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Revista argentina de cardiología

versión On-line ISSN 1850-3748

Rev. argent. cardiol. v.76 n.1 Buenos Aires ene./feb. 2008

 

Carlos Alberto Bertolasi

El progreso en el desarrollo del conocimiento científico y la práctica médica es una gigantesca obra colectiva, comunitaria.
El rol que nos toca a los individuos en este desarrollo muchas veces es aleatorio, con pocos momentos iluminados y una continuidad silenciosa en la tarea cotidiana de asistir a nuestros pacientes, enseñar e investigar. Excepcionalmente se destacan personas que con su aporte modifican la dinámica de toda una especialidad o de la medicina, con proyecciones a la comunidad de sus países y otros, y ésa ha sido la circunstancia de Carlos Alberto Bertolasi.
Los que hemos tenido el honor de trabajar con él sabemos que su vida en la tarea médica fue siempre encarada como un combate apasionado con objetivos estratégicos. A riesgo de omitir alguna de sus mejores batallas, podemos reseñar:
Pionero en la colocación de marcapasos en la década de los sesenta y en las primeras cardioversiones exitosas, una de ellas realizada a un colega del Hospital Argerich.
La creación de la primera Unidad Coronaria de América latina en un hospital público, el Cosme Argerich.
El compromiso en la instauración del sistema de Residencias en el Hospital Público, muy resistido por las viejas estructuras médicas.
La creación de un Servicio de Cardiología de excelencia en el Hospital Público que se transformó en una Escuela no sólo para residentes, sino toda forma que pudiera colaborar en la educación médica: becarios, rotantes, cursistas, y en forma destacada el curso intensivo para médicos del Interior que durante años trajo por una semana a colegas de todo el país al Hospital Argerich para trabajar con el grupo médico y recibir una maratónica cantidad de charlas y conferencias. Y paralelamente, la creación en el ámbito privado de un gran servicio de Cardiología en el Sanatorio Güemes, donde confluyó un momento excepcional de la medicina argentina, hoy probablemente irrepetible.
El desarrollo de un pensamiento original en cardiopatía isquémica, con una orientación hacia el mensaje fisiopatológico contenido en la presentación clínica de la enfermedad. Esto llevó a su clasificación de cuadros clínicos de las anginas inestables y al primer estudio publicado en el mundo que demostró que el tratamiento invasivo mejoraba el pronóstico de las anginas de pecho inestables de alto riesgo, el síndrome intermedio.

CADA UNO DE SUS LIBROS

Cardiopatía Isquémica en la década de los setenta, que resumía todo el pensamiento de la enfermedad coronaria con una fisiopatología compleja y la necesidad de partir de la clínica y no de la anatomía para caracterizarla, con aportes de casuística propia del Hospital Argerich y del Sanatorio Güemes. Como dato, ya en 1980 se llevaban archivos de más de 6.000 infartos en las "fichas perforadas" de aquel entonces.
Cardiología Clínica en los ochenta, que reunió a muchos de los mejores cardiólogos de la Argentina para el abordaje de todo el espectro de la especialidad.
Cardiología 2000, en cuatro tomos, un tratado de Cardiología general que tuvo además una inmensa difusión en países de habla hispana y por el cual recibió el Premio Nacional de Ciencia y Arte.
La larga batalla por la creación de la carrera de Médico Investigador para los Hospitales Municipales, hoy una realidad.
Su permanente tarea de asesoramiento tanto político como científico de todo proyecto que se encarara en la Cardiología argentina, que siempre encontraba su consejo franco y clarividente.
Una gran tarea societaria e institucional.
Y la lista quizás podría ser bastante más larga, si nos extendiéramos a los premios, reconocimientos, honores. Pero tal vez sea más relevante reflexionar sobre algunas características de su pensamiento y accionar, porque su ausencia física es muy dolorosa y nos enfrenta hoy con un momento difícil.

