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Revista argentina de sociología

On-line version ISSN 1669-3248

Rev. argent. sociol. vol.7 no.13 Buenos Aires July/Dec. 2009

 

COMENTARIOS DE LIBROS

Cien Años Después.
Reflexiones en torno al libro La vigencia del pensamiento de Max Weber a cien años de "La ética protestante y el espíritu del capitalismo"
(Perla Aronson y Eduardo Weisz -Editores Editorial Gorla, Buenos Aires, 2008)

Joaquín Algranti

(UBA-CONICET)

jalgranti@hotmail.com
Doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales. Docente de la UBA Becario del CONICET.

Introducción

El libro que reseñamos a continuación es el resultado de las Jornadas Internacionales que se realizaron en Buenos Aires entre el 5 y el 7 de noviembre del 2005 para conmemorar los cien años de la publicación de la primera versión de "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". El encuentro, organizado por el cuerpo docente de la materia Pensamiento Sociológico de Max Weber dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, contó con la presencia de numerosos especialistas de América Latina, América del Norte y Europa. El espíritu de las Jornadas estuvo marcado por un ejercicio de reflexión en torno a la sociología weberiana y sus alcances; las ponencias, mesas y discusiones se volcaron constantemente sobre los problemas contemporáneos de las sociedades modernas, actualizando el pensamiento de Max Weber como un auténtico fundador de discursividad.

Un espacio de analogías y diferencias

"Freud no es simplemente el autor de La interpretación de los sueños o de El Chiste y su relación con lo Inconsciente; Marx no es simplemente el autor del Manifiesto Comunista o El Capital: ambos establecieron la infinita posibilidad del discursos" (M Foucault ¿Qué es un autor?)

