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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.6 n.11 Buenos Aires jul./dic. 2008

 

Subcultura, contracultura, tribus urbanas y culturas juveniles: ¿homogenización o diferenciación?

Tania Arce Cortés

Universidad Iberoamericana, México, D.F.

taniaarce@yahoo.com.mx
Tania Arce Cortés. Maestría en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana. Profesora en la Universidad Iberoamericana, México, D.F.

"No tengo un concepto desde el cual definirme, pero si lo tuviese que hacer, diría que soy yo"
(Lord Fer, integrante de la Escena Gótica Mexicana)

Abstract

Desde el surgimiento de la palabra juventud en los años 60 como derivación de la Segunda Guerra Mundial, así como de grupos "contraculturales", disciplinas académicas como la Psicología, la Sociología y la Antropología han dado distintas interpretaciones sobre por qué los individuos suelen concentrarse en grupos y del por qué de sus manifestaciones.
Este trabajo se centra en las posturas que han derivado de la Sociología a través de un recorrido teórico e histórico, así como de sus principales aportes y limitaciones. Este artículo pretende responder a la pregunta: ¿qué tan útil es clasificar desde la academia a los grupos "contraculturales"?

Palabras clave: Subcultura; Tribu urbana; Contracultura; Cultura juvenil; Joven.

Since the emergence of the category "youth" in the 1960s that derived from World War II and "counterculture" groups, academic fields like psychology, sociology, and anthropology have offered different interpretations of why individuals gather in groups and the reasons behind their practices.
This paper focuses on the sociological perspectives on the topic, their theories and history, as well as their main contributions and scope, in an attempt to understand the usefulness of classifying "counterculture" groups from an academic perspective.

Keywords: Subculture; Urban tribe; Counterculture; Youth culture; Youth.

Introducción

En distintas investigaciones etnográficas realizadas sobre culturas lideradas por jóvenes (y no tan jóvenes), siempre se han entrecruzado dos preguntas que tienen por objetivo conocer1 e indagar el lugar desde el cual se definen, se ubican y perciben a los otros: cómo se definen a ellos mismos y qué nombre le dan al grupo al que pertenecen.
Por un lado, indiscutiblemente responden a la primera pregunta con el nombre del grupo al cual pertenecen: skato, skate, rasta, fresa, naco, gótico, metalero, electro, hippie, graf fitero, punk, cluber, emo, gothic metal, skinheads, etc. Por otro lado, para responder a la segunda pregunta utilizan palabras como subcultura, tribu, contracultura, culturas juveniles, etcétera.
Estos últimos términos son utilizados por la academia como conceptos con cargas ideológicas, históricas y paradigmáticas, para dar una explicación sobre su surgimiento y su razón de ser, pero para sus integrantes sirven para recalcar su diferencia hacia los otros. Ambas posturas coinciden en que los conceptos permiten delimitar sus diferencias generacionales, estilos musicales, realidades históricas y propósitos de su surgimiento a lo largo del tiempo.
Nos centraremos en analizar, reflexionar y discutir los aportes de cada una de las diversas escuelas sociológicas y antropológicas para tratar de responder, en la parte final del artículo, ¿qué tan útil es clasificar desde la academia a las culturas "contraculturales"? La importancia de lograr responder esta pregunta radica en vislumbrar los alcances y las limitaciones que se tienen dentro de la academia sobre el estudio de estos grupos y las diferentes posturas desde las cuales se puede entender a estas culturas.

Conceptos sociológicos

La Sociología y la Antropología han brindado diferentes conceptos al fenómeno de la búsqueda de identidades y de pares, con connotaciones como subcultura, contracultura, tribus urbanas y culturas juveniles, las cuales han surgido con visiones, considero yo, que han llevado a la estigmatización de propuestas claramente diferenciadas tanto ideológica como contextualmente. Estas visiones han sido generadas, por un lado, desde dos escuelas: Chicago y Birmingham; y, por otro, desde la Sociología francesa y la Antropología ibérica y mexicana. A continuación realizaremos un recorrido breve de los postulados principales de estas escuelas, para vislumbrar sus alcances y sus limitaciones y las distintas categorizaciones para las culturas "contraculturales".

