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Intersecciones en antropología

On-line version ISSN 1850-373X

Intersecciones antropol. vol.13 no.1 Olavarría Jan./July 2012

 

ARTÍCULO

Actitudes de los espanoles ante la inmigración (1997-2007). El papel de los partidos políticos

 

Juan Carlos Checa Olmos, Ángeles Arjona Garrido y Francisco Checa y Olmos

Juan Carlos Checa Olmos. Centro de Estudios de las Migraciones y Relaciones Interculturales (CEMyRI). Universidad de Almería. Edificio C de Humanidades II. La Canada de San Urbano 04120, Almería, Espana. E-mail: jcheca@ual.es
Ángeles Arjona Garrido. CEMyRI. Universidad de Almería. Edificio C de Humanidades II. La Canada de San Urbano 04120, Almería, Espana. E-mail: arjona@ual.es
Francisco Checa y Olmos. CEMyRI. Universidad de Almería. Edificio C de Humanidades II. La Canada de San Urbano 04120, Almería, Espana. E-mail: fcheca@ual.es

Recibido 8 de abril 2011.
Aceptado 2 de julio 2011

 


RESUMEN

El objetivo de este artículo es comprobar las coincidencias que existen entre las medidas y discursos de los políticos en materia migratoria y la opinión que la sociedad espanola tiene sobre el fenómeno. Para ello, se han utilizado diferentes estrategias metodológicas. En primer lugar, se ha realizado un recorrido por las principales decisiones tomadas tanto por el Partido Socialista como por el Partido Popular en sus anos de gobierno. De igual modo, se han analizado, utilizando la teoría de la Agenda Setting, tanto las propuestas que ambos partidos recogen en sus programas electorales, como las manifestaciones públicas acopiadas en los diarios El País y El Mundo. En segundo lugar, para conocer la opinión que tienen los espanoles sobre la inmigración se ha construido el índice de sentimiento antiinmigrante. Los resultados muestran que existe correlación entre las decisiones y discursos políticos y la opinión pública espanola: por un lado, el grueso de las medidas y manifestaciones públicas de los políticos se centran en el control fronterizo y los procesos de regulación. Por otro lado, las variables que explican el incremento del sentimiento antiinmigrante de la población espanola son: la amenaza -poblacional e identitaria?, competencia por los recursos y decisiones políticas en el proceso de integración -regularización?.

Palabras clave: Inmigrantes; Amenaza; Xenofobia; Partidos políticos; Encuadre mediático.

ABSTRACT

Spanish attitudes towards immigration (1997-2007). The role of political parties.The aim of this paper is to examine the overlap that exists between the measures and political discourse on migration and the view that Spanish society has of the phenomenon. To do so, different methodological strategies were used. First, an exploration was conducted of the major decisions taken by both the Socialist Party and the Popular Party during their years in office. Proposals that both parties included in their manifestos and public demonstrations as listed in the newspapers El País and El Mundo were analyzed using the theory of agenda setting. Second, an index of anti-immigrant sentiment was constructed to find out the opinions the Spanish hold on immigration. The results show a correlation between political decisions and speeches and the opinions of the Spanish public. Most actions and public statements of politicians focus on border control and regulatory processes. The variables that explain the increased anti-immigrant sentiment of the Spanish population are threat to both population and identity, competition for resources, and political decisions during the process of integration (regularization).

Keywords: Immigrants; Threat; Xenophobia; Political parties; Frame.


 

INTRODUCCIÓN

La inmigración en Espana es un fenómeno relativamente reciente1. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), a mediados de la década del noventa del siglo pasado, en Espana, la cifra de extranjeros ascendía a 542.314; a principios del tercer milenio ésta llegaba hasta 1.370.657; y en la actualidad, según el último dato publicado -enero de 2010-, se sitúa en 5.708.940 extranjeros. Ahora bien, lo novedoso de esta etapa migratoria no sólo reside en el incremento de los flujos y la heterogeneidad del stock poblacional2, sino que es un fenómeno que tiene un gran eco en la opinión pública y en la agenda política. En las diversas encuestas nacionales que se han ido realizando a lo largo del tiempo sobre las opiniones y actitudes hacia la inmigración, se comprueba que éstas son cada vez más negativas (Cea D'Ancona 2005, 2009; Díez Nicolás 2005; Pérez Yruela y Desrues 2005). Hasta el punto que en la última década, en todos los barómetros nacionales elaborados por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la inmigración ha oscilado entre el primer y cuarto problema de Espana, junto con el paro, el terrorismo y la vivienda; y alcanzó puntos álgidos cuando se produjeron los diferentes procesos de regulación de inmigrantes (2001 y 2005), momentos en que adquirió el calificativo de "emergencia social", equiparado a otras "alarmas" como la droga, delincuencia, etc. Éstas son percepciones y cogniciones sociales que se han traducido, evidentemente, en actitudes y comportamientos discriminatorios, hostilidad e incluso violencia3. Ahora bien, este proceso trasciende al propio incremento poblacional, ya que los políticos y los medios de comunicación contribuyen a él a través de discursos fundamentados, por un lado, en el "juego de las cifras"; esto es, al exagerarlas o presentarlas fuera de contexto y, por otro, aludiendo al peligro que suponen los inmigrantes en relación con la estabilidad laboral, la pérdida de identidad cultural y la inseguridad de los ciudadanos. O, lo que es igual, la inmigración se ha convertido en una realidad interpretable por todos los agentes sociales y políticos, cuyo resultado es la consolidación de ciertas actitudes y comportamientos. El objetivo de este artículo, siguiendo con la línea abierta por Simon y Lynch (1999) y continuada por Bauer et al. (2000), Lahav (2004), o Zapata (2009) para el caso espanol, es conocer el papel que juega la política en la configuración de la actitud hacia la inmigración en la población autóctona espanola. Tal y como recuerda Sampedro (2000: 90) "los temas senalados en las encuestas como los más importantes coinciden con los que reciben atención mediática, a su vez fijada por los grupos políticamente dominantes". Por ello, no sólo se prestará atención a las principales medidas en materia migratoria, esto es, sus resultados, sino que daremos un paso más y nos centraremos también en sus propuestas iniciales y declaraciones de intención, puesto que, en muchas ocasiones, éstas trascienden lo que realmente se puede hacer, pero, sin embargo, crean ideas y opiniones. O, lo que es igual, lo que nos interesa no es tanto el grado de concordancia del encuadre de la inmigración con las verdaderas acciones como lo es el modo de definir los distintos elementos que serán luego los que permitan al autóctono explicar la realidad del inmigrante.

