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Intersecciones en antropología

versión On-line ISSN 1850-373X

Intersecciones antropol. vol.18 no.3 Olavarría dic. 2017

 

ARTÍCULOS

Diferenciación regional de poblaciones nativas de América a partir del análisis de los linajes maternos

 

Josefina M. B. Motti, Marisol E. Schwab, Julieta Beltramo, Laura S. Jurado-Medina, Marina Muzzio, Virginia Ramallo, Graciela Bailliet y Claudio M. Bravi

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Laboratorio de Ecología Evolutiva Humana. Núcleo de Estudios Interdisciplinarios sobre Poblaciones Humanas de Patagonia Austral (NEIPHPA). Facultad de Ciencias Sociales. Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, subsede Quequén. Calle 508 N° 881 (7631), Quequén, Buenos Aires, Argentina. E-mail: josemotti@yahoo.com.ar
CONICET. Laboratorio de Genética Molecular Poblacional, Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (CCT La Plata-CONICET / CIC-PBA / UNLP). Calle 526 e/ 10 y 11 (1900), La Plata, Buenos Aires, Argentina. E-mail: marisol_schwab@hotmail.com
Laboratorio de Genética Molecular Poblacional, Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (CCT La Plata-CONICET / CIC-PBA / UNLP). Calle 526 e/ 10 y 11 (1900), La Plata, Buenos Aires, Argentina. E-mail: julietabeltramo@hotmail.com
Laboratorio de Genética Molecular Poblacional, Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (CCT La Plata-CONICET / CIC-PBA / UNLP). Calle 526 e/ 10 y 11 (1900), La Plata, Buenos Aires, Argentina. E-mail: laurajurado87@hotmail.com
CONICET. Laboratorio de Genética Molecular Poblacional, Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (CCT La Plata-CONICET / CIC-PBA / UNLP). Calle 526 e/ 10 y 11 (1900), La Plata, Buenos Aires, Argentina. E-mail: marinamuzzio@gmail.com
CONICET. CENPAT-CONICET. Bv. Almirante Brown 2915 (U9120ACD), Puerto Madryn, Chubut, Argentina. E-mail: vramallo@yahoo.com
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Laboratorio de Genética Molecular Poblacional, Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (CCT La Plata-CONICET / CIC-PBA / UNLP). Calle 526 e/ 10 y 11 (1900), La Plata, Buenos Aires, Argentina. E-mail: graciela.bailliet@gmail.com
CONICET. Laboratorio de Genética Molecular Poblacional, Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (CCT La Plata-CONICET / CIC-PBA / UNLP). Calle 526 e/ 10 y 11 (1900), La Plata, Buenos Aires, Argentina. E-mail: cmbravi@yahoo.com.ar

Recibido 26 de octubre 2016.
Aceptado 31 de marzo 2017


RESUMEN

Tradicionalmente se agrupó a los linajes del ADN mitocondrial nativos de América dentro de los cinco haplogrupos A, B, C, D y X. En forma posterior, el avance en las técnicas moleculares permitió distinguir la existencia de, al menos, trece linajes que habrían ingresado a América previamente diferenciados. En la actualidad se está avanzando en la definición de sublinajes con distribución geográfica acotada. En este trabajo se analizan 743 secuencias de la Región Control (RC) completa, obtenidas en nueve poblaciones actuales de Argentina en el contexto de una recopilación de más de 6000 secuencias de linajes nativos de Sudamérica. Se identificaron grupos potencialmente monofiléticos (linajes) sobre la base de la presencia de mutación(es) compartida(s) en la RC, de los cuales se analiza su distribución geográfica. Se concluye que, si bien en cada región coexisten múltiples linajes maternos –producto de distintos procesos demográficos a lo largo del tiempo–, es posible identificar linajes que, por su frecuencia y diversidad, estarían asociados a momentos tempranos del poblamiento de cada región. Se discuten los alcances y limitaciones de este tipo de aproximación metodológica y sus implicancias en relación con las hipótesis de poblamiento, con especial énfasis en el Cono Sur.

Palabras clave: Filogeografía; ADNmt; Sudamérica.

