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Intersecciones en antropología

On-line version ISSN 1850-373X

Intersecciones antropol. vol.12 no.1 Olavarría Jan./July 2011

 

ARTÍCULO

Personajes fuera de lugar: antropomorfos tardíos en el arte rupestre del norte semiárido de Chile

 

Andrés Troncoso

Andrés Troncoso. Departamento de Antropología. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile. Av. Ignacio Carrera Pinto 1045, 2º Piso, Ñuñoa, Santiago de Chile, Chile. E-mail: atroncos@uchile.cl

Recibido 29 de julio 2010.

Aceptado 8 de noviembre 2010.

 


RESUMEN

Los personajes con vestimenta son una de las representaciones rupestres más conocidas del noroeste argentino y el norte de Chile, y su presencia en ambas áreas es un indicador de la importante dinámica de interacción ocurrida durante el período Tardío entre ambos espacios. Una variedad de estos personajes son los antropomorfos con cuerpos de lados cóncavos (sensu Montt 2005), los que en ocasiones se representan asociados a escutiformes santamarianos. Si bien se ha planteado que su distribución meridional por la vertiente andina occidental no traspasa el área de San Pedro de Atacama (Montt 2005), en este trabajo presentamos tres diseños antropomorfos con cuerpo de lados cóncavos reconocidos en el arte rupestre del valle de Illapel (30° LS), Provincia del Choapa, Norte Semiárido de Chile. En particular, se establece un análisis formal de estos diseños y se los compara con aquellos reconocidos en zonas más septentrionales, para luego discutir su cronología y evaluar las implicancias de su presencia en espacios tan alejados a su área de distribución original, registro que se asocia, en la región, a la circulación de diseños establecida por el Tawantinsuyu.

Palabras clave: Antropomorfos de lados cóncavos; Centro Norte de Chile; Valle de Illapel; Arte rupestre tardío.

ABSTRACT

Images out of place: late period antropomorphous figures in the rock art of central Chile. Anthropomorphous figures with clothing stand out among the most frequent representations in the rock art of Northwestern Argentina and Northern Chile. Their ubiquity in both areas has been considered as an indicator of the dynamics of interregional interaction during late prehistory. Antropomorphous with concave sides (sensu Montt 2005) are but one expression of these popular type of representations, and at least in some cases are associated with "shield-man" of the Santa María style. Even though it has been stated previously that for the western Cordillera de los Andes the southernmost dispersion of this type of anthropomorphous figure is the San Pedro de Atacama area (Montt 2005), in this paper we present three such figures recently recorded in the rock art of the Illapel valley, in the Choapa Province, north-central Chile (30°LS). We will discuss the chronology, affinities and relations between these anthropomorphous figures and their northern counterparts and evaluate why they are present in places so far away from their original spatial distribution pattern. Also we discuss the relations between these designs and the image circulation realized by the Tawantinsuyu.

Keywords: Antropomorphus with concave side; Central North of Chile; Illapel valley; Late Rock Art.


 

