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Cuadernos de antropología social

versión On-line ISSN 1850-275X

Cuad. antropol. soc. v.17 n.1 Buenos Aires ene./ago. 2003

 

ARTÍCULOS

Redes alimentarias y nutrición infantil. Una reflexión acerca de la construcción de poder de las mujeres a través de las redes sociales y la protección nutricional de niños pequeños1

Nora L. Garrote*

* Antopóloga. Magister en Salud Pública. UNR. Secretaria de Ciencia y Técnica, Facultad de Ciencias Médicas de Rosario, Universidad Nacional de Rosario. ngarrote@agatha.unr.edu.ar.

Fecha de realización: noviembre 2002. Fecha de entrega: diciembre 2002. Aprobado: mayo 2003.

Resumen

En este artículo propongo pensar la construcción de redes alimentarias como una forma de articulación social producida por las mujeres capaces de sostener tácticas de protección nutricional para los niños pequeños. Desde el análisis del proceso alimentario deseo mostrar la obtención de alimentos por medio de la donación en espacios de actuación familiares y extrafamiliares. El nuevo poder de la mujer como constructora de relaciones de reciprocidad para la obtención del alimento por la devaluación del trabajo productivo cambia su posición dentro del reparto del poder familiar y se expresa en el control de los patrones alimentarios y la participación infantil en la comida cotidiana. Hablo de un poder limitado al ámbito de lo particular, un poder de organizar posibilidades nutricionales mejores para los niños pequeños porque en última instancia estos mecanismos de intercambios alimentarios reproducen y profundizan las diferencias sociales en la sociedad en su conjunto.

Palabras clave: Alimento; Mujer; Poder; Nutrición; Niños.

Abstract

This article is about the construction of feeding networks as a way of social articulation that is done by women in order to support tactics of nutritional protection for little children. From the analysis of the feeding process it is important to point out to the obtention of food as a gift by members of the family or other relations. The new power of women as builders of reciprocity relations for obtaining food due to the devaluation of productive jobs changes their position in familial power distribution and expresses itself in the control of feeding patterns and children's participation in daily foods. I am speaking about a power restricted to a particular space in order to organize better nutritional possibilities for little childern, because these mechanisms of feeding interchanges reproduce and deepen major social differences in society.

Key words: Food; Power; Nutrition; Children.

Introducción

La construcción de redes alimentarias puede pensarse como una forma de mejorar la posición de las mujeres en la toma de decisiones en el ámbito de la alimentación infantil. Esta capacidad de negociación social en la obtención de recursos alimentarios les permite a las mujeres que crían niños sostener tácticas de protección nutricional2.

Pensar lo cultural de lo alimentario supone aceptar la emergencia de fenómenos integrados a una trama cuya totalidad es el orden social actual de distribución diferencial de bienes mercantilizados que organiza también diferencialmente la relación alimento-salud (Escudero, 1994).

La comida constituye uno de los ordenadores más importantes de la experiencia de los seres humanos y la objetivación más precisa de su vida cotidiana; en este estudio la defino como el producto familiar del proceso alimentario, como una práctica social que -según Mabel Grimberg citando a Giddens- "incluye tanto los recursos para interpretar y resolver problemáticas, como las acciones concretamente realizadas" (1997:21).

La problemática alimentaria incluye procesos de la sociedad en su conjunto, tales como la producción, circulación, intercambio y consumo. A su vez se incluye en las condiciones de reproducción de la población que en nuestras sociedades adquieren actualmente un carácter crítico en los sectores subalternos. Crisis que se verifica en la situación de mala nutrición y desnutrición de una porción creciente de las poblaciones (Hintze, 1991). La producción u obtención del alimento en el caso de poblaciones urbanas subalternas como el que me ocupa, había sido resuelto décadas pasadas casi exclusivamente a través de la adquisición monetaria del mismo. Pero en la última década del siglo en nuestro país la contracción del mercado laboral y el empeoramiento de las condiciones de vida en la ciudad, han producido nuevas formas de acceder al alimento. La mujer, imposibilitada de conseguir empleos bien remunerados que puedan traducirse en recursos alimentarios genuinos para sus familias, en malas condiciones de competencia en el mercado por valores históricos que hacen a la pertinencia de sus roles (la crianza de los hijos, las labores hogareñas, etc.), subalternizada educativamente, se ha visto incluida en un proceso de gestión alimentaria que tiene que ver con el trabajo centrado en la construcción de redes sociales en los espacios comunales y societales. Cabe aclarar que las prestaciones provenientes de programas alimentarios estatales conforman derechos sociales, de tal manera que mi propósito es incluir limitadamente este espacio ya que l a forma de emergencia de la donación en relación con el Estado se limita a marcar la constitución de lazos sociales considerando el proceso de circulación, específicamente en el momento de la recepción de los mismos o la instancia de encuentro entre las familias y los operadores políticos del Estado, en el nivel de lo particular. La donación en relación con el Estado la entiendo sólo como mediación con el espacio de la comunal.

