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Anuario de investigaciones

On-line version ISSN 1851-1686

Anu. investig. vol.17  Ciudad Autónoma de Buenos Aires Jan./Dec. 2010

 

PSICOANÁLISIS

Dos fases en el uso del nudo borromeo en el último período de la obra de Jacques Lacan

Two phases in the use of the borromean know in the last period of the work of Jacques Lacan

Schejtman, Fabián1; Godoy, Claudio2

1Licenciado en Psicología. Profesor Titular Regular de la Cátedra II de Psicopatología, Facultad de Psicología, UBA. Director de la Investigación UBACyT PO22 (2008-2010): "El sinthome en las neurosis: abordajes de las neurosis en el último período de la obra de Jacques Lacan (1974-1981)". E-mail: fschejtman@psi.uba.ar
2Licenciado en Psicología. Profesor Adjunto Regular de la Cátedra II de Psicopatología, Facultad de Psicología, UBA. Codirector de la Investigación UBACyT PO22. E-mail: claudiog@arnet.com.ar

Resumen
En el presente trabajo, resultado de una de las líneas de investigación exploradas en el Proyecto UBACyT P022 (2008-2010), aislamos dos fases en el uso que Jacques Lacan hace del nudo borromeo en el último período de su obra y exploramos algunas de las consecuencias clínicas de dicho distingo.

Palabras clave: Lacan; Nudo borromeo; Neurosis; Psicosis; Registros

Abstract
In this paper, the result of one of the lines of research explored in the project UBACyT P022 (2008-2010), we isolated two phases in Jacques Lacan's use of the borromean knot in the last period of his work, and explore some of the clinical consequences of that distinction.

Key words: Lacan; Borromean knot; Neurosis; Psychosis; Records

I.
El presente trabajo es resultado de una de las líneas de investigación exploradas en el Proyecto UBACyT P022 (2008-2010)1 que, partiendo del examen de la noción de sinthome -introducida por Jacques Lacan en 1975- apunta básicamente a establecer las escrituras de los encadenamientos neuróticos: histérico, obsesivo y fóbico. Como resultado de investigaciones anteriores2, hemos arribado a plantear tales cadenas como borromeas, en oposición a las psicóticas -no borromeas-, específicamente como encadenamientos de cuatros eslabones en que los tres registros Lacanianos -simbólico, imaginario y real- se dejan anudar de modo borromeo por el agregado de un cuarto anillo, el nombre del padre. En ese entonces ya destacamos que tal planteo no se establece de inmediato en la última enseñanza de Lacan sino que, por el contrario, alcanzar el mismo le lleva tiempo y no lo hace sin marchas y contra marchas. Aquí avanzamos en la elucidación de tales zigzagueos, deteniéndonos especialmente en el aislamiento de dos fases en el particular uso que Lacan le da a al cadena borromea en este último período de su obra.

