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Revista argentina de cardiología

versión On-line ISSN 1850-3748

Rev. argent. cardiol. v.76 n.2 Buenos Aires mar./abr. 2008

 

Adiós a Rafael

Temprano levantó la muerte el vuelo...

Qué mejor que estas páginas, querido amigo, para darte este adiós de despedida. Ellas son la pertenencia de todos los cardiólogos y por lo tanto el ámbito más profundamente idóneo para estas doloridas palabras. Quiero trascender el íntimo espacio de nuestra amistad personal y llorar tu pérdida abrazado con toda la comunidad cardiológica. Porque no sólo yo te voy a extrañar, sino todos, los que te conocieron y los que no, porque fuiste un paradigma del cardiólogo argentino.
Tuve el privilegio de conocerte, allá lejos en el tiempo, desde que empezaste a trajinar los pasillos y las salas del viejo Hospital Italiano, como residente de Cardiología.
Desde el comienzo te mostraste con una personalidad fuerte, una inteligencia aguda y un espíritu inquieto y ávido, con la avidez de los que no quieren seguir moldes preestablecidos.
Todos sabemos que a la residencia se llega como un estudiante con un título y en pocos años se opera el casi milagro educativo que culmina en un cardiólogo formado y con una impronta que llevará toda su vida. Vos dejaste el hospital con mucho más que un diploma, partiste con la madurez médica y personal necesaria para desarrollar el proyecto que tenías trazado desde el principio.
No es fácil salir del vientre materno de la residencia para ir a edificar solo. En charlas de amigos siempre nos habías expresado que tenías para tu vida futura dos objetivos: por dura que fuera la tarea asistencial, mantendrías la lectura sistemática y el acceso a la formación médica. Siempre cumpliste ambos férreamente. Así, participaste anualmente de los congresos argentinos y extranjeros e hiciste el elogiable esfuerzo de comunicaciones propias, asombrando muchas veces en las reuniones con tu acabado conocimiento de los datos más actuales.
Con el tiempo te convertiste en el gran cardiólogo de Luján y seguiste viniendo a Buenos Aires asiduamente; en el Mitre, el Italiano y últimamente en el Güemes se te recuerda con afecto y admiración. En lo personal disfruté mucho tus recorridas conmigo en la unidad coronaria y me acompañaste, como parte del "alma mater", en la organización y la mística de las reuniones del Alumni de Cardiología.
Tampoco se puede omitir el recuerdo de tu generosa participación en nuestra querida Sociedad de Cardiología, a la cual, más allá de los cargos, entregaste cuerpo y alma.
Por último, voy a hablar de aquel ser humano al que tuvimos la dicha de acceder los que formamos tu círculo íntimo de amigos. Esto es lo más difícil de comunicar porque pertenece a lo más profundo de los sentimientos, a la esencia del alma misma, y las palabras suelen no alcanzar.
Fuiste un hombre bueno, Rafael, con una sensibilidad fuera de lo común, con una entrega absoluta a tus ideales y a lo que amabas. Tu sentido supremo de la amistad te hizo tener una lealtad sin límites y muchas veces fuiste componedor en los inevitables conflictos de la vida. Tu moral no tenía concesiones, lo que a veces te llevó a confrontaciones ásperas pero honestas, que dejaron cicatrices que te hicieron sufrir mucho, pero que asumiste con hidalguía.
Sólo me resta decirte en este adiós, querido amigo del alma, que dejaste una huella imborrable en este mundo, no pasaste por él en vano.
Podés descansar en paz.
No te olvidaremos nunca...

José Luis Navarro Estrada