INTRODUCCIÓN

Dentro del extenso repertorio iconográfico Tardío del arte rupestre del noroeste Argentino (de aquí en adelante, NOA) y, en menor medida, del Norte Grande Chileno (de aquí en adelante, NGC), uno de los diseños más frecuentemente reconocidos está constituido por las representaciones antropomorfas con vestimentas (unkus o petos), las cuales han sido consideradas elementos significativos dentro de los imaginarios y procesos sociales de estos territorios, ya sea por su asociación con guerreros (e.g., Aschero 1999, 2000; González 2007; Nielsen 2007a), caravaneros (e.g.,Berenguer 2004a, 2004b), o guerreros-caravaneros (e.g., Berenguer 2009), como por una construcción visual que privilegia la codificación de información en un elemento de amplio capital simbólico en los Andes, la vestimenta (Montt 2005).
Dentro de este grupo de diseños se reconoce un tipo de representación particular, los antropomorfos con cuerpos de lados cóncavos (sensu Montt 2005), que se representan tanto en arte rupestre como en otros soportes materiales (e.g. calabazas, metales) (e.g., Berenguer 2004b; Montt 2005; Nielsen 2007a), y que en ocasiones se asocian a escutiformes santamarianos (Martel 2009; Montt 2005).
En la vertiente occidental de Los Andes específicamente, estos personajes han sido reconocidos en el arte rupestre del NGC, en particular en grabados tanto del Loa y Salar de Atacama (Berenguer 2004a, 2004b; Montt 2005; Montt y Pimentel 2009), como en geoglifos de Tarapacá (Cerda et al. 1985; Montt 2005) (Figura 1).
En efecto, en el NSA no se registra evidencia alguna de la presencia de diseños de este tipo en el arte rupestre, u otro asociado a lo santamariano, no obstante los amplios y abundantes reportes que existen sobre las manifestaciones rupestres de la región (e.g., Ballereau y Niemeyer 1996, 1999; Jackson et al. 2002; Niemeyer y Ballereau 1996; Niemeyer y Castillo 1996). Esta ausencia es coherente con la inexistencia de evidencias materiales claras de interacción entre las poblaciones del NSA del período Tardío (cultura Diaguita) y la vertiente oriental de Los Andes (Cornely 1956; Latcham 1928a, 1928b; Niemeyer 1994), a excepción de dos urnas descritas por Tarragó y colaboradores (1997), que se podrían asociar con Santa María, pero que en la actualidad se adscriben al período Incaico de la región (Troncoso et al. 2008). Este hecho ha permitido definir el espacio de dispersión meridional de estos personajes de lados cóncavos en el territorio chileno hasta el sector de San Pedro de Atacama (Berenguer 2004a; Montt y Pimentel 2009; Montt 2005), y específicamente en grabados entre el Loa Inferior y San Pedro de Atacama (Montt 2005).
Es a la luz de lo anterior que en este trabajo presentamos tres representaciones rupestres identificadas en el límite sur del NSA, específicamente en el valle del río Illapel, Provincia del Choapa (30º LS) (Figura 1), se discute su categorización como personajes con vestimentas -específicamente antropomorfos con cuerpos de lados cóncavos- y se evalúa su cronología relativa a partir de sus atributos formales y las implicancias de su registro en espacios tan alejados a su zona de distribución originalmente reconocida, aspecto este último que se relaciona con la circulación de imágenes y la interacción social entre diferentes espacios de los Andes.
Al respecto, el carácter inmueble del arte rupestre implica considerar que esta circulación de imágenes está necesariamente atada a un flujo de información que se transmite a partir de la circulación de sujetos y/o un conocimiento visual. Operativamente, podemos segregar este hecho en tres niveles diferentes pero complementarios que permiten su análisis: 1) el flujo del diseño, que implica únicamente el traslado de un lugar a otro sólo de la imagen en cuestión, situación que ha sido reconocida ampliamente en arte rupestre, 2) el flujo de la composición, que requiere no sólo el traslado de un diseño, sino también de toda una estructura escénica en la que se inserta la representación, 3) el flujo de la técnica de producción, que implica la asociación del saber-hacer de una o ambas categorías anteriores.

Si bien es posible que cada uno de estos niveles tenga velocidades diferentes de transmisión, como por ejemplo sugiere Fiore (2009, 2010) en relación con el conocimiento tecnológico, lo cierto es que ellas establecen un flujo de ideas asociadas a los diseños y sus composiciones, que enlazan paisajes y significaciones entre diferentes lugares (Lazzari 2005) en que articulan, por un lado, la dinámica y valor de los diseños en su zona de origen, y por otro, las recepciones que acaecen en sus espacios de incorporación, proceso en el que se pone en juego la economía política del signo (Baudrillard 1988) a partir de la incorporación, transformación o adaptación de estos diseños en los conjuntos visuales locales. En los Andes, esta circulación de imágenes y objetos ha sido considerada un elemento importante para la conformación de la dinámica de la prehistoria (e.g., Núñez y Dillehay 1978), circulación en la que ciertos diseños -o emblemas (sensu Nielsen 2007b)- se establecen como elementos significativos en cuanto condensan en su interior un conjunto de significaciones que son centrales en la estructuración de lo social (Nielsen 2007b). Un claro ejemplo de lo anterior es el caso incaico, en el cual la distribución de sus lenguajes visuales se asocia con una movilidad de conceptos y valoraciones que se interrelacionan con la dinámica del estado, las cuales son articuladas y negociadas en las diferentes provincias que son incorporadas a su territorio (e.g., Bray 2000, 2008; González y Bray 2008; Morris 1995).

