóvenes construyen por sí mismos y con sus pares en los intersticios de los espacios institucionales de la sociedad.
Por tanto, persiste un desconocimiento sobre amplias áreas de la vida de los/as jóvenes, sobre todo en el plano simbólico (Medina, 2000: 89). Por supuesto que un estudio de esta naturaleza obliga a cuidar no confundir el escenario situacional con las representaciones profundas que tiene la juventud o a establecer una relación mecánica entre prácticas sociales y universos simbólicos (Reguilló, 2000: 25).
Centramos la atención para el análisis de los factores subjetivos en la construcción que hace la juventud de su imagen personal y social, y de sus opciones de futuro a partir de los elementos que recibe y apropia de la cultura general imperante, de la cultura parental y familiar y de la interacción con sus pares en los espacios de su vida cotidiana.
Nuestra búsqueda se orientó a indagar en esa subjetividad juvenil a través de la expresión de un conjunto de dimensiones:
1. Aspiraciones. Contenido y nivel de elaboración. Patrón subjetivo de éxito, individual y social. Modelos de consumo y patrones de referencia.
2. Percepciones de la sociedad y sus principales instituciones. Visión de contradicciones (o conflictos) sociales.
3. Identidad juvenil: nacional y generacional. Autoimagen y comparación con otras generaciones.
Las áreas hacia las cuales se dirigió la caracterización de la subjetividad juvenil se seleccionaron teniendo en cuenta su relevancia desde el punto de vista de la integración social de segmentos juveniles, como marco estructural externo en que se produce la construcción de significados relevantes para los grupos y constituyen fuentes básicas de sus aspiraciones, percepciones y de su identidad. Por tal razón se ha trabajado con elementos de orden estructural diferentes, pero constitutivos de un universo simbólico concatenado4.
La investigación se llevó a cabo en una muestra de 436 jóvenes, seleccionada del universo conformado por la juventud cubana de ambos sexos, comprendida entre 14 y 30 años. Persiguió una representatividad de naturaleza cualitativa. Abarcó la mayor diversidad posible de situaciones económicas, sociales y culturales, que en el plano nacional inciden sobre la integración social de la juventud y sobre sus tendencias de desintegración. Para ello, se combinaron dos criterios básicos de selección: el grupo socioclasista y el territorio, con criterio multietápico e intencional.
Los grupos se correspondieron con la diversidad de clases, capas y grupos sociales que conforman la estructura social cubana actual y tomó en cuenta la heterogeneidad interna, atendiendo a la inserción laboral o estudiantil o la no inserción social; la pertenencia a diferentes formas de propiedad; y la actividad en la esfera productiva o no productiva, así como los sectores clave dentro de cada una de ellas. No se intentó una representación exhaustiva de todo el espectro de grupos sino de aquellos fundamentales por su peso numérico, su importancia cualitativa para el desarrollo de la sociedad y el significado que tiene en ellos, tanto cuantitativa como cualitativamente, el grupo juvenil. Asimismo, se tuvo en cuenta la representatividad territorial; se seleccionaron tres provincias: la Ciudad de La Habana, en su condición de capital, y las provincias de Pinar del Río y Granma, en representación del occidente y oriente del país.
El objetivo de la investigación estuvo encaminado a explorar los efectos de las circunstancias socioeconómicas por las que ha atravesado la sociedad de una entrevista a profundidad semiestructurada -de manera que fuera posible aprehender elementos de su subjetividad y entrecruzarlos con procesos de su vida cotidiana individual-.
Tal combinación -bastante frecuente para dar cuenta de la complejidad de los procesos sociales y rescatar el carácter activo de los sujetos en la marcha de los mismos- resultaba indispensable al abordar un problema como el de la integración y la desintegración de la juventud, en el que oportunidades sociales y aspiraciones individuales se balancean para inclinar la resultante en una de las dos direcciones dadas.
Para el análisis de la información obtenida a través del cuestionario, se creó una base de datos con 250 variables y se realizó un procesamiento estadístico-matemático, mediante los programas de procesamiento de datos SPSS y Excel. Para el análisis de la información cualitativa obtenida a través de las entrevistas, se utilizó el procedimiento de "reproducción del discurso" de los propios sujetos, con una primera identificación de los consensos y posiciones promedio, que se complementaron con las restantes tendencias minoritarias, para llegar incluso a mostrar los casos aislados que reflejan significativas distancias del promedio, ya sea en un sentido u otro.

