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Intersecciones en antropología

versión On-line ISSN 1850-373X

Intersecciones antropol. vol.16 no.3 Olavarría dic. 2015

 

ARTÍCULOS

Tecnología lítica y funcionalidad de asentamientos del periodo incaico en el Valle del río Aconcagua, Chile

 

Daniel Pascual Grau

Daniel Pascual Grau. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Arzobispo Fuenzalida 2918, Ñuñoa, Santiago, Chile. E-mail: danipascual79@gmail.com

Recibido 10 de marzo 2014.
Aceptado 6 de agosto 2014


RESUMEN

Pese a que existe una considerable cantidad de investigaciones acerca de la influencia del Tawantinsuyu en Chile Central, los trabajos arqueológicos enfocados al estudio de la tecnología lítica para el periodo incaico son realmente escasos, ya que se han privilegiado las investigaciones orientadas a otros conjuntos materiales (cerámica, arquitectura, arte rupestre y metalurgia). Con el propósito de generar una interpretación más amplia y completa de esta fase, es que se caracteriza y se discute en torno a la organización tecnológica lítica expresada en los asentamientos del periodo Tardío o Inca del valle del río Aconcagua. Se abordan desde los aspectos técnicos, formales y la integración con otras evidencias materiales en una escala espacial amplia, esto con el fin de tratar la problemática de las actividades realizadas en los sitios y de su funcionalidad (habitacionales y administrativos/rituales). Esto permitirá entender de mejor manera cómo se vinculan los distintos tipos funcionales de asentamientos estudiados, en relación con la obtención y movilidad de materias primas líticas, en el proceso de producción y distribución del instrumental intra-entre sitios. Los resultados de la presente investigación señalan que existen diferencias importantes en las estrategias tecnológicas que se reconocen entre los asentamientos habitacionales y los administrativos/rituales.

Palabras clave: Tawantinsuyu; Valle del río Aconcagua; Organización tecnológica lítica; Función de sitios.

ABSTRACT

Lithic technology and settlement functionality during the inca period in the Aconcagua river valley, Chile.

Although much research exists on the influence of Tawantinsuyu in Central Chile, archeological research on lithic technology for the Inca period is scarce because ceramics, architecture, rock art, and metallurgy have been prioritized. This paper provides a more complete understanding of the period by describing and discussing the lithic technological organization of the Late Period settlements of the Aconcagua river valley. Technical and formal properties and their integration, with other material evidence at a broad spatial scale provide evidence of activities conducted at the sites and the sites' functionality, whether habitation or administrative/ritual. A better understanding is reached of how different functional settlement types are linked in relation to the procurement and transport of lithic raw materials and the intra- and inter-site production and distribution processes. Results indicate important differences in the technological strategies at habitation and administrative /ritual settlements.

Keywords: Tawantinsuyu; River Aconcagua's Valley; Lithic technological organization; Sites functionality.


 

INTRODUCCIÓN

Los trabajos arqueológicos enfocados al estudio de la tecnología lítica para el periodo incaico son realmente escasos, ya que estas investigaciones se han orientado principalmente a otros conjuntos materiales como la cerámica, la arquitectura, el arte rupestre y la metalurgia (Chaparro 2009). Como consecuencia de ello, la visión que se tiene de este periodo es parcial e incompleta, debido a que la tecnología lítica no es un elemento que haya sido abandonado por las poblaciones de tiempos incaicos; por el contrario, es bastante abundante en los conjuntos materiales de este momento. Es por esto que, para tener una visión global y más acabada, se hace necesario integrar los análisis de estos conjuntos al estudio del periodo incaico. Además, es importante mencionar que a pesar de que el material lítico es poco sensible como indicador histórico cultural, nos puede mostrar las transformaciones de la acción de los individuos en el espacio (Méndez 2007), y su estudio en contexto es fundamental para la discusión de los modos de vida de los grupos humanos. Los pocos trabajos sobre el tema (Uribe y Carrasco 1999; Carrasco 2004; Yakuba y Gutiérrez 2004; Vásquez 2005; Elías 2007, 2008; Sprovieri y Baldini 2007; Chaparro 2009; Lynch y Lynch 2011, Chaparro y Avalos 2014, entre otros) se enfocan principalmente en discutir la organización tecnológica lítica, sin ahondar en la problemática de la funcionalidad de los asentamientos, salvo algunos casos puntuales (Méndez 2007).
Para Chile Central no hay trabajos específicos al respecto, y el caso particular del valle del río Aconcagua no es muy diferente al resto de la zona central, ya que sólo hay escasas referencias muy acotadas y descriptivas dentro de informes sobre asentamientos del periodo (Rodríguez et al. 1993; Pavlovic et al. 2004; Garceau et al. 2010). Sin embargo, en los últimos años se ha comenzado a discutir la problemática de la tecnología lítica y los aspectos funcionales que manifiesta dicha materialidad (Pascual 2010, 2012). Siguiendo este impulso, el presente artículo intenta profundizar en esta temática, y se propone como objetivos caracterizar la organización tecnológica lítica y plantear una discusión en torno a la funcionalidad
de los asentamientos del periodo incaico en este valle (1450 a 1536 DC). Consideramos muy relevante esta temática y perspectiva de análisis sobre un conjunto material escasamente abordado en las investigaciones sobre la presencia del Tawantinsuyu a escala nacional e internacional. En el presente trabajo no sólo se analizarán sus aspectos técnicos y formales, sino que estos serán problematizados y contextualizados en relación con la realidad sociocultural del periodo Tardío o Inca. Para esto, se integran las inferencias entregadas por otras líneas de análisis y toda la información es evaluada en una escala territorial amplia, lo cual nos permite tener una visión más acabada de qué actividades se realizaron en los asentamientos y cómo estos interactuaban funcionalmente entre sí a nivel espacial. Además, la tecnología lítica es una herramienta importante para entender cómo y cuánto impacta a las tradiciones culturales locales, en este caso a las del valle del río Aconcagua, la llegada del Tawantinsuyu, ya que cambios significativos en la organización tecnológica lítica implican modificaciones importantes en los modos de vida de estas comunidades.