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Figura 1. Mapa del área de estudio con indicación de lugares nombrados y presencia de antropomorfos de lados cóncavos en el Norte Semiárido de Chile.

LOS ANTROPOMORFOS CON CUERPOS DE LADOS CÓNCAVOS

La sistematización de los personajes con vestimenta en el NGC realizada por Montt (2005) ha llevado a segregar cuatro variedades a partir de la forma de sus cuerpos: 1) rectangulares o cuadrangulares, 2) trapezoidales, 3) de lados cóncavos y 4) escutiformes, a las cuales se incorpora una quinta variedad de "otros" para los pocos casos que no entran en esta tipología. Si bien en términos generales Montt (2005) y una serie de otros autores (e.g., Aschero 1999, 2000; Berenguer 2004a; Martel 2009; Nielsen 2007a) integran estas representaciones en los conjuntos iconográficos del período Tardío, se mantiene una precaución en torno a la posibilidad de su expansión cronológica hacia el período Incaico (e.g., Berenguer 2004a, 2004b; González 2007; Montt y Pimentel 2009).
La variabilidad observada en la forma de los cuerpos de estos personajes ha llevado a discutir sus posibles asociaciones con diferentes tipos de túnicas. Según esto, formas como las cuadrangulares y trapezoidales harían referencias a unkus; mientras que aquellas de lados curvos representarían petos. El acinturado de estos cuerpos respondería a la acción de fajas, no obstante la ausencia de su indicación directa y clara en los grabados rupestres (Montt 2005). Sin embargo, en el caso específico de estos últimos, y tomando como referencia la definición de escutiforme de Aschero (1999), se plantea también la posibilidad de que correspondan a esquematizaciones de hachas, por lo que se integrarían dentro de la categoría de escutiformes, u hombres-hacha (Montt 2005; Montt y Pimentel 2009), idea altamente sugerente, dadas no sólo las asociaciones reconocidas entre ambos tipos de diseños en diferentes soportes, sino también por la cercanía representacional entre ambos, producto del hecho de compartir un rasgo diagnóstico: la muesca medial que genera lados cóncavos.
Más allá de estas precisiones, Montt (2005) ha develado un patrón de construcción visual para estos personajes con cuerpos de lados cóncavos a partir del análisis de las unidades mínimas utilizadas en su producción y sus atributos asociados. Estas características básicas van más allá de la concavidad de sus lados y remiten a cinco aspectos (Figura 2). Primero, no hay una pauta exclusiva de producción del cuerpo por sobre los lados cóncavos, es decir, existe una representación bastante similar entre lo que es presencia y ausencia de decoración en los cuerpos, la que, en caso de encontrarse, corresponde básicamente a la inclusión de motivos, sin que se registre una decoración a partir de campos. Es decir, la decoración se basa en la aplicación de unidades discretas (decoración por motivos sensu Montt 2005), y no en la división de la pieza en segmentos a partir de la aplicación de trazos lineales (decoración por campos sensu Montt 2005). Los motivos son o bien círculos/puntos o la combinación de estos. Segundo, se reconoce una recurrencia en la representación de las extremidades inferiores, con una muy baja frecuencia de extremidades superiores y, por ende, una escasa presencia de personajes con objetos en sus manos. Tercero, hay una similar frecuencia de presencia/ausencia de tocados, pero con el registro sólo de tocados del tipo apendicular. Cuarto, una mayor proporcionalidad visual de los cuerpos en relación con lo que es la cabeza y las extremidades inferiores, lo que indica una clara estrategia para resaltar este sector del diseño por sobre otros. Finalmente, en términos constructivos, se reconoce para el NGC sólo la presencia de grabados, con una muy baja integración de estos personajes en escenas, contando como única excepción los geoglifos de Tarapacá descritos por Cerda et al. (1985).

Si bien estos patrones definidos por Montt (2005) son para el NGC, pensamos, en principio, que ellos son aplicables también al NOA, dadas las similitudes iconográficas reconocidas por diferentes autores en torno a estas representaciones (e.g., Aschero 1999; Berenguer 2004a, 2004b; Martel 2009). Es a la luz de estas características y patrones que abordamos la discusión de los personajes de lados cóncavos reconocidos en el valle de Illapel, con el fin de evaluar la posibilidad de su registro en una zona completamente foránea a su espacio de distribución original.

