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Cuadernos de antropología social

versión On-line ISSN 1850-275X

Cuad. antropol. soc.  n.20 Buenos Aires jul./dic. 2004

 

Imaginarios urbanos en zonas verdes y zonas rojas de la Región Metropolitana de Buenos Aires

María Florencia Girola*

* Licenciada en Ciencias Antropológicas. Becaria de doctorado de CONICET. Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Correo electrónico: fgirola@sinectis.com.ar.

Fecha de realización: abril de 2004 (versión modificada de la ponencia presentada en la VI Jornadas de Imaginarios Urbanos, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo). Fecha de entrega: agosto de 2004. Fecha de aprobación: diciembre de 2004.

Resumen

   A lo largo de este trabajo me propongo reflexionar sobre la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) como aglomeración heterogénea que reconoce diferentes modelos de planeamiento urbano y desiguales modalidades del habitar. Para llevar a cabo este objetivo abordaré, desde una perspectiva etnográfica, los imaginarios elaborados por parte de habitantes de dos contextos urbano-residenciales. En el contexto de la ciudad moderna histórica, focalizaré la atención en viviendasdeinterés social edificadas bajo la modalidad del gran conjunto urbano en el barrio central de Villa Soldati. En el marco de la denominada ciudad moderna reciente me detendré en las nuevas situaciones residenciales periféricas que se han instaurado bajo diferentes tipos de urbanizaciones cerradas (barrios cerrados, mini-barrios y mega-emprendimientos, entre otros)en torno al Km. 50 del partido de Pilar.

Palabras clave: Ciudad moderna histórica; Ciudad moderna reciente; Vivienda social; Urbanizaciones cerradas; Imaginarios urbanos.

Abstract

   Social anthropology allows us to have a good look at the different residential neighborhoods that took place in the metropolitan region of Buenos Aires. Along this paper we focus on two residential areas included in the modern urban planning. On the one hand, we take a look at public housing built in the central area of the historical modern city. On the other hand, we analyzed the gates communities built in periferical areas of the recent modern city. In both case, we concentrate on urban images elaborated by their residents. We elaborate some statements about the phenomena under discussion based on a fieldwork experience.

Key words: Historical Modern City; Recent Modern City; Public Housing; Gated Communities; Urban Images.

Introducción

   Este artículo presenta las primeras reflexiones elaboradas en el marco de un proyecto de investigación doctoral que actualmente llevamos adelante entre residentes de dos contextos urbanos situados en el Área o Región Metropolitana de Buenos Aires (AMBA o RMBA respectivamente).(1) Dentro de este vasto territorio nos proponemos analizar, desde una perspectiva etnográfica, los imaginarios urbanos elaborados por los habitantes de cada uno de los espacios residenciales escogidos. Por un lado, focalizamos en los imaginarios de contaminación y peligro elaborados por actores sociales comprometidos en la constitución de viviendasde interéssocial edificadas bajo la tipología del conjunto urbano o complejo habitacional en el porteño barrio de Villa Soldati; por otro lado, nos centramos en los imaginarios de pureza de aquellos sujetos vinculados a las urbanizaciones cerradas localizadas en torno al Km. 50 del partido bonaerense de Pilar.(2) Para analizar cada uno de estos universos —complejos y conflictivos— de representaciones sociales, hemos recurrido a los calificativos cromáticos "rojo" y "verde" como metáfora para graficar la existencia de espacios urbanos desiguales que reflejan los agudos procesos de segregación social vigente en el AMBA.

   Para llevar adelante el objetivo planteado, hemos decidido estructurar el trabajo en tres partes. En un primer apartado introducimos y distinguimos las nociones de ciudad moderna histórica y ciudad moderna reciente (Zukin, 1996) como una herramienta conceptual útil para pensar las diferentes etapas de crecimiento y desarrollo metropolitano de la RMBA, y para explicitar los criterios de selección de los escenarios locales que aquí nos convocan. En una segunda sección, describimos las tipologías residenciales que componen nuestro universo de análisis —conjunto urbano y urbanización cerrada—, señalando similitudes y diferencias entre cada una de ellas. Por último, presentamos un primer análisis de los datos elaborados en el marco de un trabajo de campo —en curso— entre habitantes del Conjunto Urbano Soldati y de emprendimientos privados pilarenses. En esta tercera parte damos cuenta de las percepciones y prácticas que los habitantes despliegan en relación a sus viviendas, profundizando así el conocimiento sobre las relaciones sociales que se tejen en estos ámbitos residenciales compartidos.

Entre lo moderno histórico y lo moderno reciente

   Retomando a Zukin (1996), hemos caracterizado a las modalidades residenciales que conforman nuestro universo de análisis como exponentes del planeamiento urbano moderno. Con este término nos referimos a un modelo de planificación e intervención urbana —racional y funcional— que se consolidó en las grandes ciudades occidentales desde mediados del siglo XIX, reconociendo diversas expresiones. Cada una de estas manifestaciones puede ser definida y distinguida sobre la base de tres elementos principales: los actores sociales involucrados en la regulación/gestión del crecimiento metropolitano, los sectores sociales destinatarios de la acción, y el tipo de tejido urbano emergente.

