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Cuadernos de antropología social

versión On-line ISSN 1850-275X

Cuad. antropol. soc.  n.16 Buenos Aires ago./dic. 2002

 

Oscar Terán: Vida intelectual en el Buenos Aires fin-de-siglo (1880-1910). Ed. FCE. Buenos Aires, julio 2000.

Claudia Cernadas Fonsalías*

* Alumna avanzada de la carrera de Antropología de la UBA. UBACYT F 901. Sección Antropología Social del Instituto de Ciencias Antropológicas. FFyL. UBA.

Fecha de entrega: mayo de 2002; Fecha de aceptación: noviembre de 2002.

Este trabajo se sitúa disciplinariamente en la historia, o más precisamente en la historia intelectual. La propuesta es analizar los discursos producidos por la élite dirigente argentina entre 1880-1910. El autor seleccionó a los intelectuales que formaron parte de la "cultura científica". Según Terán dicha denominación señala un conjunto de teoría que era legitimada por medio de la ciencia. La mencionada categoría es, a su criterio, más amplia que la de "positivismo" y ello le permite destacar los matices que presentan las ideas de los intelectuales que considera en su investigación.

Terán repara exclusivamente en las concepciones de las élites y en la importancia que ejercieron sobre sus prácticas, aunque no deja de destacar la activa participación de los sectores subalternos. Sin embargo, su estudio no ahonda en la postura de estos últimos y muestra, muy por el contrario, su débil posicionamiento ante las élites.

Para concretar el propósito de su obra, utiliza fuentes pertenecientes a la literatura de las ideas o al ensayo con pretensiones científicas. A lo largo del libro cita, muchas veces con bastante extensión, fragmentos de distintos escritos que proceden del mencionado grupo de intelectuales. La intención es que, mediante dicho recurso, el lector pueda tomar mayor contacto con las ideas de la época.

El libro se inicia con una presentación del autor y continúa con cinco capítulos, cada uno de los cuales refiere a un intelectual

En el capítulo uno, dedicado a Miguel Cané, Terán destaca que éste ilustra la tensión entre el "espiritualismo estetizante" y la "cultura científica" propia de la época.

Las inquietudes contra los males de la modernización, comunes entre todos los intelectuales, van a ser rastreadas en Cané. Para imaginar el orden social, este intelectual recurre a la cultura estética, en la que se identifican los principios de armonía y de belleza, los cuales permiten el desarrollo de una moral. Cané entiende el espíritu como lo opuesto a la materia y mantiene los viejos criterios épicos y estéticos que definían a la élite. El proyecto pedagógico para instruir a la elite, que se concretó con la creación de la Facultad de Filosofía y Letras, apostaba a la formación moral y espiritual de la intelectualidad, a partir de la cultura clásica. Sin embargo, como bien señala Terán, la facultad sería tanto el ámbito de desarrollo de una fuerte cultura científica, como un espacio que permitiría la inserción y el consecuente ascenso social de muchos inmigrantes. Esto constituía un peligro, al que se sumaban la democratización de la política y el fenómeno de masas.

Destacamos la manera en que el autor enuncia la fuerte influencia de pensadores europeos y del clima convulsionado que se vivía en el Viejo Mundo, tanto en Cané como en los demás miembros de la élite. Ante el riesgo del conflicto social, ejemplificado con las revueltas obreras o el anarquismo, Cané enfatiza en la necesidad de orden. Esto se ilustra con la posterior promulgación de la Ley de Residencia, coincidente con la gran masa inmigratoria que poblaba el país.

En el capítulo dos, Terán realiza una caracterización general del positivismo y de sus representantes: Comte y Spencer, señalando la temprana influencia de este último en Sarmiento. Ahora bien, entre los primeros en aplicar el ideal positivista a la problemática nacional se hallaba Ramos Mejía, al cual está dedicado el capítulo. La preocupación básica de dicho intelectual es el problema de la gobernabilidad de las multitudes. El autor señala como dicha preocupación es compartida por el sociólogo francés Le Bon. Asimismo, Ramos Mejía, compartía con otro europeo, el cientificista Taine, la idea del primado de la irracionalidad y de la pasión en la historia, así como el retorno al estado de naturaleza hobbesiano que sufren los sujetos (exceptuando los intelectuales) en la multitud.

En el capítulo tres, dedicado a Octavio Bunge, el autor señala que éste coincide, en cuanto a las problemáticas, con Ramos Mejía y que es un caso extremo del biologismo positivista argentino. Para dicho intelectual, la sociedad es un cuasi-organismo, en donde las individualidades se ligan a través de los ideales sociales, apoyados en el recuerdo del pasado.

Terán destaca la existencia de tensiones en la obra de Bunge, como la que se da entre el determinismo y la libertad, la cual resuelve mediante la admisión de un determinismo universal pero incluyendo entre las causas la voluntad humana. Su positivismo se conecta con las inquietudes idealistas finiseculares (es por eso que Terán no abusa de la denominación "positivismo argentino"). Cuando elabora un modelo de país prima la versión racial, sobre todo en el diagnóstico.