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Figura 2. Personajes de lados cóncavos reconocidos en el noroeste Argentino y el Norte Grande de Chile, extraído y adaptado de Montt (2005). 2A: Grabado sitio Río Grande 1, Salar de Atacama; 2B: Grabado sitio Piedra de la Coca, Salar de Atacama; 2C: Grabado sitio Río Grande 1, Salar de Atacama; 2D: Grabado sitio Piedra de la Coca, Salar de Atacama; 2E: Calabaza de valles calchaquíes publicada por Ambrosetti (1899).

SOBRE EL ÁREA DE ESTUDIO

Como ya indicamos, el río Illapel se encuentra ubicado en el extremo meridional del NSA, en un sector que se caracteriza por ser la parte más angosta de Chile (90 km de costa a cordillera) y por presentar bajos pasos cordilleranos que han permitido, desde momentos tempranos de la prehistoria local, un tránsito entre ambas vertientes de la cordillera de los Andes (Jackson et al. 2002; Gambier 2000).
Este valle en particular, y la cuenca hidrográfica del río Choapa de la cual forma parte, es una zona rica en arte rupestre, en particular en su técnica de petroglifos, lo que ha llevado a algunos autores a definirla como uno de los sectores más prolíficos de Chile en este tipo de registro material (Castillo 1991). Si bien tradicionalmente se asignó el arte rupestre únicamente a las poblaciones del Alfarero Temprano (Niemeyer et al. 1989), correspondientes a grupos con movilidad residencial que mantienen una fuerte orientación cazadora-recolectora pero con un incipiente manejo de cultígenos como la quinoa (Chenopodium quinoa) (Pavlovic 2004), una serie de trabajos en los últimos años han permitido reconocer también la presencia de petroglifos tanto del período Tardío, asociado a la cultura Diaguita, primera sociedad sedentaria con prácticas de horticultura de maíz (Zea mays), como del período Incaico (Cabello 2005; Jackson et al. 2002; Troncoso 1999, 2004).
En esta zona, a través de una serie de temporadas de campo, se ha realizado una prospección sistemática de la totalidad del valle con el fin de caracterizar la distribución espacial y frecuencias de petroglifos en la región. Como resultado de ello, se han registrado un total de 1063 bloques con arte rupestre que se distribuyen a lo largo de todo el Illapel, pero con una especial concentración de rocas marcadas en el curso superior (n= 817, 76,8%).
En este espacio, uno de los principales sitios de petroglifos que han sido reconocidos es el de Los Mellizos, donde se han registrado un total de 160 bloques con grabados, los que constituyen un 15,05% del total de piedras modificadas identificadas en todo el valle. El sitio se ubica en una pequeña terraza adyacente al río Illapel, en plena precordillera, distanciada 2 km aguas arriba de donde finalizan las amplias terrazas fluviales que concentraron la ocupación humana prehispánica y a 25 km aguas abajo de la frontera chilena-argentina, donde están las cabeceras del valle de Calingasta (Figura 1). Es en este lugar donde hemos reconocido dos bloques grabados con representaciones posibles de asignar a antropomorfos con cuerpos de lados cóncavos.

¿PERSONAJES CON CUERPOS DE LADOS CÓNCAVOS EN EL CENTRO-NORTE DE CHILE?

Los dos bloques con grabados asignables a los personajes en cuestión se ubican próximos entre sí, en el sector noroeste de Los Mellizos. En ellos reconocemos tres diseños adscribibles a esta entidad (Figura 3). Si bien tales bloques contienen otros diseños de tipo no figurativo, nos concentraremos únicamente en las representaciones ya mencionadas, las que se encuentran en dos soportes del sitio, el número 50 con un ejemplar y el número 47 con dos.

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Figura 3. Personajes de lados cóncavos reconocidos en el sitio Los Mellizos, valle de Illapel, Chile. A. personaje 1 en soporte 50; B. personajes 2 y 3 en soporte 47.

