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Intersecciones en antropología

versión On-line ISSN 1850-373X

Intersecciones antropol. vol.18 no.1 Olavarría jun. 2017

 

ARTÍCULOS

Aportes a la discusión sobre piedras tacitas en Chile Central

 

Maria Teresa Planella Ortiz, Gabriela Santander Horta y Virginia McRostie Bustamante

Sociedad Chilena de Arqueología. El Amancay 505 (7591424), Las Condes, Santiago de Chile. E-mail: mtplanella@gmail.com
Archeos Chile Consultores en Arqueología Ltda. El Rector 5035 (7820503), Macul, Santiago de Chile. E-mail: gsantanderh@gmail.com
Departamento de Antropología Universidad Católica de Chile. Vicuña Mackenna 1860. E-mail: virginia.mcrostie@gmail.com

Recibido 12 de septiembre 2015.
Aceptado 02 de noviembre 2016


Resumen

Este trabajo discute la información obtenida del estudio de las piedras tacitas localizadas en el área de Tiltil, Rungue y Montenegro (33º Lat. S y 71º Lat. W), Chile Central, donde se registran de manera abundante. Con distintos ejemplos etnográficos, arqueológicos, arqueobotánicos y evidencia empírica se revisaron las hipótesis que tradicionalmente se han planteado sobre su uso, con el fin de aportar nuevos datos sobre estas manifestaciones culturales de sociedades prehispánicas que habitaron esta región. Se constata una gran variedad de piedras tacitas, principalmente asociadas a ocupaciones humanas del periodo Alfarero temprano, con reocupaciones hasta el período histórico. Problemas de escasa representatividad y ubicuidad del contenido microfósil en las tacitas dificultan establecer qué material orgánico u otro fue molido en ellas. El análisis biogeográfico del emplazamiento de las piedras tacitas sugiere algunas concordancias con propuestas de orden ritual obtenidas de la etnografía andina y mapuche.

Palabras clave: Piedras tacitas; Chile Central; Etnografía; Arqueobotánica; Análisis lítico morfotecnológico.

Abstract

Contributions to the discussion of bedrock mortars from Central Chile

This paper discusses information obtained from the study of bedrock mortars (piedras tacitas) located in the area of Tiltil, Rungue and Montenegro (33º Lat. S and 71º Lat. W), central Chile, where they are highly abundant. From the perspective of ethnographical, archaeological and archaeobotanical evidence we review traditional assumptions about their use, and provide additional insights into these cultural manifestations from the pre-Hispanic societies that inhabited this region. A variety of bedrock mortars, mainly associated with human occupation from the Early Ceramic period with reoccupation until the historical period, were recorded. The scarce presence of microfossils in the cups makes it difficult to establish what was ground in them. Drawing from Andean and Mapuche ethnography, the biogeographical analysis of the location of these bedrock mortars supports the idea of their ritual use.

Keywords: Bedrock mortars; Central Chile; Ethnography; Archaeobotany; Lithic morphotechnological analysis.


 