VALLE DEL ACONCAGUA Y EL PERIODO INCAICO

El valle del río Aconcagua (Figura 1) se encuentra en el sector septentrional de Chile Central (33º 15' Lat. S.) y  presenta vías de comunicación natural con áreas adyacentes como los valles transversales nortinos de La Ligua y Petorca, la gran cuenca del Maipo-Mapocho, ubicada al sur, y la vertiente oriental de la cordillera de los Andes. Geomorfológicamente se caracteriza por la presencia de valles de fondo llano, quebradas estacionales y amplias rinconadas; las cuales se encuentran flanqueadas por diversos cordones montañosos, el más importante de los cuales es la cordillera de Los Andes. Cabe mencionar que estos se presentan como macizos de gran altura, sinuosos y con laderas bastante abruptas, lo cual es un elemento central en la definición del paisaje de esta zona. En relación con las dinámicas socioculturales, se ha planteado que con la llegada de la influencia del Tawantinsuyu a la zona se produjeron cambios significativos: se incrementó la heterogeneidad cultural y se complejizaron aún más las relaciones sociales, todo lo cual generó cambios ideológicos respecto del escenario previo a la llegada del Inca (Sánchez 2004; Pavlovic et al. 2006; Pavlovic et al. 2013). Evidencia de esta situación son los sitios y numerosas evidencias materiales que dejó la presencia del Tawantinsuyu. Se destacan fundamentalmente los asentamientos habitacionales, conjuntos arquitectónicos en cumbres, arte rupestre, contextos mortuorios, tramos de la red vial y sitios asociados a esta; así como algunos nuevos tipos cerámicos, tanto en aspectos decorativos como tecnológicos, modificación de algunos preexistentes o el aumento de la metalurgia y la lapidaria, entre otros (Stehberg 1995; Sánchez 2004; Sánchez et al. 2004; Troncoso et al. 2008; Acuto et al. 2010; Martínez 2011; Pavlovic et al. 2013).


Figura 1.
Plano general del valle del río Aconcagua.

En términos generales, la población local del periodo Tardío o Inca mantiene, en cuanto a los modos de vida, muchas de las características reconocidas para el periodo inmediatamente anterior. Estas comunidades estarían compuestas por grupos agrícolas sedentarios, correspondientes socioculturalmente a grupos segmentarios o tribales, con bajos niveles de desigualdad y niveles incipientes de especialización artesanal, que se estructuraban con base en unidades domesticas autárquicas (Pavlovic et al. 2014). Presentan un patrón de asentamiento disperso pero acotado espacialmente, ya que utilizaban mayoritariamente algunas áreas de las terrazas fluviales y partes bajas de las rinconadas del valle del Aconcagua. Sus asentamientos evidencian un uso intensivo, así como la realización de una amplia gama de actividades de carácter doméstico (Pavlovic 2006; Pavlovic et al. 2011, 2014). En este contexto, con la llegada del Tawantinsuyu se manifiestan una serie de actividades propias de la administración y ritualidad incaica, tales como ceremonias y fiestas relacionadas con el culto religioso, intercambio y redistribución de bienes y negociación de las relaciones sociales entre los distintos participantes. Estas reuniones se llevaban a cabo en espacios administrados por el Inca y reservados para estos fines, los cuales se encuentran segregados del resto de los asentamientos, emplazados en la cima de cerros aledaños a las tierras bajas y con amplio dominio del entorno. Se ha planteado que, en estos sitios, el Inca habría desarrollado rituales de alta eficacia simbólica en el proceso de incorporación de la población local al Tawantinsuyu (Uribe 2000; Sánchez 2004; Martínez 2011). Todo lo anterior indica que durante el periodo Tardío o Inca las relaciones sociales fueron complejas y heterogéneas, lo que generó una diversidad de sitios en los cuales se habrían realizado una considerable variedad de acciones y actividades. Es por esto que en el presente artículo se ha propuesto discutir en torno a la funcionalidad de sitio, pero tomando como eje central la tecnología lítica.