Personaje 1

Ubicado en el soporte 50 (Figura 3A), se caracteriza por: 1) un cuerpo de lado cóncavo construido sobre una geometría cuadrangular, geometría que en el arte rupestre del NSA Mostny y Niemeyer (1983) definen como cuadrado de lados curvos, 2) dos extremidades inferiores compuestas por dos trazos lineales paralelos entre sí y que siguen el eje del cuerpo; en su extremo inferior, ambas líneas se quiebran en ángulo recto para formar pies, 3) un punto, o pequeño circulo relleno, sobre el cuerpo, interpretable como una cabeza, desde la cual surgen seis trazos lineales a manera de tocado y que, siguiendo la clasificación de Montt (2005), corresponderían a un tocado apendicular radial. No se registran extremidades superiores.
El cuerpo presentaría decoración definida por una línea horizontal en el sector medio, dentro de la cual observamos un par de diseños a manera de ganchos que nacen desde el borde del cuadrado. Este patrón remitiría a una decoración combinada de campos y motivos que no ha sido descrita por Montt (2005) en su muestra de estudio. De la misma manera, la presencia de un trazo horizontal que forma los dos campos en el cuerpo podría interpretarse como evidencia de la faja que forma el peto y le entrega su carácter acinturado, tal como ha sugerido esta misma autora (Montt 2005; Berenguer 2004b). Desafortunadamente, no se observa bien la orientación de estos ganchos para identificar el patrón de simetría al que obedecen, aunque pareciesen remitir a una doble reflexión especular.

Personaje 2

Grabado en el soporte 47 (Figura 3B), se encuentra en muy mal estado de conservación. Permite observar una composición a partir de: 1) un cuerpo de lados cóncavos, nuevamente elaborado sobre una geometría de tipo cuadrangular como la del personaje 1, 2) dos posibles trazos lineales en el sector inferior, uno observable claramente, y paralelos al eje del cuerpo, interpretables como extremidades inferiores, 3) dos trazos lineales a manera de V sobre el cuerpo cuadrangular, interpretables como un tocado de tipo apendicular parcial. No hay extremidades superiores. Si bien se observan piqueteados al interior del cuerpo cuadrangular, no es posible discernir algún diseño específico o patrón, producto de su mal estado de conservación.

Personaje 3

Ubicado en el mismo soporte que el anterior, este antropomorfo se compone de: 1) un cuerpo de lados cóncavos formado a partir de una geometría poco clara que podría recordar o bien un cuadrángulo irregular o bien un óvalo; el hecho de presentar una inflexión tanto en sus sectores laterales como en sus áreas superiores e inferiores le entrega una forma arriñonada; 2) dos trazos lineales que nacen desde el sector inferior del cuerpo y que terminan en ambos casos en pequeños círculos, interpretables como representaciones de piernas y pies; 3) una cabeza formada por un semicírculo que nace del borde superior del cuerpo arriñonado del personaje; y 4) cuatro trazos lineales que aparecen desde la mencionada cabeza, cuya conformación sugiere un tocado del tipo apendicular radial. No se registran extremidades superiores.

