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Cuadernos de antropología social

versión On-line ISSN 1850-275X

Cuad. antropol. soc.  n.26 Buenos Aires ago./dic. 2007

 

Antropología Económica y Ecológica: recorridos y desafíos disciplinares

Hugo Trinchero,* Alejandro Balazote** y Sebastián Valverde***

* Doctor en Ciencias Antropológicas. Profesor titular regular de la cátedra Antropología Sistemática II (Antropología Económica). Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Dirección electrónica: hugotrinchero@filo.uba.ar
** Doctor en Ciencias Antropológicas. Profesor titular regular de Antropología Rural y profesor titular de Antropología Sistemática II (Antropología Económica). Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Dirección electrónica: abalazot@fibertel.com.ar
*** Doctor en Ciencias Antropológicas. Profesor auxiliar regular de la cátedra Antropología Sistemática II (Antropología Económica) e investigador del CONICET. Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Dirección electrónica: svalverde@filo.uba.ar

Breve recorrido histórico de la antropología económica en argentina

En la historia de la revista Cuadernos de Antropología Social por segunda vez presentamos un número cuyo dossier temático está dedicado a Antropología y Economía , esta vez incluyendo a Ecología. La primera compilación dedicada a esta temática (N° 6, de 1992), reunía diversas contribuciones que expresaban la producción de los equipos que iban consolidándose con el proceso de reapertura democrática. También constituye un antecedente el dossier temático Procesos de transformación y precarización social coordinado por nuestro equipo en el año 2002 (N° 15).

Las transformaciones acaecidas en estos años en el contexto socioeconómico y político en que se inserta la ciencia antropológica no son pocas, y han afectado de una u otra manera los campos disciplinarios que aquí convergen. Por ello, el recorrido que efectuaremos en estas páginas abarca las últimas tres décadas.

La historia de la Antropología Económica en Argentina es una historia reciente. Su suerte estuvo siempre ligada a la de la Antropología Social y, como se sabe, ésta fue duramente ignorada y perseguida dentro de los campos académicos durante los autoritarios y militarizados años anteriores a 1983. Con el retorno de la democracia, en las diferentes universidades donde se dicta la carrera de Antropología se efectuaron reformas curriculares contemplando materias con una clara orientación hacia la Antropología Social, entre ellas Antropología Económica. Así es como fueron consolidándose los diferentes equipos de docentes e investigadores, y comenzaron a desarrollarse las primeras investigaciones locales. Esto explica que a mediados de los '80, el escenario disciplinar local mostrara una Antropología Económica pujante y vigorosa, que abrevaba en distintas concepciones teórico-metodológicas. Las temáticas abordadas incluían la reproducción de sectores populares urbanos, las estrategias campesinas, la dinámica de las unidades domésticas, la economía informal, etc.

Durante estos primeros años la producción teórica y la reflexión crítica sobre las categorías utilizadas estuvieron relegadas, tendencia que comenzó a cambiar a principios de los años '90. En 1992 se publicaron dos libros compilados por Hugo Trinchero (Antropología Económica: Conceptos fundamentales I y II) y un dossier temático en Cuadernos de Antropología Social N° 6. Con respecto a los dos volúmenes, en ellos se abordaron temáticas históricas y conceptuales tales como el fundante debate entre formalistas y sustantivistas; la racionalidad económica; la utilización de conceptos marxistas como la subsunción de los procesos de trabajo en el capitalismo periférico, y las categorías de Modo de Producción y Formación Económica Social. También se abordaron conceptos como renta de la tierra y la dinámica de los grupos domésticos en relación al capital. El dossier temático de Cuadernos consistió en el análisis de estudios de caso y en la contrastación de categorías aplicadas a procesos de investigación locales. En esta misma línea, en el año 1995 el mismo equipo de investigación publicó con la edición de Hugo Trinchero el libro “Producción doméstica y capital. Estudios desde la Antropología Económica”.1 Seguidamente, en 1998 el mismo autor publica “Antropología Económica. Ficciones y producciones del hombre económico” abocado al análisis de los sujetos sociales producidos tanto desde el campo antropológico como desde el económico, retomando las líneas de investigación delineadas en los primeros trabajos. Más reciente en el tiempo, y continuando con estos abordajes teóricos, en este año 2007 se ha publicado el libro de Alejandro Balazote “Antropología Económica y Economía Política” cuya reseña se incluye en este número de Cuadernos.

