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Revista argentina de sociología

On-line version ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. vol.7 no.13 Buenos Aires July/Dec. 2009

 

ARTÍCULOS

Agricultura y migración campesina. Un estudio para comprender la incorporación del trabajo infantil en una región indígena de México

Francisco Monroy Gaytán y José Isabel Juan Pérez

Facultad de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de Mèxico

jijp1958@hotmail.com
El Doctor, realizó estudios de licenciatura en Geografía (1978 - 1982) y maestría en Ecología en la Universidad Autónoma del Estado de México (1988 - 1993). En 2003, obtuvo el grado de Doctor en Antropología Social, en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.

fmonroyg@hotmail.com
El Doctor, es Licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma del México. Realizó estudios de maestría en Ciencias Sociales con especialidad en desarrollo Municipal en el Colegio Mexiquense. Es doctor en Geografía económica, grado otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y forma parte del claustro de Profesores-investigadores de la Facultad de Geografía en la Universidad Autónoma del Estado de México.

Abstract

Este artículo es resultado de una investigación realizada en la comunidad de Coatecas, ubicada en los Valles Centrales del Estado de Oaxaca en México. Es un estudio de caso que permite comprender cómo la contratación de fuerza de trabajo infantil que migra con su familia al noroeste mexicano es un factor importante que coadyuva a la reproducción social y subsistencia del grupo indígena campesino, para lo cual se enfrenta a una diversidad de factores ambientales, sociales, económicos, políticos, educativos y culturales que influyen y determinan las condiciones de vida de las familias (salud, vivienda, alimentación, educación). En esta investigación se estudiaron las relaciones entre la agricultura comercial y el trabajo infantil asalariado como premisa para el estudio de la movilidad poblacional de un ambiente campesino e indígena a un ambiente agrícola articulado con el sistema de producción capitalista, donde la fuerza de trabajo familiar es considerada como una mercancía.

Palabras claves: Migración; Agricultura; Fuerza de trabajo; Indígena; Comunidad campesina

This article is result of an research realized in Coatecas's community, located in the Central Valleys of Oaxaca's State in Mexico. It is a study of case that allows to understand how the contracting of workforce infantile that migrates with your family to the Mexican northwest is an important factor that foment to the social reproduction and subsistence of the indigenous peasant group, for which confront a diversity of environmental, social, economic, political, educational and cultural factors that influence and determine the conditions of life of the families (health, food, education). In this research were studied the relations among the commercial agriculture and the infantile work wage-earning as premise for the study of the population mobility of a peasant and indigenous environment to an agricultural environment articulated with the system of capitalist production, where the family workforce is considered how merchandise.

Keywords : Migration; Agriculture; Workforce; Indigenous; Peasant community

1.Introducción

La migración ha existido desde épocas remotas y se caracteriza por el traslado de personas del campo a la ciudad, de ciudad a ciudad, de campo a otro campo, este fenómeno social puede presentarse en varias modalidades y circunstancias, que de manera directa e indirecta son influidas, condicionadas o determinadas por la interacción e interrelación de factores ambientales, económicos, políticos, sociales y culturales, trayendo como consecuencias presiones demográficas por escasez de vivienda, empleo y educación, cambios socioculturales, abaratamiento de la fuerza de trabajo, diseminación de enfermedades infectocontagiosas, alcoholismo, drogadicción, prostitución y delincuencia, sólo por mencionar algunos de los problemas que trae consigo el fenómeno migratorio, a lo cual los gobiernos locales, nacionales e internacionales, así como organismos no gubernamentales tratan de dar solución.
Las causas de la migración nacional e internacional de las familias campesinas de México1 son originadas por la falta de oportunidades de empleo, por las pocas expectativas de trabajo y educación, por el grado de marginación en que viven dentro de sus comunidades y por la búsqueda de mejores condiciones de vida de las familias. Durante varias décadas la migración en México se ha manifestado de diferentes maneras y por diversas causas, sin embargo uno de los factores que más ha influido a nivel nacional y también internacional está relacionado con la necesidad de mejoramiento de las condiciones de vida de las familias (factor económico).
En la década de 1960 la migración campesina y urbana en México se caracterizó por la movilidad de hombres jóvenes y adultos, principalmente, y ocurría con más frecuencia en los estados de Guanajuato, Michoacán y Zacatecas, sin embargo, actualmente, el fenómeno se ha intensificado en los estados de México, Morelos, Hidalgo, Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Chiapas y el Distrito Federal. En los años de 1980, se destacaron Oaxaca y Guerrero; a finales de la década de 1990 y principios de 2000 se incorporaron Chiapas, Veracruz e Hidalgo, y fueron dando un componente más indígena a la migración mexicana, que era predominantemente mestiza (Balboa, 2004). Por ejemplo, en la región denominada localmente "Tierra caliente" (comprende porciones de los estados de México, Guerrero y Michoacán), los primeros movimientos migratorios ocurrieron en 1964 y el destino principal eran los Estados de Texas y California. Con estos primeros emigrantes se establecieron redes sociales que han coadyuvado al traslado de familias completas no sólo a esos estados norteamericanos, sino a otros como Arizona, Illinois, Carolina del Norte y Florida (Juan, 2007). La migración mexicana dentro del mismo país y fuera de él (de ambientes rurales a ambientes campesinos, de zonas urbanas a zonas metropolitanas, de zonas rurales a campos agrícolas mexicanos y de los Estados Unidos y de zonas metropolitanas como el caso de la Ciudad de México a otras ciudades de los Estados Unidos, etc.) está siguiendo nuevos patrones de comportamiento. Una de estas variaciones es la movilidad de familias enteras de zonas rurales (campesinas, indígenas, artesanas) a zonas fuera de su región y estado con la finalidad de trabajar en labores agrícolas, acumular dinero y tratar de mejorar sus condiciones de vida para retornar a su lugar de origen (migración periódica relacionada con los ciclos agrícolas de las regiones donde se establecen plantaciones comerciales).
La migración así, no es un fenómeno nuevo para la población de Oaxaca en general y para la población indígena en particular; pero sí son nuevas las formas que esta toma en el contexto de la globalización y las consecuencias de estos cambios son graves y preocupantes en el caso de las familias indígenas, ya que en los últimos años, particularmente a partir de la década de 1980, se ha incrementado el trabajo femenil en cultivos de exportación, y el trabajo infantil, sobre todo en los campos agrícolas del noroeste en Baja California, Sinaloa y Sonora.
En los campos del noroeste, señala Barrón (1997), se observó, de acuerdo a una encuesta realizada en 1991, un aumento en la participación laboral de mujeres y niños de 14 años y menos, relacionado a las características de los procesos de trabajo en las hortalizas. Este aumento se explica, en primer lugar, por el deterioro en la condiciones de las familias rurales y en segundo, por el aumento de la demanda de fuerza de trabajo en esta clase de cultivos. "La relación oferta-demanda de fuerza de trabajo determina que se incorporen mujeres y niños. Si la demanda excede a la oferta, entonces participan todos, principalmente en actividades del predio2, si la oferta excede a la demanda, entonces sólo participan adultos, hombres o mujeres, según la actividad y elmercado de trabajo del que se trate". (Ídem: 32).
Se observa cómo las condiciones que impone el mercado global, aunado al deterioro de más de cuatro décadas en el campo, impactan directamente en las comunidades rurales más atrasadas económicamente, principalmente en las comunidades indígenas, acelerando un proceso de proletarización de los jornaleros 3 agrícolas e incorporando en este proceso a todos los miembros de la familia en cuanto son aptos económicamente, aunque no psicológica y socialmente, para realizar las tareas de corte de tomate, chile, cebolla u otros productos agrícolas.
El trabajo infantil es considerado un problema social en muchos lugaresdel mundo, principalmente en regiones pobres como África, Asia y América Latina. Y si ya de por sí el trabajo es un problema que impide el pleno desarrollo de los niños, es válido decir que existen muchos problemas estrechamente relacionados a éste. En general el trabajo infantil está asociado al abuso, explotación, maltrato, bajos salarios y pésimas condiciones laborales debido a la vulnerabilidad de niñas y niños. Nos enfrentamos así, a un problema que tiene consecuencias tanto individuales como sociales: "entre las individuales se encuentran riesgos de salud, integridad física e impactos en el desarrollo psicológico de los niños. En cuanto a los sociales encontramos que los niños no tienen acceso a los niveles básicos de educación, lo que ocasiona que estén sujetos a tareas mal remuneradas y sin aspiración al mejoramiento en sus condiciones de vida, además que siempre estarán sujetos a la amenaza del desempleo" (León, 1996).
La presente investigación, más que corroborar cifras alarmantes sobre la migración de familias indígenas campesinas de Coatecas Altas, comunidad de origen zapoteco, ubicada en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, pretende recuperar la visión de los afectados por el problema: los niños jornaleros asalariados. Es una comunidad con un alto porcentaje de población indígena con migración al noroeste de México. A diferencia de la mayoría de los trabajos que han investigado sobre el trabajo infantil, éste, se realizó en el lugar donde acontece el fenómeno, los campos agrícolas del noroeste. Con trabajo de campo en la comunidad misma, se observaron las condiciones de vida de las familias y las causas que generan la migración y, lo más importante, se reunieron testimonios de quiénes sufren el problema: los niños jornaleros indígenas.
A partir del trabajo de campo y observación participante en la comunidad de Coatecas Altas en el Valle de Oaxaca y en las zonas agrícolas del noroeste de México se analizan las causas de la migración campesina indígena y su relación con las actividades en el ámbito de las plantaciones comerciales, donde la contratación de la fuerza de trabajo infantil es importante. Esto mediante la aplicación de un instrumento de investigación a 73 familias campesinas que emigran periódicamente de Coatecas Altas a los campos de cultivo en los estados de Sinaloa, Sonora y Baja California.
Es un estudio de caso que permite comprender cómo la contratación de fuerza de trabajo infantil es un factor importante que coadyuva a la reproducción social y subsistencia del grupo indígena campesino, para lo cual se enfrenta a una diversidad de factores ambientales, sociales, económicos, políticos, educativos y culturales que influyen, condicionan y determinan las condiciones de vida de las familias (salud, vivienda, alimentación, educación). En esta investigación se estudiaron las relaciones entre la agricultura convencional y el trabajo infantil asalariado como premisa para el estudio de la movilidad poblacional de un ambiente campesino e indígena a un ambiente agrícola articulado con el sistema de producción capitalista, donde la fuerza de trabajo familiar, incluyendo al trabajo infantil, es considerada como mercancía.

