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Revista Escuela de Historia

versão On-line ISSN 1669-9041

Rev. Esc. Hist. vol.9 no.1 Salta jan./jun. 2010

 

ARTICULO ORIGINAL

El "escándalo revisionista" en Santa Fe: debates y controversias en torno a la acción del Instituto de Estudios Federalistas, 1938- 1943

("Revisionist scandal" in Santa Fe: debates and controversies about the action of the Institute for Federalist Studies, 1938 - 1943)

Mariela Coudannes Aguirre
Universidad Nacional del Litoral, Ciudad Universitaria, Santa Fe, 3000, macoudan@fhuc.unl.edu.ar


Resumen:

La historia de los centros revisionistas de las provincias es generalmente poco conocida en la historiografía actual. El Instituto de Estudios Federalistas de Santa Fe (1938- 1943) no es la excepción. En este trabajo se profundiza, por un lado, en las posiciones historiográficas y políticas de este grupo, y por otro, en las representaciones que se construían sobre su identificación con el nacionalismo católico. El análisis de las fuentes -en particular la prensa diaria- permite afirmar que algunos integrantes del IEF desarrollaron posiciones críticas de la "historia oficial" y la democracia liberal en un escenario polarizado por los acontecimientos mundiales. La radicalización ideológica derivó en una actitud de ruptura en la esfera pública santafesina, particularmente en el ámbito educativo, tras el golpe militar de 1943.

Palabras clave: Historiografía santafesina; Revisionismo; Nacionalismo católico

Abstract:

The history of the revisionist centres of the provinces is generally little acquaintance in the current historiography. The Institute of Federalist Studies of Santa Fe (1938- 1943) is not the exception. In this work is deepened, on the one hand, in the historiographical and political positions of this group, and by another, in the representations that were built on their identification with the catholic nationalism. The analysis of the sources -particularly the daily press- permits to affirm that some members of the IEF developed critical positions of the "official history" and the liberal democracy in a setting polarized by the world events. The ideological radicalization derived in an attitude of break in the public sphere of Santa Fe, particularly in the educational environment, after the military coup of 1943.       

Keywords: Historiography from Santa Fe; Revisionism; Catholic Nationalism


Introducción

De un tiempo a esta parte, los estudios de historia de la historiografía han ampliado el espectro de las fuentes disponibles para el estudio. Ya no se trataría sólo de los textos dirigidos a un público académico sino de todos aquellos materiales que registran los modos en que una sociedad intenta dar cuenta de su pasado. El enfoque no se centraría en las "grandes obras" ni en los historiadores profesionales "consagrados" sino en la organización y funcionamiento del "mundo historiográfico" en su relación con el mundo de la política, de la cultura y las interpretaciones de públicos más o menos amplios.1 Es por esto que además de analizar libros y artículos aparecidos en publicaciones periódicas, se ha utilizado la prensa diaria (El Orden y El Litoral, de Santa Fe) para el estudio de un objeto hasta ahora poco conocido: la presencia del revisionismo en dicha ciudad durante la década del treinta, más concretamente la acción historiográfica y política llevada a cabo por el Instituto de Estudios Federalistas (1938- 43).2 Tener en cuenta a los medios supone otra manera, muy eficaz, de aproximarse a mentalidades, ideas, valores, intereses y conflictos de una sociedad.

El abordaje de las fuentes escritas se realizó a través de una estrategia comprensiva- hermenéutica orientada a reconstruir las significaciones que los actores sociales otorgaron a sus expresiones en las mismas. Esta supone que la interpretación es una apropiación actualizadora del sentido del texto en relación con posibles situaciones que se dan dentro del mundo del intérprete. Desde la perspectiva de la historia intelectual, no se trataría tanto de comprender qué dijo cada autor sino cómo fue posible para él decir lo que dijo en un contexto determinado.3

Revisionismo y nacionalismo católico

Si bien no siempre estuvieron asociadas, se puede afirmar que la visión revisionista del pasado fue funcional a las ideas nacionalistas. Durante la década del treinta se había intensificado la búsqueda de imágenes alternativas de la experiencia histórica argentina que pudiesen explicar las dificultades de su modelo de desarrollo e inserción en el mundo, derrotar su "complejo de inferioridad", y proporcionar un proyecto para volver a ser la "gran nación" que algunos ubicaban en el pasado.4 La lectura de los filósofos Nicolai Berdiaeff, Oswald Spengler y José Ortega y Gasset aportó la idea del hundimiento de la sociedad contemporánea marcada por la crisis de la vieja aristocracia, de la vitalidad burguesa y del positivismo.5

El rescate de las "raíces" católicas e hispánicas era bastante anterior. Comenzó a finales del siglo XIX en el marco de una política de acercamiento cultural entre continentes que tuvo una de sus expresiones más interesantes en los viajes de intelectuales americanos como Ricardo Rojas o Manuel Ugarte y españoles -Rafael Altamira, Adolfo Posada y el ya mencionado Ortega y Gasset, entre los más destacados-. Se encuadró en un contexto político e ideológico crítico para España -la pérdida de sus últimas colonias a fines del siglo XIX- y el surgimiento de dos tipos de planteos nacionalistas, uno claramente conservador y tradicionalista, y otro, regeneracionista, más ligado al liberalismo. Ambos compartían la idea de oponer al poderío material anglosajón, la fuerza espiritual de la tradición hispana que residía en aquellas naciones que compartían una raza, una lengua y modos de ser comunes. En sus versiones más extremas, se construía la imagen de EE.UU. como un "enemigo externo" respecto de la comunidad hispanoamericana al que se proponía enfrentar mediante estrategias de cooperación económica y cultural. Este proceso se fue consolidando en la tercera década del siglo XX bajo las coordenadas que marcaban el ascenso de los nacionalismos europeos y la guerra civil española.6

Si el papel de la antigua metrópoli en la formación de la Argentina ya no era negado como antes -estaba bien instalado, por ejemplo, en el seno de la Nueva Escuela Histórica (Levene, Carbia)- surgirían divisiones vinculadas a cuál de las "dos Españas" se elegía. Para los nacionalistas católicos, Defensa de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu (1934) fue una obra fundamental. El escritor vasco -bien conocido por su desempeño como embajador durante los dos últimos años del gobierno de Irigoyen, sus intercambios con los hermanos Irazusta y con los miembros de los Cursos de Cultura Católica- planteaba que la misión universal de España era la realización cristiana del ideal de Humanidad, que se objetivaba históricamente en la evangelización de América. La Hispanidad suponía entonces una amalgama de los rasgos cristianos y humanistas de la identidad española, una especie de "imperialismo espiritual", un substrato cultural que debía ser asumido de forma voluntaria por las naciones iberoamericanas. En los años siguientes, los grupos fascistas españoles reinterpretarían las proposiciones de Maeztu dotándolas de un claro sentido imperialista. En Argentina, sirvió para fundamentar el rechazo por el indigenismo, el panamericanismo y cualquier tipo de influencia "extraña" a las tradiciones coloniales. De Marcelino Menéndez Pelayo, eximio representante de la "generación del 98", tomaron la idea de la Iglesia como representante histórica de la nacionalidad y la valoración positiva de la época de los Austrias por haber creado "un mundo hispánico aparte" cuya autonomía fue "destruida por el degenerado centralismo preliberal de los Borbones".7

En resumen, los rasgos centrales de la recuperación vernácula del hispanismo en este período fueron la evangelización, la construcción de la cristiandad colonial, el primado de los valores militares, el respeto por la tradición y las jerarquías sociales.8 Fue el sustento ideológico de la escritura y el accionar público de los influyentes Manuel Gálvez, Carlos Ibarguren y Gustavo Martínez Zuviría. En el orden local, es posible identificar estas posiciones entre los intelectuales que se dedicaban a la escritura de la historia. En el artículo "Hispanoamericanismo", José María Funes definía el revisionismo como un movimiento que comprendía un espectro amplio de intelectuales argentinos y españoles desde finales del siglo XIX, y proponía una historiografía que se fundamentaba en los siguientes pilares básicos: recuperar lo "nuestro", revalorizar lo tradicional sin negar lo moderno, equilibrar la consideración de defectos y virtudes de la "madre patria", y promover la unidad americana buscando en el pasado factores comunes.9

El Instituto de Estudios Federalistas: ¿revisionista y rosista?