LA HERENCIA DE BERTOLASI

Es imposible estimar con exactitud el aporte de un maestro de la medicina y de la vida. Algo que puede llamar la atención es que en las cartas que se intercambiaron por Internet en las listas de médicos del Argerich y otros ámbitos de la medicina argentina y latinoamericana luego de su fallecimiento se reitera la expresión de un sentimiento de orfandad. Me parece importante, para quienes lo conocieron sólo a través de los Congresos o los libros, resumir algunas de sus mayores ideas "permanentes".

Medicina pública o privada
Batalló siempre en contra de la antinomia medicina pública o privada, para reorientar el debate hacia el verdadero conflicto entre la medicina buena o mala. Sin embargo, se desempeñó durante toda su trayectoria en un hospital público, que supo transformar en una escuela, a la par de una asistencia a nivel de la mejor institución privada.

La investigación clínica y las ideas científicas
En la tarea cotidiana del Argerich, el debate apasionado de ideas era tan habitual que parecía la norma. Maseri señaló hace algunos años la diferencia que implica en términos de investigación el camino que va desde el Search (la búsqueda de conceptos novedosos, ideas explicativas que abran puertas) al Research (re-evaluación de estas ideas una y otra vez con modelos pragmáticos). Bertolasi se aplicaba a la creación de ideas novedosas, cuestionadoras, aunque con el paciente como referencia. El generoso planteo de sus ideas en los ateneos permitía una tarea colectiva de debate que contribuía a la maduración, y así éramos testigos-protagonistas del "con tiempo-sin tiempo", la hipertrofia diferente en neonatos o adultos con estenosis aórtica, y su constante usina de interrogantes y respuestas. Las autopsias siempre fueron mantenidas en el servicio contra viento y marea. No cabe duda de que los ensayos clínicos aleatorizados han sido un aporte revolucionario a la medicina racional y basada en pruebas científicas (evidencias), pero salvo algunos afortunados hallazgos azarosos, los aportes renovadores surgen de ideas básicas conceptuales. Bertolasi tenía claro, y lo enseñaba con énfasis, que un llenador de planillas de ECR no es un investigador, sino quien se cuestiona frente al paciente para llegar a la mejor comprensión de lo que está ocurriendo y se anima a formular preguntas y a trabajar para responderlas. Lo esencial era la fisiopatología y la investigación independiente. Los aportes de Bertolasi a la comprensión fisiopatológica del significado de la clínica en la enfermedad coronaria hicieron que la mirada compleja y reflexiva fuera tan natural para la escuela argentina que nos causaba sorpresa que fuera novedad en la literatura años más tarde cuando la Cardiología mundial redescubrió que la cardiopatía isquémica es mucho más que lesiones de uno, dos o tres vasos.

Ética en la investigación, la asistencia y la actividad societaria
A través de muchos momentos complejos es posible reconstruir un enfoque ético que se separa de lo moral, en términos de lo convencional o aceptado. A pesar de su transparencia, Bertolasi fue siempre un trasgresor que supo navegar contra los vientos más fuertes: en las épocas duras de la política argentina, cuando había médicos armados en los hospitales y las discusiones políticas se resolvían "arrojándose muertos", tuvo la sabiduría de apaciguar pasiones y reorientar la mirada hacia la tarea concreta del hospital y la asistencia del paciente. Muchos reconocieron que eso había salvado sus vidas. Nunca marginó a nadie por ideas políticas o ningún criterio que no fuera la capacidad y el trabajo. Sabemos, aunque nunca lo contó, que no tuvo reparos incluso en facilitar una recomendación a un colega perseguido para que pudiera, si tenía la suerte de salir del país, continuar su carrera en el extranjero, independientemente de que sus ideas fueran diametralmente opuestas y con el riesgo personal que implicaba ese papel en las épocas oscuras de la última dictadura militar. Supo enfrentar la cerrada estructura de la carrera municipal inventando sistemas para extender el horario de sus médicos: crear fundaciones que administraran los fondos de investigación y suplementaran honorarios de los médicos que extendían su tarea y se comprometían con el hospital, siempre en forma abierta y debatida, violando varias normas establecidas sobre la carrera médica. No tuvo reparos en hacer las mil y una travesuras para agrandar su servicio, proveerse de equipamiento, aprovechar cada momento político para conseguir nombramientos imposibles, con el solo norte de mejorar el Servicio de Cardiología.
Es llamativo que sus dos últimas cartas publicadas se hubieran referido a dos de sus grandes pasiones: la primera, a debatir sobre la inadecuada interpretación de los datos del estudio Courage, que confirmaba su pensamiento sobre la selectividad de la adopción de conductas en cardiopatía isquémica y la necesidad de pensar cada paciente en forma integral. La segunda, Quien no ha tenido una idea, para defender la ética de la investigación al denunciar su violación tanto en la elaboración como la difusión de ideas o logros científicos falaces a partir de un hecho público reciente.