Paralelamente al desarrollo y la consolidación de la Antropología Económica que tuvo lugar en estos años, se dieron múltiples transformaciones como resultado de la aplicación del modelo hegemónico. Por un lado, las nuevas condiciones socioeconómicas implicaron una nueva realidad en cuanto a las problemáticas de estudio abordadas. Pero a la vez se plantearon al calor del auge neoliberal los discursos que pregonaban el “fin de la historia” y “de las ideologías”, y hasta tuvimos nuestra versión casera que auguraba “el fin de la antropología”.

No consideramos un escepticismo ingenuo la funcionalidad de tales planteos, que tendieron a diluir la especificidad de la Antropología Económica. De hecho, en el ámbito local muchos autores abrazaron con entusiasmo estas posturas y consideraron “perimido y reduccionista” el núcleo de ciertas preguntas fundantes del hacer teórico de la Antropología Económica (Balazote, 2007).

Tampoco podemos ocultar la línea de continuidad entre estas afirmaciones y los paradigmas propios de la escuela hegemónica durante la última dictadura militar, la Etnología fenomenológica, que tanto desprestigio produjo en nuestro ámbito al sostener que hacer Antropología Económica en particular y Social en general implica una “reducción” de la cuestión social y cultural a cierto economicismo y/o sociologismo. Relación que podemos remarcar considerando la enorme influencia que dicha corriente nativa tuvo (y aún tiene) sobre las políticas que interpelan al quehacer antropológico (Trinchero, 2007a).

Pero lejos de las previsiones que auguraban el fin de la historia, hacia el final de los '90 se harían particularmente palpables los efectos del modelo económico imperante. En aquel momento, las investigaciones en Antropología Económica tuvieron que afrontar un claro desafío que consistía en procesar y analizar las nuevas condiciones socioeconómicas emergentes de la crisis. Es en este contexto que debe circunscribirse el dossier temático publicado en el año 2002 en Cuadernos de Antropología Social , el cual versaba sobre los procesos de transformación y precarización social ”.

La redefinición teórica efectuada en estos años no sólo tuvo que contemplar una nueva lectura crítica de la producción gestada en ámbitos externos, sino que además debió propiciar la elaboración de instrumentos teórico-metodológicos que permitieran dar cuenta del nuevo escenario. Prácticas estatales, políticas públicas, diseños de estructuras arancelarias, la definición del tipo de cambio, los criterios de distribución del ingreso y, por sobre todo, la reformulación del modelo de acumulación, no eran entelequias lejanas en las cuales se desarrollaban los procesos que se investigaban, sino que constituían elementos centrales para dar cuenta de las condiciones de vida, las estrategias implementadas y las representaciones formuladas por los distintos sectores sociales afectados por la crisis.

En este sentido, resulta emblemático que una parte importante de las investigaciones efectuadas en estos años desde la Antropología Social y Económica remitan a un objeto de estudio etnográfico particularmente caro a la disciplina en el ámbito local a partir de lo que expusimos en estás páginas: los pueblos originarios .

Los desafíos actuales para la antropología económica

El recorrido de estos años nos permite aseverar que son múltiples los desafíos que hoy tiene la Antropología Económica, así como los aportes que puede efectuar a la antropología en particular y a las ciencias sociales en general. En este sentido, las respuestas que debe brindar la Antropología Económica ante tal panorama disciplinar no son sólo teóricas sino también metodológicas y epistemológicas. Por ello, no se trata de justificar neciamente su necesidad y validar su existencia, sino de reformularla y constituirla como un instrumento central para el análisis de nuevas realidades.