INTRODUCCIÓN

Las piedras tacitas muestran horadaciones labradas en la superficie expuesta de afloramientos de roca madre, en bloques que se han desprendido de cerros colindantes o rodados arrastrados por cursos de agua. Presentan cuatro formas de planta: circular, cónica, elipsoidal y semicircular; y en ocasiones, se encuentran en pares, con una delgada pared de separación entre sí. Se reportan en distintos continentes (Menghin 1957), y en América son especialmente mencionadas en California (Wallace 1971), Bolivia (Methfessel y Methfessel 1998; Querejazu 1998) y Argentina (Gambier 1977; Fernández Distel 1994; Babot 1999; Pastor 2007; Giovannetti 2009; Recalde 2015). En Chile se concentran principalmente en el Norte Semiárido y Región Central y se distribuyen en territorios del interior, en el macizo andino hasta 2300 msnm, como también en valles de la cordillera de la costa y planicies litorales. Específicamente entre el valle del Limarí hasta el río Maule y en especial en las áreas de Chacabuco, Colina, Tiltil, Rungue y Montenegro (33º LS y 71º LW) es donde se ha registrado sistemáticamente su mayor concentración, lo que motivó a efectuar, en el marco del Proyecto FONDECYT 10602281, un estudio sistemático del conjunto de estas manifestaciones. Su presencia ha llamado la atención de diversos investigadores desde el siglo XIX. Algunas décadas atrás, se realizaron estudios sobre estos artefactos y se esbozaron propuestas iniciales para explicar su elaboración, utilización y posible significado (Uhle 1923; Latcham 1929; Gajardo Tobar 1958-1959; Massone 1978; Hermosilla y Ramírez 1985), aunque aún no se había generado una base de datos que permitiera establecer patrones comparativos para avanzar en la contrastación de los distintos planteamientos.
En Chile, las hipótesis más clásicas proponen una interpretación funcional que tiene que ver con la molienda o trituración de recursos, ya fueran de origen vegetal, mineral o animal (Gajardo Tobar 1958-1959; Hermosilla y Ramírez 1982; Pavlovic et al. 2003), así como otros planteamientos les otorgan una connotación ritual o ceremonial (Medina 1882; Latcham 1929; Gajardo Tobar 1958-1959; Domínguez 1965; Massone 1978; Hermosilla y Ramírez 1982). Sin excluir lo anterior, también se las ha considerado como lugares de "paradero" (Gajardo Tobar 1958-1959; Massone 1978; Jackson et al. 2002). La interpretación de su funcionalidad se ve restringida, ya que en Chile Central no hay actualmente poblaciones originarias como sucede en otros territorios, donde los datos etnográficos son consistentes en afirmar el procesamiento de distintos recursos cultivados y silvestres (Babot 1999; Merriam 2004 [1902]) o su uso ritual (Querejazu 1998). Esto dificulta acceder a sus significados, a sus usos originales y a la importancia simbólica que estas manifestaciones tienen para los grupos humanos. Con el fin de suplir esta carencia y asumiendo probables sesgos, hemos optado por analogías etnográficas obtenidas del mundo andino y de la cultura mapuche, lo que, junto con un estudio llevaron a conclusiones novedosas sobre su potencial rol en las sociedades precolombinas del área.arqueológico sistemático, ha permitido establecer regularidades y asociaciones que
llevaron a conclusiones novedosas sobre su potencial rol en las sociedades precolombinas del área.

ÁREA DE ESTUDIO

El área de estudio incluye las localidades de Tiltil, Rungue y Montenegro, y abarca un área de 36,95 km2 que se localiza entre 40 y 60 km al norte de la ciudad de Santiago (Figura 1). Presenta actualmente un "clima mediterráneo con estación seca prolongada y rasgos de continentalidad al interior de la cuenca, debido a la altura de la cadena montañosa costera que actúa como biombo climático frente a la influencia del mar, lo que explica una mayor amplitud térmica y menor pluviosidad" (Domic et al. 1994: 41). Su disposición altitudinal –entre los 500 y 900 msnm– y el potencial de recursos que le otorga la sitúan dentro de una zona de ecotono (Stehberg y Dillehay 1988). El aporte hídrico depende de napas subterráneas y de cursos superficiales como esteros y quebradas que se activan durante la estación invernal, lo que la convierte en un área vulnerable a sequías durante años de escasa pluviosidad. Diversos estudios paleoclimáticos coinciden en que este clima mediterráneo se habría establecido en la región hacia el 3000 AP (Villagrán y Varela 1990; Villa-Martínez y Villagrán 1997; Maldonado 1999; Maldonado y Villagrán 2002; Villa-Martínez et al. 2003).


Figura 1.
Área de estudio y localización de sitios arqueológicos analizados.

En esta zona de 36,95 km2 se registraron 172 sitios arqueológicos, 26 de ellos en asociación con piedras tacitas, representadas en 37 bloques de roca con distinta cantidad de oquedades en la superficie, que van de 1 a 19 y suman un total de 137, lo cual configura un catastro con amplia diversidad (Figura 2). Las materias primas de los bloques que fueron seleccionados para labrar las concavidades consisten básicamente en dos tipos: brechas hidrotermales y conglomerados metamórficos, los cuales tienen amplia distribución en toda el área de Tiltil-Rungue-Montenegro y se caracterizan básicamente por presentar una compactación intermedia, útil para la manufactura de las tacitas.


Figura 2.
Diferentes tipos de bloques de piedras tacitas de Chile Central.