La formación del cardiólogo
Como hemos comentado, el Servicio de Cardiología del Argerich admitía además de la Residencia en la especialidad múltiples formas de participación con horarios parciales, aunque siempre con tareas asignadas y exigencias. Cuando años atrás, en la Sociedad de Cardiología se debatió el currículum básico en la formación de un cardiólogo y la opinión mayoritaria era concentrarla en la Residencia, Bertolasi se opuso: creía que todo aquel que quería aprender cardiología debía tener la posibilidad de hacerlo y muchas veces razones personales o económicas impedían a médicos capaces emprender una Residencia. La única exigencia debía ser que la formación alcanzada cumpliera un estándar de excelencia. Este compromiso de mantener una apertura generosa a la educación médica lo llevó a desarrollar los sistemas referidos y a continuarlos en infinitas charlas o incluso tours por el interior del país para evitar los odiados viajes en avión.

El compromiso con el trabajo
Su omnipresencia en el Servicio de Cardiología sólo era reconocida durante las vacaciones, cuando el enlentecimiento del ritmo permitía contrastar con la aceleración habitual. Las exigencias en las publicaciones, Congresos, presentación de becas, premios, además de la abultada tarea asistencial, implicaban una actividad incesante de un ejército de colegas y colaboradores. Los que han disfrutado de sus conferencias en los Congresos, con profundas reflexiones sobre la medicina y la cardiología, deberán saber que cada una de esas diapositivas llevaba un largo tiempo de elaboración, y podía ser motivo de debate grupal o convocatoria urgente por los parlantes para opinar sobre la adecuación o la comprensión de una idea, durante los tres o cuatro meses que las precedían. Este compromiso se alimentaba por una mística de pertenencia, una identidad que provenía desde los primeros años de su creación cuando era sólo una "Sala". Esta exigencia no respetaba feriados, horarios ni circunstancias, cuando los tiempos apremiaban.

La consulta del especialista
Era muy frecuente que los cardiólogos o clínicos le derivaran en consulta pacientes para su opinión en la toma de decisiones. Los que podían vencer el temor que generaba su fuerte personalidad y apasionamiento en el debate, descubrían a un hombre afable, cálido y respetuoso, que siempre respaldaba al colega bien intencionado en las decisiones grises, y cuando disentía lo hacía con prudencia y el más profundo respeto. Nunca la discrepancia se conducía a través del paciente.

La Cardiología argentina
Bertolasi siempre vio a la Cardiología argentina como una sola comunidad, lo que pudo llevar a cabo con la unificación SAC-FAC durante su presidencia. Atribuyó siempre la división a los inevitables intereses personales, que respetaba por supuesto, pero con una permanente disposición a la participación tanto en presentaciones científicas, conferencias o trabajos científicos en ambas. Afirmaba con orgullo que en un país donde la corrupción había penetrado un sinnúmero de instancias de la vida pública y privada, las Sociedades Científicas de Cardiología no habían tenido en toda su historia una sospecha de conducta inapropiada en este sentido, y con la tarea incansable y muchas veces anónima de sus integrantes pudieron seguir creciendo y alcanzar los niveles de prestigio actuales.

