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Anuario de investigaciones

On-line version ISSN 1851-1686

Anu. investig. vol.17  Ciudad Autónoma de Buenos Aires Jan./Dec. 2010

 

PSICOANÁLISIS

Un estudio teórico sobre creencia y realidad en la obra freudiana

A theoretical study on belief and reality in Freud's work

Kiel, Laura1

1Lic. en Psicología. Jefe de Trabajos de Psicoanálisis Freud I y Co-Directora de Proyecto de Investigación UBACyT 2010-2012. E-mail. lkiel.psi@gmail.com

Resumen
Este trabajo se propone un estudio teórico sobre el fenómeno de la creencia en la obra freudiana. La pregunta freudiana, por las condiciones para la afectación de la dimensión pulsional por la palabra en una cura, desliza indefectiblemente hacia el fenómeno de la creencia. El fenómeno de la creencia, a su vez, está en relación a la concepción que de la realidad se sostenga. Se realiza un seguimiento de la preocupación de Freud por la relación del neurótico con la realidad tomando algunos textos paradigmáticos. Se recortan 3 momentos en la obra freudiana respecto de la creencia.

Palabras claves: Psicoanálisis; Creencia; Realidad; Verdad; Real

Abstract
This work presents a theoretical study on the phenomenon of belief in Freud's work. Freudian question, about the conditions for the involvement of the instinctual dimension by the word in a cure, inevitably slides towards the phenomenon of belief. The phenomenon of belief, in turn, is related to the conception of reality sustained. It keeps track of the concern of Freud's neurotic relationship to reality by taking some paradigmatic text. It was cut 3 times in Freud's work on belief.

Keywords: Psychoanalysis ; Belief ; Reality ; Truth ; Real

Introducción
En "Análisis terminable e interminable" (1937), texto considerado un escrito testamentario, Freud afirma que "el vínculo analítico se funda en el amor por la verdad, es decir, en el reconocimiento de la realidad objetiva, y excluye toda ilusión y todo engaño." Sorprende la densidad conceptual de esta frase que condensa en dos líneas algunas de las mayores dificultades teóricas del campo psicoanalítico: el amor, la verdad, la realidad calificada de objetiva, y por último, la ilusión y el engaño. Se despliega un derrotero por los textos de Freud, siguiendo el devenir de la preocupación del autor por las condiciones para ese "reconocimiento de la realidad objetiva" en el que funda el vínculo analítico.
¿Cuáles son las coordenadas teóricas que llevan a Freud a esta altura a ubicar el amor por la verdad como fundamento del vínculo analítico?
Por último, ¿porqué la ilusión y el engaño quedan excluidos de la operatoria analítica que consiste en "alcanzar el máximo efecto alterador" de la economía pulsional? Freud no está preocupado especialmente por la desfiguración de la realidad exterior sino fundamentalmente por su relación con la falsificación de la percepción interna del ello propia de la defensa. El yo al defenderse del ello se queda con una desfigurada noticia del fundamento pulsional. En la medida en que el yo trata sus exigencias pulsionales como peligros externos, la realidad exterior y la realidad pulsional quedan enlazadas. Esta operación de la defensa se constituye en un obstáculo para la cura.
La obra de Freud está atravesada de punta a punta por la necesidad de justificar las condiciones para el gobierno de la pulsionalidad a partir de la palabra. La pregunta freudiana por estas condiciones para la cura desliza indefectiblemente hacia el fenómeno de la creencia. El fenómeno de la creencia, a su vez, está en relación a la concepción que de la realidad se sostenga. Sabemos que "para los neuróticos no vale la realidad objetiva, corriente, sino la realidad psíquica" ("Psicología de las masas y análisis del yo", pag. 76)

