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Anuario de investigaciones

versión On-line ISSN 1851-1686

Anu. investig. vol.19 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jun. 2012

 

PSICOLOGÍA CLÍNICA Y PSICOPATOLOGÍA

Regulación emocional en pacientes con trastornos de ansiedad: un estudio comparativo con una muestra comunitaria

Emotion regulation in patients with anxiety disorders: a comparative study with a community sample

 

Rodríguez Biglieri, Ricardo1 ; Auné, Sofía2 ; Vetere,Giselle3

1Magister en Trastornos de la Personalidad, Universidad de Valencia, España. Especialista en Psicología Clínica de Adultos. Profesor Adjunto Regular, Facultad de Psicología, UBA. Director del proyecto "Estrategias de afrontamiento en pacientes con trastornos de ansiedad", programación UBACyT 2010-2012. E-mail: rodriguezbiglieri@psi.uba.ar

2 Licenciada y Profesora en Psicología. Docente en Estadística y Psicología Educacional, Facultad de Psicología, UBA. E-mail: sofiaaune177@hotmail.com

3 Profesora de Psicología, UBA. Especialista en Psicología Clínica. E-mail: gisellevetere@hotmail.com

 


Resumen
Según modelos psicopatológicos recientes el desarrollo y mantenimiento de los trastornos de ansiedad (TA) se relacionaría con el uso de estrategias de regulación emocional desadaptativas. El estudio comparó el uso de estrategias de regulación emocional para afrontar emociones displacenteras en un grupo de 62 pacientes con TA y uno integrado por 61 controles (GC). No se hallaron diferencias en el uso de las estrategias de aproximación cognitiva. Comparados con el GC, los pacientes con TA utilizaron en mayor medida estrategias de Evitación Cognitiva, Resignación-Aceptación, Descarga Emocional y Búsqueda de apoyo; a la vez que emplearon en menor medida estrategias de Resolución de Problemas. Para el grupo ansioso, las estrategias de Resignación-Aceptación, Descarga Emocional y Análisis Lógico correlacionaron positivamente con todas las medidas de severidad sintomatológica, mientras que la Revaloración positiva lo hizo negativamente. En vista de los resultados, se discuten sus implicaciones para el desarrollo de nuevos protocolos de tratamiento.

Palabras clave:
Regulación emocional; Trastornos de Ansiedad; Resignación; Evitación Cognitiva

Abstract
According to current psychopathological models development and maintenance of anxiety disorders (AD) would be related to the use of maladaptive emotion regulation strategies. The study compared the use of emotional regulation strategies to cope with unpleasant emotions in a group of 62 patients with AD and one composed by 61 controls (CG). No di f ferences were found between groups regarding use of cognitive approximation strategies. Compared with control group patients with AD reported a greater tendency to engage in Cognitive Avoidance, Resignation-Acceptance, Emotional discharge and Support Seeking strategies. In turn, AD patients were less prone to use Problem Solving strategies. For AD group Resignation-Acceptance, Emotional discharge and Logical Analysis strategies were positively correlated to all symptomatology measures while Positive Revaluation strategy did negatively. In view of the results their implications for the development of new treatment protocols are discussed.

Key words:
Emotion regulation; Anxiety disorders; Resignation; Cognitive avoidance


 