1.Subcultura: Escuela de Chicago, Subculture Studies y Post Cultural Studies

Históricamente la subcultura se ha utilizado de tres maneras. La primera empieza a ser empleada (Pearson, 1994; Roberts, 1971) para describir un aspecto visual y un comportamiento que va a distinguir a los diferentes grupos. La segunda manera es cuando la Sociología americana, la Escuela de Chicago, la utilizó para hacer referencia a una teoría de desviaciones que involucraba a los integrantes con personalidad criminal. La tercera se localiza en Inglaterra, a mediados de los años '70, cuando surge el Birmingham Centre for Contemporar y Cultural Studies (CCCS). En esta sección nos interesa desarrollar las escuelas de Chicago y de Birmingham, por contar hasta nuestros días con una mayor influencia tanto académica como socialmente.

1.1. Escuela de Chicago

A partir de la Primera Guerra Mundial, la ciudad de Chicago, en Estados Unidos, contó con un alto crecimiento poblacional causado principalmente por la fuerte inmigración de ciudadanos europeos y de otras ciudades americanas, inmersas en la pobreza y la miseria. Bajo este contexto, es como algunos sociólogos de la American Chicago School realizan "una serie de estudios basados en investigaciones de su propia ciudad, los cuales han sido reconocidos ampliamente como el inicio de los primeros estudios urbanos modernos y como el cuerpo de investigación social más importante" (Hannerz, 1982: 30).
De estos trabajos surgieron grandes estudios y etnografías (Thrasher, 1963; Wirth, 1960; Foote, 1983; etc.), con temas sobre la delincuencia, la marginación social, la prostitución, las culturas juveniles, etcétera.
Frederick Thrasher, con su obra The Gang: a Study of 1313 Gangs in Chicago, realiza un recopilado de las diferentes pandillas de Chicago, que incluía a todas las agrupaciones integradas desde niños hasta viejos y desde un miembro hasta miles. Las aportaciones de esta obra fueron, en primer lugar, la introducción de su término intersticial, entendido como el espacio situado entre una cosa y otra, donde se pueden localizar fisuras de la sociedad y sea el lugar idóneo donde las pandillas encuentran una región intersticial; en segundo lugar, consideraba a las pandillas como "una parte integrante de la desorganización social" (Hannerz, 1982: 49), así como un grupo en conflicto, el cual estaba conformado por la reacción de oposición y desaprobación del resto de la sociedad, con frecuencia de robo u organización de algún tipo de crimen.
Por su lado, en 1928 Louis Wirth publica su obra The ghetto, que estudió la aparición del barrio-aislado-judío en los Estados Unidos. Encontró que estos lugares son un territorio de continua persecución por parte de los otros, su relación con el exterior es abstracta y racional, mientras que en el interior se es libre; asimismo, tienden a alejarse del progreso y consideran su comunidad como su casa. La idea central del estudio de Wirth es mostrar que la residencia es un "índice útil acerca del estilo de vida" (Hannerz, 1982: 56), es un lugar donde se vislumbran las relaciones raciales, que pasan por la competencia, el conflicto, la adaptación y la asimilación.
William Foote White, en su libro Street Corner Society, se enfocó a estudiar a una sola pandilla. Para el autor, la pandilla es "un esfuerzo espontáneo de los muchachos por crear una sociedad para sí mismos, allí donde no existe ninguna adecuada a sus necesidades" (Hannerz, 1982: 52). Es decir, en contrario a Thrasher (1963), la pandilla no es una desorganización criminal sino una adaptación a un medio ambiente indiferente.
Estas lecturas muestran a la Escuela de Chicago como la primera escuela en formalizar los estudios sociológicos, sembrando una mirada de no hacer a la ciencia social desde el exterior de los actores, sino una mirada independiente de los actores. Sin embargo, esta mirada no rescata la perspectiva de los sujetos como su palabra y su vida subjetiva, sino los ve como actores plurales y/o colectivos.

