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Revista argentina de cardiología

versión On-line ISSN 1850-3748

Rev. argent. cardiol. vol.78 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires mar./abr. 2010

 

CONSENSO

Consenso de Diagnóstico y Tratamiento de la Insuficiencia Cardíaca Crónica

Dr. José Luis BarisaniMTSAC

Director del Consejo de Insuficiencia Cardíaca
MTSAC Miembro Titular de la Sociedad Argentina de Cardiología

CONSEJO DE INSUFICIENCIA CARDÍACA

Director
Dr. José Luis BarisaniMTSAC

Comité de Redacción
Dr. Alberto FernándezMTSAC
Dr. Enrique FairmanMTSAC
Dra. Mirta DiezMTSAC
Dr. Jorge ThiererMTSAC
Dr. Daniel NulMTSAC
Dr. Mariano FalconiMTSAC
Dr. Diego Pérez de Arenaza
Dra. Alejandra ChristenMTSAC
Dr. Alfredo Hirschson PradoMTSAC
Dra. Patricia Avellana
Dr. Rafael PorcileMTSAC
Dr. Jorge TraininiMTSAC

Consultores
Dr. César BelzitiMTSAC
Dr. Arturo CagideMTSAC
Dr. Hernán DovalMTSAC
Dr. Daniel FerranteMTSAC
Dra. Graciela GimenoMTSAC
Dr. Miguel GonzálezMTSAC
Dr. Hugo GrancelliMTSAC
Dr. Ricardo IglesiasMTSAC
Dr. Carlos LabadetMTSAC
Dr. Jorge LowensteinMTSAC
Dr. Osvaldo MasoliMTSAC
Dr. Eduardo Perna
Dr. Daniel PiñeiroMTSAC
Dr. Álvaro Sosa LiprandMTSAC
Dr. Sergio VariniMTSAC
Dr. Norberto VulcanoMTSAC

Área de Normatizaciones y Consensos
Dr. Jorge UbaldiniMTSAC
Dr. Eduardo SampóMTSAC

ÍNDICE TEMÁTICO

Introducción

Evaluación diagnóstica de la insuficiencia cardíaca

- Terminología de uso frecuente en la insuficiencia cardíaca
- Aspectos epidemiológicos
- Metodología diagnóstica en la insuficiencia cardíaca
- Signos y síntomas de insuficiencia cardíaca
- Estudios no invasivos en el diagnóstico de insuficiencia cardíaca
- Electrocardiograma
- Radiografía del tórax
- Exámenes de laboratorio
- Capacidad funcional mediante la prueba de ejercicio
- Ecocardiografía
- Resonancia magnética cardíaca
- Tomografía computarizada multicorte
- Técnicas radioisotópicas
- Monitorización electrocardiográfica ambulatoria continua (Holter)
- Dosajes neurohumorales
- Estudios invasivos
- Monitorización hemodinámica
- Arteriografía coronaria
- Biopsia endomiocárdica
- Estudios electrofisiológicos
- Recomendaciones para la evaluación diagnóstica de la insuficiencia cardíaca crónica

Tratamiento de la insuficiencia cardíaca crónica

- Medidas generales
- Tratamiento farmacológico
- Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina
- Betabloqueantes
- Antagonistas de la aldosterona
- Antagonistas de los receptores de angiotensina II
- Hidralazina y dinitrato de isosorbide
- Digoxina
- Diuréticos
- Anticoagulantes orales y antiagregantes plaquetarios
- Inhibidores de la HMG CoA reductasa
- Ácidos grasos omega-3
- Ivabradina

Conclusiones

Bibliografía

Abreviaturas
AA
Antagonistas de la aldosterona
ACC/AHA American College of Cardiology/American Heart Association
ACO Anticoagulación oral
ARA II Antagonistas de los receptores de angiotensina II
BB Betabloqueantes
BNP Péptido natriurético cerebral
CF Clase funcional
CI Contraindicación
CPAP Presión positiva continua en la vía aérea
CPK Creatinfosfocinasa
DNI Dinitrato de isosorbide
ECG Electrocardiograma
FA Fibrilación auricular
FC Frecuencia cardíaca
Fey Fracción de eyección
HDZN Hidralazina
IAM Infarto agudo de miocardio
IC Insuficiencia cardíaca
IECA Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina
lpm Latidos por minuto
NYHA New York Heart Association
RIN Razón internacional normatizada
RM Resonancia magnétic
a
RS Ritmo sinusal
SCA Síndrome coronario agudo
TCMC Tomografía computarizada multicorte
TEP Tomografía por emisión de positrones
Tc Tecnecio
Tl Talio

INTRODUCCIÓN

La insuficiencia cardíaca (IC) es uno de los síndromes cardiovasculares que más interés ha despertado en las últimas décadas debido a su elevada y creciente prevalencia, los altos índices de hospitalización, invalidez y mortalidad y los enormes costos que ocasiona al sistema de salud. Por un lado, el aumento etario de la población y la mayor supervivencia a las cardiopatías en general y a la cardiopatía isquémica en particular son paradójicamente la causa del aumento en la incidencia de la IC. Por otro lado, en nuestro medio, no es menor la prevalencia de factores de riesgo para arteriosclerosis coronaria y aún persisten enfermedades como la miocardiopatía chagásica, valvulopatías reumáticas y cardiopatías congénitas no resueltas. Todo esto, asociado con el escaso acceso a la atención de salud por parte de amplios sectores de la población, hace esperar un crecimiento epidémico de la IC.
Hace 10 años, la Sociedad Argentina de Cardiología publicó la primera edición del Consenso de Insuficiencia Cardíaca en momentos en que los grandes ensayos clínicos habían fijado la evidencia más clara del tratamiento farmacológico tendiente a bloquear la activación neurohormonal, con resultados alentadores sobre la morbimortalidad. (1) Desde entonces, las pautas del tratamiento de la IC crónica fueron incorporándose progresivamente a la práctica clínica; sin embargo, se objetivó una diferencia entre los resultados esperables surgidos de los ensayos clínicos y los obtenidos de registros poblacionales. Este hecho, junto con la incorporación de nuevos recursos diagnósticos y terapéuticos, motivó la necesidad de actualizar las guías.
El Consejo de Insuficiencia Cardíaca, el más joven de la SAC, surgió como consecuencia de la necesidad de la comunidad cardiológica de profundizar los esfuerzos académicos y científicos en esta enfermedad, que involucra como vía final común a prácticamente todas las cardiopatías. En su segundo año desde su creación nos comprometimos con el Área de Normatizaciones y Consensos a actualizar el Consenso de Insuficiencia Cardíaca con el objetivo de unificar criterios y conductas y optimizar la calidad de atención del paciente con falla cardíaca mediante la utilización racional de los recursos diagnósticos y terapéuticos. Llegamos a las conclusiones que se presentan en esta publicación, después de ahondar en una amplia revisión bibliográfica y de la discusión e intercambio de experiencias entre destacados expertos en la subespecialidad a los que convocamos con este fin.
Durante el XXXV Congreso Argentino de Cardiología, realizado en octubre de 2009, se presentaron las conclusiones preliminares de este documento que hoy se publica y las del Consenso de Insuficiencia Cardíaca Aguda y Avanzada que se publicará en el próximo número de la Revista Argentina de Cardiología.
Como en otros consensos, en cada uno de los temas se clasificaron las recomendaciones según el grado de acuerdo alcanzado (Tabla 1). Asimismo, se hace referencia al nivel de evidencia sobre la cual se basa la recomendación consensuada (Tabla 2).