MÉTODOS Y DATOS

Atendiendo a los objetivos iniciales del trabajo, es necesaria la utilización de diferentes técnicas de investigación. Para comprobar las filosofías de integración o concepción de ciudadanía que tienen los partidos políticos sobre el fenómeno migratorio en Espana se ha recurrido, primero, a describir las principales medidas tomadas por los dos partidos políticos que se han alternado en el poder, el Partido Socialista Obrero Espanol (PSOE) y el Partido Popular de Espana (PP). Segundo, y para explicar las maneras en que se crean y difunden los mensajes comunicacionales, se ha utilizado la variable ideología -derechas e izquierdas- que propone la Sociología de la Producción de Noticias (SPN), también denominada como newsmaking, para analizar, por un lado, las propuestas que hacen en materia migratoria en sus programas electorales, tomadas de sus páginas Web, entendiéndolas como los "contratos" que los partidos contraen con la ciudadanía, especialmente con aquellos que los votan. Por otro, se han analizado las afirmaciones vertidas por los principales líderes políticos, tanto nacionales como regionales, en materia migratoria4 y recogidas en los principales diarios espanoles, El País y El Mundo, en su versión digital. A través del análisis factorial, tal y como realizan Igartua et al. (2005) o Álvarez (2009), se categorizan sus afirmaciones para establecer los encuadres noticiosos. Lo que estos hacen es definir la situación; es decir, "crean una idea acerca de los acontecimientos, puesto que primero seleccionan algunos aspectos de la realidad percibida y los hacen más destacados en el texto comunicativo, de tal manera que consiguen promover una definición del problema particular, una interpretación causal, una evaluación moral y/o una recomendación de tratamiento para el asunto descrito" (Etman 1993: 53). En suma, para este trabajo se han contabilizado un total de 514 noticias. De otro lado, y para comprobar la opinión de los espanoles respecto de la inmigración, se toma como referencia la base de datos de la empresa de opinión Análisis Sociológicos, Económicos y Políticos (ASEP). Desde el ano 1997 hasta el 20075, dicha empresa realiza encuestas estadísticamente significativas y con los mismos ítems sobre las actitudes de la población espanola mayor de 18 anos hacia los extranjeros. La base de datos cuenta con las respuestas de 13.292 individuos6.

La muestra está estratificada proporcionalmente atendiendo al número de inmigrantes asentados en las diferentes comunidades autónomas. La información se recoge de manera aleatoria. A su vez, la matriz ha sido completada con las estadísticas oficiales que ofrece el Instituto Nacional de Estadística (INE) en cuanto a población extranjera y tasa de paro. Para medir la actitud de los espanoles ante los inmigrantes hemos construido el índice de sentimiento antiinmigrante. Para ello, se ha tenido en cuenta el componente afectivo y cognitivo de la actitud a través de las siguientes cuestiones (Checa et al. 2010; Díez Nicolás 2005; Escandell y Ceobanu 2009; Semyonov et al. 2006): "La inmigración provocará que Espana pierda su identidad" (De acuerdo= 1); "Influencia de la inmigración en el paro" (Aumenta= 1)"; "Influencia de la inmigración en los salarios de los espanoles" (Disminuye= 1); y "Influencia de la inmigración en la delincuencia" (Aumenta= 1). El índice oscila entre 0 y 4, donde el 0 implica nulo sentimiento antiinmigrante. En cuanto a las variables independientes y predictivas del sentimiento antiinmigrante, se tienen en cuenta los aspectos clave que resaltan Evans y Need (2002): amenaza, inseguridad y distancia social, que se completan con otros que hacen referencia a indicadores de política migratoria y derechos sociales (Cea D'Ancona 2009).

La amenaza se mide, por un lado, a partir del tamano real de la población extranjera y el volumen percibido (Quillian 1995, 1996; Schneider 2008; Schlueter y Scheepers 2010; Semyonov, et al. 2000). Para el primer caso tendremos en cuenta la tasa de extranjeros. Para el segundo, damos el valor (1) a quienes contestaron que los inmigrados asentados en Espana son demasiados. Por otro lado, la amenaza identitaria, que se visibiliza a través del conflicto entre las distintas culturas, ensalzando, bien lo étnico, o bien lo cívico. Para ello, se interrogó, primero, sobre los efectos que la inmigración tiene para la cultura espanola (efectos malos o muy malos= 1), propio de una identidad étnica y credencialista. Segundo, la autoidentificación con el territorio (universalista= 1), ajustado a una identidad cívica. Y tercero, su posición en índice materialismo/posmaterialismo (materialismo= 1) (Díez Nicolás, 2005; Inglehart 1997).

