SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.9 número2Los usos del pasado dictatorial en los primeros años de democracia: Argentina, 1983 - 1989Parolo, María Paula: Ni súplicas, ni ruegos". Las estrategias de subsistencia de los sectores populares en Tucumán en la mitad del siglo XIX. Rosario, Prohistoria, 2008. índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Bookmark


Revista Escuela de Historia

versión On-line ISSN 1669-9041

Rev. Esc. Hist. vol.9 no.2 Salta jul./dic. 2010

 

ARTICULO ORIGINAL

Los recuerdos de Elvira Aldao de Díaz..
O una mirada femenina acerca de los espacios y de las prácticas de sociabilidad durante los veraneos marplatenses, 1887-1923

(Memories of Elvira Aldao de Díaz..
Or a feminine look over sociability´s spaces and practices during summer holidays in Mar del Plata, 1887-1923)

 

Paula Caldo
CONICET/ISHIR-FHyA/UNR, Corrientes 1339, piso "6", dpto. "C", Rosario, Santa Fe, C.P. 2000, paulacaldo@uolsinectis.com.ar

 


Resumen:

El presente artículo se inscribe dentro de los estudios de las prácticas de sociabilidad que durante los últimos años han venido produciéndose en el interior del campo historiográfico argentino. Concretamente, los ejes de reflexión comprenden un conjunto de prácticas, un espacio y un tiempo delimitados: las prácticas de sociabilidad durante los veraneos marplatenses entre 1887 y 1923. Si bien esta temática ya ha sido visitada por los/as historiadores/as, la novedad de nuestro texto reside en el cruce de fuentes de carácter cualitativo habilitado por la perspectiva de la historia cultural. Así, no nos detendremos en las prácticas de sociabilidad sino en la escritura de dichas prácticas, llevada a cabo por una señora de la clase dominante santafesina: Elvira Aldao de Díaz. En tal sentido, la pregunta por la implicación de la autora en el tema, como así también por la trastienda de la escritura, complejizan el análisis de la sociabilidad.

Palabras clave: Sociabilidad; Prácticas; Autora; Mujeres; Ciudad

Abstract:

The present article is enrolled within the studies of sociability practices that have been produced in the inside of the Argentinian historiographical field during the last years. Specifically, the reflection axes comprise a group of practices, a space and a time which are delimited: sociability practices during summer holidays in Mar del Plata between 1887 and 1923. Although this subject has already been visited by historians, the innovation in our text lies in the crossing of sources of qualitative nature, authorized by the perspective of Cultural History. So we will not pay attention to sociability practices but to the writing of such practices, carried out by lady member of the dominant class in Santa Fe: Elvira Aldao de Díaz. In this respect, the question about the implication of the author in this subject, as well as about the background of the writing, give complexity to the analysis of sociability.

Keywords: Sociability; Practices; Author; Women; City


 

Introducción

Si los nombres traslucen perfiles identitarios, el de la misia aquí elegida, Elvira Aldao de Díaz, lo hace con un sentido bifronte. Es decir que, por un lado, indica el itinerario vital de una distinguida dama que no solamente vivió, sino que, además, escribió y prescribió acerca de la sociabilidad propia de la élite argentina; pero, por otro, su apellido la filia dentro de la genealogía de una de las familias más distinguidas de la provincia de Santa Fe, los Aldao-Cullen. Estirpe vinculada al pasado colonial, a la explotación y propiedad de la tierra y, como exclusiva herencia de su padre, Camilo Aldao, al ideario liberal.

La historia cuenta que Elvira nació en 1858 en la ciudad de Rosario. Su primera infancia transcurrió en Buenos Aires, para luego, siendo ya una adolescente, retornar a su ciudad natal. Nuevamente en Rosario, contrajo matrimonio con Manuel Díaz, un joven destacado en el universo de los negocios, a quien ya la unía un vínculo de parentesco. Junto a su esposo viajó por distintos lugares del mundo y bajo su consentimiento practicó actividades de beneficencia. Asimismo, cuando la muerte le sustrajo a su consorte, supo sobrellevar la situación haciendo aún más profusos sus viajes y su actividad como escritora.1 Hasta este punto, hemos definido la identidad de Elvira Aldao a partir de algunos episodios de su itinerario biográfico. Para Paul Ricoeur, la identidad, lejos de referir a una esencia, consiste en la respuesta a una pregunta de orden práctico, quién hizo qué.2 En esta acepción, Elvira fue una prolífica escritora de relatos de ficción y de textos autobiográficos.

Que una distinguida señora decidiera escribir cuentos y novelas y, en el impulso de la actividad creativa, produjera una serie de ensayos donde el relato costumbrista se mezclaba con el de carácter autobiográfico, más que excepcional, resultó ser una actividad recurrente en la época. El clima social, que fue atemperando paulatinamente el transcurrir de la modernidad, habilitó los canales por donde comenzaron a circular las escrituras biográficas. Diarios íntimos, memorias, confesiones, cartas, etcétera, conformaron el espacio biográfico. Esto es, "un espacio de autorreflexión decisivo para el afianzamiento del individuo... Se esboza allí la sensibilidad propia del mundo burgués, la vivencia de un yo sometido a la escisión dualista -público/privado, sentimiento/razón, cuerpo/espíritu, hombre/mujer- que necesitaba definir los nuevos tonos de la afectividad, el decoro, los límites de lo permitido y de lo prohibido y las incumbencias de los sexos, que en el siglo XIX se afianzarían bajo el signo de la desigualdad, con la simbolización de lo femenino como consustancial al mundo doméstico".3

Capitalizando las costumbres en común de las señoras de la élite, Elvira dedicó a sus contemporáneos y a la posteridad tres libros de tono autobiográfico. Tres escritos producidos en los tiempos de la madurez, cuando ya promediaba los sesenta años. Este dato cronológico nos invita a pensar en la noción de experiencia transmitida, formulada por Walter Benjamin en el año 1933. Existe un pasado que los mayores, los que vivieron antes, deben poner por escrito para que, de este modo, resista al voraz paso del tiempo. Es así como Elvira, una mujer moderna, escribió sus recuerdos. Actividad que inauguraba con un libro publicado bajo pseudónimo: los Veraneos marplatenses.4 Texto donde, al tiempo que describía, evaluaba las formas de sociabilidad experimentadas durante los veranos en la mencionada ciudad de Mar del Plata. Tiempo después, ya en la década de 1930, publicó los Recuerdos de antaño -1931-5 y los Recuerdos dispersos -1933-;6 ambos irrumpieron en el mercado editorial luciendo en la portada su nombre y sus apellidos.

En esta trilogía de recuerdos, podemos leer una nota costumbrista, crítica y nostálgica acerca de las formas de la vida cotidiana y las prácticas de sociabilidad propias de los sectores dominantes del país. Pero también encontramos la mirada retrospectiva de Elvira. Mirada que se construyó, para el futuro ojo lector, como el lienzo de Penélope. En otras palabras, un paño que, en su textura, entramaba algunas hebras de recuerdos junto a otras de olvidos.7 Así, nuestro corpus documental adolece de la fragilidad y el perfil misceláneo propio de todos los relatos cuya única fuente de información es la memoria del narrador. Asumiendo esta particularidad, decimos que, en aquellos libros, leemos fragmentos de historias y de experiencias, prolijamente seleccionados por la autora. Uno a uno, los recuerdos de Elvira representan un ojo de buey, enmarcado en la subjetividad que, pese a ello, habilita a los historiadores a asomarse al pasado de las formas de sociabilidad propias de los sectores dominantes argentinos.