2.Agricultura y trabajo infantil indígena asalariado

Por trabajo infantil, de acuerdo a la definición de Bossio, se entiende como "toda actividad destinada a la producción de mercancías, utilícese o no la fuerza de trabajo asalariada; así como toda actividad destinada a la reproducción de la fuerza de trabajo que es realizada por fuerza de trabajo asalariada, es decir, por fuerza de trabajo convertida en mercancía. Entre las primeras se pueden señalar los casos en los que los niños contribuyen al trabajo de los padres, en la agricultura, en talleres, mercados o negocios familiares, por mencionar algunos ejemplos; en segundo lugar nos encontramos el caso en el que los niños trabajan como asalariados". (Bossio, 1996). El número de niños trabajadores que tienen entre 5 y 14 años de edad se cifra en el mundo, como mínimo en 120 millones. (OIT, 1996).
Es importante señalar que el trabajo infantil en las comunidades rurales es algo que ha existido siempre. Los niños colaboran en las faenas de los padres, incluso como una forma de integración a la comunidad y como una forma de aprendizaje para la vida. Sin embargo, la incorporación de los niños al trabajo del campo ha tomado rumbos radicalmente diferentes en el contexto actual. La transformación de la agricultura tiene un impacto muy fuerte en las actividades de los niños trabajadores en el sector agrícola que, de un proceso familiar donde se transmiten conocimientos y habilidades de generación en generación (Boyden 1990) y social que se presenta como una forma de involucrar a los niños en las actividades de la comunidad (Fyfe y Jankanish, 1997), nos encontramos con niños asalariados, que integran la reserva de mano de obra barata y, además, con nulas posibilidades de organizarse o representar alguna clase de resistencia ante las condiciones impuestas por los patrones y el mismo sistema de producción.
Cabe mencionar que con las tendencias globalizadoras el segundo caso, el de los niños asalariados, va ganando terreno frente al caso tradicional de la contribución de los niños al trabajo doméstico y reproducción social del grupo. De aquí el interés por el estudio de la problemática del trabajo infantil en el campo que, si bien es cierto es hasta una forma de vínculo con la tierra y la comunidad en las familias campesinas, ha favorecido el trabajo asalariado de los niños jornaleros, un trabajo cualitativamente diferente al trabajo que los niños campesinos desempeñaban tradicionalmente.
El trabajo infantil asalariado, ocurre en tierras (parcelas o predios) no propios, es la tierra de un patrón al que ni siquiera se conoce, una tierra que, en el caso concreto de este estudio se encuentra muy lejos de la propia tierra y por la cual no se siente ningún arraigo o vínculo tradicional (cultural) que hacían de la agricultura una actividad más humana. Para los campesinos indígenas la tierra no es un «simple» medio u objeto de trabajo (es la herencia familiar), lo que explica su oposición hasta el último momento a su pérdida, es una justificación del por qué a pesar de la disminución de la superficie de las parcelas y la baja producción de los cultivos en el ciclo agrícola, persisten en conservar y cultivar la poca superficie de tierra que aún poseen (Martínez y Juan, 2007).
Este fenómeno no es un secreto y ha sido denunciado e incluso documentado por investigadores que han estado en los campos agrícolas del noroeste mexicano. En particular, el caso de San Quintín, Baja California, provocó un escándalo que trascendió las fronteras de México y atrajo la mirada de organizaciones internacionales de derechos humanos. Se tiene así, que existen datos sobre las condiciones de vida y el número aproximado de los niños trabajadores que cada año dejan algo de su infancia en los campos agrícolas del noroeste mexicano. De acuerdo con Lourdes Sánchez, coordinadora general del Programa Nacional de Jornaleros Agrícolas, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Social, son cerca de un millón y medio de niños mexicanos los que se emplean como jornaleros (Sánchez, 1996).
Aproximadamente la mitad de los jornaleros agrícolas que trabajan en el noroeste, son originarios del estado de Oaxaca, diversos estudios ubican esta migración desde principios de la década de 1970 y señalan que parte sustantiva de ellos emigra de regiones indígenas de economía campesina. (Zabin, 1992) y (UNICEF / PRONSJAG, 2000). En Sinaloa, el 37% de la población total de jornaleros agrícolas son menores de 6 años, el 25% son menores de 14 años, el 43% son originarios de Oaxaca y Guerrero (Guerra, 1996). A los cinco o seis años de edad, los niños se ganan diez o veinte pesos por día desyerbando4, a los siete u ocho ya se incorporan formalmente al trabajo asalariado en la cosecha5 de tomate, pepino o chile, y cubren la tanda normal de un adulto: un niño cosecha en promedio 33 botes o baldes de tomate de 15 a 20 kilos durante una jornada de trabajo de 8 horas; el mínimo de botes cosechados que se exige es de 20 y el máximo que se logra es de 70. (Sánchez, 1996).

