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Revista argentina de sociología

versión On-line ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. v.6 n.11 Buenos Aires jul./dic. 2008

 

Ciberculturas juveniles. Los jóvenes, sus prácticas y sus representaciones en la era de Internet. Marcelo Urresti (editor) (La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2008, 288 páginas)

Johana Kunin

CPS / IDIS

johanakunin@gmail.com
Johana Kunin. Antropóloga (Universidad París VIII, Francia). Maestranda en Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella. Obtuvo una beca de investigación del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) con el aval del CPS/ IDIS por su proyecto "El rap político en el altiplano boliviano".

El propósito del libro es estudiar la relación de los jóvenes con la computadora, el ciberespacio y las tecnologías de la información. Es el resultado del trabajo colectivo desarrollado por un grupo de jóvenes sociólogos, investigadores del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, dirigidos por Marcelo Urresti.
En el artículo introductorio de Urresti, llamado "Ciberculturas juveniles: vida cotidiana, subjetividad y pertenencia entre los jóvenes ante el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información", se destaca que la apertura que supone el mero acceso formal a la red no necesariamente alcanza para hablar de una democratización de la sociedad o incluso del acceso a la información. Con Internet se abren ciertos accesos, pero no se democratiza la sociedad ni la cultura. Para el autor, más allá de las conexiones, son los usos concretos y efectivos los que pueden llevar o no a mantener o profundizar las brechas que de hecho existen en el mundo real.
La pertenencia al universo hipertextual es compartida generacionalmente por los jóvenes (son "nativos digitales") en oposición a las generaciones anteriores, pero una vez superado ese primer dato, los usos que producen los jóvenes se alejan entre sí y dependen de las vicisitudes cotidianas propias del mundo de cada uno. Del trabajo se desprende la idea de que existen "verdaderas ciberculturas juveniles como ámbitos de encuentro virtual entre jóvenes que, a pesar de estar distantes en el espacio, intercambian información y datos sobre cuestiones de su interés, se relacionan entre sí con encuentros reales y posteriores, se comunican a diario a través del chat y los foros y, en ese conjunto de flujos diversos, forjan una imagen de sí mismos, de los grupos a los que pertenecen, tomando conciencia de la generación en la que se incluyen y el mundo que los rodea".
De acuerdo con el sociólogo, Internet tiene un impacto decisivo sobre el proceso de articulación de la subjetividad. En los últimos años y como consecuencia de complejos cambios económicos, sociales y culturales, la adolescencia sufre importantes transformaciones que la colocan en un terreno histórico inédito. Las redes sociales que antes se tejían en los clubes sociales y deportivos, en las plazas y las galerías a las que se concurría, en los locales de comida rápida o incluso en algunos lugares de encuentro nocturno, hoy en día se articulan principalmente con la ayuda de sitios como MySpace, Fotolog o Facebook. Los grupos de pares se abren a otros, muñidos de celulares, computadoras propias o alquiladas en cibercafés, para terminar luego en reuniones concretas y tangibles en lugares prefijados con anterioridad, de modo que la red virtual concluye en encuentros reales.
Las nuevas tecnologías comunicativas colocarían a los adolescentes, según Urresti, en una situación muy distinta a aquella de la que gozaron los de otras épocas. Por la circulación de contenidos, formación de audiencias de públicos y de usuarios se va abandonando la tendencia a la homogeneidad de las culturas juveniles de los orígenes para pasar a otra condición en permanente dirección a la heterogeneidad, la superposición y el cambio. Ante estos postulados, el lector podría preguntarse cuándo fueron homogéneas las culturas juveniles y si es tan inédito el terreno histórico por el que atraviesan hoy en día los jóvenes gracias a las tecnologías de información. Tal como señala Julia Fernández Jeansalle en el capítulo "Doble clic, Internet y jóvenes de clase media", la sociabilidad online es un tipo nuevo, complementario de otras formas de sociabilidad. O sea, es un tipo importante pero no el único.