Elvira experimentó una vida despojada de carencias y de grandes sufrimientos. Habitó en hogares confortables y lujosos; se educó en prestigiosos colegios; viajó, tanto por nuestro país como por Europa, casi de manera permanente; supo de modas e hizo uso de ellas; ya sea en la cotidianeidad de la vida privada o en los más distinguidos restaurantes, clubes y demás lugares de servicios gastronómicos ofrecidos por el mundo urbano, degustó los mejores manjares; fue incluida en las listas de eventos encumbrados..; y, en medio de esta agitada vida social, infaltablemente, debemos incluir los veraneos en la playa.

El verano marcó una tonalidad particular en los ritmos temporales y en los espacios donde se desarrollaban las prácticas de sociabilidad de los sectores dominantes. Tonalidad que la propia Elvira Aldao recuperó y cuestionó en su ensayo autobiográfico del año '23. Mismo libro que hoy utilizamos como fuente a partir de la cual construir un ejercicio de historia sociocultural sobre las formas de sociabilidad en la Argentina de la bisagra de los siglos XIX y XX.

Historia de un malentendido

Elvira publicó por primera vez sus Veraneos marplatenses en el año 1923. Esta primera edición fue rápidamente seguida por otra que, lejos de motivarse en el agotamiento de la primera tirada, se subordinó a la necesidad de corregir un detalle que incomodaba a la autora. Leamos la explicación de su puño y letra: "Firmo con mi nombre esta nueva edición de mi libro Veraneos marplatenses, que apareció en diciembre de 1923 con el pseudónimo Dae, para salvar el error en que se ha incurrido al atribuirme inmerecidamente otro libro titulado Mar del Plata, veneno de Buenos Aires, que por coincidencia se publicó al mismo tiempo. Espero, con este radical procedimiento, disipar por completo la confusión producida, y desvirtuar la desagradable versión que me considera autora de un libro de propaganda contraria a la bella ciudad de Mar del Plata, y de enconada crítica contra el Ocean Club, centro de la alta sociedad bonaerense".8 

Elvira, ya mayor y viuda, emprendió su primera experiencia de escritura autobiográfica. El propósito de este ejercicio era "dar una impresión rápida de los veraneos marplatenses, en el pasado y en el presente, y hacer, al comparar las dos épocas, alguna crítica social que se ha considerado justa y verídica".9 En este sentido, en el librito leemos notas sobre las formas de ser, estar y proceder durante los veranos en la ciudad balnearia; una cuadrícula de los tipos sociales que pueblan el verano; descripciones de sitios comerciales de moda, pero también una sugerente crítica, entre moral y nostálgica, a su tiempo presente -1923-. Es decir, Elvira confrontó a la Mar del Plata de los años 1920 con aquella otra experimentada por ella cuando promediaba la década de 1880. Aunque la ciudad seguía siendo un lugar atractivo para visitar y disfrutar, algo de todo aquel brillo decimonónico se había perdido y la escritora no se privó de denunciarlo.

Sabido es que las mujeres argentinas encontraron en el siglo XIX un campo de batalla en el cual luchar por la conquista de la escritura.10 La crítica literaria, los estudios de género y la misma historia de mujeres se han detenido recurrentemente a historiar las luchas de las integrantes del género femenino para acceder al mundo de la lecto-escritura. Contienda que, sin prisa pero sin pausa, fortaleció sus frutos en el siglo XX, entre los que podemos listar la experiencia literaria de Elvira. Justamente, su primer libro de recuerdos, el de los Veraneos marplatenses, fue publicado bajo pseudónimo. Un pseudónimo que, cual relicario, en su interior atesoraba las iniciales de la escribiente: DAE, Díaz, Aldao, Elvira. Así, nuestra autora incurre en una modalidad propia de las escritoras decimonónicas, la autoría escondida.11 Autoría que, motivada por un hecho molesto, revelará en una segunda edición de la obra. Concretamente, en simultáneo con la edición de Elvira, se publicó un ensayo cuyo cometido era resaltar los efectos corruptores ejercidos por la sociabilidad marplatense sobre la moral de los/as argentinos/as. El cual fue instantáneamente atribuido a nuestra autora. Entonces, ella, valiéndose de una estrategia editorial, reeditó sus Veraneos.., para resolver el malentendido.

De la historia narrada se desprenden dos preguntas. La primera, de carácter contextual: ¿por qué Mar del Plata se tornó un tópico de escritura en los años veinte?; la segunda, vinculada con cuestiones biográficas: ¿Qué motivos condujeron a Elvira a escribir sobre Mar del Plata y por qué, en menos de un año, cambió la portada de su libro, pasando así de la autoría escondida a la exhibida?

Resolver el primer interrogante es un ejercicio que, hoy en día, se encuentra facilitado, gracias a la abundancia de investigaciones socio-históricas que toman por objeto a Mar del Plata.12 Dicha ciudad resultó ser una excepción entre los pueblos agropecuarios que se hilvanaban sobre la costa sur del Río Salado. Su excepcionalidad comenzó a gestarse en el preciso instante en que el ojo de la clase dominante porteña advirtió en aquella geografía, por entonces destinada a la explotación agrícola y ganadera, la simiente de una villa balnearia. Ser la villa costeña elegida por la élite implicó que, a partir de 1880, las intervenciones del Estado provincial la convirtieran en una ciudad lujosa, confortable y estéticamente atractiva. Desde el Estado nacional se procuró que dicha urbe contara con el acceso del ferrocarril, el acondicionamiento de las playas, la comodidad habitacional para los veraneantes; en fin, la clase dirigente se preocupó por hacer de la villa costeña un paraje dotado de todas las técnicas y ventajas del confort que los sectores dominantes acostumbraban gozar en Europa o en la vecina Montevideo.

Fue en el verano de 1886/87 cuando la temporada vacacional quedó formalmente inaugurada. La presencia de personajes destacados en el ámbito de la política, las artes, el periodismo y las letras, junto a las más prestigiosas familias del país, hicieron de aquel lugar un sitio de privilegio. Gradualmente, la estructura urbana de la ciudad fue complejizándose al punto de que, a las construcciones hoteleras tradicionales, fuera sumándose el brillo y el lujo de las mansiones particulares situadas en La Loma. Entrada la primera década del siglo XX, Mar del Plata resplandecía en la costa atlántica. Al brillo de su arquitectura se adhería la estirpe de los visitantes y la ostentación de las marcas comerciales -algunas nacionales, pero muchas otras europeas- que exhibían objetos de lujo para consumo y placer de los turistas.