MÉTODO DE INVESTIGACIÓN

En el estudio de estos sitios se siguieron distintos pasos metodológicos. El primero consistió en el registro sistemático y morfofuncional de todos los bloques con tacitas, para lo cual se consideraron distintos atributos generales y particulares, entre los que se cuentan materia prima, dimensiones, inclinación de la superficie, orientación con respecto a las coordenadas geográficas y rasgos del paisaje, distancias entre bloques en un mismo sitio y con respecto a otros del sector, y número de tacitas en cada plano de superficie. El registro de las horadaciones se efectuó a partir de una perspectiva morfotecnológica, relevando distintas variables cuantitativas y cualitativas. Dentro de las primeras registramos el largo y el ancho en la superficie de la roca y de su parte basal interior, su profundidad y el potencial de capacidad en litros de cada una. Desde el punto de vista cualitativo fueron observados, entre otros aspectos, el tratamiento y las macrohuellas que presentan las superficies o paredes y los rasgos de factura antrópica directamente asociados en sectores aledaños a estas. La información fue recopilada por medio de un sistema de fichaje tipo, con el fin de obtener una base de datos que incluyera distintos niveles de análisis para lograr su caracterización en cuanto a atributos petrológicos, morfológicos y tecnofuncionales; estos últimos relacionados con la manufactura y el uso de dichas concavidades durante su vida útil. El fichaje incluyó además datos sobre asociaciones contextuales con ocupaciones humanas, espaciales y biogeográficas, con el fin de determinar relaciones entre unos y otros bloques con tacitas existentes dentro de las localidades estudiadas y la dinámica cultural involucrada. Dibujos a escala y fotografías digitales complementaron la información en cada sitio (Planella et al. 2010).
El segundo paso metodológico consistió en la excavación arqueológica de cuatro sitios asociados a piedras tacitas (Llanos de Rungue 06, Estero de los Valles 04, Loma La Vainilla 01 y Santuario de Tacitas 01, 02 y 03). Mediante pozos de sondeo se delimitaron las áreas de ocupación y se excavaron cuadrículas siguiendo la estratigrafía mediante capas naturales/culturales y niveles artificiales de 10 cm, lo que permitió verificar y datar la presencia de ocupaciones humanas prehispánicas. Estas actividades se coordinaron con el registro sistemático de los bloques con el fin de obtener indicadores de relación espacial y cultural. Otra actividad fue la realización de un estudio arqueobotánico, que incluyó la flotación de sedimentos (Pearsall 1989) y el análisis de macrorrestos carbonizados provenientes de rasgos singulares (depósitos de basuras y fogones) y de columnas de muestras de 10 × 10 cm rebajadas cada 5 cm, tomadas desde los perfiles de las excavaciones de los sitios mencionados. Estos análisis permitieron reconocer las características vegetacionales del paleoentorno; determinar los tipos de recursos recuperados en sedimentos de niveles estratigráficos y rasgos de ocupación humana; evaluar la presencia/ausencia de flora silvestre, plantas cultivadas o con importancia económica; y detectar eventuales cambios en el registro de los depósitos culturales de distintas ocupaciones.
El estudio de microrrestos consistió en la obtención de muestras de residuos adheridos al interior de las concavidades con el fin de reconocer aquellos productos que pudieron ser depositados, procesados o almacenados en ellas. Se muestreó un total de 104 tacitas. De cada una, se extrajeron entre dos y cuatro muestras (n = 67), de distintas profundidades y sectores, cuidando de realizar una limpieza y un correcto lavado de la superficie de las concavidades con agua destilada para evitar posible contaminación de las muestras. Posteriormente se extrajeron y guardaron en tubos estériles muestras de fracción líquida obtenidas desde intersticios y se procedió al raspado de fisuras o intersticios que pudieran preservar microfósiles (Planella et al. 2010). Los residuos fueron montados en portaobjetos con glicerina densa como líquido de inmersión, para luego ser observados bajo microscopio petrográfico Olympus CX 31-P, adoptando la pauta de análisis múltiple de microfósiles (Kealhofer et al. 1999; Coil et al. 2003; Babot 2004; Korstanje y Babot 2007; Korstanje 2009). Se midió el PH de las aguas contenidas temporalmente en las tacitas y de los suelos aledaños, para controlar posibles efectos de acidez en el estado de conservación de los microrrestos. En el análisis en microscopio se puso atención en los procesos tafonómicos visualizados con el fin de evaluar eventuales rasgos indicadores de molienda (Babot 1999 y 2004) y discriminar entre agentes culturales o naturales de depositación en las concavidades.