Es bastante conocido el hecho de que en un primer momento el revisionismo argentino se adecuó a las estructuras institucionales existentes. Más tarde buscaría darse una tradición -en la que inscribieron a los liberales positivistas Ernesto Quesada, difusor de la obra de Spengler en Argentina, y Adolfo Saldías- y una identidad a partir de la construcción de un adversario al que denominó "historia oficial". En el período bajo estudio los términos "revisionista" y "rosista" tendieron a ser asociados por sus críticos; los "combates" más resonantes giraron en torno a la reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas y el rechazo a la herencia conformada por dos hitos claves: la batalla de Caseros y la sanción de la constitución de 1853. En consonancia con esto, uno de sus legados más perdurables fue la creación del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (en adelante IIHJMR). Las iniciativas surgidas en las provincias resultaron opacadas frente a la visibilidad y gravitación de las acciones del instituto porteño. A menudo, el Instituto de Estudios Federalistas de Santa Fe (en adelante IEF) es recordado como un mero antecedente.10 Nuevos datos permiten matizar esta presunción.

La década del treinta asistió a la institucionalización de los estudios históricos en Santa Fe. La Junta de Estudios Históricos (1935, en adelante JEH) adoptó las formas organizativas de sus homólogas a nivel nacional y provincial. Sus primeros integrantes fueron Manuel Cervera, Clementino Paredes, Salvador Dana Montaño, José María Funes, Félix Barreto y Nicolás Fasolino, entre otros.11 En 1939 se incorporó como miembro honorario al gobernador Manuel María de Iriondo (1937- 1941). Aunque todos se reconocían católicos, registraban pertenencias partidarias diversas. En los primeros tiempos primó la tolerancia y fue preponderante la motivación de conformar un espacio donde se canalizaran las inquietudes de sus integrantes. Sin embargo, Alejandro Damianovich habla de una puja entre una tradición política liberal conservadora y otra nacionalista conservadora que dejó pocas huellas en las actas institucionales debido al control simbólico que ejercieron el Estado y la Iglesia. La creación en 1938 del IEF, revisionista pero no abiertamente rosista, habría respondido al deseo de algunos de la JEH de poder expresarse sin restricciones.12 Quedó constituido durante las Jornadas de Estudios Históricos realizadas en homenaje al brigadier general Estanislao López en el primer centenario de su muerte. La iniciativa habría pertenecido a Sigfrido Radaelli de la Sociedad de Historia Argentina, con la adhesión de nombres reconocidos del interior del país: Santa Fe (Félix Barreto, José María Funes, Alfonso Durán, José María Rosa, Absalón Casas, M. Vizoso Gorostiaga), Corrientes (Justo Díaz de Vivar) y Salta (Carlos Gregorio Romero).

Sus primeras declaraciones no parecían apartarse de un conjunto de convicciones muy anteriores a la década del treinta que caracterizaron al "primer revisionismo" -objetividad histórica, investigación fundada en fuentes documentales, revalorización de personajes, sucesos y espacios hasta entonces ausentes- como programa historiográfico y aporte al mejoramiento del régimen representativo federal contemporáneo-.13

La reivindicación del "Restaurador" no parece haber sido del interés de todos sus miembros. Uno de ellos, Justo Díaz de Vivar, intentó diferenciarse tanto del revisionismo rosista como de la tradición correntina al presentar a Ferré como el único representante de un auténtico federalismo.14 En el caso de los historiadores santafesinos, éstos postulaban que Estanislao López había sido el principal artífice del Pacto Federal de 1831, precursor de la constitución de 1853. Negar la validez de esta última hubiera disminuido la gloria del Brigadier en tanto se aspiraba a que figurara en el dorado panteón de los héroes constructores de la nación.

Sin contar a José María Rosa,15 que ya formaba parte del IIHJMR, Félix Barreto y José María Funes16 habrían sido por distintos motivos los más definidos representantes locales de lo que ha sido denominado el "segundo revisionismo", caracterizado ya no por el estudio desapasionado sino por la franca apología de la figura de Juan Manuel de Rosas y un marcado sesgo antiliberal en un contexto de crisis social y temor a la "rebelión de las masas".17 Para los más conservadores de esta nueva tendencia, su gobierno resultaba atractivo por su capacidad de crear un fuerte liderazgo por encima de los grupos sociales, y así mantener un fuerte orden jerárquico. El otro tópico era la interpretación de los bloqueos como antecedente y fuente de un antiimperialismo británico que, según el diagnóstico nacionalista, era urgente contraponer a las políticas de la oligarquía antinacional.18 En esta clave interpretativa, los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta escribieron un texto fundacional: La Argentina y el imperialismo británico (1934). 

Félix Barreto había publicado sistemáticamente artículos periodísticos sobre Juan Manuel de Rosas desde 1924, hecho no excepcional si se tiene en cuenta que esta fue una década de creciente interés por el gobernador bonaerense y su época, lo que produjo una multiplicación de la bibliografía alusiva en forma de libros, folletos, biografías, ensayos, artículos en diarios y revistas de gran tirada. En 1928, el Archivo Histórico publicó su compilación Papeles de Rosas (1821- 1850), reconocida por Julio Irazusta como una fuente importante de su propio trabajo. Si bien en esta época Barreto todavía creía que debía mantenerse el respeto a los próceres, reclamaba que se juzgara con menor severidad la acción de Rosas ya que en definitiva todos los gobernantes argentinos habían combinado errores (algún derramamiento de sangre) y virtudes públicas. Ello le valió la censura por parte de sus superiores de la gobernación. Desde una perspectiva filosófica tomista Barreto sostenía que la reflexión y la búsqueda desinteresada de la verdad eran imprescindibles en el campo de los estudios históricos. En la justificación disciplinar de sus afirmaciones citaba tanto los aportes de Saldías -"Historia de la Confederación Argentina"- como los de Levene: "El historiador Levene califica de trascendente la actitud de Rosas, que selló definitivamente la paz con Santa Fe, evitando el torrente de sangre de una guerra sin cuartel", y la destrucción económica (agregaba Barreto).19 En síntesis, planteaba una integración del "Restaurador" al panteón construido por la historiografía liberal, no su destrucción. Esta posición conciliadora y prudente, deudora de lo que había sido una convicción mayoritaria en la década anterior, fue evolucionando a medida que se extremaron las posiciones políticas e ideológicas.

José María Funes, en cambio, se había posicionado tempranamente como crítico de la historia liberal. Esto se traducía en los intentos de "reconciliar" a López y Rosas -por ejemplo en las Jornadas de 1938- y en sus escritos de defensa del hispanismo. Su fe militante y el fuerte interés por reivindicar la memoria de su bisabuelo -el Brigadier General Pascual Echagüe había acompañado a Rosas al destierro- fueron motivaciones decisivas. Según Damianovich, el rosismo se habría discutido en los salones de la elite santafesina como si se tratase de un antiguo pleito familiar.20 

Una nueva etapa: refundación y activa labor propagandística

El primer Boletín del Instituto,21 un folleto de ocho páginas, fechado el 8 de mayo de 1939, proporcionaba datos sobre la refundación del IEF el 31 de marzo de 1939, en ocasión de las reuniones realizadas por el centenario de la victoria de Pago Largo. Se advertía una menor presencia de los historiadores del interior y una relación estrecha con el Instituto rosista de Buenos Aires -lo que explica la visita de Julio Irazusta en los meses previos-.

