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Revista argentina de sociología

On-line version ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. vol.7 no.13 Buenos Aires July/Dec. 2009

 

ARTÍCULOS

Voces, silencios y gritos: Los significados del embarazo en la adolescencia y los estilos parentales educativos

Graciela Irma Climent

Instituto de Investigaciones "Gino Germani" Facultad de Ciencias Sociales, UBA

zycl@arnet.com.ar
Licenciada en Sociología,Investigadora, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/nstituto de Investigaciones "Gino Germani", Facultad de Ciencias Sociales, UBA/

Abstract

El embarazo adquiere distintos significados que implican distintos riesgos: proyecto, reproducción de modelos maternos, transgresión, respuesta a carencias afectivas, etc. En las familias negligentes se encuentran las situaciones más preocupantes: adolescentes que se vieron implicadas en situaciones de violencia familiar y escolar, consumo de drogas y alcohol, fuga de hogar, hechos delictivos, abortos, etc. En estos casos el embarazo pueden leerse escucharse- como gritos de adolescentes que carecen de apoyo y afecto y son los que deberían ser considerados prioritariamente por las políticas públicas y las estrategias de intervención desde las áreas de salud, educación y desarrollo social.

Palabras Claves: Embarazo adolescente; Sexualidad; Estilos parentales educativos; Relaciones familiares.

Pregnancy thus acquires different meanings which imply different risks: a project, the reproduction of traditional maternal models, transgression, a response to lack of affection, etc. The most concerning situations are found in careless families: adolescent girls who have been implied in contexts of family and school violence, substance and alcohol abuse, escape from home, criminal activities, abortions, etc. In these cases, pregnancy can be read-heard- as cries from adolescent girls lacking support and affection and should be considered a high priority for public policies and intervention strategies in the areas of health, education and social develop.

Keywords: Adolescent pregnancy; Sexuality; Parental educational styles; Family relationships.

1. Introducción

Los significados atribuibles al embarazo en la adolescencia son múltiples, heterogéneos y hasta contradictorios. Por un lado, puede hacerse referencia al significado subjetivo que tiene para la adolescente, conscientemente percibido y manifiestamente expresado. Pero hay otros significados que se infieren a partir de pistas e indicios y que se refieren no sólo a las vivencias y a la subjetividad de las adolescentes -incluidos los aspectos inconscientessino también a diferentes aspectos del contexto familiar y social.
Intentar descifrar el significado del embarazo adolescente conduce a la comprensión del comportamiento reproductivo en la adolescencia y, por ende, de sus posibles consecuencias como el embarazo en esa etapa de la vida, lo cual ha llevado a profundizar en el conocimiento de dichos comportamientos considerando las dimensiones simbólicas, sociales y culturales que promueven el inicio de la vida sexual y la trayectoria reproductiva.
La toma de decisiones sexuales y reproductivas de los adolescentes se inscribe en un complejo entramado que articula, entre otros aspectos, la pertenencia de clase, género y religión y las condiciones de socialización y subjetivación. Por otra parte, dichas decisiones se inscriben en contextos familiares con distintos grados de sostén familiar que brindan marcos más o menos seguros para un adecuado desarrollo intelectual y afectivo. Además, esas decisiones se enmarcan en las configuraciones sociales, culturales y simbólicas que prevalecen en la sociedad acerca de la sexualidad y la maternidad. Las imágenes de género, los estereotipos de roles que éstas imágenes asignan a las personas según sexo y las relaciones entre los géneros basadas en el desequilibrio de poder contribuyen a explicar las modalidades que adquieren los vínculos sexuales y los comportamientos reproductivos de los adolescentes.
Es conocido el papel de la familia en la socialización de género ya que en ella emergen distintas expectativas acerca de los roles femeninos y masculinos que están condicionadas socioculturalmente. Ya desde el embarazo existen expectativas respecto al que nacerá según su sexo y a partir del nacimiento se da un trato diferencial a niños y niñas que va estructurando y reforzando la identidad de género. El problema es que la diferencia sexual se convierte en desigualdad social en que la mujer ocupa un lugar de subordinación. (Vielma 2003, Castoriadis y Aulagnier 1988)
También es sabido que las prácticas sexuales, reproductivas y afectivas han experimentado importantes cambios y se van aceptando múltiples formas de ser varones y de ser mujeres, de paternizar y maternizar y se van resignificando los roles femeninos y masculinos (Vielma 2003; Banchs 1999).
Pero junto con las marcadas transformaciones conviven fuertes permanencias, que muestran fuerzas en pugna y contradictorias. Por ejemplo, persiste el machismo y la doble moral mientras que de las mujeres se sigue esperando la pasividad, la preservación de la virginidad, la inocencia (Echeverría Linares 2004). Es en ese marco de contradicciones, en el que sobrevive la sacralización de la maternidad y la concepción de la mujer dedicada al hogar, donde se genera la valorización de la maternidad como destino para las mujeres así como el rechazo del aborto y hasta de la anticoncepción. De ahí deriva también la persistencia de representaciones que vinculan al embarazo en la adolescencia como conductas transgresoras, de mujeres que "no son de su casa", que asocian el embarazo con relaciones sexuales promiscuas o con el consumo de alcohol y drogas. De esas concepciones derivan también las dificultades de las mujeres en la negociación con las parejas sobre el uso de anticonceptivos (Climent 2005).
Entonces en este marco, en el que el placer no está incorporado «legítimamente» como la finalidad de las relaciones sexuales, la experiencia sexual adolescente se sitúa en el campo de lo "prohibido" y de la transgresión, el cuidado anticonceptivo se constituye en un comportamiento doblemente transgresor: implica planificar lo prohibido y tomar medidas para que no acarree consecuencias. De este modo, los comportamientos que serían deseables en el campo de la prevención se asocian a una transgresión de las normas aún mayor (Quintana Sánchez 2003).
En síntesis: los y las adolescentes experimentan la sexualidad en un contexto que no asegura un ejercicio de la sexualidad placentera y saludable ni se reconoce su derecho a ello.
Pero también es importante analizar la sexualidad adolescente como un hecho heterogéneo, que presenta diferencias en términos de la cultura, clase social, la raza, la religión, la educación, el acceso a servicios de salud, la residencia urbana o rural y otras. En este sentido el embarazo en la adolescencia es producto de un conjunto de inequidades ligadas a las condiciones de precariedad y pobreza en la que viven los jóvenes (Stern 2001, Weller 2000, Gogna 2005).
Pero además la adolescencia no es un período que transitan de igual manera todos los y las jóvenes sino que hay marcadas diferencias según sectores socioeconómicos y culturales. En los sectores menos privilegiados los adolescentes tienen, a menudo, la necesidad de asumir responsabilidades de cuidado de sí mismos, de los hermanos o, en algunos casos, de los hijos y hasta de los padres así como de contribuir al sustento familiar. Desde la infancia los niños de sectores populares se ven sometidos a perversos procesos de expulsión social. (Duschatzky y Corea 2002).
Entonces no es adecuado referirse a los adolescentes como si se tratara de un colectivo homogéneo, aún cuando tengan rasgos que los asemejan, sino a jóvenes que están determinados por su clase social, la historia familiar, su género y la urdimbre relacional en la que desarrollan sus vidas. Y así como no hay una sola manera de vivir la adolescencia ni la sexualidad tampoco el embarazo en esta etapa de la vida tiene un significado unívoco, encontrándose variados matices según los distintos sectores socioeconómicos y culturales (Stern 1995, Varela 2006, Garita Arco 2007, Rohden 2003, Marcús s/f). Aún al interior de un mismo sector social se encuentran distintas valoraciones. En algunos casos el embarazo en la adolescencia puede resultar una experiencia inesperada y conflictiva, tanto para la joven como para su entorno familiar. Pero en otros, el embarazo -planeado o no- no implica una situación de tensión y conflicto, siendo aceptada por la joven mujer, su pareja y su familia (Caldiz 1994, Climent 1996, 1998, 2001a, 2001b, 2005, Piñero 1998)
Esto ha llevado a pensar que lejos de ser uniforme, hay una variedad de situaciones sociofamiliares, aún dentro de un mismo sector social, que se relacionan con el embarazo en la adolescencia y que éste puede percibirse como un evento positivo y ser motivo de satisfacción o como un problema, en cuyo caso debería evitarse. A la vez puede atribuírsele varias causas que contribuyen a explicar la valoración o significación otorgada.
El no uso de métodos anticonceptivos y las razones para ello es un aspecto vinculado directamente con el "significado del embarazo". Pero otros aspectos funcionan como mediatizadores más o menos próximos. Las condiciones de deseabilidad y aceptación en que se producen los embarazos, los sistemas de apoyo para enfrentar la maternidad, la situación de conyugalidad, la edad de la adolescente y su grado de autodeterminación respecto a su maternidad son claves en la definición de la situación de embarazo como un hecho deseable o como un problema. Además esa definición está vinculada al proyecto de vida más amplio, que trasciende lo referido al hijo y la pareja e incluye la posibilidad de continuar los estudios, de trabajar, de disponer de tiempo libre. Se relaciona también con las condiciones materiales de vida-vivienda, alimentación adecuada para la adolescente y el niño, acceso a los servicios de salud y educación, etc. El significado del embarazo se resignifica en el curso del tiempo y se comprende a partir de las reflexiones de la adolescente tanto durante el embarazo como posteriores al parto como así también de los comportamientos que lleva a cabo a partir de la confirmación del embarazo.
De lo anterior se deriva que, según su significado, el embarazo adolescente implica diversas necesidades y eventuales riesgos que requieren abordajes y políticas públicas diferenciales.
El artículo se propone describir distintos modelos familiares según los estilos parentales educativos y establecer lo distintos significados que pueden asignarse al embarazo en la adolescencia.