Tabla 1. Clasificación del consenso alcanzado

Tabla 2. Clasificación del nivel de evidencia que sustenta la recomendación

El propósito de este documento es el de acercar al médico asistencial una herramienta práctica para guiar su accionar ante el paciente con IC. Es importante destacar que estas guías no intentan reemplazar el criterio del médico responsable frente al paciente individual, sino que constituyen normas generales tendientes a aconsejar conductas ante distintas situaciones. Por otra parte, no puede ignorarse que la implementación de las medidas recomendadas puede verse afectada por la disponibilidad y la experiencia del medio y seguramente se modificarán en el futuro por nuevas evidencias y experiencias.

EVALUACIÓN DIAGNÓSTICA DE LA INSUFICIENCIA CARDÍACA

La alteración primaria en el síndrome de IC es la falla en la función de bomba, definida como la incapacidad de mantener adecuadamente la circulación acorde con los requerimientos metabólicos en reposo y en esfuerzo del organismo a pesar de condiciones de llenado adecuadas o hacerlo pero con elevación de las presiones de llenado. (2)
El síndrome de IC responde a múltiples etiologías (diferentes condiciones patológicas pueden influir o determinar su aparición) y es multiorgánico (compromete primariamente al corazón, pero también al sistema vascular periférico, renal, neurohumoral, musculoesquelético y al resto del organismo). En la mayoría de los casos, el síndrome es indefectiblemente progresivo y tiene un uniforme mal pronóstico. Dentro de este concepto de progresividad debe tenerse en cuenta la incidencia elevada de muerte súbita. (3)
La clasificación del ACC/AHA en base al daño estructural es útil al definir etapas de la IC en las cuales se pueden implementar conductas terapéuticas preventivas en poblaciones con riesgo alto de desarrollar IC, como es el caso de los estadios A y B (Tabla 3). (4-7)

Tabla 3. Clasificación ACC/AHA

Terminología de uso frecuente en la insuficiencia cardíaca

La definición previa se aplica en particular a la descripción de lo que habitualmente se conoce como IC crónica.
Se define IC avanzada al cuadro clínico caracterizado por la persistencia de síntomas en clase funcional (CF) III-IV a pesar del tratamiento con diuréticos, digital, inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) o antagonistas de los receptores de angiotensina II (ARA II), antagonistas de la aldosterona (AA) y betabloqueantes (BB), en un paciente con deterioro grave de la función ventricular. Esta definición implica un muy mal pronóstico, es decir, un riesgo de muerte anual de aproximadamente el 35%.
El término de IC diastólica se aplica a aquellos casos en que existen signos y/o síntomas de IC acompañados de función ventricular sistólica conservada o levemente deteriorada, por lo que es preferible el término "IC con función sistólica conservada": fracción de eyección (Fey) > 45%, volumen de fin de diástole del ventrículo izquierdo < 97 ml/m2 y anormalidades en la función diastólica o en el llenado del ventrículo izquierdo. (8)
Otros términos, como insuficiencia izquierda o derecha, se refieren a la predominancia de signos y/o síntomas de congestión pulmonar o sistémica y no necesariamente indican el deterioro predominante de alguno de los ventrículos. Otros, como IC de bajo o alto gasto, anterógrada o retrógrada, intentan describir una situación fisiopatológica de utilidad clínica cuestionada y cuyo empleo no está claramente justificado.

Aspectos epidemiológicos

La importancia de la IC radica actualmente en: 1) el aumento de la incidencia y la prevalencia atribuible a la mayor sobrevida de la población general y la persistencia y aumento de factores de riesgo para IC (particularmente la enfermedad coronaria, la hipertensión arterial, la diabetes, el sedentarismo y el sobrepeso), 2) su elevada morbimortalidad y 3) el consumo significativo de recursos dedicados al cuidado de la salud. En nuestro país, la prevalencia se estima en el 1-1,5% de la población, lo que implicaría una cifra aproximada de 400.000 personas que sufren algún grado de IC. La prevalencia aumenta hasta 8 veces en poblaciones mayores de 65 años y puede llegar al 8-10%. El riesgo de muerte es del 5-10% anual en pacientes con síntomas de IC leve y se incrementa al 30-40% en pacientes con síntomas graves. Además, la IC es la principal causa de internación en pacientes mayores de 65 años con una tasa elevada de reinternación. (9)

Metodología diagnóstica en la insuficiencia cardíaca

El diagnóstico de IC puede realizarse habitualmente mediante la anamnesis y el examen físico. Es útil evaluar el o los factores etiopatogénicos responsables y las condiciones que contribuyeron al desencadenamiento y agravamiento de la enfermedad (Tabla 4).

Tabla 4. Sistemática para el diagnóstico y el tratamiento de la IC

La causa más frecuente de IC es la enfermedad coronaria, con la consiguiente disfunción miocárdica que es capaz de provocar. Las miocardiopatías, las valvulopatías y las cardiopatías congénitas siguen en orden de frecuencia.
Los factores desencadenantes no causan por s í solos la IC, pero pueden influir en pacientes previamente asintomáticos o como agravantes en pacientes sintomáticos (Tabla 5).

Tabla 5. Factores desencadenantes y/o agravantes de la IC

Signos y síntomas de insuficiencia cardíaca Los síntomas característicos de IC son la disnea en sus diferentes formas de presentación clínica (disnea de esfuerzo, disnea paroxística nocturna, ortopnea), la fatiga y los signos de retención hidrosalina (Tabla 6).