ABSTRACT

Regional differentiation of native American populations from the analysis of maternal lineages

Previously, mitochondrial DNA (mtDNA) lineages of Native Americans were typically grouped as only five haplogroups: A, B, C, D and X. However, advances in molecular techniques have allowed investigators to further delineate the existence of at least thirteen lineages differentiated before arrival in America. Definition of mitochondrial lineages with more restricted geographical distribution is currently in progress. In this study, 743 Control Region (CR) sequences obtained from nine extant populations from Argentina were analyzed through comparison to >6000 CR sequences of Native American lineages from throughout South America. Putative monophyletic groups (lineages) were identified based on the presence of shared mutation(s) and their geographical spread was examined. It is concluded that although multiple maternal lineages coexist today in each region – the product of different demographic processes - it is possible to identify lineages that were potentially associated with early moments of the settlement of the Americans due to their frequency and diversity. The scope and limitations of this type of methodological approach and its implications in relation to settlement hypotheses, with special emphasis on the Southern Cone, are discussed.

Keywords: Phylogeography; mtDNA, South America.


 

INTRODUCCIÓN

El privilegio de haber recibido las cuatro primeras letras del abecedario para nombrar a los haplogrupos (hgs) mitocondriales le fue otorgado al continente americano. En un estudio pionero, Torroni et al. (1992) definen a los haplogrupos A-D con base en la detección de polimorfismos en la región codificante. La existencia de un quinto haplogrupo, actualmente denominado X, fue tempranamente notada por Bailliet et al. (1994) y Bandelt et al. (1995). Sin embargo, el colosal aumento en el poder de resolución otorgado por la secuenciación del genoma mitocondrial completo llevó al número de linajes fundadores de cinco a, al menos, 13 (A2, B2, C1b, C1d, C1c, C4c, D1, D2a, D3, D4h3a, D4e1c, X2a y X2g) (Tamm et al. 2007; Achilli et al. 2008; Perego et al. 2009; Perego et al. 2010; Malhi et al. 2010; Kumar et al. 2011). A pesar del incremento en el número de clados, los haplogrupos americanos continúan siendo apenas un subconjunto de los asiáticos, lo que indica la ocurrencia de un efecto fundador. Tamm et al. (2007) plantean un momento de pausa en el que la población habría permanecido en un refugio situado en Beringia durante el tiempo suficiente para dar lugar a la aparición de nuevos alelos de distribución exclusiva en América.
Ocho de los haplogrupos fundadores alcanzan América del Sur. La distribución y variabilidad de algunos de ellos ha sido analizada de forma exhaustiva; el linaje D4h3a, por ejemplo, se caracteriza por una distribución preferencial a lo largo de la costa pacífica, tanto en América del Norte como del Sur, y sería el rastro de una ruta costera seguida por los primeros pobladores americanos. Esta ruta costera explicaría el rápido avance de los inmigrantes y habría permitido que los seres humanos alcanzaran el extremo sur del continente poco tiempo después del ingreso por Beringia (Perego et al. 2009). Como señalan los mismos autores, este haplogrupo no se localiza en forma aislada, sino que las poblaciones que lo portan llevan también otros haplogrupos de distribución panamericana. Por eso es necesario refinar las filogenias del resto de los haplogrupos para poder confirmar estos patrones de distribución y/o plantear otros nuevos. Recientemente, se ha comenzado a describir la variabilidad existente dentro de A2, B2, C1 y D1 en Sudamérica, y se han detectado interesantes patrones de diferenciación poblacional que contribuyen a los debates acerca del poblamiento (Bodner et al. 2012; de Saint Pierre et al. 2012a y b; García et al. 2012). La definición de subhaplogrupos diferenciados localmente conlleva un considerable aumento en la capacidad de interpretación de la diferenciación poblacional al interior del continente, lo que permite discutir modelos de poblamiento a escala regional. En Sudamérica, los sitios arqueológicos más tempranos se localizan en la costa pacífica y, dada la poca distancia temporal entre los sitios del norte y del sur, se propone un poblamiento rápido por vía pacífica como una de las hipótesis más aceptadas de poblamiento (Rothhammer y Dillehay 2009 y bibliografía allí citada). En cuanto a la costa atlántica, el problema radica en que el ascenso del nivel del mar trasladó la línea de costa al interior del continente de modo que, en caso de existir sitios tempranos, estos se hallarían bajo el mar. Los sitios tempranos cercanos al Atlántico se encuentran en los cursos medios de los ríos, lo cual sugiere un ingreso a través del litoral fluvial (Miotti 2006). La forma de triángulo invertido que ofrece el continente sudamericano ubica a la Argentina en el punto de encuentro entre estas dos "corrientes fundadoras" que acabamos de describir.
En cuanto al poblamiento inicial del noroeste y centro-oeste argentinos, los sitios arqueológicos más antiguos se hallan próximos a la cordillera y son levemente más modernos que los sitios chilenos, lo que indica un sentido oeste-este para el poblamiento de la región. Por lo tanto, el ingreso de los humanos en este territorio se habría dado a través de pasos intercordilleranos. La ubicación de los sitios señala al menos dos áreas principales de ingreso, una en la Puna y otra a la altura de Mendoza (Rivero y Berberián 2008). A continuación, se recopila la información disponible referida a la estructura y distribución de subhaplogrupos en Sudamérica, incorporando información adicional basada en el análisis de la Región Control completa en muestras actuales del Noroeste y Centro Oeste de Argentina (Motti 2012) y se discuten posibles interpretaciones acerca del poblamiento regional, teniendo en cuenta la información arqueológica disponible.