2. Estilos Educativos Parentales

Las familias configuran diversos modelos familiares que se expresan en las pautas de crianza, disciplinarias y de interacción referidas a las obligaciones escolares y domésticas, a las actividades recreativas y a los comportamientos sexuales y reproductivos, etc.
Los estilos educativos parentales que se expresan en las respuestas que los padres dan a los hijos ante cualquier situación cotidiana. Los estilos parentales han sido definidos por Darling y Steinberg (citados por Vallejo y López, 2004) como una configuración de actitudes hacia los hijos que les son comunicadas y que en su conjunto crean un clima emocional en el cual se expresan las conductas de los padres. Se habla de estilo por su permanencia y estabilidad a lo largo del tiempo, aunque en aspectos concretos puede haber variaciones. Los estilos operan como verdaderas matrices de aprendizaje que determinan los comportamientos y vínculos que los hijos establecerán en el futuro.
Para establecer los estilos parentales se toman en cuenta dos aspectos del comportamiento de los padres centrales en la educación de los hijos: el apoyo parental y el control parental.
El primero se refiere a la aceptación, amor, aprobación y ayuda en relación a los hijos. Desde el punto de vista de éstos se lo define como el grado en que los hijos se sienten aceptados, queridos, comprendidos y tomados en cuenta por sus padres. Para que se dé un adecuado apoyo, las personas deben vivenciar relaciones interpersonales familiares armónicas.
El control parental se refiere a las diversas técnicas de disciplina por medio de las cuales los padres intentan controlar o supervisar la conducta del hijo y el cumplimiento de las normas establecidas por ellos. Incluye dar consejos, instrucciones, sugerencias, castigos, amenazas y restricciones. Esto implica la imposición de normas que hay que cumplir y el hecho de dar o no explicaciones al respecto. Se han encontrado los siguientes cuatro estilos de disciplina familiar, desarrollados originariamente por Baumrind (Musitu 1996; Comellas 2003; Vielma Rangel 2002; González Tornaría 2000; Vallejo y López 2004; Astudillo et al 2000).
La combinación de estas dos dimensiones -apoyo y control parentalconforman los siguientes estilos parentales:

  1. Estilo democrático: son padres exigentes que establecen pautas claras, son receptivos ya que atienden las necesidades de sus hijos. Utilizan sanciones de manera adecuada, ponen límites de manera racional, dando razones para los mismos, apoyan la individualidad e independencia de los hijos, promueven la comunicación familiar respetan tanto los derechos de los hijos como los suyos propios y ajustan sus demandas con el nivel de desarrollo evolutivo de sus hijos. Este estilo fomenta el intercambio verbal y utiliza como disciplina básicamente la inducción y algún uso de la fuerza.

  2. Estilo autoritario: son padres exigentes y poco receptivos ya que toman poco en cuenta las necesidades de sus hijos; las reglas que imponen no pueden ser cuestionadas ni negociadas y la obediencia sin cuestionamiento es sobrevalorada. No estimulan la independencia e individualidad de los hijos y utilizan la fuerza -incluyendo el castigo físico- ante conductas consideradas inadecuadas.1

  3. Estilo permisivo: se trata de padres poco exigentes, afectuosos y receptivos, inclinados a satisfacer las necesidades y demandas de sus hijos; establecen pocas reglas de comportamiento y los hijos no son forzados a obedecer. Son muy tolerantes e indulgentes ante el comportamiento de los hijos y casi no recurren a los castigos para disciplinarlos; por lo general, su estilo disciplinario es, en parte, también inductivo.
  4. Estilo negligente: son padres que prestan poca atención a las necesidades de sus hijos y que no les dan muestras de afecto. No son exigentes ni receptivos, son hostiles, tratan de pasar el menor tiempo posible con sus hijos y no se ocupan de ellos. Abdican de su función parental y oscilan entre ser prescindentes o autoritarios en cuanto establecer normas y controlar la conducta de los hijos. Esto significa que, alternativamente y de acuerdo al humor del momento, no establecen normas o lo hacen arbitrariamente y no controlan el cumplimiento de las mismas o lo hacen coercitivamente mediante la fuerza.