También en las últimas dos décadas en nuestro país, se han desarrollado programas alimentarios cada vez más extensivos y permanentes como medidas políticas que imponen la presencia del sector público en la reproducción alimentaria de la población (Hintze, 1989). La crisis del sistema de mantenimiento de ésta ha instituido lo alimentario en la esfera de lo público extendiendo la provisión colectiva de alimentos a grupos cada vez más amplios. La aparición en 1989 de dadoras comunitarias de comida (ollas populares), institucionalizadas después por el Estado municipal como comedores comunitarios y/o distribución de cajas con alimentos, marca la emergencia de fenómenos nuevos en torno de la comida y de la participación social de la mujer en este periodo histórico particular.

Estas situaciones de arreglos estratégicos en sectores poblacionales y contextos históricos específicos dan la posibilidad de un análisis de la dimensión ideológico-cultural que opera en la constitución y reconstitución de la apropiación permanente de recursos para la sobrevivencia y las condiciones de mantenimiento de la salud. Formas de obtención de recursos alimentarios que considero centrales para la definición, en última instancia, de las atribuciones axiales de los roles que involucra el proceso de la alimentación.

Mujer y Alimentación

La revolución industrial desplazó a la gran mayoría de las mujeres del trabajo asalariado, confinándola en la esfera privada, familiar, en las tareas domésticas, desconocidas en tanto trabajo al "naturalizarse" como actividades propias de su ser mujer. Dos mundos diferenciados, dicotómicos se establecieron: la esfera pública, ámbito de la economía, política y cultura bajo dominio masculino y la esfera privada, doméstica, ámbito de la familia, de los afectos, de la reproducción social y de la crianza de los hijos, a cargo de la mujer. Se registra la condición de las mujeres a partir de su inserción familiar, en la esfera del "no trabajo", de lo reproductivo. Las mujeres trabajadoras se evalúan como "secundarias", privilegiando el rol familiar de madre/esposa/ama de casa o bien indiferenciadas dentro de la totalidad de los trabajadores. El privilegio asignado al trabajo remunerado contribuye a la producción de una desexualización, las mujeres no existen en tanto sujeto social, quedan relegadas al status de hijas o esposas. En ese mismo sentido (subalternizada), la mujer quedó incluida en el proceso alimentario como dadora de alimentos en un ámbito casi exclusivamente familiar. El desempeño femenino en cuanto al manejo del alimento quedaba sujeto a las posibilidades que la unidad familiar3 le confería a la mujer, dentro de un margen reducido a la toma de decisiones sobre la administración de recursos existentes.

La familia se convierte en el espacio donde se dispone la distribución del recurso alimentario de acuerdo con una normatividad instituida con relación a las representaciones alimentarias y las relaciones (los derechos/obligaciones) que existen entre sus miembros. En ella se desarrollan los procesos de aprendizaje y transmisión que aseguran la apropiación y re-apropiación del alimento a través de las clasificaciones que rigen sus prácticas alimentarias. Sin embargo como dice Elizabeth Jelin (1994), la unidad familiar,

"... no es un conjunto indiferenciado de individuos. Es una organización social, un microcosmos de relaciones de producción, de reproducción y de distribución, con una estructura de poder y con fuertes componentes ideológicos y afectivos que cementan esa organización y ayudan a su persistencia y reproducción, pero donde también hay bases estructurales de conflicto y lucha. Al mismo tiempo que existen tareas e intereses colectivos, los miembros tienen intereses propios, anclados en su propia ubicación en la estructura social" (Jelín, 1994:31).

De este modo la distribución intrafamiliar de alimentos se acopla a la jerarquización de la unidad familiar que inevitablemente favorecerá a unos en detrimentos de otros, de acuerdo con la propia estructura familística. Joan Bestard (1998) explicita estas desigualdades cuando analiza la concepción fraternal del matrimonio en las sociedades occidentales cristianas,

"La unidad doméstica va a convertirse en el microcosmos de una sociedad ideal y en el símbolo de las relaciones sociales. Constituye una réplica del orden cosmológico dominado por una rigurosa estructura jerarquizada de la cadena de los seres. Este microcosmos se caracteriza, en primer lugar, por una jerarquía entre los géneros que implica una complementariedad entre elementos desiguales, y no una unión horizontal de sujetos opuestos por la diferenciación sexual. En segundo lugar, adopta una jerarquía entre generaciones que implica la reproducción de la escala de los seres del cuerpo social, y no la reproducción de sujetos autónomos capaces de adaptarse a la sociedad. Por ello, en el contexto del pensamiento político moderno, basado en el contrato entre individuos libres, la imagen familista se utilizará como un elemento básico para la explicación del orden político tradicional, es decir patriarcalista y jerárquico" (Bestard, 1998:174-175).

Las familias son espacios abiertos, responden a contextos relacionales más amplios que los límites de la estructura familiar y por ende, en ellas se dirimen cuestiones alimentarias que tienen que ver con otros grupos e instituciones (Rizvi, 1988:227). Como concluye Estela Grassi (1999),

"En síntesis, la familia no es una institución a-histórica: es una forma (o son las variadas formas) en que organizamos nuestro mundo de la vida más inmediato, sobre la base de valores que no son ajenos a las propuestas normativas que organizan los demás vínculos sociales. Por eso es que el debate sobre las relaciones familiares conduce siempre más allá de la familia" (Grassi, 1999:115).

