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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.6 n.11 Buenos Aires jul./dic. 2008

 

Jóvenes, políticas de empleo y subjetividad: una mirada a los nuevos programas de inserción laboral para jóvenes cubanos a través del sentido del trabajo

Lisett María Gutiérrez Domínguez

Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello- Cuba

magdom@infomed.sld.cu
limaria80@gmail.com
Lisett María Gutiérrez Domínguez. Licenciada en Psicología y Máster en Psicología Educativa. Investigadora del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, Profesora Instructora Adjunta de la Facultad de Psicología, Universidad de La Habana. Miembro de la Sociedad Cubana de Psicología.

Abstract

Las dinámicas actuales del tránsito educación-empleo en la edad juvenil muestran un panorama internacional caracterizado por el aumento de aspiraciones por parte de los jóvenes y la reducción de las posibilidades objetivas de satisfacerlas. Teniendo en cuenta que las políticas de inserción laboral no siempre reconocen esa situación, en este estudio se propone el análisis de dichas políticas a través de la categoría sentido del trabajo, donde se visibiliza la relación que las mismas propician entre las aspiraciones laborales de los jóvenes a quienes están dirigidas y la manera en que éstos vivencian su situación laboral real.
Se analizó el sentido del trabajo para un grupo de jóvenes cubanos que trabajan vinculados a dos nuevos programas de inserción laboral: los trabajadores sociales y los instructores de arte. En ambos casos, se encontraron relaciones armónicas y contradictorias entre los elementos analizados que muestran aciertos y desaciertos de los programas y se propusieron algunas recomendaciones basadas en los resultados obtenidos.

Palabras clave: Política de empleo; Sentido del trabajo; Jóvenes; Subjetividad; Inserción laboral.

The current dynamics of youth's transition from education to employment reveal an international scenario characterized by the increase of youth aspirations and the decline of objective possibilities of fulfilling those aspirations. Considering that employment policies not always acknowledge this particular situation, the study analyzes those policies through the category of the meaning of work. This approach allows us to highlight how such policies foster the relationship between youth's work aspirations and the ways in which they experience their actual employment conditions. The research focuses on the meaning of work for young Cuban workers who participate in two new employment programs: social workers and art teachers. Both cases reveal harmonious and contradictory relations between the elements analyzed, thus illuminating the programs' successes and failures. Recommendations for improvement were based on the results of the research.

Keywords: Employment policy; Meaning of work; Youth; Subjectivity; Employment

De la inserción laboral al sentido del trabajo: introducción a la pertinencia de un vínculo

La inserción laboral es uno de los eventos biográficos más referidos en los estudios sobre juventud, desde cualquier disciplina que se aborde este período1. Aunque en los últimos años ya se reconoce una mayor diversidad de trayectorias vitales, el tránsito entre el estudio y el trabajo aún se considera, en una sociedad caracterizada por la institucionalización del ciclo de vida, un acontecimiento en gran medida típico en el paso de la juventud a la adultez. En este sentido, se asume que el trabajo potencia el desarrollo psicológico de los jóvenes2, pues significa independencia y libertad al decidir sobre sus propias vidas, los coloca en una u otra posición dentro de la sociedad, determina en gran medida sus estilos de vida y atraviesa los procesos de constitución de sus identidades, convirtiéndose en uno de los principales ejes organizadores de su existencia social.
Sin embargo, las dinámicas actuales de transición entre el estudio y el trabajo se han venido haciendo cada vez más complejas y hoy resultan preocupantes para muchos gobiernos, investigadores y organismos internacionales. En los últimos años, en muchos países se ha extendido el acceso a la educación -superior, incluso- a amplios sectores de la sociedad; lo cual, según comenta la antropóloga colombiana Ana María Arango, "no significó el equilibrado acceso a oportunidades proporcionadas por un sistema estable, que brindara garantías de inserción a lo productivo y de movilización social. Al contrario, se entró a cuestionar que un futuro -el del individuo-, pudiese estar asegurado por el solo hecho de haber pasado por la educación, como la vía tradicional hacia el trabajo y la independencia económica" (Arango, 2005: 51-52).
Profundizando en las implicaciones subjetivas que puede tener esa contradicción, Bourdieu señala que "se suele olvidar que la escuela no es sólo un lugar donde se aprenden cosas, ciencias, técnicas, etc., sino también una institución que otorga títulos, es decir, derechos, y que confiere aspiraciones. El antiguo sistema escolar producía menos desajustes que el actual, con sus trayectorias complicadas, que hacen que la gente tenga aspiraciones que no corresponden a sus posibilidades reales" (Bourdieu, 1990).
Según un informe ofrecido por la Organización Internacional del Trabajo en 2006 sobre el empleo juvenil, "los jóvenes de hoy son la generación más educada que haya existido. Tienen ideas claras sobre sus aspiraciones laborales y sociales y esperan contar con opciones para alcanzar su autonomía y ser ciudadanos activos. Además, quieren oportunidades de trabajo decente. Sin embargo, estas personas entre 15 y 24 años enfrentan una escasez de empleos plenos y productivos y altas dosis de incertidumbre económica" (OIT, 2006).
Las soluciones a este tipo de problemas se conciben fundamentalmente en el terreno de las políticas de empleo juvenil, enfocadas con frecuencia a la creación de nuevos puestos de trabajo donde se priorice a las personas jóvenes (Aro, 2001; OIT, 2004-b; Abdala, 2004). Sin embargo, las citas de los tres párrafos anteriores muestran una tensión que no siempre es reconocida en dichas políticas, la cual caracteriza los procesos de inserción laboral juvenil en la actualidad a nivel internacional: por una parte, un aumento en los niveles de escolaridad de las generaciones más jóvenes, que produce aspiraciones más elevadas en los sujetos; y por la otra, unas opciones reales de trabajo en las cuales no hay muchas posibilidades objetivas de satisfacer dichas aspiraciones.
Partiendo de esa consideración, en este trabajo se intenta destacar que, al implementar nuevas políticas de empleo juvenil con vistas a mejorar los procesos de inserción laboral, resultaría muy pertinente tener en cuenta la relación que se produce entre las aspiraciones laborales que tales políticas generan en los jóvenes a quienes están dirigidas y la situación laboral real que éstos llegan a experimentar a través de ellas. Así, las relaciones de armonía y equilibrio entre ambos aspectos nos hablarían de satisfacciones, logros y potencialidades de las políticas, mientras que las contradicciones y conflictos estarían mostrando aspectos negativos y contraproducentes que valdría la pena modificar.
Lo que se propone, en síntesis, es tomar la relación entre aspiraciones y posibilidades reales como un indicador cualitativo de la efectividad de las políticas de inserción laboral en las subjetividades juveniles. Para ello, se retoma el concepto de "sentido del trabajo", al cual se recurrió en investigaciones anteriores (Gutiérrez, 2006; 2007) para definir la relación subjetiva de las personas con su actividad laboral. Partiendo de esa noción, en este artículo se analiza la categoría en tanto espacio de relación entre las aspiraciones laborales de un sujeto y la forma en que vivencia su situación laboral real.