1.2. Birmingham Centre for Contemporar y Cultural Studies

Años más tarde, una nueva forma de acercarse a los grupos surge a través de la línea teórica marxista, los estudios culturales (Cultural Studies) en Inglaterra. El sociólogo británico del Birmingham Centre for Contemporar y Cultural Studies (CCCS) Dick Hedbige y el teórico cultural inglés Stuart Hall proponen un nuevo modelo para estudiar a los jóvenes a través del término subcultura, entendida como una operación de resistencia de los jóvenes de la clase trabajadora, heredera de la posguerra.
El primer autor Stuart Hall, con su libro Resistence Throught Rituals, mostró el surgimiento de manifestaciones juveniles durante la posguerra en Inglaterra. Los ejes principales que utiliza Hall (2005) para estudiar el estilo y el surgimiento de estas manifestaciones son los conceptos marxistas como hegemonía, ideología, clase y dominación, de los cuales llega a una primera conclusión: la subcultura es una oposición social de la clase trabajadora.
Una conclusión derivada del análisis de la postura marxista de la subcultura es verla como un grupo de jóvenes que se apropian de los objetos provenientes del mercado (teenage consumer), donde éste expropia e incorpora lo producido por ellos, lo cual los unifica como un producto de los mass media. A esto Hall (2005) lo denomina una relación dialéctica entre el joven y la industria del mercado.
Así, Hall (2005) propone que la subcultura (subculture), primero, nace por el surgimiento de la clase trabajadora en los '70. Segundo, por una derivación de la cultura parental, por lo cual hay una forzosa relación y peculiaridad. Sin embargo, tercero, es un grupo distinto con estructuras identificables, las cuales les permite diferenciarse de la cultura parental sin dejar de articularse con ésta.
Un segundo autor, base de los estudios culturales, es Dick Hedbige (2002), con su libro denominado Subcultura: el significado del estilo. Este trabajo es un estudio sobre el término subcultura y su relación con el estilo de aquellas subculturas surgidas después de la posguerra, como fueron los teddy boys2 , mods3, skinheads4 y punks. Hedbige (2002) define a la subcultura como "las objeciones y contradicciones, (...) el desafío de la hegemonía representado por las subculturas no emana directamente de ella: en realidad se expresa sesgadamente por el estilo" (Hedbige, 2002: 33). Para el autor, sus integrantes rechazan la cultura dominante, con gestos, movimientos, poses, vestidos y palabras, expresiones que manifiestan sus contradicciones y negaciones hacia la sociedad inglesa de la posguerra.
La aportación más importante de este libro gira en torno al concepto de estilo. Para Hedbige (2002), el estilo es una forma de rechazo, por lo cual la subcultura ayuda a sus integrantes a ser vistos y a convertir determinados objetos "robados o humildes" ya existentes en signos de una identidad prohibida, única y "secreta".
En síntesis, la subcultura, para los estudios culturales, es aquel grupo de jóvenes en desacuerdo con las ideas hegemónicas de los años 70 del siglo pasado, en Inglaterra. Este desacuerdo lo demuestran con actitudes y valores de resistencia reflejados, principalmente, en un estilo que busca diferenciarse de la cultura parental y dominante, pero sin dejar de estar relacionados.
Años más tarde, a finales de los'80, algunos teóricos cuestionan la validez del término para esa década. Entre las críticas principales se encuentran: ver a los jóvenes como personas flotantes y con fronteras inestables (Frith, 1983; Bennett, 2001), como consumidores (Chambers, 1985; Miles, 1995) o, en su defecto, como una resistencia hacia la clase trabajadora y a la cultura hegemónica exclusiva del sexo masculino (Mc Robbie, 1980) y de consistencia uniforme (Muggleton, 2000); entender a la subcultura como deseosa por derrocar a la cultura dominante (Jenkins, 1983) y exclusivo enfoque en los jóvenes británicos de la posguerra (Waters, 1981; Bennett, 2004).
En base a estas críticas, surge una corriente que decide basarse en la herencia de los estudios culturales, pero reactualizando el concepto en las nuevas manifestaciones y realidades culturales: los estudios posculturales (post cultural studies). Los estudios posculturales basan su crítica al concepto de subcultura de los estudios culturales, con la idea de que esta última escuela sólo permite entender a los jóvenes de la clase trabajadora y el estilo de esa época, por tanto está limitada a concebir sólo a las creatividades visuales y experimentaciones de aquellas identidades de otras épocas (Bennet, 2001).
Un libro clave de la teoría de los estudios posculturales es After Subculture: Critical Studies in Contemporar y Youth Culture (2004). En este trabajo, los autores proponen nuevas propuestas para estudiar a estas manifestaciones, sin tomar como base al término subcultura (Bennett, 2004), sino el término subcultural styles. Este concepto permite estudiar aquellos elementos que dotan de un sentido de individualidad y de identificación que observan los intereses personales y biografías de cada integrante (Sweetman, 2004). Asimismo, el concepto posee un alto grado de compromiso, estabilidad y continuidad (Harris, 2004). El objetivo del concepto spectacular subculture es enfatizar en las prácticas culturas juveniles fuera de las concepciones de rupturas generacionales y resistencia (Pilkington, 2004).
En síntesis, la corriente de los estudios culturales propone ver a los grupos como una subcultura que tiene por objetivo ser una resistencia de la cultura dominante. Por su lado, los estudios posculturales ven a esta subcultura como un grupo con expresiones efímeras y estables.