El primer desafío disciplinar a destacar es que si hay una especialidad de la Antropología que puede y a la cual le atañe dar cuenta de las limitaciones del economicismo en el análisis social es precisamente la Antropología Económica, por dos sencillas razones: la primera, porque al discutir críticamente las categorías y conceptos que recorren las ciencias económicas toma distancia de sus límites teórico-metodológicos (como de aquellas fronteras propias de las corrientes Antropológicas), y la segunda, porque desde el relativismo como instancia analítica de la mirada antropológica es posible alejarse de la emergencia de “lo económico” como discurso único, como metadiscurso que pretende imponerse en la inteligibilidad de las prácticas sociales, según el relato monumentalista del neoliberalismo, asociado a las tradiciones subjetivistas de la economía hegemónica. Por esto, consideramos que la investigación y el estudio de la Antropología Económica deben, por un lado, superar los alcances de sus propias restricciones, aquellas que le asignaban el tradicional rol de estudio de los fenómenos económicos en las denominadas “sociedades etnográficas”. Pero al mismo tiempo, debe discutir aquello que connotamos como “lo económico” entendiendo que ello no se nos presenta como un campo claro y predefinido, sino atravesado por modos diferentes de indagar las relaciones sociales (Trinchero, 2007a).

En directa relación con lo aquí expuesto, el segundo gran desafío para la Antropología Económica no es ya analizar la versión antropológica de la economía de los “pueblos primitivos” , de los campesinos y de los pobres urbanos, sino formular una práctica teórico-metodológica que posibilite el comprender procesos históricos cuya totalidad es imposible de separar. Por esto el reto es profundizar en el análisis dialéctico entre lo general y lo particular, ahondando en el uso de categorías que permitan superar los dualismos entre enfoques “micro” y “macro” , entre muchas de estas lecturas polarizantes, como los que también podemos establecer entre “economía” y “sociedad”, entre muchos otros. Coincidimos con Narotzky (2004) cuando sostiene que “estos dualismos se han convertido en el principal obstáculo para la comprensión de los procesos sociales que sustentan la vida” (2004:14).

Múltiples son los factores que han llevado en estos años a analizar en términos dialécticos esta relación, trascendiendo el análisis de los procesos globales como un “mero contexto”.

Por un lado, las nuevas condiciones sociales produjeron una particular preocupación en torno a estos aspectos, alimentada por un lado por el “proceso globalizador” que resultaba omniexplicativo y conducía a no diferenciar causas de efectos ni a reparar debidamente en los aspectos históricos locales y regionales (Balazote, 2007). A la vez las modas subjetivistas que han pretendido permanentemente re-presentar un supuesto “rescate” del sujeto ocultando toda mirada (creemos que no inocentemente) sobre la totalidad social, también han llevado como reacción a preguntarse por esta relación. Brevemente nos permitimos afirmar que, precisamente, si hay una aproximación utilitarista al análisis social, es ésta que reproduce los conceptos de utilidad, maximización, etc. de la economía subjetiva en códigos “culturalistas”, pretendiendo justificar la explotación mediante el argumento de las “particularidades culturales” de los explotados (Trinchero, 1998).

Concomitantemente con las “reacciones” aquí señaladas, las nuevas problemáticas locales, regionales y nacionales reclamaron imperiosamente su tratamiento (gran paradoja por cierto de la historia ), lo que ha contribuido a superar el estigma fundacional que confinaba a la Antropología Económica al estudio de la “economía de los pueblos primitivos”. Esto explica los crecientes análisis efectuados desde la Antropología Económica que problematizan esta relación entre “lo local y lo global”, tal como lo han señalado algunas de las teorizaciones más recientes, las que han evidenciado que el tratamiento de estas cuestiones viene siendo abordado por la Antropología desde hace tiempo.2 En esta búsqueda es donde debe situarse la creciente lectura de los planteos de la corriente antropológica conocida como “de la Economía Política”,3 siendo emblemática en este sentido la obra de Eric Wolf (1982) “Europa y la gente sin historia”.