De allí que el proceso alimentario opere en distintos espacios relacionales que tienen que ver con otras unidades familiares, otros grupos, instituciones, el Estado, etc. y por ende las prácticas que supone incluyan a los actores en ellos.

Proceso alimentario y roles

Entiendo al proceso alimentario constituido por cuatro momentos: la obtención de alimentos, la preparación de los mismos, la distribución y su consumo (Contreras, 1993:34). En ellos se desarrollan una serie de tareas específicas que lo constituyen como tal y cuya asignación a los agentes involucrados me permitió describir los roles alimentarios de los miembros de las unidades familiares. Tareas que no se desarrollan en la familia exclusivamente como dije anteriormente y por lo tanto su descripción comprendió también las actividades que llevan a cabo tanto agentes familiares como agentes extrafamiliares.

La participación en el proceso alimentario la defino básicamente por las características atribuidas a cada participante, esto es, su lugar en la estructura familiar, sus tareas habituales, las responsabilidades asignadas, en fin, el papel que desempeña o que los demás esperan que desempeñe.

En él constituyen y reconstituyen básicamente cuatro roles: el rol de proveedor de alimentos, el rol de dador de alimentos, el de comensal y el de comensal invitado. Roles que entiendo no como posiciones, sino como secuencia de acciones rutinarias o no, que están condicionadas por las relaciones que se establecen/reestablecen entre los actores. Orientadas o constituidas éstas (las acciones) por expectativas internalizadas que remiten al sistema normativo y a las prácticas.

La obtención de alimentos pensada en forma amplia, consiste en proveer a la unidad familiar no sólo de la posibilidad de adquirir los alimentos a través del dinero, sino también de obtenerlos de otros modos que no están mediatizados por el mercado: estos son, la producción doméstica y la donación (Boulding, 1976). En el grupo estudiado, la producción doméstica fue casi inexistente, en cambio las donaciones se registraron en todas ellas.

Según Kenneth Boulding (1976), dentro del sistema económico, donde se establece la circulación de bienes, se distinguen dos tipos de transferencia de los mismos que refieren a subsistemas diferentes: un subsistema de intercambio y un subsistema de donaciones. Ambos difieren en cuanto al modo de realización de las transferencias. Por la primera entiende toda transferencia de bienes económicos bidireccionales en la cual las partes que se intercambian son semejantes, por ejemplo un litro de leche por 80 centavos. En cambio la donación es una transferencia unidireccional de bienes económicos del donante al recipiendario. La donación se reconoce en toda relación bilateral en la que un bien (en este caso alimentos) intercambiable circula en una dirección sin tener otro como contrapartida en dirección opuesta.

Según la procedencia de los recursos, ordené la obtención en: a) compra efectuada (intercambio) y b) ayuda recibida (donación).

a) En las compras no hice diferencia entre aquellas que se efectuaron con dinero propio (obtenido con trabajo) y las que se realizaron con dinero ajeno (obtenido como regalo). A pesar de que este dinero era obtenido en el circuito de la donación, no fue incluido en las ayudas, porque consideré que la ayuda económica o crédito compromete de una forma muy diferente los momentos del proceso alimentario en cuanto a sus tareas específicas (planificación, elección, etc.) que la ayuda en alimentos, a las cuales se restringió mi estudio.

b) A la ayuda la clasifiqué en formal, aquella organizadas por el Estado (cajas de alimentos, comedores escolares y comunitarios, leche en polvo)4 y las iglesias; e informal, proveniente de otras unidades familiares relacionadas por el parentesco, la vecindad o la amistad.

Ocho familias5 compraban alimentos con dinero mayormente proveniente del jefe de la misma o de integrantes del núcleo familiar. Otras dos unidades familiares (que no trabajaban siendo jefas de hogar) utilizaban exclusivamente dinero que le regalaban otras unidades relacionadas.6 En el primer grupo, algunas también recibían dinero como regalo para el aprovisionamiento, pero en montos menos significativos y ocasionalmente.

En cuanto a la ayuda formal, seis familias recibían la caja distribuida por la municipalidad y la ración de leche otorgada por el centro de salud una vez por mes. Una de ellas recibía todos los lunes el alimento de la iglesia a la cual asistía desde hacia años. Tres familias recibían solamente la leche y otra dejó de recibirla cuando comencé el trabajo de campo. Seis unidades familiares enviaban algunos de sus niños a los comedores escolares y en alguna oportunidad, los niños llevaban estos alimentos a la casa.

Las unidades familiares contaban también con las ayudas informales obtenidas de parientes y amigos y a las cuales se consideraba esenciales para completar el mes. Estas procedían de unidades familiares con las cuales tenían estrechas relaciones y suponían un flujo regular de provisiones; seis mujeres recibían aportes semanales de este tipo, tres mensualmente y una sola dijo no percibir este tipo de ayuda desde que residía con sus padres y que su marido tenía trabajo. Reconoció haberla recibido en su fase crítica (cuando vivía con su suegra) e incluso, en cuanto a la ayuda formal, ya no retiraba la leche del centro para no tener que llevar su hijo a control. Otra de las mujeres, en cambio siempre se quejaba y les reprochaba a sus hijas por no ayudarla. Ella era quien las proveía, carecía de relaciones amistosas con los vecinos pero mantenía buenas relaciones con los negocios de la zona, en los cuales reclamaba y recibía alimentos perecederos (verduras, pan, bizcochos). Contaba además con relaciones fuera del vecindario que la ayudaban con dinero.