El estilo democrático es el que se considera más adecuado para que los niños y jóvenes sean autocontrolados y estables psíquica y socialmente. Además, los límites en el comportamiento, definidos e impuestos en forma consistente y no arbitraria, están asociados a una alta autoestima. (Musitu 1996)

3. Objetivo y Metodología

El objetivo de esta ponencia es relacionar los estilos parentales educativos, la calidad de las relaciones familiares y el significado del embarazo en la adolescencia en el marco de la socialización de género.
Se basa en un estudio cualitativo2. Se han efectuado, por separado, 40 entrevistas abiertas a adolescentes embarazadas y 40 entrevistas a sus respectivas madres -ambas pertenecientes a sectores populares urbanos- en el Hospital Materno Infantil del Partido Malvinas Argentinas, Provincia de Buenos Aires, en 2004. Se privilegió que las hijas tuvieran hasta 17 años al momento de embarazarse y que se tratara del primer embarazo aunque este criterio no fue excluyente.
En esta investigación se aborda tanto desde la perspectiva de las adolescentes embarazadas como las de sus madres. La madre tiene un papel central en la socialización de las hijas, principalmente en el área de la sexualidad y el género, transmitiendo pautas y valores acerca de los comportamientos aceptados como apropiados para las mujeres: trabajo doméstico y extradoméstico, anticoncepción, crianza de los hijos, atención de la familia, formas de relacionarse con las personas del sexo opuesto y poder en la pareja, entre otros.
A través de procesos de identificación se da una reproducción intergeneracional de las expectativas y roles de género y los proyectos de vida. Si bien esto no implica una repetición automática del modelo materno y familiar, la madre, como figura internalizada, está presente en los proyectos de la hija ya sea como un modelo a ser evitado o a seguir. (Geldstein, Infesta Domínguez y Delpino 1996; Prece, 1996; Dorfman Lerner, 1992). Por ello las madres son consideradas como uno de los "otros significativos" más relevantes en la educación y socialización de las hijas y representantes claves de los estilos parentales educativos.
Por otra parte, según estudios previos, son las madres las que generalmente se hacen presentes en el momento del alta de las hijas y las que se responsabilizan por ella y por el/la nieto/a. Este hecho hace que sea un momento adecuado para realizar las entrevistas, garantizando la factibilidad de la investigación3.
Además, sin entrar en la razones de que esto ocurriera, al momento de embarazarse, unirse conyugalmente o irse de la casa 14 de las chicas vivían con el padre y la madre, 19 vivían con la madre pero no con el padre (algunas con padrastros), 1 vivía con el padre pero no con la madre y 6 no vivían ni con el padre ni con la madre. Es decir que en ese momento 33 vivían con la madre y 15 con el padre.
Aunque la investigación toma en cuenta las perspectivas de la madre y de la hija, la entrevista aborda también el papel del padre en la educación de la hija según dichas perspectivas. Es así que pueden delinearse los estilos educativos parentales.

4. Perfil Sociodemográfico

Al momento del primer embarazo 4 de las hijas tenían entre 13 y 14 años, 19 tenían entre 15 y 16 años y 17 entre 17 y 19 años. Sólo 8 de las adolescentes estaban unidas al embarazarse. Por otra parte, 4 de ellas tuvieron un embarazo anterior que terminó en aborto y 3 ya habían tenido 1 ó 2 hijos, mientras que para 33 se trataba del primer embarazo.
Al momento de embarazarse 22 de las 40 chicas estudiaban mientras que 16 ya habían abandonado y 2 concluido los estudios. Durante el embarazo 11 de las chicas abandonaron los estudios.4
Por su parte, casi todas las madres tuvieron a su primer hijo siendo adolescentes. Más de un tercio no concluyó los estudios primarios. La situación socioeconómica del grupo familiar de origen de las hijas indica que la mayoría se ubica en un nivel bajo. Cabe señalar que en un poco más de la mitad de los casos se presentan severas carencias materiales: vivienda precaria, terreno fiscal, sin disponibilidad de agua en baño y/ o cocina, sin baño adentro de la vivienda, jefe/a del hogar sin trabajo, etc.

5. Estilos Educativos Parentales y Significado Del Embarazo En La Adolescencia

Al analizar la información se ha encontrado que los estilos parentales educativos no son puros ni totalmente constantes pero hay un predominio de rasgos de uno o algunos de ellos. Incluso se da que los padres adoptan estilos educativos distintos en diferentes áreas de la vida: por ejemplo son autoritarios en cuanto a los estudios y permisivos en cuanto al ejercicio de la sexualidad o a la inversa.
Para determinar los estilos parentales se tomó en cuenta las normas que los padres establecen y las formas de control de la conducta de las hijas en varias áreas de la educación de las hijas como las obligaciones escolares y domésticas, la sexualidad y el tiempo libre, que muestran cómo se expresan dinámicamente los distintos estilos educativos.
Es importante señalar que la calidad de las relaciones familiares varía según el estilo educativo parental que predomine.
Esas dimensiones -estilos parentales y calidad de las relaciones familiaresse relacionarán con el significado que adquiere el embarazo en la adolescencia que se estableció tomando en cuenta si la adolescente quería o no embarazarse -corroborado por su actitud ante el embarazo-, las razones para querer o no un embarazo, el haber previsto o no cómo iba a mantener y atender al hijo/a, la socialización de género, la razón del no uso de un método anticonceptivo cuando no querían embarazarse, la percepción de carencias afectivas, etc.
Las chicas fueron criadas con los siguientes estilos: 1) democrático: 6 adolescentes; 2) permisivo: 10 adolescentes; 3) autoritario (paternalista): 13 adolescentes; 4) negligente-autoritario (despótico): 11 adolescentes. Pero debe tenerse en cuenta que la denominación hace referencia al estilo predominante aunque casi ningún caso puede encuadrase en un estilo puro.

5.1. Estilo democrático

Las madres establecen normas adecuadas a la edad: cumplimientos de horarios, salir con permiso avisando a dónde y con quien salen, cumplir con las tareas escolares y con algunas obligaciones domésticas. Las normas implican algunas prohibiciones o restricciones como no fumar o no beber alcohol. A varias chicas -generalmente a las de menor edad- no las dejan ir a bailar a boliches o bailantas por considerarlos peligrosos, aunque les permiten concurrir a los bailes familiares o cumpleaños.

· Si se tienen que ir a bañar, si tienen que hacer la tarea ahora, hacerlo ya. Yo me iba a trabajar pero en mi casa quedaban todos sabiendo qué es lo que se tenía que hacer y eso se tenía que hacer. Si iba a bailar ella sabía que tenía una hora para volver. Cuando salía con el novio, bueno, siempre se acordaba, "volvés a tal hora".
· Nos levantamos y cada cual tiene que hacer una tarea para ayudarme porque no soy de hierro; un límite para el televisor, a las diez de la noche ya se van a dormir porque van al colegio a la mañana y cuando hay películas de adultos no las miran.