Los Nuevos Programas de Formación Profesional para jóvenes cubanos

En esta investigación se analizó una política de empleo puesta en práctica en Cuba a partir del año 2000. Se trata de la creación de Nuevos Programas de Formación Profesional (NPFP), en los cuales se califica más o menos masivamente a jóvenes para que trabajen en la solución de algunas necesidades de la sociedad cubana (Luis, 2007: 120-122; Gómez, 2007: 188-192). Entre los NPFP que mayor impacto han tenido se encuentran los Programas de Formación de Trabajadores Sociales (TS) e Instructores de Arte (IA)3.
El Programa de Formación Emergente de Trabajadores Sociales comenzó con la apertura de una escuela en Cojímar, ciudad de La Habana, cuyo primer plan de estudio fue concebido para aproximadamente un semestre. Luego se amplió a otras provincias y el período de formación se extendió a un curso escolar completo.
Dirigidos por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y ganando un salario de 445 pesos cubanos4 , desde que aceptan entrar al programa los futuros TS firman un compromiso de trabajar por 10 años en lo que la Revolución los necesite. Esto último, hasta ahora, ha incluido atender a niños con problemas nutricionales, a jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo para ofrecerles opciones de empleo, a personas de la tercera edad, discapacitados, ex reclusos y otros sectores vulnerables de la sociedad. Su función básica con estas personas consiste en actuar como intermediarios, facilitando las relaciones interpersonales e interinstitucionales en la localidad (Hernández, 2006; Valencia, 2003); pero también han tenido que incorporarse a las tareas de la lucha contra la corrupción, controlando la venta ilícita de combustible en las gasolineras, y de la revolución energética, cambiando en las casas equipos electrodomésticos por otros de bajo consumo de electricidad.
Por su parte, el Programa de Formación de Instructores de Arte tuvo como propósito inicial formar en diez años alrededor de 30.000 instructores, los cuales recibirían el título de Bachiller en Humanidades e Instructor de Arte en Música, Artes Plásticas, Teatro o Danza (Castro, 2004). No se comenzó por una sola escuela sino por quince -una por provincia-, ni el período de adiestramiento se concibió para un curso escolar, sino para cuatro. La entrada fue selectiva y el programa no se consideró un plan emergente.
Los primeros graduados hicieron un compromiso de trabajar durante no menos de cinco años como IA, el cual se extendió a ocho años a partir de la segunda graduación. Perciben un salario de 330 pesos mensuales y son atendidos y dirigidos por la Unión de Jóvenes Comunistas, aunque también responden al Ministerio de Cultura y al Ministerio de Educación. Imparten hasta 20 horas/clases de apreciación artística a la semana y, además, deben brindar atención a grupos y unidades artísticas de aficionados, promocionar la cultura artística en la escuela y mejorar su entorno sonoro y visual (Castro, 2004; 2005; Circular MINED-MINCULT, 2004).
La implementación de estos programas en el año 2000 formó parte de una estrategia de inclusión social encaminada a mejorar las dinámicas de inserción laboral de la juventud, que en ese momento habían quedado doblemente afectadas: primero, por una política de reducción de carreras universitarias puesta en práctica a finales de los ochenta (Domínguez, 1996: 3-4), que había convertido el acceso a la educación superior en un proceso altamente selectivo para el cual había que prepararse durante casi toda la vida, lo cual provocó que estudiar en la universidad se convirtiese para los jóvenes en un privilegio al que sólo unos pocos lograban acceder. Segundo, por la crisis económica de los noventa, que trajo consigo un aumento de la subocupación, de la desvinculación laboral y del número de grupos ligados al sector informal y a la economía sumergida (Domínguez, 1998: 30-31). Estos fenómenos respondían, en gran medida, a la devaluación que había sufrido el peso cubano con respecto al dólar en los años noventa5, con lo cual se hizo tan bajo el poder adquisitivo del trabajador estatal asalariado que tener un empleo dejó de constituir para los jóvenes un mecanismo de movilidad social ascendente y una vía para obtener la independencia y las responsabilidades "propias" de la edad adulta.
Los NPFP fueron concebidos, entonces, para brindar nuevas oportunidades de incorporación social a esos jóvenes que habían quedado excluidos de los canales tradicionales de calificación e inserción laboral en Cuba. No les ofrecieron salarios significativamente más altos que los de otros puestos, pero les dieron algunas opciones de carreras universitarias que podrían estudiar en horario nocturno, paralelamente al desempeño de su trabajo.
Cabe entonces preguntar cómo se está dando hoy, en los jóvenes trabajadores de estos programas, ese espacio de relación entre aspiraciones laborales y vivencia de la situación laboral real, al que más arriba se ha denominado sentido del trabajo. ¿Cuáles serán sus expectativas cuando se gradúen de una carrera universitaria: continuar trabajando en su ocupación actual o acceder a un nuevo empleo como profesionales de la carrera que estudien? ¿Conducirán estos programas inevitablemente al subempleo y/o a un nuevo crecimiento de aspiraciones laborales sin posibilidades de satisfacción en los jóvenes? ¿Qué pasos podrían darse para evitar estas contradicciones y lograr un equilibrio en las políticas trazadas?