Desde este planteo, las transformaciones de las sociedades que estudian los antropólogos en el ámbito local deben entenderse necesariamente en su interconexión con procesos económicos y políticos de tipo más general (ampliación del sistema capitalista, evolución de las formas coloniales y neocoloniales, etc.), buscando en términos metodológicos recuperar la minuciosidad de la experiencia etnográfica para esclarecer tales vinculaciones. A la vez, esta perspectiva ha jerarquizado el protagonismo de grupos y sectores sociales (Comas d' Argemir, 1998) en contraposición con otras formulaciones -como el marxismo estructural- que fueron duramente criticadas ante la pérdida de visibilidad de estos actores (Balazote, 2007).

Con respecto a las investigaciones que vienen realizándose desde la Antropología Social y Económica en relación a diversos pueblos originarios de la Argentina, estos aportes convergen precisamente en problematizar la interrelación entre procesos globales y particulares en términos procesuales. Enfatizamos la importancia que adquieren estos análisis, que remarcan la historicidad de la problemática indígena, por dos cuestiones fundamentales: la primera radica en el desafío que implica contraponerse en términos teóricos al abordaje de la cuestión indígena de la Etnología Fenomenológica, que se proponía recuperar el “pensamiento mítico” de los aborígenes del Chaco a la vez que negaba cualquier relato “histórico” de dichos pueblos. La segunda reside en que necesariamente la dinámica contextual y particular adoptada, también involucra el análisis de diferentes sujetos sociales con los cuales las poblaciones indígenas se relacionan, convergen, y hasta se funden, máxime considerando cómo se han acrecentado en los últimos años los procesos de movilización social. Es por ello que en estas teorizaciones se evidencia una conjunción de las problemáticas características de los años ‘80, junto con una creciente preocupación por diversos conflictos sociales protagonizados por estos sectores sociales.4

Y aquí reside lo que consideramos el tercer y último desafío para la Antropología Económica que aquí expondremos: el poder brindar herramientas teórico-metodológicas que posibiliten vincular analíticamente la emergencia de diversos sujetos sociales con las nuevas condiciones de explotación. Este abordaje implica trascender el análisis de los procesos de movilización social a sus manifestaciones contextuales, ya que como señalábamos en un trabajo reciente: “la explotación de la fuerza de trabajo ha adquirido formas tales que asombran al espíritu antropológico por su carácter ‘primitivo' de la misma ya que son múltiples, heterodoxas y culturalmente diferentes las formas de resistencia del trabajo frente al capital” (Trinchero, 2007a:14).

Remarcamos que esta asociación de las nuevas condiciones de explotación con los recientes y crecientes procesos de movilización social dista de ser lineal y mecánica; por el contrario, es dinámica y dialéctica ya que desempeña un rol fundamental el interjuego entre aquellas estructuras que condicionan la existencia y visibilidad de esos sujetos y las prácticas de los mismos. Por esto es que uno de los méritos de la obra antes citada de Wolf (1982) reside, parafraseando a Comas d' Argemir, en enfatizar “la intersección entre centros y periferias, entre lo global y lo local, entre las fuerzas estructurales y las que derivan de la acción humana” (1998:71).

Precisamente, es a partir de esta interrelación en su devenir histórico que la Antropología Económica puede -y, creemos, debe- efectuar un aporte en el análisis de un aspecto central para la disciplina antropológica: la diversidad . Por esto se requiere de la recuperación crítica de perspectivas teórico-metodológicas “que dirijan sus miradas hacia el análisis comparado para dar cuenta del mapa etnográfico de la denominada globalización” (Trinchero, 2007a:14).

El contenido de este dossier temático de “Antropología Económica y Ecológica”

Algunas de estas crecientes preocupaciones y desafíos para la disciplina se ven reflejadas en los artículos que integran el presente dossier temático de Cuadernos de Antropología Social, cuyos principales lineamientos a continuación presentamos.

En primer lugar, se presenta el trabajo de Susana Narotzky titulado El lado oculto del consumo, que se centra en el enfoque denominado del “aprovisionamiento”. Esta perspectiva se ha desarrollado como una herramienta metodológica útil dentro del marco teórico de la economía política, que posibilita abordar las cuestiones relativas al consumo integrándolas en el complejo entramado de los diversos procesos de diferenciación que concurren en las relaciones de producción, de distribución, de apropiación y de consumo. De allí que este análisis implique un importante aporte, frente a uno de los desafíos que destacábamos inherente a la necesidad de dar cuenta de los límites del economicismo en el análisis social, en la medida en que toma en consideración el aprovisionamiento simultáneo de bienes concretos a través de vías diferentes -mercado, Estado, comunidad, grupo doméstico- y la articulación de fases mercantiles y no mercantiles a lo largo de un recorrido de aprovisionamiento. Por esto la interacción entre estos factores afectará tanto el valor económico como el valor simbólico de los bienes y servicios.

El trabajo de Hugo Trinchero Economía política de la exclusión. Para una crítica desde la experiencia de las empresas recuperadas por sus trabajadores (ERT) constituye una muestra de los estudios sociales referidos al denominado “tercer sector” de la economía y la “economía social”. Esta preocupación disciplinar resulta esperable, considerando la creciente exclusión de vastos sectores sociales junto con la instrumentación de políticas focalizadas que buscan paliar -o contener- a estos segmentos, al tiempo que el análisis se centra precisamente en uno de los actores sociales emergentes de la crisis que tuvo su máxima expresión en el año 2001: las empresas recuperadas por sus trabajadores . El autor busca precisamente poner de manifiesto cómo la crisis de los últimos años trajo consigo un nuevo panorama en la discusión en lo que respecta a las nociones de exclusión social, así como las recién destacadas de “tercer sector” de la economía y “economía social”. Cabe remarcar que tanto este artículo como otros que integran este número, efectúan un análisis crítico de los diferentes enfoques de las ciencias sociales que conciben al tercer sector (economía social), el sector privado (empresas) y el sector público (Estado) como separados, o en el mejor de los casos “relacionados entre sí”, soslayando el dialéctico entramado de relaciones, coexistencias y contradicciones que entre los mismos se establecen. Diferenciándose de tales abordajes, Trinchero discute críticamente los intentos por caracterizar al fenómeno bajo estudio en el marco de estas categorías, y a la vez analiza, a partir del campo de posibilidades y límites en que se desenvuelve la gestión obrera, diferentes procesos de innovación social de interés para el campo de estudio de la Antropología Económica.

El artículo de Alicia Norma González de Castells y Ana Cristina Rodrigues Guimarães, Pinceladas sobre as práticas comerciais em um barrio popular de Florianópolis , se centra en las experiencias y las representaciones de los comerciantes de un barrio popular de Florianópolis sobre su propia actividad laboral. El trabajo entiende la acción económica como acción social, es decir, los agentes no sólo persiguen objetivos económicos sino también sociales, como la sociabilidad, el reconocimiento, el prestigio y el poder. Por otro lado, las acciones económicas tienen variadas motivaciones desde la racionalidad hasta la afectividad o las costumbres, remarcando el artículo cómo la etnografía puede contribuir a entender la realidad de los pequeños comerciantes y el lugar que ocupa el comercio en la sociedad compleja. Por esto el trabajo mantiene una línea común con lo que antes señalábamos para el artículo de Narotzky, al concebir los intercambios no sólo desde la esfera material sino tomando en cuenta su incidencia en el conjunto de las relaciones sociales, que desde el punto de vista analítico pueden concebirse como de otro “orden” que trasciende lo “económico” (simbólico, identitiario, etc.).