Estas madres utilizan la inducción para lograr el control de la conducta de los hijos: hablar con ellos, reflexionar sobre las consecuencias de los actos o sobre el motivo de las restricciones:

· Yo la retaba, charlaba para que entendiera... Les hablo y les digo bien las cosas y ellos lo hacen. Si traen una nota baja les digo que presten atención, que estudien.
· Si no hacen lo que les digo, los reto. Les pregunto por qué no lo hicieron; pegarles no.

Para estas madres el estudio es muy importante y apoyan a las hijas para que estudien. A las hijas no hay que insistirles en que lo hagan ni requieren control dado que a ellas les gusta estudiar y, en general, son buenas alumnas y continúan estudiando o finalizaron los estudios.
En algunos casos las hijas abandonaron los estudios por el embarazo. Estas jóvenes prometieron continuar los estudios luego del parto y las madres aceptaron con esa condición.
Antes de empezar a tener relaciones sexuales todas las chicas entrevistadas sabían que podían quedar embarazadas y que había métodos anticonceptivos. Pero las madres se involucraron de distinta manera en la información brindada. La mayoría de las madres democráticas informaron sobre la existencia del preservativo y/o la pastilla pero no sugirieron usarlos ni consultar al médico.La generalidad de estas madres no sabían que las hijas tenían relaciones sexuales antes de que quedaran embarazadas y no estaban de acuerdo en que las tuvieran porque temían que quedaran embarazadas o adquirieran una enfermedad de transmisión sexual o que repitieran experiencias traumáticas que ellas debieron enfrentar como el abandono de la pareja.
Otras madres están conforme con la pareja de la hija a las que describen como responsable, trabajador, tranquilo, respetuoso, tiene estudios y estuvieron de acuerdo con la unión conyugal de las hijas porque éstas estaban embrazadas y/ o enamoradas. Pero algunas madres, preferían que las hijas pospusieran la unión hasta tener mejores condiciones materiales como una vivienda y un trabajo seguro.Y algunas otras no reaccionaron bien ante el embarazo pero lo aceptaron y apoyaron a las hijas. Las hijas educadas democráticamente fueron las que se iniciaron exuosalmente y se embarazaron más tardíamente - en promedio a los 15.6 y a los 17.1 años respectivamente-Dos tercios de estas chicas querían embarazarse, observándose una lógica de anticipación ya que, relativamente, habían previsto cómo lo iban a mantener y a cuidar al hijo:

· Habíamos hablado con mi pareja.
· Yo contenta, era lo que buscaba; hacía 3 años que salía con él, tenía relaciones. Al principio nos cuidábamos. Después, un día hablando, decidimos probar a ver si quedaba embarazada, como teníamos todo, teníamos lugar en donde estar, él tenía trabajo...
·
Y... el padre iba a trabajar para darle de comer.

Todas reaccionaron bien ante el embarazo, aún las que no lo planearon.
En estas familias predominan las relaciones familiares armónicas. Las madres e hijas confían entre sí, aunque algunas hijas dicen que no conversan con las madres sobre temas íntimos y no tienen mucha comunicación con ellas.
En este contexto, el embarazo puede leerse como una identificación con los modelos maternos y como un proyecto de vida. En el caso de los embarazos imprevistos, éstos se debieron a "accidentes" con el uso de los anticonceptivos.

5.2. Estilo permisivo

Las madres permisivas combinan normas adecuadas como las anteriores con otras más permisivas: son menos estrictas con las hijas en el cumplimiento de horarios y en los permisos para las salidas, no les exigen que realicen tareas domésticas y aceptan que las hijas fumen. Suelen ser muy indulgentes con las hijas y les conceden lo que piden:

· Le daba todos los gustos, todo lo que ella quería.
· A ella le gustaba dormir hasta tarde. Yo la dejaba hasta las 11.30,le llevaba el desayuno a la cama, la malcriaba.

En cuanto a las técnicas de control son muy laxas y aunque a veces imponen un castigo, no son firmes en hacerlos cumplir:

· Me compraba de cualquier manera, siempre consiguió lo que quiso conmigo.Ella era la única mujer que me quedaba y yo tiraba siempre a defenderla a ella. Y el padre igual; no la retaba ni nada, le dábamos siempre lo que quería.
· Yo fui más amiga que madre me parece, tendría que poner un poco más de límites...
· Le hablaba, le sacaba las salidas pero ella salía igual; es fácil que yo afloje.

Muchas de estas madres no insistieron en que las hijas estudiaran y aceptaron que abandonaran los estudios- aún los obligatorios- porque las hijas privilegiaban el noviazgo o la formación de la pareja unido a la falta de interés en los estudios y a dificultades de aprendizaje.

· Mucho no le gustaba estudiar y como ya estaba de novia me pareció bien (que deje).
· Repitió (1ro. polimodal) y no quiso seguir; le parecía que no era capaz. Le dije que siguiera, pero si no quería no podía forzarla; no iba a gastar en útiles y después no iba a ir... y después se juntó y quedó embarazada, ya está, no volvió.

Y otras, aunque insistieron, no lograron imponerse a la decisión de las hijas:

· Fue hasta 7mo. y no quiso estudiar más; no quiso y no quiso. No le gustaba estudiar. Ah, llorando le pedía, muchísimas veces le dije que estudie, que tenía que ir al colegio y "no voy a ir, no voy a ir" me decía ella y no siguió más el colegio. Mi marido la dejó.

Varias de estas madres además de explicar sobre los métodos anticonceptivos sugirieron consultar al ginecólogo -algunas después que se enteraron que la hija tenía relaciones.
Algunas madres fueron aún más "activas" y les sacaron turno para consultar al médico, las llevaron al ginecólogo o les compraron las pastillas o preservativos. Sin embargo, no insisten en que las hijas los utilicen. La mayoría de estas madres sabía que las hijas tenían relaciones sexuales y más de la mitad de ellas estaba de acuerdo en que las tuvieran.

· Nunca me opuse a que tuviera relaciones. Como yo no tuve a mi mamá, me crié sola, lo que yo decidía estaba bien. Creo que para mi hija también es así. Considero que si ella decide tener un chico está bien. Nunca me opuse a su felicidad.
· Sí, mi hija me contó que iba a tener relaciones con el chico. No me gustaba mucho la idea porque ella tenía 14 años y me parecía muy chica, que estaba bien con el chico, que ya hacía rato que salían que querían tener relaciones y bueh, me pareció bien...
· Sí, estaba de acuerdo porque ya había cumplido los 15 años, es de lo más normal.