Coordenadas metodológicas

Para intentar responder los interrogantes anteriores, se diseñó una investigación cuyo objetivo principal fuese analizar el sentido del trabajo para un grupo de jóvenes trabajadores sociales e instructores de arte, determinando qué relaciones armónicas y/o contradictorias se producen entre las aspiraciones laborales de estos jóvenes y la vivencia de su situación laboral actual.
Como existía el imperativo de reconstruir retrospectivamente dichas relaciones en el marco de las dinámicas de tránsito educación-empleo, se hizo una distinción entre las aspiraciones laborales iniciales, surgidas en el período de formación, y las aspiraciones laborales actuales de los jóvenes ya trabajadores. De esta forma, quedaron definidas tres dimensiones para el análisis del sentido del trabajo: 1) aspiraciones laborales iniciales, 2) vivencia de la situación laboral actual y 3) aspiraciones laborales actuales. Como ejes de análisis de las aspiraciones laborales iniciales se incluyeron los motivos referidos por los jóvenes para entrar al programa y las competencias adquiridas durante ese período, percibidas por ellos. Para analizar la vivencia de la situación laboral actual, los ejes tomados en cuenta fueron la percepción de los jóvenes acerca de su contenido de trabajo, los elementos que les producen satisfacción e insatisfacción laboral y las razones por las cuales trabajan. Las aspiraciones laborales actuales fueron analizadas a través de las características de su trabajo ideal, los motivos para estudiar la carrera universitaria elegida y su proyección futura en relación con el trabajo.
Es importante señalar que con esta operacionalización no se pretende agotar los conceptos de "aspiraciones" y "vivencia". Las definiciones de ambos términos pueden ser mucho más amplias y controvertidas, por lo que la operacionalización presentada aquí es tan sólo una de las tantas posibles y tiene un propósito más bien heurístico, adecuado al problema específico que se quería estudiar.
Se utilizó una metodología cualitativa, con una muestra intencional de 16 jóvenes trabajadores (8 de cada programa) de ambos sexos, con edades entre 17 y 23 años, residentes en los municipios de Habana Vieja y Güines, a los cuales se les realizó una entrevista estructurada sobre su historia laboral, en la que se abordaron todos los ejes de análisis antes mencionados6. Se llevó a cabo un análisis de contenido, caracterizando las tres dimensiones del sentido del trabajo para los jóvenes vinculados a cada programa y visibilizando las relaciones armónicas y/o conflictivas que se ponían de manifiesto entre ellas. Los resultados de este estudio no pretenden ser representativos de lo que sucede en toda Cuba con los NPFP, sino detectar algunos puntos para pensar y discutir en torno a su efectividad como políticas de empleo de acuerdo con los indicadores referidos, que a su vez ofrezcan pistas para diseñar futuras investigaciones más abarcadoras.

Resultados

1. Aspiraciones laborales iniciales

1.1. Motivos para entrar al programa

En el grupo de trabajadores sociales entrevistados se encontró una marcada diferencia entre los que recién comenzaban a trabajar en el programa y los que ya llevaban varios años trabajando. Los primeros manifiestan que el motivo fundamental que los impulsó a hacerse TS fue la posibilidad de estudiar una carrera universitaria:

"En la escuela donde yo estaba pasando el pre, fueron y dieron una conferencia acerca de lo que era el programa de trabajadores sociales. Entré porque daban la opción de estudiar en la universidad sin hacer pruebas de ingreso" (sexo masculino, 20 años, de Habana Vieja, 2 años de experiencia laboral).

Mientras que los segundos señalan haberse insertado porque cuando les explicaron en qué consistía el programa, les gustó el trabajo que se hacía:

"Cuando estaba en el pre, en 12° grado, fueron a la escuela a hacer la captaciones, creo que los que fueron eran los dirigentes de la Juventud, y yo me apunté. Me apunté porque explicaron qué era lo que se hacía, cómo era el trabajo este y me gustó" (sexo masculino, 18 años, de Güines, 1 año de experiencia laboral).

En el caso de los instructores de arte, los motivos más repetidos estuvieron relacionados con el deseo de satisfacer una vocación artística y con haber aprobado las pruebas de aptitud que eran requisito para entrar al programa:

"Conocí el programa cuando terminé 9° grado, que empezaron las captaciones. Hice las pruebas, aprobé y entré. Me gustaba cantar y en la escuela había una especialidad para formarnos en dirección coral, y como ya yo cantaba, me gustaba eso" (sexo femenino, 20 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

1.2. Competencias adquiridas percibidas

En este aspecto, nuevamente hay diferencias entre los trabajadores sociales más jóvenes y los primeros egresados del programa de formación. Éstos plantean que aprendieron básicamente elementos teóricos de las distintas ciencias sociales, pero casi no adquirieron las habilidades necesarias para realizar su labor:

"Aprendí un poco de cada una de las carreras que ofertaron: Psicología, Derecho. Sin embargo, lo que necesitaba aprender a hacer, como llenar planillas, hacer encuestas, entrevistas, la forma de proyectarme, cómo hacer trámites de ayuda económica, no sé, nociones prácticas de nuestro quehacer, esas cosas no me las enseñaron nunca" (sexo femenino, 23 años, de Habana Vieja, 5 años de experiencia laboral).