El cuerpo de este tercer personaje sí presenta decoración, respecto de la cual no queda claro, por su naturaleza -líneas paralelas horizontales- si entraría dentro de la categoría de decoración por campos o en la de decoración por motivos definida por Montt (2005). En cualquiera de los dos casos, responde a un patrón no reconocido por la autora, ya sea por la presencia de varios campos horizontales o por la aplicación de líneas paralelas en traslación vertical.
Pensamos que los atributos que definen la composición de estos tres diseños -y especialmente los de los dos primeros- son adscribibles a los personajes de lados cóncavos reconocidos en el NOA y NGC, tanto por la composición que efectúan del cuerpo humano como por la forma en que estos se presentan.
En efecto, tomando como referencia el análisis efectuado por Montt (2005), encontramos que los tres personajes del valle de Illapel remiten a los rasgos que con mayor frecuencia se encuentran en los antropomorfos por ella analizados, aunque se observan, sin embargo, dos aspectos particulares que los hacen aún más interesantes. Por un lado, en el Personaje 1 nos encontramos con la combinación de una decoración por campos y motivos, variedad que no ha sido reconocida por Montt (2005). Por otro, el Personaje 3 remite a una forma de cuerpo no registrada por la autora, ni reconocible en las publicaciones que ilustran representaciones de este tipo tanto para el NGC y NOA, pero que no debe extrañar debido a la reconocida variabilidad de los cuerpos en los antropomorfos Tardíos de ambos espacios. Asimismo, en términos de composición, los antropomorfos de Illapel remiten también a los patrones reconocidos por Montt (2005; véase también Martel 2009), que son, por un lado, presentarse aislados, o en conjunto, pero en ningún caso conformando una escena que muestre explícitamente interacción entre humanos y/o con animales.
Esta asociación con los antropomorfos en cuestión se hace aún más notoria cuando comparamos estos diseños con las otras representaciones antropomorfas reconocidas en el valle de Illapel. A partir de un número mínimo de 292 diseños antropomorfos identificados en el valle, se reconoce una total excepcionalidad de estos tres diseños en estudio en comparación con la tradición local de producción de humanos en los petroglifos. Estos últimos se caracterizan básicamente por representar cuerpos a partir de trazos lineales, o en su defecto círculos, con explicitaciones de extremidades superiores e inferiores y cabezas, pero en una configuración visual que es completamente diferente. En ellos se destaca la ausencia de troncos como los de los antropomorfos en cuestión, la inexistencia de muescas mediales, sectores del cuerpo que son reemplazados preferentemente por líneas y una conformación más proporcional de los distintos segmentos corporales, la que no resalta al torso respecto de las otras partes del cuerpo (Figura 4). Su configuración visual es en escenas de interacción con animales u otros antropomorfos, o bien como personajes aislados, lo que muestra un abanico representacional más amplio que los diseños en cuestión.
La particularidad de los personajes con cuerpos de lados cóncavos se reconoce también en su escasa frecuencia, pues se han reconocido sólo en dos bloques de arte rupestre, de un total de 1063 identificados en todo el valle de Illapel; es decir, alcanzan un 0,18% de representación, mientras que los otros antropomorfos están presentes en un 15,9% del total de bloques con grabados del valle. En cuanto a los diseños, los casos identificados corresponden a un 1,02% del total de antropomorfos reconocidos en el área. Por sobre estas diferencias, el único elemento en común con el arte rupestre local es su técnica de producción. Los trabajos que hemos efectuado en el sitio sobre los atributos macroscópicos (tipo de surco y grosor) y microscópicos (tipo de borde de fractura, volumen del negativo de golpe) (Vergara 2009) muestran una semejanza con los restantes petroglifos de la región y sugieren su elaboración por una mano local. Desafortunadamente, la no aplicación de esta técnica de estudio al NOA y al NGC impide efectuar comparaciones con grabados de tal lugar.

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Figura 4. Diseños Antropomorfos del valle de Illapel.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