Tomado en su complejidad, el libro presenta una asombrosa amplitud de temas vinculados, por ejemplo, a las imágenes religiosas del mundo, el sentido de la acción, el problema de la racionalidad y las transformaciones de la burocracia, problemas que surgen -o parecen surgir- de la obra de Max Weber en cuanto clásico indiscutido de la sociología. En realidad, el nombre propio del autor cumple una función clave en el pensamiento sociológico, dado que contribuye a restringir la dispersión y proliferación de sentido, al asociar un conjunto de interrogantes, hipótesis y metodologías con una figura en particular. En este sentido, y siguiendo a Michel Foucault, podemos decir que la figura del clásico permite que la sociología encuentre un punto de referencia en el que se reconoce a sí misma, al identificar en la obra de un autor el lugar en el que confluyen y cristalizan un conjunto limitado de formaciones discursivas que lo trascienden y lo hacen existir. Ahora bien, pese al carácter limitado de los discursos que condensa un autor, éste puede convertirse en un fundador de discursividad (Foucault: 1990) si logra crear la posibilidad y las reglas para la formación de otros textos, es decir, si logra establecer un espacio no sólo de analogías sino también de diferencias, donde el regreso al origen, al texto original, contribuya a crear nuevo sentidos.
Como vamos a ver a continuación, este parece ser el caso de "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Las preguntas por los procesos histórico-culturales de larga duración, por las relaciones de doble causalidad entre los intereses materiales e ideales, por la afinidad electiva entre formaciones sociales en principio disímiles o los fundamentos que guían la acción delimitan, junto a otros interrogantes, un espacio de diferencias, definido justamente por la apertura y multiplicación del discurso. El libro, editado por Perla Aronson y Eduardo Weisz, representa a su forma "la infinita posibilidad del discurso" que habilita el pensamiento de Max Weber.
Los diversos artículos que reúne el libro aparecen agrupados en cuatro secciones diferenciadas por la afinidad de temas que abordan: 1) el núcleo integrador de la primera sección consiste en los diferentes énfasis, matices e interpretaciones de la obra de Weber; 2) en la segunda, se incluyen los trabajos que problematizan y amplían las categorías de análisis político en relación con la democracia y la integración social; 3) la tercera, reúne trabajos que ahondan en el vínculo entre el individuo y la sociedad en el mundo moderno, indagando en el problema de las revoluciones, la vocación, la influencia de Goethe, la acción social y la condición trágica de la modernidad; 4) por último, en la cuarta sección, se analiza la burocracia en clave tanto histórica como contemporánea, al incluir la crítica y los límites de la nueva gestión pública. Profundicemos brevemente en torno a los artículos de cada sección.
Al referirse a la obra como un todo integrado, los trabajos de la primera parte del libro tienden a especializarse en temas particulares. En el primer artículo, José Almaraz aprovecha la aparición de un nuevo "reencantamiento del mundo" -que coloca a la religión en el centro del escenario globalizado- , para desarrollar los principales argumentos teóricos y metodológicos de Weber en el "Excurso". Posteriormente, y desde la sociología del conocimiento, Francisco Gil Villegas caracteriza las interpretaciones en tornoa la hipótesis de "La Ética...", criticando las lecturas deterministas en nombre del carácter dinámico que coloca a Weber como una de las fuentes fundamentales de la imaginación sociológica del siglo XX. Con menos profundidad, Dirk Kaesler, emprende una contextualización histórica de la vida académica del autor y el modo en que su obra es recibida selectivamente, primero en los circuitos locales, y luego en los internacionales gracias a la difusión por parte de Talcott Parsons. A continuación, de modo sumamente interesante el artículo de Michael Löwy rastrea los usos variados del concepto de "afinidad electiva", proponiendo una definición sistemática que le permite reconocer diferentes grados de intensidad, que van desde el mero «parentesco espiritual» hasta la creación de una figura completamente nueva a partir de la fusión de los elementos relacionados. En el caso de Wolfgang Schluchter, el ensayo representa un valioso trabajo de explicitación y sistematización del pensamiento weberiano, donde queda en evidencia la importancia de la sociología de la religión para el análisis genético y comparativo del racionalismo de la cultura occidental moderna, entendida como un individuo histórico complejo. La primera sección concluye con el trabajo de Eduardo Weisz y una hipótesis sugestiva que consiste en leer las etapas de racionalización de las imágenes religiosas del mundo en términos de una filosofía idealista de la historia, anunciada en las diferencias entre la primera y la segunda versión de la "La ética..." (1905 y 1920). Cada artículo, al subrayar la complejidad de la obra de Max Weber, no hace decaer el núcleo integrador que los iguala como expresión de un conjunto compartido de interrogantes todavía vigentes.
La segunda sección es ciertamente más breve, dado que el tema de análisis se especializa aun más, concentrándose exclusivamente en cuestiones histórico-políticas entre las que se destacan las preguntas por la democracia, la integración social y los Estados nacionales por fuera del contexto europeo. El profesor de la Universidad de Boston, Stephen Kalberg, intenta poner a prueba la hipótesis weberiana sobre el supuesto declive en Estados Unidos de las sectas protestantes ascéticas, las iglesias y las asociaciones civiles, ante una inminente "europeización" que desplazaría las for mas de integración social de los grupos religiosos ante el avance de la industria y la burocracia. Sus conclusiones plantean una valiosa lección sobre el peligro de traspolar modelos de desarrollo surgidos en contextos históricos disímiles. En la misma línea, el artículo de Nora Rabotnikof reflexiona críticamente sobre las lecturas de Weber realizadas en los circuitos universitarios de México para pensar las condiciones de posibilidad de la democracia en América Latina bajo el doble signo de las dictaduras militares y las experiencias populistas. Para concluir, el escrito de Ricardo Sidicaro trata sobre las condiciones estatales negativas que -desde los tipos ideales weberianos- hacen predecible el fracaso del capitalismo moderno en la Argentina y su contracara; esto es, el afianzamiento de un capitalismo aventurero producto del carácter errático de las políticas públicas, la ineficiencia de la burocracia y la debilidad estatal.
