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Cuadernos de antropología social

versión On-line ISSN 1850-275X

Cuad. antropol. soc.  n.18 Buenos Aires sept./dic. 2003

 

PRESENTACIÓN

Introducción

Cecilia Hidalgo y Adriana Stagnaro*

* Proyecto UBACyT Comunidades científicas: Antropología del mundo contemporáneo. Programación 2000-2003

En un mundo en continua transformación por acción de la ciencia y la tecnología, la Antropología se ha reubicado en el campo de la ciencias sociales, mostrando la importancia del enfoque de lo microsocial y lo cotidiano, lo crucial e ineludible del encuentro con los agentes para captar cómo reformulan sus creencias, sus prácticas, su percepción y comprensión del presente. En un contexto cada vez más influido y mediado por hallazgos tecnológicos de todo tipo, computadoras incluidas, no es de extrañar que entre los antropólogos resulte cada vez más pertinente y apremiante la investigación de la ciencia, sus agentes e instituciones.

Por cierto, desde sus comienzos nuestra disciplina ha entendido a la ciencia como sistema cultural y práctica social de relevancia, como puede constatarse en los antiguos y ampliamente conocidos debates que los antropólogos han llevado a cabo acerca de la logicidad y racionalidad de distintos sistemas de creencias, o en el tratamiento central que le han asignado a la problemática de la salud y la enfermedad, y por ende a la medicina moderna. Sin embargo, el enfoque que se ha venido perfilando desde la década de 1980 presenta estudios antropológicos y etnográficos sobre la ciencia y la tecnología de una cualidad diferente, en los que la ciencia deja de operar como institución paradigmática del mundo moderno con la que contrastar formas de vida socioculturalmente distantes. En el presente, la ciencia y la tecnología lo han impregnado todo, desde las formas de lucha política de los grupos indígenas hasta la producción agrícola de campesinos y pequeños productores, pasando por la percepción misma del propio cuerpo, la determinación de la identidad personal, el parentesco y la relación naturaleza/sociedad. En un presente profundamente comprometido con la ciencia como cultura y como modelo de acción, ella misma ha tomado protagonismo en la investigación.

En efecto, los actuales estudios antropológicos de la ciencia y la tecnología se dedican específicamente al análisis y la comparación de la variabilidad de las formas de organización de distintas ciencias (sociales, biociencias, tecnociencias, entre otras) y de sus pautas de producción y validación de conocimiento. Así, se estudia la acción de los científicos y los resultados de esa acción en diversos campos –disciplinarios, comunidades científicas, culturas epistémicas o emplazamientos especiales (por ejemplo, laboratorios, centros experimentales o aún "ciudades de la ciencia" como la de Anillaco, en Argentina)– y las transformaciones que ha experimentado la manera de producir conocimiento en diversos períodos históricos. De particular interés resulta el paso de los proyectos de pequeña escala, comunes antes de la Segunda Guerra Mundial, a los de gran envergadura posteriores, que por su capacidad de desafiar la inteligencia y dedicación de cientos de investigadores de distintos países alineados detrás de una meta común –la construcción de aceleradores de partículas o el desciframiento del código genético humano– han merecido la denominación de big science. De este modo, las relaciones de los científicos y sus investigaciones con el público general, las instituciones estatales y privadas, nacionales y transnacionales, la academia y el mercado, caracterizan asimismo el tipo de interés que expresan los estudios que hoy presentamos.

En este volumen especial de Cuadernos de Antropología Social se combina el análisis conceptual con una investigación de campo diversificada. Tales investigaciones pretenden por una parte contribuir al desarrollo de una Antropología del mundo contemporáneo o del presente y por otra al debate epistemológico actual, alentando la formulación de una teoría social del conocimiento equilibrada respecto de los factores sociales y cognoscitivos intervinientes. Así, se exponen los resultados de investigaciones desarrolladas entre antropólogos, médicos, biólogos moleculares y físicos atómicos; que fueron llevadas a cabo en emplazamientos de campo tales como laboratorios y empresas biotecnológicas, centros de física nuclear dependientes de la CNEA, instituciones académicas y centros de práctica médica, relevantes tanto para la formación profesional como para la investigación y el tratamiento, con miras a extraer conclusiones acerca de la manera en que se produce y valida el conocimiento.