   Por un lado, el conjunto urbano forma parte de la denominada ciudad moderna histórica en tanto integra el paisaje de viviendas sociales construidas bajo el auspicio del poder público en espacios abiertos y centrales del AMBA, como hábitat para sectores populares y asalariados de clase media y media-baja. Por el contrario, las urbanizaciones cerradas integran la ciudad moderna reciente ya que conforman espacios residenciales cerrados y periféricos creados bajo el impulso del capital privado, y destinados al uso de sectores medios-altos y altos.

   La diferenciación establecida por S. Zukin (1996) entre ciudad moderna histórica y ciudad moderna reciente se presenta, entonces, como una herramienta fecunda para pensar dos modalidades de planeamiento y gestión urbana que conviven en la RMBA, como testimonios de las distintas fases de su desarrollo histórico y de su compleja configuración socio-territorial actual.(3

   Lo moderno-histórico designa un modelo de gestión urbana anclado en políticas públicas de ordenamiento territorial. En el AMBA, la ciudad moderna histórica ha sido el producto de los acuerdos establecidos entre la administración pública y el sector inmobiliario (por medio de ordenanzas y códigos), los cuales regularon el crecimiento urbano fijando límites al uso y apropiación de espacios públicos y privados. Se trata de un tipo de planeamiento en el que las iniciativas estatales consolidaron "...una ciudad pública constituida en su mayor parte por tejido residencial, en sus variantes de vivienda individual y colectiva…" (Mignaqui, 1999: 40). En la RMBA, el planeamiento moderno histórico hegemonizó la forma de construir ciudad durante la mayor parte del siglo XX, cuando el crecimiento de la ciudad y la metropolización fueron mediatizados por intervenciones urbanas de carácter público.

   La ciudad moderna reciente, en cambio, se ha conformado bajo un paradigma de intervención urbana caracterizado por la ausencia del Estado como regulador y promotor del desarrollo. Este modelo se instaló con fuerza en el AMBA a partir de las transformaciones espaciales, sociales, político-económicas y culturales, ocurridas en la década del 90 bajo un modelo de corte neoliberal —aunque ya se insinuaran en años anteriores(4)—, consolidando una ciudad privada que creció sin medidas explícitas que regularan el mercado inmobiliario metropolitano, ni garantizaran la oferta de servicios urbanos básicos o el control del saneamiento ambiental. En la ciudad privada se gestaron modalidades residenciales que no dependían de las políticas territoriales del Estado, sino de los mecanismos de rentabilidad de un capital asociado a múltiples actores privados —arquitectos, financistas, empresarios de la construcción, promotores y developers— siempre con la anuencia de las agencias estatales correspondientes (Mignaqui, 1999:40). Los cambios urbanos de la modernidad reciente se tradujeron, principalmente, en iniciativas de ennoblecimiento de barrios degradados (Abasto y Puerto Madero) y en procesos de descentralización residencial de los sectores medios-altos a través del auge de urbanizaciones cerradas.

   No obstante, y pese a las rupturas que podemos establecer entre lo moderno histórico y lo moderno reciente, cabe aclarar que los términos aluden a dos modalidades de planificación / gestión urbana generadoras de paisajes contrastantes que actualmente conviven, más que a etapas sucesivas e irreductibles en el tiempo.

Viviendas de interés social y urbanizaciones cerradas en el área metropolitana de Buenos Aires

   Una mirada fugaz por los escenarios residenciales a los que alude el precedente título situaría a cada uno de ellos en las antípodas.

   El complejo habitacional ubicado entre las Av. Roca y Lacarra, y entre las calles Mariano Acosta y Rodrigo de Triana —al lado del ex Ferrocarril Belgrano—, forma parte de las viviendas de interés social construidas con auspicio del FONAVI (Fondo Nacional de la Vivienda) bajo la modalidad del gran conjunto urbano en espacios centrales de la RMBA.(5) Edificado entre 1974 y 1979, el Conjunto Urbano Soldati fue concebido como un edificio único, un gran espacio de vivienda colectiva cuyos destinatarios principales fueron sectores de bajos recursos erradicados de villas de emergencia y realojados por obra pública. El emprendimiento, financiado con fondos del Banco Hipotecario Nacional, se organiza en torres articuladas en trama (entre 9 y 15 pisos) y torres articuladas en paralelo (entre 3 y 4 pisos).   

   Las urbanizaciones cerradas situadas en las proximidades del Km. 50 del Acceso Norte de la Autopista Panamericana- abarcan un amplio abanico de opciones destinadas a la ocupación permanente que incluyen, como componente principal, el cerramiento / privatización —por medio de marcadores territoriales (alambre o muro)— de un área de uso exclusivo para los residentes donde se concentran las viviendas y su entorno inmediato, y cuyo acceso es restringido a los propietarios y sus allegados.(6) La suburbanización de los sectores medios-altos que accedieron a los emprendimientos cerrados de la periferia fue posible mediante convenios entre desarrolladores privados (nacionales e internacionales), agencias inmobiliarias (Castex, Tizado, Bullrich, etc.) y bancos que otorgaron créditos (Bank Boston, City Bank, Banco Francés, etc.). 