De la amenaza deriva la inseguridad, que se expresa a partir de dos elementos: uno, el material, cuantificado, por un lado, por la actitud "sólo deben admitirse inmigrantes cuando no haya espanoles para desarrollar esa actividad" (De acuerdo= 1) y, por otro, por la tasa de paro. El segundo elemento es la inseguridad política, referida a dos cuestiones relacionadas políticoscon la política migratoria y concesión de ciudadanía (Díez Nicolás 2005), la primera, "Bastante complicada es la situación económica de los espanoles como para destinar dinero en ayudar a los inmigrantes" (De acuerdo= 1), y segunda, "Actitud más adecuada ante los inmigrantes irregulares" (regularizarlos= 1). La distancia social, entendida como falta de interacción, está operacionalizada por las tres dimensiones utilizadas en el contacto intergrupal, a saber: intenso, ocasional y el producido en el lugar de trabajo (Escandell y Ceobanu 2009; Hamberger y Hewstone 1997). El primero corresponde a la cuestión si "se tiene una relación estrecha y afectiva con inmigrantes" (No= 1); en el segundo, se pregunta si "alguna vez ha tenido una conversación larga con inmigrantes" (No= 1). El tercero responde a si "tiene relación laboral, en su centro de trabajo, con inmigrantes" (No= 1). Por último, las variables de carácter individual tienen también una enorme importancia a la hora de predecir el sentimiento antiinmigrante (Coenders y Scheepers 2008; Díez Nicolás 2005; Escandell y Ceobanu 2009): sexo (hombre= 1), edad (en anos), nivel educativo (universitarios= 1), ingresos (cuartil más bajo= 1), orientación política (derecha= 1), actividad (desempleado= 1), estado civil (casado= 1), ubicación de la residencia (urbano= 1), frecuencia con la que viaja fuera de Espana (nunca= 1) y comunidad autónoma (Comunidad Valenciana como referencia).

RESULTADOS

Atendiendo a los objetivos que guían el texto, en primer lugar analizamos el papel que juegan los políticos tanto en la gestión de la inmigración como en la visión que trasmiten al electorado a través de los encuadres. Posteriormente, observaremos la intensidad y evolución del sentimiento antiinmigrante, así como las variables que lo definen.

Inmigración y políticos

Entre 1997 y 2004, el gobierno espanol recae en el Partido Popular, en un primer momento con mayoría insuficiente y, en la segunda legislatura, con mayoría absoluta. Sus acciones políticas siguen la línea marcada por los principales países de la Unión Europea. Durante sus legislaturas se establece como objetivo esencial de Estado, en materia migratoria, dominar el volumen de los flujos y canalizar, por tanto, la presión demográfica creciente. Para ello se establecen tres temas genéricos: primero, control de entradas y visados; segundo, lucha contra el trabajo clandestino; tercero, reforzamiento de la actuación policial. En estos aspectos se hace especial hincapié en la Ley de Extranjería (Ley N° 8/2000). Con un carácter marginal y subsidiario, por sus resultados y recursos destinados, se disenan otros tres grupos de medidas: política de promoción e integración social ?especialmente en la no discriminación en asuntos económicos y sociales?, mayor coordinación y centralización administrativa y cooperación al desarrollo. Por tanto, los mayores intereses del gobierno de Aznar fueron el control fronterizo y los acuerdos bilaterales con Colombia, República Dominicana y Rumania para el retorno de inmigrantes irregulares. Más aún, cuando analizamos las ideas que, sobre inmigración, se dictan en el programa electoral marco, encontramos que casi todas las medidas tienen un carácter preventivo: -Proposición de ley de modificación de la Ley de Extranjería, que pretende acabar con las regularizaciones masivas que perjudican al propio inmigrante.

-Reforzar el control de nuestras fronteras y los medios de lucha contra las mafias que trafican con seres humanos.

-Favorecer la integración de los inmigrantes que ya están en Espana, a través de la asunción de los derechos y deberes que establece su Constitución.

- Limitar las reagrupaciones en cadena.

- Revisar la figura del arraigo en cuanto a plazos y requisitos para su mayor efectividad.

- En materia de empleo: evaluar las fórmulas contractuales reguladas en la Ley de Extranjería para su posterior mejora y establecer la "tarjeta azul europea" con el fin de facilitar la entrada laboral en Espana y el tránsito entre los países comunitarios.

- Incrementar el periodo de internamiento en centros (CIE) en Espana.

- Regular el contrato de integración para aquellos inmigrantes que deseen establecerse en Espana, conforme a lo establecido en el Pacto Europeo de Inmigración, o prohibir las regularizaciones masivas.

Más allá de las medidas concretas o propuestas de acción, va a ser en el primer periodo del gobierno de Aznar en el que se va empezar a alimentar, claramente, la visión de la inmigración como un problema. Así, por ejemplo, entre las manifestaciones públicas de los principales dirigentes del PP, el ministro Mayor Oreja afirmaba "alejémonos de posturas utópicas que coloquen a Espana en la vanguardia de la inmigración. Es fundamental que Espana sepa jugar su papel desde la prudencia y el control de fronteras" (El Mundo, 18 de noviembre de 1999)7, proclamas que se endurecieron cuando el PP pasó a ser oposición. Por eso, el portavoz de Inmigración del Grupo Popular en el Congreso, Rafael Hernando, ha afirmado que "no podemos seguir manteniendo un sistema de entrada en nuestro país que invita al fraude masivo" (El Mundo, 18 de julio de 2009), e insistió meses después en que se debería "cerrar 'el coladero' en el que se han convertido las fronteras espanolas" (El País, 26 de septiembre de 2009). De igual modo, Mariano Rajoy, presidente del Partido y del actual gobierno espanol, llegó a afirmar que: "No habrá más regularizaciones masivas de inmigrantes, será la primera ley que presente cuando llegue al Gobierno", o también "La política de papeles para todos no conduce a nada más que a provocar un efecto llamada, las mafias que trafican con personas vuelven a actuar con absoluta impunidad, hay muchas personas que están perdiendo la vida, que son manipuladas y manejadas por mafias (El País, 14 de mayo de 2007), a lo que posteriormente anadió: "Ya empezamos a ver algunas cosas que no son buenas en algunas ciudades de Espana. Hay 180.000 extranjeros cobrando seguro de desempleo, y ya volvemos a tiempos pasados: ya hay 20.000 andaluces que han perdido trabajo en la vendimia francesa" (El País, 15 de septiembre de 2008). También los líderes políticos regionales del PP han seguido con la misma línea argumental. Así, Cristina Tavío, presidenta del Partido en Tenerife, afirmaba que "Más de 200 irregulares en diez días ponen en duda la eficacia de nuestra seguridad"8. O desde el PP catalán, que se disenó un videojuego estilo "Lara Croft" en el cual se pone a los inmigrantes como diana de los disparos9. Desde 2004 a 2008, las urnas dan el gobierno al Partido Socialista, aunque con una mayoría precaria. Sin ánimo de exhaustividad, las principales medidas llevadas a cabo fueron (véase Santolaya 2009): primero, una apuesta por la laboralización de los flujos y stocks migratorios (Real Decreto 2393/04, 30 de diciembre), hasta el punto que las migraciones pasan a ser gestionadas por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y no por el de Interior, como había sido hasta esos momentos.