El volumen se inicia con un artículo de Paul Rabinow, conocido entre el público argentino por su libro Reflexiones sobre el trabajo de campo en Marruecos y su participación en Writing Culture que, en la tradición de la antropología cultural norteamericana, lo sitúan próximo a Clifford Geertz, de quien fuera alumno en Chicago y con quien realizó su primer trabajo de campo en Marruecos a fines de la década del '60. Como es sabido, su participación en el movimiento de Writing Culture adoptó una forma distintiva, destacándose su idea de que las nuevas formas de escritura no implican el abandono del trabajo de campo antropológico que, sin restringirse a un estrecho análisis de discursos o textos, debería no obstante reorientarse a la investigación de nuevos objetos de campo, emergentes de la modernidad. En los años1978-1979, Rabinow tomó contacto con Michel Foucault que visitaba como conferencista la Universidad de Berkeley, profundizó la lectura e interpretación de la obra de Foucault y comenzó una estrecha interacción con él, que diera lugar a la publicación de Michael Foucault, más allá del estructuralismo y la hermenéutica, en coautoría con Hubert Dreyfus. La tesis general del libro es que el pensamiento de Foucault propone una "analítica interpretativa" que permite dejar atrás el interés exclusivo por el análisis de la estructura social o el significado oculto de los acontecimientos, para desplegar la mirada sobre las formas sociales surgidas de la razón moderna. En este marco, a partir de los años 90 Rabinow centra sus reflexiones sobre la modernidad y la episteme contemporánea en un objeto de estudio preciso: las biociencias y en especial, las biotecnologías. Despliega a partir de entonces un amplio programa de investigación que lo conduce al estudio de los procesos técnicos y sociales que rodearon el surgimiento de la tecnología innovadora de la PCR [polimerasa de reacción en cadena] (Making PCR: A Story of biotechnology, 1996), al análisis del Proyecto de desciframiento del genoma humano (CEPH) en Francia, (French DNA, 1999) y actualmente al proyecto de establecimiento de una carta genética de la población islandesa. En el artículo que presentamos, se retoman y amplían los temas centrales de su visión de la antropología de las biotecnologías, en particular, su concepción de la antropología como el estudio de los discursos (logoi) respecto de lo humano (anthropos). Para Rabinow, la antropología intenta dar cuenta de las nuevas formas que adoptan los elementos de la tríada vida, trabajo y lenguaje, que –según Foucault– definen al hombre en la racionalidad occidental. Esta es una antropología de la modernidad, que por serlo analiza los procesos globales (denominados globalización o mundialización) siempre a partir de fenómenos locales. Contra el posmodernismo que proclama su fin, Rabinow nos habla de capital, dinero, poder, conflicto de valores, ética y derechos humanos, traspasando espacios y tiempos, circulando velozmente con gran capacidad de transfiguración. Entre las nuevas formas destaca el "biopoder", caracterizado por Foucault como "la entrada de la vida dentro de los regímenes de poder". A Rabinow le interesa particularmente la invención de normas, siempre en conflicto por imponerse tanto en los campos más tradicionales como en los más avanzados. Y como tales normas se transforman en prácticas sociales, es preciso analizarlas etnográficamente para observar qué otras normas y formas emergen, siempre desde un análisis de formas singulares que renuncia a la descripción de grandes estructuras sociales.