La Argentina y las tareas de un profesional y científico
Aquí, quizás Bertolasi reconocía un verdadero fracaso. En una carta al diario "La Nación", luego de la debacle de 2001, publicó lo que muchas veces decía en privado, que su generación no había sabido contribuir a que la Argentina pudiera seguir creciendo en ética, instituciones políticas y proyectos de desarrollo. Lamentablemente, en este sentido, en un país donde casi todo se hace mal, le tocó el rol involuntario de héroe donde lo que pasaba por sus manos se hacía bien y con grandeza.

El pontífice
En los últimos años, Bertolasi se adjudicaba el mote de "pontífice", recuperando el sentido etimológico de quien establece un puente, obviamente no entre el Señor de los cielos y sus feligreses, sino para mediar entre los más jóvenes y entusiastas protagonistas de la Cardiología argentina. Muchos profesionales no daban pasos complejos en las decisiones de trabajo o políticas sin consultar con él, quien en todos los casos y por motivos misteriosos siempre sabía por anticipado de qué se trataba, y tenía el tiempo y la paciencia para asesorar con el mejor criterio y sin ningún interés personal que no fuera el desarrollo de las mejores potencialidades del colega y de la comunidad cardiológica.

La pasión
Poseedor de una energía vital inigualable, bien podía aplicarla a hablar a toda velocidad sin respirar copiando a Tato Bores, discutir un tema científico, criticar a los corruptos e incapaces, o abordar temas políticos o futbolísticos, en una gradación de calificativos del interlocutor que iban desde querido … y el nombre (relajado), m'jito (leve irritación) a hijo de Dios (casi una crucifixión). Quizás la única censura intelectual que se permitió en el Hospital Argerich fue la tácita prohibición de comenzar el preateneo de los miércoles hablando de fútbol salvo que Boca Juniors hubiera ganado o por lo menos empatado. En su nota al fallecimiento de Mauricio Rosenbaum, Bertolasi rememoró los largos años en los que compartieron la platea en La Bombonera. Es válido aquí comentar una anécdota que recordaba un colega del Interior: "En 1977 se realizaba en el Argerich un curso de Cardiología para médicos del Interior. Duró una semana completa… El miércoles de esa semana se nos "invitó" obligatoriamente a ver Boca-Peñarol en La Bombonera por la Copa Libertadores. La transformación de Bertolasi no podré olvidarla. De médico almidonado pasó a hincha fanático prácticamente parado en la butaca. El gol lo hizo Ribolzi y no lo vi; preferí asistir al espectáculo que tenía al lado con los cardiólogos del Argerich encabezados por Bertolasi".

ALGO PERSONAL

Los maestros viven en sus discípulos. Quisiéramos hacer que esta metáfora fuera real. Su presencia me acompañó desde la entrevista para el ingreso a la Residencia, las primeras jornadas inter-residentes en Cardiología en 1980, la inesperada invitación a sumarme a la Unidad Coronaria del Argerich y trabajar durante 15 años en un contexto casi irreal, una escuela de vida humana y profesional, donde la pasión, la trascendencia, la producción asistencial y científica, los grandes objetivos siempre estaban claros. Cada una de mis charlas y escritos fueron pensados para que pudieran resistir su "control de calidad". Nunca dejé de sentir su permanente y cálido apoyo y su compañía en tantos momentos, aun con sus generosos prólogos a Evidencias en Cardiología y el que resultará póstumo a El corazón enfermo. Frente a su última enfermedad, la abrumadora presencia afectiva de sus discípulos en homenajes, reuniones y libros de anécdotas permitió que aflorara un cariño inenarrable y quizás en el futuro nos ayude a elaborar mejor el dolor.

COMENTARIOS FINALES

Freud afirmó en uno de sus escritos que el día más importante en la vida de un hombre es el día de la muerte de su padre. Podemos imaginar que ante la orfandad no queda otra alternativa que tomar la bandera, sin la tranquilidad de que ante el error habrá quien nos corrija en forma cálida o severa, pero paternal. Quizás éste sea uno de los momentos más importantes de la Cardiología argentina, el desafío de continuar la obra inmensa de Bertolasi con sus banderas éticas y científicas. Intentar emularlo no sólo es imposible, sino quizás innecesario; los desafíos y las realidades son siempre nuevos y cambiantes, pero nos queda a sus discípulos y colegas consolidar los lazos comunitarios con la mirada puesta en la salud de nuestros pacientes y el compromiso en crear las formas para que la buena asistencia médica, la investigación independiente y la docencia no sean un hecho heroico sino una práctica natural y habitual de la Medicina argentina.