Algunas tendencias generales en la subjetividad de la juventud cubana actual

Las posibilidades de espacio que brinda un artículo en una revista no permiten dar cuenta de los resultados de la investigación en su conjunto, ni de las diferentes áreas de integración ni de la diversidad de subjetividades de los/las jóvenes en diferentes grupos sociales conformados según la pertenencia a distintos componentes socioclasistas, territorios, grupos de sexos o de edades, de manera que los elementos que aquí se reseñan constituyen las tendencias generales y más comunes, que aparecen luego en diferentes niveles, según el grupo de que se trate .
Algunos aspectos relevantes que se pusieron de manifiesto en la investigación revelan que las aspiraciones, satisfacciones y preocupaciones de la juventud se concentran prioritariamente en cuatro esferas básicas para el individuo: familia, educación, trabajo y condiciones materiales de vida, que son esencialmente esferas de satisfacción individual vital, aunque habría que especificar algunos elementos de interés, en el sentido de las prioridades.
En primer lugar, se aprecia la máxima prioridad de la esfera familiar para todos los grupos, la que muestra un lugar central en la subjetividad juvenil tanto como elemento condicionante que como resultante de la misma. Las otras tres esferas aun cuando cambian su lugar en el orden de prioridad en función de los diferentes grupos, se reiteran en los primeros lugares.
La perspectiva pasado-presente-futuro de las aspiraciones en períodos de diez años evidencia una interesante dinámica entre estabilidad y cambio. La comparación entre presente y pasado permite apreciar un incremento de la diversidad de aspiraciones como resultado de la aparición de nuevos elementos o aumento del peso de algunos, apenas esbozados por individuos aislados en la etapa precedente.
Por ejemplo, aunque existen elementos de alta estabilidad como la elevada importancia que conservan las aspiraciones referidas a los hijos y la vivienda, están presentes diversas variaciones que dan cuenta de transformaciones que acompañan los cambios socioeconómicos vividos en el período, entre las que se destacan el desplazamiento de la jerarquía atribuida a la educación por la atribuida a la familia; la pérdida de peso de las aspiraciones de naturaleza sociopolítica; el incremento de las aspiraciones de condiciones materiales de vida; la aparición con cierta fuerza -aún cuando no se sitúe en los lugares de máxima prioridad- de las aspiraciones de corte más espiritual, tales como alcanzar tranquilidad, felicidad, etc., así como las referidas a la salud y a viajar.
Vistas en la perspectiva de futuro (después de diez años, es decir, ubicadas a finales de la próxima década), no se dan radicales variaciones en relación con el presente: familia, trabajo y condiciones materiales de vida, especialmente tener una vivienda independiente, alcanzan las máximas prioridades, a la vez que las de naturaleza espiritual individual y las referidas a la salud también alcanzan cierto interés. Los dos elementos que más se modifican para el futuro son la pérdida de peso de la educación -lo que puede asociarse a una etapa en que ya este tipo de metas han sido cumplidas, en lo esencial, por la edad actual de los jóvenes- y el surgimiento de aspiraciones relativas a la conservación de la juventud y la buena presencia física, también asociada a la etapa de la vida en que se encontrarán de aquí a diez años, pero que no deja de llamar la atención sobre la fuerte importancia atribuida a este tipo de aspecto.
Hay elementos subjetivos interesantes asociados a la percepción de las posibilidades de logro de las aspiraciones que tiene la juventud. Predomina una visión optimista acerca del logro de la mayor parte de ellas, tanto en relación con el presente como al valorarlo para el futuro, lo que se atribuye principalmente al esfuerzo propio y la voluntad personal.
Sin embargo, aunque alcanza mayor peso esta visión optimista, no puede obviarse el hecho de que existe cierto escepticismo en lo referente a la satisfacción de determinados tipos de aspiraciones, sobre todo asociadas a las condiciones materiales de vida.
Esto no puede verse desconectado de otro elemento interesante para la relación valores-vida cotidiana, como es el resultado que muestra una contradicción entre un modelo de éxito a partir del "ser", que la mayoría tiene interiorizado y que se expresa en el valor que se le atribuye a la realización personal y profesional y el logro -mediante el esfuerzo- de metas trazadas, y un modelo de éxito a partir del "tener", que es percibido con cierta dinámica de crecimiento.