MATERIALES Y METODOS

Se obtuvieron muestras biológicas e información genealógica de 1331 individuos en hospitales y centros de salud de las provincias argentinas de Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca y Salta. Mayores detalles sobre el muestreo y un análisis del origen continental de los linajes maternos hallados pueden encontrarse en Motti et al. (2013). La región control completa entre las posiciones 16024 y 576 del ADNmt fue secuenciada para un total de 817 individuos, 743 de los cuales resultaron asignados a hgs americanos y son los que constituyen la muestra de las localidades argentinas incluidas en el presente trabajo (Belén, Chepes, Calingasta, Mendoza Capital, La Rioja Capital, Villa Tulumaya, San Juan Capital, Santa María y Tartagal). Las secuencias fueron alineadas con el programa MEGA 4.0 (Tamura et al. 2007), mediante el algoritmo ClustalW y luego corregidas manualmente siguiendo el criterio filogenético de Bandelt y Parson (2008). Se identificaron los polimorfismos por comparación con la Secuencia de Referencia de Cambridge revisada (rCRS) (Andrews et al. 1999). Se estableció el haplogrupo de pertenencia siguiendo a Bandelt et al. (2003) y Tamm et al. (2007). Los datos correspondientes a las secuencias obtenidas forman parte de un trabajo de tesis doctoral (Motti 2012)1.
Cada haplogrupo americano puede ser subdividido en sublinajes monofiléticos o clados. Para definirlos, se construyeron manualmente redes medianas de haplotipos por haplogrupo (Bandelt et al. 1995). Los cubos e hipercubos generados por las mutaciones recurrentes fueron resueltos teniendo en cuenta criterios globales, como la escala de sitios calientes publicada por Soares et al. (2009), así como también mediante criterios específicos para cada haplogrupo, con base en observaciones de datos publicados y propios. Se tuvieron en cuenta los polimorfismos cuyo carácter homólogo ha sido confirmado con base en la obtención de secuencias completas (470 para B2i2, 258 para C1b13, 195 para C1d1b, 16.142 para D1f, 16.187 para D1g, 16.242-16.311 para D1j y 16.051 para D4h3a5); también se consideraron, de manera preliminar, otros polimorfismos que –a juzgar por su coherencia geográfica y su baja homoplasia– serían también indicativos de ancestralidad común, aunque no se han obtenido secuencias completas, que permitirían dar mayor sustento a esta afirmación. En este segundo caso, se consideraron las mutaciones derivadas que se agregan a las nodales para cada clado y, sobre la base de estas, se identificaron linajes. Se define a un linaje como un conjunto presuntamente monofilético de haplotipos caracterizado por la presencia compartida de una o más mutaciones. Se utiliza este concepto de carácter preliminar –en vez del de sub-hg– en ausencia de secuenciación completa del genoma mitocondrial o, al menos, de tipificación de mutaciones específicas. Los linajes son designados mediante una notación que incluye el nombre del hg seguido de un subíndice en que se lista(n) la(s) mutación(es) que lo diferencian respecto del haplotipo fundador. Se construyeron redes medianas de haplotipos para dos de los linajes más frecuentes en Argentina con el programa Network 5.0 (Bandelt et al. 1999).
La definición de linajes con base en polimorfismos de la Región Control tiene como ventaja el hecho de que existe gran cantidad de datos publicados y, por lo tanto, puede hacerse un análisis comparativo mucho más extenso que si se tratase de polimorfismos de la región codificante. En tal sentido, se realizó una revisión bibliográfica que permitió compilar una base de datos de más de 6000 secuencias sudamericanas pertenecientes a los haplogrupos A-D y se las agrupó por áreas geográficas. Se calcularon las frecuencias de subhaplogrupos para cada localidad, provincia, estado o región. En el Anexo se lista la bibliografía considerada para cada unidad geográfica. Para obtener una representación gráfica de la distribución geográfica de los linajes, se llevó a cabo una interpolación de frecuencias mediante el algoritmo de Kriging en el programa Surfer.8 (Golden Software 2002).