RESULTADOS

Las excavaciones realizadas confirmaron la presencia de ocupaciones prehispánicas y su disposición espacial en torno a estos bloques rocosos. Se verificó un uso temporal del espacio seleccionado, en el cual se efectuaron tanto actividades primarias de obtención de materias primas como también domésticas, según lo señalan los análisis efectuados en materiales procedentes de sectores con fogones. La variedad de especies silvestres representadas en los macrorrestos es consistente con la ecología natural de la región, e incluye Datura sp., Astragalus sp., Porlieria chilensis, Rubus sp. y Fragaria chilensis, y los cultígenos recuperados (Zea mays y Chenopodium quinoa), presentes en los registros estratigráficos de grupos hortícolas desde el periodo Alfarero temprano (150 AC a 700 DC) en distintos sitios del área de estudio (Planella et al. 2010). Estos son datos directos de los asentamientos asociados espacialmente a las piedras tacitas y no permiten por sí solos apoyar el uso de las oquedades por parte de dichas comunidades con el fin de procesar los productos registrados. En el análisis de microfósiles de las muestras obtenidas se registró la presencia de granos de almidón y fitolitos (Planella et al 2010). Entre las especies silvestres, se destaca en sitio Estero Los Valles 04 la presencia de un silicofitolito de Cyperaceae (Figura 3a), cuyos rizomas se pueden consumir crudos o cocidos, asados, secados y molidos como harina (Pardo y Pizarro 2005), y cuyos tallos se utilizan para la confección de cestería y techumbres. En el mismo sitio, en una piedra con una sola tacita de dos litros de capacidad y asociada con un rasgo de apoyo para algún tipo de contenedor, se recuperó un grano de almidón posiblemente de Solanaceae cf. Solanum maglia o papa cimarrona (Figura 3b), tubérculo comestible nativo encontrado en sitios paleoindios de Chile hacia fines del Pleistoceno (Ugent et al. 1987; Planella y McRostie 2008). Esto se complementa con el registro de células bulliformes, diagnósticas para la Familia Poaceae, y un fragmento de tejido parenquimático de monocotiledónea en Santuario de Tacitas 03. Granos de polen, esferulitas y escamas de insectos dan cuenta de contaminación en las muestras. La presencia de microrrestos de cultígenos se constató por el hallazgo de granos de almidón de cf. Zea mays con visibles daños en la apertura del hilo, cicatriz y depresión oscura en el centro y daños en la birrefringencia (Figura 3c-f) en concavidades de planta circular y forma cónica, con superficies interiores muy pulidas del sitio Santuario de Tacitas 02, además de almidones aglutinados que también indican algún tipo de procesamiento (Babot 2008; Planella et al. 2010).


Figura 3.
Microrrestos identificados: a) silicofitolito de Cyperaceae; b) grano de almidón de Solanaceae c., Solanum maglia o papa cimarrona; c), d), e) y f) grano de almidón de Zea mays con daños.