II.
Jacques Lacan introduce en su enseñanza los anillos borromeos -es decir, la cadena en la cual los eslabones se enlazan sin interpenetrarse, sin utilizar sus agujeros para el engarce- durante el dictado de su décimo noveno seminario -"...o peor"- en la clase del 9 de febrero de 1972, y si le vienen, en efecto, "como anillo al dedo" -como lo señala en esa oportunidad (cf. Lacan 1971-72a, 9-2-72)- se verifica que ya no se quitará esta sortija: porta el borromeo hasta el término de su obra, lo retoma en cada uno de sus seminarios hasta 1981.
Ahora bien, un anillo puede utilizarse en distintos dedos de la mano... no se lleva ni queda del mismo modo en todos ellos y, probablemente, no tiene en cada caso la misma utilidad. Se puede corroborar, en este sentido, que si Lacan no se desprende del borromeo a partir de que lo encuentra, no lo usa siempre de la misma manera y ello tiene importantes consecuencias.
Comencemos indicando que es muy sorprendente que la entrada de la cadena borromea a su seminario no lo haya conducido de inmediato a la que sería su propuesta más estable y duradera en relación con ella: el encadenamiento borromeo de sus tres registros -lo simbólico, lo imaginario y lo real-. Sin duda es lo que se hubiera esperado dada la importancia capital de los registros en la enseñanza de Lacan: es el trípode en el que la apoya desde su inicio mismo (cf. Godoy, Mazzuca, Schejtman, Zlotnik 2002, 185-245), y los anillos borromeos parecen hechos para abordar sus relaciones.
Sin embargo luego del encuentro de aquel febrero de 1972 hay que aguardar cerca de dos años para eso: recién sobre finales de 1973, en su vigésimo primer seminario -"Los no incautos yerran"3-, Lacan propone explícitamente la relación borromea entre los registros. Y tarda aún más en extraer las consecuencias plenas de ello: se las encuentra sólo a partir de los seminarios subsiguientes.
Especialmente, se comprueba que la posible consideración del encadenamiento borromeo neurótico a partir de la base "3 registros + nombre del padre" es algo que demora en llegar: no sólo aguarda a que se formule la relación borromea entre lo simbólico, lo imaginario y lo real -lo que, como se señaló, ocurre en el Seminario 21-, sino que espera también al paso de la cadena de tres eslabones a la de cuatro -lo que se produce en el despliegue del Seminario 22 y se consolida arribando al 23. Se verá que a ello se sumarán modificaciones decisivas en las concepciones de los estatutos del nudo y del desencadenamiento. Señalémoslo ya aquí, aunque lo reencontraremos más adelante. Si inicialmente Lacan propone al nudo como un modelo o una metáfora de la estructura, luego insiste exactamente en lo contrario llegando a formular que el nudo "es de lo real". En cuanto al desencadenamiento, si lo entiende en un principio a partir del corte o ruptura de un eslabón, luego -lo que es muy distinto- lo aborda a partir de lo que denomina "lapsus del nudo". Entretanto, como se verá, el borromeo es adjudicado a la psicosis, en función de su aplicación a la cadena significante.