Estas madres perciben al embarazo como normal, esperable y hasta inevitable:

· ...es normal que ella se embarazara.
· A cualquier adolescente le puede pasar. No va a ser la primera ni la última.
· Yo sabía que tarde o temprano iba a quedar embarazada porque ella tenía un novio que venía a casa. Ella me decía que no tenían relacionespero yo mucho no le creí.

La mayoría de estas madres estaba conforme con las parejas de las hijas y estuvieron de acuerdo en que se unieran conyugalmente. Algunas aceptaban que se quedaran a dormir en la casa de los novios y consintieron en que se unieran antes de embarazarse.
Estas madres son las que en mayor proporción reaccionaron bien ante el embarazo.
Por su parte, las hijas criadas con estilo permisivo se iniciaron sexualmente a los 14.9 años y se embarazaron a los 15.8. Casi los dos tercios quería embarazarse y la mayoría reaccionó bien ante el embarazo, aún ante los no planeados.
Algunas habían previsto como mantener y cuidar al bebé pero en la mayoría de los casos prevalece la lógica del instante, un deseo que se tiene que cumplir sin prever las consecuencias, dando por sentado la ayuda de los padres:

· Quería tener, se me dio por tener un bebé, me gustaba...
· No, no, yo no pensaba; en ese momento no pensaba; yo quería un bebé y no pensaba en nada, ni cómo era el embarazo, ni cómo lo iba a tener, cómo iba a comprar las cosas. Después de unos meses empecé a pensar cómo iba a hacer.
· ¿Se plantearon cómo lo iban a mantener? Y no, con la ayuda de los padres de él, de mis papás, como él va a la escuela y bueno, cuando termine elcolegio va a empezar a trabajar, falta un año todavía.

En estas familias predominan las relaciones familiares armónicas y, en menor medida, las relaciones algo conflictivas.
El embarazo parece surgir de la aceptación de los modelos maternos naturalizados debido a una socialización de género tradicional que se observa en la naturalización del embarazo a temprana edad y en la baja valoración de los estudios como un medio para que la mujer se realice profesionalmente y se independice económicamente. Además puede ser una respuesta a límites laxos respecto a la sexualidad, la recreación y los aprendizajes escolares.

5.3 Estilo autoritario paternalista

Las normas, generalmente adecuadas a la edad, incluyen algunas más restrictivas que las anteriores en cuanto a las amistades, las salidas, la vestimenta, etc.

· Yo miro las amistades que tiene, había chicas que se drogaban, que andaban con un chico, con otro; si le conviene va y si no, no va; yo le digo "Esas chicas no son para vos".
· Ir a bailar no la dejaba, no la dejaba que use ropas ajustadas, provocativas. La llevaba y traía del colegio, sólo salía con la hermana, a la calle no la dejaba salir.

En las formas de control las técnicas coercitivas se alternan con las permisivas o inductivas:

· Cuándo no hacía lo que le decía no la dejaba salir, la retaba; pegarle no; con sólo hablarle o darle un sacudón, agarrarle del brazo y zamarrearla cosa que tenga miedo. No le digo que no le dimos algún chirlo cuando lo merecía... El padre a veces la retaba; a él le obedecía siempre porque él era más exigente. Le pegaba 2 o 3 gritos y ya está.
· Éramos amigas, estaba en el club en los partidos cuando ella jugaba... Le había dicho que el secundario lo tenía que terminar sí o sí. Por ahí le iba mal en una materia y le poníamos una penitencia,»no vas al baile». Pero no voy a mentirle, a veces la retaba o la cagaba a pedos sobre todo por el tema del colegio; mintió diciendo que había aprobado y no era cierto. Era tanta la bronca que tenía que la entré a agarrar de los pelos y a cachetearla. Después no la dejamos ir al viaje de egresados... Y si bien mi marido nunca le pegó, a veces la sentaba a la mesa y le hablaba y la hacía llorar, le trabajaba la moral... Mi marido la cacheteó cuando se quería juntar con el pibe. Y yo era tanta la bronca acumulada que tenía que descargué y la golpeé y mi marido decía "dejala, dejala".

Las madres autoritarias son restrictivas en cuanto a la sexualidad y no estaban de acuerdo en que tuvieran relaciones sexuales, algunas por razones morales:

· Si hubiera sabido que tenía relaciones la habría encerrado en un colegio porque a mí me criaron así. Para mí es todo así, derecho, si no nada.
· Más vale que no me hubiera gustado, porque una mujer no tiene que hacer esas cosas, una mujer tiene que respetarse...

La mayoría no sabía que las hijas tenían relaciones sexuales, resignándose cuando se enteraron u oponiéndose abiertamente. Algunas se oponían a que las hijas tuvieran novios.
Se diferencian dos subgrupos: algunas de estas madres si bien, en el discurso valoran el estudio, no insisten y se resignan cuando las hijas no quieren estudiar, ya sea por dificultades de aprendizaje o por privilegiar el noviazgo. Aunque todas las hijas sabían sobre anticoncepción no siempre fueron las madres las que les informaron sobre ello -a veces porque las hijas no vivían con ellas- sino las hermanas mayores, la tía o en la escuela.
Algunas de las madres sólo mencionaron la abstinencia como método posible o no informaron sobre el tema por convicciones arraigadas, generalmente religiosas:

· Yo me refería a que ella todavía no tenía que mantener relaciones porque era muy chica y todo eso. Yo nunca le dije "tomá esta pastilla ni ponete esta inyección ni nada de eso".
· De los anticonceptivos no les hablé. Pero siempre les decía que se cuiden, porque hay muchas amigas que quedaron y yo les ponía los ejemplos como iban a andar ellas, como que ya te tenés que hacer responsable del bebé. Además en nuestra religión (evangélica) las relaciones no se permiten.

Para las madres del otro subgrupo el estudio es muy importante y apoyan a las hijas, controlan cómo les va en los estudios, les insisten y hasta les exigen que estudien lo que a veces es motivo de conflicto.

· Soy muy exigente, que levantate, que hacé esto, en que estudie. Le decía "Vos querés salir un sábado, vos tenés que estudiar, me tenés que traer buenas notas". Un día me trajo un 4 y yo le dije "bueno, todo el mes no salís y así la iba llevando en el colegio.
· Ella estaba mucho en la calle... iba a la escuela y se rateaba, pero terminóel noveno de noche; tuvo que terminarlo porque yo se lo exigí y el padre también.
· Con mi hija fueron un poco bravas las relaciones. Hizo hasta 8vo. pero no lo terminó, no le gustaba, quería estar más con el novio. Que yo le dije que por ponerse de novia no me va a terminar el colegio, que yo quería que termine, aunque sea la primaria... Yo la llevaba al colegio y no sé como hacía y se escapaba y eso fueron las discusiones.