Sin embargo, los recién graduados refieren haber recibido una capacitación enfocada, en gran medida, a la formación de este tipo de habilidades:

"Aprendí a tratar con las personas, a comportarme en la calle, también algo de Computación y las asignaturas básicas de Psicología, Trabajo Social, y esas cosas" (sexo femenino, 18 años, de Güines, 2 meses de experiencia laboral

Por parte de los IA, todos describen una capacitación centrada en el desarrollo de conocimientos y destrezas específicos de la especialidad artística elegida y, en menor grado, en cuestiones pedagógicas:

"...lo que nos dieron fue todo lo que yo sé de teatro: actuación, dirección, escenografía, vestuario, dirección escénica, pero no nos prepararon para la docencia, no nos dieron nada de Pedagogía. Salimos de ahí sin saber dar una clase" (sexo femenino, 21 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

"Aprendí cómo dar talleres, tocar instrumentos, montaje de coros, metodología sobre cómo tratar con niños" (sexo femenino, 19 años, de Habana Vieja, 1 mes de experiencia laboral).

Integrando los dos ejes de análisis, podría decirse que las aspiraciones laborales iniciales de los trabajadores sociales han tenido algún cambio de los primeros a los últimos cursos. Para los que se insertaron en el programa a principios de su creación, el trabajo a realizar constituía más un medio para llegar a la universidad que un fin en sí mismo. Las competencias formadas durante el período de capacitación tenían un enfoque más académico que práctico, lo cual de alguna manera reforzaba que las expectativas de estos jóvenes estuvieran más centradas en los estudios superiores que en la propia actividad laboral que les tocaría desempeñar. No se evidencia, por tanto, que hayan elegido este trabajo aspirando a obtener algún tipo de realización personal a través de él, pero sí a través de la nueva profesión que estudiarían.
En cambio, los que entraron más recientemente ya se motivan desde el gusto por la propia tarea, la cual les resulta mucho más familiar que a los primeros, porque en el período de formación los preparan más directamente para el trabajo que van a hacer. Sin embargo, la referencia a ese gusto es muy genérica y superficial, por lo que no hay elementos para considerar que ya existan aspiraciones laborales muy elaboradas en el acto de elegir ese empleo, más allá de hacer algo que les guste.
Las aspiraciones iniciales de los instructores sí se muestran bastante más claras, pues están centradas mayoritariamente en el deseo de desarrollar una vocación artística. El hecho de pasarse cuatro años estudiando contenidos relacionados con esa vocación contribuyó a fortalecer dichas aspiraciones.

2. Vivencia de la situación laboral actual

2.1. Percepción del contenido de trabajo

En torno a este aspecto sí hay un consenso entre todos los trabajadores sociales, independientemente del momento en que se hayan graduado y del tiempo que lleven trabajando: su contenido de trabajo es, según ellos, ambiguo y sumamente inestable:

"...hacer lo que me pidan en el momento. Un día me pueden decir que voy a atender a los discapacitados y retrasados mentales y al otro día pueden decirme que no, que ya eso no es lo que hay que hacer, que ahora voy a ofrecerle trabajo a los desvinculados" (sexo masculino, 20 años, de Habana Vieja, 2 años de experiencia laboral).

"...hacer cualquier cosa que manden: atender casos sociales, repartir equipos, lo que me manden a hacer" (sexo femenino, 17 años, de Güines, 2 meses de experiencia laboral).

Los instructores de arte hacen referencia a un contenido de trabajo mucho más estructurado, donde destacan como actividad fundamental la docencia de talleres de apreciación y creación artística en las escuelas, señalando además que deben estar a cargo de un grupo de aficionados- en horario extra- y ocuparse de la estética de la institución:

"Tengo que dar talleres con los grupos de la escuela. Talleres de apreciación y creación y talleres interdisciplinarios, según un programa de clases que nos dan. Tengo que hacer también un grupo de teatro para presentar en un festival, pero eso es en horario extracurricular, después de las 5:00 pm" (sexo femenino, 21 años, de Habana Vieja, 2 años de experiencia laboral).

"...dar talleres de apreciación-creación de música en los grados superiores, y en primero y segundo dar talleres interdisciplinarios. También hay que velar por la estética del Centro y atender a un grupo de aficionados" (sexo femenino, 21 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral)

2.2. Elementos de satisfacción e insatisfacción laboral

Para los trabajadores sociales, lo que les resulta más satisfactorio de su trabajo es la utilidad social que ellos reconocen en la labor que realizan, aspecto mencionado sobre todo por los de menor experiencia laboral. Los que son un poco mayores, en cambio, encuentran su principal satisfacción en la posibilidad de estar en la universidad:

"Hacer el bien a la sociedad, trabajar en colectivo, ayudar a las personas..., la responsabilidad, la confianza que nos tienen" (sexo masculino, 18 años, de Güines, 1 año de experiencia laboral).

"La posibilidad de estudiar una carrera universitaria" (sexo masculino, 21 años, de Habana Vieja, 3 años de experiencia laboral).

En cuanto a las insatisfacciones, la mayoría tienen que ver con cuestiones organizativas y de dirección:

"Desorden, mala educación, mala información" (sexo masculino, 20 años, de Habana Vieja, 2 años de experiencia laboral).

"La desorganización, la abundancia de jefes, las disímiles orientaciones" (sexo femenino, 23 años, de Habana Vieja, 5 años de experiencia laboral).

A los instructores de arte lo que más los satisface en su desempeño profesional es el propio trabajo artístico, además del trabajo con niños, la posibilidad de transmitir conocimientos y las relaciones interpersonales que establecen en el centro de trabajo:

"El montaje de canciones, encontrar niños con aptitudes, dar los talleres..." (sexo femenino, 19 años, de Habana Vieja, 1 mes de experiencia laboral).

"Me encanta trabajar con niños, todos los trabajadores nos llevamos bien, hacemos muchas actividades con los niños, si tienes algún problema puedes contar con cualquier trabajador, nos divertimos mucho todos

Lo que les produce mayor insatisfacción son las elevadas exigencias de trabajo a que están sometidos:

"Que tengo muchos turnos de clase en la semana y me agoto muchísimo" (sexo femenino, 20 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

"Que nos manden tres instituciones que a veces no comprenden que somos humanos y no pueden exigir cada una por su lado, las irregularidades que existen con nuestra preparación, que a veces nos piden mucho tiempo de trabajo y nos queda poco para el estudio, las divergencias con los trabajadores de cultura o educación..." (sexo femenino, 20 años, de Habana Vieja, 2 años de experiencia laboral).