   Pero una mirada más detenida nos permitiría descubrir la existencia de similitudes significativas entre estas dos modalidades del habitar tan dispares en términos de localización, población residente y tipo de intervención urbana.

   En efecto, tanto el Conjunto Urbano Soldati como las urbanizaciones cerradas bonaerenses se erigen como espacios residenciales compartidos claramente diferenciados del tejido circundante. En este sentido, la implantación de cada uno de ellos ha significado un fuerte impacto en la trama urbana original. Con sus cercos perimetrales y sus interiores opulentos cuidadosamente planificados, las urbanizaciones cerradas se distinguen en el deteriorado paisaje del conurbano, un paisaje estrechamente asociado a los sectores asalariados que auto-construyeron sus viviendas y accedieron a la propiedad mediante "loteos económicos". Aunque sin límites materiales, el Conjunto Urbano Soldati —con sus imponentes y descoloridas torres, sus puentes y pasillos laberínticos— resalta en el paisaje relativamente homogéneo del "barrio viejo"(7), cercado por los muros invisibles de la discriminación y la sospecha que pesa sobre sus residentes.(8) En tanto conjuntos compartidos, ambos cuentan con sectores e infraestructura de uso común (espacios para la circulación vehicular y peatonal, espacios verdes y equipamiento).

   Ambos emprendimientos retoman elementos característicos de la modernidad urbana, a saber: planificación, organización y racionalización del espacio. Tanto el complejo habitacional como las urbanizaciones privadas responden a proyectos urbanístico-arquitectónicos preconcebidos(9) y ordenados en áreas residenciales, comerciales, educativas y recreativas, áreas especializadas pero a la vez integradas entre sí. En los dos contextos, fieles a los ideales de la modernidad urbana, se han proyectado espacios para el encuentro de los residentes. Cada uno a su modo cuenta con sedes sociales, lugares donde cultivar la urbanidad entendida como una relación con la alteridad basada en actitudes de respeto y aceptación (Giglia, 2000).

   Por último, cabe destacar que el diseño laberíntico interno de ambas modalidades del habitar rompe con la cuadrícula tradicional trazada por los españoles y continuada por los distintos gobiernos metropolitanos. Los pasillos y puentes del conjunto Soldati, así como las calles curvilíneas de las urbanizaciones cerradas, se distancian del damero bajo el cual se conformó la ciudad tradicional. La homogeneidad arquitectónica recorre los dos emprendimientos diferenciándolos aún más del "afuera": torres y tiras paralelas idénticas en Soldati, casas por catálogo o sistema housing(10) en las urbanizaciones de Pilar.(11)

   Tanto en el complejo habitacional Soldati como en las urbanizaciones cerradas bonaerenses, los habitantes elaboran construcciones simbólicas que se superponen a lo físico-construido, representaciones sociales que nacen de las experiencias de lo vivido, afectando los usos del espacio urbano y mediatizando las relaciones que se tejen en estos lugares de cohabitación (Silva, 1992). A continuación, presentaremos las primeras elaboraciones surgidas a partir del análisis de las imágenes y representaciones que construyen los actores sociales vinculados a cada uno de estas modalidades del habitar.    

Imaginarios de contaminación y peligro en las zonas rojas

   En la memoria urbana de los residentes del complejo habitacional Soldati —especialmente de aquellos entrevistados que se cuentan entre los primeros habitantes— ha permanecido imborrable el recuerdo de los años iniciales, cuando las primeras tiras se construyeron al lado de la quema de basura que funcionaba donde hoy se ubica el Parque Roca. Varios interlocutores han comentado lo difícil que era vivir con el humo permanente del que emanaba un olor tan penetrante que:

"… todas las moscas se te venían juntas en cuanto bajabas del colectivo en Roca y Acosta, además, en lo que hoy se conoce como 'bajo autopista' había aguas estancadas, por eso se hablaba del pantano." (S. y J., residentes del Conjunto Urbano Soldati —CUS—, noviembre de 2003)(12

   Aunque la quema haya desaparecido, la contaminación y la impureza ambiental que marcaron al Conjunto Urbano Soldati desde sus comienzos han perdurado en el tiempo como una impronta que se resignifica en el deterioro y la peligrosidad que parecen caracterizar actualmente al complejo. El discurso oficial no deja lugar a dudas: el barrio fue declarado en estado de emergencia edilicia y ambiental en agosto de 2001. Con sus paredes agrietadas y desmoronadas "que jamás ven el sol" (testimonio de un residente), sus hierros oxidados, sus interiores fríos y húmedos, el conjunto posee la marca indeleble del abandono que llevó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a la declaración comentada. Nada nuevo bajo el sol, la ex-Comisión Municipal de la Vivienda (hoy Instituto de la Vivienda) no hizo más que certificar lo que los residentes ya sabían:

"… caminamos por pasillos internos del complejo que están destruidos. La residente D. me muestra un pedazo grande de cemento que se desprendió de la estructura: 'no se mató nadie de casualidad, seguro que si se cae un balcón en Palermo lo arreglan enseguida y encima van los medios', me comenta." (Registro de campo, encuentro con D —residente del CUS—, noviembre de 2003)