Para reafirmar esto, José María Funes establecía una filiación directa con el "escándalo" de 1934; esto es, el pronunciamiento y la formación por Alfredo Bello de la Comisión Pro Repatriación de los restos de Rosas en 1934.22 De manera similar al IIHJMR de Buenos Aires el IEF reunía características de espacio de sociabilidad más que de un ámbito de investigación.23 Los nuevos miembros de este "grupo de amigos" eran Alfredo Bello (presidente)24, José María Rosa, Alfonso Durán, Clementino Paredes, Rodolfo Borzone, José María Funes, Félix Barreto, Raúl Ruiz y Ruiz, Víctor Mazzucca, Arturo Valdez Taboada, Ulises Benuzzi, Luis Alberto Candioti, Juan Bonet da Forno, Leopoldo Chizzini Melo, Carlos Iparraguirre, Heberto Pagani, Tulio Jacovella y Vicente Fidel López (h), estos últimos, secretario y rector del Colegio Nacional, respectivamente.

Aun así el IEF seguiría manteniendo un perfil más amplio que el de Buenos Aires, lo que probablemente se explica por la centralidad del "culto" a López, por las resistencias del ambiente liberal santafesino, y por las pretensiones de incluir -al menos discursivamente- la participación de historiadores de todo el país, superar los localismos, coordinar esfuerzos individuales, y ofrecer cooperación a centros similares, todo ello en pos de la reivindicación, no de un hombre, sino de una época, y de aquellos hechos de los federales que merecieran justificación.25

Aparecían también ideas clave del revisionismo maduro: la "falsificación" de la historia operada por los intelectuales liberales -en los términos de Ernesto Palacio (La Historia Falsificada, 1939) -, y el mito de la "historia oficial" como objeto homogéneo a combatir. Un punto de particular importancia en el estatuto del IEF era la decisión de peticionar a las autoridades el apoyo para la conmemoración de los hechos del federalismo que aportaran a la gloria de la nación. Pero lo más importante es que manifestaban el propósito de oponerse a los "homenajes inmerecidos que suelen tributarse a las falsas figuras que traicionaron al país, a sus tradiciones y sus legítimos anhelos".26

En otros aspectos, el IEF imitó al IIHJMR y se mantuvo activo por lo menos hasta el año 1943:

- conmemorativas: además de las principales fechas símbolo del revisionismo nacional, el IEF impulsó la conmemoración de la "victoria del Quebracho" y erigió un monumento en la ciudad de San Lorenzo (1939) con la presencia de representantes gubernamentales. Al año siguiente se repitió con la presencia de Ricardo Caballero, director del centro tradicionalista "Juan Manuel de Rosas" de Rosario27 y gran amigo de Alfredo Bello. En esta oportunidad se hizo referencia a la identificación con los valores católicos y la crítica de un progreso material que olvidaba lo espiritual, entre otros aspectos.28 Al tiempo que se estrechaban las relaciones con colegas porteños y rosarinos, se creaban filiales en Venado Tuerto y Paraná. Si bien tenía local propio en calle 25 de Mayo 1792, el IEF también utilizó la sede de la Hermandad Hispano Argentina, entidad cultural-asistencial a la que se trasladaron algunas de las actividades de la Falange Española Tradicionalista cuando ésta fue disuelta por el gobierno de Ortiz;

- de divulgación: se organizó un ciclo de clases de "extensión cultural", en abierta competencia con el Instituto Social de la Universidad Nacional del Litoral,29 de "profundización e interpretación" de la historia argentina ya que se consideraba que los intelectuales que visitaban la casa de estudios reproducían una versión falseada de la misma. El más comprometido con esta tarea fue José María Rosa.30 El primer número del Boletín del IEF había incluido como artículo central su texto sobre La soberanía argentina y la libre navegación de los ríos, cuyo planteo se resumía en justificar el control de la navegación de los ríos como parte del pensamiento rosista de proteger a la nación de los intereses extranjeros. Más tarde expondría por primera vez la conferencia Historia de la pérdida de nuestra independencia económica:31

- de debate académico y político: se organizó con  apoyo oficial el Primer Congreso Federalista de la Historia Argentina (1940), de explícita orientación revisionista. Estuvieron presentes Carlos Ibarguren, como presidente honorario; Diego Molinari, Ricardo Font Ezcurra, Ramón Doll, Manuel Gálvez, Ricardo Zorraquín Becú, Ernesto Palacio, Ricardo Caballero, miembros de centros provinciales y el presidente de la Junta de Estudios Históricos, entre otros. Como era de rigor se hizo lugar a ceremonias, homenajes a los caudillos federales, conferencias, discusión de los trabajos y exposición bibliográfica e iconográfica. Uno de los aspectos más relevantes fue la conferencia de Ibarguren en la que criticaba la desnaturalización de la Constitución por los excesos del centralismo metropolitano, el liberalismo individualista y el cosmopolitismo desenfrenado; también realizaba consideraciones acerca de la conveniencia de recuperar la tradición para conservar el legado moral de los antepasados, sus ideales, la mística y el espíritu popular que garantizaban la cohesión social. En estrecha vinculación con esto, el salteño hacía referencia a la necesidad de la integración de las historias provinciales a una historiografía nacional que por mucho tiempo sólo había sido enfocada desde Buenos Aires. Por su parte, José María Rosa expresaba que la idea de federalismo a la que adhería no era un proyecto político de descentralización, sino la recuperación de la memoria de un pasado que había planteado alternativas a la vía finalmente elegida:

"... no es nuestro nombre una definición política: señala una evocación histórica (...) porque sabemos que allí hemos de encontrar mucho de lo que ahora escasea: la fe de una Argentina grande, el amor a nuestra raza criolla..., la defensa tesonera y heroica de nuestra tierra contra el invasor imperialista, de nuestro culto contra el escepticismo foráneo, de nuestra economía contra el capitalismo extranjero.  Porque en los tiempos de la Federación encontramos en germen la Argentina que fue y la que pudo haber sido...".32

Afirmaba también que la antigua bandera de López y Artigas -adoptada como logo del Boletín- traía el "recuerdo de antigua hispanidad, una advertencia de que en el fondo de nuestro ser alienta el viejo espíritu de los conquistadores, que fueron dueños del mundo".33 Salvador Dana Montaño, miembro de la JEH y militante católico no nacionalista, ya había criticado el uso de la banda roja y calificaba de "anacrónica" la lucha de los "neorosistas":

"Es tan grande el extravío que se padece en la hora actual sobre este particular que, con motivo de estas conmemoraciones, se ha llegado a cubrir a nuestros símbolos nacionales con otros signos o colores, que pretenden convertir a aquéllos, que son patrimonio inalienable y sagrado de todos los argentinos, en banderas o símbolos de grupos o facciones, que no hicieron más que retardar el advenimiento de la organización definitiva del país. (...) Ni siquiera podría justificarse su intromisión como exteriorización de principios superiores o de programas de actividades respetables, como el de los que se llaman a sí mismos «federalistas». El federalismo argentino no necesita de otros símbolos.  Los de la Patria le pertenecen."34

Los debates históricos toman la calle.  Posicionamientos frente al "escándalo revisionista"

En septiembre de 1938 una serie de panfletos y volantes anónimos se dedicaban a "difamar" la memoria del "benemérito prócer" Domingo Faustino Sarmiento, lo que ocasionó la realización de un mitin de desagravio organizado por un grupo de estudiantes. No era un fenómeno exclusivamente santafesino. Durante el quincuagésimo aniversario de la muerte de Sarmiento, fue evidente que se habían agudizado las luchas ideológicas en el marco de un proceso iniciado varios años atrás de revisión de las figuras de la historia liberal.