3.El campo mexicano y la agricultura en la globalización

La producción agrícola mexicana, que se orienta a la exportación, ha tenido que incorporar nuevas estrategias productivas que se asemejan cada vez más a aquellas que se desarrollan en otros campos de la economía basadas en un modelo de "especialización flexible". (Lara, 1996). La especialización flexible consiste en acoplar la producción a la demanda. En la agricultura mexicana hay cambios que se expresan en la diversificación de mercados y el crecimiento de los cultivos agroindustriales de exportación, esta situación explica por qué la producción orientada al consumo nacional pierde terreno y cada vez se aleja más la posibilidad de recuperar la autosuficiencia alimentaria. Los orígenes de este cambio se ubican en la década de 1970 cuando el crecimiento se hace más lento e inestable, mientras que la competencia se vuelve más compleja y los mercados están sometidos a un proceso de fragmentación y segmentación de procesos específicos (ídem: 24).
En los últimos años los cambios en el mercado de trabajo rural se caracterizan por una mayor división social del trabajo y por un proceso de segmentación laboral (Barrón, 1997). La cercanía al gran mercado de los Estados Unidos de América, las ventajas comparativas de la región -basada inicialmente en las condiciones climatológicas y otras características físicas, y complementadas finalmente con la disponibilidad de grandes contingentes de manos de obra relativamente barata-, facilitaron y estimularon la expansión de una agricultura altamente tecnificada (llamada a veces "agricultura de plástico") convirtiendo extensas áreas semidesérticas en verdes campos de cultivo, en los que el agua se distribuye por miles de pequeños conductos que, enterrados entre los surcos, dosifican el escaso recurso (UNICEF / PRONSJAG, 2000).
El campo mexicano, sostén de la economía hasta la década de los 1960, ha sido impactado por este proceso de transformación, producto del paulatino deterioro en las condiciones de producción, sobre todo en lo que se refiere a la pequeña y mediana producción. La falta de políticas adecuadas, por una parte y la falta de vinculación de las mismas a proyectos históricos plurales y diversos, por el otro, explican el desarrollo divergente y los contrastes entre un campo moderno y tecnificado, en el caso de grandes agroindustrias en el norte y el atraso de la producción de pequeños productores, principalmente ejidatarios y comuneros concentrados en el sur de México.
Históricamente, el campo no sólo fue el sostén de la economía en México, sino la fuente de legitimación ideológica de un sistema político emanado de la revolución de 1910. La posesión de tierras de cultivo han sido una de las causas que habían alimentado al movimiento revolucionario antes mencionado, de manera que la política agraria en México fue central, no sólo en términos económicos, como una fuente para capitalizar la incipiente industria nacional, sino también en términos políticos, como forma de legitimación del régimen posrevolucionario y como mecanismo de control social. Por esto, la Confederación Nacional Campesina (CNC) fue uno de los tres pilares más importantes dentro del sistema corporativo y presidencial en el que se apoyó la construcción del llamado "partido de Estado".
Se tiene así, que las políticas económicas en el campo mexicano no estuvieron ligadas únicamente al proceso de producción, sino a la posesión de la tierra, a las expectativas de restitución y de reparto agrario para amplios sectores de campesinos e indígenas. Estas dos determinantes de la política agraria en México llevaron a un desarrollo desigual de las regiones norte y sur del país. En el norte, donde dominó la propiedad privada, se invirtió en sistemas e infraestructura hidráulica para el riego y se aplicaron las innovaciones tecnológicas en instrumentos y métodos de producción; mientras en el sur, donde dominaron las formas de propiedad comunal y ejidal, la producción continuó siendo temporal (para subsistencia familiar) y con pocas o nulas posibilidades para incorporar nuevas técnicas e instrumentos de producción.
De acuerdo al contexto mencionado anteriormente, fue hasta 1952 que en la agricultura predominó la explotación de cultivos básicos de alimentos, casi el 80% de la superficie cosechada estaba dedicada al cultivo de maíz y frijol. (Barrón, 1997). La producción agrícola en México no sólo permitía la autosuficiencia alimentaria, sino que también enfrentó con éxito la producción de insumos para la industria y la alimentación para el abastecimiento del mercado interno, lo que permitió mantener bajos los salarios de los obreros y favoreció la acumulación de capital en la industria.
Fue en la década de los 1970 cuando la agricultura se reestructuró, evidenciando grandes contradicciones que desde antes se venían generando, también es en esta época cuando se perdió la autosuficiencia de alimentos y se modificaron las exportaciones agrícolas: "los cultivos hortofrutícolas sustituyeron a los cultivos de caña de azúcar y café. Hasta 1991 los pequeños productores se hicieron cargo de la producción del maíz sin condiciones de mejora o crecimiento de técnicas de cultivo y con escasa productividad, en tanto, el mediano y gran productor del norte asumieron la producción de no básicos para el mercado". (Barrón, 1997). La crisis del maíz iniciada a mediados de los años 1960 y la crisis agropecuaria de los años 1980 terminaron con las posibilidades de activación de la economía campesina, particularmente la de las comunidades indígenas y los propietarios de terrenos comunales y ejidales, esta situación agudizó las condiciones desiguales entre el norte tecnificado y el sur atrasado. (Arizpe: 1985 y Barrón: 1997). Precisamente, Coatecas Altas se ubica en un Valle de Oaxaca, al sur de México, donde la situación anterior es muy significativa, tanto en su origen campesino como en lo cultural.