III.
En efecto, debe destacarse que antes de acercarlo definitivamente a sus tres registros, Lacan se sirve del borromeo precisamente aplicándolo a la cadena significante como tal. Ni bien es introducida en aquella clase del 9 de febrero de 1972 de "...o peor"- utiliza la cadena borromea en el tratamiento de su aforismo "te pido que rechaces lo que te ofrezco, porque no es eso" (cf. Lacan 1971-72, 9-2-72), señalando que en esa frase los verbos -"pedir", "rechazar" y "ofrecer"- están anudados de modo borromeo, esto es, que toman su sentido del hecho de sostenerse de a tres, y que si se quita cualquiera de ellos se sueltan los otros dos y el sentido se disipa. Por lo demás, en ese "pero no es eso" la diferencia entre lo hallado y lo esperado le permite situar lo que llamó objeto a. Y concluye: "... es necesario recordar que cuando hablé de cadena significante estaba siempre implicada esta concatenación" (Lacan 1971-72, 9-2-72).
Así, a partir del análisis de aquel aforismo y luego ya en general, es a los significantes mismos, o más precisa
mente, a la relación que se establece entre ellos, a lo que Lacan aplica de inicio la propiedad borromea: son los significantes los que se encadenan de manera borromea. En el seminario siguiente -Seminario 20, "Aun"-, luego de evocar su abordaje borromeo del "te pido que rechaces lo que te ofrezco, porque no es eso" del año anterior, reafirma el empleo del nudo borromeo en relación con la cadena significante:
"¿Les aclara esto el interés que hay en partir del redondel de cuerda? dicho redondel es ciertamente la representación más eminente del uno, en cuanto no encierra más que un agujero [...] pero ¿qué hacer aún con este nudo borromeo? Les contesto que puede representarnos la metáfora tan difundida para expresar lo que distingue el uso del lenguaje, la cadena, precisamente [...] Sin duda, no es un soporte simple, pues, para que pueda representar adecuadamente el uso del lenguaje, sería menester hacer en esta cadena eslabones que se fueran a trabar con otro eslabón un poco más allá, con dos o tres eslabones flotantes intermedios. También habría que comprender por qué una frase tiene una duración limitada. esto, no nos lo puede dar la metáfora" (Lacan 1972-73, 153-4).
Ya en esta cita vale la pena subrayar que el abordaje del Uno -del significante- a partir del eslabón y del encadenamiento significante como borromeo están planteados en términos de representación o de metáfora. Lo que también se señala así: "... el nudo borromeo es la mejor metáfora del que sólo procedamos del uno" (Lacan 1972-73, 154). Como acabamos de señalar, esta perspectiva se modificará drásticamente cuando el borromeo se restrinja a la relación de lo simbólico, lo imaginario y lo real: ya no será representación o metáfora de la estructura, sino la estructura como tal.
Pero por el momento sigamos a Lacan en la ya anunciada primera consecuencia clínica del tratamiento borromeo de la cadena significante: su aplicación a la psicosis. "¿Quieren un ejemplo que les muestre de qué puede servir esta hilera de nudos plegados que vuelven a ser independientes con sólo cortar uno? No es muy difícil encontrarlo, y no por nada, en la psicosis. Recuerden lo que puebla alucinatoriamente la soledad de Schreber: Nun will ich mich... ahora me voy a... O también, Sie sollen namlich... en cuanto a ustedes, deberían... Estas frases interrumpidas, que llamé mensajes de código, dejan en suspenso no sé qué sustancia. Se percibe ahí la exigencia de una frase, sea cual fuere, que sea tal que uno de sus eslabones, al faltar, libere a todos los demás, o sea, les retire el Uno" (Lacan 1972-73, 154).
Es de este modo que en el Seminario 20 se alcanza la "psicosis borromea" a partir de las frases interrumpidas del Presidente Schreber: el corte, la falta de un eslabón libera a todos los demás. El encadenamiento psicótico es planteado así, a esta altura de su enseñanza, como borromeo; y su desencadenamiento -y lo particular de algunos de los fenómenos que lo caracterizan- como la ruptura de esta cadena borromea de significantes por la liberación de Uno.