La provisión de alimentos aquí descripta implica una serie de tareas asociadas con la obtención (compra y/o ayuda), tales como ir a comprar los alimentos, buscar las cajas de ayuda, llevar los niños a control para recibir la leche, reunir a los parientes, ir de visita, enviar los niños o recibir visitas, efectuar trámites en Promoción Social para obtener la caja y llevar o mandar los niños a los comedores. En las familias entrevistadas, casi todos los miembros desarrollaban alguna de las tareas correspondientes a este momento (de la obtención): los jefes de familia, los trabajadores secundarios y algunos jóvenes con sus ingresos y/o ayudas; pero las mujeres/amas de casa eran quienes realizaban la mayoría de los trámites para obtener la ayuda formal e invertían más tiempo en mantener las relaciones con los parientes y amigos, de quienes recibían la ayuda informal.

Estas tareas relacionadas comprenden una serie de actividades que no sólo tienen que ver con el trabajo productivo sino más bien con la construcción de relaciones comunitarias y societales. Ordené, sin separar totalmente, dos grupos de tareas principales en la obtención de los alimentos que están implicados en las formas (intercambio y donación) descriptas:

1- Tareas laborales: Cuando se obtienen los alimentos a partir del intercambio (considerando sólo la compra con dinero propio), el trabajo se constituye en la tarea central y

2- Tareas relacionales: Cuando es la donación, la construcción de relaciones extrafamiliares y su mantenimiento pasan a ser central.

La provisión ha sido considerada tradicionalmente un elemento axial del rol del jefe de familia, del responsable de la manutención de la unidad, que desarrolla trabajo productivo fuera de la familia, generalmente los hombres, incluso a pesar de la presencia de mujeres con trabajo extradoméstico (Jaffan, 1988:173).

Si se compara no sólo el resultado sino el esfuerzo invertido en la provisión de alimentos que realizaba el jefe con el de la mujer de la casa y si, además, se considera que durante la falta de changas la familia subsiste con las ayudas, se puede decir que las mujeres son importantes proveedoras de sus familias. Cabe recordar que la obtención de alimentos en la forma de ayuda y/o donación incluye la construcción de relaciones comunales y societales que devienen de prácticas ejercidas fundamentalmente por las mujeres (Lomnitz, 1985:103-104), en un proceso que va en la mayoría de los casos más allá de los lazos de parentesco, expresando modos de inclusión y aprendizajes de gestión en el ámbito público.

A pesar de esto, cuando no son jefas, las mujeres no están reconocidas como proveedoras por la ayuda que obtienen ni aunque realicen trabajo extradoméstico.

"Yo siempre trabajé afuera. Primero, cuando el negrito era chiquito hacía peluches y los vendía en las tiendas de los barrios. Mi mamá me lo cuidaba por la tarde cuando salía a vender... pero a nadie le gustaba que yo trabajara, pero nos ayudaba eso, mi marido estaba sin trabajo y yo conseguía dinero para la comida. Mi mamá nos ayudaba, ella quería que yo atendiera los chicos así que nos vinimos a vivir con ellos hasta que mi marido consiguió trabajo. Ahora que tiene trabajo nos vamos a construir algo detrás de la casa. [¿Usted sigue trabajando?]. Sí, cocino para afuera, mi mamá me ayuda... nos hacemos unos pesos, a mi papá y a mi marido no les importa mucho, pero nosotras así nos arreglamos mejor. [¿No le hace problema, su marido por el trabajo?]. No... pero yo lo atiendo bien, cuando él llega nunca estoy ocupada... ya le sé los horarios... después de todo, como él dice, él es el que mantiene la familia... yo junto unos pesitos para los chicos... ¿vio? Para mis gustos" (Nora).

"Siempre tuve que trabajar, mi marido perdía el trabajo y yo sostenía la casa trabajando por hora. Ahora igual, por ahí pasan tres meses y él no me manda dinero... mi mamá no lo entiende, dice que trabajo por gusto, para salir, pero a mí me sirve, sino a veces tendría que estar pidiéndole a ella. Hasta los vecinos me critican, acá dejar los chicos solos es mal visto, pero a mí no me gusta vivir así... que todo falte, que les falte a ellos... hasta una denuncia me hicieron una vez por dejar los chicos solos, pero no pudieron hacerme nada. Tengo clientes fijos y me arreglo con los horarios, si está Giorgia se las dejo a los hermanos para que la cuiden, no los dejo salir cuando yo no estoy. Lavo, plancho, les arreglo un poco la casa, son hombres solos... pero así tengo platita... no les dejo faltar lo que necesitan... a mí me gusta vestirme bien [me muestra la ropa que tiene]... yo fui criada de otra manera. [¿Lo que gana le alcanza hasta que vuelva su marido?]. A veces... mi abuela también me ayuda... ella sabe bien lo que necesito, mi mamá en cambio cree que con lo que manda [el marido] es suficiente, para ellos la mujer debe quedarse en la casa y cuidar los hijos... sólo mi abuela reconoce el esfuerzo que hago"(Susana).