En el estudio arqueobotánico, macrorrestos y microrrestos no siempre se corresponden en los sitios investigados. Algunos recursos como Ciperaceae y Zea mays, asociados a manos líticas de planta circular y secciones planas en contextos estratigráficos con cerámica del período Alfarero temprano del sitio Estero de los Valles 04 (112-4, fechado hacia el 150 -60 AC  y 700 DC), efectivamente presentan evidencias que se corresponden con los residuos adheridos al interior de las tacitas, pero esto no se logró por ahora con otros microfósiles, siendo así el registro con mayor cantidad de macrorrestos (Planella el al. 2010). El análisis morfotecnológico aplicado provee otros argumentos. Por lo general, las tacitas se distribuyen en la superficie rocosa con reducida distancia entre sí, lo que dificulta el accionar simultáneo de individuos utilizándolas en actividades de molienda; incluso, en algunos bloques situados en promontorios se correría el riesgo de caídas. A esto se agrega que las dimensiones que presentan la mayor parte de las concavidades son restringidas, por lo que es difícil sostener un uso práctico como recipientes para moler cantidades de un producto a escala doméstica o comunitaria, o con fines de almacenamiento. Las tacitas de planta circular y forma cónica –que constituyen el 85% del total en el área de estudio– exhiben entre 6 y 26 cm de ancho en superficie, con promedios de 15 a 16 cm de diámetro, 13 cm de profundidad y un volumen o capacidad generalmente menor a 0,5 litros. En cada ocasión se podrían triturar o moler en ellas cantidades pequeñas de algún recurso. Las de forma elipsoidal representan un 12% de la muestra y corresponden a una categoría distinta, con una morfología particular. Tienen un promedio de largo máximo de 27,6 cm, 15 cm de ancho y una profundidad máxima de 11 cm (Planella et al. 2010). No obstante, algunos bloques (Santuario de Tacitas [ST] 01 bloque I, Estero Los Valles 04 [112-4] tacita I bloque II y de Rungue 06 [19-6] [140 DC] [bloque I sector A y B y bloque II sector A]) presentan una o más concavidades de mayor tamaño y volumen –que alcanza entre 1,5 a 2 litros de capacidad– con lo que podrían servir efectivamente como receptáculos para molienda a escala doméstica o comunal (Tabla 1).

Tabla 1. Características y contenidos de las tacitas en el área de estudio.

Estos conjuntos presentan asociados dos importantes datos anexos: superficies de apoyo para posar contenedores, ya sea de fibras (cestería), cerámica o calabaza; y huellas de triturado para el posible procesamiento de frutos u otros órganos vegetales duros, los que habrían sido partidos en sectores externos de las concavidades con el fin de extraer su contenido alimenticio, para luego depositarlos al interior de las tacitas y eventualmente finalizar el proceso. Asociamos esta situación a la existencia milenaria de algunas especies endémicas en la zona Central, como Jubaea chilensis (Rodríguez et al. 1983), que genera gran cantidad de cocos de reducido tamaño, con un endocarpio carnoso y comestible. Pese a que no hemos encontrado evidencias en los sitios investigados, es posible proponer actividades de recolección de sus frutos. Otro recurso –ausente en el estudio de microrrestos, pero que posee gran importancia en la zona– es Prosopis chilensis (algarrobo), cuyas vainas y semillas, según datos etnohistóricos y etnográficos del norte (Atacama) y centro del país, eran molidas y utilizadas en distintas preparaciones como chicha o harina (Latcham 1936; Martínez 1998). Excepcionalmente, en la estratigrafía del sitio Estero Los Valles 04, se registró una semilla de esta especie entre los macrorrestos carbonizados de un fogón fechado en 150 años cal. AC a 60 años cal DC (Cornejo et al. 2010). Según las características hidrográficas del área, no extraña que un 88% de las piedras tacitas se encuentren relacionadas con cursos de agua y/o confluencias de esteros estacionales (Figuras 4 y 5), lo que sugiere el aprovechamiento de este recurso fundamental para la subsistencia durante la ocupación de los sitios, y que además pudo estar asociado a diversos fines como en el machacado y humectación de los productos procesados o incluso en el procedimiento de formatización de las oquedades. Aquellas más cercanas a las quebradas presentan una baja cantidad de oquedades, mientras que las ubicadas en promontorios se caracterizan por tener un número significativo de tacitas (entre 12 y 19). En sectores de confluencia de esteros se ubican nueve de estos sitios.


Figura
4. Localización de sitios con piedras tacitas en relación con recursos hídricos. cuentra entre los grupos


Figura 5
. Localización de bloques con piedras tacitas en relación con áreas de confluencia.