En segundo lugar, el proceso de normalización, como lo llamó el gobierno, que regularizó a 578.000 trabajadores extranjeros. Tercero, aprobación del Plan África, que abarca acuerdos internacionales para denegación de entradas de inmigrantes y readmisión. Cuarto, un importante número de Sentencias del Tribunal Constitucional (STC) 236/2007, del 7 de noviembre, en las que se declaran inconstitucionales buena parte del diseno legal de los derechos fundamentales de los extranjeros. Y quinto, la transferencia en las competencias de gestión de permisos de trabajo a ciertas comunidades autónomas, de futura aplicación (por ejemplo, Cataluna y Andalucía), así como la aprobación de un fondo de apoyo para la integración social. De todas las acciones, la que más repercusión tuvo fue el proceso de regularización, ampliamente criticado por la oposición del Partido Popular. Esta fue una decisión política que trascendió a un debate sobre la adecuación y las consecuencias de los procesos de regularización masivos que superó las fronteras espanolas, ya que se instaló en el resto de Europa, especialmente por una cierta coincidencia de llegada de subsaharianos con cayucos a las Islas Canarias. El debate se acentuó debido a la muerte de varios inmigrantes a manos de militares marroquíes cuando intentaban saltar la valla que separa la ciudad autónoma de Melilla de Marruecos, proceso que culminó con la financiación por parte de la Unión Europea del Sistema de Vigilancia Exterior (SIVE).

En cuanto las propuestas ofrecidas por el PSOE en su programa electoral marco de 2010 en materia migratoria, resaltan la reducción del fenómeno a su vertiente laboral y el control de flujos, con lo cual quedan "desamparados", en sus propuestas, los irregulares: -Inmigración vinculada al empleo, en función del mercado laboral. Atender las reagrupaciones familiares. -Igualdad de derechos y deberes de todos los legalmente residentes. Servicios públicos de calidad para todos. -Respeto al marco de convivencia y a las leyes vigentes. -Lucha contra la irregularidad: controles fronterizos, sistemas de repatriación, ampliación del periodo de internamiento, endurecimiento contra las mafias, etcétera. Centrados en las manifestaciones recogidas por los diarios, los dirigentes del PSOE han sostenido una línea argumental más uniforme y progresista a lo largo del tiempo, tanto en sus periodos de gobierno como en los que formaron parte de la oposición. Así, con el gobierno de Aznar (PP), Diego López Garrido, portavoz del PSOE en el Congreso, afirmó: "La inmigración regular y ordenada, no existe. Y las políticas de tolerancia cero con la inmigración regular, como la de la ley 8/2000, sólo han hecho crecer las entradas clandestinas y, por tanto, la marginalidad, que es el germen de la xenofobia y el racismo, del modelo de El Ejido" (El País, 23 de enero de 2001). Trinidad Jiménez dio un paso más al afirmar: "no se trata de ver cómo controlar las fronteras sino de cómo integrar a los que están establecidos" (El Mundo, 10 de agosto de 2000).

El ex ministro Belloch, por su parte, en clara referencia a las medidas restrictivas de la Ley de Extranjería aprobada por el PP en el ano 2000, dijo: "Los inmigrantes irregulares se reunirán y no podrán evitarlo, se sindicarán y no podrán evitarlo. ?Qué van a hacer?, ?registrar las sedes de los sindicatos? Lo de ustedes es una declaración de principios que no va a funcionar" (El Mundo, 15 de diciembre de 2000). Ya en el gobierno, Pedro Zerolo, secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG del PSOE, acusó al PP de poner en marcha la "calculadora del miedo", al haber asegurado que el gobierno preparaba para 2007 una regularización masiva de inmigrantes. Por supuesto, existe una falla considerable entre lo manifestado y lo plasmado en las acciones políticas por parte del PSOE. La explicación reside en que, de entrada, es un partido progresista y la forma de crear la noticia -newsmaking- debe responder a sus principios, aunque luego los actos se parezcan tanto a las declaraciones como a las medidas tomadas por el Partido Popular, de tendencia conservadora. En cualquier caso, las manifestaciones públicas ofrecidas por los políticos de uno y otro partido y recogidas en los dos grandes medios de comunicación -El País y El Mundo- se reducen en seis encuadres mediáticos (Tabla 1).

Tabla 1. Número de noticias por encuadres (1997-2007).

El primero hace referencia al control de los flujos migratorios. Por tanto, al igual que en las medidas en materia migratoria, la entrada de los inmigrantes es el tema más manifestado por los políticos. El siguiente encuadre hace referencia a la tramitación de documentos y regulación. Basta recordar que durante este periodo se han producido varios procesos de regularización masivos, los cuales han generado debates que aún perduran. En unos casos estos justifican la medida y en otros la critican, pero, de cualquier forma, es el segundo tema que más información ha creado en la última década. El tercer enfoque noticioso es el de las medidas que se han tomado en materia de integración social, especialmente en materia económica, educativa y sanitaria. El cuarto hace referencia a los actos delictivos en los que estaban implicados individuos extranjeros. El quinto encuadre resalta los beneficios que traen los inmigrantes, sobre todo, aquellos en los que los autóctonos se benefician: consolidación del sistema de pensiones, promoción social y contribución al fisco. Por último, entre las declaraciones de los políticos resalta la denuncia a los actos racistas, xenófobos o discriminatorios que padecen los inmigrantes. Es decir, entre los seis encuadres que agrupan la totalidad de las manifestaciones de los políticos se encuentran, por un lado, tres que resaltan el papel positivo que tiene la migración: el quinto pone en valor la importancia de la migración en destino; el tercero senala las medidas que se están tomando para integrar a la población, aunque no siempre ésta es entendida del mismo modo; y el último denuncia las situaciones de injusticia que padecen.