Incluso a aquellos jefes varones que trabajan con mucha menos regularidad que los otros adultos de la familia se les asigna este rol.7

"Mi marido organiza todo, él si tiene unos pesos hace las compras para la comida y yo le ayudo. Cuando no tiene nada [changas] se arregla vendiendo pajaritos o arregla cosas que la gente tira y consigue unos pesos. Los muchachos trabajan y le dan a él dinero para la comida. El se ocupa mucho. Hace mucho que no tiene trabajo pero gracias a Dios, los hijos sí... [¿ Su marido es el jefe de familia?] Claro, es el padre... él es el que manda, él nos trajo a todos acá cuando tenía trabajo y siempre los cuidó a todos... es mi marido..."(Vanesa).

Aparentemente, los hombres son reconocidos como jefes sin necesidad de que sean proveedores de alimentos. Como bien explica Rosa Geldstein (1994),

"Debido a las imágenes prevalecientes en torno de los papeles sociales del hombre y de la mujer, el hombre suele ser considerado como 'jefe' por los miembros de la familia y registrado como tal por los censos y las encuestas, en tanto las mujeres sólo suelen ser reconocidas como 'jefas' cuando en el hogar no existe un hombre adulto. Aunque raramente se lo explicita, esta atribución de la jefatura familiar al varón se relaciona con la presunción de que él desempeña la función de 'principal proveedor' (la que además parece legitimar el ejercicio de la autoridad masculina). En cambio el desempeño de este rol económico por parte de una mujer -de manera especial si convive con un hombre- no determina necesariamente que su familia la considere 'jefa', que ella se perciba como tal, ni que sea ella el jefe de hogar registrado por las estadísticas. Por este motivo el crecimiento del número de principales proveedoras no se refleja en un crecimiento equivalente del número de mujeres registradas por los censos y las encuestas como 'jefas de familia', las que pasaron de 11 a 12 por ciento entre 1980 y 1989" (Geldstein, 1994).

En definitiva, ser proveedor de alimentos, que antes era un atributo axial del jefe (Garrote, 1984), en este grupo se ha desplazado hacia las mujeres que organizan la obtención de alimentos a partir de la importancia que fueron adquiriendo las ayudas formales e informales para la provisión de alimentos. El grupo familiar, la mujer, los hijos, siguen "sosteniendo", "reconociendo" al varón adulto en ese espacio de poder que constituye el ser "jefe de hogar". Aun en aquellas familias donde la provisión era ejercida en los hechos exclusivamente por las mujeres, dependiendo de sus tramitaciones, de sus acciones y tácticas singulares, se observaba una ausencia de reconocimiento de esa capacidad desde los integrantes del grupo, un "no registro".

Y llamativamente tampoco ellas podían identificarse, reconocerse en ese rol (de jefe), tendiendo a depositarlo, a trasladarlo, en alguien externo a la unidad familiar, generalmente una figura histórica y afectivamente significativa: en la abuela, en un caso o en su pareja extradomiciliaria en otro, remitiendo de este modo a la necesariedad de pensarse dependiente de un tercero, revestido imaginariamente de mayores atributos y potencialidades.

"Antes tenía a mi marido, después que murió quedé sola... era una mujer sola, después tuve una pareja... un tiempo pero ahora estoy sola otra vez, no puedo trabajar porque estoy enferma y todo me cansa... [Si le preguntaran quién es el jefe de familia, usted ¿qué diría?]. Si me preguntan, yo no soy jefa, la que me ayuda es mi mamá [su abuela que la crió]... si me preguntan digo que es ella" (Gabriela).

"Vivíamos juntos, pero no bah... ahora estamos separados. Él viene todos los días, cuando sale del trabajo pero ya no vive aquí... los chicos lo respetan, no es su padre pero yo lo consulto igual, él me ayuda ahora que no puedo trabajar. [Si le preguntaran quién es el jefe de familia ¿qué diría?] Si me preguntan por el jefe les digo que mi marido está trabajando... después de todo, no importa que no viva acá, él es mi pareja" (Marcela).

Sólo a una de estas mujeres que trabajaba en el cirujeo y su hijo colaboraba con alguna changa, se la reconocía como jefa y proveedora de alimentos. En el caso de las mujeres solas, éstas debían trabajar para ser reconocidas como jefas.

La condición de precariedad laboral de los jefes de las familias entrevistadas, la consolidación del desempleo en estos grupos (Geldstein, 1994), junto a las ayudas alimentarias, los comedores escolares y comunitarios, parecen haber modificado en los últimos años la cuestión del aprovisionamiento familiar, no sólo la ha hecho más visible, en cuanto a la clase de agentes responsables y la procedencia de los insumos, sino que se ha producido como un desdoblamiento en los atributos de los roles del proceso alimentario.

Considero que esta nueva situación ha condicionado (en el grupo estudiado) el ejercicio de roles en los otros momentos del proceso alimentario: la preparación, la distribución y el consumo.

La referencialidad

Los tres momentos nombrados quedan inscriptos en procesos más amplios de desempeño de los actores involucrados y se ordenan según la organización jerárquica que presenta la unidad familiar.