RESULTADOS

Los linajes definidos fueron A2150, A216051, B216188, B2146-215, B2197-207-297, C1b16192 y D116527. En la Tabla 1 se resumen las frecuencias de estos nuevos linajes y de los subhaplogrupos previamente descriptos en la bibliografía (B2i2, C1b13, C1d1b, D1f, D1g, D1j y D4h3a5). Es posible identificar clados con mayor frecuencia en Patagonia: B2i2, D1g, D4h3a5 y C1b13; otros con mayor frecuencia en el Noroeste argentino y norte de Chile y Bolivia: B216188, B2146-215 y D116527; otros característicos de la región chaqueña: A216051 y B2197-207-297 y por último, aquellos con mayor frecuencia en el centro y centro-oeste de Argentina: D1j, C1d1b, A2150 y C1b16192. En las Figuras 1 y 2 pueden observarse las distribuciones geográficas de ocho de los linajes analizados. Las figuras 3 y 4 muestran la variación interna de los clados B216188 y A2150, respectivamente. A continuación, se presenta una discusión de la distribución de los clados, agrupados por región. También se señalan las principales interpretaciones realizadas en trabajos previos, referidas a cada uno de los clados considerados.

Tabla 1. Frecuencias de clados, en porcentajes, por unidad geográfica.


Referencias: 1 Total de haplotipos A-D considerados para el cálculo de frecuencias. Se consideran todos aquellos para los que se conoce la secuencia de la Región Hipervariable I. 2 Ídem, se consideran todos aquellos para los que se conoce la secuencia de las Regiones Hipervariables I y II. 3 Ídem, se consideran todos aquellos para los que se conoce la secuencia de la Región Control completa. Los espacios en blanco representan una frecuencia igual a cero. El color gris oscuro indica la ausencia de datos.


Figura 1.
Distribución geográfica de las frecuencias relativas de linajes discutidos en el texto.


Figura 2.
Distribución geográfica de las frecuencias relativas de linajes discutidos en el texto.


Figura 3.
Red de haplotipos correspondientes al linaje B216188.


Figura 4.
Red de haplotipos correspondientes al linaje A150.