Por otro lado, y con un significado distinto, los encuadres más repetidos son aquellos que hacen referencia al control de entrada de los inmigrantes y a los procesos de regularización. En resumen, las políticas de inmigración mantenidas en los últimos 15 anos por el PP y por el PSOE se basan en el mismo mito: "queremos una inmigración ordenada"10. De la misma manera, han entendido por integración la aceptación de la cultura autóctona por parte del inmigrante que conserva, al mismo tiempo, sus senas de identidad. Por lo tanto, la "integración" queda reducida a un mito voluntarista, que afecta sólo al inmigrado, que hasta ahora nunca ha alcanzado sus objetivos en ningún país europeo. Dicho de otra manera, en materia migratoria, y teniendo en cuenta la ideología, la sociología de producción de noticias no difiere excesivamente entre unos grupos políticos y otros. Se impone así, como sostiene Van Dijk (2003), la reproducción de la hegemonía económica y control del fenómeno en unos discursos dirigidos sobre los otros, cuyo corolario es obviar, en la gran mayoría de las ocasiones, cualquier representación positiva de los inmigrantes.

Inmigración y opinión pública

Una vez analizados tanto las acciones políticas como el resultado de las manifestaciones de los principales agentes políticos, queda comprobar, como segundo paso de la investigación, si estos marcos de referencia primarios se constituyen en un elemento fundamental en la cultura de los individuos. Lo primero que resulta del estudio longitudinal, a través de las encuestas, es el incremento paulatino del sentimiento antiinmigrante. Si en 1997 la media era de 1,4, en 2007 se sitúa en 2,1 (Figura 1).

Figura 1. Evolución del índice de sentimiento antiinmigrante en Espana (1997-2007).

Es decir, se identifica, cada vez más, al extranjero como generador de desempleo, delincuencia, reducción de salarios y enemigo de la identidad cultural. Incluso, la evolución responde a tres momentos distintos dentro de la propia década analizada. En un primer momento, 1997-1999, el sentimiento se mantiene casi constante, alrededor del 1.4. Con la entrada del nuevo milenio, se produce un impulso llegando el rechazo hasta el 2.1. Por último, desde 2004 hasta 2007 vuelve a incrementarse hasta llegar al 2.4. En Espana, tal y como sostiene Blalock (1967) de manera global, las actitudes hacia el exogrupo no experimentan un incremento lineal, hasta el punto que la posición ante la inmigración, tal y como sostienen Cea D'Ancona (2005) y Zapata (2009), es ambivalente; puesto que el sentimiento antiinmigrante no crece al mismo ritmo que el aumento de la población; sobre todo, por los objetivos (inputs) y resultados (outputs) de las políticas estatales en materia migratoria, que están definidas, como hemos visto antes, con medidas de control de los flujos. De manera que si éstas tuvieran un marcado carácter proinmigración, los resultados del sentimiento serían aún más acentuados. En el siguiente paso de análisis se han estimado, en función de las variables individuales y contextuales, tres modelos de regresión (Tabla 2).

Tabla 2. Efectos sobre variables independientes sobre el sentimiento antiinmigrante

En el modelo 1 examinamos el papel que juegan las variables de la amenaza e inseguridad, en el segundo se incluyen las variables del contacto intergrupal y en el tercero se anaden las variables individuales y de localización regional. Como muestran los datos en el modelo 1, las variables que más predicen el sentimiento antiinmigrante, con signo positivo, son la amenaza percibida, destinar dinero para inmigrantes, efectos negativos sobre la cultura nacional, población real y, por último, aceptar inmigrantes cuando no haya espanoles para desarrollar las actividades. Con signo negativo: regularizar inmigrantes, identificación universalista y tasa de paro, aunque esta última no muestra una significación estadística. Dicho de otra manera, cuando se tiene una mayor sensación de invasión, se destina más dinero a políticas de inmigración, especialmente al control fronterizo, puesto que se piensa que la inmigración tiene efectos negativos sobre la cultura del país de llegada, a la vez que reduce las posibilidades de inserción laboral de los nacionales. En el modelo 2, una vez insertadas las variables del contacto, se comprueba que amenaza e inseguridad siguen siendo las dimensiones que mayor peso tienen a la hora de explicar la variación del sentimiento. En las variables del contacto sólo aparece con significación estadística el contacto intenso y ocasional, de manera que si tenemos una relación afectiva, o cuantas más veces tengamos una conversación larga con un extranjero, menor será la percepción negativa que se tendrá sobre el exogrupo.