2. Contracultura

En los años'60, como herencia del movimiento hippie, surge el concepto counterculture. Algunos autores (Bennett, 2001; Clark, 1976) han considerado que la counterculture es un concepto clave para entender a una generación de los años 60 con un descontento hacia la figura parental y de la sociedad.
El término counterculture, de acuerdo con Bennett (2001), es un término que ayuda a entender la desilusión de los jóvenes de esa época acerca del control de la cultura parental y de la falta de deseo de no querer formar parte de la máquina de la sociedad. Por su lado, para Clark (1976) indica que el término no sólo debe entenderse como el ir en contra de la cultura parental, tanto ideológica y culturalmente, sino también como una manera suave de atacar a las instituciones que representan el sistema dominante y reproductor como son la familia, la escuela, los medios y el matrimonio. Bajo este mismo argumento, para Roszak (1969) la counterculture es más que la oposición hacia la hegemonía, la define como una technocracy, es decir, una forma social en que la sociedad industrial alcanza la integración de su organización, siendo así la counterculture una disgregación básica de la tecnología que evita las emociones humanas y creativas, por ello la counterculture utiliza la technocracy para descender de ese sistema hegemónico y crear así un estilo de vida.
Dentro de la literatura en castellano, el concepto counterculture es traducido como contracultura. González (2000) menciona que la traducción literaria de counterculture sería "cultura en oposición" o "cultura a la contra", ya que el término contracultura se entiende más como una cultura marginal o nueva cultura.
Por un lado, José Agustín la define como "una serie de movimientos y expresiones culturales, usualmente juveniles, colectivos, que rebasan, rechazan, se marginan, se enfrentan o trascienden la cultura institucional" (José Agustín, 1996: 129), la cual se da de manera inconsciente y genera sus propios medios, lenguaje, actitudes, etc. (Martínez Rentería, 2000).
Por otro lado, Fadanelli (2000) define la contracultura como aquello que se caracteriza en ir en contra de cualquier institución y de los pensamientos considerados hegemónicos, dominantes de esa época. El autor plantea que la contracultura se constituye como un contrapeso de la cultura que va a estimular su evolución. Para Villarreal (2000), la contracultura no es una oposición sino un cuestionamiento de todos los métodos autoritarios y coercitivos existentes: "La contracultura puede entenderse como aquello que se opone a toda forma de convención social o de conservadurismo, a todo lo establecido que permanece inmutable o incambiable" (Villarreal, 2000: 23).
Fadanelli (2000), Villarreal (2000), Martínez (2000) y De Jandra (2000) consideran que no existe la contracultura, ya que de acuerdo con los autores la gente sigue esperando que el Estado brinde algún tipo de ayuda u ofrezca algo, como becas, apoyos, descuentos, etc. En la actualidad, el término contracultura es utilizado para hacer referencia a aquellas acciones o actividades que tratan de salir de los estándares. Bajo esta lógica, diferentes grupos de jóvenes lo utilizan para hacer hincapié en la diferencia y en la propuesta de nuevas visiones y perspectivas.