2.3. Razones por las cuales trabajan

Aunque algunos hacen referencia, nuevamente en esta pregunta, al tema de la carrera universitaria, las razones para trabajar reconocidas con mayor frecuencia por los trabajadores sociales son el gusto por el trabajo y la posibilidad de obtener independencia económica:

"Porque me gusta mi trabajo, para no depender de nadie y para no ser un joven desvinculado más" (sexo femenino, 18 años, de Güines, 2 meses de experiencia laboral).

Por parte de los instructores, las razones para trabajar se concentran también en el gusto por la labor que realizan, la remuneración y la utilidad social:

"Trabajo porque me gusta lo que logro, me siento útil a la sociedad, por satisfacción propia de lograr ser alguien en la vida, para cumplir con la misión que me encomendó la Revolución y porque el trabajo es la vía correcta de obtener tu sustento" (sexo femenino, 20 años, de Habana Vieja, 2 años de experiencia laboral).

De acuerdo con lo analizado, la vivencia de la situación laboral actual para los TS se caracteriza por la percepción de un contenido de trabajo inestable y poco estructurado, que no les permite tener una claridad de su perfil profesional. Esto constituye un fuerte elemento de insatisfacción laboral para estos jóvenes, el cual es, en alguna medida, compensado por otros aspectos que les resultan satisfactorios: en el caso de los que tienen más años de trabajo, por la posibilidad que les brinda su empleo de estudiar una carrera, y para los que apenas se inician, por la sensación de sentirse insertados laboralmente en un trabajo útil a la sociedad. Para estos últimos, el gusto por el trabajo y la posibilidad de obtener independencia económica son las razones por las cuales trabajan, mientras los primeros lo hacen, sobre todo, por el acceso a la universidad.
La vivencia que tienen los IA, en cambio, está matizada por la percepción de un contenido de trabajo bien estructurado y con elevadas exigencias por parte de varias instituciones; por las satisfacciones que les produce el trabajo artístico, la enseñanza a los niños y las relaciones interpersonales con otros trabajadores; por la insatisfacción que les causa la sobrecarga de trabajo y la escasez de tiempo libre, y por el reconocimiento de la utilidad social, la remuneración y el gusto por la tarea como sus principales razones para trabajar.

3. Aspiraciones laborales actuales

3.1. Características de su trabajo ideal

Algunos trabajadores sociales se imaginan un trabajo ideal similar al que realizan, pero la mayoría desearía que su empleo tuviese mayor organización y mejores mecanismos de dirección que los que existen en estos momentos. Otros también incluyen, entre las características ideales, mejores condiciones de trabajo que las actuales:

Un trabajo donde uno se pueda organizar, saber lo que vas a hacer, que te puedas planificar, que haya una estabilidad; no que te digan el lunes que hay que llenar las planillas de la circunscripción y el martes te digan que no, que ya hay que hacer otra cosa" (sexo femenino, 23 años, de Habana Vieja, 5 años de experiencia laboral).

"Este trabajo a mí me gusta pero, por ejemplo, me gustaría tener un local, que no nos reuniéramos aquí, porque aquí en el Gobierno hay mucha gente, mucho ruido, mucho desorden. Todos los problemas de todo tipo se vienen a resolver aquí" (sexo femenino, 18 años, de Güines, 2 meses de experiencia laboral).

La mayoría de los instructores de arte encuentran en su trabajo real un referente muy parecido al ideal, aunque algunos incluyen en ese ideal un mayor desarrollo de su vocación artística, menos exigencias de trabajo y mejores condiciones:

"Un trabajo donde yo me sienta cómodo, donde pueda aprender más, tener más remuneración, que lo respeten a uno como artista. Poder viajar, estar en un grupo, hacer la música que me guste y que le guste al público" (sexo masculino, 21 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

"A mí me gusta mi trabajo, pero no es fácil tener a tres organismos distintos que exigen cada uno por su lado y no se ponen de acuerdo. Eso es lo único que me molesta, porque no concuerda con lo que se supone que sea el trabajo de nosotros, que todo el mundo esté de acuerdo" (sexo femenino, 20 años, de Habana Vieja, 2 años de experiencia laboral).

3.2. Motivos para estudiar la carrera universitaria elegida

La carrera universitaria más frecuente entre los trabajadores sociales de la muestra fue Comunicación Social. Los motivos referidos por ellos para elegirla fueron el gusto personal, en mayor medida, y la amplitud del perfil. Otras de las profesiones que están estudiando son Psicología y Derecho, sobre las cuales expresan motivaciones similares. En algunos de estos testimonios se evidencia nuevamente la relación medio-fin entre el trabajo actual y la carrera:

"Comunicación Social, porque me gustó, según lo que me explicaron" (sexo femenino, 18 años, de Güines, 2 meses de experiencia laboral).

"Psicología, porque me gusta. Siempre, desde chiquito, me gustó estudiar Medicina o Psicología, por eso me hice trabajador social, para poder estudiar Psicología..." (sexo masculino, 21 años, de Habana Vieja, 3 años de experiencia laboral).

Entre los instructores, las carreras más estudiadas son Licenciatura en Instrucción Artística (LIA) -una especialidad de reciente creación, pensada precisamente para darle continuidad a la formación de estos jóvenes- y Psicología. Con menor frecuencia aparecen Comunicación Social y Estudios Socioculturales. Los motivos para elegir la LIA fueron la posibilidad de superarse y el deseo de darle continuidad a su formación como instructores, mientras que quienes seleccionaron las restantes carreras buscaban estudiar algo relacionado con el arte:

"Licenciatura en Instructor de Arte, porque seguimos profundizando en eso que era lo que me gustaba a mí. Después de estudiar tanta música, ¿para qué voy a ponerme a estudiar Psicología o Comunicación Social?" (sexo femenino, 20 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

"Psicología, porque de alguna manera la relaciono con la Plástica. Por eso me llamó la atención" (sexo masculino, 20 años, de Habana Vieja, 1 año de experiencia laboral).