Cuando un comensal ejerce el rol de proveedor y es además varón y jefe, se le atribuye en la preparación el poder de seleccionar el patrón de la comida y es un comensal privilegiado denotado en el orden y en la porción de la distribución. Suele presidir la mesa familiar y elegir los patrones de la comida principal, imponiendo el orden en la distribución. Esta condición la definí en trabajos anteriores (Garrote, 1984) como referencialidad, entendida como la capacidad de modificar para sí y para los demás las secuencias de actividades relacionadas con el alimento: la disposición de horarios de la comida principal, la selección de patrones, la composición de la comida subalterna y el consumo.

La referencialidad consiste aparentemente en una expresión del poder asignado al papel de proveedor de alimentos y es casi un atributo indelegable del jefe. El privilegio de su comensalidad impone para los demás comensales un gradiente de calidad y cantidad en la distribución, de allí que los comensales en una familia se ordenen jerárquicamente, en cuanto a los alimentos que se consumen.

Cuando en estas mesas familiares se encontraba presente el jefe y proveedor de alimentos, desde él se ordenaba el reparto; si estaba ausente, los que le seguían en el orden lo imponían. En el caso de los niños pequeños, el desempeño del rol de comensal se adscribía a las prácticas de crianza y a las concepciones que la sostenían, caracterizadas por la dependencia y la subalternidad.

Las comidas reunión

Fuera de la familia, el rol de comensal adquiría otras características, a pesar de seguir condicionado a su estructura jerárquica, estableciendo nuevas relaciones con el proveedor y el dador. Es el caso de los comensales invitados8, su presencia, mediada por la invitación, constituía la comida reunión.

El adjetivo de invitado alude a una convocatoria expresa que podía no repetirse pero que había sido acordada en algún momento. En las relaciones de parentesco tenía una connotación de inicio, de origen, de innecesariedad de convocar a cada comida reunión que se realizaba. Un acuerdo inicial se mantenía implícito en todas las ocasiones sucesivas como si estos comensales no fueran invitados sino que formaban 'parte de', en todas las descripciones de los participantes que se relevaron. No se los individualizaba en el discurso a no ser que se les pidiera explícitamente uno por uno. En las comidas reuniones, expresaban, "nos reunimos" o "nos reunimos con la familia de mi marido", entonces se pasaba lista y si alguno no había ido daban las explicaciones del caso.

"A veces si tengo que salir mi mamá los llama y les da la leche, se quedan con ella hasta que yo vuelvo, después comen conmigo. No es muy seguido, si no, los dejo con Natalia o Javier. [¿Usted le pide que se los cuide?]. Yo le digo que tengo que salir, ella los invita" (Rosa).

"Luciano [el hijo que le cría la madre] se cruza a comer con nosotros, él sabe que a mí me gusta que venga a comer de vez en cuando con nosotros. Toma la leche acá con sus hermanos, pero cuando Gonzalo o Fermando van para allá, ella me los manda de vuelta a la hora de comer, los echa... no los invita. Nunca me llevé bien con ella, creo que por eso me crió mi abuela. Ella [abuela] me visita, siempre trae algo y a veces se queda a comer conmigo. [¿Usted la invita?] No, ella sabe que siempre es bienvenida... ¿cómo la voy a invitar?... [¿Usted invita a sus amigas?] Mis amigas son siempre invitadas a mi casa, ellas vienen acá y yo a la tarde aprovecho que los chicos están en la escuela y me voy a matear a lo de ellas... no nos invitamos, nos avisamos... tengo una amiga que vive acá a la vuelta y ella ya sabe que cuando me puedo escapar, voy, ni tengo que avisarle, ella lo mismo"(Susana).

"Jessica a veces se va a visitar a los abuelos y a su padre y se queda a comer con ellos. [¿Ellos los invitan?] Claro, les avisan que vayan, siempre los están esperando... les gusta que vayan, lo mismo que Juan Cruz y Yanina cuando vienen a comer acá, ellos me avisan así preparo algo. [¿Pueden venir sin avisarle?] No... ¿y si no estoy?...a veces no cocino, ellos ya saben, cuándo venir" (Marcela).

"Los domingos viene la Vange con Jessica y el bebé y se quedan a comer. También Emanuel... lo estoy esperando porque hace seis meses que no lo traen [10 años, está en adopción]. Sandra en cambio viene con María Belén casi todos los días... si no tiene ni para comer, acá si come uno, comen dos... esa es mi idea, yo nunca le negué la comida a nadie (Estela). Mi mamá es así [acota Luis, molesto]. [¿Sandra avisa si viene?] No… yo la espero siempre, ya sé que ella viene cuando no tiene qué comer... hace un tiempo que anda sin un peso. [¿A Evangelina, la invita?] A ella le aviso que venga, ella no sale mucho, se queda con los chicos o me avisa ella que viene"(Estela).

Estos acuerdos fundaban la clase de relaciones alimentarias que cursaban a través de las comidas reuniones tanto en el ciclo cotidiano como el de fin de semana y festivo, estableciendo lazos extrafamiliares. Todo comensal invitado hacía referencia a ciertos acuerdos previos entre las familias relacionadas que suponían un ir y venir de éstos, compartiendo determinadas comidas.