Tabla 6. Signos y síntomas de IC

Estos síntomas presentan una alta sensibilidad para el diagnóstico clínico de IC, pero son subjetivos y difíciles de interpretar, en especial en mujeres, pacientes añosos, obesos o en presencia de enfermedad pulmonar crónica.
Entre los signos congestivos más frecuentes, la presencia de edemas, hepatomegalia y/o ingurgitación yugular generalmente son una manifestación de falla ventricular derecha y con frecuencia se asocian con hipertensión venocapilar pulmonar. Una gran cantidad de pacientes con diagnóstico de IC establecida no presentan signos de congestión venosa.
La presencia de ascitis, derrame pleural o anasarca son la expresión máxima del síndrome de retención hidrosalina. La evolución favorable con el tratamiento diurético de los síntomas y los signos congestivos se puede considerar un criterio diagnóstico de gran especificidad. La auscultación de un tercer ruido o ritmo de galope diastólico cuando se acompaña de taquicardia tiene especificidad y un buen valor predictivo positivo como expresión de aumento de la presión de fin de diástole del ventrículo izquierdo o de la presión media en la aurícula izquierda.
La CF clínica relaciona la aparición de la disnea con el esfuerzo requerido para provocarlo. La clasificación de la New York Heart Association (NYHA) continúa siendo la referencia habitual en la práctica clínica diaria y en investigación. Sus limitaciones son la variabilidad interobservador, la subjetividad de los síntomas referidos por el paciente y su relación con la actividad habitual que éste realiza.
Otras clasificaciones, como la de la Sociedad Cardiovascular Canadiense, han ampliado la categorización de actividades físicas o, en este sentido, en la Escala de Actividad Específica se le asigna un valor de consumo calórico a cada actividad que el paciente es capaz de realizar, lo cual permite una capacidad discriminatoria mayor entre diferentes clases funcionales y entre pacientes.
Una aproximación más interdisciplinaria constituye la evaluación de la "calidad de vida". Hasta el momento se han usado varios cuestionarios en protocolos de investigación: The Chronic Heart Failure Questionnaire, The Yale Scale y el Minnesota Living with Heart Failure Questionnaire. Este último es el que más se ha empleado y ha demostrado que es sensible a los cambios en el tratamiento en dos trabajos controlados y de asignación al azar. (10-12)

Estudios no invasivos en el diagnóstico de insuficiencia cardíaca

Electrocardiograma
El electrocardiograma (ECG) debe realizarse en todos los pacientes con sospecha de IC. Las alteraciones electrocardiográficas en pacientes con IC son frecuentes y reflejan cambios estructurales del corazón (trastornos de conducción, patrones de hipertrofia, agrandamiento y/o sobrecarga), aunque frecuentemente no sugieren la etiología. La presencia de ondas Q patológicas puede indicar la presencia de secuela de infarto de miocardio.
Uno de los principales aportes del ECG reside en la determinación del ritmo cardíaco y el diagnóstico de arritmias. La presencia de un ECG completamente normal es rara y pone en dudas el diagnóstico de IC, en especial IC con disfunción sistólica.
La presencia de bloqueo de rama izquierda con QRS > 120 ms adquiere particular importancia en la indicación de terapia de resincronización cardíaca. (13)

Radiografía del tórax
Debe realizarse en todos los pacientes con sospecha de IC. El hallazgo de cardiomegalia, signos de congestión venocapilar, como redistribución del flujo vascular pulmonar hacia los vértices y/o edema intersticial pulmonar, son signos de IC. La exclusión de enfermedad pulmonar como causa de la sintomatología frecuentemente es aportada por la radiografía simple del tórax.

Exámenes de laboratorio
El análisis hematológico contribuye a establecer la repercusión sistémica de la IC, el hallazgo de causas exacerbantes o el diagnóstico diferencial etiológico. En la Tabla 7 se resumen las diferentes determinaciones de laboratorio que pueden ser de utilidad y la interpretación de sus resultados.

Tabla 7. Exámenes complementarios de laboratorio. Interpretación

Capacidad funcional mediante la prueba de ejercicio La prueba de ejercicio permite establecer en forma objetiva la gravedad de la alteración de la capacidad funcional y monitorizar el progreso o la respuesta al tratamiento médico y tiene valor pronóstico. Los protocolos ergométricos empleados con más frecuencia en la evaluación de pacientes con IC son el de Naughton (con descansos intermedios o sin ellos) y la prueba de la caminata de 6 o 9 minutos.
La recomendaci ón médica del tipo y la intensidad de ejercicio físico que el paciente debe desarrollar en relación con su cardiopatía ocasionalmente también puede ser avalada por el estudio ergométrico o formar parte del tratamiento de rehabilitación.
El estudio del consumo directo de ox ígeno es de mayor utilidad pronóstica que el resto de las pruebas de ejercicio, considerando que agrega una medición objetiva que lo hace más reproducible al ser relativamente independiente de los síntomas referidos por el paciente o de la interpretación del operador. Su utilización clínica se encuentra prácticamente restringida a la estratificación pronóstica de los pacientes evaluados para trasplante cardíaco.

Ecocardiografía
El ecocardiograma Doppler es, sin dudas, la prueba diagnóstica de mayor valor aislado en pacientes con IC y su utilización deber ser de rutina en la evaluación inicial y en el seguimiento. Permite la identificación de trastornos estructurales miocárdicos, valvulares y/o pericárdicos y define la presencia de disfunción sistólica y/o diastólica. (14) La medición de la fracción de eyección (Fey) y de los volúmenes ventriculares, preferentemente obtenida mediante cálculos biplanares, es un parámetro confiable en la evaluación de la función ventricular. Una Fey < 45% define (por consenso) la disfunción sistólica. El análisis de la motilidad parietal puede demostrar alteraciones segmentarias que sugieran la etiología isquémica. El ecocardiograma también permite la determinación hemodinámica no invasiva, con estimación del volumen minuto cardíaco, presiones de llenado ventriculares y presiones pulmonares.
El eco estrés con dobutamina ha demostrado que es útil para la evaluación de isquemia y/o viabilidad miocárdica y para determinar la reserva contráctil. (15-17)
La evaluación ecocardiográfica con Doppler tisular es de utilidad en el ajuste de la terapia de resincronización. (18)
La ecografía transesofágica tiene su indicación primaria cuando la ventana torácica es deficiente, se requiere mayor definición en el estudio de disfunciones valvulares (en especial las protésicas) o se evalúa la presencia de trombos auriculares.
El ecocardiograma tridimensional ha demostrado que es más preciso en la determinación de volúmenes ventriculares y de la Fey que las técnicas ecográficas biplanares. Asimismo, en presencia de cardiopatías complejas (valvulares o congénitas) aporta información diagnóstica adicional. (19)
Resonancia magnética cardíaca La resonancia magnética (RM) cardíaca es una técnica tomográfica versátil que permite evaluar con la mayor exactitud y reproducibilidad los volúmenes, la masa y la función global y regional de ambos ventrículos. (20) Permite además evaluar enfermedades valvulares, pericárdicas, cardiopatías congénitas complejas y tumores cardíacos. La utilización de técnicas con gadolinio permite evaluar la presencia de daño miocárdico por necrosis, fibrosis, inflamación o infiltración. (21) Es de utilidad para evaluar viabilidad. Recientemente se ha demostrado su utilidad para el diagnóstico no invasivo de miocarditis y otras miocardiopatías específicas, como amiloidosis o la enfermedad de Fabry. La presencia de realce tardío se asocia con pronóstico adverso. (22)
Tomografía computarizada multicorte La tomografía computarizada multicorte (TCMC) es una técnica no invasiva para evaluar la presencia de enfermedad coronaria y guiar en la necesidad de realizar una angiografía invasiva. (23) La TCMC puede considerarse en pacientes con riesgo de enfermedad coronaria intermedio o bajo. La identificación de enfermedad coronaria por TCMC no significa que el paciente tenga isquemia, pero su extensión y gravedad indica un riesgo mayor de eventos cardiovasculares, independientemente de la presencia de isquemia en los estudios de perfusión. (24)