DISCUSIÓN

Nos encontramos ante el panorama actual de distribución de linajes, una instantánea que nos ofrece un único plano temporal. Si bien un linaje no es equivalente a una población, puede considerarse la frecuencia y distribución de uno o de un grupo de linajes como indicio de una determinada historia poblacional. En cada región coexisten múltiples linajes maternos, producto de distintos procesos demográficos a lo largo del tiempo. Sin embargo, proponemos que es posible identificar linajes que, por su frecuencia y diversidad, estarían asociados a momentos tempranos del poblamiento de cada región. En la región del altiplano, los primeros asentamientos se reflejan en los sitios Salar de Punta Negra, San Lorenzo, Tuina, Huachichocana, Inca Cueva y Pintoscayoc (Rivero y Berberián 2008). En esta región, se habría incrementado considerablemente la frecuencia de linajes B2, especialmente los linajes B216188 y B2146-215, pero también linajes como D116527 (ver Tabla 1). En las proximidades de la ciudad actual de Santiago de Chile se observa un conjunto de sitios con antigüedades mayores a 10.000 años AP, como Quereo, Tagua-Tagua, Quebrada de Santa Julia y El Membrillo (Jackson et al. 2007; Rivero y Berberián 2008). Esta mayor densidad poblacional evidenciada a nivel arqueológico habría propiciado la incursión hacia nuevos territorios; de esta manera se habría producido el ingreso al actual territorio argentino, que habría quedado registrado en sitios como Agua de la Cueva y Cueva del Indio, en la provincia de Mendoza (Rivero y Berberián 2008). Como evidencia molecular de la existencia de un área refugio en los valles cuyanos, podemos señalar la presencia de un linaje con mayor frecuencia y diversidad en el área, definido por la transición en la posición 150 dentro del haplogrupo A2. Este linaje se distribuye casi exclusivamente en el centro-oeste de Argentina, y alcanza su mayor frecuencia en la localidad de Villa Tulumaya, donde representa el 17% de los linajes nativos.
Además de los sitios en torno a la Puna y en los valles cuyanos, se registra la presencia humana temprana en las Sierras Centrales en el sitio El Alto 3, lo que indica el rápido ingreso al interior del continente. Si bien no puede descartarse la posibilidad de que los habitantes de este primer asentamiento provinieran de la región circumpuneña, o incluso de la región pampeana, la afinidad a nivel de las frecuencias de linajes mitocondriales entre la región central y la de los valles cuyanos nos inclina en favor de esta ruta de ingreso hacia el interior del continente. A nivel de la evidencia mitocondrial, pueden identificarse linajes que claramente presentan mayor frecuencia y diversidad en la región central, y por eso puede ser planteada como un foco poblacional independiente. La mayor evidencia molecular en torno a la existencia de un centro de diferenciación poblacional en el centro de Argentina está dada por la presencia del subhaplogrupo D1j, definido con base en secuencias completas por Bodner et al. (2012) con una edad de coalescencia de 13.900 años y cuyo patrón de distribución geográfica resulta clarificado en el trabajo de García et al. (2012), donde se describe claramente su mayor frecuencia y variabilidad en la región de las Sierras Pampeanas (provincias argentinas de Córdoba, San Luis y Santiago del Estero). Además de D1j, se distinguen –por su mayor frecuencia en la región del centro de Argentina– los linajes C1b16192 y C1d1b compartidos por la región de los valles cuyanos y por la región central, lo cual señala el estrecho vínculo entre estos dos focos y el mantenimiento del flujo génico entre ambos. La distribución a nivel sudamericano de estos dos últimos linajes plantea incertidumbres, ya que no puede establecerse fehacientemente un vínculo monofilético en ausencia de datos de la región codificante. Sin embargo, la presencia de linajes C1b16192 en Perú y Bolivia sugiere la hipótesis de una dispersión de este clado por la costa pacífica. Los estudios morfológicos realizados en muestras arqueológicas del territorio argentino encuentran distintos patrones de relaciones biológicas, dependiendo del tipo de variables analizadas; por ejemplo, Fabra et al. (2007) describen una mayor afinidad entre las muestras del Litoral, las Sierras Centrales y Patagonia, y proponen un poblamiento en sentido noreste-suroeste. Sin embargo, en otro trabajo posterior, Fabra y Demarchi (2011) encuentran una mayor afinidad entre las muestras de las Sierras Centrales y las de Santiago del Estero y otras poblaciones del noroeste argentino. Este último resultado concuerda con los expuestos por Cocilovo y Di Rienzo (1984-1985), quienes encuentran mayor afinidad entre las muestras de la Región Central (Córdoba y Santiago del Estero) respecto de las de Belén y, a su vez, entre esta última y San Juan y Mendoza; y proponen una dirección de poblamiento norte-sur, que, a partir de los valles Calchaquíes y a través de Belén, se habría bifurcado en dos rutas: una precordillerana y otra chaco-serrana. Los datos de ADN mitocondrial también apuntan a una mayor afinidad entre las Sierras Centrales y el Centro Oeste argentino. Asimismo, en el análisis de distribución de linajes a nivel sudamericano no se han hallado, en Patagonia, linajes compartidos con el Litoral. Los linajes patagónicos alcanzan su menor latitud en la región oeste, con la presencia de D1g en la provincia de Catamarca, lo que indica la existencia de flujo génico entre la Patagonia y el centro-oeste argentino.