De esta manera, las condiciones estructurales del campo, aunadas al nuevo modelo económico internacional, determinaron un cambio jurídico para formalizar lo que ya estaba sucediendo en el sector agrícola en México. Ya en el III Informe de Gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el 1º de noviembre de 1991, se vislumbraba una nueva estrategia para el sector agrícola, pues se hablaba de una "necesidad urgente de modernización y certidumbre a la tenencia de la tierra" y, aunque en ese momento no se aclaró el rumbo de las políticas agrarias, se preparaba ya la reforma al artículo 27 constitucional que, independientemente del grado de certeza en el campo, fundamentaba un cambio muy importante en la forma de explotación y propiedad de la tierra que, por supuesto se hallaban vinculadas a los cambios en la organización laboral y en la producción en el sector agrícola.
Las modificaciones consistían, fundamentalmente, en el fin del reparto agrario, justificado en el agotamiento de las tierras por repartir y en una estrategia de capitalización del campo, incrementando la productividad al superar el minifundio que el gobierno ubicó como principal freno a la explotación productiva. Con la reforma al artículo 27, el Estado se declaró incapaz de llevar a cabo la industrialización del campo, por una parte, y otorgó concesiones a los inversionistas privados, por la otra. Esta reforma plantea la industrialización del campo sobre la base de las inversiones de grandes capitales privados, lo que traerá como consecuencia la descampesinización y proletarización6, que ya venían ocurriendo, así como la desocupación de todos aquellos que no logren realizar su conversión en asalariados agrícolas.
Ortega, y Curihuinca (1999) señalan que el proceso de diferenciación incluye el posterior proceso de descomposición (de la economía campesina) lo cual significa que gradualmente los productores campesinos van perdiendo sus características originales como campesinos, así como distanciamiento entre varios productores en el mismo lugar. El paso final de este proceso es la descampesinización del agricultor, desligándose de todo tipo de vestigio que lo incorporaba dentro de las características del campesinado mexicano.
El proceso de la descampesinización da lugar al nacimiento del proletariado agrícola; con un mayor o menor grado de violencia es arrancado de la tierra y este fenómeno está íntimamente relacionado con el proceso de acumulación de capital y desde luego con la migración. Otro factor que se debe tomar en consideración y forma parte del fenómeno de la descampesinización, es el incremento demográfico y las limitadas posibilidades de absorción de mano de obra de la propia economía campesina, que es obligada a expulsar a otros sectores de la economía o quedar ésta marginada. (Ortega, et al 1999 y Carmona, 2003).
Por otra parte es necesario señalar que estas transformaciones en las leyes mexicanas, ya habían sido implementadas en el ámbito económico, pues la política estatal del modelo económico que se adoptó en México en los años 1980, no fue orientada a los pequeños agricultores, sino a las grandes empresas agroindustriales, razón que deterioró las ya de por sí pésimas condiciones de producción de los campesinos que no pudieron producir siquiera para el autoconsumo (subsistencia familiar). "Durante décadas la lucha por la tierra no fue sólo una exigencia de las comunidades campesinas e indígenas para que les restituyeran su patrimonio. Fue también la lucha de los peones asalariados del campo para obtener un recurso de sobrevivencia y ganar un lugar social en ese espacio rural llamado comunidad. Seis décadas después la reforma del artículo 27 constitucional, da por terminado formal y legalmente el reparto agrario y, de paso, suprime del discurso oficial a ese grupo social". (Lara, 1996).
En este contexto, los esfuerzos de los campesinos por hacerse de una porción de tierra para subsistir, no es más una posibilidad; de la misma manera que, sin programas de apoyo viables para los pequeños productores, las posibilidades de conservar la tierra se tornan cada vez más difíciles. La agricultura de temporal7 reduce la ocupación de los campesinos a períodos de cinco meses o menos en sus comunidades con resultados de producción insuficientes para el autoconsumo (satisfacer las necesidades básicas de alimentación), estas condiciones llevan a las familias campesinas indígenas de Coatecas Altas de Oaxaca y otros grupos indígenas del sur de México a la búsqueda de empleo en los campos agrícolas del noroeste del país, que les permita reunir los suficientes recursos monetarios para afrontar los gastos que no pueden ser cubiertos por el producto de sus propias tierras, en caso de ser propietarios, y ante la falta de oportunidades en su comunidad.
Estas condiciones, por supuesto, también cambian las características migratorias de los jornaleros agrícolas en México, ya que, en la medida que es más difícil la manutención de las familias, se hace necesaria la incorporación del mayor número de miembros de las mismas, incorporándose en primer lugar las mujeres, y enseguida los niños: "en las décadas de los sesenta y setenta, lo común era que salieran hombres solos, generalmente adultos; mientras que, desde la década pasada los fenómenos migratorios incluyen a familias y, en ocasiones, a comunidades enteras que se ven obligadas a abandonar sus lugares de origen temporal, pero regularmente "(Sánchez, 1996).
En este contexto ubicamos a los niños jornaleros migrantes, integrantes de familias campesinas indígenas que no cuentan con ningún apoyo para producir en sus tierras o incluso, carentes de ella, familias que salen de su lugar de origen en busca de trabajo que les permita apenas sobrevivir. Son sus propias condiciones de vida, donde las carencias y la necesidad de satisfacer las necesidades elementales, dan a los patrones la posibilidad de contratarlos con remuneraciones muy bajas y pésimas condiciones, son estas condiciones también las que favorecen la contratación de fuerza de trabajo infantil. En los campos agrícolas del noroeste el común denominador es la incorporación de familias completas a las actividades del campo. En un estudio realizado por el Programa Nacional de Solidaridad con Jornaleros Agrícolas en el Valle de San Quintín, Baja California, se encontró que uno de cada cinco trabajadores agrícolas tenía entre 8 y 14 años (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y Programa Nacional con Jornaleros Agrícolas (PRONJAG) (2000).