El Orden denunció el escaso interés del gobierno por aclarar el hecho, insinuando una conexión con "funcionarios públicos, desviados del cumplimiento de sus deberes",35 y multiplicó hasta el hartazgo las notas sobre los actos de homenaje, conferencias y comentarios sobre su vida y obra. En los años siguientes las tensiones fueron en aumento: el comienzo de la Segunda Guerra Mundial produjo una radicalización de los debates públicos, entre ellos las disputas sobre el pasado.  Tanto El Litoral como El Orden daban cuenta de las polémicas en abril de 1940:

"Se acrecienta el desorden alrededor de los méritos atribuidos a nuestros próceres.  La discusión ya se hace en plena calle, y hemos escuchado en el alto parlante una voz que anunciaba la necesidad de que la montonera regrese de lejanos horizontes, para combatir a quien fue el causante directo de su desaparición: el intelectual, el hombre cultivado, de pensamiento y de virtudes. (...) Resulta que desde una «broadcasting» local, si oímos bien, se concluyó en que el progreso y el bienestar social -por lo menos en nuestro país- reposan en la obra de los «caudillos» y que las masas cultas e intelectuales constituyen fuerzas negativas, vacías, teorizantes y sin representación alguna".36

"Que los estudios de nuestra historia deben ser revisados, es cosa que nadie discute... esta verdad ya es un poco anticuada, ya que la generación precedente... fue la que proclamó esta necesidad... Y por ello es que van surgiendo por todos los ámbitos del país, hombres que estudian de verdad. Que ocupan la tribuna universitaria, como catedráticos o conferencistas, con la autoridad que les da una preocupación seria y una dedicación consagrada. (...) Pero no es de estos historiadores que vamos a ocuparnos en este comentario, sino de los otros. De esos que creen que la historia es una tribuna política y la utilizan sin consideración, ni la menor pizca de respeto".37

Si bien no se lo nombraba expresamente, estas manifestaciones respondían a dichos de José María Rosa en la LT9 Roca Soler, competidora de la radio universitaria. El Litoral le otorgó el espacio para la réplica y transcribió completa la explosiva emisión radial. Rosa expresaba que sus palabras habían sido malinterpretadas y criticadas desde una actitud pasional, incompatible con un estudio serio de la historia. Respecto de la conferencia en sí -dictada en ocasión de cumplirse un año de la definitiva organización del Instituto-, destacaremos dos argumentos referidos, en primer lugar, a la capacidad del caudillo para articular la voluntad de los distintos sectores sociales, y, en segundo lugar, a la compatibilidad entre la reivindicación de Rosas y la de los héroes locales:

"El Caudillo es el pueblo reclamando su lugar en la Historia Argentina. Entiéndase bien: el pueblo, no una clase determinada del mismo. El caudillo está ampliamente enraizado en las altas y bajas esferas; las representa a ambas, hace de ambas una verdadera unidad: la Provincia. Si es de familia aristocrática, será el mejor amigo de los gauchos del campo o de los negros de las orillas, como Rosas. Si es de humilde cuna, habrá emparentado con familias de linaje, como López. Aristocracia y pueblo, las dos clases sociales por excelencia, se unen en él. Y en ambas encontrará su apoyo y su fuerza. La burguesía, en cambio, no podrá comprenderlo nunca. (...) Nosotros hemos tomado partido por los caudillos. Creemos en ellos, por argentinos, por sinceros, por caudillos. Y sabemos que si algún día hay que reconquistar nuestra propia patria de influencias extranjeras y de prédicas malsanas, encontraremos el mejor ejemplo en las legendarias figuras de López y de Rosas.  Que también supieron jugar su desigual partida contra los enemigos de afuera y los de adentro."38 (El resaltado es original)

Como consecuencia del enfrentamiento ideológico, la Universidad Nacional del Litoral les negó reiteradamente a los miembros del IEF la posibilidad de disertar en el prestigioso ámbito del Instituto Social. Unos y otros pretendían ser objetivos y se acusaban mutuamente de estar sometidos al imperio de las pasiones mezquinas, y no a la verdad histórica. En todo caso, para los revisionistas, la única pasión permitida era "la Patria".  En el marco del Congreso Federalista ya mencionado, Clementino Paredes solicitó un voto de censura a la UNL por convocar a conferenciantes que tergiversaban los acontecimientos históricos y tratar como "pseudos‑historiadores" a los integrantes de los institutos federalistas del país:

"«Es de notar que el Consejo Superior de aquel Instituto embarcado en un tren de notable izquierdismo, no permite que las instituciones y ciudadanos de capacidad notoria puedan defender los altos intereses de la Patria, sin embargo, permite que otros caballeros ocupen esa tribuna para destruir los cimientos de nuestra nacionalidad.» (...) [Según la crónica publicada por la Revista de la JEH] "... delegados y asistentes votaron por unanimidad con prolongados aplausos".39

Esta abierta ruptura provocó otro tipo de reacciones, como la de Raúl Ruiz y Ruiz, quien además era miembro de la JEH y empleado de la Legislatura. Este renunció públicamente a seguir perteneciendo al IEF alegando que no deseaba ser encasillado en facción de ningún tipo:

"Tengo... un sólido haber de historiador, logrado honestamente, que no es honesto tergiversar. Con respecto a la conferencia radial causante del artículo de Borruat, debe explicarse que el Instituto de Estudios Federalistas no tiene responsabilidad alguna. Se trata de una entidad fundada para realizar estudios serios y documentados sobre determinada época de nuestra historia. No tiene tendencia definida según sus principios publicados, ni prevenciones de ninguna clase. En tal concepto pertenecía a esa entidad y en tal concepto el conferenciante vertió sus ideas absolutamente personales en la conferencia radial que conozco por su publicación... Soy en historia un ecléctico: ni en favor ni contra nadie. Quiero y busco una revisión histórica más de acuerdo con la verdad de los acontecimientos del pasado de la argentinidad, en procura de una justicia más digna de los argentinos en general". 40

A juzgar por las fuentes disponibles, podría afirmarse que en estos años la acción del IEF opacó a la JEH en el espacio público. El primero tuvo protagonismo en las conmemoraciones de Estanislao López y del primer gobernador federal, Francisco Candioti, aunque con una convocatoria bastante menor a las obtenidas en momentos anteriores por la segunda. También organizó la conmemoración del centenario de la constitución provincial de 1841, sancionada durante el gobierno de Juan Pablo López.  Audazmente, estos revisionistas implementaron el uso de bandera con la banda roja en la conmemoración al brigadier López en 1942, lo que provocó incidentes descriptos por El Orden:

"[Era] la vieja bandera de Artigas, signo del federalismo militante.  Parecería que la unidad nacional no fuera un hecho histórico realizado para estos señores empeñados en crear banderías divisorias de los argentinos, pues la bandera nacional estaba perfectamente ausente en esta ceremonia, donde volvía a triunfar, al parecer, la bandera de la montonera (...)

... subió un escolar... y leyó un discurso que sería muy interesante saber quién se lo escribió y cuál el director de escuela que no se lo controló, pues si no, sería imposible que un niño hablara en los términos en que éste se despachó sobre la historia patria, con un estúpido sentido iconoclasta... [predicando] hasta la necesidad de voltear muchas estatuas...

Entre los asistentes se encontraba, representando al Poder Ejecutivo de la provincia, el Sub secretario de Instrucción Pública, José Carmelo Busaniche.  No estaba entre los oradores, pero fue visible su desagrado de cuanto allí había sucedido".41

La disputa había llegado a la arena educativa. 

Las aulas: un espacio de lucha clave

Desde sus primeros momentos, el IEF se interesó por opinar acerca de los contenidos escolares y reclamó al gobierno nacional la incorporación del tema Islas Malvinas en el currículo escolar. En 1941, José María Rosa, que había sucedido en la presidencia a Alfredo Bello, solicitaba al Consejo de Educación el apoyo para instituir un premio anual General López a la mejor composición escolar sobre el Brigadier.