En los comentarios de los entrevistados se expresa cierta insatisfacción relacionada con la baja calidad curricular de la nueva carrera y con la falta de opciones de estudiar otras carreras más adecuadas a sus intereses:

"El primer año no quise estudiar ninguna carrera, porque yo lo que quiero es dedicarme a la música, pero empezaron con la muela política, que si hazte licenciado, que tienes que hacerte licenciado... El Director Municipal de Cultura insistió, hasta que me matriculé. Total, sí, es licenciatura, pero es una carrera improvisada, un programa que sacaron de un día para otro"(sexo masculino, 21 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

"Psicología. No sé, porque tenía que pedir alguna carrera y escogí esa; como no me dan las opciones que a mí me interesan, pues voy a probar con la Psicología, a ver qué tal" (sexo femenino, 19 años, de Habana Vieja, 1 mes de experiencia laboral).

3.3. Proyección futura en relación con el trabajo

Los planes para los próximos años de los trabajadores sociales en la esfera laboral otra vez muestran una diferencia entre los mayores y los más jóvenes. Estos últimos mencionan proyectos relacionados con el desempeño de su trabajo actual, mientras los primeros se plantean, sobre todo, graduarse en la carrera que están estudiando y comenzar a ejercerla:

"Instruirme más acerca de él, obtener más experiencia, superarme y hacerlo lo mejor posible, para que las personas se sientan satisfechas" (sexo femenino, 17 años, de Güines, 2 meses de experiencia laboral).

"Espero ser Licenciada en Derecho dentro de muy poco y sentirme realizada como profesional de la rama" (sexo femenino, 23 años, de Habana Vieja, 5 años de experiencia laboral).

Los instructores basan sus proyectos en la continuidad del propio trabajo que realizan o en la posibilidad de dedicarse por completo a la creación artística:

"Seguir trabajando en la escuela José Martí , pues me encanta trabajar con niños y estoy muy satisfecha" (sexo femenino, 20 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

"Terminar el nivel medio y hacerme un profesional en la música, vivir solo y tener mayor entrada económica" (sexo masculino, 21 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

Los testimonios analizados muestran que los TS aspiran en estos momentos a un trabajo donde funcione un mejor sistema de organización y dirección y donde existan mejores condiciones de trabajo. La principal aspiración de los primeros que entraron al programa es graduarse de la carrera que están estudiando y comenzar a ejercerla, mientras que los novatos -que aún deben permanecer cerca de diez años en ese empleo- tienen proyectos más relacionados con alcanzar un mejor desempeño en su trabajo actual.
Entre las aspiraciones de los IA aparece un ideal de trabajo, para algunos, muy parecido al actual -poniendo el arte en función de la pedagogía-, pero con menos exigencias y mejores condiciones; y, para otros, con la posibilidad de dedicarse a tiempo completo a la creación artística. En este sentido, los primeros cursan la carrera de Instructores de Arte, buscando una continuidad y un espacio de superación, y los segundos optaron por alguna que pudiesen relacionar con lo artístico, como Psicología o Estudios Socioculturales. En general, no depositan grandes aspiraciones en estas carreras, porque no encuentran la calidad esperada en la Licenciatura en Instrucción Artística, ni las restantes les llegan a cubrir sus intereses en relación con el arte.

El sentido del trabajo: armonías y contradicciones

Después de exponer cómo se manifiestan las diferentes dimensiones del sentido del trabajo para los jóvenes en cada uno de los programas, es posible ofrecer una visión sistémica donde se analice la eficacia de ambos como política de inserción laboral, de acuerdo con las relaciones armónicas y contradictorias que se generan entre los distintos elementos analizados. El Programa de Formación de Trabajadores Sociales se presenta claramente como una política de empleo basada en ofrecer un incentivo -la carrera universitaria- para obtener la incorporación de una gran cantidad de jóvenes, en poco tiempo, a una actividad laboral. Y los jóvenes que se vinculan a esa política, en sus inicios, son aquellos que están dispuestos a trabajar diez años en alguna ocupación, con tal de entrar a la universidad:

"Un cuadro de la UJC fue a la casa a convocarme. Yo me había quedado sin carrera cuando terminé el pre, y con esta opción tenía posibilidades de entrar a la universidad. Me hablaron del compromiso por diez años, del salario que iba a ganar y de ese tipo de cosas, y acepté" (sexo femenino, 23 años, de Habana Vieja, 5 años de experiencia laboral).

Se trata de una negociación que, desde un inicio, se plantea en forma de contraposición entre los intereses sociales de la política y los intereses individuales de cada joven, expresados en las aspiraciones que traen al entrar al programa. Al tener un período de formación tan corto y centrado básicamente en conocimientos teóricos, no se sientan las bases en esta etapa para una posterior identificación como sujetos laborales, lo cual tampoco se consigue en el trabajo mismo, donde al cambiarlos constantemente de actividad no se les permite clarificar un perfil profesional, ni se les da tiempo a adquirir las destrezas necesarias en la realización de una tarea, con vistas a mejorar su desempeño. El sentido del trabajo para estos jóvenes, por lo tanto, gira todo el tiempo alrededor de la idea de ejercer la profesión futura, para lo cual necesitan terminar el compromiso de permanencia en el trabajo actual, que de esta forma se convierte, a la vez, en medio y obstáculo para alcanzar sus verdaderas aspiraciones:

"Continuar con el trabajo que estoy realizando ahora, si no, puedo perder mi título. Pero cuando termine, me gustaría trabajar en algo relacionado con la Parapsicología" (sexo masculino, 21 años, de Habana Vieja, 3 años de experiencia laboral).