INTRODUCCIÓN
La regulación emocional se conceptualiza como un proceso por medio del cual los sujetos modulan sus respuestas emocionales empleando estrategias que modifican la magnitud o tipo de las mismas; o bien cambian los forma en que el individuo se vincula con ellas (Bargh & Williams, 2007; Rodríguez Biglieri, Colombo, Rinaldi & Vetere, 2011). La inalidad del proceso es la de responder apropiadamente a las demandas ambientales y necesidades personales (Campbell-Sills & Barlow, 2007; Cole, Martin & Dennis, 2004; Gratz & Roemer, 2004; Gross, 1998; Thompson, 1994; Rottenberg & Gross, 2003).
Distintos modelos teóricos postulan que una adecuada regulación emocional se asociaría con una mayor calidad de vida y buen desempeño social, académico y laboral; mientras que un déicit en dicho proceso se relacionaría con un aumento en la probabilidad de desarrollar cuadros psicopatológicos (Brackett & Salovey, 2004; Berenbaum et al., 2003; Greenberg, 2002; John & Gross, 2004; Kring & Bachorowski, 1999; Mennin & Farach, 2007).
Diversos autores han clasificado las estrategias de regulación emocional en adaptativas y desadaptativas, dependiendo del grado en que faciliten u obstaculicen el acceso a los objetivos vitales de cada sujeto. Dentro de las primeras se ubicarían estrategias tales como la reevaluación cognitiva, la aceptación y la resolución de problemas, las cuales generalmente han sido asociadas con resultados positivos, incluyendo reducción en la experiencia de emociones negativas (e.g., Goldin, McRae, Ramel, & Gross, 2007), incremento de la tolerancia al dolor (e.g., Richards & Gross, 2000) y disminución de la reactividad cardíaca (e.g., Campbell -Sills et al., 2006). Otros investigadores han diferenciado las estrategias en relación a su orientación hacia el problema (aproximación vs. evitación) y también en relación al mecanismo empleado (cognitivo vs. conductual).
Los primeros enfoques cognitivo conductuales sugirieron que la reevaluación y la resolución de problemas deberían ser estrategias adaptativas en una variedad de contextos. La reevaluación implica generar diferentes interpretaciones de una situación estresante (Gross, 1998), de este modo, una circunstancia que se evaluó como amenazante podría ser considerada como un desafío desde otra perspectiva.
La resolución de problemas, por su parte, es un intento consciente de cambiar una situación estresante o reducir sus consecuencias. Aunque no involucra directamente la regulación emocional, puede tener efectos benéficos a partir de la modificación o eliminación de estresores. La baja orientación al problema o las habilidades deficientes en su resolución ha sido conceptualizada como un factor interviniente en la depresión (Billings & Moos, 1981; D'Zurilla, Chang, Nottingham, & Faccinni, 1998), ansiedad (Chang, Downey, & Salata, 2004; Kant, D'Zurilla & Maydeu-Olivares, 1997), abuso de sustancias (Cooper et al., 1992) y trastornos alimentarios (Van Boven & Espelage, 2006). La resolución de problemas podría ser fundamentalmente diferente de otras estrategias de regulación emocional en tanto no está orientada a cambiar la emoción sino la situación.
Otra estrategia conceptualizada como adaptativa es la aceptación. Diversas investigaciones han sugerido que esta estrategia promueve resultados positivos (Hayes et al., 1999; Heffner, Eifert, Parker, Hernandez, & Sperry, 2003); registrándose bajos niveles de aceptación en muchos trastornos mentales, incluyendo el trastorno de ansiedad generalizada, (McLaughlin, Mennin, & Farach, 2007; Roemer et al., 2008), trastorno de pánico (Tull & Roemer, 2007), abuso de sustancias (Tull, Schulzinger, Schmidt, Zvolensky, & Lejeuz, 2007), y trastorno límite de la personalidad (Gratz, Rosenthal, Tull, & Lejuez, 2006). En cuanto a las estrategias desadaptativas, la supresión de pensamiento, la rumiación y la evitación han sido conceptualizadas como respuestas desadaptativas ante una variedad de estresores y como factores de riesgo tanto para la ansiedad como para la depresión.
Es importante destacar que las relaciones entre las estrategias de regulación emocional y psicopatología fueron más fuertes para la depresión y la ansiedad que para los trastornos alimentarios y de abuso de sustancias. Estos patrones sugieren que la depresión y la ansiedad estarían más relacionadas con problemas de regulación emocional que los trastornos de externalización (Aldao et al., 2010).
Se considera que los individuos que no pueden manejar efectivamente sus respuestas emocionales frente a los sucesos de la vida diaria experimentan períodos de distres más largos y más severos, los cuales pueden evolucionar hacia depresión o ansiedad (e.g., Mennin et al., 2007; Nolen-Hoeksema, Wisco, & Lyubormisky, 2008).
A partir de estas conceptualizaciones muchos enfoques terapéuticos recientes han elaborado modelos de tratamiento transdiagnósticos para los trastornos de ansiedad, incorporando en sus protocolos alguna forma de entrenamiento en regulación emocional (Hayes, Strosahl & Wilson, 1999; Linehan et al., 2002; Roemer, Orsillo & Salters- Pedneault, 2008). Algunos modelos sostienen que estrategias como la evitación cognitiva serían responsables del mantenimiento de los cuadros. En contraparte, las estrategias destinadas a la aceptación de la experiencia emocional son vistas como beneficiosas para la elaboración emocional (Hayes & Spencer, 2005).
No obstante, aún no existe un cuerpo sistemático de investigaciones sobre el tipo de estrategias de regulación emocional empleadas por pacientes con trastornos de ansiedad (TA). Asimismo, también se desconoce si existen diferencias significativas respecto del uso de este tipo de estrategias entre la población antes mencionada y sujetos sin TA. Finalmente, si bien se postula que las estrategias de regulación emocional de tipo evitativo aumentarían la severidad de síntomas depresivos y ansiosos, los resultados al respecto han sido contradictorios y, en su mayor ía, se basan en estudios con muest ras de análogos. El siguiente artículo reporta los resultados de una investigación conducida en el marco de un proyecto UBACyT que toma como punto de partida los interrogantes planteados anteriormente con la inalidad de obtener datos que puedan redundar en una optimización de los tratamientos disponibles para los TA.