Estas iniciativas que podían obtener algún consenso se opacaban frente a los hechos que ocurrían en el Colegio Nacional. El diario El Orden denunció la utilización en sus aulas del libro Defensa de la Hispanidad del escritor español Ramiro de Maeztu, nacionalista fusilado por el Frente Popular durante la República Española en 1936. Habría sido enseñado "ni más ni menos" que por su rector Vicente Fidel López, que no era pariente del historiador famoso y que además cultivaba "con delectación su parecido físico con Hitler".42 Como resultado, el rector fue sumariado pero siguió expresando sus ideas en el ámbito del colegio, a favor de la "espiritualización" de la enseñanza y citando a inconfundibles escritores nacionalistas.43 Los choques entre estudiantes simpatizantes de los Aliados y del Eje provocaron la intervención de la Comisión Investigadora de Actividades Antiargentinas. Algunas voces señalan que el Nacional fue un espacio en el que ejerció su influencia el revisionismo rosista, pero no sin conflictos:

"... si usted era estudiante y debía rendir Historia Argentina y le tocaba la bolilla de Rosas, tenía que saber que si el presidente de la mesa era Nicanor Molinas44 debía hablar contra Rosas, y si el presidente era José María Funes tenía que hablar en favor de Rosas.  Después, ellos se quedaban discutiendo, pero el presidente decidía el voto. (...) Además, empezaron las canonjías: si eras de la cofradía, eras profesor".45

Otros actores fundamentales en esa lucha ideológica fueron el Centro de Estudiantes de Derecho y la Asociación del Magisterio. La segunda comenzó en 1942 las gestiones para colocar un busto de Sarmiento en los jardines del Boulevard Gálvez frente a su edificio. En la fundamentación del homenaje, destacaba que la vida del Maestro "tuvo un solo norte y un solo fin: la instrucción de su pueblo para que los individuos del mismo apreciaran la libertad individual, que es en resumen, el mayor bien a que debe aspirar el hombre civilizado".46

Su destacada dirigente Marta Elena Samatán47 criticaba desde las páginas de la revista Universidad a los que insistían en justificar los asesinatos del rosismo, "escritores reaccionarios embanderados en una facción que se dedica exclusivamente a «hacer política de la historia»".48 Para El Orden, la verdadera educación de los jóvenes debía hacerse a partir del conocimiento de las tradiciones nacionales, pero no como lo entendían los revisionistas sino el culto de la libertad y la democracia, encarnada en los padres de la patria.49 La polémica alcanzó su mayor virulencia en los meses de agosto y septiembre del año 1943.

Nuevos escenarios tras el golpe de 1943: ¿triunfo del revisionismo?

El gobierno nacional surgido de este segundo golpe de Estado implementaría una política proteccionista, de nacionalizaciones, impulso de la industria manufacturera, y educación controlada por nacionalistas con el objeto de inculcar en la juventud los ideales católicos, rosistas, medievales e hispanistas.

A diferencia de las anteriores, la nueva intervención se propuso decididamente minar la tradición liberal democrática local inclinando el delicado equilibrio de la balanza política en favor del tradicionalismo católico.50 Si bien ya el gobierno de Manuel María de Iriondo había incorporado algunos a su gobierno, los nacionalistas tendrán una presencia protagónica en este período. Fue el caso de José María Rosa y Marcos P. Rivas en el Consejo General de Educación. Ricardo Font Ezcurra -vicepresidente del IIHJMR- también formó parte del equipo. Sus guías ideológicas eran la obra de Ramiro de Maeztu y el falangismo de José Antonio Primo de Rivera. Una de las decisiones más importantes fue restaurar la aplicación efectiva del articulado de la Ley de Instrucción Primaria referido a la enseñanza religiosa en las escuelas provinciales. Esta se vinculaba estrechamente con el conocimiento de las fuentes e instituciones históricas de la nacionalidad: "... la relación... no es meramente casual, sino la demostración evidente con que los legisladores comprendieron que el amor a la tierra que nos vio nacer y a sus tradiciones, debe fundarse en una sólida moral cristiana, de acuerdo con nuestros orígenes y antecedentes...".51

El Consejo de Educación ordenó al cuerpo de inspectores vigilar el cumplimiento por parte de los maestros de una serie de instrucciones: enaltecer el patriotismo y la tradición en toda ocasión posible; homenajear a San Martín como ejemplo de desinterés e hidalguía; priorizar la enseñanza de las glorias militares y los hechos de armas; evitar términos despectivos a personajes a los que no se le podía imputar hechos contrarios a la nacionalidad; prescindir de los escritos que reemplazaran las fuentes documentales por "vacías peroraciones carentes de valor científico"; fomentar el conocimiento del folklore nativo y la lectura de poemas gauchescos.52

Estas y otras radicales medidas que impulsaron las principales cabezas de la intervención -también el polémico Jordán Bruno Genta al frente de la Universidad Nacional del Litoral53- originaron todo tipo de enfrentamientos, roces con los distintos sectores de presión locales y divisiones en la élite política. José María Rosa tuvo que renunciar a los dos meses de gestión cuando las autoridades nacionales desautorizaron su decisión de quitar de todas las escuelas los retratos de Sarmiento y declarar laborable el 11 de setiembre.54 Algunos medios de prensa celebraron su caída y no dudaron en alabar la resistencia de los santafesinos a la implantación de ideologías "extrañas" a su tradición democrática y señalar la culpabilidad de los rosistas que se habían apropiado del Consejo de Educación.55 Se supone que también perdió el apoyo de los tradicionalistas católicos -en particular el poderoso Arzobispo- pues no estaban dispuestos a seguir un camino de ruptura tan radical56 con el panteón liberal. Los testimonios de los contemporáneos son a menudo contradictorios pero la mayoría coincide en que Fasolino -a pesar de su simpatía por Franco- no se pronunció abiertamente a favor del nacionalismo, y que la alianza con este grupo fue solamente coyuntural. Según Darío Macor, el movimiento nunca pudo liderar al sector tradicionalista católico ni acrecentar sus bases políticas.57

Si bien la impronta nacionalista será muy fuerte hasta finales de 1944, el fracaso de la experiencia emprendida por Rosa pudo haber influido en la declinación del Instituto, lo que se evidencia en la desaparición de la crónica periodística a partir de entonces. En el acto de incorporación de nuevos miembros a la JEH de ese mismo, el presentador enunciaba las cualidades ideales de un historiador:

"Es imparcial en sus juicios y sereno en sus apreciaciones... no echa mano a la pluma para exaltar medianías ni para derribar estatuas.  No le ciega la pasión y sabe respetar lo consagrado o ensalzar sólo lo que merezca elogio. (...) No hay, en efecto, peor desviación que el servirse de la ciencia de la historia para atacar, con ciega pasión, a los hombres del pasado porque sus actos no se amoldan a las tesis u opiniones del presente; ni peor tendencia que la de hacer servir los hechos para defender convicciones personales o teorías que no se acomodan con el pasado".58

No podemos afirmar que se tratara de una posición unánime, pero estas expresiones sugieren la condena al experimento reciente llevado a cabo por el revisionismo.

Palabras finales

A pesar de su débil presencia en la memoria de los historiadores locales, hoy podemos afirmar que la existencia del Instituto de Estudios Federalistas despertó grandes polémicas en la Santa Fe de finales de la década del treinta. En sus primeros años funcionó como vía de expresión -sin las restricciones que imponían el Estado y la Iglesia (representados, por ejemplo, en la Junta de Estudios Históricos a través del gobernador y el arzobispo)- del grupo nacionalista. Desde el punto de vista historiográfico, se fue imponiendo la perspectiva del revisionismo antiliberal y un vínculo más estrecho con el instituto rosista de Buenos Aires. Aun así el IEF no puede ser considerado un mero antecedente del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, ya que mantuvo un perfil más amplio que éste. Ello explica que procurase la reivindicación y la "reconciliación" del caudillo porteño con los del interior, en este caso, Estanislao López, y predicara la necesidad de construir una red, todavía poco estudiada, entre los distintos centros revisionistas.