Por último, las variables individuales muestran, de manera general, que tienen menor capacidad de predicción en el sentimiento que las correspondientes a la amenaza, inseguridad y el contacto intergrupal. Sólo los universitarios con signo negativo y las personas de ideología de derechas, los hombres y los casados con positivo muestran ciertas dosis de sentimiento antiinmigrante. Es decir, cuanto mayor nivel educativo se adquiere, menor xenofobia manifiesta el sujeto, a la vez que las personas que se identifican ideológicamente con la izquierda, las mujeres y los solteros presentan, también, menos recelo a la alteridad. No presentan significación estadística los desempleados, los que no viajan fuera y los que tienen ingresos bajos. En cuanto a las comunidades autónomas, tomando a la valenciana como referente, las que tienen un signo negativo, de entrada, senalan menores dosis de sentimiento antiinmigrante. Ejemplo de ellas son Andalucía, Aragón, Cantabria, Castilla León, Extremadura, Galicia, Navarra y el País Vasco. También con signo negativo, pero sin significación estadística, aparecen Canarias, Castilla la Mancha y La Rioja, lo que sugiere que su sentimiento con respecto a la Comunidad Valenciana no es muy diferente. El resto de comunidades autónomas presentan valores positivos, aunque en ningún caso los valores tienen significación estadística. En definitiva, el sentimiento antiinmigrante no se ve influenciado en exceso por las condiciones económicas que sufren los individuos, ni tampoco por la comunidad autónoma en que ellos residan.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Desde principios de los anos noventa del siglo pasado, Espana ha recibido un importante flujo de inmigrantes, situación que no ha pasado desapercibida en ningún ámbito, de modo que no sólo figura en la agenda política, sino que se ha creado una opinión particular en la sociedad sobre el fenómeno. Lo primero que demuestran los datos es el incremento paulatino del sentimiento antiinmigrante en la opinión pública espanola. Se piensa que los extranjeros quitan puestos de trabajo, favorecen la reducción de los salarios de los autóctonos y afectan negativamente a los patrones culturales de Espana. Esta tendencia no responde tanto al incremento real del número como a la percepción de amenaza y a la sobreestimación de su presencia. Ahora bien, esas prácticas discursivas cotidianas se corresponden, con mucha exactitud, a otras que son institucionales. La construcción de la inmigración a través de su número como una invasión no es per se, sino que responde a una construcción simbólica producto de alocuciones provenientes de diversos actores y escenarios sociales, en los que destacan, como hemos visto, los discursos y acciones políticas. Basta recordar que las principales medidas tomadas por los gobiernos socialistas y del Partido Popular, así como el encuadre más repetido en las noticias, ha sido tratar de controlar los flujos de entrada. El objetivo fundamental es trasmitir a la opinión pública que se están tomando las medidas oportunas para frenar la "avalancha" de inmigrantes. Además, cuando los medios hacen referencia a las migraciones o a los inmigrantes, en casi todos los ámbitos, se impone una concepción reduccionista y estéril. El mismo concepto de inmigrante se utiliza tanto para identificar al colectivo completo como a temporeros; otras para referirse a los ilegales, o incluso a delincuentes. Por lo tanto, el concepto de inmigrante trasciende sobre la persona que llega desde otro sitio. Se le atribuyen designios y atributos denegatorios con la finalidad de senalar al diferente, restando o quitando por completo lo natural de esa taxonomía. Evidentemente, si el término fundamental no se precisa, tampoco los que lo acompanan.

En el encuadre definido como políticas de integración social, los políticos utilizan conceptos amplios ?integración social, interculturalidad, multiculturalidad, etc.? que nunca se definen ni clarifican; por ello, son confusos, vagos, imprecisos, abstractos e inútiles. Y, como consecuencia, sólo se pueden esperar promesas sin compromisos concretos o generalidades, tales como: establecer proyectos para la integración social, fomentar la conciencia solidaria y la interculturalidad, combatir la discriminación y la exclusión social o promover la participación en la sociedad de los inmigrantes. En suma, una defensa genérica de los derechos humanos que manifiesta, en cierta manera, una atención descortés, ya que denota conocer las necesidades, pero también manifiesta el escaso interés por su situación, en tanto las principales medidas y esfuerzos económicos han ido en controlar los flujos de entrada.

Balibar (1992) afirma que, mientras los derechos se ejercen efectivamente, los privilegios pueden ser, en gran parte, imaginarios; además, mientras que los derechos se afirman y se fortalecen, cuando aumenta el número de los que los disfrutan, los privilegios sólo se pueden garantizar si se restringe el número de sus posibles beneficiarios. Por eso, los espanoles están de acuerdo con las afirmaciones de que sólo deberían llegar inmigrantes cuando todos los espanoles gozaran de las oportunidades del Estado de bienestar, y en que no se debe destinar dinero para la integración social de aquéllos. Se pone de manifiesto entonces la idea de Halbwachs (1950) sobre la organización de las necesidades: éstas se ordenan y jerarquizan en función de su dependencia de la organización social. En este sentido, las necesidades de los migrantes son, o serán, las últimas en tener en cuenta. Toda exigencia social, aun la más primaria y elemental, tiene una carga simbólica emparejada que no puede obviarse y, en el caso de las carestías de los inmigrantes, se absolutizan en su grado mayor, debido a su representación simbólica. En definitiva, más allá del control fronterizo, los inmigrantes quedan, para los políticos, relegados a lo que se puede denominar una "zona marginal del programa", representada por las políticas asistencialistas destinadas a la población con necesidades especiales, como otras tantas: ex drogadictos, enfermos crónicos, minusválidos, minorías étnicas, mayores, menores, etc. Algunos de los que Sorman (1993) llamaría bárbaros11.

De todo lo anterior se deduce que el encuadre mediático ha marcado los distintos elementos de la escena y su posterior interacción, especialmente en la distribución de los roles: inmigrante vs. autóctono. La opinión pública espanola enfatiza, cada día más, el estigma del inmigrante como generador de paro, pobreza o delincuencia, que lo separa del autóctono; a la postre, opiniones y actitudes que representan nuevas formas de racismo y xenofobia. En la mente colectiva y en el inconsciente ideológico de algunos partidos políticos, cuando menos, por definición, el inmigrante es un "peligro social", un marginado, un excluido o alguien que genera miedo, debido a su capacidad de alterar (Contreras 1997: 70). Y esto es así porque la configuración de lo extranjero en las mentalidades colectivas no puede limitarse a la opinión consciente y públicamente expresada por cada ciudadano. Las actitudes y motivaciones de los individuos están fundadas en procesos preconscientes o inconscientes, ligados a los componentes básicos de la personalidad, que no se rigen por una lógica racional; todo lo contrario, tienen un fuerte componente afectivo y, en el caso concreto de los extranjeros, están atravesados, por un lado, por la ambigüedad que genera lo desconocido y, por otro, por el miedo forjado desde los diferentes agentes sociales y políticos. Basta recordar que ambos partidos políticos, aunque con diferente énfasis, han hablado de expulsión de los ilegales mediante la aplicación de la Ley de Extranjería. Esto nos demuestra que el Otro, el innombrable, el creador del miedo, es el portador del caos y no comparte la definición pública de lo bueno estipulada por la cultura mayoritaria, y su mera presencia pasa a ser una cuestión de orden público.