En cuanto al poblamiento de la región patagónica, hacia los 40°S, las alturas de la cordillera decrecen y el traspaso del oeste hacia el este pudo haber sido aún más temprano. Este escenario es apoyado por la evidencia mitocondrial, ya que se observa una notable unidad de la Patagonia, tanto argentina como chilena, por la presencia compartida de los linajes D1g, B2i2, C1b13 y D4h3a5. Estos cuatro subhaplogrupos comprenden al 80% de las muestras de comunidades originarias actuales (de Saint Pierre et al. 2012a). A su vez, estos linajes son prácticamente exclusivos de Patagonia, dado que se encuentran en bajas frecuencias en el centro de Argentina, Uruguay y el norte de Chile; y ausentes en el resto del continente. La homogeneidad a ambos lados de la cordillera de los Andes es indicativa de ancestralidad común. Asimismo, la presencia de D4h3a5 apoyaría la hipótesis de un poblamiento por costa pacífica que involucraría tanto a la vertiente pacífica como atlántica de la Patagonia, incluyendo a la isla Grande de Tierra del Fuego y los canales australes (Perego et al. 2009). Sin embargo, cabe aclarar que B2i1 (el clado hermano de B2i2) se encuentra presente en grupos amazónicos como los kayapó (Fagundes et al. 2008; Ramallo et al. 2013), por lo que no es posible descartar la llegada de grupos humanos a Patagonia desde la vertiente atlántica. La edad estimada para D1g es de 18.000 años AP. Esta fecha resulta mucho más antigua que los registros arqueológicos más tempranos en Sudamérica y debe ser tomada con precaución, ya que existen múltiples variables que afectan las estimaciones del tiempo de coalescencia del ADN mitocondrial (Soares et al. 2009). Sin embargo, esta antigüedad puede ser interpretada como un indicativo de que este subhaplogrupo habría estado ya diferenciado en las primeras etapas de poblamiento de la región (Bodner et al. 2012). Para los subhaplogrupos B2i2 y C1b13, las edades de coalescencia estimadas son de 10.800 AP y 12.000 AP, respectivamente. La menor antigüedad relativa de B2i2, sumada a su ausencia en la Isla Grande de Tierra del Fuego, sugieren que su diferenciación habría sido posterior (de Saint Pierre et al. 2012b).
En lo que respecta a una posible ruta de poblamiento de Sudamérica que se habría desplazado hacia el este por la costa atlántica, podemos señalar al subhaplogrupo D1f, cuyas mayores frecuencias se concentran en el norte de Brasil, y que alcanza el territorio argentino en la región del Nordeste. Esto refuerza la idea de las vías fluviales como rutas de poblamiento. Se distinguen también clados con una clara pertenencia a la región chaqueña, como A216051 y B2197-207-292. En las denominadas tierras bajas se habrían constituido otros focos de diferenciación poblacional, aunque por el momento no existe información basada en secuencias completas que permita estimar el tiempo de coalescencia de los clados involucrados. Teniendo en cuenta la evidencia arqueológica y la evidencia mitocondrial, planteamos la hipótesis de la existencia de focos de poblamiento; es decir, poblaciones que habrían permanecido aisladas o semiaisladas el tiempo suficiente para dar lugar a una diferenciación en las frecuencias de linajes maternos. La deriva génica habría tenido lugar en estas poblaciones, lo que llevaría a un aumento de frecuencia de determinadas variantes que serían características de cada región. La propuesta de la existencia de estos focos poblacionales se ve reforzada por la evidencia paleoclimática que señala que, durante el Holoceno medio (7000 a 5000 AP), hubo fluctuaciones climáticas que aumentaron las condiciones de aridez en la región.
A nivel arqueológico, esto se refleja en una reducción en el número –e incluso en la ausencia– de sitios en los ambientes más frágiles (Barrientos 1997; Núñez et al. 1999; Gil et al. 2005). Estas condiciones climáticas son compatibles con la fragmentación del paisaje y el consecuente aislamiento de los grupos humanos, que en ausencia de flujo génico y con un tamaño poblacional reducido, habrían estado mayormente afectados por la deriva génica. Estas son las condiciones propicias para la diferenciación a nivel genético de cada población y, de esta manera, en cada una de ellas se habrían perdido ciertos linajes, al tiempo en que otros adquirieron preponderancia, con lo cual se generaron así linajes propios de cada región. Este modelo de diferenciación regional –basado en la distribución actual de linajes maternos– es, por supuesto, una propuesta que deberá ser contrastada con futuras investigaciones. Los estudios realizados en ADN antiguo hasta el momento permiten afirmar la continuidad temporal de ciertos linajes en Patagonia (Moraga et al. 2010), en la región de las Sierras Centrales (García et al. 2012) y en el Noroeste (Motti et al. 2014). Sin embargo, en los dos últimos casos también se han detectado cambios en la frecuencia de haplogrupos entre distintos cortes temporales (Nores y Demarchi 2011; Motti et al. 2014). Para la región pampeana, se cuenta con los datos correspondientes a dos muestras antiguas que no comparten polimorfismos con muestras actuales, más allá de los correspondientes al haplogrupo fundador (Llamas et al. 2016). Trabajos futuros que contemplen mayor número de muestras para cada segmento temporal y con la capacidad de identificar los linajes al interior de cada haplogrupo permitirán poner a prueba hipótesis de continuidad versus reemplazo poblacional y dar cuenta de los fenómenos evolutivos que intervinieron en la conformación de las poblaciones nativas de América.

