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La aljaba

On-line version ISSN 1669-5704

Aljaba vol.15  Luján Jan./Dec. 2011

 

ARTÍCULOS

¿Qué sucede en casa? Mujeres inmigrantes de la Norpatagonia andina (1900-1935)

What happens at home? Immigrant women from the Andean Northern Patagonia. 1900-1935

 

Alina Carey

Centro de Estudios de Género, sede Bariloche Universidad Nacional del Comahue

 


Resumen

La Norpatagonia andina a comienzos del siglo pasado se constituyó en un espacio con relaciones desiguales de poder y una población heterogénea. Las mujeres que la habitaban se distinguían por sus orígenes de etnia y clase, las había indígenas, chilenas e inmigrantes europeas. Las aunaba sí su condición de subordinación a los mandatos masculinos.
En este espacio regional pretendo analizar el rol ocupado por las mujeres inmigrantes en la primera mitad del siglo XX, que compartieron una realidad peculiar, desarrollaron su vida y sus múltiples actividades para su hogar y su familia, que constituyen un colectivo tantas veces olvidado por la historiografía. La intención de este trabajo es, desde el enfoque regional y la perspectiva de género, historiar a las mujeres, concebidas como sujetos activos de los procesos migratorios y como figuras clave para la reproducción biológica y cultural de la sociedad.

Palabras clave: Mujer; Hogar; Familia; Sostén; Migración.

Abstract:

Early last century, the Andean Northern Patagonia people established itself within a context of unequal power relations and a heterogeneous population. Women were then distinguished only by their ethnic and class origins, which included indigenous, Chilean and European immigrants. They were unified by their subordination to male mandates.
Within this regional environment I tried to examine the role played by the immigrant women in the first half of the twentieth century; who live their life trough multiple activities in their home and for their family. Women who were usually a forgotten issue for historians. The aim of this paper is to contribute, from a regional and gender perspective, to the history studies of these women. Women who were active participants in the migration process, and had an important role in biological and cultural society reproduction.

Keywords: Woman; Home; Family support; Migration


 

Sumario: 1. Experiencias de vida al interior del hogar, 2. El espacio social en clave femenina, 3. Las mujeres inmigrantes de la Norpatagonia, 3.a. Vivir lejos de casa, 3.b. Aquí en la Patagonia. La vida de Ella Hoffman, 4. Consideraciones finales.

 

"... no trabajaba para afuera...se ve que lo que traía mi papá
le alcanzaba (...) siempre estuvo como ama de casa... (...) ella
bordaba (...) nos hacía toda la ropa, (...) había una máquina de coser a pedal
y nos hacía toda la ropa; tejía... (...) ella me enseñó a tejer
a mí, por ejemplo... (...) hasta los zapatos le lustraba... (...) porque él iba a
trabajar, hacía sus cosas y punto; llevaba a lo mejor las cuentas...
pero lo más gordo lo llevaba ella, sí, sí..."
M. P. C.1

1. Experiencias de vida al interior del hogar

La Norpatagonia andina a comienzos del siglo XX se caracterizó por el asentamiento de población heterogénea. Las mujeres que la habitaban portaban distintos orígenes, étnicos y sociales. Las había indígenas, chilenas e inmigrantes europeas, sin embargo tenían algo en común: la condición de subordinación a los mandatos masculinos.
     El propósito central del presente trabajo es historiar experiencias de vida de mujeres inmigrantes europeas que se asentaron en la región de la Norpatagonia andina entre 1900 - 1935, y poder dar cuenta de su capacidad de adaptación a una nueva realidad, su intención de transformarla, la presencia de resistencia y trasgresión y la importancia que tuvieron en las primeras décadas de la vida territoriana. Ello coincide con un período histórico que marca el proceso de consolidación de la región como espacio vertebrador de las prácticas económicas y sociales uniendo Chile hacia el oeste y el Atlántico hacia el este, con una dinámica propia poco integrada aún a las prácticas nacionales (Méndez, 2006).
     El interés está puesto en la vida de aquellas mujeres que se mantuvieron sobre todo dentro de sus casas, que no ingresaron en el mercado laboral, que desarrollaron su vida y sus múltiples actividades en y para su hogar y su familia, que constituyen un colectivo tantas veces olvidado por la historiografía. Consideramos que, lejos de mantener un rol pasivo frente a la dominación masculina, desarrollaron activamente un papel fundamental para el sostén y la reproducción del orden social imperante en la región.
     Para dar cuenta de ello hemos apelado a testimonios orales, considerados como fuentes indispensables para conocer sobre la vida de mujeres que poblaron la región en un pasado cercano. Los relatos de las propias protagonistas o de sus descendientes, sus testimonios que reflejan una memoria signada por recuerdos y olvidos, nos acercan a una percepción de la historia y las experiencias de vida que no se registra en otros documentos escritos y que es fundamental para la interpretación del pasado2.
     La biografía y el relato supondrán aquí hacer referencia a la historia de hombres y mujeres "comunes" y su narrativa. Pierre Bourdieu afirma el carácter narrativo que posee la experiencia de los sujetos: "Hablar de historia de vida es presuponer al menos, lo que no es poco, que la vida es una historia y que una vida es inseparablemente el conjunto de los acontecimientos de una existencia individual concebida como una historia y el relato de esta historia" (Bourdieu, 1997:74).
     Debemos atender también a cuestiones teóricas que hacen al análisis de las migraciones. La teoría androcéntrica sobre los procesos migratorios asegura que son los hombres quienes migran, atraídos por ofertas laborales más convenientes, mientras las mujeres, esposas e hijas de los migrantes, son invisibilizadas y consideradas seguidoras pasivas de dicho movimiento. Esta afirmación en la actualidad es cuestionada por estudios recientes, que conciben a las relaciones de género como parte estructurante de todas las sociedades humanas, de sus sistemas políticos, económicos y sociales, y que fundamentan los estudios sobre los procesos migratorios desde una perspectiva de género3, reconociendo a las mujeres como agentes en dichos movimientos.
     El enfoque basado en el pluralismo cultural4 ve a las comunidades extranjeras como renuentes a la adaptación. La endogamia, la resistencia a la naturalización y los conflictos sociales y políticos dejaron evidencia de que la idea del "crisol de razas"5 era mucho más un imaginario que una realidad. Si bien es cierto que los diversos grupos se relacionaron entre sí, en general estas relaciones tenían más que ver con el hecho de compartir prácticas sociales cotidianas en un espacio común que con una integración; en muchos casos los vínculos establecidos fueron jerárquicos y organizados por relaciones de poder, como en el caso de las mujeres inmigrantes propietarias, de un estatus social elevado que emplearon a otras mujeres, de estrato social inferior, como sirvientas, lavanderas, cuidadoras y nodrizas.