3. Escuela ibérica y mexicana: culturas juveniles

Ya en la década de los'90, del siglo pasado, tanto en España como en México empieza a surgir el término de culturas juveniles. La escuela está representada por varios estudiosos del tema. Por el lado de España, se encuentra Carles Feixa (1998), con su libro El reloj de arena: culturas juveniles. Por parte de México, menciono sólo algunos autores y sus primeras obras: Maritza Urteaga (1998), con su libro Por los territorios del rock: identidades juveniles y rock mexicano; Rossana Reguillo (2000), con Emergencia de las culturas juveniles: estrategias del desencanto; José Manuel Valenzuela (1997), con El Color de las sombras: chicanos, identidad y racismo, y José Antonio Pérez Islas (1996), entre muchos otros, los cuales cuentan con una amplia biografía sobre esta temática.
Feixa define a las culturas juveniles como un espacio donde "(...) las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre o en espacios intersticiales de la vida institucional, [también] definen la aparición de microsociedades juveniles, con grados significativos de autonomía respecto de las instituciones adultas" (Feixa, 1998: 60). En un primer aspecto, el término define a un sector (los jóvenes) que establece diferentes modos de vida alrededor del tiempo libre y del espacio de ocio. En un segundo aspecto, remarca que no son en su totalidad autónomas de las instituciones adultas. Reguillo (2000), por su lado, las define como un conjunto heterogéneo de expresiones y prácticas socioculturales juveniles.
Pérez Islas (1996) entiende las culturas juveniles como una praxis subalterna que se caracteriza por contar con eso que les permite enfrentarse a las concepciones prácticas y oficiales de la cotidianidad. Valenzuela (1997), hasta el momento, no ha dado una definición exacta, pero hace un acertado recorrido sobre el concepto de joven y juventud. Por último, Urteaga (1993) indica que las culturas juveniles son identidades que se expresan y se construyen en tiempos y espacios de ocio determinados y disímiles.
Toda esta escuela coincide en entender a la cultura juvenil como un concepto que no puede ser englobado ni determinado por las posturas biologicistas y funcionalistas de la juventud, sino más bien como un proceso en continuo movimiento. Esto se logra a través de la realización de estudios en dos dimensiones: la situacional y la contextual-relacional. La primera implica estudios con análisis intergrupales y grupos específicos, a través de diversos análisis de adscripciones identitarias. La segunda, contextualrelacional, implica entrecruzar los elementos políticos, económicos, culturales y sociales con la memoria histórica (Reguillo, 2000).

4. Tribus urbanas

El concepto tribu urbana se encuentra localizado en la literatura académica en dos vertientes. La primera de ellas es la difundida y reconocida por el sociológico francés Michel Maffesoli (2004), y la segunda, por los españoles Costa, Pérez Tornero y Tropea (1996).
En un primer lugar, Maffesoli (2004), con su libro El tiempo de las tribus, habla de la existencia de nuevos grupos juveniles que se reúnen alrededor del nomadismo y de un sentido de pertenencia. Para el autor, el nomadismo es la posibilidad "de la sublevación, es el salir de sí, es, en el fondo, poner acento en todos los aspectos lúdicos, en los aspectos festivos, en un hedonismo latente, un corporeísmo exarcebado" (Maffesoli, 2004b: 37), mientras el sentido de pertenencia es la "conciencia de sí, no más la identidad cerrada y encerrada en sí misma, sexual, ideológica y profesionalmente (...) yo sigo mi propia ley y sí: mi ley es otro quien me la da, quien me la indica" (Maffesoli, 2004b: 38). Tanto el nomadismo como la falta de pertenencia, para Maffesoli son parte de la metáfora del tribalismo.
La palabra tribu, para Maffesoli (2004, 2004b), es utilizada para remarcar el aspecto de lo arcaico y de lo bárbaro y, a su vez, la saturación del concepto de individuo. Para Maffesoli (2004, 2004b), los grupos juveniles gustan de un reencuentro con la corporalidad (hedonismo, tatuajes, perforaciones) y la vitalidad, como si fueran niños eternos.
Maffesoli (2004, 2004b) plantea que los jóvenes se encuentran en un proceso de individualización donde lo único importante son ellos mismos, pero, a su vez, existe la necesidad de socializar, creándose un narcisismo de grupo que se entiende como la continua adulación grupal y la cotidianidad (Maffesoli, 2004). Para el autor, la tribu urbana es un grupo transitorio y con gusto por la visibilidad.
En una segunda postura (como ejemplo de la mala utilización del término de tribus urbanas de Maffesoli) se encuentra el libro Tribus Urbanas . El ansia de identidad juvenil: entre el culto a la imagen y la autoafirmación a través de la violencia (1996), de Pere-Oriol Costa (comunicólogo político), José Manuel Pérez Tornero (semiólogo) y Fabio Tropea (periodista). Para estos autores, las tribus urbanas son aquellas "pandillas, bandas o simplemente agrupaciones de jóvenes y adolescentes que se visten de modo parecido y llamativo, siguen hábitos comunes y se hacen visibles, sobre todo, en las grandes ciudades" (Pere-Oriol Costa, 1996: 11).
La principal delimitación del concepto de tribu urbana es ver a los grupos sólo como manifestaciones momentáneas, con sentimientos de nomadismo y socialidad (Maffesoli, 2004, 2004b), y a su vez es un concepto adecuado a la realidad española, desde la perspectiva de la comunicación, que ve a los grupos como pandillas, bandas con hábitos comunes como son la moda, el ocio y la rebeldía, caracterizados por ser violentos e individualistas (Pere-Oriol Costa, Pérez Tornero y Tropea, 1996).
A manera de síntesis de los conceptos sociológicos y antropológicos anteriormente mencionados, los principales aportes de estos conceptos son: la subcultura (Hall, 1983; Hedbige, 2002) se caracteriza por ser un desafío hacia la cultura hegemónica, una negación hacia el estado inglés y familiar, siendo así un fenómeno exclusivo de jóvenes de la posguerra e ingleses. Por otro lado, la contracultura (José Agustín, 1996; Fadanelli, 2000; Villarreal, 2000; Martínez, 2000, y De Jandra, 2000) deriva en ir en contra, rechazando y marginando toda cultura dominante (Hall, 2005) parental, de manera ideológica. Tribus urbanas es un concepto que permite justificar todas las expresiones efímeras que van y seguirán surgiendo con los años, y culturas juveniles (Feixa, 1998) son expresiones colectivas que se reúnen alrededor del ocio y del tiempo libre.