Cabe reconocer la tarea que realizaron -a partir de distintas motivaciones pero unidos por las mismas convicciones- Félix Barreto, José María Funes y, sobre todo, José María Rosa. La competencia con las instituciones educativas que todavía cobijaban el liberalismo -sobre todo la Universidad Nacional del Litoral- se tradujo en acciones concretas. Algunas de las más importantes apuntaron a crear un nuevo calendario de conmemoraciones, resignificar las existentes, y realizar una profunda tarea de divulgación de la "verdadera historia" que llegara a todos los públicos. Tras mucho esperar, el golpe de 1943 les brindaría la oportunidad de ensayar su proyecto político en el campo educativo. Mientras el "escándalo" revisionista llegaba a la calle y a las aulas, los principales periódicos de la ciudad se ocupaban de construir representaciones que finalmente triunfarían: la idea de que el revisionismo intentaba implantar ideas "exóticas" en un ambiente de tradición liberal, y por otro lado, la supuesta existencia de una demanda social de objetividad hacia la figura del historiador.

La condena final de los sectores conservadores a la actitud rupturista de José María Rosa y su equipo llevó a varios intelectuales a poner distancia del Instituto. Pronto el nombrado volvería a Buenos Aires y el episodio sería prácticamente "olvidado" por los historiadores de la Junta de Estudios Históricos aunque por un tiempo habían compartido los mismos espacios de sociabilidad y debate. Esto explica en parte algunas de las dificultades para encontrar referencias bibliográficas y fuentes de primera mano.

Citas y Notas:

1. Alejandro Cattaruzza y Alejandro Eujanian, Políticas de la historia.  Argentina 1860- 1960 (Buenos Aires: Alianza, 2003).         [ Links ]

2. Forma parte de una investigación más amplia sobre la relación entre historiografía y política en Santa Fe en las década del treinta y cuarenta.  Ver: 1) Mariela Coudannes, "¿Profesionales o políticos de la historia? La historiografía santafesina entre 1935 y 1955", en Teresa Suárez y Sonia Tedeschi (compil.), Historiografía y sociedad: discursos, instituciones, identidades (Santa Fe: UNL, 2009);         [ Links ] 2) Mariela Coudannes, "Pasado, prestigio y relaciones familiares.  Elite e historiadores en Santa Fe, Argentina", REDES.  Revista hispana para el análisis de redes sociales, 13 (Barcelona: UAB, 2007).         [ Links ]

3. Félix Schuster, "Pluralismo metodológico en ciencias sociales", en Eduardo Scarano (coord.), Metodología de las Ciencias Sociales.  Lógica, lenguaje y racionalidad (Buenos Aires: Macchi, 1999);         [ Links ] Elías Palti, "De la historia de «ideas» a la historia de los «lenguajes políticos». Las escuelas recientes de análisis conceptual.  El panorama latinoamericano", Anales, 7 y 8 (Universidad de Gotemburgo, 2004-5).         [ Links ]

4. Tulio Halperín Donghi, La Argentina y la tormenta del mundo.  Ideas e ideologías entre 1930 y 1945 (Buenos  Aires: Siglo XXI, 2004).         [ Links ]

5. Eduardo González Calleja, "El hispanismo autoritario español y el movimiento nacionalista argentino: balance de medio siglo de relaciones políticas e intelectuales (1898- 1946)", Hispania.  Revista Española de Historia, LXVII, 226, (Madrid: Centro de Ciencias Humanas y Sociales, 2007), 607-8.         [ Links ]

6. Ver 1) Andrea Pasquaré, "Del hispanoamericanismo al pan-hispanismo.  Ideas y realidades en el encuentro de los dos continentes", Revista Complutense de Historia de América (Madrid: UCM, 2000); 2) Andrea Pasquaré         [ Links ], "Institucionismo reformista por tierras australes: la visita de Adolfo Posada a la Argentina del '10" (ponencia presentada en las IX Jornadas Interescuelas/ Departamentos de Historia, Córdoba: UNC, 2003);         [ Links ] 3) Juan Pro Ruiz, "Rafael Altamira y la definición de una política americanista en España" (Idem); 4) Olga Echeverría, "El catolicismo argentino hasta el golpe de Estado de 1930", Anuario del IEHS, 17 (Tandil: UNICEN, 2002).         [ Links ]

7. Eduardo González Calleja, Op. cit., 608, 618- 20.

8. Loris Zanatta, Del estado liberal a la nación católica.  Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo.  1930- 1943 (Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, 2005), 378.         [ Links ]

9. José María Funes, "Hispanoamericanismo", Revista de la Junta de Estudios Históricos de Santa Fe, I (Santa Fe: 1936), 13.         [ Links ]

10. "El Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas fue creado en 1938, subsumiendo a un grupo santafesino similar..." En: Alejandro Cattaruzza, Crisis económica, avance del estado e incertidumbre política (1930- 1943) (Buenos Aires: Sudamericana, 2001), 446.         [ Links ]  Ver también José María Rosa, Historia del revisionismo y otros ensayos (Buenos Aires: Merlín, 1968), 69.         [ Links ]

11. CERVERA, MANUEL (1862- 1956): Nacido en la provincia de Buenos Aires, residió durante la mayor parte de su vida en Santa Fe. Abogado egresado de la UBA. Revolucionario radical en 1893, luego intendente. Colaborador de varios periódicos santafesinos. Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Provincial. Defensor de menores; fiscal; vocal del Superior Tribunal. Miembro correspondiente de la Junta de Historia y Numismática Americana, luego Academia Nacional de la Historia (en adelante ANH). PAREDES, CLEMENTINO (1870- 1950): Abogado egresado de la Universidad Provincial de Santa Fe. Compartió sus aulas con el historiador entrerriano César Pérez Colman. Juez de paz letrado; inspector de Juzgados; secretario de Gobierno; director de la Biblioteca Municipal. Miembro del Instituto Argentino de Monumentos y Cultura Histórica. DANA MONTAÑO, SALVADOR (1906- 1992): Abogado egresado de la UNL. Profesor de Derecho Público en dos facultades de la misma universidad. Fiscal provincial, juez de instrucción, juez de primera instancia en lo civil y comercial, juez federal. Representante de la universidad y del gobierno provincial en eventos de importancia como por ejemplo la Conferencia de Municipalidades Americanas (Cuba, 1938). Director del Museo Municipal de Bellas Artes. Miembro de la Comisión Organizadora de la Primera Exposición Continental del Libro Americano de Ciencias Políticas y de Derecho Público (UNL, 1940). Miembro fundador del Instituto del Folklore y Museo del Folklore del Litoral. Junto a Nicanor Molinas, creador del Instituto de Investigaciones Jurídico-Políticas de la UNL. Miembro correspondiente de otras juntas provinciales y de la Academia Americana de la Historia. Miembro de distintas academias e institutos en Estados Unidos, Francia y Canadá. Representante de la Universidad de Harvard en celebraciones argentinas. Profesor invitado en universidades latinoamericanas. FUNES, JOSÉ MARÍA (1898- 1975): Funcionario público en el interregno 1930- 1932 (Fiscal de Estado, Secretario del Departamento Provincial del Trabajo durante la intervención de Arancibia Rodríguez en 1931). Profesor universitario y secundario. Miembro correspondiente de la Academia Americana de la Historia, del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas y de la ANH. Presidente del Colegio Arquidiocesano de Acción Católica. BARRETO, FÉLIX (1874- 1948): Nacido en La Paz, Entre Ríos. Autodidacta sin apellido tradicional ni fortuna. Periodista en varios diarios santafesinos. Como bibliotecario del Ministerio de Gobierno, estuvo a cargo de la dirección del Archivo Histórico de la Provincia entre 1921 y 1935. Tuvo la responsabilidad de reorganizarlo, requerir la entrega de documentación en poder de particulares y trasladar fondos de localidades vecinas a Santa Fe. Su producción bibliográfica estuvo orientada fundamentalmente al uso escolar y a la divulgación general. Fue miembro de la ANH y de la Academia Americana de la Historia. FASOLINO, NICOLAS (1887- 1969): Nacido en la ciudad de Buenos Aires. Arzobispo de Santa Fe desde 1934. Elaboró biografías de sacerdotes santafesinos. Fundó e integró la Junta Nacional de Historia Eclesiástica. Promovió la creación del diario católico La Mañana y de nuevas parroquias en barrios santafesinos.