   La resolución municipal quedó en la nada y muchos de los habitantes entrevistados han manifestado su intención de irse, si no lo hacen es porque no pueden ya que los departamentos se alquilan o venden "a un precio regalado" fuera del mercado inmobiliario:

"… el día que pueda yo me voy a ir, si algún día tengo hijos no sé si quiero que crezcan acá." (T., residente del CUS, noviembre de 2003)

   La discriminación de la que se sienten parte los habitantes es particularmente fuerte en relación a los vecinos del barrio viejo. En este sentido, la calle M. Acosta —que separa al complejo del barrio de casas de Villa Soldati— pareciera operar como una "frontera" tanto para quienes viven de un lado como del otro, con mayor o menor grado de rigidez según los interlocutores:

"… nosotros les compramos en los negocios, en las ferreterías, consumimos en el barrio, y nunca nos tienen en cuenta para nada, yo fui hace poco a unas reuniones que hicieron para organizar unos eventos y estaba todo en manos de los mismos viejos de siempre que lo único que quieren hacer son misas y cosas con la iglesia, no les dan cabida a nuestros jóvenes del barrio." (D., residente del CUS, noviembre de 2003)

 "… al barrio Soldati lo arruinó el complejo (…) si vos me preguntabas antes si yo me quería ir de Soldati te decía que no, pero ahora te digo que si (…) toda la gente buena del complejo ya se mudó, y los que nos se fueron es porque no pueden." (Matrimonio residente en el Barrio Viejo, noviembre de 2003)

   En relación a este punto es interesante resaltar que durante el mes de noviembre de 2003 —momento en el cual fueron realizadas estas aproximaciones exploratorias al campo—, con motivo de festejarse los 95 años de Villa Soldati, se aprobó oficialmente el escudo que identifica al barrio: en el emblema están representados el Parque Roca, la famosa torre del Parque de la Ciudad, la estación de tren y la iglesia Cristo Obrero. El complejo, en cambio, ineludible dado que su gran densidad poblacional alteró el perfil urbano del viejo vecindario, ha sido omitido.

   Los procesos de estigmatización que pesan sobre el complejo habitacional implican la atribución de características negativas y desacreditantes a sus residentes, produciendo y reactualizando distinciones nosotros-ellos (Goffman, 1989) que operan dentro y fuera del mismo:

"… familias bolivianas se mudaron al complejo en los últimos años: vinieron con una mano atrás y otra adelante y ahora andan en 4x4, eso no se hace trabajando si no con la droga (…) muchos bolivianos viven en la semana en el complejo porque tienen ahí sus aguantaderos y los fines de semana se van a sus casas con pileta." (Matrimonio residente en el Barrio Viejo, noviembre de 2003)

"… es muy difícil querer hacer cambios y cosas en este lugar, el complejo se está fuerte-apachizando, ya no va a quedar nadie potable (…) acá si los hombres no tienen sida o no estuvieron presos o no se drogan pareciera que no son hombres." (L., residente del CUS, noviembre de 2003)

   En más de una ocasión, los propios residentes nos han comentado que el complejo se estaba "fuerte-apachizando". Esta imagen-proceso parece operar como una "categoría local" que generaliza y homogeneiza al conjunto de la población residente. Los monobloques de "Fuerte Apache"(13) se erigen como la representación ominosa de un futuro posible hacia el cual se encaminan.

   La metáfora de la zona roja ha sido utilizada por varios interlocutores para referirse a un territorio marcado sobre el cual se construyen procesos de estigmatización que suponen la clasificación y calificación de determinados sujetos sociales y de los espacios que ocupan:

"… la salita de salud no está abierta las 24 hs. porque para la policía se trata de una zona roja. Los remises sólo te llevan hasta Mariano Acosta y Av. Cruz, tampoco entran las ambulancias (…) Yo tuve un pico de presión una madrugada, la ambulancia que pedí entró con patrulleros y la médica subió con policías. Solamente los grupos especiales GEO y Halcón se animan a entrar a Soldati. Además si decís que sos de Soldati es más difícil conseguir trabajo." (L., residente del CUS, noviembre de 2003)

   Los registros de campo ponen de manifiesto que el miedo se ha transformado en un componente de la vida cotidiana de los habitantes, afectando prácticas y representaciones vinculadas a la movilidad dentro del complejo y al uso de sus espacios. Podemos definir al miedo como aquel sentimiento que experimenta un individuo ante el reconocimiento de un peligro real o imaginario, producido por estímulos o representaciones mentales que el sujeto identifica como amenazantes. Este sentimiento alude al temor o rechazo, experimentado por actores sociales situados, que se activa ante determinadas figuras, personajes, espacios, prácticas, relatos e imágenes (Niño Murcia, 2002).