Técnicas radioisotópicas
El ventriculograma radioisotópico en equilibrio (99mTc) es un método para cuantificar la función ventricular sistólica biventricular a través del cálculo de la Fey. (25) La identificación de alteraciones regionales de la motilidad puede sugerir la presencia de enfermedad coronaria.
Los estudios de perfusión miocárdica, en esfuerzo o mediante estrés farmacológico, están indicados en pacientes con IC y angor o evidencias de isquemia miocárdica en la prueba ergométrica. La objetivación de áreas isquémicas y/o viables en pacientes con disfunción ventricular sugerirá la necesidad de angiografía coronaria en un grupo seleccionado de pacientes en los que se estime un probable beneficio con revascularización miocárdica. Su utilización sistemática en pacientes con disfunción ventricular sin angor no es recomendable.
En la detección de viabilidad miocárdica (miocardio hibernado) se aplican los estudios de 201Tl secuencial reposo-redistribución, ejercicio-redistribución tardía o reinyección o mediante sestamibi, cuantificados o gatillados.
El diagnóstico de procesos inflamatorios o miocardíticos en ocasiones justifica la utilización de centellografía con 6galiocitrato o 99mTc-pirofosfato, aunque su especificidad es relativamente baja. El 111indio-anticuerpos antimiosina mejora la sensibilidad, pero la especificidad es intermedia.
En este sentido, las imágenes metabólicas con tomografía por emisión de positrones (TEP) representan un avance tecnológico sobre todas las técnicas radioisotópicas y agregaría mayor especificidad a los hallazgos. (26)

Monitorización electrocardiográfica ambulatoria continua (Holter)
La utilidad máxima de la monitorización electrocar-diográfica ambulatoria continua (Holter) reside en la detección de taquiarritmias paroxísticas supraventriculares y/o ventriculares o presencia de bradiarritmias intermitentes que con frecuencia son causales o agravantes de los síntomas de IC.
La detección de arritmias ventriculares repetitivas o complejas tiene un valor pronóstico de mayor mortalidad general y de muerte súbita, aunque su mayor valor clínico reside en su alto valor predictivo negativo.
La variabilidad de la frecuencia cardíaca es un marcador de desequilibrio autonómico y se ha demostrado que su alteración también es pronóstica.

Dosajes neurohumorales
La reducción de la función ventricular se acompaña de una activación compleja del sistema neurohumoral, en especial del sistema simpático y del sistema renina-angiotensina (noradrenalina, renina, aldosterona, endotelina, arginina vasopresina). Sin embargo, en la evaluación del paciente individual, su valor es relativo y difícil de interpretar.
La determinación de los péptidos natriuréticos es de mayor utilidad en el diagnóstico y el seguimiento de pacientes con IC crónica. El péptido natriurético cerebral (BNP) o el pro-BNP terminal son los más utilizados y estudiados. (27)
Valores normales o bajos en pacientes no tratados tienen un valor predictivo negativo alto y hacen muy poco probable que los síntomas puedan atribuirse a IC. Existen evidencias para utilizarlos en la identificación de pacientes con mayor afectación o riesgo; no existen evidencias que avalen su uso como marcador de respuesta al tratamiento. (28)
El dosaje de troponina I o T está justificado cuando existe sospecha de componente isquémico agudo en el marco de descompensación por IC. (29-31)

Estudios invasivos

Monitorización hemodinámica
Por lo general, no se requiere para el diagnóstico de IC, pero puede ser importante en la determinación etiológica, pronóstica o como guía del tratamiento en presencia de IC descompensada de difícil diagnóstico y/o manejo. En el marco de la IC crónica, la monitorización hemodinámica puede ser necesaria en:

- el diagnóstico de IC en presencia de enfermedad pulmonar o hepática;
- candidatos a trasplante cardíaco;
- el manejo terapéutico de la IC avanzada, mediante lo que se denomina terapia ajustada.

Arteriografía coronaria
Se encuentra indicada en pacientes con IC y evidencias de isquemia miocárdica cuando es posible considerar la revascularización miocárdica como opción terapéutica. El antecedente de infarto previo y la existencia de angor se presentan como una indicación precisa, ya que en estos pacientes hay evidencias concretas de mejoría del pronóstico con la revascularización miocárdica. En los casos en que no existe angina, la detección de isquemia o hibernación por estudios no invasivos y la evaluación clínica determinarán la elección de continuar el procedimiento diagnóstico hacia la arteriografía coronaria. Su utilización sistemática sólo tiene aplicación en la evaluación previa al trasplante cardíaco.

Biopsia endomiocárdica
Hasta el momento no ha demostrado un valor clínico considerable en el paciente con IC crónica; su indicación es optativa en situaciones específicas (32):

- IC de reciente comienzo y/o rápidamente evolutiva, cuya etiología sea indeterminada o hubiese fuerte sospecha de miocarditis (particularmente de células gigantes, de mal pronóstico, por lo general refractaria al tratamiento y de progresión rápida).
- Determinación de toxicidad miocárdica luego de quimioterapia con adriamicina o drogas similares.
- Determinación de compromiso miocárdico en enfermedades sistémicas (hemocromatosis, sarcoidosis, amiloidosis, endomiocardiofibrosis u otras).
- Determinación de presencia de rechazo miocárdico en pacientes con trasplante cardíaco: es la indicación utilizada con más frecuencia en la actualidad.

Estudios electrofisiológicos
El estudio de bradiarritmias y/o trastornos de conducción puede resultar de utilidad en la indicación de un marcapasos definitivo.
En el caso de las arritmias ventriculares, los principales objetivos del estudio son confirmar el diagnóstico de taquicardia ventricular, definir el mecanismo, localizar el sitio de origen y evaluar la eficacia del tratamiento o la necesidad de un cardiodesfibrilador implantable. El valor pronóstico reside mayormente en su alto valor predictivo negativo, especialmente en pacientes de etiología isquémica.