2. El espacio social en clave femenina

Entre 1877 y 1885, el Estado argentino llevó a cabo una serie de expediciones militares, enmarcadas en lo que se conoció como la "Conquista del Desierto" y que significó el avance del mismo sobre los territorios indígenas al sur del río Colorado y su incorporación a la órbita estatal (Bandieri, 2005). A través de diversos medios políticos y simbólicos, reforzados con el ejercicio de la violencia, el Estado definió su territorialización, reconociendo qué lugares podrían habitarse, quiénes los habitarían y qué usos se harían de esos espacios (Delrío, 2005).
     Ya conquistado el nuevo territorio, el poder estatal se hizo presente en la región mediante dispositivos de control que se constituyeron a través de la creación de escuelas, puestos policiales y la inspección periódica de funcionarios nacionales de Tierras y Colonias, acompañados por un proceso de burocratización que incluyó un variado abanico de funcionarios locales y territorianos. Todos enmarcados bajo la figura de Territorios Nacionales, que convirtió a los habitantes en ciudadanos de segunda, al negársele la participación política en las elecciones y la representación parlamentaria.
     Las tierras adquiridas por el Estado pronto ingresaron en el mercado, como bienes que facilitaban la reproducción del capital a quienes pudieran concentrarlas en grandes extensiones. Una vez organizada la colonización en la región norpatagónica comenzó un proceso migratorio, entre otras causas, por la posibilidad que se les brindaba de convertirse en propietarios de un trozo de tierra, tanto en zonas urbanas, para afincarse en los poblados, o en el espacio rural, desarrollando tareas agrícolas y ganaderas. Sin embargo, no sólo fue el ansia de la propiedad de la tierra la que motivó el arraigo de muchos inmigrantes, puesto que las alternativas de trabajo y posibilidad de riqueza eran diversas en una región que se estaba formando bajo nuevas relaciones de producción y acumulación.
     En este contexto, las mujeres conformaron un colectivo heterogéneo, según sus diversos orígenes, su condición social, sus lugares de asentamiento y sus actividades, pero compartieron ciertas características: su número escaso en relación a los hombres, el sometimiento a la sociedad patriarcal, las mínimas condiciones de bienestar, e igual enfrentamiento con nuevas formas de vida.
     El magisterio y las tareas vinculadas al cuidado de la salud - enfermeras y visitadoras- la limpieza, la atención de los niños y la cocina, fueron las "profesiones" a través de las cuales las mujeres, según sus orígenes de etnia y adscripción social, ingresaron sobre el ocaso del siglo XIX al mundo del trabajo asalariado. Sin duda en esa opción intervino el arraigado mandato patriarcal de continuar puertas afuera del espacio doméstico la vocación maternal y la predisposición al cuidado, consideradas inherentes al género femenino.
     Sin embargo, el objeto de estudio en este caso lo constituyen las mujeres de la Norpatagonia andina que no trabajaron fuera de sus casas, sino que desde adentro de sus hogares, es de suponer que, mantuvieron roles activos en la reproducción material y simbólica del orden social. Se dedicaron a sobrevivir, que no fue poco, pero también a preservar y transmitir pautas culturales de su país de origen o de su adscripción étnica, a criar y educar hijas e hijos, mantener lazos con parientes, intervenir activamente en el espacio público local, administrar la economía familiar y, en muchos casos, colaborar a su sostén realizando un heterogéneo conjunto de tareas como por ejemplo: mantenimiento de huertas y frutales, conservas, quesos, confección del vestuario familiar, etc.
     La utilización de testimonios directos de quienes fueron protagonistas de etapas pasadas o recuerdan a sus mayores en aquellos años lejanos, permite enriquecer la investigación que, sostenida por una base teórica signada por la cuestión de género, la inmigración y la historia de las mujeres, cuenta entre sus fuentes con textos que publican testimonios de casos particulares de pobladoras de la región6 y una entrevista realizada para este trabajo7.