Al decir de Peter Gay, el siglo XIX es el siglo de la experiencia burguesa. Una experiencia alumbrada al calor de la democratización de las comodidades.13 Esto es, las formas de amar, el gozo, la diversión y el placer de los/as burgueses/as necesitó de la distribución ampliada de una serie de tecnologías, aparatos, utensilios y herramientas que, mientras complejizaban las formas de la vida cotidiana, habilitaban una nueva manera de percibir y sentir el mundo. Y, si pensamos en cambios en la formas de percibir y de sentir, estamos aludiendo al proceso de constitución de una nueva sensibilidad, que el historiador uruguayo José Pedro Barrán llamó sensibilidad civilizada.14 Esta particular forma de percibir el mundo, el arte, la vida, el dolor, el amor, implicó la consolidación del autocontrol, la extensión de prácticas que reprimían ya no el cuerpo sino el alma de los sujetos y promovían el ocultamiento de las manifestaciones sexuales, la reducción de las mujeres al rol de ángeles del hogar, el repudio a la violencia y a la manifestación de todo tipo de excesos públicos -la carcajada, el griterío, la danza desenfrenada, entre otras. Barrán dice: ".. la civilización, que es siempre urbanización, implica voz baja y susurro..",15 prácticas que fueron implementadas con el auxilio de las reglas de urbanidad y de cortesía. Empero, para el caso americano en general y para el argentino-uruguayo en particular, esta nueva sensibilidad se implementó de modo acelerado, en la bisagra de los siglos XIX y XX, e impuesta desde arriba. Su hipótesis nos informa que la implementación de la sensibilidad civilizada en Uruguay, lejos de ser espontánea, fue un proceso digitado desde los sectores dominantes. Esta misma hipótesis puede aplicarse al caso argentino y se corrobora con documentos como, por ejemplo, los ensayos autobiográficos de Elvira.

Ahora bien, la sensibilidad civilizada de que nos habla Barrán tiene su fecha de comienzo y también de deceso. Esa particular forma de sentir, alumbrada en el ocaso del siglo XIX, será rápidamente trastocada en la década de 1920. Curiosamente, en esa misma década Elvira escribió sus Veraneos con un tono altamente nostálgico. Es decir, ella añoraba los veranos de antaño. Los nuevos tiempos no sólo democratizaron el acceso a la villa, sino que también cambiaron las formas de relacionarse entre los sexos. Varones y mujeres, semidesnudos, se mezclaban anárquicamente. Pero peor aún resultaba la postura de las damas, quienes se habilitaron para prácticas como juegos de azar, fumar, aligerarse de ropas en público. Modas que horrorizaron a nuestra Elvira, impulsándola a tomar su pluma para escribir su malestar con la naciente cultura del verano.

No obstante, a estas novedades se sumaron otras de carácter sociopolítico. Al tiempo que la élite iba haciendo de la villa balnearia un sitio propio, los marplatenses nativos fueron atrincherándose en la zona norte de la ciudad. Lugar que se convirtió en un contrapunto, simple y austero, del esplendor que habitaba en el resto de la urbe. Lo que los veraneantes no advirtieron fue que quienes decidían el destino político de la ciudad costeña no eran ellos sino los residentes permanentes. Estos últimos serán quienes, en 1920, hagan de Mar del Plata el primer municipio socialista del país.16 A partir de entonces, paulatinamente fueron plasmándose políticas para facilitar el acceso a la villa. Fue así como, a medida que aumentó el caudal de veraneantes, también lo hicieron las críticas y el descontento de los turistas pioneros. En este clima, Elvira publica su libro. Un ensayo costumbrista que, mientras recuerda un pasado glorioso, cuestiona las costumbres imperantes en su presente.

La crítica social esbozada por Elvira, lejos de condenar la práctica de los veraneos, fue una invitación a recuperar ciertas reglas de antaño. En esta dirección, la dama santafesina se enfadará al percibir que su nombre comenzaba a ser asociado con un libro que proponía la erradicación de la costumbre de veranear en el mar. Concretamente, a Elvira se le había atribuido la autoría del libro Mar del Plata: Veneno de Buenos Aires, publicado en el mismo 1923 por Jaime Alfonso Guzmán y Clarafuente.17 La intención del autor era casi una cruzada moral. Predicaba: "Este libro viene a ser sólo algo así como una poda de Mar del Plata. Dejando subsistentes sus condiciones de balneario de moda y de lujo, queremos señalar sus defectos -sus gangrenosos defectos- de pseudoemporio de malas costumbres; de sumidero de dignidades y fortunas; de feria donde se trastruecan (sic) los rangos, se confunden los valores y se corrompe el oro puro a fin de que el bronce parezca oro y el vidrio diamante".18

Los defectos de la ciudad balnearia crecían y se ramificaban, representando un peligro para Argentina en general. El brillo estival de Mar del Plata, natural para los aristócratas porteños,  deslumbraba y corrompía a las almas débiles y puras de los pueblos del interior del país. Poco a poco, esta ciudad fue transformándose en una hoguera de vanidades donde lo esencial era "parecer". Característica que Guzmán y Clarafuente atribuyó a las poblaciones de frontera. Este tipo de urbes se distinguían por el relajamiento de las normas y por la liviandad moral. Al respecto expresó: "nunca una ciudad fronteriza puede tener la moralidad y la dignidad de una ciudad situada en el centro de la nación".19 Nuestro autor, crítico de la ciudad costeña, presupuso que la moral comprendía no solamente cuestiones vinculadas a "las buenas costumbres y la urbanidad", sino que también refería a "cierto pudor íntimo que impide proceder mal (de modo indecoroso, violento, etcétera)".20

Al decir de Guzmán y Clarafuente, los gobernantes argentinos incurrieron en un error al permitir que los veraneos en el mar reemplazaran a las estadías estivales en las villas cordobesas y santafesinas. Lo imprevisto fue que ese cambio geográfico provocaría una mutación en el orden moral. El autor afirmó: ".. se ha escogido el balneario -en su sentido modernísimo- a orillas del mar, porque es a orillas del mar donde las reglas morales se aflojan y relajan hasta el punto de parecerse a las que rigen a los hombres en las ciudades fronterizas".21 Cual zona franca, Mar del Plata habilitaba todos los excesos, pervertía a las jóvenes, enfermaba el cuerpo y contaminaba el alma.. En fin, Guzmán y Clarafuente percibió en la villa balnearia el epicentro de la barbarie moral del país, y contra ella levantaba su pluma para denunciar. Asimismo, instó a las autoridades marplatenses a legislar sobre los usos y abusos del alcohol y de los juegos de azar, como también sobre las jornadas alocadas de danzas con sus consecuentes ingestas de alcohol y comidas de mala calidad. Proponía difundir un concepto de higiene que apuntaba a mantener la limpieza del cuerpo y también la del alma. Finalmente, cerró su texto recordando que los pueblos que cuidan de sus intereses espirituales no construyen balnearios en sus territorios. Y si bien es cierto que debían existir sitios para la distensión y el recreo de los habitantes, éstos tenían que esculpirse sobre las bases morales y las tradiciones del país. En sus palabras, "mientras el catolicismo siga siendo nuestra simiente espiritual y educativa, debemos actuar acorde con él.. La argentinidad no caracteriza a todo el territorio. La región verdaderamente nacionalista es el litoral, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, gran parte de Buenos Aires.. Lo que de argentino hay en Buenos Aires se debe a la influencia del litoral. Si Mar del Plata estuviese en el litoral, sería muy diferente.. Si la ciudad de Buenos Aires no fuera el centro nervioso de la república y su emporio económico; vale decir, si la federación existiera en todos los órdenes como existe, más o menos, en el político, Mar del Plata, al envenenar Buenos Aires, no sería un peligro para toda la nación. Pero Mar del Plata, veneno de Buenos Aires, lo es también de toda la nación. Tal es la trágica proyección del balneario sibarítico".22

Las preocupaciones que inquietaban a Guzmán y Clarafuente fueron refutadas en forma explícita por Elvira: "Los rigoristas de antaño tienen que someterse al ambiente de actualidad y comprender que la moral de los nuevos códices no es inferior a la de sus tiempos; por lo menos está en la misma relación que la de su época con la de épocas anteriores.. La moral se adapta a todos los cambios: lo que ayer no se admitía se admite hoy".23 Ambos autores, conscientes o no, emergieron como las voces de una contienda que, esta vez con un argumento moral, recuperaba notas de la tensión entre dos proyectos políticos: el centralismo porteño versus el federalismo del interior. En este marco, Elvira salió en defensa de los valores porteños. Pero ella fue una dama santafesina. Suponemos que ese "ser" de Santa Fe es, quizás, lo que la conduce a utilizar un pseudónimo y a ocultar su lugar de origen, como también, probablemente, es el causante del malentendido por el cual se le atribuyó el libro de Guzmán y Clarafuente (voz defensora de las costumbres de las principales ciudades del interior del país -del litoral y de Córdoba- y del catolicismo).

Asimismo, que Elvira no se reconozca santafesina, no solamente generó confusiones entre sus contemporáneos, también confunde a los historiadores. De hecho, la profusión de investigaciones socio-históricas que toman como objeto a Mar del Plata sitúan a los escritos de Elvira como expresión de Buenos Aires,24 sin reparar en el detalle omitido: ella es una señora de la élite liberal santafesina que, llevando bajo la capa su identidad regional, se presenta "como si fuese porteña". Ocultamiento susceptible de ser tomado como un indicio para volver a pensar las tensiones en el interior de la propia élite santafesina.

Escribir la sociabilidad, escribir la ciudad..

Mucho se ha dicho y escrito acerca del concepto de "sociabilidad". Empero, creemos que sigue siendo Maurice Agulhon la entrada primera e indicada para trazar sus sentidos.25 Según su teoría, la expresión sociabilidad cabalga entre dos polos de significados. Esto es, por un lado, la sociabilidad es la aptitud de los seres humanos para vivir en grupos, tendencia que separa a los hombres de los animales; por otro, es la aptitud de los individuos para "frecuentarse amigablemente". Aquí, las prácticas de sociabilidad son las garantes de la moderación, del trato amable y pacífico en el marco de las relaciones humanas. Sin embargo, el historiador asevera que, en tanto el primer polo nos resulta demasiado amplio (todo objeto sería meritorio de un análisis en clave de sociabilidad), el segundo se expresa, por oposición, de modo acotado y reducido (el abordaje de la sociabilidad sólo se aplicaría al tratamiento de las formas de la civilidad, la urbanidad y la cortesía). De esta suerte, para Agulhon, el problema de la sociabilidad se inscribe en medio de ambas conceptualizaciones, más allá del individuo y más acá de la especie: las relaciones sociales.26 Por ejemplo, si nos preguntamos cuáles son los objetos de estudio de Agulhon, la respuesta es: asociaciones, formales o informales que cristalizan en espacios públicos o privados, muchas veces reglamentados y con proyecciones sociales, políticas o culturales. Ahora bien, para nuestro análisis tomaremos en préstamo dos cuestiones del planteo agulhoniano: la importancia otorgada a los espacios de sociabilidad y la posibilidad de pensar en términos de asociaciones informales.27 Es decir, asociaciones despojadas de reglamentos, de códigos, de cuotas y de rituales de ingreso. Esos espacios donde los sujetos se reúnen para conversar, pasear, descansar y también trazar destinos sociopolíticos y económicos. Sin dudas, la Mar del Plata que nos presenta Elvira es un ejemplo contundente de este tipo de aconteceres sociales. Nuestra dama esboza una cartografía de los itinerarios de la sociabilidad informal marplatense, y a ese ejercicio de escritura dedicamos el análisis presentado en estas páginas.28 Sus palabras producen una geografía urbana particular, la disfrutada por los veraneantes.. Lejos de estar conforme con la sociabilidad marplatense de los años veinte, la autora establece un juego de espejos entre el pasado y el presente de dichas prácticas, cuyo sentido final podemos percibir en algunas frases frecuentemente repetidas. Expresa: "¡Con qué hondas remembranzas se contemplan esos grupos del pasado!"29Qué abismo separa las dos épocas!".30 Epocas y grupos han cambiado, logrando que la misma Elvira se sienta extraña y, muchas veces, incómoda en el nuevo acontecer.

¿Cómo era la Mar del Plata añorada por nuestra autora?.. Siguiendo su letra, aquel era un territorio casi virgen, que reposaba a la vera del mar. Invitadas por aquella belleza natural, en el año 1887 algunas pocas familias, las más ilustres del país, encontraron un refugio donde pasar los días del verano. Pocos son los puntos en los que se detenían los itinerarios recorridos por los primeros veraneantes.. Por entonces eran escasos, porque apenas había una incipiente construcción edilicia, contrastada por la sobreabundancia de naturaleza. En la temporada de 1887-1888, sólo contaban con las instalaciones del Grand Hotel, emplazado frente al inmenso mar.. De esta forma, las familias, al llegar, se hospedaban en dicho hotel, sitio que les ofrecía sus instalaciones para las reuniones de salón, como así también un rápido acceso a la playa, que dormitaba frente a su fachada. El itinerario diario consistía en paseos matutinos por el campo o la playa, donde generalmente almorzaban en comunión con la naturaleza. Por las tardes, tomaban "amistosos baños" en el mar y luego, por las noches, se realizaban banquetes, bailes y, nuevamente, caminatas en la playa. Aldao de Díaz recuerda aún, en el año veintitrés, cómo el viento de la noche golpeaba en sus jóvenes rostros.

Pero la postal de aquel primer verano en el mar cambió radicalmente en la segunda temporada. El verano de 1888-1889 trajo consigo la inauguración de la Rambla y del Hotel Bristol, que, erguido frente al Grand Hotel, ocultó la vista directa del mar. En palabras de Elvira: "Al año siguiente, como por encanto, surgió el Bristol Hotel, chalet de estilo simplísimo.. Aplastó sin consideración a su vecino, el chato Grand Hotel. Con la aparición del Bristol cambió radicalmente la vida de la playa: la vida sans-façon del verano precedente. Desaparecieron las matinées y las capelinas y desapareció el baño en común.. Sin convenio previo, los sexos se separaron.. Esta separación se mantuvo y cuesta fijar la fecha en que se volvieron a reunir en la comunidad de las aguas.. La playa también se había transformado: las casillas agrandadas se multiplicaban.. Con la rambla adquirió la playa inusitada importancia.. Los veraneantes se dispersaban en ella, sentándose en sillones de paja o banquetas rústicas.. Las sombrillas eran indispensables.. El grupo de veraneantes del año anterior, vestidos a su antojo, sin disciplina reglamentaria, parecía ya un recuerdo lejano.. Y si tampoco pudo establecerse en el Bristol la intimidad de la anterior temporada, no por ello en sus reuniones dejó de reinar la más amable cordialidad..".31

Al tiempo que la estructura edilicia y urbana marplatense se tornaba más compleja, la disciplina comenzaba a reglamentarse. Sin embargo, este no fue un cambio molesto para nuestra autora; por el contrario, ella dirá: "pero formando al mismo tiempo un todo selecto, como correspondía a familias pertenecientes al mismo mundo. El grupo era selecto..".32 Ese año, la figura de Carlos Pellegrini, por entonces vicepresidente de la Nación, ocupó el centro de la escena. Sus aires de hombre de mundo harán nacer en Elvira una enorme admiración: "Pellegrini fue el factótum de todo el movimiento mundano de la temporada veraniega".33 Nos interesa esta última frase porque, en ella, nuestra veraneante introduce un concepto que marca la semántica del tipo de sociabilidad desplegada. Esto es, la sociabilidad de los mundanos. Concepto magistralmente tratado por Benedetta Craveri en un ensayo titulado La cultura de la conversación.34 En él, Craveri aborda este tipo particular de sociabilidad en su densidad histórica. Concretamente, se remonta a la Francia de los siglos XVII y XVIII, para husmear en las huellas que "las mundanas y los mundanos" dejaron en sus cartas, mansiones, objetos, pinturas, poesías, obras de teatro, diarios íntimos, etcétera. Sobre esta base, arriesga un concepto. Este grupo, conocido como "mundano", estaba conformado por aquellos nobles que, dando la espalda a la sociedad cortesana, miraban al mundo dispuestos a gozar de todas sus bellezas. Entonces, pasaban grandes jornadas de ocio en mansiones particulares, cuyo centro estaba ocupado preferentemente por una dama, y donde conversaban, leían, comían, bebían, presenciaban obras de teatro y se deleitaban con la música y la danza. Craveri afirma: "Desde el punto de vista de la cultura mundana, lo que prima es la fuerza de la tradición y la continuidad de los estilos. Avido de saber y cada vez más omnívoro, el diletantismo mundano tenía a gala formar parte de la vanguardia, de lo nuevo, pero no por ello renunció a los buenos modales y a ciertos parámetros de lo estético.. Será la manera de vestirse, de vivir, de hablar, de divertirse, de reunirse, lo que brinde a la nobleza la inquebrantable certeza de superioridad. Serán los bienséances, el cuerpo de leyes no escritas,  pero más poderosas que cualquier norma, las que suministrarán el banco de pruebas que antes estaba reservado a las armas".35

Aplicar el concepto de Craveri a la sociabilidad de las élites rioplatenses de los tiempos de Elvira, puede resultar un ejercicio un tanto ambicioso y hasta anacrónico. Sin embargo, pequeños aires de familia habitan entre estas prácticas y aquellas otras de los franceses. Los mundanos eran innovadores y conservadores al mismo tiempo. A esas reuniones acudía un grupo selecto y escaso en número. "Pocos pero los mejores..", podría ser el título que encabece la historia del grupo. Cada nuevo integrante debía ser previamente aceptado por la concurrencia, siendo el pasado ilustre y la tradición los elementos distintivos y aseguradores del ingreso. El lugar de la cita debía estar en contacto con la naturaleza; los paseos configuraban una de las actividades preferidas. Mar del Plata, en sus orígenes, intentó ser algo de todo esto.. Unas pocas familias acudían a la ciudad marina para tomar baños en el mar, conversar, estrechar vínculos de amistad y pactar futuros matrimonios. La misma Elvira cuenta que en un verano se conocían y al siguiente retornaban casados.36

Igualmente, la autora celebraba la implementación de una disciplina más estricta que pusiese fin a, por ejemplo, los baños "amistosos". Es decir, varones y mujeres podían estar juntos en el mar e incluso ayudarse en la realización de algunas destrezas acuáticas. Empero, fuera del agua les estaba prohibido conversar, pasearse y permanecer en traje de baño. Las reglas también marcaban los tiempos, formas e interlocutores durante las conversaciones y también las formas del baile. Elvira dice: los cuerpos danzantes debían estar separados por un halo de luz.. Tampoco era bien visto que las mujeres fumasen o apostasen en los juegos de azar.. Si bien estas "reglas" no estaban prescriptas en ningún código, gravitaban sobre la memoria y la moral de los concurrentes. Precisamente, el miedo al "ridículo" conllevaba el riguroso acatamiento de las normas.

La suntuosidad, refinamiento y disciplinamiento de las conductas del verano 1888-1889 fueron profundizados en las vísperas de la temporada 1889-1890. Elvira dice: "En el verano siguiente, el Bristol se presentó en completa transformación.. El chalet del año anterior había sido aumentado y preparado exclusivamente para habitaciones de los huéspedes.. Un nuevo edificio avanzaba sobre el mar, reunía una serie de salones: el vastísimo comedor, el gran salón de fiestas y varias salas destinadas para lectura, billares, ruletas y otros juegos.. A este conjunto lo unía una galería. Esta amplitud distanció a la concurrencia del Bristol, ya no era posible que todos los concurrentes pertenecieran al mismo círculo.. El derroche de lujo que se implementó en el segundo verano en el Bristol.. Esta temporada fue extraordinaria por el lujo de sus fiestas..".37

Pero, de la mano con el derroche de lujo y ostentación, llegaron la envidia y la emulación entre los grupos. Las primeras en sumarse a esta contienda fueron las mujeres, eligiendo, como parámetro de distinción, a "la moda". Resultó ridículo asistir a los banquetes, bailes y demás eventos de la playa, luciendo el mismo vestuario del año anterior o incluso los trajes utilizados en el invierno porteño. De esta suerte, nació una primera distinción social, que nuestra autora describe con una clasificación de las mujeres: las copetonas del salón norte del Bristol y las sin copete, situadas en la zona sur. Por fuera de esta primera categorización, quedaron aquellas otras familias hospedadas en el Grand Hotel. Elvira expresó: "En este hotel se refugiaban quienes querían pasar el verano sin el agobio de etiquetas mundanas.. Era el hotel preferido por las familias provincianas, en general refractarias a los formulismos sociales".38

A medida que nos aproximamos al siglo XX, Mar del Plata fue ampliando su estructura urbana y, en consecuencia, de año en año arribaban mayores contingentes de visitantes. En sintonía con ello, con cada temporada el Hotel Bristol iba imprimiendo innovaciones edilicias. Cambios aceleradores del proceso de distinción social39 que colonizaba las playas e impregnaba las prácticas de sociabilidad. Precisamente, el avance del siglo XX trajo consigo modificaciones que, si bien contribuyeron a complejizar la estructura urbana, vampirizaron el ambiente.. Es decir, Mar del Plata dejó de ser una pequeña ciudad, para convertirse en una ciudad moderna.. Elvira se lamentaba y afirmaba: "Mar del Plata, al engrandecerse, ha dejado de pertenecer exclusivamente a la alta clase -descubridora de sus ventajas veraniegas-, para entregarse a todas las clases sociales, hoy pertenece a todo el mundo; hasta los mendigos de la capital veranean en sus brisas saludables".40

Sin dudas, la clase social que se torna hegemónica con el advenimiento de la ciudad moderna es la burguesía. Los historiadores valencianos Anaclet Pons y Justo Serna lo expresan en estos términos: "La escena en la que actúan es la ciudad, es decir, el más clásico de los escenarios burgueses, aquel que le proporciona el nombre.. Es en dicho espacio donde el grupo adquiere su rasgo moderno, forma sus patrimonios y funda la dialéctica del régimen liberal.. Es la propiedad burguesa la que inspira la formación de los espacios urbanos, la dislocación e incluso las propias tipologías del hábitat de los distintos grupos sociales según procesos de diferenciación y de reubicación urbana".41 Los burgueses, gozando de ingentes caudales de dinero, no poseían el abolengo ligado al pasado colonial. Se trataba de los grupos de sujetos "sin apellido ilustre". Estos, a partir del siglo XX, invadieron las playas marplatenses, haciendo que la élite deba construir sus propias mansiones. Con el siglo XX, poco a poco, La Loma se convirtió en un "barrio aristocrático". La pregunta clave para la distinción social pasó a ser: dime dónde te hospedas y te diré quién eres.. Elvira describe esta nueva geografía:

"La Rambla, a pesar de considerarse una construcción pesada, es monumental y es original. Su alta construcción la separa de la tierra para aislarla frente al mar. Solamente por las columnatas de sus dos grandes entradas se divisan los chalets del Bulevar Marítimo, y por el otro, el espaciado edificio del Grand Hotel Bristol, ubicado tras la plaza, en cuyo centro se levanta la estatua de Peralta Ramos.. Ondulada Loma donde se han trepado magníficas villas particulares.. La aguda flecha gótica del templo Stella Maris, perfilada en la claridad del ambiente, parece proteger el barrio aristocrático.. Y en el descenso de la Loma, encajado en el mar, cerrando la playa inmensa, álzase, sobre un amontonamiento de piedras, el Torreón, modesto restaurante.. No viéndose de la rambla más que el jirón de la Loma, con el Torreón por guardián, sólo el mar absorbe la contemplación de los espectadores, pues hasta la angosta playa queda sumergida por la elevación de la rambla.. Pero los espectadores más que contemplar el mar, con su misterio insondable, se contemplan entre sí: el arcano de cada ser es más insondable aún".42

Este es el paisaje marplatense de los años veinte.. La rambla parece ser el carril por donde circularon los veraneantes. Por aquel camino se accedía a las grandes tiendas -argentinas y europeas-, a las confiterías, restaurantes y casas de té, a la playa, a los hoteles, a los clubes y a las mansiones de La Loma.. Esos espacios en los que los paseantes experimentaban permanentes estados de shock emocional.43

No obstante, en esta ciudad habitaban, al menos, dos Mar del Plata. Esto es, a la Mar del Plata suntuosa y europeizada de la playa Bristol, se oponía otra, marcada por la austeridad y modestia de la Perla. Dos espacios trazados por recorridos de mujeres y varones que vivían y construían el paisaje urbano al ritmo de sus posibilidades económicas.

Otros espacios que llamaron la atención de la autora fueron la Explanada y el Teatro Odeón. La primera, a diferencia de lo que sucedía al transitar por la rambla, devolvía a los ojos del espectador la presencia del océano. Si bien el selecto contingente de veraneantes celebró su inauguración, no hizo uso de sus instalaciones, convirtiéndose rápidamente en una zona desierta. Respecto del segundo, el Teatro Odeón, tampoco resultó ser un escenario visitado por los turistas en general. Pese a la magnificencia de esa construcción arquitectónica, los visitantes siguieron prefiriendo las funciones de cine. Al decir de Elvira: ".. hasta la concurrencia distinguida se aglomeraba en los galpones de los cinematógrafos de la rambla vieja y abandonaba la elegante sala del teatro, donde le correspondía instalarse, en consonancia con su rango".44 Por este motivo, la autora aseveró: "Ocurrió con la explanada lo que había pasado con el teatro Odeón: grandes entusiasmos en las respectivas inauguraciones y después completo abandono.. Lo ocurrido con la explanada fue extraordinario: hasta el municipio la abandonó totalmente".45

Ahora bien, qué prácticas de sociabilidad desplegaron los turistas en estos espacios.. Bailar, comer, conversar, hacer deportes -primero tiro de paloma y luego el golf-, apostar en la ruleta, caminar, pasear, comprar.., tales fueron las actividades que poblaron los ítems de todas las agendas del verano. Elvira se detuvo en la descripción de cada una de ellas y, en su relato, enunció, además de las formas permitidas, las características de aquellas otras consideradas "ridículas" o también prohibidas. Para habitar el verano y no desfallecer en el intento, había que manejar las reglas de la urbanidad y de las buenas maneras. Los expertos en ellas fueron los protagonistas del universo selecto del verano; los otros, los que las desconocían, pasaron a formar parte de las "cremas sin batir" o de los "igualados" que, queriendo ser y pudiendo serlo gracias al dinero, nunca estarían a la altura de los grupos selectos..

Entremezclados mas nunca fundidos: historias de cremas sociales..

En su ensayo, Elvira va delimitando el perfil sociocultural de los veraneos marplatenses. Asimismo, a los efectos de hacer dinámica su descripción, ella se valió de una metáfora culinaria. Es decir, en los veranos de la década de 1920, Mar del Plata se convertía en una suntuosa marmita donde diferentes tipos de cremas, una vez depositadas, comenzaban a bullir, sin alcanzar nunca un punto de fusión. La democratización del acceso no obstó la propagación de los signos de distinción que se solidarizaron con la supervivencia de la aristocracia. Nuestra ensayista afirmó: "Aunque el Ocean es visitado por numerosas familias, algunas concurren al salón y otras quedan en la parte externa. Aunque esto parezca una cuestión voluntaria, no lo es tanto. Esto surge de una sola causa: el entredicho latente entre las dos cremas, la batida y la sin batir".46

Siguiendo la huella de la distinción, Elvira logró construir una taxonomía de las diferentes texturas que caracterizaron a la crema -al conjunto de los turistas- que veranea en Mar del Plata:

  1. La crema de la crema o la crema batida, compuesta por las familias ilustres, cultas y adineradas del país. Se trató de los mentores del veraneo en el mar. Aquellos que gozaban de las veladas acontecidas en los salones del Ocean Club o en los de las mansiones de La Loma. Fueron quienes, motivados por el gusto de libertad, vivían, vestían, comían, paseaban y conversaban en el marco de las buenas maneras y la cortesía.
  2. En cambio, la crema sin batir incluyó a los advenedizos. Las familias de nuevos ricos de provincia que, infatuados por el dinero, querían pertenecer a un mundo que, a todas luces, siempre se les revelaba extraño. Fueron los contingentes de turistas que poblaron los hoteles sencillos y que permanecieron en la vereda del Ocean.

Aunque la cuadrícula social parecía claramente demarcada, existía en ella un punto misceláneo: la rambla. Al respecto, Elvira escribió: fue "en la rambla, donde cambian los saludos las dos cremas. En plena brisa marina las cremas se entremezclan en algunos momentos, más (sic) no se funden nunca: la crema espesa es refractaria a la crema chirle. En lo que más discrepan las modalidades de las dos cremas es en la sociabilidad".47 Sociabilidad que se distinguió por los lugares donde aconteció y por la forma y contenido de las prácticas. No obstante, el aspecto en el cual las dos cremas se distinguieron enfáticamente fue en la cultura de la conversación. Mientras que la crema batida se expresó regulada por reglas que demarcaban tonos de voz, interlocutores, espacios y temas; la crema sin batir conversaba animadamente sobre todo tipo de temas, sin respetar géneros o jerarquías y en cualquier sitio.

