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Revista argentina de cardiología

versión On-line ISSN 1850-3748

Rev. argent. cardiol. v.76 n.4 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./ago. 2008

 

Francisco Javier Romano

Francisco Javier Romano falleció el 5 de julio de 2008.
Fue Presidente de nuestra Sociedad en el período 1970-1971. Pocos años más tarde, entre 1978 y 1982, sería lo propio en la Asociación Médica Argentina, de la que fue su Presidente Honorario. Romano, Chicho, para sus íntimos y amigos, nació el 23 de enero de 1916. Fue hijo de un distinguido profesor de clínica médica, el doctor Nicolás Romano y de Clara Bondi, cuya familia la completaban Graciela Josefina Romano de Provenzano y Domingo Alberto Romano. En 1936, antes de graduarse, publicó el Atlas Manual de Embriología y en 1944, su tesis de doctorado en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, titulada Síndrome de tromboestasis por trombosis de la aurícula derecha, obra que lo acercaría a la clínica cardiológica.
Poseedor de una rica tradición familiar y de una vasta trayectoria y experiencia personal, que se inició en 1946 cuando, ya sea como médico visitante o concurrente o relator a congresos, inició una activísima participación en la cardiología internacional. Así, concurrió al Metropolitan Hospital y al Mount Sinai de Nueva York, a los Congresos Mundiales de Cardiología de 1946 y 1950 presididos por Ignacio Chávez y Charles Laubry, celebrados en México y París, respectivamente. En esas actividades tuvo la oportunidad de conocer a grandes figuras internacionales, como Wilson, Ritter, Fattorusso, Grishman y Braunwald, entre otros.
Durante muchos años y hasta 1983 fue Jefe del Servicio del Hospital Italiano.
Su labor societaria fue notable y sus gestiones, conocimiento y amistad con Ignacio Chávez, Paul White, Eliot Corday y Charles Laubry fueron fundamentales para lograr que nuestro país fuera elegido sede del Congreso Mundial de 1974, del que fue su Presidente. Sin embargo, ese éxito no se hubiera logrado si Romano no hubiese armado un amplio tejido político para que los miembros de la SAC convencieran a los delegados de los demás países a votar por la Argentina, lo que hizo que Canadá, ganador cómodo hasta la noche anterior, perdiera por 17 votos.
Ese Congreso Mundial, celebrado en un clima político enrarecido por la violencia y la inestabilidad política y económica, constituyó un logro muy importante para el país y para la cardiología argentina y la ocasión para que muchos cardiólogos jóvenes tomaran contacto con las grandes figuras de la cardiología internacional y que a su vez empezaran a ser conocidos por primera vez en el gran escenario mundial.
La tradición oral dice que Romano, hábil político, como presidente del Congreso, debió visitar a los integrantes de las fuerzas guerrilleras con los ojos vendados y en un lugar clandestino para poder concretar un pacto de no agresión.
Como resultado de ese exitoso evento quedaron fondos disponibles y surgió la idea de la compra de un edificio más acorde para la SAC. Un año más tarde, en 1975, su apoyo junto a otras relevantes personalidades, como Blas Moia, Fernando Battle, Julio Bronstein y tantos otros, fue decisivo para facilitar la compra de la actual sede.
Uno de los próceres de la Sociedad Argentina de Cardiología, en sus gloriosos 92 años de vida Francisco Romano continuaba siendo hombre de consulta, demostrando equilibrio, tolerancia y por sobre todo conservando su espíritu combativo, haciendo respetar sus ideas y la de otros, buscando permanentemente consensos que hicieron de él un arquetipo de ser humano de los pocos que se pueden seguir en la Argentina de hoy.

José Milei