Recomendaciones para la evaluación diagnóstica de la insuficiencia cardíaca crónica

Clase I. Nivel de evidencia C

- Anamnesis y examen físico.
- Determinación de la capacidad funcional clínica (NYHA).
- Electrocardiograma.
- Radiografía del tórax.
- Exámenes de laboratorio:

-     Básicos: hemograma, eritrosedimentación globular, glucemia, uremia, creatinina, ionograma, orina completa.
-     Hormonas relacionadas con la función tiroidea (T3, T4, T4L, TSH): en pacientes con fibrilación auricular (FA), taquicardia e IC de etiología desconocida.
-     Serología para enfermedad de Chagas: en pacientes provenientes de medio endémico, bloqueo de rama derecha en el ECG.

- Ecocardiograma y Doppler cardíaco.
- Prueba funcional evocadora de isquemia miocárdica y/o determinación de viabilidad miocárdica: en pacientes con angor, antecedentes de infarto agudo de miocardio previo o en quienes existe fuerte presunción de enfermedad coronaria.

Clase I. Nivel de evidencia B

- Arteriografía coronaria: pacientes con angina de pecho y/o evidencias de territorios extensos isquémicos o con hibernación miocárdica.

Clase IIa. Nivel de evidencia C

- Arteriografía coronaria: en pacientes con IC sin angina de pecho, pero con antecedentes o sospecha de enfermedad coronaria y posibilidades de revascularización miocárdica.
- Prueba funcional evocadora de isquemia miocárdica y/o determinación de viabilidad miocárdica: en pacientes sin angor, pero con antecedentes o sospecha de enfermedad coronaria y posibilidad de revascularización miocárdica.
- Evaluación ergométrica de la capacidad funcional o determinación del consumo de oxígeno:

-     en caso de disparidad entre síntomas y examen clínico;
-     inclusión en rehabilitación, evaluación del comportamiento durante el ejercicio de variables específicas (presión arterial, frecuencia cardíaca, arritmias, respuesta cronotrópica).

- Biopsia endomiocárdica: en sospecha de miocarditis de células gigantes, quimioterapia con adriamicina o agentes de conocida toxicidad miocárdica, enfermedad sistémica con probable compromiso miocárdico (hemocromatosis, sarcoidosis, amiloidosis, endocarditis de Loeffler, fibrosis endomiocárdica).

Clase IIa. Nivel de evidencia B

- Evaluación ergométrica de la capacidad funcional o determinación del consumo de oxígeno:

-     evaluación pronóstica en pacientes candidatos a trasplante cardíaco.

Clase IIa. Nivel de evidencia A

- Medición de BNP: en la evaluación de pacientes con dudas acerca del diagnóstico de IC o estado de descompensación.
- Estudio electrofisiológico: en pacientes con arritmias ventriculares complejas graves, sintomáticas.

Clase IIb. Nivel de evidencia C

- Arteriografía coronaria: en todos los pacientes con IC de etiología desconocida que potencialmente puedan beneficiarse con la revascularización miocárdica.
- Prueba funcional evocadora de isquemia miocárdica y/o determinación de viabilidad miocárdica: con el fin de descartar enfermedad coronaria.
- Exámenes de laboratorio no sistemáticos: hepatograma, estudio de dislipidemias, determinaciones séricas de hierro, calcio, fósforo, magnesio y/u oligoelementos, hormonas tiroideas en pacientes en ritmo sinusal.
- Ecocardiografía transesofágica: en caso de mala ventana ultrasónica transtorácica, sospecha de endocarditis o disfunción valvular protésica, detección de trombos intracavitarios.
- Monitorización electrocardiográfica ambulatoria continua de 24 horas (Holter).

Clase III. Nivel de evidencia C

- Estudio ergométrico y/o radioisotópico para la detección de isquemia miocárdica sistemático y periódico o arteriografía coronaria: en pacientes en los que previamente se descartó la enfermedad coronaria como etiología de la IC y no medió un nuevo episodio de isquemia o necrosis miocárdica, o no son candidatos para revascularización.
- Biopsia endomiocárdica sistemática.
- Estudio ecocardiográfico periódico en pacientes que responden favorablemente a la terapéutica.
- Monitorización electrocardiográfica ambulatoria continua de 24 horas (Holter) sistemática periódica.
- Dosaje de rutina de neurohormonas.

TRATAMIENTO DE LA INSUFICIENCIA CARDÍACA CRÓNICA

La clasificación del ACC/AHA permite diferenciar estadios de riesgo para el desarrollo de IC y estadios de IC propiamente dicha y establecer su correspondiente tratamiento. Los dos primeros estadios de esta clasificación corresponden a pacientes asintomáticos: estadio A, pacientes con factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad (hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, antecedentes heredofamiliares, obesidad, síndrome metabólico, drogas cardiotóxicas, infección chagásica), donde está indicada la prevención primaria; y estadio B, pacientes que presentan daño estructural miocárdico (evento clínico), donde se impone la prevención secundaria. Los estadios C y D corresponden a pacientes con IC clínica que evolutivamente han presentado deterioro de la función ventricular (sintomática). El estadio D corresponde a los pacientes en etapa final con síntomas refractarios al tratamiento óptimo disponible y requieren estrategias de sostén especiales (Tabla 8).

Tabla 8. Estadios de desarrollo de la insuficiencia cardíaca y terapia recomendada

Los objetivos del tratamiento de la IC crónica son:

- Pronóstico: reducir la mortalidad.
- Morbilidad: aliviar los síntomas y signos, eliminar el edema y la retención de líquidos, aumentar la capacidad de ejercicio, reducir la fatiga, disminuir las internaciones, proveer una mejor calidad de vida.
- Prevención: eventos isquémiconecróticos, remodelación y apoptosis.

Medidas generales

Las medidas generales, no farmacológicas, tienen tanta importancia como las farmacológicas y de su cumplimiento dependerán en gran parte el pronóstico de la enfermedad y la calidad de vida del paciente (Tabla 9).

Tabla 9. Medidas generales en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca

Adherencia al tratamiento
La bibliografía sugiere que sólo el 20-60% de los pacientes con IC adhiere al tratamiento.
Se debe informar al paciente y a su familia acerca de la enfermedad, sus síntomas, los controles y los signos de descompensación y estimular el autocuidado y la consulta precoz. La educación es un proceso continuo y no de una única consulta (Clase I. Nivel de evidencia C).

Cuidado del peso
Los pacientes que aumenten más de 2 kg en 3 días deben ser instruidos para que aumenten la dosis de diuréticos (Clase I. Nivel de evidencia C).
Se recomienda la reducción de peso en pacientes con sobrepeso u obesos (Clase IIa. Nivel de evidencia C).
En pacientes con IC moderada-grave no debe indicarse de rutina el descenso de peso (Clase IIa. Nivel de evidencia C).