IV.
Correlativamente, en el Seminario 21, "Los no incautos yerran", -aún cuando comienza a despuntar la idea de que sus tres registros podrían anudarse de modo borromeo-, la neurosis es propuesta como encadenamiento no borromeo.
En primer lugar, retomando -casi treinta años después- su texto "Acerca de la causalidad psíquica" (cf. Lacan, J. 1946): donde ya acercaba libertad y locura, Lacan plantea a la locura como desencadenamiento del lazo borromeo, "liberación" de los eslabones:
"... si el caso es bueno, basta con [...] cortar uno cualquiera de esos redondeles de hilo para que los otros dos queden libres uno del otro. En otras palabras [...] si el caso es bueno, cuando a ustedes les falta uno de esos redondeles de hilo, ustedes deben volverse locos. Y es en esto, es en esto que el buen caso, el caso que he llamado "libertad", es en esto que el buen caso consiste en saber que si hay algo normal es que, cuando una de las dimensiones les revienta, por una razón cualquiera, ustedes deben volverse verdaderamente locos (Lacan 1973-74, 11-12-73).
La locura aquí se propone claramente como des-enlace del borromeo de tres eslabones: si se corta cualquiera de ellos se enloquece. Y en franca oposición a la locura como desencadenamiento del lazo borromeo, Lacan ubica -en principio4- a la neurosis como anudamiento... olímpico:
"Supongan el caso del otro nudo, que antes llamé olímpico; si uno de vuestros redondeles de hilo les... revienta, por así decir, debido a algo que no les concierne, ustedes no se volverán locos por ello. Y esto porque, lo sepan o no, los otros dos nudos se sostienen juntos, y eso quiere decir que ustedes están neuróticos" (Lacan 1973-74, 11-12-73).
Como se sabe, la cadena olímpica -el emblema de las olimpíadas- consta de 5 anillos que precisan de la interpenetración para sostenerse (en ello se distingue de los anillos borromeos). Pero es evidente que no es una interpenetración, digamos, generalizada. En el encadenamiento olímpico cada eslabón se enlaza solamente con el -o los- que tiene a su lado: cada uno pasa por el agujero de su compañero más próximo. Es decir es una cadena de cinco anillos en línea.
Ahora bien, reducida por Lacan esta cadena olímpica a una de tres eslabones -dado que ya indicamos que asoma en este seminario el lazo del borromeo con los tres registros-, debe entenderse entonces que el encadenamiento neurótico al que aquí se está refiriendo no podría ser, sin embargo un olímpico de tres eslabones en línea, dado que de este no puede afirmarse que cortando cual
quiera de esos eslabones los otros dos permanecen enlazados -y esto es precisamente lo que aquí se propone para la neurosis-. En el "olímpico de tres" eso sucede, en efecto, únicamente cuando se corta alguno de los dos eslabones de los extremos. Pero si se corta el del medio, es evidente que los tres se desenlazan.
Necesariamente, entonces, la cadena a la que Lacan se refiere -en la que efectivamente cortando cualquiera de los tres redondeles, los otros dos permanecen juntos- es otra: una en la que cada uno de los eslabones -todos ellos- pasan por el agujero de los otros dos. En ella la interpenetración sí es "generalizada" -cada uno de los eslabones se interpenetra con los otros- y sí se corrobora que, cortando cualquiera de ellos, los otros dos permanecen encadenados. Trátase de esos "anillos triples", de moda en cierta época, a los que se denominaba alianzas o anillos "de la amistad", que no deben confundirse, claro está, con los borromeos. Precisamente, en el caso de los anillos borromeos ningún eslabón pasa por el agujero del otro -se enlazan "de no enlazarse" para decirlo poéticamente como lo hacía Lacan en cierta oportunidad (cf. Lacan 1974-75, 13-5-75)-, mientras que en estos anillos "de la amistad" ninguno deja de pasar por el agujero de los otros dos -se enlazan por interpenetrarse, todos ellos-; "amigos de fierro", como se dice.
Y bien, en esta clase del Seminario 21 Lacan estaría proponiendo que la neurosis... ¡aguanta tanto como la amistad!... en fin, como algunas amistades:
"... siempre afirmé algo que no se conoce lo suficiente, que los neuróticos son irreventables. Las únicas personas a las que vi comportarse de manera admirable durante la última guerra -dios sabe que no me causa especial agrado evocarla- son mis neuróticos, aquellos a quienes aún no había curado. Eran absolutamente sublimes. Nada los afectaba. Así les faltara lo real, lo imaginario o lo simbólico, ellos aguantaban" (Lacan 1973-74, 11-12-73).
Neuróticos irreventables, olímpicamente irreventables. Importa menos, en verdad, terminar de decidir si a esta cadena que Lacan llama olímpica y propone aquí para la neurosis5 la seguiremos llamando así o no -puesto que hemos visto que no se condice estrictamente con la figura que sirve de emblema a las olimpíadas-, que distinguirla del encadenamiento borromeo que, como venimos sosteniendo, todavía Lacan plantea para la psicosis. Esto es lo esencial: introducido el borromeo en su enseñanza, y considerado como encadenamiento significante, se aplica inicialmente a la psicosis, "representa" la cadena psicótica; mientras que la neurosis se propone -en oposición- como encadenamiento "olímpico", no borromeo.
Dejemos apuntado por fin que a ello, en este período de entrada del borromeo en la enseñanza de Lacan, se suma el tratamiento del desencadenamiento en términos de "corte de un eslabón", o incluso como "reventón" de alguno de ellos -lo que se constata en los párrafos recién citados de los seminarios 20 y 21-. Se verá enseguida que esta posibilidad no es retomada de modo firme por el Lacan posterior que más bien, al invertir su abordaje y restringir el borromeo al campo de la neurosis, a la par de afianzar y desplegar las consecuencias del enlace borromeo de los registros -y ya no de los significantes-, se refiere cada vez menos a la posibilidad del desencadenamiento por "corte" o "reventón": en su lugar vendrá el "lapsus del nudo".