La creencia como condición

I.
En sus inicios, aún prepsicoanalíticos, a poco de poner al trabajo su interés respecto de un dispositivo que afecte el cuerpo, Freud se topa con el fenómeno de la creencia.
El primer matiz con el que aborda la cura del síntoma es en tanto influjo de lo anímico sobre el cuerpo. "El estado anímico más favorable para la curación es aquel que potencia el influjo de la palabra sobre el cuerpo", expresión recogida en "Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)", texto de 1890 que abordaremos en los párrafos que siguen.
Y tan tempranamente, Freud destaca la relación entre el médico y el paciente como la condición privilegiada para lograr ese influjo sobre lo corporal. Es desde esta perspectiva que incursiona en la hipnosis como técnica ya que la misma le ofrece al médico la posibilidad de que su palabra ejerza una influencia profunda sobre los enfermos.
Alguien dice: "Usted ve una serpiente, huele una rosa, escucha la música más bella". Y el otro ve, huele y escucha. Freud recorta este fenómeno bajo hipnosis. En este estado se consigue que el hipnotizado se vuelva obediente y crédulo. Y es esta situación la que acrecienta extraordinariamente el influjo de la vida anímica sobre lo corporal.
La palabra puede afectar el campo de las percepciones sensoriales. Para referirse a este fenómeno, Freud dice que el hipnotizado "presta" credulidad al hipnotizador, es decir, ubica la operación del lado del sujeto. Y agrega que sólo es comparable a la que el niño presta hacia sus padres. También compara esta actitud del hipnotizado con la del amante, en muchas "relaciones amorosas de entrega plena". Sabemos que "esta conjunción de estima exclusiva y obediencia crédula que pertenece a los rasgos característicos del amor" será retomada para su estudio en "Psicología de las masas y análisis del yo".
Freud considera que es la creencia en la palabra la que hace que el hipnotizado vea y oiga tal como se ve y se oye en el sueño. Y afirma que es tanta la credulidad hacia el hipnotizador que está convencido de que no puede menos que ver u oir. Esta convicción influye con tanta fuerza sobre lo corporal que realmente ve y oye. Este "inconmovible convencimiento" produce un particular tratamiento de la realidad.
Si bien, la situación de hipnosis presta al médico una "autoridad máxima poniendo en sus manos un gran poder para aumentar el imperio del alma sobre lo corporal", sin embargo, este poder del médico se encuentra con un freno que Freud denomina "la idiosincrasia del paciente". Sigue dependiendo más del enfermo que del médico el grado de obediencia que logre la sugestión. ¿De qué depende ese grado? Freud dirá que del albedrío del enfermo.
Aquí se agrega que el efecto de la palabra depende del grado de creencia que le preste a la palabra del médico. Hasta aquí, "Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)". Quedan recortadas dos preguntas abiertas que seguirán causando el trabajo y la producción teórica de Freud hasta el final de su obra: ¿Bajo qué condiciones la palabra afecta la pulsión? ¿Cuáles son los efectos que esta operación produce sobre el vínculo con la realidad?
Freud abordará esta misma preocupación en diversos textos. Solo se tomarán como mojones en su camino de reflexión, otros dos momentos, en los que ya cuenta con su última reformulación metapsicológica: "El porvenir de una ilusión" junto con "El Fetichismo" y luego el texto "La escisión del yo en el proceso defensivo".