NOTA: Agradezco la lectura crítica y los aportes para esta nota de los doctores Carlos Barrero y Edgardo Schapachnik.

Dr. Carlos D. Tajer


 

Ha muerto un gran amigo y una de las figuras más distinguidas de la cardiología argentina. No voy a hacer la biografía de Quique pues es muy conocida por toda la familia cardiológica. Me referiré a ciertos aspectos de nuestra relación personal que comenzó hace muchos años, allá por 1965 o sea hace 43 años. Nos conocimos en uno de los congresos de la SAC e inmediatamente surgió entre nosotros una mutua corriente de simpatía y respeto profesional. Poco después él inauguraba en el Hospital Argerich la primera unidad coronaria de la Argentina. Yo lo seguí y al año siguiente (1966) inauguré la unidad coronaria del Hospital Italiano. Desde entonces nuestros vínculos personales y profesionales se consolidaron y comenzamos a participar en innumerables actividades científicas, exponiendo nuestras respectivas experiencias lo cual consolidó nuestro vínculo.
Quique era un hombre de clara inteligencia, con gran capacidad científica y organizativa y gran capacidad docente. Brindaba generosamente sus conocimientos a todos los jóvenes médicos que lo rodeaban; organizó en su hospital una residencia excelente de la cual han egresado numerosos especialistas del alta calidad científica y técnica que hoy se destacan en numerosas ramas de la cardiología de nuestro país. Trabajador infatigable, publicó numerosos trabajos de la especialidad en revistas nacionales y extranjeras y varios libros. Tal vez su obra magna hayan sido los 4 tomos de Cardiología 2000, verdadera síntesis del conocimiento cardiológico de fines de siglo y fuente obligada de consulta para cardiólogos y clínicos de Argentina y América hispana. Tuve el alto honor de ser invitado por Quique para participar en dicha obra, en la cual escribí, con algunos colaboradores, el capítulo sobre Insuficiencia Cardíaca.
Quique era un gran amigo y un hombre de bien. Pese a ser el cardiólogo más distinguido del país, nunca se le subieron los humos y mantuvo una proverbial modestia en todos sus actos.
Quique, en este momento de tu partida definitiva quiero mandarte un fuerte abrazo y mis mejores recuerdos hacia tu persona.

Raúl Oliveri


 

En memoria a nuestro Presidente 1974 y miembro del Tribunal de Honor, eximio cardiólogo, maestro y referente de la Cardiología argentina.

Ha fallecido Carlos Alberto Bertolasi. A lo largo de su brillante trayectoria mostró un indeclinable compromiso con la Verdad. Verdad en el razonamiento científico. Verdad en el compromiso asistencial con el paciente. Verdad en la administración médica hospitalaria e innegable colaborador de las más importantes actividades de nuestra Sociedad. Representó a la Cardiología argentina ante los más avanzados centros especializados del mundo y fue uno de los protagonistas más relevantes en el proceso de transformación y avance logrado en el campo de la especialidad, tanto científico como asistencial. Su relevante gestión profesional hizo que la Academia Nacional de Medicina lo nominara para ocupar el sitial Enrique B. del Castillo. Durante el desarrollo de sus actividades siempre manifestó una profunda y sensible calidad humana, tanto en el trato con sus colegas como con sus pacientes, siempre dispuesto a escuchar los problemas que le fueran expuestos, tratando de comprender su realidad y de encontrar las mejores soluciones en un marco ético intachable.
La Sociedad Argentina de Cardiología siempre agradecerá al Dr. Carlos Alberto Bertolasi su imborrable legado de altos valores humanos y societarios.

Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Cardiología