Algunas de éstas últimas madres, fueron más "activas" en la educación sexual, aconsejándolas consultar al ginecólogo, llevándolas a él o comprándole pastillas o preservativos dado que no querían que abandonaran los estudios por un embarazo.
La mitad del total de las madres autoritarias están desconformes con las parejas de las hijas porque es vago, se droga, tiene malas juntas, es machista, se borró, es separado, ya tiene hijos, no es responsable, es chico, es grande. La mayoría de estas madres tienen más reparos que las anteriores respecto a que las hijas se unan conyugalmente aunque finalmente, ante el embarazo, terminan aceptando.

· Primero no aceptaba; la habíamos dejado que tenga novio pero que él la cuidara porque ella iba a entrar en la Policía Federal y a los tres meses de novios tuvieron lo que tenían que tener y la dejó embarazada... Y pasó un mes más y ella estaba en casa y él estaba en su casa y como todos sabemos el bebé es de los dos. Entonces mi marido me decía "Dale, no seas tan dura, ella necesita tener a su marido al lado, dejalos que se junten y a parte lo que tenemos que hacer ahora es darle contención." Y bueno... me convenció.
· Primero no y bueno después tuve que aceptar, no porque él sea una malapersona, sólo que ella era chica y además no estaba segura. Él ya había tenido una mujer y un chiquito; quizás a ella le agarró miedo y pensaba "Quizás me junto y después me deja".

Pero algunas de estas madres se opusieron a que continuaran la relación y a la unión:

· Cómo madre uno quiere lo mejor para sus hijos. Yo quería que estudiara una carrera, que conociera más al chico. Para nosotros era un error. Pero ella decía que estaba enamorada, que estaba en edad de decidir su vida y se quería juntar con este pibe, que no era muy, como le puedo decir, muy laborioso (la hija se fue de la casa).
· Yo no iba a dejar que se junten porque el pibe vivía con la madre y no quería trabajar mientras la madre pudiera mantenerlo. Yo le dije a mi marido "¿Para qué la vamos a hacer juntar, para que la llene de hijos?" Es preferible que se quede conmigo cuidando a su hijo y después que trabaje para mantenerlo (la hija tuvo que romper con el novio).

Para la mayoría de estas madres el embarazo resultó una situación conflictiva. Varias pensaron en la posibilidad del aborto, algunas se lo sugirieron a las hijas y una la presionó logrando que abortara. Otras, por el contrario, se opusieron a que las hijas abortaran.
En promedio, las adolescentes de familias autoritarias iniciaron sus relaciones sexuales a los 14.7 años y se embarazaron a los 15.9. Sólo una cuarta parte quería embarazarse y sólo la mitad reaccionó bien ante el embarazo.
La mayoría de las que no quería embarazarse no usaban siempre métodos anticonceptivos debido a no pensar, a la omnipotencia, a no prever tener relaciones y a dificultades de negociación con la pareja.

· Yo antes criticaba a las chicas que quedaban embarazadas, que no pensaban lo que pasaba después. Después me di cuenta que es verdad que en el momento no pensás.
· ...y, fue una cuestión del momento; se dio.
· No me animaba a decirle que se cuide... por ahí falta hablar en la pareja.
· él se empezó a cuidar pero un día fue ese descuido que él dijo "¿Por qué no lo hacemos así mejor?"

Varias pensaron en la posibilidad de abortar, algunas lo intentaron y una abortó presionada por la madre, como se mencionó.
Parece ser propio de este estilo parental -aunque también se observa en los otros estilos con menor fuerza- el mensaje contradictorio de las madres cuando informan sobre anticoncepción pero desaprueban las relaciones sexuales. Esto lleva a que las adolescentes oculten que las tienen, dificultando el cuidado anticonceptivo. Además, en algunos casos, el temor a la reacción de los padres llevó a que las hijas tardaran en reconocer o en informar que estaban embarazadas, demorando el control del embarazo. En la mitad de las familias autoritarias se dan relaciones armónicas y restantes relaciones algo o bastantes conflictivas. Varias de las chicas de estas últimas familias manifiestan tristeza, bronca o rencor por diversas situaciones familiares.

· Porque yo a mi papá nunca le sentí ese cariño es como que él es muy él, el sólo... Se desvinculó de mi mamá y se desvinculó de los hijos, si no lo buscas, él no te busca. Una vez le pegó a mi mamá, y se lo reproché...Yo siempre la defendí a ella y no a él.
· Me da bronca y pena la distancia que hay ente mi papá y mi mamá. Papá tuvo una hija extramatrimonial y no se separó de mamá porque éramos chicos. Mi mamá estuvo 6 meses con depresión. No lo voy a perdonar nunca; quedó mucho rencor por eso.
· Triste porque mi mamá no tenía trabajo, por los problemas que hay en mi casa, que se pelean entre todos, con mi abuela...

Varias de las chicas se fueron alguna vez de la casa.
En ese contexto el significado que puede otorgarse al embarazo es el de respuesta a controles excesivos y coercitivos por parte de los padres, a mensajes contradictorios sobre tener relaciones y cuidados anticonceptivos, a carencias afectivas y a dificultades de negociación con la pareja sobre tener o no relaciones sexuales y tener o no hijos.

5.4 Estilo negligente- despótico

El estilo negligente se encontró casi siempre asociado al autoritario despótico. Las madres oscilan entre ser muy estrictas y hasta apelar a castigos corporales o no poner ninguna norma ni tomar ninguna medida disciplinaria, a menudo por sentirse impotentes. De este modo abdican de su función parental:

· Es de carácter fuerte, no se calla, muy contestadora, rebelde. Siempre hizo lo que quiso; no hacía caso. Yo la fajaba con una vara; ya al último tiempo no porque era de balde.
· Le ponía muchos límites a ella, pero siempre los superaba; yo le decía "No, no vas a ir al baile" y ella se enojaba, me peleaba hasta que me cansaba y se iba. Después ¿qué le iba a hacer, qué le iba a decir? Era inútil, como yo no estaba en casa...
· Me decía "si me prohibís salir yo me voy igual".

En varios casos las chicas carecieron de normas claras ya sea porque no había ninguna exigencia o porque mientras uno de los padres ponía una norma, el otro lo desautorizaba.
Varias de esas chicas no vivieron siempre con la madre, generalmente porque éstas las dejaron con las abuelas o porque trabajaban como mucamas con cama y quedaban solas o a cargo de familiares que no tenía autoridad sobre las hijas y también porque las madres se fueron del hogar por el maltrato del marido. En este último caso las chicas vivieron con un padre que estaba muy poco en la casa, que no ponía normas o eran arbitrarias y que no controlaba su cumplimiento. Algunas vivían alternativamente con el padre y con la madre que ponían pautas contradictorias y transitorias:

· Siempre le dejé hacer de todo; no le prohibí nada, fumar tampoco, de ponerle horarios tampoco, como no hacía caso...
· Mi hija se drogaba, no le podía decir nada, no hacía caso... llegó un momento que llegó a cansarme y dije basta, tiro la toalla y que sea lo que Dios quiera.
· Fumar no la dejaba pero ella fumaba, cuando salía a bailar tomaba, fumó porro; a veces le decía que no quería que saliera pero el padre la dejaba salir, le daba plata, "tomá, tomate un remise y andate" y cuando yo decía que podía ir a tal lugar, él no la dejaba.