3. Las mujeres inmigrantes de la Norpatagonia

El proceso de inmigración que se produjo en la Patagonia en el período posterior a la conquista militar incluyó mujeres de las más variadas procedencias, muchas de ellas inmigrantes chilenas, aunque también europeas y norteamericanas.
     Las que arribaron a la Argentina traían consigo pautas y patrones de significación acerca de los roles femeninos desde sus sociedades de origen. La mayoría de ellas provenía de hogares cuyas mujeres estaban abocadas a las tareas de cuidado y de mantenimiento de la unidad doméstica. Al llegar al sur muchas de ellas, debido a la necesidad de generar ingresos para sostener la economía familiar, se transformaron en costureras, parteras, productoras de dulces y manufacturas. Las características propias del espacio geográfico que habitaron también modificaron en gran parte sus hábitos y su vida cotidiana: nuevos ingredientes en sus comidas, nuevas texturas para las prendas, nuevos sistemas de relaciones, un idioma diferente.
     Una de las grandes preocupaciones de estas mujeres instaladas en los territorios del sur a principios del siglo XX fue la educación de hijos e hijas, a quienes intentaron acompañar en sus estudios e instruir en modales y costumbres propios.

3.a. Vivir lejos de casa

Rastrear una historia construida desde las vidas de las mujeres inmigrantes nos permiten acercarnos a sus experiencias, a sus anhelos, a sus logros y a sus frustraciones; a través de ellas podemos develar un mundo tantas veces invisibilizado por la historia tradicional, que ha destacado las hazañas y proezas de la inmigración masculina en la región.
     Atendemos ahora particularmente a la historia de vida de aquellas mujeres inmigrantes. Como mencionáramos, vinieron a instalarse con sus familias en la región y debieron enfrentarse a condiciones de vida que, en muchos casos, no se asemejaban a las de sus lugares de origen. Tal es el ejemplo de A.D.R., nacida en Belluno, Italia, en 1906, quien llegó a Bariloche en el año '30, ya casada con J.C. Su hija menor M.P.C., recuerda sobre el lugar donde vivían "...era una casa de madera grande (...) papá en ese entonces trabajaba afuera de la zona (...) y mamá se quedaba sola... yo siempre me acuerdo que ella contaba que no había nada alrededor, que eran bosques directamente, que los animales estaban sueltos..."8.
     Un aspecto interesante a tener en cuenta es la capacidad que tuvieron estas mujeres de participar en la decisión de emigrar. Por ejemplo, a A.D.R. podríamos considerarla un caso típico de mujer inmigrante de los primeros tiempos del siglo XX. Cuenta su hija que el motivo del viaje fue esencialmente su reciente casamiento y, con respecto a su padre, dice:

"... él había estado antes en la Argentina (...) después se fue a Italia, se casó y la trajo para la Argentina, prometiendo volver... lo que no fue...". Luego agrega refiriéndose a su madre: "... ellos estaban bien en Italia (...) se tuvo que venir porque el marido...estaba en la Argentina, así que se casó y... tal es así que... ella creyó volver... porque siempre decía que le habían prometido volver... y había dejado todos sus regalos de casamiento allá...
(...) ella vino con esa promesa, que se iban a quedar uno o dos años y después volvían... y después sentaron raíces y bueno..."9.