4.Migración, subsistencia campesina y condiciones de vida

De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO), el estadode Oaxaca ocupa el segundo lugar nacional en el grado de marginación que vive su población; de la población mayor de 16 años, 27.5% es analfabeta y 56.7% tiene un nivel de escolaridad menor al ciclo de educación primaria completo; 45.4% de las viviendas no cuenta con drenaje ni servicio sanitario y 52.5% presenta condiciones de hacinamiento; 78.7% de la población ocupada gana menos de dos salarios mínimos. (UNICEF / PRONJAG, 2000).
Estas cifras se encuentran muy por debajo de los promedios nacionales y, obviamente, son razones fundamentales que determinan que las regiones indígenas de Oaxaca sean regiones tradicionalmente expulsoras de mano de obra barata, tanto para el interior, como para el exterior del país, estas comunidades se ubican en regiones muy pobres, con una economía mayoritariamente campesina, con pocas posibilidades para obtener ingresos alternativos. La elaboración de artesanías y otras actividades domésticas (Arizpe, 1985), representan las únicas actividades complementarias que, en la mayoría de los casos, no logran solucionar las necesidades elementales de las familias.
Ejutla es un distrito oaxaqueño ubicado en la región conocida como Valles Centrales, esta región se encuentra aproximadamente a una hora (en automóvil) de la ciudad de Oaxaca, capital del Estado."Ejutla" significa"lugar de ejotes", en el pasado este fue un lugar donde efectivamente se cultivaba fríjol (el ejote es la vaina tierna y verde del fríjol), maíz e higuerilla, principalmente. Coatecas Altas pertenece al Distrito de Ejutla. Actualmente toda la región sufre de manera profunda la crisis del campo mexicano:

Hasta hace unos 25 años, todavía se veía fuerte el cultivo de higuerilla, había todavía algunas fábricas de aceite y jabón. Se compraba la higuerilla, entonces bajó de precio y cayó, no sé si porque el aceite fue sustituido por aceites sintéticos o por otras cuestiones, el caso es que cayó el precio y ya no era rentable sembrar higuerilla.8

En estas circunstancias la fuente principal de empleo alternativo para la gente de este Distrito ha sido la migración, este fenómeno se evidencia al revisar los datos del INEGI (1997), los cuales reportan una disminución de la población que en 1990 era de 45.119 habitantes y cinco años después (1995) había 44.597 habitantes.9 En este distrito, a la tradicional migración a Estados Unidos se suma la migración a las zonas del noroeste de México: Sonora, Sinaloa y Baja California, principalmente; y son las personas más pobres las que se ubican en el segundo caso, se trata de población que no cuenta con recursos para migrar por cuenta propia:

"Por lo regular los que se van a Sinaloa son los más pobres, los que no tienen dinero, porque a ellos desde aquí los contratan, los conectan y se van hasta Sinaloa, no les cuestan los gastos del traslado. En cambio el que se va a Estados Unidos necesita más dinero porque tienen que pagar todo por su cuenta y el riesgo de lo que es su trayecto para Estados Unidos. Tiene que pagar al «coyote» y todo eso es caro, es para los de más posibilidades económicas, ya sea posibilidades de conseguir un recurso prestado o un poquito más de relaciones o de recursos económicos para poder salir."10


Mapa No.1
Ubicación Geográfica de Coatecas Altas en el contexto del territorio mexicano

El tipo de migración de los habitantes de Ejutla, y de los de Coatecas Altas en particular, hacia los campos agrícolas del noroeste es intrarural, interna y temporal o estacional, siendo los sectores más pobres, como los indígenas, quienes migran a estos campos de cultivos comerciales, pues son ellos quienes no tienen posibilidades de pagar el viaje y «el coyote», para ir "al otro lado" (Estados Unidos de América). La migración a las zonas agrícolas del noroeste de México, es la migración de aquellas familias que no tienen las posibilidades de financiar su migración. Los empresarios agrícolas contratan autobuses que van a las comunidades oaxaqueñas, incluyendo a Coatecas Altas a recoger a todos los integrantes de las familias que trabajarán durante seis meses aproximadamente, en los campos del noroeste. De acuerdo a una encuesta realizada por el proyecto "Recursos Comunitarios y Acceso al Mercado de Trabajo Rural", realizada por investigadores del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), todos los habitantes de Coatecas Altas, migran con contrato y por medio de un contratador "enganchador"11 que sirve de intermediario entre los administradores de las agroindustrias y los jornaleros, este enganchador es frecuentemente habitante de la comunidad. La operación de intermediación y gastos de traslado es rentable por el bajo costo de la mano de obra indígena que no tiene otra fuente de ingresos en su comunidad, por una parte, y por la forma de contratación que no implica una responsabilidad directa de la empresa respecto a los jornaleros.
Es en este tipo de migración donde se encuentran en contraste los dos mundos agrícolas: el de los grandes empresarios, el de la tecnología, el "moderno" (agricultura comercial) y el de los campesinos pobres, el del atraso, el que se encuentra excluido de las políticas de la globalización (dedicados en sus comunidades de origen a la agricultura de subsistencia y elaboración de artesanías). Paradójicamente el agricultor moderno (comercial) necesita de la fuerza de trabajo asalariada del campesino indígena pobre para poder producir a escalas mayores y desde luego éstos necesitan de los productores para la subsistencia de las familias, y así, sobrevivir.
El cambio en las políticas y las leyes en lo que se refiere al campo en México, ha tenido un impacto desigual en estos dos mundos que se entrelazan en el trabajo de los campesinos jornaleros migrantes; y son precisamente éstos quienes sufren de manera más profunda el impacto de las nuevas condiciones en el agro: "Su transformación en jornaleros conlleva cambios sustanciales con relación al trabajo realizado en condiciones de economía campesina". En el lugar de origen, las labores agrícolas se realizan con la participación de todos los miembros de la familia y tiene el propósito de reproducir la unidad familiar; el ingreso es familiar, indivisible y parcialmente integrado en especie; al trabajo asalariado se recurre sólo en forma excepcional. (UNICEF / PRONSJAG, 2000).
En contraste, la producción en las agroindustrias del noroeste de México, "es estrictamente empresarial" (destinada al mercado nacional y exportación), su lógica responde a la maximización de la ganancia y a la acumulación de capital; la relación laboral se basa en el salario. La tecnología es intensiva en capital y otros insumos, y se utiliza el riego en los cultivos.
La migración como única alternativa de vida es un fenómeno que se repite en la mayoría de los municipios que integran el Distrito de Ejutla, e inclusive en la cabecera distrital, donde se concentra el comercio de la región, que presentó una disminución de 19.585 habitantes en 1990 a 18.404 en 199512 ¿qué decir de las zonas rurales más alejadas donde no hay actividades económicas que representen alguna opción de obtención de ingresos para la población? En este último caso, se ubica Coatecas Altas, municipio donde el 55.57% de la población mayor de 5 años habla zapoteco (INEGI, 1995)13.
La mayoría de los municipios del Distrito de Ejutla tienen población mestiza, únicamente Coatecas Altas, San Vicente Coatlán y San Andrés Zabache son municipios con población indígena14, y son precisamente éstos donde se presenta el porcentaje más alto de migración de familias completas a los campos agrícolas del noroeste mexicano. En Coatecas Altas, la migración como alternativa principal de empleo se agudiza, pues aquí el 100% de la población tiene como principal actividad la agricultura15 y, de acuerdo a la información proporcionada por los habitantes de la comunidad, las autoridades distritales y los responsables en la zona de Valles Centrales y el coordinador estatal del Programa de Jornaleros Agrícolas, en términos reales más del 80 % de la población es migrante.
El acceso a la comunidad es por caminos de terracería, y a lo largo del trayecto se puede ver gente caminando. Se aprecia claramente el impacto de la reestructuración global del campo mexicano, pues cada posibilidad abierta o negada de empleo se convierte en la posibilidad o la imposibilidad de sobrevivencia de familias completas. Este fenómeno puede ser constatado al comparar el comportamiento de la población del municipio con el del estado de Oaxaca, sin olvidar que es una de las entidades expulsoras de habitantes en el país.
En Coatecas Altas la agricultura no satisface siquiera los requerimientos de autoconsumo de aquellos que tienen tierra, ¿qué decir de personas como Ángela, de 29 años, madre de cinco niños, entre 3 y 8 años, qué n o tiene información alguna de su esposo, después de que migró "al norte"? Desdehace algunos años, Ángela no cesa en su peregrinar anual de la comunidad a los campos de cultivo de Sinaloa para sobrevivir con sus cinco hijos, porsupuesto ellos también trabajan. ¿Y cómo no hacerlo? Si, Ángela tiene un salario temporal en Sinaloa, máximo $ 230.00 (doscientos treinta pesos) a la semana (salario en 2004), pese a sus esfuerzos por lograr más de una tanda16. Y en la libreta de la tienda del campamento, donde un kilo de arroz que en su comunidad tiene un costo de $5.00 (cinco pesos), le es vendido a $13.00 (trece pesos), su deuda de la semana no será menor a $500.00 (quinientos pesos). El resto de la deuda se paga con trabajo infantil, amén de la necesidad de ahorrar porque los seis meses que pasarán en su comunidad de origen, los ingresos serán casi nulos.17
Ángela no tiene tierras y sólo se ayudará tejiendo petates (la artesanía como estrategia para complemento de la subsistencia campesina) que venderá a $35.00 (treinta y cinco pesos), menos el costo de la palma necesaria para tejerlos. Ella puede tejer un petate en dos días. Tejiendo petates Ángela ganará $60.00 (sesenta pesos) por semana, para seis integrantes de la familia ($10.00 cada semana para cada miembro de la familia). Definitivamente esnecesario ahorrar todo lo posible en los campos de Sinaloa. Así como Ángela Cruz, hay otras «jefas de familia» migrantes que complementan su economía con la existencia de trabajo infantil asalariado. Todas ellas coinciden en que la migración aumentó en los años 1980, época en que se adoptó el cambio de modelo económico en México. En Coatecas Altas hay un promedio de 6.5 ocupantes por vivienda, esto da idea del grado de pobreza y las condiciones de hacinamiento en que viven las familias. Más aún si se consideran las condiciones de las viviendas:

"La casa es sólo una pieza, grande pero una pieza. Entonces muchos cocinan adentro, allí duermen, y es un hacinamiento su vivienda, porque a veces hay familias que están hasta tres en un mismo cuarto, está el papá con su esposa, está el hijo con su esposa y está otro hijo con su esposa."18

Los servicios básicos en el municipio son deficientes, a excepción de la electricidad que cubre el 92 % de las 800 viviendas; sin embargo sólo el 45% dispone de agua potable y apenas el 10.12% tiene drenaje. En la siguiente gráfica se compara la carencia de servicios en el municipio, respecto a la situación nacional, estatal e indígena nacional.


Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. 2000. Conteo de Población y Vivienda. Instituto nacional Indigenista 2000. Base de Localidades y Comunidades Indígenas

La escolaridad, por otra parte, es un problema serio en el total de la población de la comunidad, el nivel de instrucción de la población mayor de 5 años presenta los siguientes datos: el 38% carece de escolaridad. El 54% no terminó la primaria y apenas el 6.3% tiene la primaria completa. En el caso particular de los niños de Coatecas Altas, el 39.93 % de los niños de 6 a 14 años no sabe leer ni escribir (INEGI, 2000). A esta cifra, se añade el problema que, a causa de la migración y el trabajo de los niños como jornaleros agrícolas, la mayoría no puede pasar del tercer grado de educación elemental. En Coatecas hay niños de 6 y 7 años que cursan preescolar;19 y alumnos que están en primer grado y que tienen doce o trece años.20

«... el vaivén de su migración, no estar estables en la misma comunidad, ese es su principal problema en el rezago educativo, ya que hay alumnos de 15 años que están en primer año, pues nunca han tenido la oportunidad o el acceso para ir a otra escuela."21

Al migrar las familias completas, los niños comienzan a trabajar como jornaleros agrícolas entre los ocho y los once años22, de manera que no pueden cursar normalmente la educación elemental. Los niños migrantes no pasan del tercer grado, pues están en la edad en la que los consideran más productivos en la pizca (cosecha) y en pelar el tomate en las agroindustrias del noroeste. Los niños, junto con sus familias, cada año, se van seis meses, después, al regresar a su comunidad tienen que repetir el grado escolar y así se genera un círculo por el que no pasan del tercer grado. Ante esta problemática, se creó el Proyecto "Escuela para Niños Migrantes", a cargo del Programa de "Jornaleros Agrícolas de SEDESOL", se estableció una escuela elemental especial para niños migrantes, con ciclos especiales que comprenden la época de estancia de los niños jornaleros en su comunidad y a través de clases coordinadas entre maestros de la comunidad de origen y de los campos agrícolas.
Como es de suponerse, las necesidades y condiciones de vida de esta comunidad rebasan los esfuerzos de estos programas institucionales, además que una vez terminada la primaria, en los pocos casos en que los niños migrantes logran concluirla, la comunidad sólo cuenta con una telesecundaria23 para seguir estudiando, opción que en muy pocos casos es considerada, pues la mayoría de los niños y familias migrantes consideran que con saber leer y escribir ya es suficiente. Este es el contexto social en el que se presentan la migración y el trabajo infantil asalariado como única opción de las familias para sobrevivir. Estos son algunos rasgos de este proceso económico y social en la comunidad indígena de Coatecas Altas.