   En este sentido, el temor a la figura de los jóvenes/adictos y a los espacios del complejo frecuentados por ellos, especialmente los puentes que comunican a las torres entre sí y en los que es común el pago de "peajes", son las personas y espacios más temidos.(14) Por estos motivos, los recorridos que los residentes realizan dentro del conjunto urbano parecen contemplar la evitación de ciertos sectores. En una caminata por lo que los residentes denominan el "corazón del complejo", J. me recomendaba:

"… acá de noche ni se te ocurra, y menos sola, acá paran muchos chicos que se falopean. Le pregunto cómo hace la gente que llega tarde por trabajo o estudio, me dice que con los del barrio son bastante cuidadosos, pero hasta ahí." (Registro de campo, encuentro con J. —residente del CUS—, noviembre de 2003)

   Un profesional del centro de salud y acción comunitaria situado en una esquina del complejo se explayaba en términos similares:

 "… por las calles externas podés caminar tranquila, incluso vas a ver que es muy transitado, pero por dentro te encontrás con ascensores y pasillos que no tienen luz, uno se mueve con una falsa sensación de seguridad y no es así, no da para mandar a las chicas que trabajan con nosotros [en referencia a las asistentes sociales]." (Dr. F, septiembre de 2003)

    Mientras que los residentes del complejo se acercan por diversos motivos a lo que ellos denominan la "salita" (consultas médicas, vacunación, entrega de leche en polvo para los hijos menores más pequeños), los profesionales de la salud no suelen salir a recorrer el complejo. Esto es vivenciado como una situación injusta por los residentes, pero comprendida en función de una peligrosidad que aumenta de noche.

   Como hemos visto en este primer acercamiento a las voces de algunos de los hombres y mujeres que pueblan el Conjunto Urbano Soldati, tanto las características de lo físico-construido como las experiencias urbanas de los residentes se traducen en configuraciones de sentido que, vinculadas a la contaminación y el peligro, contribuyen a la construcción simbólica del complejo como un "enclave" impenetrable: peligrosamente homogéneo, estigmatizado por los residentes y no-residentes, desvinculado de su entorno, el Conjunto Urbano Soldati parece recordarnos el fracaso que han significado estas mega-viviendas sociales en términos de la calidad de vida de los sectores populares.(15) Sin embargo, una visión exclusivamente homogeneizante no respetaría una de las mayores riquezas de la tarea etnográfica, a saber, la posibilidad de romper con los estereotipos. Queda entonces como desafío para los próximos análisis, recuperar las prácticas, representaciones e imaginarios contradictorios y en disputa que elaboran los residentes del complejo. 

Imaginarios de la pureza en las zonas verdes

   En contraposición a las representaciones sociales vinculadas a la contaminación y el peligro que construyen a los conjuntos habitacionales de los sectores sociales de bajos recursos como zonas rojas; la naturaleza aparece como uno de los referentes más importantes que se ponen en juego en la producción simbólica de las urbanizaciones cerradas bonaerenses como zonas verdes.

   En estos novedosos espacios locales destinados a la residencia permanente de sectores medios-altos, la naturaleza —asociada a la existencia de espacios verdes compartidos donde realizar actividades recreativas y deportivas— se presenta como un ingrediente central de los imaginarios y vivencias de sus habitantes:

"Verde por aquí, verde por allá... Pilar del Este, una superficie de 550 hectáreas de tierras altas y arboladas, donde se desarrollan un conjunto de barrios privados. Un lugar creado para que sus habitantes accedan al confort de una ciudad viviendo en plena naturaleza". (Folleto del mega-proyecto Pilar del Este — Ciudad Verde)

   A diferencia de lo que sucede con la mayoría de las transformaciones urbanas, el auge de los emprendimientos cerrados fue rápidamente captado por los medios gráficos. La aparición de suplementos semanales en los principales diarios argentinos acompañó el auge del fenómeno, contribuyendo fuertemente a la construcción y legitimación de una modalidad residencial que encontró en el referente "naturaleza" uno de sus más significativos núcleos de sentido (Lacarrieu, 2002). Las imágenes "oficiales" elaboradas desde los desarrolladores y comercializadores resaltan la presencia de este recurso que permitió recuperar, para los sectores medios-altos, espacios abandonados de la periferia. La naturaleza así concebida ha sido transformada en un cuadro estéticamente deseable y en una estrategia reparadora de la periferia degradada, tradicionalmente asociada a los sectores populares:

"Un lugar aparte. Lejos de todo lo que usted quiere alejarse. Cerca de las mejores cosas de la naturaleza y de la vida. Por sus dimensiones, parado en cualquier punto de La Isla, usted podrá mirar a su alrededor, en todas las direcciones, sin que sus ojos tropiecen con ningún obstáculo más que con la naturaleza. El 40% de la superficie del barrio son espacios verdes o de uso común. Con bosques de forestación variada y planificada, especie por especie, para lograr una particular armonía de alturas y colores". (Folleto de mega-emprendimiento Estancias del Pilar)

   Las publicidades son particularmente insistentes en su afán por destacar el importante proceso de revalorización que significa para la zona el establecimiento de una urbanización cerrada. El barrio cerrado Solares de Talar (Pacheco) se alza en tierras antes ocupadas por un baldío, "De mendigo a millonario" se titula un artículo que promociona y refuerza el mencionado proceso de recualificación.(16) Otras publicidades también son elocuentes en este sentido: el terreno de 250 ha del Parque Las Naciones (Guernica): "… Hace 50 era una gran bañado que se inundaba con las primeras lluvias. Construir un barrio privado allí parecía utópico";(17)en el club de campo Buenos Aires Golf (Acceso Oeste): "…las antiguas tosqueras que se utilizaron para la construcción de la Autopista del Buen Ayre se convirtieron hoy en un escenario único."(18)