Ingesta de sodio
Los pacientes con IC deben restringir la ingesta de sodio en la dieta. La cantidad de sodio diaria debe ajustarse a la gravedad del cuadro clínico (Clase I. Nivel de evidencia C).

Ingesta de líquidos
La restricción de rutina de líquidos en pacientes con síntomas leves o moderados no parece que brinde un beneficio clínico (Clase IIa. Nivel de evidencia C). En pacientes con síntomas graves se recomienda restringir los líquidos a 1,5 a 2 litros/día, especialmente cuando existe hiponatremia (Clase I. Nivel de evidencia C).

Alcohol
Los pacientes con IC deben mantener una abstinencia absoluta de alcohol en caso de miocardiopatía alcohólica (Clase I. Nivel de evidencia C).
En los pacientes con IC de otras causas y habituados a la ingesta de alcohol se puede permitir un consumo mínimo a moderado, de hasta aproximadamente 30 g/día. Éste es el equivalente a 300 ml de vino, 720 ml de cerveza o 60 ml de bebida blanca, medidas que se reducen a la mitad en mujeres o en pacientes delgados (Clase IIa. Nivel de evidencia C).

Tabaquismo
Se debe recomendar el cese del tabaquismo a todos los pacientes con IC (Clase I. Nivel de evidencia C).
Los servicios de supresión del tabaquismo pueden ser de ayuda en estos pacientes y se debe considerar su derivación. Los suplementos de nicotina y los fármacos no nicotínicos se pueden utilizar para mejorar la adherencia al abandono del tabaco.

Vacunación
Los pacientes con IC deberían recibir las vacunas antineumocócica y antigripal (Clase IIa. Nivel de evidencia C).

Actividad física y entrenamiento
A todos los pacientes con IC clínicamente estable, sin síntomas en reposo y sin contraindicaciones, se les debe indicar actividad física regular. El reposo prolongado puede producir atrofia muscular y menor tolerancia al esfuerzo (Clase I. Nivel de evidencia B). El ejercicio programado o los programas de rehabilitación son más efectivos. (Clase IIa. Nivel de evidencia B). (33, 34) No existe evidencia de que estos programas deban limitarse a un subgrupo de pacientes determinado o a una etiología determinada.

Actividad sexual
No es conveniente restringir la actividad sexual en los pacientes con IC estable (Clase IIa. Nivel de evidencia C).
Los inhibidores de la fosfodiesterasa (sildenafil y similares) en ningún caso deben ser utilizados en combinación con nitratos. Se debe tener especial precaución en su utilización en pacientes con hipotensión arterial, internaciones frecuentes o que se encuentren en período de titulación de fármacos para el tratamiento de IC (Clase III. Nivel de evidencia B).

Viajes
Los pacientes con IC avanzada deben evitar los viajes a lugares de gran altitud o climas extremos (Clase I. Nivel de evidencia C).

Trastornos del sueño
Los pacientes con IC frecuentemente pueden tener apnea durante el sueño. En estos pacientes se recomienda el descenso de peso en los obesos, la cesación del hábito de fumar y la abstinencia de alcohol (Clase I. Nivel de evidencia C).
Se recomienda el tratamiento con presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) en pacientes con apnea obstructiva del sueño (Clase IIa. Nivel de evidencia C).

Depresión
En pacientes con IC se ha comunicado una prevalencia de depresión clínicamente significativa, del 20%. Por ese motivo se recomiendan la pesquisa y el eventual tratamiento adecuado con intervenciones psicológicas y farmacológicas de la depresión (Clase IIa. Nivel de evidencia C).

Programas de manejo
Es recomendable la implementación, acorde a la disponibilidad, de programas de manejo de la IC crónica estable en pacientes medicados adecuadamente y seguidos por médicos cardiólogos. El objetivo es optimizar la calidad de la atención y la adhesión a las medidas de tratamiento para mejorar la calidad de vida, la evolución clínica y el pronóstico y reducir las hospitalizaciones y el costo sanitario.
Consiste en la educación del paciente y su familia, junto con la vigilancia y el seguimiento frecuente, que puede ser telefónico por enfermería especializada, para mejorar la adhesión al régimen hiposódico, el tratamiento farmacológico, las medidas de autocuidado y el estímulo a la actividad física y de recreo. Se pueden detectar así los primeros signos de descompensación y promover una consulta precoz con la finalidad de disminuir las hospitalizaciones. Los pacientes en estadio avanzado son los que más se benefician con estos programas (Clase IIa. Nivel de evidencia B). (35, 36)
En la Tabla 9 se resumen las recomendaciones de medidas no farmacológicas en la IC crónica.

Tratamiento farmacológico

Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA)

Selección de pacientes
- Deben recibir IECA los pacientes con Fey < 40% asintomáticos o con IC leve a grave (CF I-IV), a menos que existan contraindicaciones o no se toleren. (37-41) Esta indicación incluye a los pacientes que han sufrido un infarto agudo de miocardio (IAM) (42-44) (Clase I. Nivel de evidencia A).

Contraindicaciones
- Antecedentes de angioedema.
- Estenosis arterial renal bilateral.
- Potasio sérico > 5 mEq/L.
- Creatinina sérica > 2,5 mg/dl.

Dosis y titulación
Previo al inicio del tratamiento se debe realizar un análisis de la función renal y electrolitos y volver a controlarlos en 1-2 semanas. La titulación de las drogas se realiza luego de 2-4 semanas. Se deben controlar con parámetros de laboratorio luego del incremento de la dosis. Si no existen efectos adversos, se debe tratar de llegar a la dosis objetivo (Tabla 10). Deben evaluarse nuevamente la función renal y los electrolitos 1, 3 y 6 meses luego de alcanzar una dosis de mantenimiento y luego cada 6 meses.

Tabla 10. Dosis de las drogas de uso habitual en la insuficiencia cardíaca

Efectos adversos
- Deterioro de la función renal: habitualmente se observa un incremento en los niveles de urea y creatinina luego del inicio del tratamiento que carece de importancia clínica. Es aceptable un aumento del 50% respecto de los valores basales o de hasta 3 mg/dl de creatinina.
- Hiperpotasemia: debe controlarse el tratamiento concomitante que puede elevar las concentraciones de potasio, así como el uso de suplementos de potasio. Si el potasio es > 5,5 mEq/L, la dosis debe reducirse a la mitad; si es > 6 mEq/L, debe suspenderse. Por este motivo debe realizarse la monitorización estrecha de los niveles sanguíneos de parámetros de la función renal y de potasio.
- Hipotensión sintomática: debe considerarse todo el tratamiento concomitante. Si es asintomática, no debe tratarse.
- Tos: en este caso es conveniente considerar el cambio del tratamiento del IECA por un antagonista de los receptores de angiotensina II (ARA II).