II.
Según los comentarios de James Strachey, Freud comienza a escribir "El porvenir de una ilusión" en la primavera europea y lo termina en setiembre de 1927. A su vez, "El Fetichismo" queda concluido la primera semana de agosto de ese mismo año. Es decir, los escribe en paralelo y esto es razonable ya que el primer texto conduce al segundo. "El Fetichismo" responde al título sobre el porvenir de la ilusión.
Freud en "El Porvenir..." mantiene la existencia de una `realidad´ que califica de efectiva respecto de las representaciones religiosas.
Ya conocemos la tesis clásica freudiana sobre las religiones, basada en la añoranza de un padre. Se creará un tesoro de representaciones engendrado por la necesidad de volver soportable el desvalimiento humano. Define las representaciones religiosas como "enseñanzas, enunciados sobre hechos y constelaciones de la realidad exterior (o interior) que comunican algo que uno mismo no ha descubierto y demandan creencia" (op. cit. cap. V. p. 25). Se accede a un sentido, es decir, la creencia en las representaciones religiosas abre un campo del sentido para el ser humano que pacifica y vuelve el desamparo soportable. El precio a pagar será la desmentida de la realidad efectiva. Freud dice de la religión que "contiene un sistema de ilusiones de deseo con desmentida de la realidad efectiva" (op.cit. p. 43)
Respecto al fenómeno de la creencia, a las condiciones para creer, Freud deja planteadas ciertas preguntas: "¿Cuál es el significado psicológico de las representaciones religiosas?, ¿Por qué se necesita creer?"
Dirá que "las representaciones religiosas provienen de la misma necesidad que todos los otros logros de la cultura: la de preservarse frente al poder hipertrófico de la naturaleza" (op.cit.). Desde el reordenamiento doctrinal de 1920 en adelante sabemos que se está refiriendo al poder hipertrófico de la pulsión.
Freud se pregunta si el creyente puede ser convertido en un incrédulo, para contestar que "para aquellos hombres que cuentan con recursos defensivos diversos asociados al fortalecimiento del espíritu científico en los estratos superiores de la sociedad, se hace posible volverse menos crédulos frente a las representaciones religiosas." (op.cit.).
A la vez que Freud está planteando la credulidad como una defensa -defensa frente a magnitudes hipertróficas de la pulsión- también plantea en el texto su inquietud porque el saber científico mismo pueda constituirse en un modo de credulidad: la credulidad en la ciencia otra. La noción de progreso implica el abandono de ese "sistema de ilusiones de deseo con desmentida de la realidad efectiva" que es la religión para acceder a modos de conocimiento de la "realidad efectiva" que no "demanden creencia" acorde a los criterios de la ciencia moderna. La confianza de Freud respecto a la evolución que conduciría a los hombres a abandonar las representaciones religiosas para acceder al pensamiento científico no será sin dudas o reparos.
Llega al texto sobre el fetichismo preocupado por entender ese proceso que lleva a la resignación de una ilusión que funciona como defensa. El fetiche viene al lugar de una creencia a la que no se está dispuesto a renunciar. El niño rehúsa darse por enterado de un hecho de su percepción. Presenta la desmentida para dar cuenta del destino de la representación, de un fragmento de la realidad. Frente a la observación, la creencia se salva pero no queda incólume: la conserva y la resigna. Se presenta un conflicto y llega a una solución de compromiso. El precio a pagar será la desmentida de la realidad efectiva.
Žižek atribuye como el legado del Iluminismo "la creencia en la eficacia social de la argumentación racional" (2003, p. 28) Es porque Freud se adscribe y se reconoce como iluminista que le queda la religión de la vereda de enfrente al psicoanálisis. Sin embargo, en ese mismo movimiento en que escribe "El porvenir de una ilusión" a favor del Iluminismo se encuentra con la necesidad de escribir "El Fetichismo" como su síntoma.

III.
Vayamos al texto que Freud nos dejó inconcluso sobre el tema.
Freud se pregunta por las condiciones para que se le atribuya creencia a la palabra (del Padre) ya que ésta es la condición para que quede afectada la pulsionalidad. Frente al conflicto que conlleva la exigencia de renuncia pulsional, el yo del niño (que se encuentra frente a una poderosa exigencia pulsional) debe decidirse entre: "dar creencia al peligro real e inclinarse ante él y renunciar a la satisfacción de la pulsión o instilarse la creencia de que no hay razón alguna para tener miedo a fin de perseverar así en la satisfacción" (op.cit.).
Se decide al modo de una solución de compromiso: solución muy hábil que le permite quedarse con las dos, sólo que no será gratis, nos aclara Freud, el resultado nunca es perfecto o sin residuo. El costo será una escisión del yo que nunca se reparará y tendrá como consecuencia un tratamiento "mañoso" de la realidad.
Si seguimos el texto, Freud va describiendo cómo un niño de entre tres y cuatro años se las arregla para evitar tener que renunciar a la satisfacción de la pulsión: en un primer momento rehúsa creencia a la amenaza de castración adjudicada al padre, ya había antes encontrado un subterfugio para no dar crédito a lo "ya visto" (ese subterfugio también es una creencia: "lo que ahí falta ha de venir luego, eso -el miembro- ya le crecerá más tarde").
Podemos extraer del artículo el mecanismo por el cual el niño finalmente entra al conflicto y le presta creencia a la palabra del padre. Es necesario que se enlace a la percepción (imaginario) una palabra a la que se le atribuye creencia (simbólico). En el momento en que se suma para el niño la palabra del padre a la percepción, aquella primera percepción se resignifica, el niño "cree comprender" y en lo sucesivo no podrá menos que creer en la realidad objetiva del peligro de castración.
Sin embargo, es esta operación misma la que constituye a la castración como un peligro al que se le atribuye realidad objetiva. Este muchachito evita tener que obedecer a la amenaza de manera total, renunciando en todo a la satisfacción de la pulsión, transfiriendo o desplazando un significado. Este tratamiento decide sobre el comportamiento práctico del varoncito. Le ofrenda al padre un síntoma como prueba que ha reconocido el valor de su palabra, de su creencia en el padre.
Se transcriben las conclusiones alcanzadas en un trabajo anterior "La realidad objetiva del peligro de castración por parte del padre" es una creencia que le aporta al niño un subterfugio para callar la castración. Desde esta perspectiva, el reconocimiento de la realidad objetiva, tal como queda aquí planteada, como reconocimiento del padre como agente de la amenaza de castración es una ilusión y un engaño al servicio de evitar la percepción del peligro, como modo de defensa" (Kiel, 2008).
Ese inconmovible convencimiento (al que hacía referencia Freud en sus inicios) que genera la palabra del Otro (bajo ciertas condiciones) deviene en una relación mañosa con la realidad.
Freud está dando cuenta de ese complejo mecanismo por el cual la palabra del Otro afecta la dimensión de la pulsión a costa de un extrañamiento de la realidad que deja como saldo la alteración del yo.

Si de realidad se trata...
En 1911 Freud plantea que se impone investigar "la relación del neurótico, y en general, del hombre, con la realidad, y de tal modo incorporar el significado psicológico del mundo exterior real-objetivo a la ensambladura de nuestras doctrinas" ("Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico"; p. 223). El mundo exterior real-objetivo solo se incorpora si adquiere significado psicológico; y este significado psicológico se supedita a las exigencias de satisfacción de la dimensión pulsional.
Freud resulta taxativo: "La sustitución del principio de placer por el principio de realidad no implica el destronamiento del primero sino su aseguramiento" (op.cit., p. 228). Y esta sustitución jamás resulta acabada, o sea, sin desfiguraciones. El vínculo que el hombre tiene con la realidad está mediatizado por la búsqueda de satisfacción. "Sólo la ausencia de satisfacción esperada, el desengaño trajo por consecuencia que se abandonase el intento de satisfacción por vía alucinatoria". (op.cit. p. 224).
Este aseguramiento del placer lleva al aparato a vincularse con el mundo exterior y a procurar su alteración real; estableciéndose así el principio de realidad; nunca de manera acabada, ya que no hay realidad objetiva. Esta operación no será sin consecuencias: la escisión de una actividad del pensar que quedará apartada del examen de realidad y sometida únicamente al principio de placer; el fantasear. Cuando Freud afirma que "Siempre es difícil para el hombre la renuncia al placer, no la lleva a cabo sin algún tipo de resarcimiento y que se ha reservado una forma de existencia de satisfacción emancipada del requisito de realidad y de lo que llamamos `examen de realidad´", sabemos que se está refiriendo a la fantasía. ("Conferencia 23", 1917, p.339). En la fantasía, la ganancia de placer se hace independiente de la aprobación de la realidad. Aquí, queda equiparado para el analista fantasía y realidad (de las vivencias infantiles) en términos de realidad psíquica por oposición a una realidad material.
A su vez, tenemos que el neurótico realiza la desmentida de una parcela de la realidad exterior en beneficio de aferrarse a fuentes de placer de que dispone con la consiguiente alteración del yo.
Y por último, queda un reservorio libidinal no entregado al imperio de principio de realidad; la sexualidad al comportarse en forma autoerótica encontrando satisfacción en propio cuerpo no se ve obligada a instituir el principio de realidad" (1911, p.227).
Entonces, tenemos la fantasía, la desmentida y el reservorio libidinal haciendo imposible la consumación del principio de realidad.
Efectuamos un salto en la obra freudiana y vamos a un texto posterior a su último ordenamiento doctrinal; y ya desde la consideración estructural del aparato psíquico, Freud vuelve a preguntarse por el vínculo del neurótico con la realidad. Presenta la neurosis de transferencia como el resultado de un conflicto entre el yo y el ello priorizando la perspectiva económica. "El desenlace del conflicto dependerá de constelaciones económicas, de las magnitudes relativas de las aspiraciones en lucha recíproca...Tanto neurosis como psicosis expresan la incapacidad del ello para adaptarse al apremio de la realidad" ("Neurosis y Psicosis", 1924[1923], p.158).
Cada neurosis perturba de algún modo el nexo del enfermo con la realidad. Freud plantea el siguiente recorrido: el yo sofoca un fragmento de vida pulsional en vasallaje a la realidad. La neurosis consiste en esos procesos que aportan un resarcimiento a los sectores perjudicados por el ello. Estos modos de satisfacción alcanzados por compromiso se acompañan de un aflojamiento del nexo con la realidad y en este sentido, la neurosis perturba también, de algún modo, el nexo del enfermo con la realidad. La sustitución de la realidad indeseada por otra más acorde al deseo se alcanza gracias a la existencia de un mundo de la fantasía.
"El mundo de la fantasía gusta de apuntalarse en un fragmento de realidad, le presta un significado particular y un sentido secreto". ("La pérdida de realidad en neurosis y psicosis", 1924, p. 197). La realidad se constituye como tal cuando queda revestida de significado particular y sentido secreto.
Para Freud el principio de realidad se instaura como condición para alcanzar la satisfacción de la pulsión, ya que será la frustración la que obligue a dirigirse hacia el exterior de manera activa instituyendo el examen de realidad y será la pérdida de objetos que antaño procuraron una satisfacción objetiva {real} la que lleve a reencontrarlo. El examen de realidad tiene que controlar entonces el alcance de tales desfiguraciones. ("La negación", p. 255-6.) Siempre se tratará de una realidad con desfiguraciones. En cada oportunidad que Freud se refiere a la realidad, lo hace para aclarar que la realidad objetiva es inalcanzable.
Previo al reordenamiento de 1920, Freud planteaba que el relevo del principio del placer por el principio de realidad se realizaba bajo el influjo de las pulsiones de autoconservación ("Más allá del principio del placer", p. 10) Sin embargo, a partir del último modelo pulsional, este relevo conlleva domeñamiento de la pulsión de muerte. Si recorremos la obra de Freud, encontramos referencias a la realidad -así a secas-, a la realidad exterior percibida (Realität), realidad exterior objetiva, realidad efectiva (Wirklichkeit), realidad material. Wirklichkeit (que proviene del verbo wirken: producir, operar o causar efecto) refiere a aquello que de la realidad percibida ha sido eficaz en la inscripción; ya que puede haber percepción sin convicción en lo percibido, sin creencia. La percepción de la realidad necesita de la creencia para inscribirse como realidad psíquica. El principio de realidad implica entonces una operación de creencia sobre la Realität que la inscribe como realidad psíquica. Así, una realidad percibida sin creencia no es eficaz para constituirse como Wirklichkeit.