Así lo han representado, en múltiples ocasiones y a través de actos políticos -mítines, folletos informativos o pasquines-, los dirigentes del Partido Popular en Cataluna12, que vinculan a los inmigrantes con delincuencia, desorden y suciedad, hasta el punto de disenar un videojuego en el cual la misión era dispararles. Pero la amenaza trasciende lo numérico para consolidarse también en lo identitario. Cualquier tipo de identidad grupal sirve de base para el conflicto, que se inicia en el momento que se adscribe un "contenido étnico" con base en los estereotipos. Algunos inmigrantes (unos más que otros) pasan a ser conceptualizados como "culturalmente incompatibles". Se distinguen por la exageración de las diferencias culturales a través del prejuicio sutil. Se percibe a la cultura como un rasgo heredado del que nadie puede desprenderse o, en otras palabras, existe "una concepción genealógica y, por tanto, racial de la cultura y su transmisión" (Todd 1996: 343). Se enfrentan al rechazo abierto o a una "integración" subordinada, puesto que las creencias de los otros son, casi siempre, vistas como elementos de fundamentalismo, lo que equivale a focos de conflicto o de choque, sobre todo si se trata de musulmanes, que se toman como el arquetipo a través del cual se piensa en la inmigración. Por eso, la mejor respuesta a esta situación es la asimilación cultural. De ahí que los espanoles sostengan que la llegada continua de población extranjera provoca efectos negativos en la cultura nacional. La integración social y el concepto de ciudadanía se han constituido en uno de los ejes principales que ha guiado el discurso político moderno, especialmente a través de referentes normativos y argumentos de legitimidad. Aunque existe, como se deduce, una contradicción entre una lógica que apunta a la universalización igualitaria y una praxis desigualitaria que establece formas de integración discriminatoria de sujetos aceptados en el territorio, sobre todo en el caso de los irregulares. Más aún, se persigue primero -control fronterizo- a quienes posteriormente se quiere integrar. La integración aparece en los programas electorales como una de las claves para la resolución de lo que ha sido socialmente construido como un problema. Sin embargo, cuando ésta no es entendida como asimilación, queda reducida a una visión tan extrana o vaga que deja al inmigrante sólo ante la decisión de integrarse.

La integración ha pasado a ser la idea que cada cual tiene de lo que debe ser la adaptación de los inmigrantes a la sociedad receptora. Es decir, este término es polisémico e indefinido en voz de los políticos, puesto que adquiere cualquier significado convencional. Más aún, el Partido Popular, en su ideario, quiere definirlo jurídicamente, e incluso obligar a los inmigrantes a firmar un contrato en el que se comprometan a acatar las normas presentes en la constitución y a modificar determinadas pautas culturales, sobre todo aquellas que sean incompatibles con las espanolas. Evidentemente, ni se especifican los elementos incompatibles, ni tampoco en la propuesta de contrato se apunta nada sobre los elementos socioeconómicos e igualdad de oportunidades que define la integración. En otras palabras, se precisa ser iguales culturalmente, pero no con iguales derechos. Reconocer la diferencia implica, además de postular la existencia de los otros, la necesidad de crear una nueva lógica que albergue una nueva clasificación. Pero en el caso espanol, el reconocimiento ha venido dado por leyes restrictivas hacia la otredad y marcando sus condiciones de visibilidad. Dicho de otro modo, "entre el hombre y el ciudadano existe una cicatriz: el extranjero" (Kristeva 1991: 118). El sentimiento de amenaza, a su vez, se ve complementado por el de competencia en los recursos limitados -inseguridad- como el empleo, vivienda, sanidad, etc., lo que lleva, por un lado, a magnificar la presencia de inmigrantes y, por otro, a no estar de acuerdo con los procesos de regularización masiva. Especialmente, el Partido Popular insiste, tanto en su programa electoral como en las declaraciones públicas, en aprobar una ley que impida esos procesos.

Con esta medida, según ellos, se frenaría la llegada constante de inmigrantes, puesto que las regularizaciones masivas actúan como "efecto llamada". Por tanto, las migraciones sólo estarían vinculadas a las necesidades laborales, cuestión a la que también se suma el PSOE en su programa electoral. Por último, las actitudes hacia el exogrupo se fundamentan en prejuicios y estereotipos que se construyen y consolidan por la falta de contacto intergrupal. Para Espana, los resultados han mostrado que, aunque existe un incremento, las relaciones son reducidas, tanto en lo afectivo como en el contacto ocasional. La falta de medidas efectivas para la integración social de los inmigrantes está provocando que se establezcan importantes dosis de segregación residencial, educativa o laboral. Incluso, esta falta de contacto va más allá de la existencia de espacios comunes, puesto que existe una instrumentalización del inmigrante como agente que degrada: baja sueldos, quita trabajo, afecta a nuestra cultura negativamente, etc. Al respecto, el ex ministro Arias Canete afirmaba que "ya no hay camareros como los de antes", en clara alusión a que los actuales, principalmente inmigrantes, no conocen o no desarrollan bien el oficio.