Según nos deja ver el testimonio de su hija menor, A. no tuvo posibilidad de decidir sobre ese viaje y sólo pudo esperar a que esa promesa de volver se cumpliera, pero no fue así. Y lo que más le dolió en su vida fue el hecho de estar sola, sin familiares de su ascendencia, además de su núcleo familiar y los parientes por parte de su marido. M.P. lo recalca en la entrevista diciendo: "... de la familia de mi mamá no vino nadie acá, ella estaba sola... (...) ella tenía sus raíces allá y ella extrañaba...". Sin embargo, el contacto con la familia lo mantuvo siempre por carta, y recuerda "... estaba muy ansiosa siempre de recibir sus cartas... (...) era ella, mi papá no escribía..."10. Es claro que este fue un factor que dificultaba la vida de A., porque su hija sabe que extrañaba y que se evidenciaba sobre todo para las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Sin embargo existe también la disposición a mantener lazos familiares y afectivos, a través de la correspondencia, como una forma de que emociones y sentimientos lograran superar las infranqueables distancias geográficas.
     La mayoría de las mujeres tuvieron, a su vez, una prole numerosa, caracterizada por una alta mortalidad infantil. Los partos se efectuaban en el ámbito doméstico y sin otra ayuda que la del padre o de una comadrona. Por ejemplo, cuando llegaron A.D.R. y J.C., la familia estaba compuesta por el matrimonio solo. A los dos años tuvieron a su primera hija y al año tuvo un varón que falleció. Luego vinieron otras dos hijas mujeres. Recuerda M.P. que los partos fueron todos en la casa y, si bien no sabe exactamente como fueron los de sus hermanos mayores, está segura que su nacimiento fue asistido por una partera que iba a domicilio.
     El testimonio de Luisa Emilia Gingins de Mange11 evidencia el significado de ser mujer en ese tiempo cuando recuerda a su madre. Luisa, la menor de seis hermanos, nació en cercanías de Bariloche en 1908, su madre, como muchas otras mujeres, no tuvo asistencia en el parto, en su caso el médico llegó 24 horas más tarde, y sobre su vida cuenta: "(Mis padres) eran suizos franceses (...) Cuando yo nací, mamá Angelique Chaillet, tenía 45 años, el recuerdo de ella es que siempre fue una "vieja". Antes la gente envejecía muy joven, mamá murió con 68 años (...) eran tiempos de mucha pobreza y se trabajaba muy duro."12
     En cuanto a la economía familiar, detectamos que además de los ingresos económicos aportados por el padre, que generalmente trabajaba fuera de la casa, existía una serie de tareas que hacían al sustento de la familia y que eran realizadas por la mujer inmigrante. Luisa recuerda que "...pobreza hubo siempre (...) en todas las casas había quinta y se cosechaba para comer, se criaban gallinas, pollos y huevos en todas las casas y ni hablar de la fruta que nunca faltaba y era de los árboles de nuestras casas y se hacía dulce, compota, torta de manzanas y tantas cosas que se guardaban en la alacena para el invierno, siempre había para comer."13
     Cuando le consultamos a M.P. sobre qué actividades realizaba su madre, cuenta: "... no trabajaba para afuera...se ve que lo que traía mi papá le alcanzaba (...) siempre estuvo como ama de casa... (...) ella bordaba (...) nos hacía toda la ropa, (...) había una máquina de coser a pedal y nos hacía toda la ropa; tejía... (...) ella me enseñó a tejer a mí, por ejemplo...". Es decir que podemos deducir que se encargaba de la casa, las hijas y las necesidades del marido al volver del trabajo; entonces afirma "... hasta los zapatos le lustraba... (...) porque él iba a trabajar, hacía sus cosas y punto; llevaba a lo mejor las cuentas... pero lo más gordo lo llevaba ella, ...". De las tareas de la cocina, además de los dulces y las compotas que se producían en verano para tener durante todo el año, M.P. recuerda que: "Mi mamá era muy buena repostera y hacía muy buenas pastas... hacía las pastas hasta para la sopa..."14.
     Otro ejemplo de mujer inmigrante, madre de familia y trabajadora es el que, desde San Martín de los Andes, nos cuenta Ana van Dorsser de Aquín15 (Neyens, 2003), cuando presenta la vida de su abuela, Martina van Westen, holandesa. Afirma que llegó hacia 1905 a la zona de HuaHum, con su marido, un hermano y cinco hijos. Su abuela observó que se encontraban en un paso obligado de viajeros y comerciantes hacia y desde Chile, como tenían los recursos económicos necesarios, abrió una posada, y cuenta: "...ella era muy buena cocinera y muy buena repostera, y aquí comenzó a hacer dulce...". Sin embargo se encontró con otro tipo de frutas y esto la llevó a acercarse a una mujer indígena que trabajaba en la zona, quien le enseñó distintos saberes: "...le enseñó a hablar el castellano y también le fue enseñando cuáles eran las frutas comestibles y cuáles no..." (Neyens, 2003:66). En este fragmento vemos la posibilidad de construir una relación entre mujeres de distinta etnia y clase, a partir de la necesidad de una de ellas de compartir prácticas cotidianas, como la recolección y la cocción de frutos, sin que se produzca una real integración.