MÉTODO
Muestra
La muestra estuvo conformada por dos grupos independientes, seleccionados intencionalmente. El primero de ellos, denominado grupo ansioso (GA), fue integrado por 62 pacientes que cumplían con criterios diagnósticos para algún Trastorno de Ansiedad (TA) según criterios DSM IV-TR (APA, 2002). Fueron excluidos del grupo pacientes que presentaban TA debido a enfermedad médica o consumo de sustancia, esquizofrenia u otros trastornos psicóticos, bipolaridad o retraso mental. Del total del GA, 16 pacientes cumplían criterios para Trastorno de Ansiedad Generalizada; 15 para Trastorno de Angustia sin agorafobia; 13 pacientes presentaban Trastorno Obsesivo Compulsivo; 10 Fobia Social; 6 Trastorno de Angustia con agorafobia y 2 con Trastorno de Ansiedad no especificado. La edad media de este grupo fue de 32,5 años (DT= 9,1) y lo integraban 30 hombres y 32 mujeres. La mayoría (60%) eran solteros y habían alcanzado niveles de estudio de tipo terciario y/o universitario incompleto.
El grupo restante conformó la condición de grupo control (GC) y estuvo compuesto por un grupo comunitario de 61 sujetos sin TA, esquizofrenia u otros trastornos psicóticos, bipolaridad o retraso mental. De ellos 28 eran hombres y 33 mujeres, la edad media del grupo fue de 33,1 años (DT = 9,12). No se registraron diferencias significativas respecto de las variables sociodemográficas entre ambos grupos. La muestra clínica se obtuvo de los servicios de Psicopatología y Salud mental de los Hospitales I. Pirovano y Dr. Cosme Argerich, y consultantes de distintas instituciones privadas dedicadas a la atención en salud mental.

Materiales
1. Cuestionario Sociodemográfico (CSD). Instrumento para caracterizar las muestras en función de aspectos sociodemográficos básicos tales como edad, género, estado civil, nivel de instrucción y ocupación.
2. Mini Entrevista Neuropsiquiátrica Internacional (MINI; Bobes García, Portilla, Bascarán Fernandez, Sáiz Martínez & Bousoño García, 2004). Entrevista diagnóstica estructurada que explora de manera estandarizada cada uno de los criterios necesarios para el establecimiento de los diagnósticos principales contemplados en el DSM IV. Incluye módulos de evaluación de trastornos del estado del ánimo, ansiedad, abuso de sustancias y sintomatología psicótica.
3. Inventario de Depresión de Beck, versión II (BDI - I I ; Beck, Steer, & Brown, 2006). Escala de 21 ítems que evalúa la severidad de los síntomas afectivos, cognitivos, motivacionales, vegetativos y psicomotores de la depresión. La prueba ha sido validada en nuestro medio mostrando adecuadas propiedades psicométricas. Los índices de consistencia interna, así como las pruebas de validez externa, arrojaron valores muy satisfactorios.
4. Cuestionario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI; Spielberger, Gorsuch, Lushene, Vagg, & Jabobs, 1994). El instrumento evalúa el constructo ansiedad en sus formas estado y rasgo, por medio de dos subescalas independientes de 20 ítems cada una. El STAI ha sido adaptado y validado en nuestro medio, contándose con baremos locales (Leibovich de Figueroa, 1991).
5. Inventario de Respuestas de Afrontamiento para adultos (CRI-A; Moos, 1993). Instrumento de 48 ítems diseñado para evaluar las estrategias de afrontamiento empleadas por un sujeto. Se evalúan ocho tipos diferentes de respuestas, agrupadas en relación al foco de afrontamiento (aproximación vs. evitación) y al método empleado (cognitivo vs. conductual). Se utilizará la versión adaptada y validada en nuestro medio por la Dra. Mikulic (1998). La consigna de la versión utilizada fue modificada contemplando las sugerencias de Karekla y Panayiotou (2011) para la evaluación del afrontamiento de emociones displacenteras. Dicha modificación no tuvo incidencia en las características psicométricas del instrumento original (Rodríguez Biglieri, Aune, Aiello Rocha & Vetere, en preparación).

Procedimiento
En primer lugar todos los sujetos fueron informados sobre las características de la investigación, obteniéndose el consentimiento informado de aquellos que desearon participar. A cada uno de los entrevistados se les aseguró el carácter conidencial de la información brindada y se les notificó que el uso de los datos sería con ines exclusivamente científicos. Asimismo, se les comunicó su derecho a retirar su colaboración en cualquier momento de la evaluación sin que ello viera afectado en modo alguno su evaluación y/o tratamiento por parte de los establecimientos o profesionales derivadores. Finalmente, se procedió a administrar todos los cuestionarios y escalas. En función de los resultados de la SCID-I se procedió a dividir la muestra con base a los criterios de inclusión y exclusión de cada grupo.

RESULTADOS
En primer lugar se procedió a comparar los grupos respecto de sus variables sociodemográficas para evaluar la existencia de posibles diferencias. No se hallaron diferencias significativas respecto de las variables sexo, nivel de instrucción, estado civil, grado de escolarización o edad. Posteriormente se calcularon los estadísticos descriptivos en todas las variables dependientes para los dos grupos examinados (Tabla 1). Más tarde se procedió a testear los supuestos de homocedasticidad y normalidad de la muestra por medio de la prueba z de Kolmogorov-Smirnov y el test de Levene para igualdad de variancias. Los resultados de las mismas permitieron asumir que se cumplían los supuestos antes mencionados, por lo que se decidió al empleo de estadística paramétrica para efectuar los cálculos posteriores.
La tabla 1 muestra el resultado de la comparación del GA y el GC mediante la prueba t de Student y el cálculo del tamaño de efecto correspondiente para cada estrategia por separado.
En relación a las estrategias consideradas de aproximación tomadas en conjunto (Análisis lógico, Revaloración positiva, Búsqueda de apoyo y Resolución de problemas) los grupos no presentaron diferencias significativas respecto de su uso (t=.347, gl=121, p>.05). Sin embargo, sí se hallaron diferencias respecto de las estrategias consideradas de tipo evitativo (evitación cognitiva, aceptación-resignación, búsqueda de gratificaciones alternativas, descarga emocional), en las cuales los pacientes del GA presentaron puntuaciones más elevadas (x = 49.2, DE= 10.1) que las del GC (x = 35.5, DE = 9.9; t=7.51, gl=121, p<.001).

Tabla 1: Estadísticos descriptivos, resultados de comparación entre grupos y Tamaño de Efecto registrado

Analizando el resultado obtenido por estrategia de reglación empleada, puede observarse que se registraron diferencias significativas entre el GA y el GC en las variables búsqueda de apoyo, resignación-aceptación, evitación cognitiva y descarga emocional; en éstas los primeros obtuvieron puntuaciones superiores estadísticamente significativas.
Un resultado inverso se obtuvo respecto de la estrategia resolución de problemas, en la cual los participantes del GC obtuvieron puntuaciones medias significativamente más elevadas que los del GA.
Como puede observarse se registraron tamaños de efecto de tipo grande (d de Cohen >.80) respecto de las estrategias de Evitación Cognitiva (d=1.56), Resignación-Aceptación (d=1.53), Descarga Emocional (d=.88) y Resolución de Problemas (d=.84). Cabe destacar que no se hallaron diferencias significativas entre los grupos respecto del uso de las estrategias de Análisis lógico, Revaloración positiva y Búsqueda de gratificaciones alternativas.
Para analizar la relación entre las estrategias utilizadas y la severidad de la sintomatología depresiva y ansiosa en el GA (n=62) se utilizó un análisis de correlación de Pearson. Los resultados del procedimiento se muestran en la tabla 2. Como puede observarse, los índices de correlación fueron de bajos a moderados.