   Consideramos que al recurrir a la presencia de la "naturaleza" y del "verde" como los principales elementos de valor y distinción de estos emprendimientos, las urbanizaciones cerradas retoman y modifican dos elementos que ya estaban presentes en los debates urbanos que acompañaron el proceso de formación de la ciudad moderna de Buenos Aires, hacia fines del siglo XIX. En el marco de estas discusiones fue de gran importancia el modelo de ciudad propuesto por Sarmiento, el cual se plasmó en su proyecto del Parque de Palermo (presentado en el año 1874) como parque central y sede de actividades productivas, sociales y educativas. Sarmiento fue un heredero de la premisa iluminista que subrayaba las virtudes educativas del espacio urbano, cambiar la ciudad implicaba cambiar la sociedad y su proyecto de nueva metrópolis condensado en el Parque de Palermo remitía a un modelo sociocultural que marcaba el triunfo de la civilización sobre la barbarie, de la libertad y el progreso sobre la tiranía. Como las actuales urbanizaciones cerradas del conurbano, Palermo era un bosque excéntrico a la ciudad-tradicional ya que se ubicaba en la periferia de una Buenos Aires que por aquel entonces no se extendía más allá de Barracas al sur y Flores al oeste. Palermo instaló el debate en torno a la necesidad de generar espacios verdes con el propósito de higienizar la crecientemente congestionada ciudad moderna y crear nuevos hábitos que regenerasen las conductas desviadas.

   Sin embargo, en el nuevo contexto de las urbanizaciones cerradas, la presencia de la naturaleza es reconfigurada en aras de un proyecto de base residencial muy diferente al del parque como modelo político colectivo. Mientras que en la concepción sarmientina, la naturaleza estaba al servicio de la creación de un espacio público productor de ciudadanos, y por lo tanto, con ciertas aspiraciones de nivelación e igualdad social; en manos de los desarrolladores, comercializadores y residentes de las emprendimientos privados, el verde es puesto al servicio de la conformación de un espacio privado que acentúa la segregación y que responde a un proceso de alta selectividad social.

   De lo que antecede se desprende que el recurso al verde / naturaleza responde a una estrategia doblemente purificadora. Por un lado, se trata de construir territorialidades nuevas y recualificadas en el marco de una periferia abandonada. Por otro lado, a esta estrategia de purificación hacia "afuera" debemos sumar una hacia "adentro". En este sentido, este recurso también permite la purificación de los vínculos sociales que se construyen dentro de los emprendimientos (Lacarrieu, 2002), reforzando un retorno hacia anclajes locales (el cuerpo, la familia, la casa). Así, la naturaleza se transforma en la marca distintiva de este tipo de opciones y es un argumento que los residentes esgrimen con frecuencia como principal motivo del habitar en una urbanización cerrada:

"Hay una onda espectacular. Acá la gente se vuelve más transparente. No hay roces ni problemas por pavadas. Quizás tenga que ver con el aire y con la tranquilidad del lugar" (Testimonio de residente de barrio privado. En: Clarín, Suplemento "Countries", 11/11/2000).

"... ver a mi nieto jugando, hacer comidita con pasto con florcitas como cuando era chica que no tenía la televisión me parece fantástico, eso me parece lo natural, que no necesiten juguetes que pidan una colcha y dos palos y hagan una casita eso me parece bárbaro, que aprendan a nadar desde que son así, no sé, eso para mi es lo más natural no el chico de ciudad y nada de televisión, que se conoce todos los artistas todos los programas, un horror" ( S., residente del barrio cerrado Senderos II, 2002)

    La naturaleza y el deporte, recreados en el discurso de los residentes y constituidos en imágenes publicitarias de estos emprendimientos, son dos estrategias mediadoras y purificadoras de las relaciones sociales que se establecen en el adentro. Ambas conforman un binomio que facilita la relación con los "otros" internos a la urbanización, repara la relación con la ciudad degradada y reestablece el equilibrio personal:

"… tranquilidad, conectarme con lo que es la tierra, con otras cosas que no es solamente la parte intelectual y eso también me va llevando a conectarte con el otro, en lo que yo hago es difícil llegar y desconectarse y engancharte con tu hijo que tiene otras necesidades, mamá ayúdame en matemáticas y yo estoy cansada y me parece que empezar a cambiar eso parte de la naturaleza, es volverte a los pies sobre la tierra." (J., residente del barrio cerrado Ayres de Pilar, 2002)

   La presencia de la naturaleza y el deporte es un núcleo de referencia ineludible a la hora de caracterizar internamente a las urbanizaciones cerradas y se ha construido a su alrededor un discurso homogéneo y ampliamente compartido por los empresarios, los medios y los mismos residentes. En síntesis, la construcción de las urbanizaciones cerradas periféricas como zonas verdes es producto de un imaginario de la pureza, anclado en la naturaleza como estrategia generadora de espacios "sanos" y de relaciones sociales aparentemente "armónicas", que oscurece los muchos conflictos que se generan dentro de este tipo de urbanizaciones (en relación al refuerzo de las medidas de seguridad, al uso de los espacios comunes, a la gestión de los servicios, etc.).