Los niños eran los comensales invitados más frecuentes a las comidas durante la semana entre las familias analizadas.

Redes, diseños y proceso de salud - enfermedad

Desde el marco del sistema de donaciones (Malinowski, 1995; Mauss, 1971; Godelier, 1998; Boulding, 1976; Godbout, 1997), caractericé a las redes por el espacio de relación (matri y patrilineal, amistad, vecindad, estado e iglesias), el número y tipo de agente participante, la dirección de la donación, la ocasión, su frecuencia y el tipo de alimento transferido. Su análisis me permitió diferenciar dos conjuntos de unidades familiares a partir de la conectividad de estas redes de relaciones que mantenían las mujeres a través de las transferencias alimentarias (regalo y/o comida reunión) y que clasifiqué en redes densas y redes sueltas.

Consideré la conectividad de las redes (Bott, 1990) de las unidades familiares a partir de la frecuencia, el tipo de alimentos transferidos como regalos, los espacios involucrados en las transferencias y las comidas reuniones realizadas:

- el primer grupo poseía (había construido) una red de relaciones más amplia (diferentes espacios), más frecuente (regalos) y más consistente (comidas reuniones) o sea una red densa.

- el segundo grupo de unidades mantenía menos contactos con su contexto y por lo tanto lo he caracterizado como una red suelta.

Aparentemente el desempeño de las mujeres en la construcción de redes se asocia a diferentes estilos de crianza de los niños pequeños, estilos que caracterizados a través del alimento pueden organizarse en dos tipos definidos por el carácter más o menos permisivo de sus estipulaciones normativas: uno estricto y otro flexible9. Estos parecen no responder a pautas culturales tradicionales (en el sentido de históricas) sino a formas de posicionamiento de las mujeres frente a la necesidad de cuidar (alimentar) sus hijos, tácticas (Scheper-Hughes, 1993:471) organizadas según sus condiciones de vida y situaciones familiares.

Para un niño pequeño las condiciones de vida cobran realidad por la relación de crianza en su familia. La alimentación es una de las dimensiones a través de las cuales participa del proceso de la reproducción social de su familia y que se expresa en los procesos de salud-enfermedad (Castellanos, 1987). Cabría esperar, entonces, que cada uno de los diseños alimentarios construidos se exprese en perfiles de salud-enfermedad-atención diferentes. Con ese objetivo comparé el perfil de los niños que según el desarrollo anterior se incluían en el diseño denominado flexible con el de aquellos de diseño estricto.

Se observaron diferencias en la forma de expresión de estos procesos, no en el tipo de patologías, pero sí en su frecuencia, duración y gravedad.

Los niños que participaban de diseños estrictos presentaron cuadros de desnutrición más largos, así como una mayor duración y repetitividad de los episodios patológicos asociados. Llegaron a los servicios de atención con cuadros más agudos y las consecuencias de sus desnutriciones serán, según los profesionales consultados, posiblemente crónicas (con pérdida de estatura). Cambiaron más veces de efector de salud y/o presentaron mucha irregularidad en la concurrencia. No lograron realizar los tratamientos en forma completa ni los análisis prescriptos.

El análisis conjunto de las redes de las unidades familiares consideradas y los diseños para sus niños pequeños mostró una asociación entre las redes densas y los diseños flexibles y entre las redes sueltas y los diseños estrictos. Asociación que se verificó no sólo en el lapso de tiempo estudiado, sino que se correspondió también con otros momentos históricos narrados por estas mujeres cuando explicaban un diseño distinto al registrado en este trabajo.

Las diferencias entre ambos grupos y las regularidades dentro de ellos nos permiten pensar que la conectividad de las redes es una mediación importante de los modelos alimentarios infantiles, que en determinadas condiciones de vida familiares y durante ciertas etapas del desarrollo del niño producen diferencias en sus procesos de salud-enfermedad. Un niño adscripto a un diseño flexible de alimentación, dispondrá de recursos de protección nutricional aun en situación de pobreza, mientras que en esa misma situación, los adscriptos a diseños estrictos serán más vulnerables.

Entiendo la asociación entre redes y diseños como una relación de condicionamiento (Castellanos, 1987) en la cual el tipo de red promueve o facilita el modelo de diseño indicado. Esto es decir que la mayor conectividad en las redes denotada por las transferencias alimentarias promueven un diseño de alimentación infantil flexible que pone al niño en mejores condiciones de competencia alimentaria dentro de la familia. En tal sentido se podría prever que con el rompimiento de las redes (de aprovisionamiento material y simbólico), las familias podrían sustituir diseños flexibles por estrictos poniendo en juego "tácticas" alimentarias restrictivas para los más pequeños. No obstante haber encontrado en las familias estudiadas una total correspondencia entre redes densas/diseños rígidos y redes sueltas/diseños flexibles, la fuerza de tal asociación debería verificarse epidemiológicamente ya que no presupone en este estudio exploratorio una validación de la misma. Con ella se intenta conformar una hipótesis de trabajo para futuras indagaciones acerca de las condiciones relacionales de las unidades familiares para la elección de sus prácticas alimentarias infantiles.