Andrew Lakoff, pone en práctica esta manera de pensar y problematizar las nuevas formas que adopta la modernidad en su investigación sobre la estructura del mercado psicofarmacéutico argentino. Analiza sus prácticas, normas y los tipos de relación que establecen las empresas con los médicos especializados en psiquiatría y los clínicos en condiciones de prescribir psicofármacos, en un contexto económico, institucional y profesional específico. El abordaje simultáneo y contrastivo de las diferentes lógicas globales del beneficio operantes en el mercado trasnacional de medicamentos y de las lógicas específicas de la industria farmacéutica local, de larga trayectoria histórica, permiten al autor preguntar por las razones del incremento en las ganancias por la venta de antidepresivos en el pico de la crisis social y económica de 2000-2001. ¿Era resultado de esa crisis –explicación más frecuente en boca de los agentes– o de las prácticas del mercado farmacéutico? La constitución y el afianzamiento de la industria farmacéutica argentina en un contexto de no reconocimiento del derecho de patentes, impactan a nuestro autor, imbuido con las normas vigentes en Norteamérica y Europa, que en gran medida da por sentadas. El análisis del caso argentino, le permitirán reconsiderar la adecuación de las teorías acerca de cómo operan la investigación y el mercado psicofarmacéutico en aquellos ámbitos, aunque sus reflexiones acerca del número excesivo de médicos en la Argentina y su reiterado señalamiento de la carencia de reconocimiento de las patentes psicofarmacéuticas, demuestran cuán difícil es trascender las propias creencias y valores. La indagación de Lakoff acerca de la economía informal de dones entre empresas y médicos, su constitución y dinámica, que conformaría la estructura básica del aumento de las prescripción de antidepresivos por parte de los médicos, puede ser considerada como la más original y, en cierto modo, arriesgada explicación e interpretación del problema. El autor destaca asimismo la persistencia del modelo psicoanalítico en la consideración de la salud mental en nuestro país, en contraste con el predominio del paradigma de las neurociencias, dominante y mayoritario en los países centrales. Su análisis devela cómo ese predominio se refleja en la política de ventas de las empresas productoras de antidepresivos, orientada más a alegar que sus medicamentos contribuyen a aliviar el sufrimiento social que a la cura de la depresión como categoría biomédica. Esta especificidad local constituye el punto de partida para comprender las diversas estrategias que la lógica del mercado adopta en contextos sociales diferentes, mediada por la acción previamente moldeada, de la comunidad de profesionales médicos.

Cecilia Hidalgo y Félix Schuster se proponen dar cuenta de un fenómeno generalmente enfocado desde la perspectiva de la acción individual, el descubrimiento científico, en términos de la acción de entidades colectivas como las comunidades científicas, inmersas en unidades sociales mayores de las que no pueden aislarse. A partir de la célebre presentación de Thomas Kuhn en la década del '60, las comunidades científicas se han constituido en agente histórico y unidad de prácticas a las que se apela a la hora de dar cuenta de la producción y validación de conocimiento. Después de haber elucidado la noción kuhniana de comunidad científica eliminando los supuestos de aislamiento y homogeneidad interna que aquella subrayaba y de desarrollar las bases para la consideración epistemológica de una ciencia contextualizada (cf. Antropología del presente, compilación de Gérard Althabe y Félix Schuster, 1999), los autores emplean la noción como un recurso apto para analizar las prácticas creativas e innovadoras de los agentes de la ciencia y para caracterizar de manera precisa el contexto en que operan. El trabajo se enmarca en la búsqueda de la formulación de una teoría social del conocimiento que intenta incorporar factores contextuales extralógicos sin descuidar los aspectos cognitivos esenciales a la labor científica y sin desdeñar por ello las posiciones racionalistas. Un comentario crítico formulado por Manuel Comesaña objeta tal pretensión, resumida en la idea de que Hidalgo y Schuster buscan una teoría a un tiempo racionalista y contextualista, cuestionando la posibilidad misma de una teoría tal. Con base en el argumento de que el éxito de la ciencia y la tecnología brinda apoyo a las tesis racionalistas e individualistas, Comesaña despliega las que son a su criterio debilidades de las teorías contextualistas, consensualistas y atribucionistas expuestas en el artículo que debate. Por fin, Schuster e Hidalgo contestan parcialmente las objeciones de Comesaña y destacan el valor que le atribuyen a un programa como el que han expuesto.

Adriana Stagnaro, analiza diversos enfoques en el estudio de la ciencia y de la tecnología actuales, mostrando las categorías conceptuales y las herramientas metodológicas de la antropología, utilizadas por cada una de estas perspectivas, ya sea en forma reflexiva o no. Debates surgidos dentro y fuera de la disciplina han dado lugar a enfoques identificados por la autora como: "antropología como recurso", "antropología como intervención", "etnografía de lo contemporáneo" y "antropología del presente". Así, Stagnaro plantea y muestra cómo la metáfora del relativismo cultural se constituyó en un recurso que permitió desarrollar posturas relativistas en el análisis del contenido del conocimiento científico, permitiendo considerar a las ciencias como culturas extrañas. Por su parte, el concepto de intervención antropológica, entendido como intersección entre fronteras culturales, habría ayudado a pensar la cada vez más acentuada autonomía y centralización de los discursos de objetividad y las prácticas de legitimación propias de la ciencia y la tecnología. De tal modo, estas habrían terminado prescindiendo de la discusión entablada por los agentes y de tomar en cuenta las formas en que ellos participan e intervienen en el delineamiento de alternativas posibles. Finalmente la autora resalta los aportes de Paul Rabinow y Gérard Althabe, destacando su propuesta de rescatar la contemporaneidad del otro, incluso cuando pertenece a la propia sociedad, a través de una actitud hermenéutica sostenida en la experiencia de campo.