Betabloqueantes (BB)

Selección de pacientes

- Deben recibir BB los pacientes con Fey < 40% asintomáticos o con IC leve a grave (CF I-IV), a menos que existan contraindicaciones o no se toleren. Esta indicación incluye especialmente a los pacientes que han sufrido un IAM (Clase I. Nivel de evidencia A). (45-54)
En los pacientes que se internan debido a un empeoramiento de la IC puede ser necesaria una reducción en la dosis de BB. En situaciones graves puede considerarse la interrupción temporal. Tan pronto como el paciente esté clínicamente estable se debe comenzar nuevamente con la terapia en dosis bajas y luego titularse. Si es posible, esto debe efectuarse antes del egreso hospitalario del paciente.

Contraindicaciones

- Asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica: es una contraindicación relativa. Se debe evaluar la reactividad bronquial y elegir fármacos selectivos. (55)
- Bloqueo auriculoventricular de segundo o tercer grado.
- Enfermedad del nódulo sinusal.
- Bradicardia sinusal (FC < 50 lpm).

Dosis y titulación

Los BB indicados para el tratamiento de la IC son carvedilol, bisoprolol, metoprolol (de acción prolongada) y nebivolol (véase Tabla 10). (56-58)

Efectos adversos
- Empeoramiento de los síntomas de IC: en este caso debe considerarse el aumento de la dosis de diuréticos y tratar de continuar el tratamiento con BB. En algunos casos puede ser necesario disminuir la dosis.
- Bradicardia extrema: realizar un ECG para excluir trastornos en la conducción auriculoventricular. Considerar también la suspensión de digoxina u otros fármacos que provoquen bradicardia (calcioantagonistas no dihidropiridínicos, antiarrítmicos, incluida la amiodarona) si el paciente los estuviese recibiendo.
- Hipotensión sintomática: considerar el ajuste de todo el tratamiento concomitante. Si es asintomática, no debe tratarse.

Antagonistas de la aldosterona (AA)
Selección de pacientes Deben recibir AA:
- Pacientes con Fey < 35% e IC moderada o grave (CF III-IV), a menos que existan contraindicaciones o no se toleren (Clase I. Nivel de evidencia A). (59)
- Pacientes que hayan sufrido un IAM (días 3 a 14), con Fey < 40%, y con IC clínica o diabetes (Clase I. Nivel de evidencia A). (60) El tratamiento con estas drogas reduce las internaciones por IC e incrementa la sobrevida cuando se agrega a la terapia existente, incluyendo un IECA o un ARA II (pero no ambos) y un BB.

Contraindicaciones
- Potasio sérico > 5 mEq/L.
- Creatinina sérica > 2,5 mg/dl.
- Tratamiento concomitante con diuréticos que aumentan el potasio o suplementos de potasio.

Dosis y titulación

Se utilizan espironolactona y eplerenona (véase Tabla 10).

Efectos adversos
- Hiperpotasemia: si el nivel de potasio es mayor de 5,5 mEq/L, debe disminuirse la dosis a la mitad. Si aumenta por encima de 6 mEq/L, debe suspenderse y realizarse el tratamiento específico de la hiperpotasemia.
- Deterioro de la función renal: si los niveles de creatinina aumentan por encima de 2,5 mg/dl, debe reducirse a la mitad la dosis de espironolactona y si es mayor de 3,5 mg/dl, debe suspenderse y realizarse el tratamiento específico de la insuficiencia renal.
- Ginecomastia: en este caso se recomienda el reemplazo de la espironolactona por eplerenona.

Antagonistas de los receptores de angiotensina II (ARA II)

Selección de pacientes
En este punto existen diferencias entre las guías europeas y las guías del ACC/AHA. También varía el tipo de indicación según cuál sea el objetivo del beneficio perseguido: la reducción de las internaciones o el riesgo de muerte cardiovascular. Las indicaciones de utilización de ARA II en la IC son las siguientes:

- Pacientes con Fey < 40%, asintomáticos o con IC leve a grave (CF I-IV) con intolerancia a los IECA (Clase I. Nivel de evidencia B). (61)
- Pacientes con Fey < 40% e IC sintomática en tratamiento con dosis óptima de IECA y BB, a menos que estén tratados con AA (Clase IIb. Nivel de evidencia B). (62-65)

Contraindicaciones
- Estenosis arterial renal bilateral.
- Potasio sérico > 5 mEq/L.
- Creatinina sérica > 2,5 mg/dl.
- Pacientes tratados con IECA y AA.

Dosis y titulación Véase Tabla 9.

Efectos adversos
- Deterioro de la función renal.
- Hiperpotasemia.
- Hipotensión sintomática.

Hidralazina y dinitrato de isosorbide (HDZN + DNI)

Selección de pacientes
Al haber sido superados por la aplicación de IECA y ARA II, su indicación se restringe a:
- Pacientes con Fey < 40%, asintomáticos o con IC leve a grave (CF I-IV) que no toleren la indicación de IECA ni de ARA II (Clase IIa. Nivel de evidencia B). (66)
- Pacientes con Fey < 40% e IC sintomática en tratamiento con dosis óptima de IECA o ARA II, BB, AA (Clase IIb. Nivel de evidencia B). (67) La evidencia es superior en pacientes de origen afroamericano. (68)

Contraindicaciones
- Hipotensión sintomática.
- Lupus eritematoso sistémico.
- Enfermedad renal grave.

Efectos adversos
- Artralgias y mialgias.
- Hipotensión arterial sintomática: considerar el ajuste en las dosis de la medicación concomitante.

Si es asintomática, no requiere intervención.
- Pleuritis, pericarditis.
- Fiebre.
- Exantema súbito.
- Síndrome similar al lupus eritematoso sistémico.

Digoxina

Selección de pacientes
Se recomienda su uso en:
- Pacientes con Fey < 40%, IC moderada a grave (CF III-IV) y FA (Clase I. Nivel de evidencia C). (69)
- Pacientes con Fey < 40% e IC sintomática, en ritmo sinusal (RS), en tratamiento con dosis óptima de IECA o ARA II, BB, AA (Clase IIa. Nivel de evidencia B). (69)

Contraindicaciones
- Bloqueo auriculoventricular de segundo o de tercer grado, sin marcapasos permanente.
- Síndrome de preexcitación.
- Evidencia previa de intolerancia a la digoxina.

Dosis y titulación
La dosis habitual de digoxina oral es de 0,125 a 0,25 mg/día con función renal normal. En gerontes debe ajustarse según la depuración de creatinina y puede variar entre 0,0625 y 0,125 mg/día.

Efectos adversos
- Bloqueo sinoauricular y auriculoventricular.
- Arritmias auriculares y ventriculares, especialmente en presencia de hipopotasemia.
- Signos de toxicidad: confusión mental, náuseas, anorexia y trastornos visuales.