V.
La primera referencia que encontramos en el seminario de Lacan al lazo borromeo de lo simbólico, lo imaginario y lo real se encuentra en la primera clase del Seminario 21, "Los no incautos yerran", el 13 de noviembre de 1973. Como indicamos, para entonces ya habían transcurrido casi dos años desde su encuentro con los anillos borromeos -en febrero de 1972- y hasta allí la propiedad borromea se refería únicamente a la cadena significante. En las primeras clases del Seminario 21, entonces, el borromeo pasa a caracterizar la relación que se establece entre las "tres dimensiones6 del espacio habitado por el hablante" (cf. Lacan 1973-74, 13-11-73), el lazo de lo simbólico, lo imaginario y lo real.
Es coherente con el planteo que venimos sosteniendo que esta novedad, que desplaza el peso de la propiedad borromea de la cadena significante a los tres registros, se vea acompañada en ese momento por una autocrítica explícita de Lacan -ciertamente no es algo que uno encuentre frecuentemente en él- referida, en este caso, al modo en que había abordado la relación entre los significantes desde el inicio de su enseñanza:
"Si aceptan recordar algunas de las cosas que escribí en el pizarrón en la época en que tenía fuerzas para ello, el lenguaje es un efecto de lo siguiente: de que hay significante Uno. Pero el saber no es la misma cosa. El saber es la consecuencia de que hay otro. Con lo cual hacen dos, en apariencia. Porque este segundo obtiene su estatuto, justamente, del hecho de que no tiene ninguna relación con el primero, de que no forman cadena, aún cuando yo he dicho, en alguna parte, en mis plumiferajes, los primeros, Función y campo, eso no era tan boludo. Quizá en Función y campo dije que formaban cadena. Es un error, porque para descifrar, fue preciso que yo hiciese algunas tentativas, de allí esa boludez. Incluso es lo propio del descifrado. Cuando se descifra, se embrolla. E igualmente es así como llegué, después de todo, a saber lo que hacía. Descifrar. es decir, sustituir el otro Significante por... por el Significante Uno. Aquél no da dos sino porque ustedes le agregan el descifrado. Lo que enseguida permite contar tres. Esto no impide escribir -lo hice-: S, índice 2, porque es así como
debe leerse la fórmula del vínculo de S1 a S2. Es puro forzamiento, pero no forzamiento de una noción. Es lo que nos pone bajo el yugo del saber" (Lacan 1973-74, 11-12-73).
Es contundente: "Dije que formaban cadena y es un error... ¡esa boludez!". Lacan está subrayando aquí -es la tercera clase del Seminario 21-, a contramano de lo que hizo desde el comienzo mismo de su enseñanza -el texto al que se refiere es, precisamente, el que le da inicio, el "Discurso de Roma" (cf. Lacan 1953)-, la importancia del significante suelto, del S1 aislado, al tiempo que cuestiona la posibilidad misma del encadenamiento significante. En todo caso indica que la cadena no es más que un artificio, un forzamiento producto del descifrado. Hay Uno, eso puede afirmarse, pero el Dos -del saber- aparece después -cuando lo hace-, artificialmente y no sin forzamiento. Los significantes no forman cadena. La cadena no es más que apariencia.
Y bien, ¿cómo podría sostenerse aún el carácter borromeo de la cadena significante cuando se está poniendo en cuestión su posibilidad misma -al de la cadena como tal-? No puede dejar de destacarse, entonces, que el paso de la consideración borromea de la cadena significante a la relación borromea entre los tres registros es contemporáneo y solidario de este cuestionamiento de la posibilidad de la cadena significante.
El "no hay relación" Lacaniano alcanza de esta manera aquí el corazón mismo de lo simbólico: no hay relación entre el Uno y el Otro. Hay Uno, sí, pero el agujero de la no relación infecta a lo simbólico. Hay Uno, uno solo, y el Otro solamente deviene Dos por el forzamiento del descifrado. Pero eso no hace relación, ni siquiera borromea. Resta sin embargo la posibilidad de que sea lo simbólico como tal lo que se enlace ahora de modo borromeo... con los otros dos registros, lo imaginario y lo real. Así comienza a restringirse la propiedad borromea en el Seminario 21: al lazo de los tres registros.
Sin embargo, como se indicó, las consecuencias de ello en lo que se refiere al planteo de los anudamientos borromeos neuróticos tardarán en llegar7: hay que esperar a los seminarios 22 y 23. Aquí avanzaremos abordando solamente un fragmento del desarrollo del primero de esos seminarios.