     Resulta asombrosa la cantidad de tareas que realizaban estas mujeres inmigrantes que sostenían con su trabajo la economía y la vida familiar. Relata Neyens que los recuerdos de Ana sobre su abuela "... se detienen en esa abuela muy trabajadora que atendía la posada, lustraba y enceraba los pisos y mantenía impecable aquella ropa blanca de manteles y sábanas. Además de cocinar, hacer los dulces, coser toda la ropa de la familia, Martina encontraba tiempo para educar a sus hijos". En otro pasaje cuenta Ana: "Mi abuela tenía una máquina de coser que había traído de Holanda y hacía toda la ropa de la familia, lo único que compraban eran las bombachas de campo..." (Neyens, 2003:67-68).
     Los casos analizados corresponden a mujeres y madres de familias inmigrantes, quienes construyeron y mantuvieron un rol activo, trabajando en su casa, donde atendían a todas las tareas que, como madres y esposas, el mandato social les asignaba.
     Otra cuestión que ninguna madre obvió de entre sus quehaceres cotidianos, como lo hacía Martina entre costuras y cacerolas, era la educación de sus hijos. A diferencia de Angelique que, según Luisa, ¨... hablaba más francés que español"16, Ana recuerda que la abuela aprendió el castellano y se lo enseñó a sus hijos. Sus abuelos no hablaban el holandés frente a su descendencia ni se lo transmitieron a sus hijos y nietos, sino que, según nos cuenta, sólo lo usaba el abuelo cuando se enojaba. Por su parte, M.P. recuerda que el lenguaje usado por sus padres "... no era un idioma muy clarito (...) después se fue desvirtuando (...) se metió el castellano con el italiano...". Y a propósito de la manera que tenían para dirigirse hacia sus hijas, dice: "Ellos nos hablaban... papá no, papá siempre en castellano y mamá un poco en italiano, un poco en castellano, y nosotras le respondíamos pero en castellano..."17.
     Entonces podemos considerar que no siempre entre los saberes transmitidos por las madres inmigrantes se encontraba el idioma original, puesto que en muchos casos priorizaron una mayor integración de sus hijos a la nueva sociedad en vez de una herencia cultural que no les resultaba necesaria. Pero sí podemos afirmar que los acompañaron en sus tareas escolares y les transmitieron sus costumbres, por ejemplo les enseñaron canciones populares, recetas de platos típicos, a tejer, a bordar, en fin, les inculcaron una manera de vivir y de ser que late aún hoy en sus descendientes.
     M.P. afirma que ella y sus hermanas incorporaron las costumbres de sus padres. Recuerda sobre todo los cantos populares, que la madre cantaba muy bien, porque en Belluno participaba de un coro en la iglesia del pueblo, y su padre acompañaba con una mandolina todos los domingos después del almuerzo. Está vivo en su memoria el recuerdo de su madre que las acompañaba a la escuela y dice: "... y nos llevaba todos los días caminando de mi casa a la escuela 1618..."19.
     Otros casos de mujeres inmigrantes nos permiten conocer que no siempre sus decisiones fueron desvalorizadas ni acalladas, sino que sus actos tenían también una impronta propia. Por ejemplo, Cesarina Gelain, quien llegó con dos años a Bariloche desde Italia en 1909, recuerda que comenzada la 1º Guerra Mundial su padre debió enrolarse en el ejército y su madre no dudó en volver con sus hijos acompañando a su marido, a pesar de su negativa. Entonces escribió un telegrama a su padre, que estaba por partir desde Buenos Aires: "Esperame porque yo no me quedo, yo voy". Y rememorando dice: "Y salimos de acá mi madre con cuatro hijos; yo, la mayor, de 8 años, mi madre embarazada de siete meses. (...) Y mi madre en ese barco perdió dos hijas (...) había estallado una epidemia de sarampión..." (Neyens, 2003:84). Por otra parte, estas últimas palabras nos hacen ver también cómo se considera que quien da vida es quien sufre la pérdida de algún hijo o hija: su madre tuvo las hijas, su madre es quien las perdió.
     Distinta es la historia de Hortensia Lorenzo de Hensel, una mujer española que llegó a la Argentina en 1927, cuando tenía 18 años. Al preguntársele por qué vino a la Argentina, responde: "Vine porque fue una tía mía, una hermana de mi padre, fue a mi casa, estuvo un año allá en Galicia, cerca de Vigo, y llevó una chica de mi edad, y esta chica me enloqueció (...) esa locura de cuando una tiene 18 años y se cree que Buenos Aires era así a la vuelta. Y no, era lejos. (...) Tuve quien me prestó la plata e hice sacar el pasaje. Y me vine a la América, para volver, pero después es difícil..." (Neyens, 2003:109-110). Con su testimonio tenemos un caso diferente de mujer inmigrante, porque Hortensia viene sola, por su propia decisión.