ANEXO

Lista de publicaciones consultadas para el cálculo de frecuencias de clados por región que se presentan en la Tabla 1.

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2) Álvarez-Iglesias et al. 2007. Forensic Science International: Genetics 1: 44-55.
3) Alves-Silva et al. 2000. American Journal of Human Genetics 67 (2): 444-461.
4) Baeta et al. 2009. Forensic Science International: Genetics Supplement Series 2 (1): 313-314.
5) Barbieri et al. 2011. American Journal of Human Biology 23 (1): 89-99.
6) Barbosa et al. 2008. Journal of Forensic Sciences 53 (1): 142-146.
7) Bert et al. 2004. Annals of Human Biology 31 (1): 9-28.
8) Bobillo et al. 2010. International Journal of Legal Medicine 124 (4): 263-268.
9) Bonilla et al. 2004. American Journal of Human Biology 16: 289-297
10) Bortolini et al. 1999. American Journal of Human Biology 11: 551-563
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Agradecimientos

A los directivos y especialmente al personal de los hospitales donde trabajamos, cuya colaboración fue indispensable. A Felicitas Fonseca, Angelina García, Cecilia Castro, Emilia Pérez, Luciana Carrera y Mercedes Santos, que nos acompañaron como voluntarias durante las campañas. A Melissa Scheible, Jessica Saunier, Jodi Irwin y Michael Coble por la generación de los datos de secuencias de Argentina. Este trabajo fue financiado a través de los proyectos PICT 2005 N° 32450, PICT 2008 N° 0715 y PIP 2010-2012 N° 1.

Notas

1 Las secuencias analizadas en este trabajo se encuentran disponibles en http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/2578

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