VI.
El Seminario 22 -"R.S.I."- encuentra a Lacan armado ya con el lazo borromeo de lo simbólico, lo imaginario y lo real -encadenamiento que, como se indicó recién, le entregó la elaboración de su seminario anterior-. Si se leen algunos párrafos de estas clases se verá hasta qué punto el anudamiento no se aborda aquí ya en términos de metáfora, representación o modelo de esta relación entre los registros -como había sido propuesto en el tratamiento borromeo del encadenamiento significante-: Lacan lo plantea ahora decididamente como real:
"... ¿el nudo es un modelo? [...] Yo pretendo, para este nudo, repudiar la calificación de modelo, esto en nombre del hecho de que es necesario que supongamos al modelo. El modelo, como acabo de decirlo, y esto por el hecho de su escritura, se sitúa por lo imaginario. no hay imaginario que no suponga una sustancia. [...] Y es por eso que yo pretendo que este aparente modelo que consiste en este nudo, este nudo borromeo, constituye excepción, aunque situado él también en lo imaginario, constituye excepción a esta suposición, por esto de que lo que él propone es que los tres que están ahí funcionan como pura consistencia, a saber que no es sino por sostenerse entre ellos que consisten. Los tres se sostienen entre ellos realmente..." (Lacan 1974-75, 17-12-74).
O más avanzado el seminario: "... ya lo he dicho: el nudo no es un modelo. No solamente lo que hace nudo no es imaginario, no es una representación, sino que su característica es justamente esto -es en eso que esto escapa a una representación y que yo les aseguro que no es por hacer muecas que cada vez que represento uno hago un trazo de través, yo pienso que, como no me creo más o menos imaginativo que otro, (que) eso demuestra ya hasta qué punto el nudo nos repugna como modelo-: no hay afinidad del cuerpo con el nudo, incluso si, en el cuerpo, los agujeros, eso desempeña para los analistas una sagrada función -el nudo no es el modelo, es el soporte. No es la realidad, es lo real" (Lacan 1974-75, 15-4-75).
Ahora bien, el abordaje borromeo de la relación entre sus tres registros es acompañado en el comienzo del Seminario 22 por una posición muy crítica de Lacan respecto de Freud. Difícilmente se puede hallar en su enseñanza un cuestionamiento comparable.
En las primeras clases de "R.S.I." puede leerse, efectivamente, que reprueba el recurso freudiano a "la boludez religiosa" (cf. Lacan 1974-754, 17-12-74), indica que éste no cree en dios "porque opera en su línea" (cf. ibíd.) y termina ubicándolo lejos suyo al señalar que "contrariamente a un prodigioso número de personas, desde Platón hasta Tolstoi, ¡Freud no era Lacaniano!" (cf. Lacan 1974-754, 14-1-75).
Valdría la pena indicar por qué razón aquellos eran Lacanianos, pero en este momento nos importa más señalar por qué, según Lacan, Freud no lo habría sido. Y, claro está, no haberse cruzado con la enseñanza de Lacan no es respuesta suficiente: ¡obviamente Tolstoi y Platón tampoco la conocieron!
Freud no fue Lacaniano, según este Lacan del comienzo de "R.S.I.", porque no habría sido partidario de la cadena borromea mínima, del borromeo de tres anillos, del borromeo... de Lacan. Porque habría contado hasta cuatro -y no hasta tres como Lacan- o, lo que es igual, porque no habría prescindido del nombre del padre.
Veamos, mientras Lacan ha alcanzado ya en el Seminario 22 -como se ha insistido- el lazo borromeo de sus tres registros, afirma que a Freud, en cambio, lo simbólico, lo imaginario y lo real no le habrían bastado para alcanzar un anudamiento.