3.b. Aquí en la Patagonia. La vida de Ella Hoffman

La realidad de las familias inmigrantes europeas en la Patagonia durante el período de entreguerras y, más precisamente, las relaciones de género establecidas y su resignificación a partir de un contexto histórico-espacial diferente, pueden visualizarse en el libro testimonial titulado Allá en la Patagonia, de María Brunswig de Bamberg (1995), que recopila una serie de cartas enviadas por su madre, Ella Hoffmann de Brunswig, una joven alemana de una familia aristocrática de la ciudad, que llegó a la Argentina en 1923 con sus tres hijas, tres años y medio después que su marido, a su propia madre. La correspondencia epistolar que mantenían con regularidad, junto con fotografías y reflexiones de la propia autora, permiten conocer diversos aspectos de la vida rural en la Patagonia hacia la década de 1920.
     En un principio se instalaron en una estancia sobre el lago Ghio, ubicada en la provincia de Santa Cruz. Durante parte del año 1924 viajaron por Chile hacia el norte hasta Valdivia, donde permanecieron entre mayo y diciembre de 1924. Entre 1925 y 1929 la familia se asentó en la estancia Chacayal, al sur-oeste de la provincia de Neuquén.
     Si bien no se corresponde con nuestro recorte espacial, es válido considerar el relato apenas llegada a la estancia sobre el lago Ghio, puesto que una vez que la empleada Berta se marchó Ella debió dedicarse a todas las tareas de la casa, a lo que no estaba acostumbrada, porque siempre había tenido "sirvienta". Y las tareas domésticas de la vida rural no son como las de la ciudad, sino mucho más pesadas y difíciles, aún más para una mujer que no estaba preparada para ello, y dice: ¨ A veces pienso que no estoy a la altura de semejante situación, lo admito con franqueza. Las facilidades domésticas son mínimas, no hay agua corriente ni bomba de agua; el agua se saca directamente de una vertiente en el jardín, con un balde. En la cocina no hay piletas ni vasijas apropiadas. Tengo un solo fuentón que tiene que servir para todo: lavar los platos, la ropa, bañar a las nenas... Voy a tener que acostumbrarme a muchas cosas. (...) aquí no se acostumbra tener servicio, y las mujeres -cuando las hay- se ocupan de los quehaceres del hogar¨ (Brunswig, 1995:47-48). De esta forma, su testimonio refuerza la idea de que las identidades de género y las configuraciones dentro del grupo doméstico se modifican según cambia el contexto, siendo diferente su rol dentro de la sociedad de origen del que debe protagonizar en la sociedad de acogida.
     La misma observación sirve para interpretar cuando en otro momento afirma que ¨...no estaba preparada para el papel, mejor dicho, para el oficio, de una mujer de campo.¨ (ibid: 53). Ella pertenecía a la burguesía alemana, en su casa siempre había habido personal que se encargaba de las tareas domésticas. A pocos meses de su llegada Ella siente que al recibir visitas debe "hacer de sirvienta", puesto que no era un rol que considerara acorde con su persona.
     En cuanto a su relación con otras mujeres, las diferencias étnicas influyen en las identidades de género. Ella diferencia las empleadas domésticas alemanas de las chilenas, y las chilenas de las indígenas. Entonces cuenta: ¨Me ayuda una mujer chilena (...) no es tan eficiente como una alemana...¨.Tres meses después escribe: ¨... mi nueva mucama (...) no tiene noción de lo que es orden y limpieza (...) Aquí las costumbres son distintas a las de Alemania, y si no quieres pasar rabia, mejor te las arreglas sola.¨ (ibid:167,178).
     Para Ella, la procedencia étnica de las mujeres condiciona las expectativas que ella posee sobre lo que debe ser una mucama. Seis meses más tarde de la nota anterior cuenta: ¨... yo tengo dos nuevas muchachas (...) una de las dos es una mujer grande, fuerte, naturalmente con un crío, una india pura. No puedo saber si ya vivió en una casa o solamente en un toldo. Los indios son personas muy cerradas, muy retraídas, que nunca hablan primero (...) nos inspiran más simpatía que los tantos mestizos de por aquí, por eso me gustaría trabajar con Carmen, a ver si aprende los detalles de nuestra civilización. (...) La otra novata se llama Berta (...) es rubia, rápida, habilidosa, trabajadora y limpita, y con dos días que lleva en la casa ya se desenvuelve bastante bien.¨ (ibid.:190-191). Es claro como la variable étnica no puede desprenderse del análisis desde una perspectiva de género, puesto que, por el contrario, lo enriquece.
     Ejemplo de las diferencias sociales que no deben descuidarse en dicho análisis son las marcas que el trabajo deja en el cuerpo. En un pasaje de sus cartas, Ella dice a su madre: ¨... doy gracias a Dios en silencio porque siempre hayas vivido una vida tan buena, en medio de una cultura refinada (...). Te dan lástima mis manos; justo ayer las nenas me dijeron: ¨Ay, Mami, tienes manos como Berta!¨ (ibid:77).
     Podemos apreciar también cómo Ella comenzó a preocuparse por la educación de sus hijas, a medida que fueron creciendo en un entorno diferente y adquiriendo costumbres que no acordaban con su legado. En las cartas a su madre Ella permite observar su preocupación por darles una educación a las nenas que les fuera de utilidad para su vida de adultas dentro de la sociedad alemana, como damas de ciudad, con una excelente formación intelectual. Para ello decide contratar una institutriz que se aloje en su casa e imparta lecciones a diario a las pequeñas.
     Se puede observar aquí que la mirada de Ella no se aleja jamás de sus orígenes, no puede abstraerse de la educación que recibió de niña ni de la idea de que sus hijas regresen a Alemania para educarse allí y alcanzar una profesión. En una de sus cartas dice: ¨... opinamos que sería mejor enviarlas a Alemania (...) En la Argentina todavía no hay profesiones para mujeres, y la educación impartida en la escuela no es suficiente. Tendrán que embeberse del modo de vivir alemán, del espíritu alemán contemporáneo, del contacto con otras personas (...) habrá mayor dedicación e inteligencia paternal en mandarlas a Alemania.¨ (ibid:215). Su preocupación y compromiso por el futuro de sus hijas revela un rol activo y consistente.
     Otro aspecto relevante sobre el papel ocupado por la mujer en la Norpatagonia se observa cuando, una vez instalados en Chacayal, comienzan a ver que el trabajo en la estancia se acaba y que deben ampliar sus posibilidades laborales y sus ingresos, y Ella asume la necesidad de colaborar con la economía familiar. Apenas tres meses después de su llegada confía en poder ganar algún dinero, y considera ¨... la imperiosa necesidad de que yo contribuya para asegurar nuestro sustento.¨ (ibid:77).
     Ella había estudiado en Alemania para ejercer el oficio de partera y había obtenido el título con honores. Cuando reciben el ofrecimiento de una nueva administración en la actual provincia de Neuquén, en la estancia Chacayal, Ella considera la posibilidad de poder ejercer su oficio de partera. Comenzará a atender a las esposas de los puesteros y peones del campo, en condiciones mínimas de higiene y seguridad. Es claro que retoma su profesión por vocación, para ayudar a las familias cercanas haciendo uso de sus conocimientos, sin obtener un ingreso económico por ello, sino sólo el agradecimiento verbal, afectivo y, a veces, algún producto del campo a manera de retribución. Aquí se observa que un nuevo contexto, un nuevo espacio geográfico y social, reconfigura también el rol económico que podría ejercer Ella para aportar ingresos a la familia y para su reconocimiento personal y profesional.
     Luego comienza una tarea que le significa un ingreso en dinero y es la fabricación de productos caseros para la venta. Cuenta María, en uno de sus relatos, que: ¨...mamá ha comenzado con la ¨quesería¨: no sólo tiene una descremadora, sino también una máquina para hacer manteca con más rapidez; se ha instalado estantes para secar y madurar los quesos, y mamá va organizando un pequeño comercio con sus quesos, su crema y su manteca.¨ (ibid:209).
     Se puede ver su afán por ayudar a la economía familiar, aunque no sea lo que su marido más quisiera, o sea que se modifican, sin invertirse del todo, los roles diferenciales de género en cuanto al mantenimiento del grupo doméstico. Ella cuenta en sus cartas: ¨ Trato de contribuir algo con mi quesería (...) es algo y podrá ayudar. Soy porfiada y guardo mis ganancias en una cajita aparte, para disgusto de Hermann (...) lo hago para cumplir con mi parte también.¨ (ibid: 228-229). De esta manera refleja su orgullo por el cierto grado de independencia económica logrado.
     Otro aspecto que evidencia el papel fundamental de Ella como mujer inmigrante es el contacto frecuente que mantiene con su madre, a través de las cartas y del envío de objetos materiales que recibe con satisfacción ya que no se encuentran en la nueva sociedad. Se observan sus pedidos y sus agradecimientos de: agujas para coser, puntillas, ropa, telas, revistas, libros, juguetes, etc. El intercambio de correspondencia y de recursos necesarios para mantenerse en el nuevo país hace posible dicha permanencia, refuerza los lazos parentales y reduce los sentimientos de desventura y la añoranza.