Los dos artículos que siguen conciernen a la investigación de físicos nucleares en Argentina. Naymé Gaggioli repasa en primer término los antecedentes más destacados de la antropología en este campo, asociados a los nombres de Sharon Traweek y Hugh Gusterson. Abocada al estudio de las prácticas y representaciones de físicos nucleares de distintas generaciones en un contexto marcado por la desfinanciación relativamente reciente del sector y el desmantelamiento de sus planteles profesionales, la autora destaca la importancia del análisis de la ciencia local, y sus consecuencias para una mejor comprensión de los desarrollos en física nuclear que se han dado incluso en los países centrales. Rechaza de este modo la posición de antropólogos y epistemólogos de esos mismos países, que no siempre han logrado evitar presentarlos como paradigmas de patrones universales ejemplificados sin diferencias significativas en distintos puntos del planeta. Zulema Marzorati indaga en los orígenes de la conformación de una pujante comunidad de físicos nucleares que en la década de 1950, en un contexto político favorable, lograron reconocimiento internacional casi inmediato (1955), crearon instituciones científicas de envergadura como la actual CNEA y concretaron desarrollos tecnológicos "utópicos" o impredecibles poco tiempo antes.

Dos nuevos artículos nos vuelven al campo de la medicina. Laura Ferrero explora desde una perspectiva etnográfica situaciones de interacción social producidas en la cotidianeidad de una institución de salud de primer nivel de atención. La forma que adopta esa interacción entre la población que acude al centro de salud y los profesionales médicos y no médicos resulta pautada por el uso del tiempo normado por la institución. La autora centra su análisis principalmente en el procedimiento de asignación de turnos, al que le otorga una dimensión ritual, de orden impuesto por la institución a través de la imposición de la agenda médica. El estudio da cuenta de algunos procesos constitutivos del saber y la práctica médica expresados simbólicamente en el control del tiempo de los pacientes y en la eliminación o suspensión de su historia particular. El artículo de Natalia Yavich se caracteriza por el uso de la estrategia metodológica experimental que enfatiza la "multivocalidad" de los agentes y de los relatos referidos a la constitución e historia de una guardia hospitalaria, hoy elevada al estatus de mito, en una institución del conurbano bonaerense en las décadas de 1940 y 1950. Discursos a veces convergentes, a veces divergentes ponen en evidencia de modo contrastante las posiciones siempre diferenciales de quienes han formado parte de la institución, ya sea en el pasado como en el presente. La estrategia experimental elegida obliga al lector a armar una trama de narrativas abiertas a múltiples lecturas alternativas, y desafía hasta la exasperación la idea posmoderna de que el antropólogo debe abandonar su posición de autoridad interpretativa.

No podía faltar el análisis de la práctica de científicos sociales y –la reflexivilidad bien entendida empieza por casa–, dos artículos enfocan la práctica de los antropólogos. Luciana Gazzotti expone la profusa producción de normas éticas referidas a la responsabilidad profesional generadas en el siglo XX por la academia norteamericana, conectando el surgimiento y modificación de sus distintos códigos con los variados contextos históricos y políticos que enmarcaron su debate y sistematización. La normativa explícita norteamericana, a pesar de todas sus limitaciones y debilitamientos deontológicos a través de los años, contrasta con la ausencia de criterios claros y expresos sobre la práctica profesional entre los antropólogos argentinos, que por añadidura se han mostrado incapaces de sostener en el tiempo la existencia de un colegio profesional. Ana Padawer por su parte nos propone un nuevo contraste de las prácticas antropológicas locales con las de nuestros pares norteamericanos, que han discutido ampliamente el tema de la alteridad y la autoreferencia. Tal debate le sirve como excusa para adentrarse en consideraciones sobre la etnografía educativa argentina y latinoamericana.

Finalmente, fuera del orden temático del volumen, Paola Monkevicius expone los resultados de su estudio de la comunidad lituana en la Argentina, en los que una peculiar ideología nacionalista generada en tierra extranjera se transforma en marca social de los inmigrantes y sus descendientes.