A modo de cierre

   A lo largo de este trabajo hemos intentado iniciar una reflexión en torno a las prácticas y representaciones sociales desplegadas por actores involucrados en la constitución de dos espacios residenciales compartidos. Retomando los planteos de Rockwell (1989), hemos iniciado un trabajo etnográfico sobre dos realidades sociales recortadas en el ámbito de la vivienda y delimitadas en tiempo y espacio, con el propósito de describir su particularidad.(19

   Hemos comenzado caracterizando a cada una de estas modalidades del habitar como exponentes del planeamiento urbano moderno, tanto en su expresión histórica como reciente. Los datos sobre las vivencias, experiencias e imágenes evocadas por los residentes de las modalidades del habitar seleccionadas, y elaborados a lo largo de un trabajo de campo, nos han permitido realizar un análisis por comparación/confrontación en torno a un mismo objeto —los imaginarios urbanos—. De este modo, hemos diferenciado entre un imaginario de contaminación / peligro a través del cual los habitantes del complejo habitacional Soldati se representan su barrio; y un imaginario de pureza desde el cual se constituyen simbólicamente las urbanizaciones periféricas. La metáfora de las zonas verdes y las zonas rojas nos ha permitido pensar estos dos universos residenciales que integran una región metropolitana profundamente desigual.(20

   En este sentido, consideramos que la metáfora también será útil para reflexionar sobre ambos tipos de hábitat en términos de diferentes situaciones de segregación. Los procesos de segregación aluden a una organización del espacio en zonas con fuerte homogeneidad social interna y fuerte disparidad social entre ellas, una disparidad comprendida no solamente en términos de diferencia sino también de jerarquía. En relación a este punto será importante distinguir la situaciones de segregación que resultan de una exclusión padecida o impuesta (conjuntos urbanos y villas de emergencia —abiertas a la mirada de todos pero aisladas por los muros invisibles de la pobreza, el estigma y la discriminación—), de aquellas situaciones de auto-exclusión que responden a una dinámica voluntaria de agregación, tal es el caso de las urbanizaciones cerradas.

   Sin embargo, creemos que ni las zonas rojas que padecen la segregación ni las zonas verdes que responden a un proceso de segregación voluntaria conforman territorios perfectamente delimitados y encapsulados sobre sí mismos. Constituye un desafío a futuro pensar a cada uno de estos territorios como espacios heterogéneos en los que se entrecruzan conflictos y apropiaciones diferenciadas, como zonas de contacto donde se entrecruzan moralidades contradictorias, mundos que se aproximan que son parte de un mismo mundo por más que se encuentren irremediablemente apartados (Arantes, 1994).

   Los años transcurridos entre la construcción del Conjunto Urbano Soldati en la década del 70 y el auge de las urbanizaciones cerradas en los años 90, asistieron a la consolidación de un paradigma neoliberal que reconfiguró las relaciones entre lo público / privado, y modificó las formas de planificar / gestionar la ciudad. En ese lapso se agudizaron los procesos de desigualdad y segregación socio-espacial vigentes en el AMBA, generando paisajes urbanos tan contrastantes como los que han sido objeto de este trabajo. Mientras que los espacios de vivienda popular son demonizados por medio de imágenes de riesgo, peligro y marginalidad; surgen las urbanizaciones cerradas como territorialidades purificadas en el seno de una periferia cada vez más empobrecida.

   Es indudable que las ciudades del presente se constituyen de manera compleja entre procesos diferentes, conflictivos y simultáneos (Lacarrieu, 1998). La distinción entre zonas rojas y verdes ha pretendido contribuir al análisis de estos complejos procesos urbanos que atraviesan nuestra contemporaneidad.

Notas

1) Este término designa a una vasta región que comprende tanto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires —casco central del área— como a los 24 partidos del Gran Buenos Aires o conurbano bonaerense, más allá de los cuales se extiende el interior de la provincia de Buenos Aires (Torres, 2001). Es entonces en virtud de esta delimitación centro / periferia que calificaremos como centrales a los espacios residenciales escogidos en la ciudad de Buenos Aires —Conjunto Urbano Soldati— y como periféricos a los seleccionados en el conurbano —urbanizaciones cerradas localizadas en torno al Km. 50 del partido de Pilar—.

2) En esta ponencia recurrimos indistintamente a los términos conjunto urbano y complejo habitacional para referirnos a la modalidad residencial escogida en el barrio de Villa Soldati. Del mismo modo, urbanización cerrada y urbanización privada son utilizados como sinónimos para designar los espacios del habitar del partido de Pilar (barrios cerrados y mega-emprendimientos). También alternaremos las siglas AMBA y RMBA para aludir a la aglomeración urbana donde desarrollamos la investigación.