4. Consideraciones finales

Entre 1900 y 1935 la Norpatagonia andina se constituyó en un espacio con relaciones desiguales de poder y una población heterogénea, que afectaron la vida de las mujeres que allí se asentaron. A pesar de las diferencias que entre ellas hubiera respecto de su etnia y de su condición social, todas compartieron la subordinación a los mandatos masculinos.
     El trabajo de lectura e interpretación de los testimonios permite arribar a algunas conclusiones que refuerzan las ideas de las cuales habíamos partido. El estudio de las migraciones desde una perspectiva de género hace posible quitar el velo que esconde a las mujeres en un lugar pasivo, que las aparta del proceso migratorio de comienzos del siglo XX como simples acompañantes de maridos y padres. Las mujeres recién llegadas al territorio patagónico, provenientes de las más diversas latitudes, intentaron adaptarse sin resignar las pautas culturales que trajeron de sus países de origen. Sin embargo, sus experiencias las impulsaron a generar nuevas respuestas frente a situaciones tales como el mantenimiento del hogar en contextos diferentes, variando la alimentación y el vestuario, la necesidad de generar ingresos económicos, la educación de sus hijos.
     Estas mujeres llevaban adelante sus hogares, criaban a sus hijos, conservaban y transmitían su cultura, mantenían contactos regulares con sus lugares de origen y sus familias, aportaban ingresos a la economía del grupo doméstico y luchaban a la par de sus maridos por forjar una nueva vida. Es decir que las mujeres inmigrantes, tanto aquellas que lo desearon como quienes debieron aceptar la decisión del hombre de la familia respecto de migrar, fueron activas en los procesos migratorios y es preciso estudiar sus experiencias para enriquecer los conocimientos históricos.
     Esta perspectiva de análisis, concebida desde un punto de vista relacional y en la larga duración, nos permite descubrir que aquellas mujeres que poblaron la Patagonia Norte y que no se incorporaron al mercado laboral formal, sino que se quedaron en sus casas, resultaron esenciales para la reproducción biológica, social y cultural, y participaron activamente en el sostén económico familiar. Todas jugaron un papel valiosísimo, todas sufrieron la dominación masculina, todas mantuvieron un rol activo en el proceso migratorio y sus experiencias merecen ser destacadas por la historia.