Los elementos anteriores se asocian a la percepción generalizada en el total de los grupos del condicionamiento económico de todos los problemas de la sociedad, a pesar de la amplia variedad de tópicos señalados y de que los problemas directamente económicos y de condiciones materiales de vida fueron menos nombrados que otros de la esfera social, los cuales provocan la máxima preocupación como derivación de los factores económicos: tendencias de desintegración social, en particular el delito, y desigualdades sociales, así como el tema de los valores.
Tal visión de los problemas que enfrenta la sociedad resulta aún más interesante si se compara con la percepción que la juventud tiene acerca de los principales objetivos específicos que el sistema social se plantea, a partir de los cuales -de lograrse- sería posible dar solución a los principales problemas identificados. En tal sentido, la prioridad se situó en lograr el desarrollo económico del país, lo que es absolutamente coherente con la visión del condicionamiento económico de todos los problemas de la sociedad.
Todo ello no puede verse al margen de la visión de futuro con que se están evaluando estos procesos. Predomina una tendencia optimista que considera que el futuro de la sociedad cubana será mejor que el presente, aunque, por supuesto, ese mejoramiento se condiciona a un conjunto de factores económicos, políticos y sociales, internos y externos. No puede tampoco desconocerse la presencia de una visión de incertidumbre que se expresa no sólo entre los que opinan que el futuro es impredecible, sino que a ello se añade que la perspectiva de futuro optimista se orienta a un largo plazo.
Este cuadro, que refleja las principales aspiraciones de la juventud y su relación con sus percepciones acerca de la sociedad cubana actual, explica en gran medida percepciones, motivaciones y conflictos encontrados en otras áreas. Por ejemplo:
* Las relaciones de pareja constituyen un eje central en la vida de los/as jóvenes a tono con la centralidad que atribuyen a la esfera familiar. Cabe destacar la importancia que conceden a la estabilidad de la relación en estrecho vínculo no sólo con dicha centralidad, sino también con la preocupación ante problemas como la pérdida de valores o las enfermedades de transmisión sexual, en especial el VIH/SIDA, así como con los deseos de satisfacción espiritual encaminados al logro de felicidad y tranquilidad. En esta última dirección vale la pena mencionar cómo la mayoría insiste en que al seleccionar una pareja buscan personas que tengan intereses similares y con las que no existan discusiones, en una evidente búsqueda de armonía en esa área de la vida, y quizás como vía de evitar el divorcio, situación que probablemente muchos de ellos hayan vivido en relación con sus padres.
* Áreas como la Cultura y la Recreación se configuran como elementos de ambivalente significación en la subjetividad juvenil. Por ejemplo, ver TV y escuchar la radio se conservan como actividades básicas realizadas durante el tiempo libre, a pesar de que existen motivaciones para hacer otro tipo de actividades, las que están más orientadas en un sentido propiamente recreativo (más que cultural) y de menor disponibilidad para los/as jóvenes, por su costo actual. Sin embargo, la esfera de la recreación, aunque presente tanto en las aspiraciones como en la percepción de problemas, no tiene una prioridad significativa a pesar de la importancia que ella reviste en la etapa juvenil, condicionada por dos factores: la jerarquía que alcanzan otras esferas y la reproducción de hábitos y costumbres tradicionales y pasivos en el uso del tiempo libre, que se confirma por las similitudes que existen entre las actividades que prioriza la juventud actual y la de fines de los años ochenta, pero también por la coincidencia con lo que hacen los jóvenes en otras partes del mundo, de manera que se aprecia como una esfera bastante poco dinámica en su transformación.
* Particular importancia en términos de integración social tienen los elementos asociados al fenómeno de la emigración, tanto interna como externa, que revelan el predominio de un deseo de permanencia de los jóvenes no sólo ya en el país sino, incluso, en sus territorios de residencia actual. Quiere decir que la opción de emigrar al exterior no es especialmente valorada por la mayor parte de la juventud, sino una opción alternativa bajo determinadas circunstancias, sobre todo la prolongación en el tiempo de perspectivas desfavorables para el logro de sus principales aspiraciones, en cuyo caso una parte de ella sí la valoraría.