Y si Freud pudo tener, a pesar de todo, "una sospecha de lo simbólico, lo imaginario, y lo real" (cf. ibíd.) -ya que Lacan no deja de indicar que "extrajo" los registros de sus textos- en él esos tres no se habrían enlazado sin el auxilio de un cuarto elemento, suplementario, que en "R.S.I." Lacan designa primero (cf. ibíd.) como "realidad psíquica" o "complejo de Edipo" y luego (cf. Lacan 1974-754, 11-2-75) como "nombre del padre". Tales los nombres del cuarto eslabón que -según Lacan- Freud habría precisado para anudar lo simbólico, lo imaginario y lo real.
Pero es muy justamente por haber precisado de este cuarto anillo que Freud deviene, para Lacan, religioso: es que este cuarto eslabón freudiano, la realidad psíquica, queda especificada ella misma como "realidad religiosa" (cf. ibíd.). Los tres registros, independientes en el planteo de Freud, se ligarían -se "religarían"- por esta "función de sueño" (cf. ibíd.): la función religiosa del nombre del padre.
Y Lacan llega aun más lejos, no se detiene en la crítica a Freud: a partir de la presentación de esta cadena cuaternaria y freudiana plantea la orientación y operatoria de un psicoanálisis. En estos pasajes de "R.S.I." el prescindir de ese eslabón cuarto -realidad psíquica, complejo de Edipo o, en última instancia, nombre del padre- es apuntado como la meta del análisis. En efecto, al menos inicialmente (cf. Lacan 1974-754, 14-1-75), Lacan parece sugerir que un psicoanálisis tendría por fin la reducción del anudamiento de cuatro anillos al mínimo exigible en un borromeo: el de tres.
Pero nótese que si a ello apunta la cura psicoanalítica, ya que "anudarse de otro modo [...] es muy precisamente en eso que opera el análisis mismo" (ibíd.), puede aquí afirmarse que un psicoanálisis transformaría a un analizante freudiano, religioso, amarrado por el nombre del padre y cuaternario" en un... ¡analizado Lacaniano, que prescindiría del padre, y al que le bastaría el tres!
Ahora bien, independientemente de que esta sea una apreciación transitoria de Lacan sobre la dirección de la cura analítica, ya que el despliegue posterior del seminario no tarda en desautorizarla8, en función de la finalidad de este trabajo conviene dejar indicados, a partir de ella, al menos dos puntos relevantes.
El primero: que nada impide que se proponga a esa cadena borromea en la que lo simbólico, lo imaginario y lo real se dejan enlazar por un cuarto eslabón -que en este caso no es otro que el nombre del padre- como la primera formulación Lacaniana del encadenamiento neurótico. Ciertamente es difícil no suponer neurótico a este encadenamiento atribuido a Freud en estas clases de "R.S.I.". Es que, desde temprano en Lacan, aquel cuarto anillo freudiano, dormitivo y religioso -el nombre del padre- es la piedra angular de la neurosis (cf. por ej. Lacan 1955-56, 1956 y 1958). Por lo demás, desde aquí Lacan no volverá ya a plantear la posibilidad del "borromeo psicótico", y más bien sí habrá opción de encontrar en su enseñanza posterior indicios de más abordajes borromeos de las neurosis.
El segundo: que en la operación analítica referida, por la cual se pasaría de la cadena de cuatro a la de tres, prescindiendo del padre, Lacan ya no se sirve de la posibilidad del corte o ruptura de un eslabón (en este caso el cuarto paterno que se volvería superfluo), sino que introduce la posibilidad de una modificación en dos puntos de cruce en la cadena de cuatro eslabones (haciendo pasar en ellos la hebra que se encuentra por encima, por debajo, y viceversa), lo que constituye un notorio anticipo de la noción de "lapsus del nudo" que establecerá en el Seminario 23.