Esta primera clasificación de los veraneantes se sustentó en un valor que parecía primar en la sociedad argentina y, en cierto sentido, molestaba a Elvira. Se trató de la fuerte impronta que el dinero comenzó a tener en la sociedad: ".. es evidente que en el grupo más representativo del mundo social, se cotiza más alto el dinero que el origen o la inteligencia -a ésta más bien se la desdeña. Más cerca de la aristocracia que reúne origen y fortuna, está la aristocracia del dinero".48 En la trastienda del citado argumento habita una clara crítica al avance de la burguesía del comercio y los negocios sobre las prácticas y espacios que eran patrimonio de la élite de la tierra y del pasado ilustre ligado a la historia colonial. Colonización que, para nuestra autora, trajo consigo el cambio en las formas de percibir la vida.

Entre los bastidores de la división de clases, se escondía otra: la que separa el sexo fuerte del débil. Pero, más que la relación entre los sexos, lo que preocupó a Elvira fue cierta moda que impactaba en las formas de proceder de las mujeres. Fumar, pasearse en traje de baño, apostar en el casino.., eran actividades que colisionaban con el concepto de femineidad compartido por nuestra autora. Ella se alarmaba al ver cómo distinguidas damas "se entregan al juego de azar con la misma pasión que el sexo fuerte.. Puede decirse que el juego es la única demostración de feminismo que hacen estas argentinas: no las realza. Pero en su descargo puede decirse que no han hecho ningún esfuerzo, los hombres se lo han ofrecido gentilmente. En vez de ese presente griego, debieron ofrecerles los derechos civiles, cuyo otorgamiento es una imperiosa necesidad".49 Elvira tildó a sus compañeras de veraneo de ilusas que hacían alarde de una falsa libertad.. La igualdad entre los sexos no residía ni en la mesa de casino ni en el tabaco, habitaba en el pleno jurídico-legal. En este punto, la crítica de la santafesina tiene aires de familia con los reclamos de las voces feministas de la época.

Finalmente

La ciudad balnearia descrita por Elvira fue fruto del deseo voluntario de la élite porteña. Este sector social, tomando distancia de los grupos de poder de las ciudades del interior y contando con capital económico y cultural propios, hizo de Mar del Plata su punto de recreo. Poco a poco y al calor de las nuevas tecnologías y los adelantos del confort, fueron surgiendo clubes, hoteles, mansiones, comercios, restaurantes, terrazas, casas de té.. Cada uno de ellos se convirtió en un espacio de distensión-distinción para los varones y las mujeres de las clases dominantes. La descripción, el análisis y las críticas de Elvira Aldao de Díaz involucraron a las prácticas de sociabilidad desplegadas en estos sitios y durante los veranos. Prácticas que tuvieron cierto parentesco con la agenda de actividades propia de los mundanos. Es decir, se privilegiaba la cultura de la conversación, el disfrute del arte y la música, la danza, la buena comida y bebida, el diálogo pautado entre los sexos, la contemplación de la naturaleza campestre..

Ahora bien, haciendo un juego entre texto y contexto, podemos afirmar que Los veraneos.. de Elvira resultan ser una fuente que permite interrogar la problemática de la sociabilidad desde, por lo menos, dos aristas. Por un lado, el contenido del texto es una descripción y, a la vez, una crítica, en perspectiva histórica, de los espacios y de las prácticas de sociabilidad durante los veraneos marplatenses de la élite nacional. El carácter crítico y de revisión histórica que denota el ensayo habilita el juego comparativo entre el pasado y el presente de la sociabilidad estival. De este modo, podemos historiar los sentidos asignados a las prácticas de sociabilidad por los propios protagonistas y los cambios que imprimió en ellas el paso del tiempo. Pero, por otro lado, el hecho de hallar a una mujer escribiendo un libro, que a su vez hace intertexto con otros, invita a pensar también en la escritura de las prácticas de sociabilidad y en el rol que las mujeres ocuparon en tal actividad. Elvira escribió la sociabilidad de su época y, en la tarea, lamentó las pérdidas, cuestionó lo nuevo y propuso revisitar reglas y costumbres del pasado. Escribir Mar del Plata tuvo sus costos para la dama santafesina. Justamente, publicó su libro bajo un pseudónimo que, por circunstancias editoriales, se vio obligada a develar. Saberse involucrada con la publicación de otro libro que repudiaba a los veraneos en el mar en defensa de los propios en las ciudades del litoral o en las sierras cordobesas, fue un episodio que la autora no toleró. Entonces vuelve a publicar su texto pero, esta vez, con nombre propio. El gesto que solucionó la citada confusión abrió otra. Ella, pese a ser santafesina, prefirió identificarse con una obra que a todas luces la revelaba como autora porteña.

Elvira fue la dama de la élite que, ya madura, se convirtió en juez y parte de las prácticas de sociabilidad. Su rol de jueza se fundó en su edad y en su experiencia y, como tal, condenó la moral y el proceder de las mujeres de los años veinte. Pero, como parte, se ofuscó con aquellos que desdeñaron las prácticas de sociabilidad de la élite en general -como lo refleja su querella con Guzmán y Clarafuente. Ella quiso dejar constancia de su doble postura y, por ello, no dudó en pasar de la autoría escondida a la exhibida en la portada de su texto. Una exhibición que, al tiempo que la mostraba como mujer escritora, ocultaba su origen santafesino.

Citas y Notas:

1. Datos tomados de: Graciela Bertero. Quién es ella en Santa Fe. (Buenos Aires: Palabras Gráfica y Editora, 1995).         [ Links ]

2. Leonor Arfuch (Compiladora). Identidades, sujetos y subjetividades. (Buenos Aires: Prometeo Libros, 2002).         [ Links ]

3. Leonor Arfuch. El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2002), 34.         [ Links ]

4. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos Marplatenses. De 1887 a 1923. (Buenos Aires: Agencia General de Librería y Publicaciones, 1924).         [ Links ]

5. Elvira Aldao de Díaz. Recuerdos de antaño. (Buenos Aires: Jacobo Peuser, 1931).         [ Links ]

6. Elvira Aldao de Díaz.  Recuerdos dispersos. (Buenos Aires: Jacobo Peuser, 1933).         [ Links ]

7. Enzo Traverso. "Historia y memoria. Notas sobre un debate" en Marina Franco, Florencia Levín, (Compiladoras). Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción. (Buenos Aires: Paidós, 2007).         [ Links ]

8. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 5.

9. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 6.

10. Graciela Batticuore. La mujer romántica. Lectoras, autoras y escritoras en la Argentina: 1830-1870. (Buenos Aires: Edhasa, 2005).         [ Links ]

11. Graciela Batticuore. La mujer romántica.., 15.

12. Ver: Elisa Pastoriza. "Notas sobre el veraneo marplatense en los albores del siglo: un capítulo indeclinable de la alta sociedad porteña" en Fernando Cacopardo (Editor) Mar del Plata. Ciudad e historia. (Buenos Aires: Alianza Editora, 1997);         [ Links ] Graciela Zuppa (Editora). Prácticas de sociabilidad en un escenario argentino. Mar del plata 1870-1970. (Mar del Plata: Editora de la UNMP, 2004);         [ Links ] Norberto Álvarez, Cecilia Rustoyburu, Graciela Zuppa, (Organizadores). Pasado y presente de la Mar del Plata social. Coloquio I. (Mar del Plata: Eudem, 2005);         [ Links ] Elisa Pastoriza, Juan Carlos Torre. "Mar del Plata, un sueño de los argentinos" en Fernando Devoto, Marta Madero (Directores). Historia de la vida privada en la Argentina. La Argentina entre multitudes y soledades. De los treinta a la actualidad, Tomo III. (Buenos Aires: Taurus, 2000),         [ Links ] entre otros trabajos.