FUNCIONALIDAD DE SITIO Y TECNOLOGÍA LÍTICA

Tomando en consideración que la ocupación de un asentamiento por parte de un grupo humano deja variadas evidencias materiales de las actividades llevadas a cabo en él, pensamos que el análisis de estas nos permite aproximarnos a la funcionalidad y al cómo se vivía en dichos asentamientos. En este sentido, la diversidad artefactual de los conjuntos líticos puede ser de gran ayuda para interpretar los aspectos funcionales de las ocupaciones de los sitios arqueológicos. Sin embargo, se debe tener cuidado al usar la tipología morfológica de artefactos para interpretar su funcionalidad; y luego, por extensión y de manera directa, como indicador de funcionalidad de sitio, ya que sus formas también reflejan cambios en los requerimientos de las actividades realizadas con ellos, la intensidad con que fueron empleados y las conductas de reciclaje (Barton 1991; Andrefsky 1998; Hocsman 2009). Debido a lo anterior, es muy importante la selección que se haga de las clases o tipos de artefactos que den cuenta adecuadamente de las actividades que se llevaron a cabo en el sitio. El análisis y evaluación del instrumental deben ser abordados en conjunto y no de manera singular y segregada, de manera de disminuir los riesgos que presentan las tipologías morfológicas (Andrefsky 1998). Además, y con el fin de apreciar más apropiadamente los aspectos funcionales, la interpretación de estos conjuntos tiene que considerar al sitio en su totalidad -incluidas otras evidencias materiales- así como al propio sitio inserto en el contexto local y regional.
En este sentido, es importante destacar que nuestro abordaje se hará desde la organización tecnológica lítica (Nelson 1991), cuyo estudio admite analizar la selección e integración de las estrategias implementadas por un grupo humano para la fabricación, uso, transporte y descarte de artefactos. Este concepto es entendido desde una perspectiva que considera las "condiciones ambientales y variables tanto económicas como sociales que influencian dichas estrategias" (Escola 2004: 50), lo que permite alcanzar un mayor entendimiento sobre la movilidad, patrones de asentamiento o subsistencia de los grupos que habitaron un espacio durante un periodo de tiempo determinado. En relación con esto, la literatura destaca dos conceptos introducidos por Binford (1979): el de conservación y el de expeditividad. Una estrategia tecnológica conservativa implica la manufactura de instrumentos anticipando su necesidad y uso, realizando su transporte al lugar de utilización. De esta forma y con el fin de prolongar su vida útil, se advierte una preocupación en el mantenimiento y reparación de los artefactos, así como de las materias primas para su confección. La estrategia tecnológica expeditiva, por su parte, anticipa la presencia y disponibilidad de recursos líticos en sus lugares de uso; es por esto que se espera que la elaboración y descarte de los artefactos sea en o cerca de estas áreas. Todo esto tiene como consecuencia una baja o casi nula tasa de transporte y mantenimiento de los instrumentos. Asociado a esta última estrategia se desprende la que Nelson (1991) llama oportunista, que se diferencia fundamentalmente de la anterior por tener un carácter netamente situacional, ya que las tareas se realizan con los recursos inmediatamente disponibles, independientemente de la calidad de estos en función de dicha actividad, respondiendo así a consideraciones de corto plazo. Desde esta perspectiva, las estrategias tecnológicas no hacen referencia a un determinado grupo o tipo de artefactos, sino que identifican distintas planificaciones tecnológicas. De esta forma, la morfología de los artefactos y la estructura de los conjuntos serían la consecuencia material de las diversas maneras de implementar la conservación y la expeditividad. Estas estrategias tienen una interacción y un interjuego muy estrecho, lo cual es un factor a considerar en la complejidad del registro arqueológico (Escola 2004).
En cuanto al instrumental lítico, mucha de la literatura especializada utiliza y diferencia entre instrumentos informales -diseños sin patrón y simple, poca inversión de trabajo en su elaboración y vida útil cortay formales -diseños más complejos, mayor grado de inversión de trabajo en su producción y una vida útil larga (Andrefsky 1994)-. Sin embargo, hay que tener en cuenta lo señalado por Escola (2004) y considerar la inversión de trabajo involucrada en la manufactura de los instrumentos líticos, en términos de técnicas de reducción y retoque, y presencia de estandarización como uno de los criterios para discriminar entre formalidad e informalidad de los instrumentos, en particular para los de retoque marginal o parcialmente extendido. Cabe señalar que las variables que generalmente priman a la hora de tomar decisiones en la producción de instrumentos informales y formales son la abundancia y la calidad de las materias primas existentes a nivel regional (Andrefsky 1994, 1998). Sin embargo, hay que considerar que la escasez o abundancia de materias primas de determinada calidad no sólo se pueden deber a la geología regional, sino también a los patrones de comportamiento social de un grupo (Bamforth 1986).

MATERIAL Y MÉTODO

La muestra abordada se compone de un total de 3083 piezas líticas, a las que se le realizó un análisis morfofuncional (Bate 1971; Jackson 2002) que permitió definir categorías genéricas, tanto de instrumentos como de subproductos del proceso de talla, con el fin de caracterizar las labores realizadas en estos contextos. Además, el material artefactual se analizó en su conjunto, tanto intra como intersitio, con especial énfasis en identificar las actividades que se realizaron con ellos y poniéndolos en contexto dentro de la organización tecnológica de estos grupos (Andrefsky 1998). Esto fue ponderado con la información aportada por otras líneas de evidencias materiales encontradas en los sitios, lo cual entrega una visión de la tecnología lítica integrada en su contexto sociocultural específico. Para llevar a cabo el análisis del conjunto lítico se tomaron en consideración distintas variables cualitativas, tales como su matriz o forma base (derivado de talla, núcleo, guijarro de río o clasto indefinido), el grado de conservación de corteza en el anverso y su grado de completitud. El tamaño de las piezas se determinó mediante la separación en categorías de medida métrica máxima, a través de círculos graduados cada 5 mm según la propuesta de Andrefsky (1998). Los instrumentos recuperados se evaluaron bajo el criterio de formalidad de Andrefsky (1994), el cual se basa en el grado de inversión de trabajo comprometido en la elaboración de los instrumentos. Por su parte, como medida indicativa del trabajo invertido en la producción de las piezas de talla marginal se utilizó la propuesta metodológica de Odell (1994), que considera consignar la cantidad de segmentos intervenidos (lascados) de su contorno a partir de la ponderación de sus coordenadas polares.
Por su parte, las materias primas líticas se clasificaron según sus características petrológicas específicas (Otero 2010), así como bajo el criterio de "calidad para la talla" propuesto por Aragón y Franco (1997), el cual se basa en las características macroscópicas de las rocas. Al respecto, se considera que las poblaciones prehispánicas hacían uso de los recursos líticos de acuerdo con requerimientos cualitativos de desempeño y no a partir de una taxonomía petrológica (Méndez 2007). Cabe mencionar que el conjunto lítico aquí analizado fue sometido a distintos filtros metodológicos. Por una parte, se trabajó con base en un número mínimo de elementos (NME); esto en virtud del importante porcentaje de piezas que se encuentran fracturadas en algún grado (54,4%; N = 1677), lo cual podría generar sobrerrepresentaciones de alguna variable durante el análisis. Para esto se utilizó como criterio la presencia de, por lo menos, la porción proximal (talón) en los desechos; mientras que los instrumentos fueron considerados en su totalidad debido a la importancia que tienen estas piezas para el análisis. Además, para los sitios que presentan más de un componente cultural, se consideró la estratigrafía de los asentamientos para segregar el material correspondiente al periodo incaico. Es por esto que los resultados que expondremos a continuación fueron generados con base en el NME (N = 1995), salvo en los casos en que se señale alguna excepción. La muestra que se trabajó proviene de ocho sitios ubicados en el curso medio-superior del valle del río Aconcagua (Figura 2), donde encontramos al Tártaro 1, 13 y 20 (TA-1, TA13 y TA20) en el valle de Putaendo; El Barro 2 (EB-2) y Los Nogales (LN), en las localidades de El Cobre y San Esteban respectivamente; El Castillo (EC) en el sector de calle larga; Cerro La Cruz (CLC) y La Estancilla (LE), en las inmediaciones del pueblo de Catemu (Pavlovic y Sánchez 2002; Sánchez 2004; Martínez 2011; Pavlovic et al. 2012; Pavlovic et al. 2013, 2014). En todos estos sitios se realizaron excavaciones arqueológicas sistemáticas que permitieron recuperar conjuntos materiales muy significativos tanto en tamaño como en diversidad (Tabla 1). Esto nos permite plantear que la muestra con que se trabajó
es bastante representativa de cada uno de estos asentamientos, y creemos que también lo es del periodo Tardío o Inca en la zona. Estos sitios fueron segregados según los aspectos funcionales que manifiesta cada uno de ellos, divididos en dos grandes categorías: la administrativo/ritual y la habitacional. Se utilizan estos conceptos porque tienen la amplitud suficiente como para abarcar las distintas actividades y acciones que se llevaron a cabo en ellos. Dicha distinción es significativa, ya que nos habla de las actividades que se llevaron a cabo en cada uno de los sitios y permite asociarlos entre ellos.