VII.
Para concluir resumimos nuestro recorrido. Hemos distinguido dos fases en el uso del nudo borromeo en el último período de la obra de Jacques Lacan. En la primera -entre comienzos de 1972 y fines de 1973) el nudo borromeo es aplicado al encadenamiento significante, utilizado para el abordaje de la psicosis, entendido como metáfora o representación de la estructura, en tanto que su desencadenamiento se explica por el corte o incluso el "reventón" de alguno de sus eslabones. En la segunda (desde fines de 1973, pero más decididamente desde 1974-75), el borromeo se aplica al lazo entre los registros Lacanianos, se utiliza para el abordaje de la neurosis, se concibe como real y no como modelo de la estructura, y el desencadenamiento tiende a pensarse como lapsus o error del anudamiento. Ello alcanzará su desarrollo pleno, en el Seminario 23 de Lacan (cf. Lacan 1975-76), el que enfocaremos en trabajos posteriores.

Notas

1"El sinthome en las neurosis: abordajes de las neurosis en el último período de la obra de Jacques Lacan (1974-1981)" Director: Fabián Schejtman; codirector: Claudio Godoy.

2Proyectos UBACyT TP34 (1998-2000), P034 (2001-2003) y P091 (2004-2007).

3Título que en francés (Les non dupes errent) suena muy parecido a "Los nombres del padre" (Les noms du père) (cf. Lacan, J. 1973-74).

4En principio, dado que nada impide concebir enloquecimientos neuróticos, aunque de acuerdo a lo planteado en esta oportunidad por Lacan hasta aquí, se concebirían de todos modos como desencadenamientos de cadenas olímpicas.

5En esta clase del Seminario 21 Lacan llega incluso a proponer explícitamente el anudamiento olímpico de Juanito (cf. Lacan 1973-74,11-12-73).

6Lacan hace de la dimension, dit-mension (que incluye el dicho, hasta dicho-mención) y, también, dit-mansion (dicho-mansión).

7Recuérdese que es en esta misma tercera clase del Seminario 21 que Lacan opone la locura -que emerge a partir del borromeo desencadenado- a la neurosis irreventable -olímpica, no borromea-. Conviven aquí, como se ve, las derivaciones clínicas del primer abordaje borromeo de Lacan -aplicado a la psicosis; o correlativamente, a la neurosis como anudamiento olímpico- con los primeros esbozos de la idea de que no son sino los tres registros los que se encadenan de modo borromeo.

8No nos interesa aquí desplegar el modo y las razones por las cuales Lacan va alejándose, ya en "R.S.I.", de la dirección que propone en este momento para el análisis, tanto como de la posición crítica respecto de Freud, de la desvalorización del cuarto término paterno y de su aprecio por la cadena triádica: lo hemos hecho en otros lugares: cf. p. ej., Schejtman 2004 y 2007; Godoy, Schejtman 2009.

Referencias bibliográficas

1- Godoy, C.; Mazzuca, R.; Schejtman, F. y Zlotnik, M. (2002), Psicoanálisis y psiquiatría: encuentros y desencuentros. Temas introductorios a la psicopatología, 1ª edic. Eudeba, Buenos Aires, 2002; 2ª edic., corregida y aumentada, Berggasse 19, Buenos Aires, 2003; 3ª edic. Bergasse 19, Buenos Aires, 2004.         [ Links ]

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Fecha de recepción: 30 de marzo de 2010
Fecha de aceptación: 30 de julio de 2010