* Para una caracterización de la juventud cubana actual también resulta relevante la fortaleza de la identidad nacional que conserva la generación joven y su asociación a elementos de orden histórico, social y político, entre otros de especial relevancia.
En esta dirección, resalta la presencia de rasgos propios de la identidad nacional del cubano consolidados desde generaciones anteriores y con un balance altamente favorable hacia los rasgos positivos, aun cuando se aprecia la referencia a cambios recientes de orden negativo, en el sentido de pérdida de valores humanos.
Vale la pena destacar que la imagen colectiva es más crítica que la autoimagen, pero prevalece un fuerte sentimiento de orgullo nacional que hace que al hecho de ser cubano se le atribuya un alto y diversificado significado simbólico.
* La imagen nacional alimenta coherentemente la autoimagen generacional y es especialmente significativo que esta última pondere como principal rasgo la capacidad de la juventud para enfrentar problemas y resolverlos, trabajar y esforzarse, por encima de aquellos referidos al buen carácter que se atribuye a la población cubana en su conjunto y que ha estado presente en valoraciones de etapas anteriores. Se destaca el hecho de que la juventud aprecie entre ella misma mayores diferencias que similitudes, asociadas a factores sociales, culturales, de valores y comportamientos, económicos y políticos, que dificultan el desarrollo de una identidad generacional sólida y ampliamente compartida, a pesar de que un segmento considerable apunta a la presencia de rasgos comunes asociados a las características de la edad, que propicia gustos, intereses, aspiraciones y experiencias afines.
El grupo socioclasista y el territorio fueron, en ese orden, los dos factores que mayores distinciones marcaron en casi todas las áreas, aunque el género y el subgrupo de edad, sobre todo entre los segmentos mayores y el resto, marcaron algunas diferencias.
El elemento más significativo fue la tendencia de los/as jóvenes desvinculados del trabajo a distanciarse del resto de los grupos y ello tuvo mayor peso para el caso de estos grupos en Ciudad de La Habana. Asimismo, el grupo de 25 a 30 años se distanció en muchas de sus valoraciones en relación con los grupos de menos edad, a los que atribuyó una connotación desfavorable a partir de aspectos tales como algunos valores morales, rasgos del carácter, la cultura y educación formal y los valores políticos, en ese orden, lo que apunta a su mayor identificación con grupos fuera ya de la juventud y su distancia con los más jóvenes, que refuerza la hipótesis del surgimiento de una nueva generación, en sentido sociológico, entre los nacidos a partir de los años noventa, que fractura generacionalmente al segmento comprendido como juventud.
Los resultados obtenidos en los distintos componentes de la subjetividad analizados, según los distintos criterios socioestructurales conformadores de grupos al interior de la juventud, brindan la posibilidad de elaborar perfiles subjetivos más integrados y precisos de cada uno de ellos, que expresen con mayor precisión la diversidad subjetiva de la juventud actual. Sin embargo, a pesar de esa heterogeneidad, es posible encontrar los puntos de engarce que hacen que la subjetividad de la mayor parte de los grupos que componen la juventud -con sus matices y diferencias internas- no resulte contradictoria con las principales metas de integración social de la sociedad cubana actual, aunque esa relación no se da de una manera lineal.
Algunos de esos aspectos contradictorios que se ponen de manifiesto son, por ejemplo:
· El alto peso de las aspiraciones en el área familiar, que incluyen encontrar una pareja estable y tener hijos, frente a las altas tasas de divorcialidad y las bajas tasas de fecundidad que existen en el país.
· La visión optimista de futuro, acompañada de incertidumbre respecto de las satisfacciones en determinadas esferas como la de condiciones materiales de vida.
· El reconocimiento del acceso a la educación como una gran oportunidad que le brinda la sociedad junto al reconocimiento de que un más alto nivel educativo no garantiza la satisfacción de las aspiraciones de condiciones materiales de vida.
· La confianza en las garantías sociales y la apuesta al esfuerzo personal.
Estos elementos, entre otros, constituyen un reto a las políticas públicas dirigidas a la juventud y deben ser tomadas en cuenta para valorar sus perspectivas futuras de integración social.

Notas

1. Hay una amplia gama de Trabajos de Diploma de la Facultad de Psicología sobre representaciones sociales, a las que hace referencia Maricela Perera en su trabajo "La teoría de las representaciones sociales: Trayectoria y actualidad en las Ciencias Sociales cubanas", sobre temas tales como las relaciones de pareja, el género, el rol femenino, la paternidad, el alcoholismo, el VIH/SIDA, el trabajo, el dirigente, el negro, la salud y la felicidad.

2. Nos referimos fundamentalmente a los resultados de la investigación "Las generaciones en la sociedad cubana actual", Domínguez, Ferrer y Valdés, 1989-1990.

3. Los principales criterios definidos fueron (ONU, 1995):

1. Carácter inclusivo. Es decir, la amplitud de funcionamiento, capaz de incluir en sus estructuras los más diversos actores sociales y darles igualdad de posibilidades para el acceso a la educación, el empleo, la información, la cultura, la seguridad social, etc.
2. Participación. Entendida como la posibilidad de los diferentes individuos y grupos sociales
de intervenir en la formulación y ejecución de las políticas , y la existencia de una descentralización tal, que favorezca las acciones autónomas de la sociedad civil y a las comunidades en su propia manera de contribuir a las decisiones colectivas.
3. Justicia. Entendida, sobre todo, como el acceso equitativo a los mercados para todos los grupos e individuos, incluidos los más  desfavorecidos, y la creación de condiciones para la igualdad y la eliminación de la discriminación de todo tipo, es decir , por ;razones de género, edad, raza, capacidad física, religión, posición política, pertenencia étnica o nacional, etc.
4.Pluralismo. Entendido como la presencia de valores básicos compartidos y aceptación de la diversidad.
5. Seguridad y estabilidad. Es decir, ausencia de conflictos bélicos y bajos niveles de violencia.

4. Para lograr esas visiones, el análisis se apoyó en algunos conceptos clave, tales como:
* Aspiraciones: Entendidas como proyecciones futuras de las motivaciones principales del individuo, las que pueden tener diferentes grados de elaboración, desde planes fantasiosos y sin ningún efecto movilizador hasta verdaderos proyectos que alcanzan dimensión de propósitos que implican la voluntad del sujeto en su consecución y ajuste entre el contenido de su aspiración futura y la dimensión presente de su vida. Aquí se tiene en cuenta la evaluación de la situación social concreta del sujeto y su influencia en la estructuración-desestructuración de sus proyectos.
* Percepciones: Entendidas como un reflejo más o menos inmediato del contexto interaccional del sujeto, que es posible expresarlo a través de una reflexión personal sobre un asunto, evento u objeto social.
* Conflictos: Entendidos como las contradicciones vivenciadas por el sujeto en diferentes sistemas de relaciones en los que está inmerso y que van desde sus relaciones con grupos de pertenencia más inmediatos (pareja, familia, amigos) hasta sus sistemas de relaciones institucionales y sociales más generales. Los conflictos se caracterizan por su fuerte implicación emocional, son fuentes de carga tensional, pueden ser pasados o presentes, y por las características de ciertos inductores se favorece más la expresión de los conflictos actuales. Su alta significación se deriva de que pueden representar obstáculos a sus principales aspiraciones; generan una vivencia de malestar y de ausencia de bienestar psicológico en general y son puntos con alta potencialidad de cambios para la subjetividad individual. El conocimiento del conflicto como realidad subjetiva completa, desde el punto de vista dinámico, la comprensión de la subjetividad individual que se explora aquí básicamente en lo motivacional.
* Identidad: Entendida como conjunto de procesos que permiten asumir que el sujeto (individual o colectivo), en determinado momento y contexto, es y tiene conciencia de ser él mismo, y que esa conciencia de sí se expresa en su capacidad para diferenciarse de otros, identificarse con determinadas categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente y establecer su continuidad a través de transformaciones y cambios (De la Torre, 2001: 82).

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Recibido: 08 de Agosto de 2008
Aceptado:26 de Setiembre de 2008