Figura 2.
Emplazamiento de los sitios estudiados.

Tabla 1. Resumen de las características generales de los sitios estudiados.

De esta forma, tenemos que en la categoría administrativo/ ritual se encuentran los sitios Cerro La Cruz, La Estancilla, El Castillo y Tártaro 1 (Sánchez 2004; Martínez 2011; Pavlovic et al. 2012; Pavlovic et al. 2013), en los cuales se congregaron poblaciones de distintas áreas de la región y sus inmediaciones en reuniones sociales con connotaciones simbólicas y ceremoniales. Esto queda evidenciado con la presencia de ceramios asociados a otras zonas de influencia del Tawantinsuyu, como las del Norte chico y la cuenca Maipo-Mapocho (alta diversidad de motivos), conjuntos en los que predominan los contenedores de líquidos y alimentos (pucos, aríbalos y recipientes de gran tamaño) y en los que, a su vez, la proporción de piezas decoradas es bastante alta y llega a conformar incluso, en algunos casos, la mitad de la muestra. También se encuentra en ellos una importante variedad de bienes suntuarios, dentro de los cuales destacan piezas ornamentales de metal, así como instrumentos musicales y adornos de piedra (cuentas de collar y colgantes). En estos sitios se reconocieron elementos arquitectónicos particulares, dentro de los que destaca la presencia de muros perimetrales y amplios espacios propicios para la congregación de la población. Cabe señalar que, fuera de estos elementos constructivos, en el sitio Tártaro 1 se identificó además un recinto perimetral compuesto y varias collqas, lo cual lo convierte en el sitio más complejo de todo el valle, no sólo en términos arquitectónicos sino también, al parecer, por las actividades desarrolladas en él (Pavlovic et al. 2013). Todo lo anterior nos habla del carácter asociativo, festivo y ritual de estos espacios (Sánchez 2004; Acuto et al. 2010; Letelier 2010; Martínez 2011). En cuanto al emplazamiento de estos sitios, podemos señalar que están ubicados principalmente en lugares de altura –estribaciones de cerros– de muy buena visibilidad y accesibilidad restringida, salvo el caso particular de El Castillo, que se encuentra en una terraza fluvial aunque asociado al tramo del camino del Inca o Qhapaq Ñan proyectado para el área (Stehberg 1995; Sánchez et al. 1999).
Por su parte, dentro de la categoría habitacional encontramos a los sitios Los Nogales, El Barro 2, Tártaro 13 y Tártaro 20 (Pavlovic y Sánchez 2002; Pavlovic et al. 2013). En estos se habría llevado a cabo una amplia gama de actividades de corte doméstico, tales como la producción, procesamiento y consumo de alimentos, lo que se ve reflejado en fragmentos de ollas y contenedores de cerámica, restos óseos animales con huellas de corte y exposición al fuego, de semillas (Zea mays y Chenopodium quinoa) e instrumentos para la molienda de estas. Además, existe evidencia en algunos sitios de la manufactura de implementos de hueso y la elaboración de ceramios. Con respecto a la cerámica de estos asentamientos hay que señalar que, a diferencia de los sitios administrativos/ rituales, los porcentajes de piezas decoradas y la diversidad de sus motivos son bajos. Cabe destacar que el sitio Los Nogales, fuera de las características ya señaladas, muestra un par de elementos que lo distinguen del resto de este grupo, tales como dos enterratorios humanos -uno de los cuales tiene piezas metálicas ofrendadas- y la presencia de un rasgo –fosa de forma irregular excavada en la base de la ocupación- en el cual se depositó más del 90% del material del sitio y de donde se recuperaron piezas asociadas al trabajo metalúrgico (contenedores intermediarios, moldes de cerámica refractaria y escoria). Todos estos asentamientos se emplazan en sectores de fondo de valle, sobre terrazas fluviales de escasa pendiente y de fácil acceso (Pavlovic y Sánchez 2002; Pavlovic et al. 2011).