Reflexionando en torno a los conceptos

¿Qué tan útil es categorizar a los grupos que surgen como expresiones alternas a la sociedad? En base a mi experiencia dentro del área de Antropología, por un lado, el uso de conceptos sirve para delimitar y hacer hincapié en la independencia y su diferencia de sus expresiones con la sociedad "adulta", "del maistream", "dominante", o alguna otra variación. Sus propuestas se vislumbran claramente en sus territorios, su jerga, su vestimenta y en sus preferencias sexuales y musicales, principalmente.
Por otro lado, a) sólo han servido para categorizar y estandarizar a los diversos grupos, con lo cual se creó una especie de miopía que no permite sus particularidades y sus propuestas como independientes e innovadoras, es decir, no permiten ver su expresión local ni particular entre cada uno de ellos; b) sólo se logra generalizarlos como personas que tienen que contar con las mismas reacciones, propuestas o, en su defecto, comportamiento; y c) sólo se generan más confusiones al darles forzosamente un concepto global, es decir, crear categorías universalmente aplicables.
Estas limitaciones también se reflejan en conceptos que han servido para explicar el interior de los grupos -estilo, lifestyle, consumo, identidad, entre otros- por contar con un análisis y marco conceptual acertado, sin embargo no pueden seguir siendo utilizados para estudiar el interior de las culturas como si fueran iguales y/o tuvieran los mismos patrones.
Por ejemplo, el estilo y el consumo no pueden ser entendidos de la misma manera con los fresas ni con los góticos5 . Para los fresas el consumo es parte de su dinámica y es también un medio desde el cual socializan; para ellos es común entrar a una tienda de diferente marca y adquirir un artículo que les permita remarcar su adquisición. Por el contrario, para los góticos las creaciones mediáticas y las marcas son un agente de rechazo y son vistas como enemigas de sus posturas. En su caso, el consumo podría estudiarse desde las creaciones y sus producciones internas, es decir, desde el papel que juega la creación del autoconsumo. Es así como la creación de conceptos y de grandes categorías culturales iría totalmente en contra de los diversos diálogos localizados en investigaciones: somos diferentes, no somos lo mismo.
Pero ¿por qué se generan estas conceptualizaciones? Creemos que el principal problema radica en las confusiones del mismo concepto antropológico de cultura. Hasta la actualidad existe una inseguridad y un consenso sobre qué es cultura6 y, por consecuencia, los conceptos de subcultura, contracultura, etc. Hay escuelas que ven a estos grupos como una derivación dependiente de la cultura, unas como parte de la cultura y otras en oposición de la cultura. Tal vez la pregunta que aquí cabe hacerse es ¿qué y a quiénes consideramos parte de nuestra cultura?
Nuestro interés no es crear otro concepto general de los grupos "contraculturales", sino invitar a evitar generar más categorizaciones, para lograr vislumbrar y distinguir las diferencias existentes entre los diferentes grupos, así como lograr una comprensión de manera más específica. A su vez, la propuesta es una invitación a la convivencia con cada uno de ellos de manera autónoma, lo cual permita contar con otras perspectivas.
Muestra de lo anterior es el estudio que hemos estado realizando con los grupos conocidos como gótico, electro y metal, en las ciudades de México, Barcelona y Londres. Durante el trabajo de campo nos percatamos que cada uno de los grupos se identifican y reconocen entre todos ellos por la música, el look y su percepción del mundo. Sin embargo, estos puntos en común en ningún momento nos permitieron generalizarlos. A manera de ejemplificar, nos referiremos específicamente al caso de los góticos de estas ciudades.