DISCUSIÓN

En Chile, la hipótesis más generalizada de uso de piedras tacitas –asociada a su similitud con otros contenedores pasivos de molienda– tiene que ver con prácticas relacionadas con la subsistencia, como lo es el procesamiento de recursos de origen vegetal. No obstante, indagamos en algunos posibles aspectos de naturaleza simbólica que podrían haber tenido estos artefactos, sugeridos en la utilización de analogías etnográficas. En poblaciones andinas, piedra y agua son elementos fundacionales de su pensamiento. Su importancia en fiestas y ceremonias ha sido registrada en diversos estudios etnográficos, y su permanencia se constata en el seno de las tradiciones locales de distintas áreas (Bouysse-Cassagne 1978; Platt 1978; Hermosilla y Ramírez 1985; Rostworowsky 1986; Bouysse-Cassagne et al. 1987; Grebe 1993-1994; Castro y Varela 1994; Fernández Distel 1994; Castro y Gallardo 1995-1996; Babot 1999; Berenguer 2004). El agua es un condicionante natural de vida, por lo que es fácilmente entendible la dependencia de ella y su sacralización. Más compleja de entender es la utilización del elemento piedra, pues es reinterpretado e integrado social y culturalmente como objeto/sujeto inseparable de la acción ritual, ya sea desde lo doméstico y comunal, asociado a asegurar la subsistencia o desde el ámbito de la relación con lo sobrenatural, entidades de la naturaleza o espíritus tutelares. Su connotación votiva no es privativa de las sociedades andinas (Planella y McRostie 2015), ya que existe una amplia dispersión de ejemplos en distintos continentes (Menghin 1957; Bradley 2000).
La literatura temprana de estudiosos chilenos (Medina 1882; Cañas Pinochet 1902; Guevara 1910; Latcham 1929; Oyarzún 1981) muestra que ciertos bloques de rocas son centros de prácticas gregarias ceremoniales; e investigadores acerca del pueblo mapuche han replanteado la existencia de piedras sagradas o Ngütruntúe (Föerster 1985; Schindler 2006), cuestión que probablemente se relaciona con Ngen-kurra, espíritu de la naturaleza que, según Grebe (1993-1994), es dueño de la piedra, y al cual se realizan rogativas y ofrendas. A partir de los estudios efectuados y los datos etnográficos mencionados, el contexto de uso ritual de las piedras tacitas estaría dado por la relación con el elemento agua, la ubicación espacial con respecto a otros rasgos geográficos, la superposición de ocupaciones de distintos grupos y periodos culturales y las características excepcionales de algunos de estos bloques rocosos, que muestran una particular y elaborada complejidad. La relación espacial con el agua está demostrada por la cercanía recurrente de estos sitios con cursos hídricos estacionales, frecuentes en la orografía de la zona; pero igualmente, como advirtiera Latcham (1929), se han registrado bloques en que las oquedades están unidas entre sí por canaletas labradas intencionalmente en la roca, por las que escurriría algún elemento líquido. Castro y Gallardo (1995-1996) también dan cuenta en Quebrada Seca, norte de Chile, de la intervención en la roca con bajorrelieves, canales y receptáculos que logran encauzar el escurrimiento del agua de lluvia con el fin de introducir un orden garantizado por su cultura y de poner simbólicamente bajo control el inestable elemento lluvia que caracteriza a esa región. Otra mención significativa se en
aymara y su sistema de opuestos en el concepto de uma, que designa tanto al agua como elemento líquido que no tiene consistencia firme o sólida, así como a cavidad, refiriéndose a las partes cóncavas de un objeto en tanto contenedor (Gordon 1985; Bouysse- Cassagne et al. 1987).