LOS ASENTAMIENTOS Y SUS CONJUNTOS LÍTICOS

Las diferencias generales antes señaladas que muestran los conjuntos de sitios administrativo/ritual y habitacional entre sí también se manifiestan en sus conjuntos líticos. Como nos muestra la Tabla 2, si comparamos la suma del conjunto lítico recuperado en las excavaciones de cada asentamiento en contraste con la de cerámica, vemos que los sitios habitacionales tienen una proporción bastante mayor de material lítico que los administrativos/rituales, salvo en el caso de Tártaro 1. Por otra parte, la tabla muestra que los sitios habitacionales presentan mayores porcentajes de corteza en el anverso, también de piezas con matriz de procedencia tipo guijarros y una menor representación de materias primas de calidad muy buena para la talla que la mayoría de los sitios del grupo administrativo/ ritual. También se aprecia que los sitios habitacionales tienen una mayor diversidad de categorías morfofuncionales en sus conjuntos líticos. Esto lo asociamos a que en estos sitios se habrían llevado a cabo distintas y múltiples actividades, que requerían a su vez de una mayor variedad de herramientas. Esto se ve con más claridad si consideramos las categorías de instrumentos identificados, destacando que en estos sitios domésticos se encuentra la mayor cantidad y diversidad -prácticamente el total- de los asociados al procesamiento de productos cárneos, madera y hueso (Tabla 3), tales como raspadores, raederas, cuchillos, cepillos, muescas y tajadores. Además, se recuperaron varios desechos con modificaciones intencionales y/o por uso en sus bordes activos (Figura 3) asociados a múltiples tareas, como cortar y raspar. En este grupo de sitios se reconoce la gran mayoría de las evidencias asociadas a la elaboración y/o reparación de este conjunto artefactual (desechos de talla, núcleos y sus derivados), mientras que en los administrativos/rituales hay muy escasa evidencia de la utilización, elaboración y/o refacción de estos implementos. Dentro de este último grupo funcional, por su diferencia en cuanto a la evidencia señalada, se destacan los sitios Cerro La Cruz y Tártaro 1, ya que no sólo muestran los conjuntos más abundantes sino también los más diversos (Tabla 3); particularmente en cuanto a derivados de talla asociados a la manufactura de instrumentos formales, principalmente puntas de proyectil. Esto se relaciona con el hecho de que en cada uno de estos sitios se identificó un evento de talla en el cual se recuperaron la totalidad de los desechos de retoque y desbaste bifacial de los asentamientos. Esto plantea que, fuera de estas evidencias puntuales, en estos sitios se encuentran muy escasamente representadas las etapas del proceso de talla asociadas a la elaboración de instrumentos, ya sean formales o informales, al igual que lo que ocurre en los otros sitios administrativos/ rituales.

Tabla 2. Resumen de variables generales por sitio (NME) y su funcionali dad asociada.

Tabla 3. Frecuencia (NME) de categoría morfofuncional por sitio y su fu ncionalidad asociada


Figura 3.
Instrumentos informales: A) Desecho con modificaciones; B) Raspador; C) Cepillo (Dibujos de Patricio López).

Otra situación que cabe destacar es la del sitio El Castillo, asentamiento que se distingue de entre todos los del conjunto de los administrativos/ rituales por diversos motivos. Su contexto lítico, aunque acotado en términos de cantidad, presenta particularidades que lo asemejan en algunos aspectos a los sitios de carácter habitacional. Esto es, una preponderancia principalmente de piezas con corteza en el anverso, la importancia de los guijarros como matriz de procedencia y la escasez de materias primas de calidad muy buena para la talla. Sin embargo, comparte con los otros sitios del grupo funcional al cual se asocia, la baja densidad de material lítico, poca diversidad de categorías morfofuncionales y que el único instrumento recuperado en él es de carácter formal. Esto puede explicarse en parte si consideramos que el sitio ha sido interpretado como un tambo o centro administrativo asociado al Qhapaq Ñan (Sánchez 2004). Al respecto, este sitio habría sido utilizado de forma cotidiana por un grupo acotado de personas, que requerían un conjunto restringido de implementos para su subsistencia. Dichos implementos podrían conseguirse por intercambio con la población local; es decir, no era necesario elaborarlos en el sitio, o su elaboración podría limitarse al mínimo.
Por su parte, al considerar la distinción de conjuntos formales e informales propuesto por Andrefsky (1994), hay que señalar que, de los primeros, sólo se reconocen puntas de proyectil, preformas bifaciales y unos pocos bifaces, los que están elaborados en materias primas de calidad muy buena para la talla (sílex, microclina, jaspe y obsidiana). Los segundos corresponden a raspadores, raederas, cuchillos, cepillos, muescas, tajadores, un instrumento agrícola y desechos con modificaciones, los cuales fueron manufacturados con materias primas de calidades regular a buena (andesita, basalto y riolita). Además, vemos que dentro de los sitios asociados a funciones administrativas/rituales se presentan casi exclusivamente instrumentos formales (Tabla 3), ya que sólo se recuperó uno de carácter informal en Cerro La Cruz. Por su parte, para los de asociación habitacional la situación es completamente opuesta, salvo en el caso del sitio Los Nogales, en el que predominan los instrumentos formales -principalmente puntas de proyectil-, y que presenta un porcentaje considerable de materias primas de calidad muy buena para la talla (Tabla 3 y 4). Pero no son estas sus únicas peculiaridades, ya que de los asentamientos habitacionales es el que muestra evidencias de una mayor diversidad de actividades, tales como domésticas, agrícolas, metalúrgicas y las asociadas a la ritualidad de la funebria. A esto se suma la presencia de un rasgo semejante a un pozo que, por la densidad y diversidad de elementos que se recuperaron en él, indicaría que hubo un proceso de selección del material que se depositó en este (Pavlovic et al. 2013). Por ello, no es de extrañar que se aleje en algún grado de las tendencias que evidencia el resto, ya que correspondería a un sitio habitacional especial en el cual se habría generado este tipo de rasgo, que podría estar asociado a actividades ceremoniales. Al respecto hay que señalar que en otras zonas del valle se han identificado sitios habitacionales con contextos mortuorios y con estos pozos con abundante material cultural, los cuales han sido interpretados como manifestaciones rituales desarrolladas en el marco de las prácticas funerarias (Pavlovic et al. 2010).