Los góticos de la Ciudad de México cuentan con dos grandes vertientes que lideran y dirigen la visión del ser gótico en México. La primera de ellas son los integrantes que basan a nivel musical, visual e ideológicamente en la época de los '80, tanto de Londres como de Estados Unidos. La segunda de ellas son aquellos que rescatan las creaciones artísticas góticas mexicanas y aceptan la mezcla con otros ritmos musicales.
Los góticos de Barcelona, conocidos como siniestros, en estos últimos tres años han tratado de resurgir buscando nuevos espacios para reunirse y, a la par, ir luchando por diferenciarse con los electro de esa misma ciudad. En contraparte, los góticos de Londres desde hace diez años han dejado de ser el centro de propuestas góticas a nivel mundial, convirtiéndose en un estilo de vida basado en el consumo y la diferencia, sin olvidar sus raíces de anarquismo y autogestión.
El ejemplo anterior muestra que es necesario profundizar un solo grupo, pero a través de estudios comparativos entre los integrantes de un mismo grupo, y a su vez compararlos en diferentes espacios de una misma temporalidad. En base a esto, es importante reflexionar que los estudios a realizarse no deben agrupar a la gente, sino darle un nombre a cada uno de los sujetos.
¿Por qué creemos que los grupos no son expresiones categorizables? Partimos del hecho de que cada persona le atribuye significados, por tanto códigos, a su persona y a su manera de comportarse. Y, en una segunda instancia, cada persona obedece a un nivel social, cultural, económico y, por tanto, educativo específico. Si ambas las proyectamos a nivel grupal, nos daremos cuenta de que cada grupo cuenta con personas que disponen de experiencias totalmente disímiles y sólo coinciden en un porcentaje mínimo, sin embargo el resto es incomparable.
En base a todo esto, creemos necesario autorreflexionar sobre las debilidades y las fortalezas que están teniendo con el surgimiento de los diferentes estudios que se han realizado con los años, y si en verdad se logra entender a los grupos o sólo se está obteniendo la confusión dentro de la academia y, a su vez, hacia sus actores; o, peor aún, sólo estamos logrando borrar las expresiones a través de una mirada globalizadora.

Notas

1. Algunos autores utilizan el verbo comprender, sin embargo, no estaría muy seguro que ellos quieran serlo.

2. Movimiento inglés de los años 50. Sus gustos giran en torno a la música rockabilly.

3. Movimiento inglés de los años 60. Sus gustos giran en torno a la música, las scooters y la moda.

4. Movimiento inglés de los años 60. Sus gustos giran en torno al fútbol y al ska. Algunos muestran gran preferencia hacia el racismo.

5. Con góticos me refiero a un grupo de personas -a nivel mundial- que son mayores de 30 años, su música es underground, generan sus propias vestimentas y sus espacios de ocio y de trabajo. Es un grupo que se caracteriza por estar a favor de la autogestión y la autocreación.

6. Para este artículo se retoma la concepción de cultura brindada por Gilberto Giménez: "Proceso de continua producción, actualización y transformación de modelos simbólicos (en su doble acepción de representación y de orientación para la acción) a través de la práctica individual y colectiva, en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados" (Giménez, 2005: 10).

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Recibido: 25 de Agosto de 2008
Aceptado: 30 de Setiembre de 2008