Con lo anterior se puede suponer que la materialidad de los bloques con tacitas y las cavidades mismas conforman una articulación conceptual en que no sólo es importante la naturaleza del contenedor, sino también el sentido o connotación de lo contenido. Es posible plantear que el elemento agua adquiere especial relevancia en las condiciones del contexto semiárido y de transición de la zona de estudio, considerando que las lluvias y los flujos hídricos son inestables y tienen un marcado carácter estacional. Luego de eventos de pluviosidad, el agua permanece en el interior de las tacitas, lo cual imprime un efecto visual que resalta notablemente contra la roca. La ubicación distintiva de los sitios arqueológicos con piedras tacitas en relación con referentes geográficos particulares constituye otro antecedente que apunta a sugerir su acepción ideológica ritual. Destacamos que, en el área de estudio, los bloques con tacitas están sólo a un lado de las quebradas o esteros. Esto tiene un paralelo en el concepto de alteridad señalado por Troncoso en relación con la disposición del arte rupestre en el curso superior del río Aconcagua. El autor plantea que esta situación otorgaría un significado "que trasciende su mera fisicalidad, aproximándola a una realidad más abierta y fluida nacida de la relacionalidad que establece con ciertos elementos del espacio que la circundan" (Troncoso 2009: 242). Un 35% de los sitios presentan una ubicación de los bloques con tacitas en sectores de confluencia de esteros o quebradas (Figura 5). Esta situación, pese a que la representatividad no es muy alta, nos lleva a considerar el concepto andino de tinku, una de cuyas acepciones refiere a la junta o punto de confluencia de cursos de agua (Van Kessel 1996) y que tiene gran ascendiente en las poblaciones aymaras, quechuas y atacameñas. Castro y Gallardo (1995-1996) mencionan el temor reverencial que provoca entre las comunidades lugareñas la junta de los ríos Salado y Caspana formando un sólo caudal. En el caso mapuche, esta idea puede estar arraigada en los conceptos de trafuwn o trafwe, que remiten a la idea de cruzarse en el camino o de juntarse en un sitio (De Augusta 1966 [1916]).
Con los antecedentes expuestos, la ubicación que presentan las piedras tacitas en relación con rasgos del paisaje puede representar profundos simbolismos. Las características especiales del entorno seleccionado potencian sus significantes por la trasformación de la materialidad de los bloques de roca en otra realidad, como también por los usos otorgados por la sociedad, sus creencias y tradiciones y la congregación social que ello supone. Distintos autores indican la reocupación de estos sitios desde periodos prehispánicos hasta tiempos históricos (Cañas Pinochet 1902; Guevara 1910; Latcham 1929; Hermosilla y Ramírez 1985; Cornejo et al. 2010). En la tradición oral del pueblo mapuche (Grebe 1993-1994; Aldunate 1996; Föerster y Gundermann 1996) vemos que se considera a ciertas piedras Cura o ngen-kurra como rocas sagradas en las que residen espíritus protectores, o tótem, a los cuales se rinde culto y se les ofrendan alimentos (Medina 1882; Guevara 1910; Latcham 1929).
En los datos arqueológicos y cronológicos disponibles para el área de estudio se aprecia una reocupación del espacio en torno a bloques con tacitas durante los periodos Arcaico, Alfarero temprano, Intermedio tardío y Tardío. Este fenómeno social, que involucra a distintos grupos culturales a lo largo del tiempo, supone algún tipo de atracción hacia estos lugares y la recreación y mantención de una "memoria social" hasta el día de hoy. Un ejemplo de ello es lo que hemos documentado por medio de informantes femeninas del sector de Rungue y Montenegro, quienes relatan la afluencia actual a piedras tacitas de la localidad con objeto de compartir y socializar. Esto coincide con lo advertido por Latcham, quien visitó estas mismas piedras tacitas y señaló que "las muchachas del pueblo se reúnen en esta piedra para majar maíz o trigo; pero solamente como vía de recreación y charla, no por ninguna utilidad práctica, ya que cada casa tiene su mortero y metate" (1929: 503).