Tabla 4. Frecuencia (NME) de materia prima por sitio y su funcionalidad asociada.

En relación con la morfología de los instrumentos formales, se ha identificado una novedad estilística durante el periodo Tardío o Inca en algunas puntas de proyectil, la cual se ha detectado no sólo en la muestra aquí abordada sino en todas las colecciones con una adecuada contextualización arqueológica del valle del Aconcagua (Pascual 2012); esta es la incorporación de un apéndice en la base del cabezal que genera una pieza de forma general triangular con pedúnculo y aletas (Figura 4). Esto es interesante ya que las poblaciones locales elaboraban exclusivamente puntas de proyectil sin pedúnculos, principalmente de forma triangular con su base escotada (Figura 4), pero con la llegada del Tawantinsuyu aparece en el registro esta nueva morfología, la cual no reemplaza o desplaza a las apedunculadas, sino que ambas aparecen en los conjuntos materiales. Esta novedad estilística ha sido asociada directamente a la presencia Incaica en la región, siendo considerada como un elemento diagnóstico de su influencia.


Figura 4.
Instrumentos formales: A) Punta triangular con base escotada; B) Punta triangular con pedúnculo y aletas (Dibujos de Patricio López).

En cuanto a los tamaños de las piezas, considerando tanto los derivados de talla como los núcleos e instrumentos (Figura 5), vemos que a pesar de no ser muy significativa la diferencia entre ambas categorías funcionales, existe una tendencia a que los sitios administrativos/rituales presenten medias más bajas y menor dispersión de los valores de sus tamaños que el grupo de los habitacionales. Esto lo vinculamos con el hecho de que en estos sitios se identificaron principalmente puntas de proyectil y pequeños bifaces, por un lado; y por otro, con que el conjunto de derivados se asocia principalmente a las etapas finales del proceso de talla, las cuales tienden a tener un menor tamaño que las primeras. Es importante señalar que las materias primas (Tabla 4) identificadas en la muestra son de dos tipos: las de carácter volcánico y las intrusivas. Las primeras corresponden a andesitas, basaltos, riolitas, dacitas y tobas de ceniza fina y se asocian principalmente a calidades para la talla regular, y en menor medida, a las buenas y malas. Se destacan por su gran cantidad y amplia distribución en el valle, por lo que el aprovisionamiento de ellas por parte de las poblaciones que habitaron la zona durante el periodo Tardío o Inca había sido muy fácil, ya que se encuentran en las inmediaciones de todos los sitios. Dentro de las intrusivas se reconocen sílices, microclinas, jaspes y cuarzos, las que se asocian mayoritariamente a las calidades muy buena y buena. Se han identificado, en la cuenca y sus inmediaciones, dos sectores que presentan características que permiten adscribirlos como áreas de aprovisionamiento y de talla lítica (presencia de estas materias primas y evidencias de su procesamiento); estos son los ubicados en el cordón de Chacabuco (Castelleti y García 2007) y en el llano Las Minillas (Pascual 2012). Ambas fuentes se encuentran distantes de los distintos asentamientos (Figura 2), lo cual es coherente con su menor presencia en estos. Mención aparte merece la obsidiana, no sólo por su alta calidad para la talla y su escasez dentro de la muestra (Tabla 4), sino porque no hay registro de su presencia en forma previa a la llegada del Inca en los sitios del periodo Intermedio tardío del valle del Aconcagua (Pascual 2012). Además, se ha determinado que las áreas de aprovisionamiento se encuentran a más de 270 km al sur del área de estudio (Glascock 2010), la fuente Las Cargas, la cual está ubicada en el complejo volcánico Planchón-Peteroa (35° Lat. sur). Esto nos dice que, para el Tawantinsuyu esta materia prima tuvo un gran valor simbólico, que promovió la circulación de este recurso exótico a la región.


Figura 5.
Medianas y desviaciones intercuartiles de tamaño de las piezas por funcionalidad de sitio.