Estas madres -y/o padres- no apoyan a las hijas para que estudien ni controlan sus estudios y son prescindentes las hijas los abandonan porque carecen de autoridad ante ellas y/o se desentienden de las hijas.

· Yo no le insistí en que siguiera porque ella no quería... No tengo ni idea si le gustaba estudiar, pero como ya estaba embarazada para qué le iba a insistir.
· No le insistí porque yo ya la conozco a ella porque si yo le digo «andá a la escuela» ella me va a decir «no, no» y como nos llevamos tan mal yo no le pude aconsejar más nada.
· Abandonó dos veces; no tenía ganas, no se levantaba. Cuando estaba conmigo yo le insistía pero cuando estaba con el padre él la llamaba y se iba a trabajar y ella se quedaba durmiendo. Cuando al padre yo le decía que ella no estaba yendo a la escuela, era como hablarle a la pared.

Una de las hijas expresa:

· Repetí porque no iba mucho a la escuela...porque no tenía ganas de ir, me quedaba en mi casa, me iba con mi cuñada, vagancia, no más. Yo estaba con mi papá en ese tiempo y mi papá se iba a las 5 de la mañana y volvía a la noche. Cuando le mostraba que en el boletín tenía buenas notas me decía que eso a él no le servía, que quería el certificado para cobrar el salario.

La mayoría de las madres que educaron a las hijas con estilo negligente sabía que las hijas tenían relaciones sexuales. Varias de ellas se enteraron porque las hijas se fueron del hogar y las encontraron en la casa de la pareja. La mayoría de estas madres fueron prescindentes ante el hecho -no le dieron importancia.
Casi las tres cuartas partes de las madres negligentes estuvieron de acuerdo o consintieron en que las hijas se unieran -aunque a muchas madres no les gustaran las parejas de las hijas. En casi la mitad de los casos son las madres

o padres los que deciden la unión. Es interesante detenerse en los motivos por los cuales las madres -y también los padres- están o no de acuerdo en la unión en los que se entrelazan la despreocupación, las dificultades económicas, el que dirán o la comodidad.


Inés se fue de la casa y se unió sin consultar a los padres antes de quedar embarazada pero la madre dice que estaba de acuerdo en la unión conyugal:

· Porque en vez de andar acá para allá, más vale que estuviera con él. Después cuando él pasó de la comisaría a la cárcel, ya se dejaron. Además, teníamos a otros 3 o 4 hijos en casa, hay que vestirlos, darles de comer y andábamos económicamente mal.

María dice:

· El empezó a venir a dormir a mi casa porque estábamos en un barrio nuevo, se escuchaban ruidos a la noche, golpeaban la puerta, entonces a mi mamá le agarró miedo e hizo que él se quede; entonces se quedó y como él también tenía problemas en la casa, trajo sus cosas. La madre de Jesyca comenta que la hija le había planteado que si no la dejaba juntarse, ella se iba a ir de su casa:
· Se iba a ir a cualquier lado, ya se había ido antes otras veces, o sea no me hubiera gustado que mi hija ande en la calle y yo le dije «está bien», acepté.

La madre de Eva dice:

· Al padre de Eva, (con quien Eva vivía) no le gustó nada y no está de acuerdo que esté con el chico. Y este último mes, antes de que pierda el bebé, vivió ella con él porque el padre no la quería más en la casa. Entonces una vez que ella quedó embarazada el papá la dejó en la casa del pibe, sería, y ahí quedaron los dos como pareja ya.

Respecto a si el padre estaba de acuerdo en que se juntara Eva dice:

· En ese momento estaba enojado y me dijo que me vaya. Después que perdí el embarazo, mi papá no quiso que esté más con mi pareja y volví con mi papá porque él me dijo que yo era menor y tenía que hacer lo que él quería y aprovechó lo que pasó para sacarme de la casa de él.

La mayoría de las madres negligentes reaccionó mal ante el embarazo de las hijas y algunas fueron indiferentes al hecho.
Las chicas criadas con estilo negligente son las que se iniciaron sexualmente y se embarazaron más tempranamente -en promedio a los 13.3 años y a los15.5 años-. Son muy pocas las que querían embarazarse aunque la mayoría no usaba siempre métodos anticonceptivos- algunas no los usaron nunca-y más de la mitad reaccionó mal ante el embarazo. Además de los motivos mencionados anteriormente- omnipotencia, no pensar, dificultades de negociación con la pareja- en este grupo aparecen las relaciones sexuales imprevistas con una pareja no conocida o con sucesivas parejas por lo cual no están seguras sobre la identidad del padre del futuro hijo.
Algunas de las chicas de este grupo intentaron abortar y dos lo lograron. En casi todas familias con pautas predominantemente negligentes se dan relaciones intrafamiliares bastante o muy conflictivas, donde varias de las madres y las hijas sufrieron de violencia familiar. La mayoría de las chicas manifestaron tristeza, resentimiento y/o bronca por la mala relación con los padres y, a menudo, un sentimiento de abandono. Casi todas las hijas se fueron alguna vez de la casa y algunas consumieron drogas y alcohol y se vieron implicadas en hechos de violencia escolar y en delitos e hicieron intentos de suicidio.

· Mi papá se borró. Tres o cuatro veces lo vi. Me da bronca; bronca hacia él y hacia mi mamá porque siempre me decía que por culpa de mi abuela él no pudo hacerse cargo de mí. Me quedó resentimiento por eso porque si un padre quiere hacerse cargo de un hijo se hace cargo igual... Después tuvo cinco esposas y un par de hijos largo.
· Cuando mis padres se separaron me sentía mal cuando veía a las madres de los otros chicos (la madre se fue de la casa). Después, cuando mi papá se volvióa juntar yo me tiré a esa vida, probé el porro, el poxiram. Yo andaba en lacalle, en la droga hasta que hice un tratamiento en el centro de rehabilitación.
· Ese es el motivo de mi rebeldía... mi mamá se fue y nos dejó. Cuando se separaron, mi mamá me echó y me fui con mi papá y después volví con mi mamá y así...