El análisis formal de los tres personajes caracterizados en los apartados anteriores, sumado a su heterogeneidad dentro del contexto del arte rupestre local, permiten sugerir su asociación con los antropomorfos de lados cóncavos reconocidos durante el Tardío en el NGC y NOA, pero manufacturados a partir de los preceptos tecnológicos de las poblaciones locales del valle de Illapel. La presencia de estas imágenes en el área es, de momento, el reconocimiento más austral para este tipo de diseños, que se alejan por más de 1000 kilómetros de su zona de distribución original, distancia que, sin embargo, no impide que estos diseños mantengan sus patrones formales y sintácticos de producción. Dos preguntas básicas surgen a la luz de estos hallazgos: una, ¿a qué momento se asocian estos diseños en Illapel?, y dos ¿a qué hace referencia su presencia en este espacio tan alejado?
Si bien ya dijimos que para la región de distribución original de estas representaciones el tema de la cronología está en discusión, consideramos que para Illapel ésta debe asociarse al período Incaico. Esta asignación se basa en diferentes razones. Primero, no hay otra evidencia en la zona (ni en el territorio diaguita) que sugiera la presencia de elementos santamarianos en época Tardía. De hecho, recientes reevaluaciones de una de las piezas propuestas por Tarragó et al. (1997) como evidencia de contacto diaguita-santamariano (urna de Chillepin) las asociarían al período de ocupación inca en la zona, debido a que piezas similares se han recuperado sólo en sitios con dataciones pos 1450 y en asociación con conjuntos materiales de aquel período (Troncoso et al. 2008). Esa situación es coherente con el registro arqueológico de la cultura Diaguita, en la que se observa una ausencia de elementos foráneos en el registro, producto básicamente de la instalación de un modo de vida campesino con una muy baja tasa de movilidad (Troncoso 1999).
Segundo, el patrón formal de producción de los cuerpos de los personajes 1 y 2 (cuadrado de lados cóncavos) es similar al de otros diseños no figurativos de la zona que utilizan tal geometría y que en su interior tienen decoraciones ajedrezadas, las que son propias a la iconografía inca y están ausentes en los repertorios visuales previos (Figura 5); de hecho, su misma morfología es similar a las diademas trapezoidales incaicas que discute Horta (2008). Ello remitiría, por tanto, la presencia de esta forma geométrica a momentos incaicos, no obstante el hecho de que los primeros trabajos en la región lo asociaron con el Complejo Cultural El Molle (Mostny y Niemeyer 1983). A lo anterior se puede sumar que, tanto en Los Mellizos como en el área circundante al sitio, se encuentran otras tantas representaciones rupestres propias a este período y que entregan un contexto general de producción de arte rupestre para tal momento. Entre estas representaciones se encuentran diseños de clepsidras, tumis y grecas incaicas, entre otras (Troncoso 2010).
Esta asignación al período incaico no implica necesariamente que estos grabados fueran realizados por población cuzqueña, por lo que al proponer esta asignación cronológica lo que indicamos es que estos antropomorfos son un elemento iconográfico que ingresa al repertorio visual del Illapel en este momento de la historia prehispánica.
Desde otro punto de vista, la presencia de estos diseños en el NSA da cuenta de cómo se establece una circulación de imágenes por diferentes espacios de los Andes, para abarcar regiones tan meridionales como ésta. Si bien su frecuencia no es muy alta, sugiere el flujo de algunos elementos visuales que se hacen presentes en espacios muy diversos, los que en nuestro caso no son sólo estos personajes, sino también ajedrezados y clepsidras que aparecen en el repertorio rupestre del período Inca.
Aunque pocos, lo que sí nos parece significativo es que estos antropomorfos aparezcan única y exclusivamente en un lugar en todo el valle de Illapel, Los Mellizos, el que corresponde al sitio más importante reconocido en el área, tanto por la cantidad de bloques grabados como por la exclusividad y especificidad de diseños allí manufacturados, entre los que se cuenta una representación de un ofidio-felino Aguada grabado en tiempos previos (Troncoso y Jackson 2010).
Es interesante que la circulación de estos antropomorfos conlleva tanto el traslado del diseño como de su composición escénica, que respetan, por ende, los lineamientos que definen la producción visual de los personajes de lados cóncavos, aunque los replican según parámetros tecnológicos ajenos a estos. En este proceso se da una mediación entre el ingreso de lo foráneo y la incorporación de una manufactura según los parámetros locales, pero esa mediación no implica una mayor transformación de lo que es el diseño y su escenificación en relación con lo conocido para otros espacios. Los antropomorfos de lados cóncavos, de esta manera, se constituyen en significantes que irrumpen en los lenguajes visuales de las poblaciones locales en un contexto en el cual los grabados rupestres más bien indican una complejización simétrica de los diseños de las comunidades diaguita y la aparición de diseños cuzqueños (Troncoso 2010).