13. Peter Gay. La experiencia burguesa. De Victoria a Freud. La educación de los sentidos. (México: Fondo de Cultura Económica, 1992).         [ Links ]

14. José Pedro Barrán. Historia de la sensibilidad en el Uruguay. (Uruguay: Ediciones de la Banda Oriental, 2008).         [ Links ]

15. José Pedro Barrán. Historia de la sensibilidad en el Uruguay.., 91.

16. Elisa Pastoriza, Juan Carlos Torre. "Mar del Plata, un sueño de los argentinos"...

17. Jaime Alfonso de Guzmán y Clarafuente. Mar del Plata: veneno de Buenos Aires. (Buenos Aires: Talleres Tipográficos de Gadola y Cía., 1923).         [ Links ] Libro que pudimos consultar gracias a la gentileza del personal de la Biblioteca Municipal Pública General Pueyrredón de la ciudad de Mar del Plata.

18. Jaime Alfonso de Guzmán y Clarafuente. Mar del Plata.., 10.

19. Jaime Alfonso de Guzmán y Clarafuente. Mar del Plata.., 11.

20. Jaime Alfonso de Guzmán y Clarafuente. Mar del Plata.., 12.

21. Jaime Alfonso de Guzmán y Clarafuente. Mar del Plata.., 13.

22. Jaime Alfonso de Guzmán y Clarafuente. Mar del Plata..,  83, 84, 85.

23. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 75.

24. Estamos haciendo alusión a los trabajos de Graciela Zuppa (Editora). Prácticas de sociabilidad en un escenario argentino..;Elisa Pastoriza, Juan Carlos Torre. "Mar del Plata, un sueño de los argentinos"..; Elisa Pastoriza. "Notas sobre el veraneo marplatense en los albores del siglo..", entre otros.

25. En torno a los usos del concepto de sociabilidad y a los aportes realizados por Maurice Agulhon, hemos trabajado junto a Sandra Fernández  y los resultados de dicha labor fueron volcados en: Paula Caldo, Sandra Fernández. "Sobre el sentido de lo social. Asociacionismo y sociabilidad. Un breve balance" en Sandra Fernández, Oscar Videla (coordinadores). Ciudad oblicua. Aproximaciones a temas e intérpretes de la entreguerra rosarina. (Rosario: La Quinta Pata & Camino Ediciones, 2009).         [ Links ]

26. Maurice Agulhon. El círculo burgués. La sociabilidad en Francia, 1810-1848. (Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2009), 31.         [ Links ]

27. Maurice Agulhon. Historia vagabunda. Etnología y política en la Francia contemporánea. (México: Instituto Mora, 1994).         [ Links ]

28. Michel de Certeau dice: Los relatos también podrían llevar ese bello nombre -metáforas-: cada día atraviesan y organizan lugares; los seleccionan y los reúnen al mismo tiempo; hacen con ellos frases e itinerarios. Son recorridos de espacios. A este respecto, las estructuras narrativas tienen valor de sintaxis espaciales.. Todo relato es un relato de viaje, una práctica del espacio.. Estas aventuras narradas, que de una sola vez producen geografías de acciones y derivan hacia los lugares comunes de un orden, no constituyen solamente un suplemento de las enunciaciones peatonales y las retóricas caminantes. Michel de Certeau.  La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer.(México: U.I., 2000), 127, 128.         [ Links ]

29. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 27.

30. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 35.

31. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 27, 28, 29.

32. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 31.

33. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 31.

34. Benedetta Craveri. La cultura de la conversación. (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2004).         [ Links ]

35. Benedetta Craveri. La cultura de la conversación..,  17 y 27.

36. Es factible definir a la familia como una entidad asociativa donde, en su composición, pesaron tanto los lazos de familia, fraternidad y amor como los vínculos políticos y económico-comerciales. En este sentido, la elección de los cónyuges era un tema de debate familiar. Es decir, con cada matrimonio concertado se estaba dirimiendo el destino económico, político y sociocultural de las familias. Anaclet Pons, Justo Serna. La ciudad extensa. La burguesía comercial-financiera en la Valencia de mediados del siglo XIX. (Valencia: Diputació de València, 1992).         [ Links ]

37. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 42, 43, 44.

38. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 47.

39. Cuando decimos "distinción social" estamos pensando en los términos de Pierre Bourdieu. La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. (España: Taurus, 2000).         [ Links ]

40. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 47.

41. Pons, Anaclet, Serna, Justo. La ciudad extensa.., 17.

42. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 13, 14.

43. Estamos utilizando la expresión shock en un sentido benjaminiano. Susan Buck-Morss analiza el pensamiento de Walter Benjamin y dice: "La ciudad es, reducida a un estado de ánimo del espectador, la experiencia del lugar, es más emocional que racional". Justamente, Mar del Plata es un centro urbano destinado a la explosión de las emociones. Allí, los veraneantes experimentan permanentes estados de shock: cuando degustan la oferta gastronómica de los restaurantes, clubes y terrazas; cuando las damas se deleitan mirando, tocando y comprando distinguidos productos en las tiendas que se hilvanan a la vera de la rambla. Productos que son: sombreros, joyas, perfumes, objetos decorativos, vestimenta, etcétera, o cuando dejan sus fortunas en los juegos de azar. Susan Buck-Morss. Walter Benjamin, escritor revolucionario. (Buenos Aires: Interzona, 2005), 198.         [ Links ]

44. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 55. Resultan interesantes las observaciones de Elvira respecto de que el cinematógrafo también fue un punto de encuentro, de convergencia, entre los veraneantes de las distintas clases. En este punto nos resultan sugerentes las reflexiones de Edgardo Cozarinsky respecto de la "vocación democratizadora que el cinematógrafo mostró en la bisagra de los siglos XIX y XX". El cine se erigió como una experiencia que hizo soñar a los sectores populares y a los acomodados por igual. Cozarinsky, Edgardo. Palacios plebeyos. (Buenos Aires: Sudamericana, 2006).         [ Links ]

45. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 61.

46. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 85-86.

47. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 101.

48. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 99.

49. Elvira Aldao de Díaz. Veraneos marplatenses.., 57-58.

Corpus documental

Aldao de Díaz, Elvira. Veraneos Marplatenses. De 1887 a 1923. (Buenos Aires: Agencia General de Librería y Publicaciones, 1924).
Aldao de Díaz, Elvira. Recuerdos de antaño. (Buenos Aires: Jacobo Peuser, 1931).
Aldao de Díaz, Elvira.  Recuerdos dispersos. (Buenos Aires: Jacobo Peuser, 1933).
Bertero, Graciela. Quién es ella en Santa Fe. (Buenos Aires: Palabras Gráfica y Editora, 1995).
De Guzmán y Clarafuente, Jaime Alfonso. Mar del Plata: veneno de Buenos Aires. (Buenos Aires: Talleres Tipográficos de Gadola y Cía., 1923).