Sintesis y Conclusiones

El significado del embarazo adolescente no es unívoco y puede desentrañarse tomando en cuenta los múltiples aspectos presentes en la vida sexual y reproductiva como los relacionados con el contexto socioeconómico y cultural, la socialización de género, las relaciones intergenéricas y familiares y los estilos educativos parentales.
En las familias democráticas las relaciones familiares son armónicas. Hay una alta valoración de los estudios como un medio para que las mujeres logren independencia y se desarrollen profesionalmente. La maternidad es apreciada como proyecto de vida mediato, cuando las hijas hayan concluido los estudios y sean mayores. Las madres son relativamente conservadoras en cuanto a la sexualidad y si bien les informan a las hijas sobre anticoncepción no les sugieren consultar a un ginecólogo ni que utilicen anticonceptivos.
Estas chicas son las que se iniciaron sexualmente y se embarazaron más tardíamente. Y también son las que en mayor proporción querían embarazarse.
El embarazo puede leerse como una identificación con los modelos maternos y como un proyecto de vida. Los pocos embarazos imprevistos se debieron al uso inadecuado de los anticonceptivos.
En las familias con estilo permisivo las relaciones familiares son armónicas o algo conflictivas. La socialización de género parece ser tradicional observándose una baja valoración del estudio como forma de que la mujer se desarrolle profesionalmente y logre independencia. Esto se combina con una aceptación de los embarazos a temprana edad. Estos embarazos están naturalizados, son aceptados-a veces con cierto fatalismo- y hasta alentados. Si bien las madres parecen ser más liberales en cuanto a la sexualidad y más activas en cuanto a la educación sexual ya que sugieren consultar al médico y les proveen los anticonceptivos a las hijas, no les insisten en que los usen. Parecería que hablar sobre sexualidad y anticoncepción operaría legitimando las relaciones sexuales y eventuales embarazos más que como un modo de prevenirlos. ¿Estaría predominando una concepción de la sexualidad centrada más en la reproducción que en el placer?
La mayoría de las chicas quería embarazarse aunque en la generalidad de los casos se trató de un deseo que quiso satisfacerse sin considerar las consecuencias. Parecería que las hijas dan por descontada la aprobación de las madres, que por su parte, tienen una actitud de aceptación ante el embarazo.
El embarazo puede interpretarse como la reproducción de modelos maternos que privilegian a la maternidad como proyecto inmediato y/o ser una respuesta a límites laxos respecto a la sexualidad y los aprendizajes escolares. Y, en algunos casos, se debe a la imprevisión en el uso de los métodos anticonceptivos.
Las familias autoritarias paternalistas pueden variar en su grado de conflictividad entre ser armónicas o algo o bastantes conflictivas y las hijas manifiestan insatisfacción por sus vínculos familiares. Las madres son restrictivas en cuanto a la sexualidad.
Se encontraron dos tipos de socialización de género: una más moderna, en las que las madres tienen una alta valoración del estudio como medio de que las hijas sean independientes por lo cual les exigen que estudien. Estas madres informan sobre anticoncepción y les proponen ir al médico para evitar que las hijas abandonen los estudios por un embarazo.
En otras se da una socialización de género más tradicional: madres que no valoran tanto el estudio y se resignan si las hijas lo abandonan y que no aceptan que las hijas tengan relaciones sexuales por razones morales o religiosas por lo cual informan poco y nada sobre sexualidad y anticoncepción. Así parecería que informar o no informar estaría al servicio de controlar la sexualidad de las hijas- que directamente no tengan relaciones, o que no se embaracen y no interrumpan los estudios-más que para darle herramientas para que ejerzan su sexualidad libremente.
El embarazo es, frecuentemente, inesperado y conflictivo y puede leerse como un desafío a los límites rígidos y controles coercitivos, un modo de compensar carencias afectivas, una respuesta a información inadecuada en relación a la sexualidad y a dificultades de negociación con la pareja sobre tener o no relaciones sexuales e hijos.
Las familias negligentes-despóticas son muy conflictivas y, a menudo, violentas. En esas familias parecería que en el significado del embarazo pesan más la calidad de las relaciones familiares que la socialización de género. Las madres negligentes despóticas no las apoyan en los estudios y son prescindentes si los abandonan, no les informan sobre cuidados anticonceptivos y las presionan para que se unan conyugalmente cuando se embarazan aún cuando no estén conformes con las parejas de las hijas.
Estas chicas son las que se iniciaron y se embarazaron más tempranamente. Los embarazos suelen ser inesperados y algunas intentaron abortar y otras lo lograron.
El embarazo puede leerse como una repuesta a la inconsistencia y alternancia entre los límites rígidos y la falta de control, a los castigos extremos y carencias afectivas, a la falta de adecuada información en cuanto a anticoncepción, al no uso de métodos anticonceptivos por imprevisión, por tener relaciones sexuales ocasionales o en contextos inseguros bajo el consumo de drogas o alcohol, con parejas ocasionales poco conocidas, etc.
Entonces, en algunas ocasiones los embarazos pueden ser escuchados como voces que hablan de ideales y proyectos de las adolescentes y en otras como autorreproches por no haberse cuidado. En otros casos, los embarazos hablan, paradojalmente, de los silencios, omisiones y prohibiciones de los adultos en torno a la sexualidad y de sus temores a un embarazo que finalmente termina ocurriendo. Y en otros casos los embarazos pueden escucharse como gritos de las adolescentes que ven vulnerados sus derechos a ser protegidas y queridas, a estudiar, a tener educación sexual, a cuidar de su salud... En las familias negligentes y en las autoritarias más restrictivas y con relaciones familiares más conflictivas es donde se encuentran estas situaciones más preocupantes. Esas adolescentes circulan por las escuelas, los hospitales, los juzgados. Son evaluadas por distintos profesionales pero ¿son registradas sus necesidades?
Entonces, el embarazo adolescente tiene distintos significados según los estilos educativos parentales en los que surjan e implica diversas necesidades y riesgos que han de ser considerados por las políticas públicas.

Agradecimientos

Un especial agradecimiento a las Licenciadas en Trabajo Social Diana Arias, Diana Denis y María Laura Ordóñez, del Hospital Materno Infantil de Grand Bourg, Malvinas Argentinas, Provincia de Buenos Aires- que colaboraron en el trabajo de campo.

Notas

1 Se mantiene el término «autoritario» aunque sería más apropiado denominarlo «autocrático» que comprendería una modalidad «paternalista»- demuestra afecto y reconoce, en parte, las necesidades de los hijos, aunque en general no negocia las decisiones- y una modalidad «despótica» -no demuestra afecto, no registra las necesidades de los hijos, es hostil y apela a los castigos extremos- . La segunda modalidad resulta más conflictiva.

2 «Modelos Familiares y Maternidad en la Adolescencia», Instituto de Investigaciones «Gino Germani», Facultad de Ciencias Sociales UBA/ CONICET.

3 Sólo en 6 casos se entrevistaron a otros responsables -padre, tía, abuela, suegra- en lugar de la madre, ya sea porque ésta hubiera fallecido, viviera en otra provincia o por diversas razones no se hiciera cargo de la hija

4 El nivel educacional alcanzado -al momento de la entrevista- es el siguiente :
EGB incompleto: 21 entrevistadas
EGB completo : 2 entrevistadas
Polimodal incompleto: 14 entrevistadas
Polimodal completo: 3 entrevistadas

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ACEPTADO: 04 de Setiembre de 2009