El reconocimiento de esta interacción entre el NSA y sectores de la vertiente oriental de los Andes implicaría la circulación de esta visualidad en un contexto de ocupación incaica del territorio. Si bien el porqué de su presencia en tierras alejadas sigue siendo aún difícil de responder, es interesante hacer notar que en esta línea de inclusión de diseños del mundo incaico al repertorio visual rupestre de la zona (e.g., clepsidras, tumis, ajedrezados, entre otros) se sume un diseño que no es propio del Tawantinsuyu, sino más bien de poblaciones del NOA, y en menor medida del NGC. En efecto, tales hechos sugieren que estos antropomorfos de lados cóncavos se constituyen en significantes visuales con un importante capital simbólico, y que justifican su expansión hacia tierras bastante alejadas de su lugar de origen, tal como ya había sido adelantado por Tarragó et al. (1997) para los referentes visuales santamarianos, y como lo referencian las discusiones en el NGC y NOA en relación con su asociación con las ideas de hacha y guerreros (Aschero 1999, 2000; Nielsen 2007a). En esa línea, sobre ellos existe una doble acción de incorporación que posibilita su presencia en estos espacios: primero, una incorporación al repertorio visual del Estado que posibilita su circulación; y segundo, una apropiación desde las poblaciones locales de Illapel que permite su producción en Los Mellizos. Es en esta economía política que los personajes de lados cóncavos pasan a constituirse en referentes de una incorporación por los locales de significantes y, posiblemente, sentidos de visualidades foráneas a la región, los que son incorporados en un espacio de alto capital simbólico para las poblaciones del área Los Mellizos.
En esta dinámica de incorporación del significante foráneo es importante mencionar que la anexión de este territorio al Tawantinsuyu se establece por medio de la agencia de comunidades diaguitas de territorios más septentrionales, específicamente del valle de Elqui o Limarí (Troncoso et al. 2008), espacio este último que posiblemente fue anexado desde el NOA, como lo demuestran los estudios sobre los conjuntos cerámicos del sitio Estadio Fiscal de Ovalle (Cantarutti y Mera 2004). En ese contexto, es posible pensar que esta presencia de los antropomorfos haya seguido tal ruta, para incorporarse a la circulación estatal de diseños al ser introducido al NSA a partir de esta anexión, y luego circular hasta el valle de Illapel.
De hecho, una revisión de la literatura arqueológica nos permite sugerir la presencia de estos antropomorfos en el curso superior del río Hurtado (cuenca del valle de Limarí), tal como se desprende de algunas ilustraciones del trabajo de Ballereau y Niemeyer (1999: 265, 273). Es interesante señalar que los estudios realizados en territorios más meridionales, como es el caso del valle de Aconcagua -donde se han reconocido un total de 751 bloques con grabados- no han llevado a identificar ningún ejemplar de estos diseños, no obstante el hecho de que este territorio también fue incorporado al Tawantinsuyu por poblaciones diaguitas, las que, sin embargo, actuaron sobre un sustrato local diferente (Troncoso 2008).
La presencia y circulación de estas pocas imágenes sobre los personajes de lados cóncavos, por tanto, encontrarían su límite meridional en el valle del Choapa, sin que la dinámica de extensión del Tawantinsuyu vía diaguitas implicase la incorporación de estos significantes más al Sur. En qué medida ello es producto de la agencia y negociación política que se establece entre las distintas comunidades diaguitas del NSA, o de los sustratos de prácticas e imaginarios sociales existentes en cada valle, es un tema que no puede ser mayormente profundizado, pero que queda como interrogante abierto para el futuro.
Por sobre esta dinámica de incorporación, tanto el caso de Illapel como el de Hurtado muestran una presencia de estos diseños en espacios cordilleranos y no en las tierras bajas o medias de estos valles. Este hecho puede relacionarse de manera complementaria con que su dinámica espacial articula también con las rutas de comunicación cordilleranas que conectan tanto los distintos valles del NSA entre sí como a estos con áreas aledañas como el Centro Oeste Argentino y NOA.
Finalmente, la presencia de estas representaciones abre la puerta a la búsqueda de otros diseños similares para otros espacios del NSA, en particular para los valles más septentrionales respecto del que hemos estudiado aquí, con el fin de evaluar posteriormente tanto la frecuencia de su representación en estos espacios tan alejados como las dinámicas que adquiere ésta en el proceso expansivo incaico en la zona y los procesos de apropiación que establecen las poblaciones locales de esta iconografía foránea, la que, de momento, sólo reproducen sobre soportes rocosos, lo cual da cuenta de la articulación diferencial de los discursos visuales según las materialidades en que se disponen.

 

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Figura 5. Diseño no figurativo de lados cóncavos con decoración ajedrezada, sitio Pichicavén 1, soporte 27.

Agradecimientos

Al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de Chile por financiar este trabajo a partir del proyecto Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT) 1080360. A todos/as los/as colegas y compañeros/as que participaron en las campañas de terreno. A José Berenguer, por compartir información sobre el tema y entregar una primera apreciación sobre los diseños en cuestión. A Álvaro Martel e Indira Montt, por sus clarificaciones y discusiones sobre el tema, que permitieron solucionar varios errores de un primer manuscrito. A Diego Salazar, por su revisión de una segunda versión. A los tres evaluadores anónimos del texto por sus recomendaciones. Las omisiones y errores que puedan existir en el texto son de mi total responsabilidad.

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