Fernando Balbi aborda en el trabajo titulado Entre el futuro del recurso y el futuro de los hijos . Usos de términos y expresiones ambientalistas entre los pescadores del Delta del río Paraná una temática de creciente preocupación para la Antropología Económica al punto de formar parte del título del presente dossier: la dimensión ambiental. En este caso el autor analiza la adopción y resignificación de nociones ambientalistas por parte de actores locales, pero a diferencia de la mayor parte de lo estudios, no se focaliza en los denominados “conflictos socioambientales”. Por el contrario, sugiere Balbi que no deben perderse de vista aquellas apropiaciones de nociones ambientalistas o de sustentabilidad que resultan menos llamativas por no manifestarse en el marco de movilizaciones particulares, pero que se dan en el contexto del quehacer cotidiano de las personas. El trabajo fue realizado a partir de materiales de campo correspondientes a la segunda mitad de la década del ‘80 entre pescadores comerciales del Departamento de Victoria, en la provincia de Entre Ríos. La propuesta reviste un interés adicional debido a que esos mismos pescadores se contaron entre los protagonistas de un proceso de “sobrepesca” desatado en 1992, que colocó en riesgo de extinción algunas especies ictícolas.

Seguidamente, Ricardo Abduca en su artículo La reciprocidad y el don no son la misma cosa” refiere una temática que como pocas se incluye dentro del “núcleo duro” del campo antropológico. El autor se propone mostrar por qué la noción de reciprocidad, aunque ha sido muchas veces tomada como sinónimo del fenómeno de intercambio de dones, corresponde a diversas situaciones sociales, por lo cual tiene poca utilidad descriptiva y explicativa. Examina algunos hitos de la historia antropológica, mostrando que más que un concepto, ‘reciprocidad' es un palimpsesto sobre el cual, de Durkheim a Polanyi, se han ido escribiendo variadas nociones. En cambio, sugiere una definición de don más estricta, cercana a las ideas de Mauss y acorde con los avances de la etnografía y la teoría contemporáneas. Sugiere distinguir entre circuitos cerrados de dones, donde circulan bienes de consumo final, y circuitos abiertos, donde los dones que circulan condensan el conjunto de las relaciones sociales.

Otros dos artículos de este dossier temático constituyen ejemplos de los abordajes que problematizan sobre los pueblos indígenas desde la Antropología Social y Económica. Dado que estos estudios sitúan a estas poblaciones en su contexto histórico-social, implican la conjunción con las diversas problemáticas que involucran a estos grupos, como son los proyectos de desarrollo en el caso del primer trabajo y las políticas sociales en el segundo.

De esta forma, Sebastián Carenzo en su artículo Territorio, identidades y consumo: Reflexiones en torno a la construcción de nuevos paradigmas en el desarrollo problematiza sobre la relación entre identidades y territorios en el marco de los estudios del desarrollo, remitiéndose como referente empírico al accionar de agencias gubernamentales y ONGs que trabajan en la promoción de artesanías indígenas en el norte de Argentina. El autor efectúa una lectura crítica sobre la incorporación de la dimensión cultural en los paradigmas dominantes en el campo del desarrollo, señalando cómo en los hechos esta consideración remite a una concepción utilitarista de la diversidad cultural. Así, enfatiza cómo más que reafirmar las identidades étnicas estos enfoques promueven utilizar las especificidades de los pueblos originarios como elementos sobre los cuales pueden basarse estrategias de diferenciación comercial que les permitan acceder a mercados dinámicos y globalizados.

Por su parte, Valeria Iñigo Carrera en su trabajo Programas sociales entre los tobas del este formoseño: ¿reproducción de una población obrera sobrante? analiza cómo las poblaciones indígenas constituyen parte de la población trabajadora que ve acentuada la pérdida del ejercicio de su capacidad para garantizar la propia reproducción social, al ser expulsada de manera inmediata del proceso de la producción como parte de la dinámica de acumulación capitalista. Al tiempo que estos sectores son objeto de la implementación generalizada de diversos programas sociales de asistencia en los que se hace visible una tendencia creciente a sostener niveles mínimos de reproducción material de la vida. Por ello, el trabajo avanza sobre las modalidades que encarnan esos programas así como sobre sus supuestos, alcances e implicancias en relación con las capacidades productivas de los sujetos o “población objeto” de su implementación.