Notas

1 M.P.C., nacida en Bariloche en 1938, hija menor de J.C. y A.D.R., venidos de Italia, Belluno, en 1930. Entrevista realizada el 15 de febrero de 2010 en San Carlos de Bariloche por Alina Carey.
2
Sobre el valor de los testimonios orales y de su uso en la historiografía, son preciados los aportes de: JOUTARD, P. (1980), "El tratamiento del documento oral" en Debates, España, Alfonso EL Magnánimo, Nº 10, pp.72-85; ROBIN, R. (1986) "¿Cede la historia oral la palabra a quienes están privados de ella, o es la historia de vida un espacio al margen del poder?", en VILANOVA, Mercedes, El poder en la sociedad. Historia y fuente oral, Barcelona, Antoni Bosch ed.; SCHWARZSTEIN, D. (1995), "Tendencias y temáticas de la historia oral en Argentina" en Entrepasados. Revista de Historia, Año V, Nº 9, pp.51-62; SCHWARZSTEIN, D. (2002) "Fuentes orales en los archivos, desafíos y problemas", Revista Historia. Antropología y Fuentes Orales (HAFO), Nº 27, pp 167-178.
3
 Ver, por ejemplo, procesos migratorios de mujeres latinoamericanas en España: GREGORIO GIL, C. (1998) Migración femenina. Su impacto en las relaciones de género, Madrid, Nancea.
4 Para profundizar en estudios recientes sobre migraciones que adhieren al pluralismo cultural en oposición al modelo del "crisol de razas"(Germani, 1968), que sostenía la fusión de los inmigrantes de diferentes orígenes llegados al país, ver: MARQUIEGUI, D., "La dialéctica macro-microhistoria en el estudio de las migraciones europeas a la Argentina", Revista: Anuario del Instituto de Historia Argentina 2007 (7), pp. 209-235-; MARQUIEGUI, D. "Pluralismo social y cultural, crisol de razas y multiculturalismo sn el estudio de las migraciones masivas a la Argentina: una mirada histórica retrospectiva", Revista: Astrolabio, N°4, 2006.
5 "Los nuevos estudios dieron pie a nueva forma de entender las migraciones en la que, en vez de acentuar las rupturas supuestas por el modelo del crisol de razas, se subrayaban las continuidades existentes en la trayectoria vital de los inmigrantes y de los grupos de que formaban parte.", en MARQUIEGUI, D., "La dialéctica macro-microhistoria...", op.cit.
6 Ver fuentes consultadas al final del artículo.
7 La entrevista fue realizada en forma abierta, con la ayuda de una guía de preguntas confeccionada luego de tres encuentros previos con la informante. Es preciso aclarar que atendiendo a la importancia de la confidencialidad de las identidades, los nombres correspondientes a la entrevistada y sus padres serán presentados sólo por sus iniciales, mientras los demás casos fueron ya publicados con sus nombres en entrevistas editadas con anterioridad a este artículo y por eso se las nomina.
8 Testimonio de M.P.C., 15 de febrero de 2010.
9 Testimonio de M.P.C., 15 de febrero de 2010.
10
 Testimonio de M.P.C., 15 de febrero del 2010.
11 Luisa llegó a Bariloche a los seis meses de edad. Nació el 19 de abril de 1908, sobre la margen sur del río Limay.
12 ELORZA, M. de C., "Luisa Emilia Gingins de Mange. Perfiles" en Revista Todo, Año 2, N°15, Mayo de 1996.
13 ELORZA, M. de C., "Luisa Emilia Gingins de Mange. Perfiles" en ibid.
14
 Testimonio de M.P.C., 15 de febrero del 2010.
15 Ana, nacida en la región de San Martín de los Andes, es descendiente de los primeros inmigrantes holandeses que se asentaron en el paraje HuaHum. Sus abuelos Martina e Isbrand Van Dorsser abrieron la Posada Rozenburg, en un anexo de la casa particular.
16 ELORZA, M. de C., "Luisa Emilia Gingins de Mange. Perfiles" en Revista Todo, Año 2, N° 15, Mayo de 1996.
17 Testimonio de M.P.C., 15 de febrero del 2010.
18 Escuela pública más antigua de Bariloche, ubicada en el centro de la ciudad.
19 Testimonio de M.P.C., 15 de febrero del 2010.

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Recibido: 20 de mayo de 2011.
Aceptado: 11 de junio de 2011.