A modo de conclusión

Las representaciones, prácticas, creencias, valores, etc., que he relevado en este trabajo de campo en torno de la cultura alimenticia devienen de los roles asignados en el grupo familiar a los varones y a las mujeres, en tanto padres, madres, hijos, etc., pertenecientes a sectores sociales de escasos recursos. En ellos se observan los efectos del desempleo, la precarización laboral y pauperización creciente que llevan a la producción de nuevas y diversas estrategias familiares para la obtención, preparación, distribución y consumo del alimento. En éstas se visibiliza el modo activo en el cual las mujeres se posicionan trascendiendo el ámbito privado, desde el cual tradicionalmente sólo les cabía quedar a la espera de lo que el proveedor masculino les entregara, ya sea en dinero o en productos.

En los relatos se evidencia cómo han avanzado las mujeres de sectores populares, incluso más allá de lo que las redes de parentesco podían ofrecer de ayuda informal o donación, ingresando al ámbito público a través de la tramitación y gestión de diferentes oferentes de ayuda alimentaria formal, en forma individual o colectiva: en centros de salud, programas alimentarios, iglesias, etc., transmutando normativas, códigos y prácticas establecidas desde los modelos patriarcales y posibilitando de este modo formas más efectivas de reproducir su existencia y la de su grupo familiar.

Notas

1 Este artículo es parte de la Tesis de Magister en Salud Pública "La alimentación infantil en familias en situación de pobreza en la ciudad de Rosario" realizada en la Universidad Nacional de Rosario, 2001.

2 El diseño seleccionado fue de tipo exploratorio y dado su carácter cualitativo no se utilizaron técnicas de muestreo estadístico, sino la selección por criterios a partir de la definición conceptual y operacional previa de las unidades de estudio. La familia fue la unidad de observación en el nivel de anclaje y se incluyeron aquellas en situación de pobreza (Minujin y Kessler, 1995) de sectores poblacionales con bajos recursos que presentaban problemas alimentarios y/o nutricionales, eran atendidas en el sistema público de salud y/o recibían asistencia alimentaria. El trabajo de campo tuvo una duración de año y medio con técnicas de observación intensiva, entrevistas en profundidad, semiestructuradas, encuestas alimentarias de 24 horas y 7 días e historias de vida. Se confeccionaron matrices comparativas, registros y controles utilizando fuentes primarias y secundarias.

3 Utilizo familia o unidad familiar en el sentido de unidad de residencia y parentesco "amalgamadas" (Wainerman, 1994:184-185), como condición de una alimentación en común, lo que no significa que todos los convivientes sean necesariamente parientes, pero sí que viven bajo el mismo techo y comparten la vivienda. Una unidad en la que los recursos alimentarios se comparten y distribuyen entre sus miembros.

4 Recordar que en este trabajo se incluye sólo el tramo de los procesos cara a cara con la gente en la construcción de relaciones personales que involucra a sus operadores y a los "beneficiarios" de los planes de ayuda alimentaria o atención de la salud. Las relaciones clientelísticas con el Estado (de crisis) actual muestran que éste no sostiene relaciones unívocas con los actores comunitarios, sino más bien un abanico de posibilidades heterogéneo, contradictorio, conflictivo y de consenso que permitiría pensar también en la instalación de formas de donación que intermedian de alguna manera las prácticas de circulación del alimento entre un espacio y el otro.

5 Entre las diez familias de este estudio se encontraban tres de tipo nuclear, cuatro compuestas y tres matrifocales. Su tamaño promedio era de 7.5 personas. La mayoría de los cónyugues eran trabajadores no calificados o de muy baja calificación con empleos temporarios en la construcción, otros eran cuentapropistas y algunos estaban desocupados. Sólo tres mujeres trabajaban ocasionalmente fuera de casa. La relación trabajadores/consumidores sólo era favorable en tres familias. La mayoría de sus integrantes adultos eran migrantes y los niveles de instrucción formal alcanzado se distribuía desde el analfabetismo funcional hasta el nivel secundario incompleto. La mitad de las mujeres tuvo uniones formales y todas ellas tienen residencia matrilocal. Ocupaban casillas muy humildes de diferente amplitud y seis de ellas en condiciones de hacinamiento. Al tiempo del estudio sus edades estaban comprendidas entre los 28 y los 62 años.

6 Es el caso de Marcela, que su pareja, con quien no convive, aportaba los alimentos comprados y/o dinero para ellos y el de Gabriela, que su abuela le daba dinero para los alimentos que necesitaba comprar y sus familiares, alimentos y comidas.

7 Como en el caso del marido de Vanesa o el de Elena, que hacía tiempo que no conseguían ninguna changa.

8 Los comensales invitados son todos aquellos que consumían en la casa donde no habitaban y desde la condición de haber sido invitados.

9 A partir de las prácticas y las representaciones alimentarias intrafamiliares se construyeron dos tipos de diseños alimentarios para los niños pequeños. Uno flexible que consiste en un tiempo mayor de amamantamiento que el estricto, comidas especiales y mantenimiento de patrones propios cuando se los incluye en la comida familiar. El estricto implica casi sólo lactancia artificial, probar de comidas adultas e incluirse en la comida familiar sujetos a los patrones adultos.

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