En resumen, parece evidente la relación entre las decisiones y declaraciones políticas en materia migratoria y la opinión pública espanola. De manera que, al igual que Zapata (2009), sostenemos que si las medidas y las declaraciones tomaran otra dirección, no sólo no se reduciría el sentimiento antiinmigrante, como cabría esperar, sino que se incrementaría, puesto que cuando las medidas tomadas han sido proclives a la integración de los inmigrantes, los barómetros de opinión han manifestado mayor rechazo. Más aún, el rechazo a la alteridad se produce independientemente de la situación económica -expansión o recesión?, y las variables como tasa de paro, ingresos bajos o desempleo apenas tienen influencia en la valoración; o del número deinmigrantes, de ahí que se produzcan similares dosis de sentimiento antiinmigrante en comunidades autónomas con importantes tasas de extranjeros, y también en otras en que la tasa de extranjeros es baja. Es decir, la actitud y opinión de la sociedad sobre la alteridad queda vinculada, por un lado, a los discursos difundidos tanto por las diferentes instituciones como por los medios de comunicación de masas y, por otro, a las propias acciones políticas.

NOTAS

1.- La historia reciente de Espana está muy vinculada con las migraciones. En un primer momento, como expulsora de mano de obra a lugares tan diferentes y distantes como América (Argentina y Brasil, especialmente), Norte de África (Marruecos y Argelia) y, más recientemente, Europa Central (Francia, Alemania, Bélgica o Suiza). Pero en sólo unas décadas, la dirección de los flujos se ha invertido, ya que Espana recibe ahora población.

2.- Rumania, Marruecos, Ecuador, Reino Unido y Colombia son los países con mayor presencia en Espana. De igual modo, según el INE, del total de extranjeros, 2.709.910 son mujeres, lo que supone el 47,5%. O también, el 15,4% tiene menos de 16 anos y el 5,4% más de 65 anos.

3 Ese fue el caso de la movilización racista de El Ejido (Almería) frente a los magrebíes. Considerado como el más importante de Espana y uno de los más notorios ocurridos en Europa en los últimos anos (véase Checa et al. 2010). Ahora bien, lejos de ser un hecho aislado, los actos racistas se han ido sucediendo paulatinamente en Espana, aunque con un carácter más individual; esto es, salvo contadas ocasiones se ha atacado a colectivos enteros (caso de los chinos en la ciudad de Elche), puesto que ahora la hostilidad se manifiesta a individuos particulares en ámbitos de la vida cotidiana.

4.- Quedan excluidas del análisis aquellas noticias que, aunque hablan o hacen referencia al hecho migratorio, figurando como protagonistas principales de la acción actores u organismos políticos o sociales de la sociedad de origen o receptora, personas o instituciones que podríamos calificar como "no inmigrantes". Además, las limitaciones de espacio nos obligan a insertar en el texto sólo algunas de las manifestaciones ofrecidas por parte de los políticos a lo largo de los anos.

5.- Con posterioridad al ano 2007 no se ha realizado una encuesta de ámbito nacional con los mismos indicadores para evaluar las actitudes ante la inmigración.

6.- Cea D'Ancona (2009), siguiendo con la línea abierta por otros autores, aborda las dificultades que tiene la medición de la xenofobia o el sentimiento antiextranjero a través de encuestas. Limitaciones que exceden a la propia técnica, ya que habla, principalmente, del sesgo de deseabilidad social, definido, principalmente, por el estigma que conlleva su admisión -xenofobia- en las sociedades modernas, en las que se censura, e incluso penaliza, cualquier declaración o conducta contraria a los principios constitucionales de igualdad y no discriminación. A pesar de dicho problema, utilizamos los datos de la encuesta, puesto que son los únicos que ofrecen en Espana una evolución tan amplia.

7.- No obstante, no faltaron dirigentes que sostuvieron en periodo de gobierno opiniones diferentes. Por ejemplo, Diego Jordano, portavoz del PP en el Congreso manifestó: "Las políticas de contención no resuelven nada, como no lo hizo el muro de Berlín" (El País, 20 de noviembre de 1999). De igual modo, el ministro Pimentel, por su lado, declaraba que "la inmigración contribuía a equilibrar la población y el saldo de la Seguridad Social (El Mundo, 19 de noviembre de 1999). Ahora bien, el primero no formó parte en las listas electorales en la segunda legislatura del PP y el ministro Pimentel dimitió de su cargo.

8.- Portal del PP: http://www.pp.es/actualidad-noticia/mas-200-irregulares-diez-dias-ponen-duda-eficacia-nuestra-seguridad_426.html (14/01/2011).

9.- El País, edición digital: http://elpais.com/elpais/2010/11/16/actualidad/1289899037_850215.html (22/02/2011).

10.- No obstante, no todos los partidos políticos del espectro espanol presentan medidas restrictivas en su modelo sobre inmigración. Izquierda Unida (IU) -tercera fuerza política nacional, pero con escasa representación parlamentaria- propone: uno, reconocimiento del derecho a la migración y al asilo según lo recogen los derechos humanos. Dos, otorgar derecho de sufragio a los extranjeros que estén en situación regular y estable. Tercero, facilitar el acceso a la nacionalidad espaoola. Cuarto, protección de los menores y las mujeres que se encuentren en desamparo o sufran maltrato. Y quinto, luchar contra las contrataciones ilegales, reforzar los servicios sociales y reformar la ley de extranjería.

11.- Así lo explica: "?Quiénes son los bárbaros? Los inmigrados y los toxicómanos son vistos como tales, pero ?lo son realmente? Tienden a serlo, porque son extranjeros y extranos al orden burgués [.]. Les prohibimos aburguesarse, realizando así sombrías profecías. La sociedad burguesa fabrica barbarie a la medida de su miedo al bárbaro: represión y marginalización; en respuesta a una amenaza hipotética, crean una amenaza real y favorecen a un determinado plazo la constitución de una nueva clase social" (Sorman 1993: 314).

12.- El actual alcalde de Badalona, Javier García Albiol, afirmó que los rumanos gitanos venían a delinquir y constituyen un peligro para la seguridad ciudadana (véase Diario El País, 25 de abril de 2010).

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