Quizás, el aspecto más interesante de esta segunda sección consiste en el ejercicio intelectual de comprobación, contraste y reajuste del aparato de conceptos e hipótesis de Weber a la realidad social del continente americano, en sociedades tan distintas como es el caso de Estados Unidos, México y Argentina.
El rasgo distintivo que le otorga a la tercera sección una identidad propia no es sólo el hecho de que problematice fundamentalmente el vinculo individuo-sociedad, sino la forma en que emprende esta tarea, dado que aquí nos encontramos con interpretaciones, podríamos decir, heterodoxas de la obra del clásico. En el primer artículo, Perla Aronson se propone captar la naturaleza -para nada obvia ni explícita- del cambio social en la perspectiva weberiana a través del concepto de orden; indaga en las capacidades de las sociedades modernas para hacer frente al conflicto y la innovación que introduce el carisma, sea bajo la forma de revoluciones políticas o religiosas. Desde una mirada epistemológica, Ernesto Funes descompone y reconstruye las nociones weberianas de acción, sentido y "el otro", para estudiar el fundamento significativo de la vocación como operador de subjetividad en sociedades altamente racionalizadas. A continuación, el estudio de José María González García intenta reinterpretar algunos fragmentos de "La ética..." a partir de la influencia indiscutible de Goethe, perspectiva que le permite, a su vez, recuperar una idea artesanal, artística, del trabajo sociológico. La relación entre ciencia y política se convierte, en el análisis de Bettina Levy, en una clave de estudio privilegiada para comprender la forma en que se moldea la acción a través de la contingencia, la racionalidad y los condicionamientos sociales. Finalmente, la sección concluye con el artículo de Yolanda Ruano de la Fuente, quien profundiza en el carácter trágico que atraviesa la obra de Weber; aquí hace foco, especialmente, en la imposible sutura o unidad de la experiencia del hombre en el mundo ante la proliferación de esferas de sentido diferenciadas, de legalidades excluyentes que plantean el conflicto entre órdenes de elección irreconciliables. De este modo, la mayoría de los trabajos logran problematizar aspectos subterráneos del pensamiento weberiano que introducen nuevas distinciones y matices sobre las representaciones ya establecidas, muchas veces cosificadas, de la tradición sociológica.
La cuarta y última sección se orienta al estudio de un tema en particular, la burocracia. Lejos de repeticiones mecánicas y estandarizadas, nuevamente se vislumbra en los autores la voluntad de poner a prueba las definiciones de Weber, o más bien de contrastarlas, con nuevos hallazgos y tendencias en ese campo. Luis Aguilar Villanueva retoma la definición de la dominación legal-racional/ legal-burocrática, para oponerla a la llamada Nueva Gestión Publica Latinoamericana, ensayando una crítica certera de los presupuestos organizativos de esta última, tales como la idea de descentralización, empoderamiento y resultados. Desde una perspectiva histórica, la investigación de Julio Pinto analiza el modo en que los valores calvinistas, trasmitidos por el pietismo, influyeron decididamente sobre el modelo de estatalidad prusiana, al coincidir sus metas con la política de poder de la dinastía de los Hohenzollern y su voluntad modernizadora. Por último, el trabajo de Gina Zabludovsky, propone una reflexión actual sobre la burocracia desde la modernidad radicalizada, bajo la hipótesis provocativa de una posible des-burocratización del mundo en un contexto de mayor reflexividad e individuación de los sujetos. Con este artículo, culmina la cuarta sección y el libro. La figura de Max Weber como un auténtico "instaurador de discursividad", junto con Marx y Freud, entre otros, deja abierta la posibilidad de comprender "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" menos como un texto sagrado, sujeto al juego de las interpretaciones canónicas, y más como un espacio de producción de sentidos diferenciales que buscan aplicar las reglas del discurso de Weber para ir más allá de él.
Como pudimos ver, los artículos del libro se destacan fundamentalmente por la aplicación de una estrategia hermenéutica de interpretación, realizando aportes significativos en el campo teórico. A su vez, en la segunda y cuarta sección, los trabajos ensayan un ejercicio de contrastación empírica de Weber que aborda temas puntuales, como es el caso de la política y la burocracia. Queda sí, como una ausencia recurrente que invita a nuevas reflexiones, la falta de un ejercicio crítico de revisión de las inconsistencias y silencios de la obra weberiana. Es claro que el espíritu de las jornadas no apunta a esta estrategia crítica1, no por desconsiderarla, sino porque el esfuerzo intelectual se vuelca por completo a la recuperación del potencial de Weber. Tal vez, como forma de homenaje, una crítica positiva del autor podría preguntarse, por ejemplo, si es posible comprender la acción social, las prácticas y creencias religiosas, exclusivamente a través de documentos escritos por especialistas, en la mayoría de los casos. O para decirlo de otra forma, ¿cuál es el alcance explicativo de una noción sociológica de ethos que no incluye las representaciones de los actores, sus prácticas cotidianas y el modo en que negocian y se reapropian del discurso oficial de las instituciones de salvación, transformándolo? Podemos también ir un poco más allá de Weber e interrogarnos sobre los límites que implica homologar una formación histórica compleja como la modernidad, con un tipo de racionalidad que se impone sobre otras formas de racionalización, colocando a la cultura de Occidente - o para ser más exactos de Europa, o para ser aun más exactos, de Europa occidental- como la cuna de la civilización moderna ¿Hasta qué punto la racionalidad instrumental es el rasgo dominante, decisivo y excluyente que permite distinguir nuestra época de otras formaciones históricas? A partir de esta pregunta podemos sugerir, por último, otro conjunto de problemas en relación con la dificultad para captar lo que la modernidad deja fuera; es decir, una forma de organización social que no se construye en todo su esplendor hasta que no conforma una periferia a escala local y a escala global.
De esta forma, las características que adopta la relación entre los sectores socialmente favorecidos y desfavorecidos aparecen desdibujadas, pierde fuerza como factor explicativo de las relaciones capitalistas al no profundizar en las consecuencias y la forma histórica que reconoce este vínculo. Estas y otras preguntas, apenas insinuadas, podrían contribuir al ejercicio de revisión crítica, como la estrategia menos desarrollada en un libro que se destaca por su complejidad, riqueza y originalidad.

Bibliografía

1. Foucault, Michel. (1990) ¿Qué es un autor? México. Universidad de Tlaxcala.        [ Links ]