CONCLUSIONES

La metodología empleada ha procurado un acercamiento significativo al estudio de las piedras tacitas en la región central de Chile. Con ello se ha intentado responder a los posibles contextos de uso que se les ha atribuido. La base de datos obtenida en esta investigación constituye una sistematización de la información sobre aspectos tanto mensurables –que llevaron a la caracterización de los bloques de roca y tacitas (Planella et al. 2010)– como sobre otros indicadores que vinculan la actividad humana con rasgos selectivos del paisaje y que, con el apoyo de analogías etnográficas del mundo andino y mapuche, dan cuenta de regularidades y asociaciones relacionadas con contenidos de naturaleza simbólica o ritual que podrían ser aplicados como referentes en otras regiones.
La notable concentración que presentan las piedras tacitas en esta área y la ausencia de arte rupestre nos llevan a considerar la existencia de límites identitarios o demarcaciones territoriales; teniendo en cuenta que, si en las sociedades existen esquemas de liminalidad insertos en su ideología, es probable que también se establezcan consensuadamente aplicándolas en el territorio (Bradley 2000). Esto hace posible sostener que en el estudio de piedras tacitas se debe considerar la totalidad del área que exhibe este tipo de manifestaciones, y no sólo algunas en particular, analizando sus atributos, la diversidad funcional de los sitios, como algunos asociados a cementerios (Hermosilla y Ramírez 1985; Reyes y Contreras 2015) y las probables relaciones entre ellos. Las condiciones climáticas y el comportamiento de los sistemas hídricos en esta área le dan un marcado carácter de inestabilidad y pueden haber sido gravitantes para los grupos prehispanos en las decisiones iniciales que regularon y dieron origen a la selección de lugares particulares con bloques rocosos donde labrar tacitas. La carencia de agua en momentos críticos de sequía pudo requerir de manifestaciones culturales que van más allá de lo cotidiano, con el objetivo de asegurar su disponibilidad. Considerando estos antecedentes, se ha constatado además la ubicación de bloques en la confluencia de esteros o quebradas, lo que transfiere al dato ecológico del paisaje y al emplazamiento mismo una importante carga simbólica, apoyada por los referentes etnográficos acerca de significativos ritos vinculados a peñas o rocas sagradas en los pueblos andino, entre los mapuche y antiguos habitantes de la región central de Chile. Con ello se plantea como interrogante si, en su origen, las tacitas fueron labradas con una finalidad cúltica propiciatoria para asegurar la eficacia de sus sistemas de producción y de subsistencia, fertilidad u otros, antes de ser utilizadas eventualmente para la molienda de recursos dedicados a la alimentación. No obstante, este supuesto es prácticamente imposible de confirmar en el estado actual de las investigaciones.
La continuidad en el uso de estos sitios a lo largo del tiempo por distintos grupos culturales debe de haber incorporado conceptualizaciones nuevas y diversas en respuesta a sus sistemas sociales y económicos que implicaron reinterpretar su materialidad y significados, aunque no podemos definir satisfactoriamente las modificaciones impuestas a sus contenidos originales. En definitiva, da cuenta de que las creencias persisten no obstante cambian los restos cerámicos y otros componentes culturales. Estas "juntas" en donde probablemente la comunidad se congregaba pudieron tener un carácter de peregrinación, con prácticas rituales activadas por algunas finalidades generales y específicas, vinculadas también a la reafirmación identitaria y territorial. Evidencias arqueológicas y arqueobotánicas indican que hubo actividades económicas de subsistencia y preparación de alimentos u otros, en los asentamientos asociados con piedras tacitas. Pero en cuanto al uso de las concavidades con fines de molienda a nivel doméstico o comunal, se debe de hacer un distingo entre las tacitas, ya que algunas con medidas y capacidad mayores que el común serían aptas para ello. No obstante, se insiste en que un contexto de molienda no debe considerarse sólo como una actividad de subsistencia, ya que son numerosos los datos etnográficos, etnohistóricos y arqueológicos que avalan que productos como la chicha de maíz y de algarrobo, entre otros, habrían tenido una función sacra o ritual (Martínez 1998; Hastorf et al. 2001; Planella et al. 2006; McRostie 2007; Falabella et al. 2008).
Los datos obtenidos hasta ahora en cuanto a representatividad y ubicuidad de recursos al interior de las tacitas son muy escasos, por lo que no se puede determinar si se trata de ofrendas. Interesa destacar que estos microrrestos corresponden a residuos de actividades realizadas por grupos con conocimientos de cultígenos y que por ahora es difícil separar contenidos atribuibles al periodo Arcaico al interior de las horadaciones. Hemos logrado construir un modelo de análisis que involucra a un mismo nivel de atención la evidencia morfotecnológica resultante del estudio lítico de los bloques con tacitas y la que provee la arqueobotánica, sumadas a planteamientos más abstractos que consideran la particular disposición espacial, geográfica y el uso de analogías y simbolismos provenientes de poblaciones étnicas del área andina y sur de Chile. Este ejercicio, en conjunto con los análisis de los contextos arqueológicos y sus asociaciones, nos ha permitido proponer con mayor solidez nuevas interpretaciones para estas manifestaciones culturales y deja abierto un campo más inclusivo de reflexión.

Agradecimientos

Esta investigación es resultado del proyecto FONDECYT 1060228. Agradecemos a los miembros del equipo encabezado por Luis Cornejo, que participaron activamente en labores de terreno; a Daniel Pavlovic, Andrés Troncoso, Nuriluz Hermosilla, Victoria Castro, Viviana Manríquez, Verónica Lema y Rolf Föester, quienes nos proporcionaron datos e información relevante de sus investigaciones.

NOTAS

1 Proyecto FONDECYT 1060228 "Cazadores recolectores de Chile Central: antes y después de la producción de alimentos y de la alfarería".

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