12. Alejandro Damianovich, "La ciudad de Santa Fe como centro de producción historiográfica.  El mundo de sus historiadores como campo social", Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos, LXV (Santa Fe: 2007), 27.         [ Links ]  Aun así, testimonios de militantes nacionalistas de la época afirman que el gobernador Iriondo apoyó el ascendente revisionismo rosista - y a José María Rosa, uno de sus principales impulsores- hasta que sus acciones se convirtieron en un obstáculo para el equilibrio político e ideológico que trataba de preservar.  Ver Darío Macor y Eduardo Iglesias, El peronismo antes del peronismo.  Memoria e historia en los orígenes del peronismo santafesino (Santa Fe: UNL, 1997), 161-2; 192-3.         [ Links ]

13. José Carlos Chiaramonte, "En torno a los orígenes del revisionismo histórico argentino", en Ana Frega y Ariadna Islas, Nuevas miradas en torno al Artiguismo (Montevideo: UdelaR, 2001) 31-2, 35.         [ Links ]  Para Fernando Devoto el problema de definir el revisionismo es complejo debido a la imposibilidad de filiarlo con una época determinada: "las sucesivas épocas revisionistas se dilatan, se contraen, se reformulan, se combinan con diferentes contextos políticos y culturales y a la vez sedimentan en un conjunto de motivos y de lugares de memoria que sirven a los partícipes para identificarse".  En Fernando Devoto y Nora Pagano, Historia de la Historiografía Argentina (Buenos Aires: Sudamericana, 2009), 202-3.         [ Links ]

14. María Gabriela Quiñonez, "Un defensor de Rosas entre los historiadores correntinos: Justo Díaz de Vivar y el revisionismo de los años treinta" (ponencia presentada en las X Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia, Rosario: UNR-UNL, 2005).         [ Links ]

15. José María Rosa fue candidato a diputado por la Alianza Civil en Santa Fe, luego cooptado por el antipersonalismo.  Subsecretario de Gobierno durante la gestión de Manuel María de Iriondo.  Estaba casado con María Luisa Julia Delfina Bunge, hija de Alejandro Bunge, que había sido ministro de hacienda y obras públicas en la misma provincia tras el golpe de 1930.

16. Así lo afirma el hijo de José María Funes. Juan María Funes, "Las relaciones entre López y Rosas y el historiador José Luis Busaniche", Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos, volumen del Bicentenario de López (Santa Fe, 1986).         [ Links ]

17. José Carlos Chiaramonte, Op. cit.

18. Ver Tulio Halperín Donghi, "El revisionismo histórico argentino como visión decadentista de la historia nacional", Punto de Vista.  Revista de Cultura, 23 (Buenos Aires, 1985).         [ Links ]

19. Salvador Dana Montaño, La autonomía de Santa Fe (sus orígenes) (Santa Fe: el autor, 1934);         [ Links ] Félix Barreto, "Juan Manuel de Rosas ante la posteridad", El Orden, 15 de junio de 1936.         [ Links ]  Ver también 1) Diana Quattrocchi-Woisson, Los males de la memoria.  Historia y política en la Argentina (Buenos Aires, Emecé, 1998);         [ Links ] 2) José María Rosa, Historia argentina (Buenos Aires, Oriente, 1980), tomo 12.         [ Links ]

20. Alejandro Damianovich, "José María Funes y la historiografía en la década del treinta", Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos, 52 (Santa Fe, 1982), 80-2.         [ Links ]  Ver también Alejandro Damianovich, "Cinco historiadores argentinos.  Los presidentes de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe", Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos, LX (Santa Fe, 1995).         [ Links ]

21. Del Boletín del IEF sólo encontramos el primer número en el Archivo de la Provincia.  La búsqueda en los catálogos de la Biblioteca del Maestro, Biblioteca del Congreso y Biblioteca Nacional no arrojaron resultados positivos.  Los responsables de la Junta Provincial de Estudios Históricos manifestaron no tenerlos en biblioteca e ignorar datos precisos sobre el funcionamiento del Instituto.  Existen algunas referencias aisladas sobre la existencia de más de una publicación, que si sobreviven probablemente deben estar en manos de los descendientes de alguno de sus miembros.  Nos referimos a los números que cita Damianovich en el artículo ya citado de 1982.

22. Esta comisión estuvo integrada por Angel Caballero Martín, Félix Barreto, Clementino Paredes, Arturo Valdez Taboada, y el estudiante de derecho Juan Carlos Caballero.  Unos días después, Dardo Corvalán Mendilaharzu propuso la realización de un homenaje público a Juan Manuel de Rosas.  Se constituyó entonces en Buenos Aires una Junta Americana de Homenaje y Repatriación de los restos de Rosas que integró a los santafesinos Bello y Funes.

23. Fernando Devoto y Nora Pagano, Op. cit., 241.

24. Era profesor, trabajó en el Instituto Nacional del Profesorado de Paraná y otras instituciones educativas. Fue presidente del Consejo de Educación en 1929. Como hombre del catolicismo, defendió la enseñanza religiosa en las escuelas fiscales. José María Rosa declaró en una entrevista que Alfredo Bello fue su "inspirador", aquel que lo "convirtió" al rosismo: "Un santafesino muy original, muy personal, muy localista Don Alfredo Bello.  Bello no era exactamente un historiador, pero estaba lleno de anécdotas y cuentos históricos. El era muy rosista sin haber leído mucho sobre Rosas. Tal vez nada. Pero le gustaba de alma por criollo, por original, y porque acababa con los cajetillas. Lo que más le gustaba de Rosas era que degollaba gringos y gallegos".  En: Pablo Hernández, Conversaciones con José María Rosa (Buenos Aires: Colihue/Hachette, 1978),  s/d de página.         [ Links ]

25. Boletín del IEF, 1, 1-2, 6.

26. Idem, 8.

27. Testimonios dan cuenta de la creación por Ricardo Caballero de varios centros argentinistas "Juan Manuel de Rosas" en localidades de las provincias de Santa Fe y Córdoba.  No hay estudios sobre cómo funcionaba esta red de centros y qué relaciones establecieron con el IEF de Santa Fe y el IIHJMR de Buenos Aires.

28. "Aniversario de El Quebracho", El Orden, 3 de junio de 1940.

29. Creado en 1928, estuvo integrado en sus inicios por el Museo Social, Extensión Universitaria, la Universidad Popular de Rosario y, más adelante,  LT 10 Radio Universidad.

30. Ver "Celebró reunión el Instituto de Estudios Federalistas", El Orden, 17 de mayo de 1940. Algunas de las conferencias dictadas por José María Rosa en estos años fueron: "La política exterior de Juan Manuel de Rosas"; "Interpretación política del Martín Fierro" (sobre Sarmiento y la desargentinización de la Argentina entre otros temas); "Los gobernantes de Santa Fe"; "Los debates de la constitución del 53"; "Política económica de Rosas"; "El partido federal en la historia argentina: 1824-1852"; "La iniciación en la vida política de Don Juan Manuel de Rosas".  También publicó el artículo "La iniciación sociológica del Alberdi", primero en la Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales y luego en forma de folleto para una distribución más amplia.  En este trabajo presentaba a Alberdi como "la cabeza mejor organizada de la juventud de 1837". En: "Bibliografía.  La iniciación sociológica de Alberdi", Revista de la Junta de Estudios Históricos de Santa Fe, VI (Santa Fe, 1942), 56.

