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Revista argentina de cardiología

versión On-line ISSN 1850-3748

Rev. argent. cardiol. vol.80 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires abr. 2012

 

CARTA DEL PRESIDENTE DE LA SAC

La mesa está servida

The Table is Set

La Carta del Presidente, que estamos acostumbrados a ver en cada número de la RAC, representa la opinión de un miembro de la SAC. Es lógico interpretar que en una sociedad de miembros es una opinión más, y eso es cierto, pero también debe entenderse que por su función jerárquica debe expresar las ideas rectoras de nuestra Sociedad.
La opinión del presidente es la que surge de sus convicciones individuales, pero también de reiteradas conversaciones con la Mesa Directiva, la Comisión Directiva y con las distintas áreas y colegas. Más allá de los matices de expresión, debe tratar de resumir y consensuar la opinión mayoritaria en los temas que se proponen.
La carta no es un documento jurídico, pero es un instrumento de difusión que permite que todos los miembros de la SAC y todos los cardiólogos del país conozcan nuestra forma de pensar, objetivos y proyectos.
En la última Carta del Presidente 2011, publicada como una newsletter, se discute una de las preguntas que, a mi entender, es nuclear: ¿Por qué ser miembro de la SAC?
Nuestro presidente anterior desarrolla extensamente y con claridad sus argumentos, que comparto en su totalidad. Enfatiza que la naturaleza gregaria del ser humano lo lleva a agruparse en todas las actividades y no es una excepción en las de carácter científico. Esta asociación nos permite compartir, crecer y defendernos.
Además de este argumento, ligado a nuestra condición humana, existen elementos, que desde una posición pragmática, hacen necesaria nuestra vinculación con las sociedades científicas.
Las sociedades científicas cumplen una función, por ahora no desempeñada por otros organismos. Como fue comentado en mi carta anterior, la existencia y la labor de la SAC han contribuido de manera fundamental en otorgarle identidad a la especialidad en nuestro país. Sin el aporte de la SAC se hubieran postergado tanto el desarrollo como la jerarquización de nuestra especialidad.
Considero que el médico, en este caso el cardiólogo, que se relaciona con una sociedad científica, como es la SAC, es un profesional distinto de aquel que no lo hace. Puede ser por una predisposición individual, pero también es el resultado de una exposición frecuente y el consecuente aprendizaje que esto conlleva.
Por citar sólo algunos ejemplos, tiene la posibilidad de relacionarse con otros colegas, de escuchar y compartir experiencias, de tener contacto con expertos, de asistir a cursos, disponer de consensos, acceder a una revista como la RAC, de asistir a uno de los Congresos de Cardiología más importantes que existen, tanto por concurrencia como por nivel académico, participar en las actividades que se desarrollan en cada uno de sus Distritos, por la posibilidad de participar en tareas de investigación, de proyectar y organizar actividades docentes, de brindar y recibir información actualizada.
Estarán de acuerdo, y no existen dudas, en que la participación en cualquiera de estos puntos nos enriquece y produce en forma insensible un mecanismo de aprendizaje continuo que nos permite crecer profesionalmente. Pero no escapará de vuestra atención que para la realización de todas estas actividades se requieren recursos económicos.
Esta disponibilidad de recursos puede verse desde dos enfoques distintos. Una aproximación individual, a mi entender egoísta: "La mesa está servida, disfrutemos del banquete". Pero también desde una visión colectiva, a mi entender comprometida y solidaria: "Preparemos la mesa y disfrutemos del banquete".
Preparar la mesa se entiende como una tarea bilateral. Para los que desempeñan cargos directivos, ocuparse de aspectos organizativos que aseguren la viabilidad de nuestra Sociedad y crear las condiciones para que la relación de los cardiólogos con la SAC genere claramente un beneficio adicional. Para todos y cada uno de sus miembros participar en las actividades y colaborar en su sostenimiento. En este punto es fundamental el aporte de la cuota societaria, que es un bien de la SAC, independiente de las fluctuaciones que pueden tener los aportes de las empresas que nos apoyan.
La tendencia de las grandes sociedades cardiológicas internacionales es establecer grandes diferencias entre lo que se le ofrece al socio y al no socio; por ejemplo, el acceso libre a la Revista, descuentos significativos en inscripciones a cursos y Congresos, etc. Este camino, ya iniciado por nuestra Sociedad, será el que se irá acentuando en el futuro.
Lejos de entrar en consideraciones éticas y limitándonos exclusivamente a un aspecto práctico, debe entenderse que la visión individualista es de corto plazo, pues si no existen los bienes, se acabará el banquete.

Dr. César A. BelzitiMTSAC

Presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología