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Anuario de investigaciones

versão On-line ISSN 1851-1686

Anu. investig. vol.17  Ciudad Autónoma de Buenos Aires jan./dez. 2010

 

PSICOANÁLISIS

Algunas reflexiones sobre el uso de objeto en el psicoanálisis de D.W. Winnicott

Some reflections about the use of an object on D. W. Winnicott´S analysis

Bareiro, Julieta1

1Lic en Psicología, UBA. Prof. de Psicología, UBA. Becaria de la Maestría en Psicoanálisis, UBA. Miembro del proyecto de investigación UBACyT PO 62, JTP de Ética, Psicología y Derechos Humanos, UBA, Cátedra Rovaletti. E-mail: jumba75@hotmail.com

Resumen
El presente trabajo intenta conceptualizar el lugar que tiene el objeto de uso en el análisis de D. W. Winnicott. En efecto, el lugar que ocupe el analista depende de que éste sea usable. Esta idea se sostiene en la propuesta de que el análisis es un "juego de a dos" y que el analista se presenta como un tipo particular de objeto.

Palabras clave: Análisis; Juego; Objeto de uso

Abstract
This paper attempts to conceptualize the place that aims to use in the analysis of D. W. Winnicott. Indeed, the analyst position within it depends on which this is usable. This idea is supported in the proposal that the analysis is a "game of two" and that the analyst is presented as a particular type of object.

Key words: Analysis; Playing; Object of use

Este trabajo tiene por propósito realizar una puntuación del concepto general de lo que Winnicott entiende por clínica psicoanalítica y, particularmente, el objeto de uso. Su aporte resulta novedoso al entender que el analista debe ocupar el lugar del objeto de uso en ese "juego de a dos" que propone como análisis. Pero, pese a esta invitación legítima, la obra presenta ciertas dificultades a la hora de profundizar y sistematizar dicho concepto. Una primera aproximación muestra que el estilo winnicoteano no se ha preocupado demasiado por darle rigurosidad a nociones o redes conceptuales. Él mismo refiere que su público se encuentra más dirigido hacia padres, asistentes sociales, etc. que el analista mismo. La consecuencia de esta postura política se sostiene en el riesgo de banalización de conceptos fundamentales de su práctica. Estas consideraciones coinciden también con la lectura de ciertos autores como Davis y Wallbridge, Phillips, Green al opinar que su teoría se caracteriza por "una evocación poética del desarrollo del niño y la experiencia materna, vertida en un lenguaje personal que es difícil asimilar a otros abordajes" (Davis y Wallbridge, 1988:13). Por estas razones, resulta evidente la importancia de sortear el "estilo winnicotteano". En virtud de ello, puede considerarse una invitación y un desafío la tarea de organizar esta noción de analista. Ésta resulta fundamental a la hora de que los que comparten su propuesta puedan acceder a este concepto no siempre claro y accesible.
El plan del trabajo será el siguiente: a) una primera elaboración de lo que Winnicott entiende por análisis como"juego de a dos" b) qué es el objeto de uso y, c) la constitución del objeto de uso en análisis. La razón del esquema es que Winnicott elabora una teoría analítica tomando como modelo las primeras experiencias del infante. Éste entreteje una versión personal del mundo a partir de la capacidad creadora (jugar/playing). Desde esta capacidad surge una forma especial de objeto que es la del objeto de uso. Winnicott plantea que la noción de uso resulta nodal para la posición del analista y la posibilidad misma del análisis. Queda aclarar, por último, que el intento de este trabajo no reside en problematizar o contrastar el concepto de analista y análisis dentro del psicoanálisis en general sino, por el contrario, organizar dichos conceptos particularmente en el propuesto por D. Winnicott.

1. Noción de análisis
1.1: El análisis como "juego de a dos"
Winnicott define el análisis como aquel ámbito que debe estar ubicado en tiempo y espacios precisos para que el paciente pueda tener "la experiencia de sorprenderse a sí mismo". Para ello es condición necesaria que se constituya como una superposición de espacios en donde dos juegan. La noción de juego en el análisis refiere tanto a la posibilidad de jugar con (el analista) como también a la capacidad de (término que para Winnicott tiene valor clínico) jugar del paciente1.
Las características que hacen mención al juego en el análisis se diferencian de las postuladas por M. Klein. Para esta autora el juego es la técnica mediante la cual se hace posible analizar niños en lugar de la verbalización del discurso del paciente adulto. Para Winnicott, en cambio, el juego es un fin en sí mismo porque remite a la capacidad creadora que no se distingue entre ser niño o adulto2. Esta característica le permite presentar al jugar como un universal, propio de la humanidad y al cual el análisis debe tomar como modelo. La razón de ello radica en que jugar es crear, lo que remite a la continuidad de la propia existencia: el hombre crea porque es. Asimismo, involucra una cuestión diferencial: por un lado, el jugar es terapéutico porque permite que el sujeto habite el mundo sin perder autenticidad. Y por el otro, es un indicador diagnóstico de aquellos pacientes que no están en condiciones de hacerlo: "Cuando el juego no es posible, la labor del terapeuta se orienta a llevar al paciente, de un estado en que no puede jugar a uno en el que le es posible hacerlo" (Winnicott, 1971:61). Esta frase no se refiere tanto a la dicotomía analista-objetivo, paciente-subjetivo; sino a que el jugar permite que el paciente advenga creador de lo que sucede allí. Cuando Winnicott insiste en que en el análisis se hace el juego del paciente, no se trata tanto del saber del analista, sino a que el paciente encuentre el espacio para experimentar su propia singularidad. Esta idea echa por tierra cualquier referencia a que el "yo-fuerte" del analista es el punto de apoyo para el "yo-débil" del paciente. Lo que debe surgir es lo nuevo del paciente en ese "espacio entre dos". Es el jugar y no el juego lo importante. Por eso, el jugar no solo es desear o pensar, sino también hacer3. Así, el análisis es un acto en donde dos juegan.

2. El uso de objeto
2.1: El uso de objeto como posibilidad de la constitución subjetiva
No se puede pensar el proceso de desarrollo del sujeto separado de la constitución de los objetos. Ésta correlación parte de una instancia primigenia de fusión ignorada en el niño, por decirlo así, y se dirige a una separación entre lo que soy y lo que es distinto de mí. En este sentido, según la lectura de D. Fleischer, Winnicott entiende al ser humano como capaz de transitar de la
dependencia absoluta del medio ambiente a una independencia relativa, desde la subjetividad total no organizada a un mundo compartido. Esto implica, siguiendo a la autora, que: "en el recorrido se deberá aceptar la existencia de un mundo que no sea el propio yo, es decir, el mundo no-yo. Mundo que no es interior ni exterior, sino que marca algo que evoca la realidad psíquica de Freud o la idea de extimidad en Lacan" (Fleischer, D: 2008: 208)
A su vez, este pasaje no es definitivo sino que se sostiene en un devenir continuo. El pasaje de la relación de objeto al uso se define como aquellas experiencias que permiten al sujeto salir de la omnipotencia originaria a la realidad compartida, que en los inicios forma parte del proceso de separación respecto de la pareja de crianza. Este proceso involucra varios factores: a) la disponibilidad del ambiente facilitador para crear un espacio de confianza, b), la capacidad del niño para encontrarse con el objeto, y c) la interacción entre el objeto y el niño para ser dos cosas separadas entre sí.4 Aquí se entiende que en el desarrollo no se puede acentuar a una sola variable, no es sólo el niño, ni es sólo el ambiente lo que permite la continuidad de la existencia del infante. Es en la interrelación continua entre ambos a lo largo del tiempo que las posibilidades de ser se despliegan5. Si se hiciera hincapié en solo una de ellas se correría el riesgo de un sobredetermismo que Winnicott siempre intentó evitar. Al decir que el análisis toma el modelo del entorno originario se puede establecer una idea semejante en la constitución de los objetos. En las etapas tempranas este proceso empieza con los objetos subjetivos y continua hasta los objetos objetivos. Lo que manifiesta el pasaje de la relación al uso de objeto. La capacidad de uso característico del desarrollo del niño, es, en la clínica winnicotteana, la condición de su eficacia.
La diferencia entre el objeto subjetivo y el objeto de uso radica en que el primero es el producto de la omnipotencia infantil y el segundo es la realidad del objeto que se presenta con características que le son propias. No se trata de dos objetos materialmente distintos sino de momentos diferentes de relación con objetos. La posibilidad de la relación al uso se plantea en los siguientes términos: la agresividad del niño hacia el objeto y la capacidad de éste para sobrevivir. O para decirlo de otra manera: la avidez propia del infante, las cualidades del objeto por sí mismo y el proceso de ilusión-desilusión entre la pareja de crianza. Este proceso podría caracterizarse así:
a. La vivencia de omnipotencia en el estado de fusión con el ambiente: en el inicio se puede ubicar un estado de fusión que hace que dos sean uno6. Esta fusión no alude a un estado de inmadurez por parte del infante sino a la capacidad de fusionarse con el otro7. Aquí aparece el objeto subjetivo como producto de esa experiencia que adquiere las características dadas por el niño. Esta experiencia lo deja en una situación en donde los objetos adquieren el relieve que él les otorga y la continuidad que él les brinda8 sin capacidad de distinguir lo propio de lo ajeno, entendido como distinto.
b. La emergencia de la agresividad por parte del niño: Winnicott revierte la idea tradicional en el psicoanálisis de que en el principio de realidad se funda la agresividad. Por el contrario, es ésta la que funda la realidad. La avidez a la que alude como agresividad se dirige dentro de este estado de fusión al objeto subjetivo. La independencia del objeto es, por decirlo así, puesta a prueba. Esta destructividad, como cualquier otra experiencia, recibe su elaboración imaginativa en la fantasía
c. La respuesta del objeto: si el objeto queda destruido, o si responde al agravio, deja al niño en un mundo ilusorio con consecuencias patológicas: los objetos son susceptibles su agresividad, responden o mueren de acuerdo a ella9. Es radical que el objeto sobreviva10. Esto es, que no tome represalias ni que cambie11. Este principio alude a que el objeto posee características que no pertenecen unívocamente a las adjudicadas a la fantasía de los fenómenos subjetivos. Así como en un primer momento el objeto, por decirlo así, se dejaba crear, del mismo modo, en un segundo momento, es imprescindible que pueda emerger su diferencia. Aquí es fundamental la capacidad del objeto para mostrarse indemne. De esta manera muestra un límite a la agresividad potencial del niño. Davis y Wallbridge ponen como ejemplo de destructividad la siguiente situación: en el momento
en que el infante cierra los ojos, de hecho ha destruido el fragmento de mundo que había en su visión. Si después los abre, y las cosas permanecieron sin cambio, sin duda esto hace su aporte a la cualidad de permanencia de la realidad externa (Davis y Wallbridge, 1988:90)
d. La experiencia de alteridad: ella surge en la otredad del otro que en tanto objeto resiste y sobrevive a la potencial destructividad12. Aquí el objeto no depende exclusivamente de la ilusión. Bajo estos términos logra instaurarse la realidad compartida como lo distinto de mí. Es lo que Winnicott describe como alojar al objeto "fuera de la zona de los fenómenos subjetivos"
e. La posibilidad de uso: el niño puede usar el objeto. Este se ubicaría en el polo de desilusión. Con este último término se designa una falla, por decirlo así, suficientemente buena que hace que la ilusión del niño encuentre un límite a su omnipotencia luego de que ha tenido lugar la fusión. Aquí los objetos pueden ser manipulados, sin que pierdan realidad. Adquieren, en cambio, temporalidad y consistencia por fuera de la fantasía. Que sean usables alude a que tienen "entidad por derecho propio". La idea de que el objeto transicional es una forma de los objetos de uso permite incluir una terceridad. Es entre la madre y el niño que aparece este tipo particular uso de objeto: ni plenamente objetivo ni subjetivo. Davis y Wallbridge afirman que el objeto transicional es un caso especial de uso ya que conserva cualidades mágicas pero al ser paulatinamente descatectizado tiene permanencia y vida propias, unidas a su valor de supervivencia (Davis y Wallbridge, 1988: 89)
Ahora bien, este proceso que acabamos de describir admite una posibilidad fallida que se produce cuando la destructividad no lleva necesariamente al uso del objeto. Aquí se podrían distinguir dos posibilidades. La primera sería una destructividad que se encamina hacia el uso: si el sujeto es capaz de usar al objeto, es porque el objeto ideal en el momento de la ilusión fue "denigrado, ensuciado, desgarrado". Esta actividad correspondería a la fantasía que Winnicott plantea como inconsciente ya que involucra "el funcionamiento corporal y todo tipo de fantasías instintivas" (Winnicott, 1993:277). Aquí, la destructividad posibilita el uso del objeto y, como consecuencia, da lugar a la realidad interior, la vida onírica, las actividades lúdicas y la expresión creativa13. La segunda posibilidad sería una destrucción sin uso. En efecto, hay destructividad, pero no posibilita la alteridad, sino que su propósito sería "deteriorar al objeto bueno para hacerlo menos bueno y por ende, menos sujeto a ataques" (Winnicott, 1993:277) Este sería un punto en común con la teoría de los objetos idealizados de Klein. Un ejemplo de ello sería una madre que, lejos de dar lugar a la experiencia de omnipotencia del niño, irrumpe con su propia omnipotencia. El objeto adquiere una dimensión que el niño no puede elaborar dada la intensidad de aquel. El lactante reacciona frente al ambiente hostil para apaciguar un vigorismo de un objeto "demasiado bueno"
Así entonces, como afirma Nemirovsky, el niño realiza la travesía de la dependencia absoluta hacia la independencia relativa logrando, "si todo va bien", la integración de sí mismo y de los objetos, la personalización y los inicios de la relación con el otro. Las respuestas del medio ambiente permiten que el bebé crea que ha creado el objeto en la medida en que fue necesitándolo. Podría decirse de esta manera: al comienzo el bebé crea un universo donde los objetos se subsumen a él. La sobrevivencia de éstos a la destrucción admite la existencia de un mundo, ya no de una omnipotencia indiferenciada, sino de un mundo compartido con otros. La capacidad de uso permite al niño manipular lo que no es parte de su ser. Porque los objetos son en sí mismos y no forman parte del ser del bebé, se pueden usar. Es lo que Winnicott dice sobre los objetos, a saber, que "pasan al mismo tiempo por el proceso de quedar destruidos porque son reales y de volverse reales porque son destruidos" (Winnicott, 2007:122). Estas vicisitudes ponen al lactante en contacto con su capacidad de crear, y esta vivencia resulta central en el desarrollo del ser. Permiten que el bebé sea y que haya podido tener la vivencia paradojal de haber inventado sus propios objetos14.
Lo transicional aludiría aquí a un modo particular de uso porque supone tanto lo externo como lo interno. Es llamativa la mirada de Lacan sobre lo transicional en relación a la angustia. Aquí el objeto transicional es respuesta a un traumatismo de origen que tiene que ver con que la realidad humana es una realidad de lenguaje y con la desnaturalización del instinto por esta causa. La lectura del objeto transicional como cesible anticipa en Lacan el carácter del objeto a15. Según Vázquez M.A "para Lacan, Winnicott da al objeto transicional esta función de objeto cesible: trocito arrancado, esquina de manta, chupete. El sujeto se consuela y al mismo tiempo permite el reemplazo del objeto natural (...) abre el camino a la metonimia, a una circulación que es traducible en la aparición de la cadena de fabricación humana (Vázquez, 2008:202)
Cabe recordar que la cuestión del uso y, dentro de ella lo transicional, no está desprovisto de los efectos del cuidado del otro. Por ejemplo, si la madre falla reiteradamente hace que las experiencias de agresión se tor
nen demasiado reales, por decirlo así. Si al rechazo del objeto por parte del niño al morderlo, ese pecho efectivamente desaparece, los fenómenos de omnipotencia ocupan el lugar de la alteridad. Se intuye que Winnicott se refiere a la permanencia del objeto en función de la madre, dado que ella es la primera persona (o sus sustituto) que se coloca fuera. Davis y Wallbridge16 explican que ella es el primer objeto de la creación primaria y también el primer objeto en recibir un ataque excitado efectivo. Este proceso se hace en posterior extensivo y es dador de permanencia y externalización.
Para finalizar con este punto querríamos destacar que la cuestión de la destructividad no sólo remite a la supervivencia del objeto sino al rechazo por parte del bebé del objeto que está allí. La posibilidad de pasar de un estado de fusión con el entorno a co-existir en un mundo de objetos no-yo es posible en la medida que el bebé rompa con esa continuidad fusional. Lo disruptivo de la agresividad permite en el niño pasar de la indiferenciación a la diferencia, esto no parte del objeto, sino del infante. Del objeto se espera tolerancia y estabilidad a esa experiencia individual de destrucción y alteridad.
2.2: El objeto de uso en la clínica
Winnicott afirma que la eficacia de la clínica depende de que los pacientes sean capaces de usar al analista. Aquí el acento está en el uso que el paciente le da tanto a la figura del analista como el análisis mismo. Esta cuestión del análisis se refiere al pasaje de los avatares de los fenómenos subjetivos, objetivos y de uso. Término que ha sido denominado experiencia completa. Así por ejemplo, Pelento establece que en el análisis se metaforiza el cuidado materno. Esto hace que la diversidad de las experiencias con los objetos en el espacio analítico adquieran las particularidades que se habían experimentado en los inicios. De allí que encuentre la autora la siguiente frase de Winnicott: "se hallan en mí presentes algunas de las características del fenómenos transicional dado que si bien represento el principio de realidad y soy yo quien debo estar atento al reloj no por ello dejo de ser un objeto subjetivo de la fantasía" (Winnicott citado por Pelento, 1985:198).
Dentro de este punto, más que determinar las vivencias subjetivas y objetivas en el análisis, quisiéramos hacer hincapié fundamentalmente a la experiencia de uso y su relación con la potencialidad destructiva.
Se trata de que el paciente despliegue su subjetividad sin temor a los efectos que pueda causar su destructividad. Esto es pasar de los fenómenos subjetivos a los compartidos junto con otros. O, lo que es lo mismo, de la relación al uso de objeto. Esta pauta marca la diferencia entre dos situaciones diversas: que el analista quede atrapado dentro de los fenómenos subjetivos o que el analista pueda ubicarse como una otredad exterior ha dicho fenómeno. Si fuera el primer caso, el analista no es más que las proyecciones del paciente. Esto tiene un valor de realidad psíquica tan alto que daría lugar a un autoanálisis en términos winnicotteanos, y el objetoanalista terminaría siendo "idealizado, perfecto e inalcanzable" (Winnicott, 1993:280). El paciente teme de su propia destructividad que no da cuenta de la alteridad y lo deja en un mundo subjetivo. Aquí las interpretaciones serían vividas como reacciones por parte de un objeto
dañado. Su finalidad sería darle sentido a algo que por derecho debe alojarse tal cual es, es decir, a una necesidad de diferencia. En cambio, en el segundo caso, el analista al sobrevivir pone en juego algo de su propia singularidad: la permanencia a lo largo del tratamiento. Aquí se ubica como un otro objeto y por lo tanto, puede jugar al juego del paciente en la medida en que no es una simple extensión de aquel. La transferencia resulta válida ya que el analista se presta como objeto para su instalación. Es decir, al estar por fuera de los fenómenos subjetivos puede tornarse significativo. Esta es la idea de que el análisis es un juego de a dos. Aquí resulta fundamental la decisión del analista para ser usado. Lo que remite a posiciones éticas ya problematizadas tanto por Winnicott como por Freud y Lacan, para mencionar los más relevantes. Así como para el autor inglés la ética se sostiene en jugar el juego del paciente más que en el saber teórico del analista; para Freud se ubica en no ceder a las resistencias en el transcurso del análisis17 y para Lacan, por último, se manifiesta en el discurso del bien decir 18. Podría señalarse en este sentido, que para los tres la decisión ética resulta, fundamentalmente, el horizonte de trabajo del analista
Por lo pronto, baste recordar que un análisis resulta viable cuando el analista se presta a las particularidades del paciente, es decir, cuando no fuerza al paciente a que se adapte a las particularidades del analista. Sobrevivir a la destructividad es una puesta a prueba que debe resolver. En este punto no se trata tanto de acertadas interpretaciones, sino de otorgar al paciente la experiencia de la otredad en la destrucción potencial. Esto es, que el analista no fallece en la agresividad que le es dirigida19. No se trata del "silencio" como sinónimo de indiferencia, que llevaría a una experiencia de futilidad. Por el contrario, la agresividad se aloja y se escenifica: el analista sobrevive sin necesidad de interpretar20. Una interpretación en este momento daría cuenta de una reacción por parte del analista: dar sentido a algo que por definición resulta difuso. Es mas una experiencia sobre el ser, que un acontecer del inconsciente.
Que el analista sobreviva implica que él está allí en presencia para el juego del análisis porque su existencia y permanencia no dependen únicamente de los avatares de la agresividad. Y por ello mismo, es usable.
La destructividad del lado del paciente y la supervivencia del lado del analista constituyen un momento o momentos propios del tratamiento que permite que se instale el análisis. Aquí toma de nuevo sentido la noción de sostén21. El analista sostiene, aloja la agresividad como fuerza vital del paciente que mide así sus fuerzas. Esto sugiere no sólo que el otro existe sino que él mismo existe. Si el paciente es capaz de usar al analista, el fin de análisis es posible aunque falten años para ello.22
Existiría entonces, una particularidad de la clínica que involucra al rol del analista y al riesgo que el paciente toma sobre él. Ello remite a las experiencias tempranas en donde el ambiente facilitador habilitó esa vivencia de destructividad. Aquí Winnicott toma como modelo a la madre medio ambiente que da sostén a la experiencia como a la madre-objeto que sobrevive a ella. Nuevamente, no se trata de dos madres, por decirlo así, sino de funciones especificas de cuidado y manipulación en el proceso de desarrollo.
Ahora bien, así como la madre está allí para ese hijo, del mismo modo el analista es usable para ese paciente. Esta idea sugiere dos sentidos: por un lado, una pretensión de universalidad en la clínica winnicotteana en cuanto a la posición del analista como objeto de uso y, por el otro, la singularidad de cada caso. En el primer sentido Winnicott señala la importancia radical que tiene el uso en el fin de análisis. Sin esta posibilidad el analista se transforma en un objeto a proteger. Esto llevaría a que el análisis sea interminable en la medida en que no hay ninguna experiencia de otredad que posibilite un "mas de uno". Winnicott postula como un indicador del fin de análisis que el paciente pueda estar a solas en presencia del analista. Esto sugiere la imagen de dos en un mismo espacio, en posiciones y presencias distintas. En el segundo sentido se establecen diferencias cualitativas de usabilidad. Por decirlo de esta manera, el analista opera como objeto de uso de acuerdo a las particularidades del caso. No es lo mismo la experiencia de uso en la neurosis que la experiencia de uso en la patología border. Ambos implican maniobras específicas de presencia, de sostén y de usabilidad. No hay que perder de vista que el objetivo del análisis es la posibilidad de sentirse "vivo, verdadero y real". Lo que acontece en un tratamiento, entonces, está supeditado a ese propósito.

3. Conclusiones
Hemos presentado a lo largo del trabajo un recorrido sobre el análisis que propone Winnicott haciendo hincapié en dos pilares: en el jugar (playing) y en el objeto de uso (object of use). Ambos fenómenos aparecen en la vida del infante anunciando la simbolización y el vivir creador junto con otros.
Estas características, a su vez, se convierten en los cimientos del análisis winnicotteano. Al metaforizar el cuidado materno, la experiencia de objeto subjetivo, objetivo y de uso ocuparán un lugar central en el trabajo analítico alcanzando tanto al análisis como al analista. Lo que suceda en este ámbito en particular será ubicado como la superposición en donde dos juegan. Con esta salvedad, el analista lo que hace es, en todo caso, el juego del paciente al punto que éste pueda "sorprenderse a sí mismo". Aquí el analista opera como un objeto que se presta a ser usado en la medida que el uso señala el camino hacia la singularidad creativa y a la experiencia de una vida auténtica o, para decirlo en palabras del mismo Winnicott: "lo fundamental es que el hombre se sienta viviendo su propia vida, haciéndose responsable de sus actos y capaz de atribuirse el mérito de un éxito" (Winnicott, 1965: 138). Lo que haga un analista entonces, estará supeditado a dicho propósito. Por último, que el espacio analítico se configure como un lugar que habilita al uso y a la transicionalidad dependen en última instancia de la presencia ambos jugadores, aunque no del mismo modo. Por un lado, la capacidad del analizante para poder jugar el juego del análisis, esto es, la posibilidad de atravesar los caminos de dicha experiencia. Y por el otro, el deber del analista de acompañar al paciente en el proceso. Aquí aparece un aporte original de Winnicott: no deja por fuera del análisis la decisión ética del profesional y afirma la necesidad de que el analista se encuentre allí donde se lo espera

Notas

1"La psicoterapia se da en la superposición de dos zonas de juego: la del paciente y la del terapeuta. Está relacionada con dos personas que juegan juntas." (Winnicott, 2007a:61)

2Si bien en el niño es evidente la capacidad o no de jugar, en el adulto se manifiesta en "la elección de las palabras, en las inflexiones de la voz, y por cierto que, en el sentido del humor" (Winnicott, 2007a:63)

3"el jugar tiene un lugar y un tiempo, no se encuentra adentro. Tampoco está afuera, es decir, no forma parte del mundo repudiado, el no-yo, lo que el individuo ha decidido reconocer como verdaderamente exterior fuera del alcance del dominio mágico. Para dominar lo que está afuera es preciso hacer cosas, no sólo pensar o desear y hacer cosas lleva tiempo. Jugar es hacer" (Winnicott, 2007:64)

4"El uso de un objeto simboliza la unión de dos cosas ahora separadas, bebé y madre, en el punto del tiempo y el espacio de la iniciación de su estado de separación" (Winnicott, 1971:131)

5"Cuando se habla de un hombre, se habla de él junto con sus experiencias culturales. El todo constituye la unidad" (Winnicott, 1971:133)

6Aquí es más ambiguo, Winnicott establece la importancia de que en la mente de la madre está la figura del padre. Se podría plantear como lo hace Rodulfo al proponer el término mas-de-uno (Rodulfo, 2009:191)

7Rodulfo lee que en Winnicott la fusión es un logro de madurez que moviliza procesos biológicos, subjetivos y ambientales. Aquí la perspectiva de omnipotencia primaria implica, según el autor, que hay creación de lo que la realidad tenga de real para un sujeto determinado en lugar de realizar la fantasía al estilo freudiano (Rodulfo, 2009:45)

8Cabe aclarar que este proceso es posible en la medida que el ambiente sea facilitador, esto es: que se mantenga confiable y continuo a lo largo del tiempo.

9La agresividad en este caso, daría lugar a experiencias subjetivas intensas que Winnicott lo ubica del lado de lo delirante

10"Si bien la palabra que empleo es destrucción, la destrucción real corresponde al fracaso del objeto en lo referente a sobrevivir. De lo contrario, la destrucción sigue siendo potencial. Hace falta el término destrucción no por el impulso destructivo del bebé sino por la posibilidad de que el objeto no sobreviva, lo cual significa también un cambio de cualidad, de actitud" (Winnicott, 1971:125)

11"A una madre le resulta demasiado fácil reaccionar en tono moralista cuando su bebé muerde y lastima" (Winnicott, 1971:125)

12Es fundamental aclarar que esa destructividad es potencial. Si fuera real seria en términos de Winnicott aniquilación

13"El paso de la relación al uso distingue al sueño de la vigilia; es el punto en que puede comenzar para el individuo el sueño y la imaginación según solemos entender uno y otra. El descubrimiento de las cualidades del mundo externo puede comenzar ahora (...) Puede medir sus expectativas en relación con un mundo de fenómenos compartidos y permanentes" (Davis y Wallbridge, 1988: 90).

14Nemirovsky, 2007:54

15Lacan, 2006: seminario 10: la angustia. Paidos, Bs. As.

16Límite y espacio, Davis y Wallbridge, 1988, Amorrotu, Bs. As.

17Freud, "Puntualizaciones sobre el amor de transferencia". O.C. Tomo XII Amorrortu, Buenos Aires

18Lacan (2006) Seminario 7: la ética del psicoanálisis. Paidos, Bs.As.

19"El deseo de venganza no tiene cabida en nuestra labor profesional" (Winnicott, 2006:136)

20"El analista siente deseos de interpretar, pero ello puede vulnerar el proceso y al paciente parecerle una especie de autodefensa en la cual aquel rechaza su ataque. Es mejor esperar" (Winnicott, 1971a:124)

21"El psicoanálisis no consiste tan sólo en interpretar el inconsciente reprimido; consiste mas bien en proporcionar un marco profesional a la confianza, en a cual esa interpretación pueda llevarse a cabo" (Winnicott, 2006:133)

22"Como analistas sabemos que es ser usado, lo cual significa que podemos visualizar el final del tratamiento aunque todavía falten varios años " (Winnicott, 1971a:126)

Bibliografía

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Fecha de recepción: 29 de marzo de 2010
Fecha de aceptación: 30 de septiembre de 2010