En el caso de los más jóvenes, manifiestan entrar al programa no con una aspiración tan fuerte como los primeros de estudiar una carrera, sino más bien de trabajar en algo que les guste y les haga sentirse útiles:

"Tengo unos vecinos que se hicieron trabajadores sociales y me contaron cómo era, y yo entré porque quise ayudar a las personas, a los casos sociales, etc." (sexo masculino, 18 años, de Güines, 2 meses de experiencia laboral).

Recién insertados en la actividad laboral, sus aspiraciones actuales están centradas en conocer mejor su trabajo y optimizar su desempeño, sin embargo, estas aspiraciones ya empiezan a verse amenazadas por problemas de organización y dirección, similares a los señalados por los TS de mayor experiencia:

"A mí me gusta este trabajo, así mismo, pero quisiera que fuera con más rectitud, porque nosotros vamos a las casas, les hacemos preguntas a la gente, y no damos seguridad de si les vamos a resolver los problemas o no, ni cuándo vamos a entregar los equipos, ni nada. A mí me gustaría dar seguridad, poder decirles el día, porque las personas se quedan insatisfechas. Quisiera que pudiéramos trabajar con más eficiencia, para que ellos nos tengan más confianza" (sexo masculino, 18 años, de Güines, 1 año de experiencia laboral).

A modo de síntesis, es posible afirmar que lo más significativo que se evidencia en este programa, en términos de relaciones armónicas, es el mantenimiento de una coherencia entre aspiraciones iniciales, vivencia de la situación laboral actual y aspiraciones actuales de los primeros TS en torno a la relación medio-fin entre el trabajo y los estudios superiores, lo cual demuestra la efectividad de la estrategia de ofrecer una carrera universitaria para motivarlos a permanecer en el empleo. La fuerza de este elemento motivador, no obstante, no se aprovecha para lograr una correspondencia entre los intereses personales de los jóvenes y los intereses sociales del programa, de manera tal que la política no logra revertir la falta de motivación de los TS por su trabajo actual. Más bien la acentúa, mediante contradicciones entre el contenido de las carreras que les ofrecen y el contenido del trabajo que realizan; entre el corto tiempo de formación y el largo tiempo de permanencia obligatoria en el empleo; entre la indeterminación del contenido real de trabajo y la especificidad de la vocación por contribuir al bienestar de las personas que muchos de ellos traen cuando entran al programa; y, en los primeros cursos, también entre el enfoque teórico de la capacitación y el carácter práctico de la actividad laboral, relación esta que ya ha cambiado favorablemente en las últimas ediciones.
La política de formación de los IA revela una dinámica diferente, pero con algunas lógicas parecidas. También se basa de forma implícita en una negociación con los jóvenes: se les ofrece una formación artística a cambio de que ellos realicen un trabajo pedagógico. El hecho de tener un largo período de capacitación en materias relacionadas con el arte refuerza su aspiración a desarrollarse como creadores a partir del conocimiento adquirido, para después enfrentarse a un empleo con un contenido muy bien estructurado, con muchas exigencias, que guarda relación con el arte, pero desde la pedagogía y no desde la creación. Esto supone una realización para algunos, que encuentran una correspondencia entre sus aspiraciones de trabajar en algo artístico y la vivencia de una situación laboral donde, de hecho, lo consiguen. Pero para otros es una frustración, sobre todo si no les quedó claro desde el inicio cuál sería su labor:

"En 9° grado fueron a hacer las captaciones y yo entré porque tenía que ver con el arte. Nos hicieron tener la ilusión de que íbamos a ser más artistas que instructores, pero en la realidad fue lo contrario" (sexo masculino, 20 años, de Güines, 1 año de experiencia laboral).

En función de estas vivencias de realización o frustración parcial, se plantean sus aspiraciones actuales. Para algunos se completa la correspondencia cuando aspiran a superarse a través de la LIA para mejorar su desempeño y continuar en ese mismo trabajo, pero aparece entonces una contradicción cuando encuentran que la carrera no se ajusta a su objetivo de superación:

"Licenciatura en Instructor de Arte. Yo primero estaba estudiando Psicología, porque cuando llegaron las carreras por primera vez no explicaron bien el contenido, y después yo vi que Psicología no era lo que me habían dicho, no tenía nada que ver conmigo; porque si yo estoy trabajando en una cosa y estudio otra, después voy a tener que escoger una de las dos, y a mí me gusta lo que yo hago, entonces siempre va a ser mejor, si tengo la posibilidad, ser licenciado de lo mío, que quedarme como técnico medio. Aunque eso de mejor es muy relativo, porque aquí la preparación es malísima" (sexo femenino, 21 años, de Güines, 3 años de experiencia laboral).

Para los otros, se refuerza la contradicción cuando reconocen que sus aspiraciones continúan estando más relacionadas con la creación que con la instrucción, y que ni siquiera tienen posibilidades de estudiar carreras que los acerquen al arte de manera más directa:

"Yo al principio tenía la idea de que íbamos a ser artistas, que podríamos estudiar una carrera en el ISA7 o en la ENA8, no que íbamos a pasar un servicio social ocho años en un aula y estudiar después algo que no tenga que ver con la profesión que escogimos; porque no te dan la opción de estudiar Musicología, por ejemplo, ni Historia del Arte, que es más afín. Es verdad que hay quien no tiene aptitud para eso, pero hay quien sí la tiene, y perfectamente pueden hacer pruebas de aptitud y seleccionar a los que estén capacitados" (sexo femenino, 19 años, de Habana Vieja, 1 mes de experiencia laboral).

Las relaciones armónicas entre los elementos que componen el sentido del trabajo para los jóvenes instructores de arte, en resumen, tienen que ver sobre todo con la correspondencia entre la formación de conocimientos artísticos en el período de capacitación y la necesidad de esos conocimientos en el trabajo actual como instructores; y entre las aspiraciones de trabajar en algo relacionado con el arte y el protagonismo que, de hecho, tiene lo artístico en su contenido de trabajo. Las principales contradicciones se manifiestan entre la poca claridad que percibieron algunos de ellos en la convocatoria y la elevada estructuración que encuentran en la tarea; entre el peso de lo artístico en su formación curricular y el peso de lo pedagógico en su práctica laboral; y entre sus aspiraciones de superación y las opciones de estudios superiores que se les oferta.