DISCUTIENDO LA TECNOLOGÍA LÍTICA EN TORNO A LA FUNCIONALIDAD DE LOS SITIOS ARQUEOLÓGICOS

Todo lo anterior permite plantear que, en términos generales, el conjunto de sitios estudiados se caracteriza por presentar una organización tecnológica lítica con un fuerte componente expeditivo (Binford 1979; Nelson 1991). Esto es, que estas poblaciones no sólo anticiparon la presencia y disponibilidad de recursos tecnológicos en los lugares de uso, sino que además utilizaron las materias primas que se encontraban en las inmediaciones de sus asentamientos -independientemente de su idoneidad para la talla- para manufacturar instrumentos informales y con estos dar solución a tareas concretas. Todo esto tiene como consecuencia que gran parte del instrumental se elaboraría y descartaría en los propios lugares de uso. Evidencia de esto es que en muchos de los sitios –principalmente en los de carácter habitacional– es posible identificar todas las etapas del proceso de talla y presencia de instrumentos informales, los cuales muestran poca inversión de trabajo en su elaboración, formas simples y una corta vida útil.
Al respecto, y en relación con el conjunto instrumental informal, cabe señalar que los conjuntos recuperados de los cuatro asentamientos habitacionales y del administrativo/ritual Cerro La Cruz fueron evaluados en cuanto a la inversión laboral que muestran. Para esto se tomaron en consideración todas las piezas completas que presentan retoques marginales o huellas de uso, ya sean instrumentos o núcleos retomados. La cantidad de segmentos intervenidos de su contorno (máximo, 8) se consignó con base en la ponderación de sus coordenadas polares de astillamiento (Odell 1994). Es así que, como vemos en la Figura 6, hay una baja intensidad en la modificación de los bordes que presentan potencial de ser utilizados en las distintas piezas, con una media máxima que no supera los 4/8 de sus contornos. Se destaca el sitio Tártaro 13, por concentrar la mayor cantidad de estos implementos, y por otro lado, porque a pesar de la importante dispersión de sus coordenadas polares, su media es de las más bajas. Todo lo anterior nos habla del bajo nivel de conservación manifiesto del conjunto analizado (Shott 1996), que podría implicar un uso limitado y acotado de estos instrumentos. Como complemento a esta estrategia expeditiva, aunque de forma secundaria, encontramos la conservativa (Binford 1979), la que se manifiesta por la presencia de instrumentos de carácter formal -principalmente puntas de proyectil-, los cuales muestran un alto grado de inversión de trabajo en su manufactura, así como una preocupación en su mantenimiento y reparación, lo cual prolongó su vida útil. Además, podemos asumir que este tipo de herramientas tuvo un gran valor para las poblaciones del periodo incaico, ya que son las piezas de lítica tallada con los diseños más complejos y elaborados. Asimismo se observa que, para su confección, se reservaron y privilegiaron materias primas de calidad muy buena para la talla, a pesar de las mayores dificultades para acceder a sus fuentes de abastecimiento. Cabe señalar que los instrumentos formales fueron transportados a los sitios ya muy avanzado su proceso de talla o directamente terminados, ya que en los asentamientos se detectaron escasas evidencias de las primeras fases de su elaboración.


Figura 6.
Medianas y desviaciones intercuartiles de las coordenadas polares de astillamiento por sitio.

Este panorama general de la organización tecnológica lítica durante el periodo Tardío o Inca presenta singularidades al considerar la funcionalidad de los asentamientos. En los sitios habitacionales se manifiesta principalmente estrategia tecnológica expeditiva, que implica la confección y utilización, mayoritariamente, de herramientas de carácter informal. Se han hallado evidencias de prácticamente todas las etapas de su proceso de talla. Estas fueron elaboradas con distintos tipos de materias primas, principalmente de calidad regular a buena para talla, cuyas fuentes de abastecimiento se encuentran muy cercanas a los asentamientos. Es por esto que estas materias primas son las más abundantes dentro de las muestras. Por su parte, las evidencias de manufactura y uso de instrumentos formales en estos sitios son muy bajas y tienen un carácter secundario dentro de los conjuntos, ya que se hallaron representadas principalmente las etapas más avanzadas del proceso de talla. Para su elaboración se reservaron materias primas de calidad muy buena para talla que, como es de esperar, son las que tienen menor representación en estos asentamientos; lo que nos plantea que estas poblaciones reducían al mínimo los tiempos necesarios para acceder a los sectores donde se encuentran las fuentes de materia prima de calidad muy buena. En el caso particular de la obsidiana, creemos que esta habría ingresado al área por medio del intercambio (acceso indirecto). Planteamos esto ya que su fuente de aprovisionamiento se encuentra a una gran distancia, por su baja frecuencia en los contextos estudiados, y porque su presencia estaría asociada a la llegada del Tawantinsuyu a la zona, cuyo arribo al valle habría activado la circulación de bienes exóticos como este y otros (e.g., metales). Los sitios habitacionales presentan una gran variedad de categorías morfofuncionales de piezas líticas (Tabla 3), y los instrumentos identificados se relacionan con actividades de tipo doméstico, tales como procesamiento de productos cárneos, madera y hueso. Por su parte, en los sitios administrativos/rituales –donde se expresa más claramente la presencia del Tawantinsuyu– se evidencia con mayor fuerza la estrategia conservativa y una utilización esencialmente instrumentos de carácter formal, los cuales fueron ingresados a los sitios completamente formatizados o muy avanzados en su proceso de talla. Estas piezas fueron elaboradas con materias primas de muy buena calidad para la talla, por lo cual son las que se encuentran mayoritariamente representadas en estos asentamientos. Cabe mencionar que en estos se reconocen muy pocas categorías morfofuncionales de piezas líticas, ya que principalmente se han hallado puntas de proyectil y escasas herramientas vinculadas al ámbito habitacional doméstico. Fuera de lo anterior, otro elemento que caracteriza a esta categoría de sitios es la escasa cantidad de material lítico, lo que nos habla de su baja producción.
La evidencia recabada por medio del estudio de los asentamientos administrativos/rituales (arquitectura, cerámica, lítica, restos arqueobotánicos, etc.) sugiere que se habrían llevado a cabo reuniones y/o celebraciones que congregarían a la población local y probablemente de otras áreas aledañas, en torno al intercambio de bienes y/o a la negociación de relaciones
sociales (Acuto et al. 2010; Letelier 2010; Martínez 2011; Pavlovic et al. 2011). Pensamos que, producto del carácter peculiar de estos asentamientos, es que estarían ingresando principalmente bienes con un alto valor simbólico/ritual, entre los cuales se encontrarían los instrumentos líticos formales aquí descritos. Esto último lo planteamos en virtud de que las puntas de proyectil presentan formas complejas y bien acabadas, lo cual manifiesta una preocupación y esfuerzo tanto en su diseño como en su manufactura. Además, estas tienden a encontrarse completamente formatizadas, en muy buen estado de conservación (completas) y con pocas evidencias de haber sido utilizadas (reactivados de filos o reutilización de piezas). Los atributos señalados nos sugieren que fueron llevadas a estos sitios con el fin de ser depositadas, ya sea como ofrendas o para su almacenamiento. Esto contrasta con las puntas de proyectil recuperadas de los sitios habitacionales, de las cuales cerca de la mitad están fracturadas, lo cual evidencia su uso. Asimismo, su ingreso a los asentamientos sería en el contexto de su fabricación, reparación, reutilización y/o reemplazo, o asociadas a actividades productivas como la caza y el procesamiento de fauna. Todo lo anterior es coherente con las funcionalidades de estos tipos de sitio.