Luego, Susana Presta presenta en su trabajo La categoría de don en el marco de la economía social y solidaria una perspectiva comparable a la antes señalada en el trabajo de Hugo Trinchero. La autora refiere al tema de la economía social y solidaria analizando una Cooperativa Educacional y su denominado “Banco de Horas” desde la perspectiva de la categoría de don. A partir de este caso, se propone ahondar no sólo en la construcción de relaciones sociales al interior de dicha organización socioeconómica, sino también avanzar sobre las formas en que se vincula con distintas corporaciones transnacionales a partir de diversas donaciones. De esta forma, el artículo enfatiza en la desnaturalización de una mirada apologética de la economía social y solidaria a partir del planteo de un análisis en términos de su relación dialéctica con el sistema capitalista. Esto implica que coexiste y alberga las contradicciones propias de los procesos históricos que la atraviesan y la constituyen.

Para finalizar, Liliana Landaburu en su aporte Estrategias y dinámica del capital en el circuito productivo frutícola Alto Valle de Río Negro. Departamento General Roca presenta las estrategias de pequeños productores rurales y la dinámica del capital en el circuito productivo del Alto Valle de Río Negro. Desnaturaliza la categoría “farmer” para estos agentes económicos y da cuenta del lugar que los mismos ocupan al interior del sistema. La pluralidad de estrategias, producto de la descapitalización sistemática de sus unidades domésticas, permite observar procesos de subsunción y la expansión del capital, como así también el mantenimiento y reproducción por parte de dichas unidades las cuales funcionan desde la lógica del capital pero “descapitalizadas”.

Con este artículo se completa la gama de trabajos que integran este dossier temático, poniendo en evidencia la vasta producción que existe actualmente en el campo de la Antropología Económica. Sin duda los trabajos aquí contenidos de ninguna manera agotan los temas y desafíos que los investigadores han iniciado en los últimos años. Es nuestra intención que este número estimule la producción de nuevos estudios sobre aquellas realidades sociales que precisan ser abordadas.

Notas

 1 Los artículos incluidos se refieren “a la dinámica de relacionamiento entre el capital y el trabajo en diversos contextos regionales. Particularmente, se intenta profundizar en el análisis de las especificidades que adquiere dicha relación cuando se trata de procesos domésticos de producción, distribución, circulación y/o consumo” (Trinchero, 1995:9). 2 En el Capítulo 3 del libro antes señalado de Alejandro Balazote (2007), titulado Consideraciones en torno a la Economía Política , se analizan algunas teorías enunciadas a partir de la segunda mitad del siglo XX que exceden la focalización en la articulación micro-macro. Estos abordajes son la Teoría de la Modernización, la Teoría de la Dependencia, el Análisis de los Sistemas Mundiales, así como la propuesta formulada por la Economía Política en Antropología. 3 En la década del 60 surge en los Estados Unidos la corriente antropológica de la “Economía Política”. Este enfoque hizo suya la formulación de un programa teórico que permitiera superar los límites del empirismo, facilitara la comprensión del conflicto social, y proporcionara los instrumentos necesarios para interpretar los procesos históricos.4 Los resultados de estas investigaciones se han visto plasmados en múltiples publicaciones, entre las que cabe mencionar las compilaciones: Estudios antropológicos sobre la cuestión indígena en la Argentina (Radovich y Balazote, 1999), La Cuenca del Río Bermejo. Una formación social de fronteras (Belli, Slavutsky y Trinchero, 2004) y Disputas territoriales y conflictos interétnicos en Brasil y Argentina (Reis, Radovich y Balazote, 2005). También se destacan los libros: Los dominios del demonio. Civilización y barbarie en las fronteras de la Nación. El Chaco central (Trinchero, 2000) y Aromas de lo Exótico (retornos del objeto): Para una crítica del objeto antropológico y sus modos de reproducción (Trinchero, 2007b).

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