3) Esta autora utiliza el concepto de ciudad moderna histórica / antigua en relación a las urbes construidas entre 1750-1900 alrededor de un centro político-financiero caracterizado por la monumentalidad arquitectónica de sus edificios, y al que se yuxtapone el paisaje vernacular de la sociedad local (barrios, fábricas, inquilinatos) —son los casos de Nueva York, Londres y París—. El término ciudad moderna reciente alude las metrópolis edificadas entre 1900-1950, tales como Miami o Los Angeles, en las que prima un modelo suburbano y descentralizado. A lo largo de este trabajo retomamos estos sugerentes conceptos para referirnos a las dos expresiones del planeamiento urbano moderno que subyacen en cada uno de los espacios residenciales compartidos que han sido seleccionados para esta investigación, tanto en el centro como en la periferia de la Región Metropolitana de Buenos Aires. Otros autores han definido al planeamiento urbano moderno reciente en términos de ciudad global (Sassen, 1999) o ciudad posmoderna (Amendola, 2000).

4) Muchas de las transformaciones urbanas ocurridas en el AMBA en la década del 90 deben verse como continuación de las medidas adoptadas bajo la última dictadura militar (1976-1983).

5) Probablemente, los más conocidos complejos habitacionales edificados bajo esta modalidad en la Ciudad de Buenos Aires son las famosas torres de Lugano I y II, rebautizadas como General Savio I y II. De hecho, varios residentes del Conjunto Urbano Soldati se han quejado por el mayor "reconocimiento" de sus vecinos.

6) El término urbanizaciones cerradas engloba a una amplia gama de opciones: barrios cerrados, mini-barrios, mega-proyectos, barrios de chacra, estancias, y clubes de campo o country club. En este trabajo, nos centramos en aquellas urbanizaciones que adoptaron la forma de barrios cerrados o mega-emprendimientos (ciudades privadas, ciudades verdes, pueblos privados, etc.) situados en las cercanías del Km. 50 de Pilar, por ser las más representativas de los años 90.

7) Tal es la denominación mediante la cual los residentes del complejo se refieren al barrio de Villa Soldati que los contiene.

8) Es indudable que el Conjunto Urbano Soldati comparte esta suerte con otras modalidades del hábitat popular (villas, asentamientos, casas tomadas), igualmente estigmatizadas.

9) En este punto retomamos la distinción entre urbanismo y arquitectura establecida por Peter Hall (1998). Mientras que el primero remite a la planificación de la ciudad teniendo en cuenta la distribución de la población, los usos del suelo, la contaminación, etc., la arquitectura hace referencia a la forma visual y estética de las construcciones.

10) El sistema housing o de casas-modelo que imponen los emprendedores para abaratar los costos influye en la uniformidad arquitectónica que caracteriza a muchas urbanizaciones cerradas.

11) La estandarización de la arquitectura es otro de los elementos característicos del planeamiento urbano moderno que reencontramos en estos espacios residenciales de la modernidad histórica y reciente.

12) Para resguardar la privacidad de los entrevistados utilizamos iniciales para identificarlos. Las letras seleccionadas no tienen ninguna relación con sus nombres reales.

13) Tal es el nombre con el cual se conoce al barrio "Ejército de Los Andes", un conjunto de monobloques situado en la localidad de Ciudadela y construido por la misma firma de arquitectos que realizó el complejo Soldati. La "fama" de barrio peligroso e irrecuperable llegó a su punto máximo cuando fueron demolidas algunas de sus torres. Cabe acotar en relación a este punto que cuando muchos de los residentes entrevistados en el complejo Soldati rememoran las jornadas de diciembre de 2001, afirman haber temido una "invasión" de saqueadores de Fuerte Apache, manifestando así un miedo que se generalizó por aquellos días entre los habitantes de la RMBA. 

14) No está de más señalar que la figura más odiada por la mayoría de los residentes, aunque no la más temida, parecen ser los vendedores de droga: por lo general no son ellos los que salen a robar, a veces ni siquiera son grandes consumidores, pero son los responsables de "arruinar a los jóvenes".

15) Por supuesto que el fracaso de estos emprendimientos debe entenderse en el contexto de otro mayor: la imposibilidad de construir una ciudad / sociedad justa en un contexto de capitalismo neoliberal.

16) Fuente: Diario Clarín, Suplemento "Countries", 26/12/98.

17) Fuente: ídem.

18) Fuente: Diario Clarín, Suplemento "Countries", 19/12/98.

19) "A pesar de toda la reflexión crítica y los problemas de polisemia, conservo la palabra etnografía. Proviene de la antropología, donde tiene varios sentidos, de los cuales retomo el que se refiere al proceso y al producto de investigaciones antropológicas sobre realidades sociales delimitadas en tiempo y espacio, cuyo fin es la descripción (grafía) de su particularidad (etnos en el sentido de otredad). (Rockwell, 1989).

20) Por cierto, una estrategia etnográfica como la que aquí hemos empleado no pretende —ni puede— generar un conocimiento completo de espacios residenciales de tan gran tamaño. Es indudable que nuestro abordaje deberá recurrir a datos cuantitativos que complementen la perspectiva propuesta.

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