De regreso a las políticas

A partir de estos análisis, es posible proponer algunas intervenciones que, sin implicar la movilidad de grandes recursos ni la modificación de aspectos medulares en la concepción de esas políticas, contribuirían a superar -o al menos a atenuar- las disonancias que hacen sentir atrapados en trayectorias laborales tortuosas y frustrantes a algunos de estos jóvenes: en el caso de los TS, la de invertir diez años de la vida en hacer algo que no guarda relación con la actividad laboral a la que realmente aspiran a dedicarse; y en el de los IA, de sentir que han encontrado una vocación y comenzar a cultivarla, para después no poder ejercerla según sus verdaderas aspiraciones o, en el mejor de los casos, realizar un trabajo que les resulta satisfactorio y tener que estudiar otra cosa diferente o algo que no les aporte nada nuevo.
Entre los cambios puntuales que podrían introducirse está el de habilitar para los TS la opción de estudiar una licenciatura en esa especialidad, donde pudiesen canalizar la vocación de ayudar a las personas y ser útiles a la sociedad que muchos de ellos traen cuando entran al programa. Una decisión como ésta implicaría organizar cuidadosamente el perfil del egresado, lo cual los ayudaría también a mejorar su identidad como sujetos laborales.
También resultaría favorable estabilizar, en alguna medida, su contenido de trabajo, de modo que puedan familiarizarse con una actividad específica y adquirir las destrezas necesarias para realizarla correctamente, así como extender, si la demanda de masividad disminuye, el período de formación, con vistas a que se sientan más comprometidos e implicados con su trabajo cuando comiencen a ejercerlo.
En cuanto a los instructores, las sugerencias principales estarían enfocadas hacia la búsqueda de un mayor consenso entre los tres organismos que los dirigen, respecto a cuáles son las funciones de estos nuevos educadores, para disminuir el nivel de exigencia que perciben. En lo tocante a la superación, se propone valorar las posibilidades de elevar la calidad curricular de la Licenciatura en Instrucción Artística y crear las condiciones para ofertarles otras carreras más afines a sus intereses, como Historia del Arte, Musicología, Teatrología, etc.
Los resultados obtenidos en este estudio sobre el sentido del trabajo para jóvenes trabajadores sociales e instructores de arte muestran que en ambos programas se hace necesario alcanzar una mayor coherencia entre el tipo de formación que reciben los jóvenes, el contenido de trabajo al que después se enfrentan y las opciones de estudios superiores que se ponen a su alcance, así como una mayor transparencia en la comunicación de todos estos aspectos a quienes aspiren a entrar a los programas, de manera tal que para ellos sea posible tomar una decisión laboral acorde con sus aspiraciones y formarse aspiraciones en correspondencia con su decisión.

Conclusiones

La aproximación al sentido del trabajo en esta investigación ha permitido caracterizar, desde la dimensión subjetiva, algunas dinámicas de dos nuevos programas de formación profesional para jóvenes cubanos, que evidencian aciertos y desaciertos de los mismos como políticas de inserción laboral.
Se ha hecho evidente a través de este estudio la necesidad de concebir estos programas como estrategias más coherentes y sostenibles, donde la capacitación de los jóvenes en carreras universitarias que supuestamente los preparan para un desempeño profesional futuro y los motivan a permanecer en el trabajo actual, no esté tan divorciada de este último.
Las propuestas específicas para cada programa son presentadas apenas como sugerencias preliminares, derivadas de unos resultados que, como se señalaba más arriba, son un intento de analizar las políticas de empleo desde lo cualitativo, a través del sentido del trabajo, en una pequeña muestra de jóvenes trabajadores. No es posible determinar el grado de generalización de dichos resultados hacia todos los jóvenes vinculados a estos programas en el país, ni hacer recomendaciones definitivas al respecto basadas en sólo 16 entrevistas. A la hora de implementar cualquier propuesta es importante también distinguir las especificidades regionales y generacionales de algunos procesos, que tienen lugar en grupos particulares y no requieren intervenciones en las políticas a nivel nacional.
Aunque el estudio se centró en dos programas cubanos, el esquema de análisis presentado puede aplicarse a otros contextos, lo cual daría lugar a un posible diálogo entre diferentes experiencias políticas y distintas manifestaciones de éstas en las subjetividades juveniles.

Notas

1. En este trabajo se hace referencia a la juventud como grupo social y como período del desarrollo, enfoques estos que generalmente consideran algún rango etáreo para precisar los límites de lo que se entiende por juventud. Con esto no se está negando el enfoque más flexible y cualitativo de la juventud como construcción cultural, pero no se lo aborda directamente. La discusión en torno a un concepto de juventud no forma parte de los propósitos del artículo.

2. El masculino genérico será utilizado para hacer referencia a ambos sexos, lo cual no implica ninguna actitud excluyente ni discriminatoria en relación con el género por parte de la autora.

3. Además de estos programas, como parte de la misma estrategia también se han formado maestros emergentes de primaria, enfermeros emergentes, tecnólogos de la salud, profesores de computación, profesores generales integrales de Secundaria Básica, etc.

4. En Cuba se encuentra vigente el cambio de 1 dólar por 20 pesos, aproximadamente.

5. En 1995 el valor de un dólar estadounidense llegó a alcanzar los 120 pesos cubanos. En aquel momento un salario medio estaba considerado entre los 250 y los 300 pesos.

6. Este trabajo de campo fue realizado como parte de un proyecto financiado por el Programa de Becas CLACSO-Asdi de Promoción de la Investigación Social 2005, que resultó ganador en el Concurso "Transformaciones en el mundo del trabajo: efectos socio-económicos y culturales en América Latina y el Caribe".

7. Instituto Superior de Arte.

8. Escuela Nacional de Arte.

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Recibido: 04 de Agosto de 2008
Aceptado: 01 de Octubre de 2008