El capítulo cuatro está destinado a Ernesto Quesada, el cual, es ubicado por Terán en el pasaje entre el viejo mundo tradicional y la modernidad, por lo cual no lo señala como estrictamente positivista.. A diferencia de otros intelectuales rechaza la criminología antropológica y busca las causas del delito en factores económicos y sociales. La sociología adquiere un papel totalizador, por lo cual va a tener una utilidad política y social respecto de los males de la modernidad; su enseñanza debe estar garantizada, según Quesada, por una institución como la Universidad.

Finalmente en el capítulo cinco Terán se refiere a José Ingenieros y lo hace de manera más acotada pues, anteriormente, dedicó un estudio específico a dicho intelectual. Lo ubica al final de su exposición debido a que la obra de José Ingenieros se sitúa en el momento de decadencia de la "cultura científica". Es interesante el señalamiento del autor acerca del origen de Ingenieros, quien siendo italiano, "carecía de linaje y de poder". Aquí nos encontramos con la concepción liberal del hombre que triunfa por sus méritos y que, al mismo tiempo, es parte de la cultura científica. De esta manera, Terán da cuenta de la existencia de una estructura intelectual con mecanismos inclusivos para con los extranjeros.

Este intelectual sería un indicador de la cultura científica y un representante de la tensión entre la ética y la cientificidad. El autor cita, a modo de ejemplo, el rechazo de Ingenieros a la cátedra de psicopatología de la facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Finalmente, subraya el alejamiento del mismo del campo científico a partir de 1914, cuando su positivismo se había moderando a través de un credo idealista.

A lo largo de los cinco capítulos, se reconocen temáticas similares, encontrándose coincidencias y discrepancias entre las distintas argumentaciones de los intelectuales. Todos ellos se enfrentaron a problemáticas que derivaban de los procesos de modernización y de construcción de la nación . Se juzgaba negativamente el progreso material que llevaba a un descenso de la moral, y paralelamente conducía a un ascenso social tan temido por estas élites. En el ámbito de la ciudad se producía la pérdida de los viejos valores, lo cual, conducía a la fragmentación de la totalidad . La excepción a estas apreciaciones la constituye el pensamiento de Quesada, quien ve el afán de riqueza como algo necesario para el progreso.

Se propone desde la intelectualidad una identidad colectiva en términos nacionalistas, debido a que la "cultura científica" no es suficiente para generar lazos sociales y mantener el orden. Terán señala que la cuestión nacional databa ya del período 1810-1830 y de la Generación del 37, pero ese nacionalismo veía a la nación como un espacio en donde se concretaban valores universales. En los tiempos de Cané y hasta el Centenario se redefine la identidad nacional , dándole un carácter culturalista y escencialista, en donde se perciben elementos románticos. En la constitución del Nosotros había que definir a un otro que ahora era el inmigrante , al cual había que incorporar a la nación de forma homogénea. Esto se Terán contextualiza las ideas racistas de estos intelectuales, señalando la creencia de que la raza blanca debía transmitir los beneficios de la civilización. Tales ideas también estaban presentes entre miembros del partido socialista y no sólo en los sectores conservadores. La idea de una lucha de razas, derivada de la aplicación de un darwinismo social, resultaba funcional al Imperialismo reinante. La unidad racial sumada a la homogeneidad cultural, eran elementos centrales en la concepción culturalista de nación. Esta se va a fortalecer en los inicios del siglo XX y los esfuerzos se orientan hacia la conformación de un sujeto nacional. En el ámbito local, Ernesto Quesada adopta la alternativa derivatista que reconocía que el argentino era resultado de una "mezcla". La base era un pasado autóctono mitificado, al cual se incorporaba el elemento extranjero. Lo gauchesco constituía la esencia pura e incontaminada que debía permanecer, lo criollo representaba lo extranjero y era una estrategia de simulación. El gaucho había muerto materialmente pero su espíritu permanecía; de esta forma, la cultura estética acudía en ayuda de la científica.

Terán señala un desplazamiento paulatino de la cultura científica por la estética, proceso ante el cual intelectuales como Ingenieros presentan posturas contradictorias. Destaca que en realidad no se dió una sustitución total de la cultura científica por el ascendente espiritualismo, sino que ésta persistiría en las nuevas simbologías.

La obra de Terán, situada disciplinariamente en la historia de las ideas, constituye un valioso aporte para aquellos lectores interesados en las problemáticas ligadas a la construcción de la nacionalidad en la Argentina. Desde nuestra disciplina, su tratamiento ha estado estrechamente vinculado a la cuestión étnica, no obstante en la actualidad esta temática está cobrando una renovada relevancia, siendo objeto de nuevos abordajes. Estimamos que el presente libro resulta una contribución meritoria para los investigadores sociales abocados al estudio de tales temáticas.