Los artículos que resultan más interesantes del libro son justamente los que resaltan las continuidades en las relaciones sociales que acarrean los medios digitales -más que los que insistentemente buscan las rupturas- , no calificando a "las nuevas tecnologías" como un nuevo paradigma, sino como un cambio tecnológico con incidencia en la vida social. Pablo Vannini, en su capítulo titulado "La comunidad del siglo XXI. Grupos de usuarios de software libre", explica que la idea de "comunidad", por ejemplo, es resignificada a comienzos del siglo XXI por una comunidad que desarrolla su actividad fundamentalmente de manera virtual, pero que no por ello perdió algunas de las características que le son propias.
Un capítulo muy significativo es el de Laura Goszczynski, "Hacia los usos adolescentes del fotolog: vía ¿libre? para la presentación de sí". Ante la recurrente aparición mediática del tema floggers -a menudo con escaso conocimiento sobre el asunto-, Goszczynski realiza un anál isis esclarecedor acerca del fenómeno. En los flogs, los jóvenes recrean, fijan, exaltan, exhiben e inmortalizan su mundo compartido, sobre todo en aquellos momentos en que no cuentan con la presencia física de los otros. El flog funciona, especialmente para los adolescentes -personas cuya identidad se halla en proceso de construcción-, como una vía para manifestar la propia identidad y, a la vez, fijar una pertenencia grupal. Hacerla visible, escenificarla, es una forma de afirmarla y confirmarla, para sí mismo y para los demás. En tal sentido, la práctica del flogging parece ser un ritual de publicar rituales. El destinatario del flog por excelencia es el mismo grupo de pares. Cualquier otro que viera el blog online jugaría el mismo papel que los transeúntes respecto a un graffiti.
En la red funciona una suerte de "sistema de dones": se establecen nuevos compromisos, se genera una reciprocidad por la cual es común que si A establece un vínculo con el flog de B, B se vea obligado a hacer lo mismo con A. Los floggers parecen angustiarse si pasan días y nadie les hace ningún comentario. Se trata de decir, de aparecer, aunque nada haya que decir. En las comunicaciones telemáticas escribir es, de hecho, existir.
Para la autora, las prácticas actuales como la del flogging dan cuenta de que poco sentido tiene la separación virtual/real para analizar las prácticas cotidianas de los sujetos. Se trata de nuevos sistemas de producción de sentido, que hacen que resulte poco eficaz establecer ese tipo de distinciones entre la lectura de los indicios de la presentación de sí en los encuentros "cara a cara" y aquella que tiene lugar vía flog.
Ricardo Ferrari, en "Ni oral ni escrito: la sociabilidad del chat", indica que la dicotomía entre lo oral y lo escrito, que tiende a realizarse al analizar el universo del chat, debe ser superada. La forma de comunicación que caracteriza al chat trasciende tanto la oralidad como la escritura. Desde esta óptica es mucho más productivo pensar al género no como un "enriquecimiento" a ciertas formas de comunicación o "empobrecimiento" de otras, sino, en toda su complejidad y peculiaridad, como una "nueva" forma de comunicación con características propias.
Ferrari, desde su artículo, responde a quienes culpan al chat del empobrecido léxico de las generaciones jóvenes. "Valdría más buscar las razones en la decadencia del sistema educativo tradicional y las actuales condiciones socioeconómicas que aceleran la entrada de los jóvenes al mercado laboral informal". Asimismo, explica que si se quisiera sostener una crítica contra el uso del chat por el reducido nivel de recursos lingüísticos que demanda, "deberíamos, para ser ecuánimes, desestimar cualquier dibujo en una carta de amor adolescente por ser 'lingüísticamente pobre', en lugar de entenderlo como otra forma de expresión".
Una de las conclusiones del artículo coincide con una idea central compartida por varios de los más destacables autores de este trabajo. "La realidad humana ha estado siempre mediada por la tecnología, por lo tanto no puede sorprender que algunas representaciones y formas de intercambio actuales se resignifiquen a medida que la tecnología permite intercambios más fluidos e instantáneos".
El libro en su totalidad es variado y dispar. Algunos artículos se acercan a un manual técnico, explicando de manera muy detallada conceptos tecnológicos como "flog", "hipertextual" ó "link". Esto puede esclarecer a quien no conozca el mundo de Internet, pero logra aburrir a quien sí "navega" por la red y busca una reflexión más profunda. Otros ensayos se acercan a las investigaciones de mercado, recayendo en datos estadísticos sobre cantidad de usuarios y computadoras, y tampoco sacian a los que buscan otro tipo de reflexión. Por suerte, varios capítulos logran "meterse dentro" del tema y profundizar sobre las cuestiones sustantivas de los fenómenos de manera crítica.