31. Su trabajo exhibía influencias de Una nueva Argentina de su suegro Alejandro Bunge y sus colaboradores de la Revista de Economía Argentina, sobre todo en lo que refería al interés por las políticas proteccionistas y de industrialización, así como demostrar cuantitativamente las desigualdades demográficas y económicas entre Buenos Aires y las provincias. Lo diferenciaban su énfasis en el relegamiento de la población "criolla" y la falsa superioridad del extranjero. Ya con el nombre "Defensa y pérdida de nuestra independencia económica", la obra fue publicada en la Revista del IIHJMR, en la REA, en La Marina (órgano de la Liga Naval Argentina) y posteriormente como libro en 1943 con el prólogo de Juan Pablo Oliver.  Cabe señalar que su interpretación de Juan Manuel Rosas como protector de la "industria local" y ejecutor de una reforma agraria a favor de quien trabajaba la tierra, ha sido considerada una excepción en un ambiente donde lo popular se asociaba a las antiguas tradiciones en sus versiones más conservadoras, sin plantear desafíos al sistema de dominación de "los mejores".  Progresivamente, Rosa había experimentado el tránsito de una posición conservadora a una nacionalista.  Ver 1) Alejandro Cattaruzza, Op. cit. (2001), 447; 2) Fernando Devoto y Nora Pagano, Op. cit., 255 y ss.; 3) Jorge Pantaleón, "El surgimiento de la nueva economía argentina: el caso Bunge", en Federico Neiburg y Mariano Plotkin, Intelectuales y expertos.  La constitución del conocimiento social en la Argentina (Buenos Aires: Paidós, 2004).         [ Links ]

32. "Primer Congreso Federalista de la Historia Argentina", Revista de la Junta de Estudios Históricos de Santa Fe, IV (Santa Fe: 1941), 10-1.         [ Links ]

33. "Discurso de clausura del presidente del Congreso, Dr. José María Rosa", idem, 21.

34. Salvador Dana Montaño, Domingo Cullen.  Santa Fe y la organización nacional (1818- 1838) (Santa Fe: UNL, 1939), 20-1.         [ Links ]

35. "Un mitin de desagravio", El Orden, 6 de setiembre de 1938.         [ Links ]

36. Carlos Borruat, "Caudillos versus intelectuales", El Litoral, 29 de abril de 1940.         [ Links ]

37. "Acotaciones sobre los defensores despreocupados del caudillismo y tácticos de las novísimas barbaries", El Orden, 2 de mayo de 1940.         [ Links ]

38. "Caudillos versus intelectuales.  Una carta de José María Rosa hijo", El Litoral, 30 de abril de 1940.         [ Links ]

39. "Primer Congreso Federalista de la Historia Argentina", Op. cit., 19.

40. "Intelectuales, caudillos y palabras al aire.  Una nota del historiador Raúl A. Ruiz y Ruiz", El Litoral, 2 de mayo de 1940.         [ Links ]

41. "Faltaba la bandera nacional en el homenaje a E. López que ayer se realizó en el atrio del templo de San Francisco", El Orden, 16 de junio de 1942.         [ Links ]

42. Al parecer tenía la costumbre de ingresar a la clase y preguntar a sus alumnos: "¿Hay aquí algún amigo de Pepe?": "Alude, tilingamente, a José Stalin, pues su mentalidad le hace creer que una persona que no sea totalitaria, forzosamente es un comunista o algo por el estilo".  En: "Una pregunta del rector: ¿Hay aquí amigos de Pepe?", El Orden, 20 de junio de 1942.
"Declara el rector en su solicitada, que él está por encima de las pasiones, cosa que no podemos aceptarle, cuando es un militante activísimo de ciertas corrientes históricas y sociales, que exigen una acción constante... podemos enterarnos ahora... que aquí somos o hijos del Tío Sam o hijos de Lenín.  Muy pintorescas deben haber sido esas revoluciones de indios comunistas".  En: "El rector tiene su plebiscito", El Orden, 23 de junio de 1942.

43. "¿Don Vicente Fidel López entona el canto del cisne?", El Orden, 17 de marzo de 1943.         [ Links ]

44. Director del Instituto de investigaciones jurídico-políticas (junto a Salvador Dana Montaño) y profesor de Derecho Constitucional y Derecho Público Provincial en la Universidad Nacional del Litoral.  Docente en el Colegio Nacional y la Escuela Industrial de la Nación.  Conjuez de la Corte Suprema de Justicia y presidente del Club del Orden en dos períodos.  Miembro de la JEH de Santa Fe.

45. Nemesio Oviedo, entrevistado por Eduardo Iglesias, en Darío Macor y Eduardo Iglesias, Op. cit., 102-5.

46. "Tributárase un homenaje a Domingo F. Sarmiento", El Orden, 4 de setiembre de 1942.         [ Links ]

47. Maestra egresada de la Escuela Normal Superior de Santa Fe en 1918.  En 1927 obtuvo su título de abogada en la Universidad Nacional del Litoral.  En 1928 fue fundadora de la Asociación del Magisterio y se convirtió en su primera presidenta.  Desde 1935 integró el IS de la UNL, participando activamente en las charlas organizadas en bibliotecas populares del norte del país.  En 1938 ingresó como traductora de francés e italiano en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la misma universidad.  Recientemente su nombre ha sido colocado al Archivo Histórico de la UNL, que la recuerda como ferviente reformista.

48. En la reseña del libro "Rosas y los asesinatos de su época", de Juan Jacobo Bajarlia.  Ver Universidad, 13 (Santa Fe: UNL, 1942), 393-4.         [ Links ]

49."El culto de las tradiciones", El Orden, 1 de agosto de 1943.         [ Links ]

50. Darío Macor, Op. cit (2003).

51. José María Rosa, citado por Amelia Martínez Trucco, Acción gremial del Magisterio de Santa Fe.  Su trayectoria y aporte a la construcción del sistema educativo (Santa Fe: UNL, 2004), 484.         [ Links ]

52. "Circular del presidente del Consejo de Educación", El Orden,  21 de agosto de 1943;         [ Links ] "Circular sobre la verdadera misión de la escuela", El Litoral, 20 de agosto de 1943.         [ Links ]

53. Para más datos sobre la intervención a la Universidad ver Coudannes, Mariela. "¿Profesionales o políticos de la historia? La historiografía santafesina entre 1935 y 1955", en Suárez, Teresa y Tedeschi, Sonia (Comps.). Historiografía y sociedad: discursos, instituciones, identidades. Santa Fe: UNL, 2009.         [ Links ]

54. Ver "Consejo de Educación.  Conmemoración de aniversarios patrios", El Litoral, 8 de setiembre de 1943.         [ Links ]  También Amelia Martínez Trucco, Op. cit., 485. 

55. "Singular significado de la aceptación de la renuncia del Presidente del Consejo de Educación", El Orden, 17 de setiembre de 1943.         [ Links ]

56. Darío Macor, Op. cit. (2003).

57. Darío Macor, "Elites estatales en los orígenes del peronismo.  El caso santafesino", Estudios Sociales, 4 (Santa Fe: UNL, 1993).         [ Links ]  También Darío Macor y Eduardo Iglesias: Op. cit.

58. "Recepción del nuevo Académico de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe.  Dr. Agustín Zapata Gollán", Revista Oficial de la Junta de Estudios Históricos de Santa Fe, XI (Santa Fe, 1944), 108.         [ Links ]

 

 

 

 

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