Del impasse de la realidad a lo Real
En el Seminario "Los no incautos yerran" Lacan hace referencia a Freud, quien al final de La Interpretación de los Sueños, se plantea la cuestión de la realidad que califica de psíquica. Lacan hace una lectura del atolladero freudiano respecto de la realidad: "Freud ya no la llama con tanta certeza, vacila y retrocede para finalmente aferrarse a la realidad material. No queda saldado en la obra freudiana la relación de la realidad material con la realidad psíquica y qué tendrá que ver con lo Real", afirma Lacan (op.cit. clase del 6 de noviembre de 1973, p. 7).
Será Lacan, gracias a la construcción de su topología, quien permitirá abordar de otro modo la realidad psíquica freudiana. Al contar con los nudos Lacan puede interrogarse, ya no por la realidad sino por lo Real en Freud y constituir un aporte superador a los puntos de impasse freudianos. Debimos esperar las elaboraciones del último Lacan para distinguir una orientación por lo real en Freud que deja abierta la dimensión de la imposibilidad. Finalmente, desde la perspectiva de lectura freudiana, un vínculo que excluya toda ilusión y todo engaño queda como imposible. Si bien, Freud no realiza esta afirmación de manera explícita, la sostiene como posición clínica y epistémica.
Lacan dirá que se trata para el psicoanalista de ser incauto de ese saber de lo real, "que al fin de cuentas es nuestro único patrimonio de saber". Y entonces, afirma que Freud era incauto (dupe) de lo Real. "Era incauto de lo Real aunque no creyera en ello. Y de esto se trata.". (Sem XXI, p.44)

Referencias bibliográficas

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Fecha de recepción: 30 de marzo de 2010
Fecha de aceptación: 30 de septiembre de 2010