5.Trabajo infantil asalariado de los niños migrantes

A diferencia de muchos lugares donde el trabajo infantil es negado, o al menos no es reconocido como tal, en la zona zapoteca de Coatecas Altas, este fenómeno no es ningún secreto, y fue reconocido por autoridades, por los padres de familia, por los maestros y por los mismos niños como una realidad. Es un problema serio y que no es fàcil de tratar si se toma en cuenta que el trabajo infantil es cuestión de sobrevivencia de familias completas. Abordar el problema del trabajo infantil en esta comunidad indígena es, de antemano, reconocer que nos encontramos ante un problema complejo, pues, a diferencia de otros casos donde la explotación infantil no tiene ninguna justificación, el trabajo de los niños de Coatecas Altas representa una estrategia para la alimentación de la familia y sobrevivir a la falta de empleo en la comunidad, a la ausencia de sistemas de riego o de un programa efectivo de apoyo al campo. Las necesidades económicas obligan a los padres a presionar para que sus hijos sean empleados, aunque a veces los propios niños negocian directamente su contratación. En general es más la capacidad física del niño que su edad lo que determina para que se le contrate o no. Es frecuente ver a niños de 9 años laborando en campos de cultivo con las mismas cargas de trabajo que un adulto (Sánchez, 1996).
La edad en que los niños de Coatecas Altas inician su actividad productiva se ubica entre 7 y 8 años, edad en que, explicaron los niños entrevistados, se integran a las actividades propias de los adultos; sin embargo, los niños y las madres de familia explicaron que a partir de los cinco años hacen labores de deshierbe en los campos de cultivo, por estas actividades les pagan entre 10 y 20 pesos, dependiendo el tipo y el tiempo de labor que ellos realicen. El deshierbe se lleva a cabo en forma manual, cuando es así, se emplean generalmente cuadrillas formadas en una alta proporción por niños, cuya estatura les facilita la fumigación. (Barrón 1997). En los valles mexicanos dedicados a los cultivos comerciales, entre la cuarta parte y algo más de la tercera parte de la fuerza de trabajo es menor de quince años de edad y en su mayoría son contratados como asalariados, sobre todo a partir de los nueve años de edad que se les considera formalmente como jornaleros (Bossio, 1996). Las actividades principales que realizan los niños en el noroeste de México, para el caso de los cultivos de tomate, fresa, berenjena, lechuga, chile, pepino, calabaza son: amarre, azadonear, desbrote, deshierbe, deshojar, riego, hilado, y cosechar, limpieza y extracción de plástico y trasplante (Trabajo de campo, 2004).
Cuando los niños entre 8 y 14 años pizcan el tomate, se les paga igual que a un adulto, el trabajo es por"tanda" o"tarea". También sucede con frecuencia, que los padres tienen que ayudar a los niños a completar las tandas, de otra manera no les pagan lo mismo que a un adulto. Una vez que cada uno de los jornaleros llena la cubeta la traslada a un lugar donde se encuentra la batanga y la vierte, cuidando que la apuntadora anote su número, pues se corre el riesgo de"olvidar la anotación". En algunas empresas el mayordomo general o sus ayudantes de campo, a media mañana, supervisan la frecuencia de las cubetas cortadas; en el caso de que un trabajador este rindiendo por abajo del promedio se le suspende sin pago alguno. En ocasiones los miembros de la familia se organizan para el corte y traslado de los botes agilizando el trabajo de los niños; igualmente se les ayuda a elevar el bote para vaciarlo en la batanga, de esa forma se garantiza la tarifa de corte y, por lo tanto, el salario del menor. (Barrón, 1997)
En Coatecas Altas, la migración sigue siendo predominantemente circular, quizás en el futuro aumente la migración definitiva, pero por el momento, el vínculo con la tierra y la comunidad, propio de la lógica indígena, sigue predominando. La migración circular, característica de los grupos indígenas que van a trabajar al noroeste, se encuentra sujeta a condiciones infrahumanas, tanto en el trabajo como en las condiciones de vida y en los lugares ocupados por las familias. Todos los niños entrevistados en Coatecas Altas, dijeron vivir, en su estancia en Sinaloa, en campamentos, en cuartos de lámina, expuestos al frío, al calor extremo y al riesgo de plagas, en condiciones de hacinamiento.
Los problemas de salud de los niños de Coatecas que trabajan como jornaleros agrícolas, se concentran en trastornos gastrointestinales y enfermedades respiratorias. De acuerdo a las entrevistas, observaciones directas e información proporcionada por la coordinadora del Programa Jornaleros Agrícolas de SEDESOL en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, los jornaleros no tienen agua potable en los campos del noroeste, por lo cual es muy factible que los niños se enfermen, aún con más frecuencia que cuando están dentro de su comunidad, a pesar de que en esta última no hay un solo camino pavimentado.
Los niños no escapan a los procesos de flexibilización y a la reestructuración global del trabajo. El salario es en el caso de los jornaleros agrícolas, un difícil indicador de las condiciones de trabajo, pues las actividades se remuneran generalmente por volumen e implican el trabajo de varios miembros de la familia, un salario promedio por adulto en los campos agrícolas de Sinaloa por persona adulta es de$ 230.00 (doscientos treinta pesos) semanales. La ventaja de utilizar este tipo de trabajadores (indígenas, mujeres y niños), no sólo radica en que son mano de obra barata, sino en su gran flexibilidad. (Lara, 1996)
¿Qué decir del trabajo apenas remunerado de los niños que deshierban los campos o del trabajo no remunerado de niñas como Brenda, quien tendrá unos cinco o seis años, apenas puede hablar y que en este proceso de migración tiene la tarea de quedarse a cuidar al bebé? Y es que en la lógica de la producción de estas emp resas no tiene lugar el factor humano, todo son recursos sometidos a la lógica de la máxima ganancia. El trabajo infantil en las industrias agroexportadoras del noroeste está relacionado con empresas internacionales que buscan reducir costos, coaccionados por la competencia, y actúan bajo la divisa de la ganancia, del beneficio. (López, 1996).
Los plaguicidas son la causa más frecuente de muerte de los niños de las zonas rurales, antes incluso que las enfermedades infantiles más comunes, consideradas en su conjunto (Organización Internacional para el Trabajo (OIT) (1996), en Coatecas Altas, se observaron niños con manchas y quemaduras en las manos, cuando se les preguntó qué eran esas marcas, los niños contestaron que les habían quemado los líquidos que le ponen al tomate. Trabajan sin medios de protección -ropa, mascarillas, anteojos o guantes- manejan sustancias químicas sumamente tóxicas y peligrosas para la salud, como el paraquat, prohibido en Estados Unidos, y que los agricultores del valle de Culiacán importan a precios bajos. Los jornaleros viven en la periferia de los grandes latifundios, hacinados en barracas o galerones construidos con láminas de cartón, soportando un clima de más de 40 grados a la sombra. Toman agua de los canales contaminados. (Millán, 1996). La pobreza es la gran razón de ser del trabajo infantil. Las familias pobres necesitan el dinero que pueden ganar sus hijos, y éstos aportan habitualmente de un 20 a un 25 por ciento de los ingresos familiares. (OIT, 1996).
La mano de obra indígena no especializada puede ser utilizada masivamente en la cosecha y después despedida, sabiendo de antemano que regresará cuando se le requiera. La situación de pobreza y de marginación de los indígenas, así como la falta de mejores posibilidades de empleo para las mujeres rurales, hacen de ellos una población cautiva y permite su contratación en condiciones de extrema precariedad (Lara, 1996).

Conclusiones

La incorporación del trabajo infantil en el proceso de reestructuración global del campo se ha convertido en factor indispensable para lograr la sobrevivencia de las familias indígenas campesinas -familias pobres-. De esta manera, la flexibilidad que precisan las nuevas condiciones laborales favorece la demanda de este tipo de trabajo, por una parte; pero, por otra, la crisis en el campo y la imposibilidad de competencia de los campesinos favorecen la oferta del trabajo infantil.
La migración familiar y el trabajo infantil asalariado no es un problema de fácil solución, pues condenar simplemente, no soluciona las causas que generan este fenómeno social. El trabajo infantil es, de hecho, la única estrategia adaptativa de completar los medios necesarios para la subsistencia de las familias, los mecanismos para erradicarlo no son la prohibición o restricción, sino generando cambios estructurales en las políticas y los programas nacionales e internacionales que reduzcan la pobreza en la que viven las familias. Tal como lo expresa Rodríguez (1996) los millones de niños y niñas trabajadores están exigiendo con su sola presencia el reconocimiento institucional, como sujeto económico, como sujeto laboral, con todos sus derechos y prestaciones socioeconómicas correspondientes. La organización y el funcionamiento de la vida social se encuentran mediados por una revolución técnica y científica sometidos a la obtención de mayores ganancias (modo de producción capitalista). En este contexto, la sociedad se convierte en un amplio y complejo espacio de intercambios que, de acuerdo a esta lógica debe ser funcional en la producción y en el consumo.
El sueño emancipador ligado a la noción espacial que, en los orígenes del capitalismo moderno inspiró a los utopistas clásicos, Moro y Campanella y que subsistió en las utopías sociales que proyectaban a anhelos de bienestar y libertad para una comunidad universal se desvaneció tras la tecnoutopía o contrautopía de la comunidad universal de consumidores que representan las tendencias actuales de globalización.

Notas

1 Familia campesina es definida aquí como el grupo de personas integrado por el padre, la madre y los hijos que se dedican al cultivo de la tierra y su subsistencia depende directamente de los productos cultivados en las parcelas. Además el trabajo de sus miembros no recibe salario.

2 El concepto de predio es utilizado en varias regiones de México para hacer referencia al espacio adyacente a la vivienda, donde se cultivan especies vegetales destinadas a la alimentación de la familia. Otros términos relacionados con el predio son milpa, cantila, parcela, tablones, solar.

3 Los jornaleros agrícolas son personas que contratan su fuerza de trabajo para realizar diversas actividades agrícolas. Generalmente se denominan jornaleros por realizar «tareas», «faenas» «jornales» «beneficios» que equivale a trabajar determinado tiempo a cambio de cierta cantidad de dinero. El término jornaleros se vincula con la jornada de trabajo.

4 Entrevistas con madres de familia y niños migrantes de Coatecas Altas.

5 Juan (2007) en una investigación realizada en la región fresera del sur del Estado de México, encontró a niños de seis años apoyando las labores o «beneficios» agrícolas. Se tiene que cuando, se trata de una parcela o predio propiedad del padre de familia, los niños no reciben salario alguno, pero cuando «apoyan» a otros campesinos, si reciben el pago por sus tareas. Las tareas más sencillas que realizan los niños son recolección de fresa en canastas, cargar ramos de flores, quitar hierbas a los cultivos, limpiar bulbos de flor y limpiar fríjol. Al igual que en Coatecas Altas, cuando se trata de cargar pesos mayores de seis kilogramos, son ayudados por hermanos mayores o sus padres.

6 El concepto de descampesinización se utiliza para designar a aquellas unidades que una vez fueron campesinas y que ahora se encuentran en otra situación (Martínez y Juan, 2007).

7 La agricultura de temporal, es conocida en varias regiones de México con el nombre de agricultura o cultivos de secano, y su destino principal es el autoabastecimiento familiar. La precipitación pluvial al inicio de la temporada de lluvias es el elemento importante en este tipo de agricultura.

8 Entrevista a Roberto Ruiz López, Presidente Municipal de Ejutla de Crespo (Trabajo de campo, 2004). 9 Aunque en un período de cinco años hubo un decremento en el número de habitantes (522), realmente éste es significativo, toda vez que se esperaría un incremento poblacional. La causa de éste decremento no es la tasa de mortalidad, sino el proceso migratorio que incluye familias completas.

10 Entrevista a Roberto Ruiz López, Presidente Municipal de Ejutla de Crespo (Trabajo de campo, 2004).

11 Encuesta realizada por el proyecto «Recursos Comunitarios y Acceso al Mercado de Trabajo Rural», a cargo de los investigadores Hubert Cartón de Grammont, Martha Judith Sánchez y Sara María Lara. Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM.

12 A nivel de la cabecera distrital también ha ocurrido decremento en el número de habitantes, lo cual se asocia con el proceso migratorio regional.

13 En Coatecas Altas la agricultura es una actividad de subsistencia familiar basada en el conocimiento campesino indígena

14 Programa de Desarrollo Municipal. Ejutla de Crespo.

15 Según datos de la encuesta realizada por el proyecto «Recursos Comunitarios y Acceso al Mercado de Trabajo Rural», Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM.

16 La tanda o tarea consiste en llenar un número determinado de baldes o cajas, las mujeres solas tienen que trabajar dos o tres tandas, lo doble que trabajaría una persona normalmente, de otra manera no es rentable la migración

17 Entrevista a Ángela Cruz Sánchez, madre de familia migrante de Coatecas Altas (Trabajo de campo, 2004).

18 Entrevista a Fany Mendoza, Coordinadora del Programa «Jornaleros Agrícolas» de SEDESOL en la región de los Valles Centrales de Oaxaca (Trabajo de campo, 2004).

19 Entrevista a Fany Mendoza, Coordinadora del Programa «Jornaleros Agrícolas» de SEDESOL en la región de los Valles Centrales de Oaxaca (Trabajo de campo, 2004).

20 Entrevista a Juan Gabriel Betanzos Villalobos, maestro del Programa «Escuela para Niños Migrantes» en Coatecas Altas. (Trabajo de campo, 2004).

21 Entrevista a Sofía Aragón Ortíz, maestra del Programa «Escuela para Niños Migrantes» en Coatecas Altas. (Trabajo de campo, 2004).

22 De acuerdo a las entrevistas a la coordinadora del Programa Jornalero Agrícolas en los Valles Centrales, a los maestros del Programa Escuela para Niños Migrantes y las realizadas con los propios niños. (Trabajo de campo, 2004).

23 Encuesta realizada por el proyecto «Recursos Comunitarios y Acceso al Mercado de Trabajo Rural», Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM.

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ACEPTADO: 24 de Agosto 2009