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Revista argentina de neurocirugía

versión On-line ISSN 1850-1532

Rev. argent. neurocir. v.23 n.4 Ciudad Autónoma de Buenos Aires oct./dic. 2009

 

…Y el poncho regresó a casa


Dr. Raúl Carrea

Un acontecimiento inesperado colmó de alegría a la comunidad neuroquirúrgica pediátrica pues… el "poncho de Carrea" regresó a casa.
Quizás las generaciones más jóvenes no sepan quien fue el Profesor Raúl Carrea, pero aún también para los que tuvimos la dicha de conocerlo, recordar su trayectoria es rendirle un nuevo homenaje a quien llevara a la Neurocirugíaargentina a ocupar un sitio de privilegio en la Neurocirugía
internacional.
El Dr. Raúl Manuel Eduardo Carrea nació en Buenos Aires el 26 de enero de 1917. Durante su segundo año de la Carrera de Medicina de la UBA fue calificado con un 10 por el Premio Novel argentino Prof. Bernardo Houssay, después de haberlo escuchado exponer por mas de media hora sobre las funciones del hipotálamo.
En 1942 se recibió de médico obteniendo la medalla de oro de la UBA y se trasladó a Madrid donde trabajó dos años con Pío del Río Ortega. En 1946 obtuvo la beca de la Universidad de Columbia de New York como residente en Cirugía Neurológica y asistente en Investigación en Neurología. Allí, junto al Prof. Metler realizó sus famosas investigaciones sobre la fisiología del cerebelo del mono, registradas en varias horas de película y publicadas en el Journal of Neurophysiology, en el Journal of Comprenhensive Neurology, etc.
En 1957 regresó al país y dirigió durante dos años el Instituto Nacional de la Salud, siendo nombrado Profesor de Neurocirugía de la UBA en 1959.
En 1960 fundó y construyó con sus propios recursos el Servicio de Neurocirugía del Hospital de Niños "Ricardo Gutiérrez", en un pabellón que para tal fin le cedieron las religiosas del Hospital. Por ese entonces era también el neurocirujano del Instituto del Cáncer "Ángel Roffo".
En 1962 creó el Instituto de Investigaciones Neurológicas "Di Tella" que funcionaba en el subsuelo de la sala 18 del Hospital Ricardo Gutiérrez y en cuyos laboratorios se realizaron investigaciones al más alto nivel sobre membrana celular, músculo, retina, tálamo e hidrocefalia, experiencia esta última que culminó con el diseño de un nuevo modelo de válvula que llevó su nombre.
Produjo más de 100 trabajos científicos, algunos de los cuales fueron señeros en su campo, médico o ético. Todos empapados de profunda sabiduría y con proyección de futuro, como cuando en 1970 se preocupaba en como evitar el anclaje medular en la cirugía del mielomeningocele, tema controversial y "en el tapete" de la Neurocirugía Pediátrica en los últimos 10 años. Introdujo al país el primer microscopio quirúrgico y en 1976 el primer equipo de tomografía computada de toda Latinoamérica.
Su trayectoria en el plano internacional siguió el mismo ritmo vertiginoso que en el nacional y fue uno de los fundadores en 1972 de la "International Society for Pediatric Neurosurgery" (ISPN), juntamente con los Profesores Raimondi (USA), Kennet Till (Inglaterra), Ruggeri (Francia) y Sakamoto (Japón).
Fue un exquisito en sus gustos y costumbres: poliglota, lector insaciable, cultor de la música clásica, excelente gourmet, un gentleman en su vestir.
No obstante, fue víctima de persecución política de la peor dictadura militar de la historia de nuestro país, que lo despojó de la Jefatura del Servicio de Neurocirugía por él creado y de su Cátedra en la UBA.
Sin embargo, en esos momentos de desesperanza e incertidumbre de vida, recibiendo invitaciones de todo el mundo para emigrar y continuar su brillante carrera, decidió quedarse con nosotros y trabajar duramente en el Instituto para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI) y que ocupa hoy un lugar de privilegio y referencia en dicho campo, tanto en elámbito nacional como internacional.
Su verdadera escuela fue la renovación, la incorporación de nuevas ideas y tecnologías. Fijó nuevos rumbos a la investigación neurológica y a la práctica quirúrgica. Pese a ello fue despóticamente cercenado por la imbecilidad de los ignorantes.
La muerte lo sorprendió, sin aviso previo, a la temprana edad de 62 años, habiendo sido designado ese año presidente de la ISPN.
Por esos hechos, su entrañable amigo Anthony Raimondi, que en una visita a la Argentina había recibido como obsequio del Dr. Carrea un poncho salteño, conocedor del significado de sus colores rojo y negro (rojo por la sangre bravía del toro y negro por el luto por la muerte de Güemes) decidió que ese Poncho pasara a ser el emblema del presidente de la ISPN.
Desde entonces y hasta la actualidad, en el banquete de gala de cada Congreso de la ISPN, en una emotiva ceremonia el presidente saliente se saca el poncho y se lo coloca al nuevo presidente.
Pese a haber presenciado esta ceremonia en múltiples ocasiones, en diferentes países del globo, aun hoy no podemos controlar la emoción y el orgullo que nos embarga, como argentinos y como discípulos del Dr. Carrea.
En ese poncho salteño se borda cada año la firma del presidente entrante, de manera tal que desde el año 1979, en que nuestro poncho partió de Chicago e inició su largo viaje alrededor del mundo, se completó con las firmas de los 33 primeros presidentes de la ISPN. Esto obligó a adquirir un nuevo poncho que es el que actualmente está en circulación.
Alegando que el primer poncho había cumplido su larga misión y necesitaba descansar en un sitio seguro para preservarlo de la acción deletérea del tiempo logramos, después de una ardua discusión, que la ISPN, sin perder su condición de propietaria del poncho, nos permitiera tenerlo en guarda en la Asociación Argentina de Neurocirugía donde lo enmarcaremos y lo expondremos como un trofeo de nuestra honorable Asociación (AANC).
... y es así como el Poncho regresó a casa.

Hugo Pomata

Graciela Zuccaro