Diuréticos

Selección de pacientes

Los diuréticos del asa y las tiazidas no se han analizado en ensayos clínicos aleatorizados. Sin embargo, todos los ensayos clínicos de IC que evaluaron otras drogas los han incluido como parte del tratamiento. (70-72) Son las drogas que más rápidamente impactan en el estado clínico de los pacientes con insuficiencia cardíaca, ya que producen mejoría sintomática a corto plazo. Se recomienda el uso de diuréticos en:

- Pacientes con IC y síntomas y signos de retención hidrosalina (Clase I. Nivel de evidencia B). (70)

Dosis y titulación

Inicialmente deben indicarse en dosis bajas e incrementarlas de acuerdo con los signos de retención hidrosalina (aumento de peso y/o signos congestivos al examen físico) en busca de la menor dosis efectiva necesaria para cada paciente. (73) La titulación de dosis debe ser individualizada (CF y comorbilidades) para lograr un peso corporal adecuado (peso seco).
Los diuréticos del asa generalmente son los agentes de primera línea en el tratamiento de la mayoría de los pacientes con IC. Sin embargo, los tiazídicos pueden preferirse en pacientes hipertensos con ligera retención hidrosalina con buena función renal, ya que presentan un efecto antihipertensivo más duradero. El agregado de AA a los diuréticos del asa, además de potenciar su efecto diurético, contribuye a prevenir la hipopotasemia que producen estos fármacos.
Ante la falta de respuesta al tratamiento con diuréticos deben descartarse algunos factores, como la falta de adherencia y la ingesta de sodio. Además, deben tenerse en cuenta otras estrategias que contribuyen a la eliminación hidrosalina, como la combinación de diuréticos. Esto consiste en asociar diuréticos tiazídicos a los del asa, con el fin de bloquear la reabsorción distal de sodio, lo que puede resultar de particular utilidad en pacientes con IC avanzada.
Por último, en pacientes con congestión importante puede ser útil la administración de diuréticos del asa por vía intravenosa, ya sea en bolos intermitentes o en infusión continua. Esto ocurre especialmente en pacientes con IC aguda o con reagudización de los síntomas de un cuadro crónico previo.

Efectos adversos
- Depleción de volumen.
- Hipotensión arterial.
- Deshidratación.
- Insuficiencia renal.
- Hiponatremia, hipopotasemia, hipomagnesemia.

Anticoagulantes orales y antiagregantes plaquetarios

Selección de pacientes
Se recomienda anticoagulación oral con antagonistas de la vitamina K (cumarínicos) en pacientes con IC que presenten:
- FA (permanente, persistente o paroxística) (Clase I. Nivel de evidencia A). (74)
- Embolia sistémica (Clase I. Nivel de evidencia C). (75, 76) - Evidencia por imágenes de trombo intracavitario (Clase I. Nivel de evidencia C). (75, 76) Con el uso de rutina de la aspirina existe un riesgo aumentado de descompensación, por lo que en pacientes con IC no debe indicarse en forma sistemática tratamiento antiagregante oral. La aspirina no debe suspenderse en los pacientes con enfermedad vascular. (77)

Dosis y titulación

Pueden utilizarse warfarina o acenocumarol. Las dosis habituales de los anticoagulantes varían según la indicación y los niveles de RIN que se deseen alcanzar.

Efectos adversos

Se debe tener especial precaución por el riesgo de sangrados. El ajuste adecuado de los niveles de RIN disminuye el riesgo de complicaciones trombo-embólicas.

Inhibidores de la HMG CoA reductasa (estatinas)

Selección de pacientes
- Se indican habitualmente en pacientes con IC causada por enfermedad coronaria (Clase IIa. Nivel de evidencia B). (78)
- No están indicados en pacientes con IC de etiología no isquémica (Clase III. Nivel de evidencia B). (78)
- Los pacientes con síndrome coronario agudo (SCA) reciente tienen indicación de acuerdo con lo que sugieren las guías de SCA (Clase I. Nivel de evidencia A). (79)

Efectos adversos
- Dolores musculares.
- Elevación de enzimas hepáticas, creatinina, CPK.

Ácidos grasos omega-3

Selección de pacientes
- Pueden indicarse en pacientes con IC leve a grave (CF II-IV) (Clase IIa. Nivel de evidencia B). (79)

Dosis y titulación

La dosis recomendada es de 1 gramo por día.

Efectos adversos
- Gastrointestinales: náuseas, vómitos, distensión abdominal.

Ivabradina

Selección de pacientes
- Pacientes en tratamiento con dosis máximas toleradas de BB que persisten con FC > 70 lpm en reposo (Clase IIb. Nivel de evidencia B). (80)
- Pacientes con contraindicaciones absolutas para tratamiento con BB o digital y FC > 70 lpm en reposo (Clase IIb. Nivel de evidencia C). (80)

Dosis y titulación

La dosis debe ser de 7,5 mg dos veces por día.

Efectos adversos
- Gastrointestinales: náuseas, vómitos.
- Alteraciones visuales: visión borrosa, fosfenos.
- Trastornos psiquiátricos.
- Bradicardia.

CONCLUSIONES

El tratamiento farmacológico con indicación de clase I y nivel de evidencia A representa el 30% de las recomendaciones. En el resto de los fármacos, la evidencia es inferior. En la Tabla 11 se presenta un esquema de las clases de consenso y los niveles de evidencia de la recomendación del tratamiento farmacológico en la IC crónica.

Tabla 11. Tratamiento farmacológico de la insuficiencia cardíaca

Resumiendo, todos los pacientes con IC en cualquiera de sus estadios deberían recibir IECA (o en su defecto un ARA II) y BB. En los pacientes sintomáticos o con signos de retención hidrosalina están indicadas las medidas generales y deben recibir diuréticos. En los que se encuentren en CF III-IV se recomienda además un AA y la digoxina puede indicarse para disminuir las hospitalizaciones o en caso de FA. Las demás medidas farmacológicas tienen indicaciones específicas.
Existen en la actualidad ensayos clínicos aleatorizados que intentan dar respuesta a dudas, las que podrán cambiar o complementar algunas de estas indicaciones. Ejemplos de estos interrogantes son si algún tratamiento específico de las comorbilidades podría reducir la mortalidad, cuál es el papel de los AA en pacientes en CF I-II y si tiene lugar la indicación de anticoagulación-antiagregación sistemática. Mientras tanto, es importante tener siempre presente que la adherencia al tratamiento tiene un papel fundamental en la reducción de la morbimortalidad de los pacientes con IC crónica y que todos los esfuerzos que se hagan en este sentido tendrán resultados positivos sobre la calidad de vida y la sobrevida del enfermo.

Agradecimientos

Agradecemos la colaboración de las Dras. Susana Traverso, Claudia Cortés y Silvia Makhoul en la redacción de la sección de diagnóstico por imágenes.

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