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Revista argentina de cardiología

versión On-line ISSN 1850-3748

Rev. argent. cardiol. v.74 n.3 Buenos Aires mayo/jun. 2006

 

La investigación y los pontífices

Carlos A. BertolasiMTSAC

MTSAC Miembro Titular de la Sociedad Argentina de Cardiología

Con el transcurrir de los años, el ser humano va delineando su personalidad a través de opciones que abarcan todos los aspectos de la vida.
Para ello cuenta con su bagaje genético y el acervo cultural que comienza a recibir en el hogar, continúa con la educación y culmina en su relación con la comunidad que integra.
Define así, o "toma partido", aspectos tan diversos como su sexualidad, hábitos de vida, nivel cultural, opción religiosa, actividad laboral, intereses deportivos y, en fin, todo aquello que le permita sentirse lo más cómodo posible para la cotidiana toma de decisiones.
Escapa del objetivo de estas líneas considerar las causas de esta actitud, posiblemente vinculadas a la necesidad de "pertenecer", así como de evitar la ansiedad e inestabilidad dominante de la permanente opción.
Serían interminables los ejemplos, pero sólo me detendré en unos pocos para graficar lo antedicho.
Comencemos por la música. Existen melómanos atraídos por la música clásica y otros por la popular. Podemos imaginar a J. S. Bach escribiendo sus sonatas o ver cómo "Cambalache" describe como nadie, en pocos versos, a la sociedad actual.
En literatura sobran los ejemplos.
En historia son leídos con deleite aquellos libros donde se funde la realidad con una ficción bien contada, muy diferente del riguroso historiador que rechaza todo lo que no sea "ciertamente cierto" y por lo tanto forma un rompecabezas al que siempre le faltan piezas.
En los medios de comunicación también los ejemplos abundan. Se disfruta de un inteligente editorial o de la propuesta de National Geographic; en el otro"bando" podemos incluir la muestra de arte "menor" (??!!) de Walt Disney.
Numerosas "experiencias" cotidianas quedan sin calificar, como la de un inquisidor movilero que ante la desencajada expresión de un rehén recién liberado, pregunta "¿Hubo mucha tensión...?"
En el arte pictórico, quien no tenga una gran producción o haga ciertas concesiones podrá gozar del respeto o la admiración de unos pocos, pero le será casi imposible trascender con su obra en el tiempo.
Así, con una firme "ideología" miramos como adversarios, diferentes, inferiores, tontos, elitistas o de cualquier otra manera "a los otros".
Sin embargo, no todo es blanco y negro en la vida. Es cierto que no se puede ser de Boca-River, o estar un "poquito" embarazada, pero en infinidad de otras circunstancias resulta fundamental el accionar de un pontífice (hacedor de puentes) adecuado.
Sin abjurar de los principios, se puede y se debe incursionar en el "otro campo" para difundir lo exclusivo o jerarquizar lo corriente.
Astor Piazzola no traiciona al tango; Barenboim va más allá, utiliza la música para disolver el rencor.
Una serie interminable de aquellos que contribuyen a difundir el conocimiento podríamos iniciarla con Platón para, como cardiólogos, terminar en Paul D. White.
Luego de esta introducción podríamos preguntarnos si la investigación no se halla en un estadio similar.
En la medicina del siglo pasado se pudo observar una radical toma de posiciones.
En un extremo, el clínico encerrado en su consultorio acumulando "experiencia personal" útil, pero también causa de riesgo ante el error reiterado. Muy distante, el investigador (a menudo básico) encerrado en su laboratorio, haciéndose "preguntas" inteligentes pero sin arribar a un resultado práctico o demorando muchos años en hacerlo.
Los primeros fueron favorecidos con el inmenso esfuerzo educador de las entidades científicas y del facilitado acceso a la información. Entre los investigadores se desarrollaron técnicas modernas que permiten controlar mejor y confiar aún más en los resultados.
A su vez, entre estos últimos se detecta una nueva polarización, entre los "clásicos" (mayoría de básicos y algún clínico con interés fisiopatológico) y los "modernos", con nuevas herramientas, extraordinaria pujanza y extrema urgencia en aplicar hoy la verdad precaria de anoche.
No faltaron duros cruces entre ellos; casi siempre con la sinrazón del sectarismo, pero también en ocasiones por pérdida inconducente de tiempo o transgresiones que todos hemos tenido ocasión de observar.
Para que todo esto ocurra también tuvo mucho que ver la evolución económica. Los recursos aportados por las entidades gubernamentales y las fundaciones fueron disminuyendo, mientras que las industrias farmacéutica y de tecnología tuvieron un formidable desarrollo, retroalimentado por el vertiginoso aporte del conocimiento, en parte por ellas mismas generado.
Paulatinamente fueron apareciendo nuevos "pontífices". Así vemos a muchos "clásicos" que sin ceder un ápice en sus convicciones adhieren el diálogo en la búsqueda de resultados de aplicación más concreta y de los recursos para hacerlos posibles.
Por otra parte, hemos asistido a reuniones donde jóvenes investigadores discuten en profundidad el protocolo en cuanto a su aporte científico y el respeto al paciente, para recién después analizar el sustrato económico. Asimismo, la propuesta de subestudios originales permite aportar ideología y consolidar la figura del investigador.
Resultan así cada vez más transparentes y apropiados los estudios con supervisión, tanto institucional como de los correspondientes comités. Obviamente, persisten las dificultades con la investigación"controlada" a nivel de consultorio, pero ello es otra historia.
Podríamos concluir que el explosivo progreso ha tenido su costo en transgresiones de todo tipo a nivel mundial, pero que lentamente las aguas vuelven a su cauce natural.
La búsqueda de una verdad (siempre transitoria) exige en medicina pautas comunes con otras disciplinas, con el agregado de estrictos recaudos para preservar al ser humano en su doble situación, como objeto de la investigación o como beneficiario de ella.
Con placer observamos la acción cotidiana de estos"hacedores de puentes". No hace falta nombrarlos porque existirían omisiones y además porque todos los conocemos. Con un pie en lo que fue y otro en lo que vendrá, nos guían en esta necesaria e impresionante transformación. Seguramente no quedarán registrados en los anales de la investigación, pero ello resulta secundario. Merecen y tendrán la consideración y el respeto de todos nosotros, sus pares. No es poco.

PD. Agradezco la lectura crítica de varios "pontífices", que no nombro para no excluir a tantos otros...