CONCLUSIONES

La investigación llevada a cabo permitió concluir varios aspectos con respecto a los conjuntos líticos. En principio, se destaca que la producción lítica muestra diferencias entre los instrumentos formales e informales, ya sea en cuanto a las materias primas utilizadas para su elaboración como en cuanto a los lugares donde se llevaron a cabo sus procesos de talla, y a la extensión de estos. Además, el descarte del material lítico presenta singularidades dependiendo de la funcionalidad de los sitios, y hay tendencias claras que permiten vincular tipos de conjuntos artefactuales y procesos de talla con cada grupo funcional de sitio. Otro punto a resaltar es que el material lítico manifiesta vínculos entre los distintos asentamientos estudiados, no sólo en cuanto a los procesos de talla evidenciados en ellos, sino también en relación con las actividades que se realizaron en los distintos sitios. Al respecto, y si consideramos que en los de carácter administrativo/ritual existen evidencias del consumo de productos cárneos, pero no así de su faenamiento, podemos inferir que este tipo de productos provenían de otros lugares, muy probablemente de los sitios habitacionales. Esto se evidenciaría en las distintas herramientas asociadas al procesamiento de animales que se identificaron en estos asentamientos. Situación similar debió haber ocurrido con otros productos, como por ejemplo con los de madera, pero que debido a problemas de conservación no dejaron vestigios de su presencia.
Al evaluar los resultados e inferencias del conjunto lítico con las de otras líneas analíticas, vemos que hay una gran coherencia en cuanto a la funcionalidad asignada a los sitios, esto en virtud de cómo se constituyen y de las características de los distintos conjuntos materiales. Además, vemos que los vínculos identificados en los análisis líticos entre los sitios administrativos/ rituales y los habitacionales también se ven reflejados en otras materialidades, como por ejemplo, en la cerámica (Pavlovic et al. 2013). Otra situación que se pudo constatar fue que para el Inca el material lítico tuvo una relevancia considerable, ya que a los sitios donde se expresa con mayor potencia la influencia del Tawantinsuyu ingresaron principalmente las piezas con los diseños más complejos y elaborados dentro de los conjuntos líticos, siendo estos manufacturados en las materias primas de mejor calidad y más apreciadas, más allá de sus dificultades de aprovisionamiento. Dentro de estos instrumentos quedó atestiguada una impronta estilística propia de la influencia del Inca inédita hasta antes de este periodo en la región, como lo es la elaboración de puntas de proyectil triangulares con pedúnculo y aletas. Por su parte, la obsidiana tuvo una valoración tan grande para el Tawantinsuyu que se activó la circulación de este bien exótico, que se transportó desde zonas muy alejadas. A partir de todo lo anterior, creemos que la investigación llevada a cabo fue un aporte tanto a la caracterización de la tecnología lítica del periodo Tardío o Inca en el Valle del Aconcagua, así como para profundizar la comprensión de cómo vivían y hacían uso del espacio estas poblaciones. Además, el estudio de la tecnología lítica es una línea de análisis fundamental para entender más cabalmente las dinámicas socioculturales que se dieron en este periodo entre las poblaciones locales y el Tawantinsuyu.

Agradecimientos

El presente estudio se realizó en el marco del proyecto FONDECYT Nº 1090680 "Las Poblaciones locales y el Tawantinsuyu en la cuenca del río Aconcagua: Transformaciones socioculturales e ideológicas durante el Periodo Tardío". Es por esto que agradezco especialmente Daniel Pavlovic, quien dirigió dicha investigación, así como a todos los participantes de este proyecto, en particular a Andrea Martínez, Javiera Letelier, María Alban, Constanza Cortez y Cristián Dávila, ya que el producto de su trabajo fue realmente importante para este estudio. Agradezco particularmente a Andrés Troncoso por su paciencia y correcciones, a César Méndez por su guía y apoyo, y a Patricio López por los excelentes dibujos que son parte de este trabajo.

NOTAS

1 Para el análisis del conjunto lítico se realizó una clasificación morfofuncional siguiendo los criterios generales propuestos por Bate (1971) y Jackson (2002). Las distintas categorías morfofuncionales consideran tanto aspectos morfológicos y tecnológicos como funcionales de cada una de las piezas, las que serán entendidas, de manera resumida, de la siguiente manera: desecho de retoque son derivados pequeños (diámetro máximo 50 mm) asociados a la regularización y retocado de bordes y filos; desechos de talla son los derivados desprendidos de una matriz por percusión dura; desecho de desbaste bifacial son los derivados de adelgazamiento bifacial; derivado de núcleo es el subproducto de la talla directa de un núcleo: desecho con modificaciones son los derivados de talla que presentan astillamientos marginales producto del uso y/o retocado de sus bordes, pero que no es posible de asociar una funcionalidad particular; instrumento agrícola corresponde a un clasto de sección biplana y de espesor medio en uno de cuyos extremos se realizaron extracciones de derivados con el fin de generar un filo, dándole la forma de una pala tosca. El resto de las categorías de instrumentos son amplias, inclusivas y de uso común por múltiples autores (Aschero 1975; Orquera y Piana 1986; Piel-Desruisseaux 1989; entre otros); por este motivo y por razones de espacio no se consideró necesario definirlas

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