Tabla 2. Matriz de Correlaciones de Pearson entre las estrategias de afrontamiento y las puntuaciones en BDI-ifi y STAI del grupo ansioso

La estrategia de Evitación Cognitiva no presentó correlaciones significativas con ninguna de las medidas de severidad sintomatológica, al igual que la Búsqueda de Gratificaciones Alternativas. La Búsqueda de Apoyo y Resolución de Problemas presentaron correlaciones significativas de tipo positivo solamente con la puntuación en el BDI - I I (r=.428, p<.01 y r=.323, p<.05, respectivamente). Las correlaciones más elevadas fueron registradas entre la estrategia de Resignación-Aceptación y las puntuaciones del BDI - I I y las formas estado y rasgo del STAI (r=.397, p<.01; r=.559, p<.01 y r=404, p<.01, respectivamente).
Por su par te las estrategias de Análisis lógico y Descarga emocional también presentaron índices de correlación moderados y de tipo positivo con ambas medidas de severidad sintomatológica (ver tabla 2). La estrategia de Revaloración Positiva presentó índices de correlaciones bajos de tipo negativo, aunque significativos a nivel estadístico, con las medidas de ansiedad tanto en su forma estado como rasgo (r=-.264, p<.05 y r=-.251, p<.05, respectivamente).
Posteriormente se efectuó el mismo análisis pero en el grupo comunitario, observándose que sólo las estrategias de Evitación Cognitiva y Resignación-Aceptación presentaron índices de correlación positivos, aunque moderados, de tipo significativo con la severidad sintomatológica. Específicamente, la Evitación Cognitiva presentó un índice de correlación de r=.304 con el BDI-II, r=.358 con el STAI-Estado y r=.442 con el STAI-rasgo, siempre con valores de p<.01). La Resignación-Aceptación, por su parte, presentó un índice de correlación de tipo positivo de r=.30 con el STAI-estado y r=.35 con la forma rasgo (p<.01 en ambos casos).
Finalmente, para evaluar qué estrategias predecían mejor las puntuaciones del BDI-ifi y del STAI en el GA, se condujo un análisis de regresión lineal múltiple (pasos sucesivos). Dichas puntuaciones actuaron como variables dependientes y las ocho estrategias de regulación examinadas como variables independientes. Para examinar posibles problemas de multicolinealidad se procedió a calcular el valor del estadístico d de Durbin-Watson para cada ensayo, permitiendo los resultados (rango d entre 1.90 y 1.99) estimar la nulidad de la correlación muestral y por tanto, descartar dicha hipótesis. También se observó mediante el análisis de residuos que los datos se ajustaban bien a los supuestos del modelo de regresión lineal.
En el caso de la predicción de puntajes del BDI-II las estrategias que entraron en la ecuación fueron: Búsqueda de apoyo y Resignación-Aceptación (R2=.498; F=19.207, p<.001; β1 =.52, t=5.24, p<.001; β2 =.50, t=4.99, p<.001). En conjunto el modelo llegó a explicar casi el 50% de la variabilidad en la puntuación del BDI-II.
En relación a la predicción de los puntajes en el STAI-estado la estrategia de regulación que actuó como mejor predictor fue la Resignación-Aceptación (R2=.313; F=27.306, p<.001; β=.559, t=5.22, p<.001); y para la forma STAI-rasgo el modelo compuesto por las estrategias de Resignación-Aceptación, Resolución de problemas, Descarga emocional y Búsqueda de gratificaciones alternativas (R2 =.523, F=15.629, p<.001; β1=.40, t=3.58, p<.001;β2=-.42, t= -4.03, p<.001; β3=.59, t= 4.28, p<.001 y β4= -.48, t= - 4.11, p<.001). El modelo, en conjunto, explica más del 50% de las puntuaciones del STAI-rasgo.

DISCUSIÓN
En primer lugar cabe destacar que los resultados presentados son sólo de carácter preliminar, debiendo ser interpretados considerando las limitaciones del pequeño tamaño muestral.
Sin embargo, los resultados señalan algunos aspectos relevantes teniendo en cuenta la literatura sobre regulación emocional. No fue corroborada la hipótesis tan difundida acerca de que los pacientes con TA emplearían en menor medida que la población no clínica, estrategias de regulación del tipo del Análisis lógico y Revaloración positiva. Este hecho tiene implicancias muy relevantes para aquellos modelos psicoterapéuticos que señalan un déficit en estas estrategias como factores intervinientes en el desarrollo y mantenimiento de los TA. Asimismo, dado que ninguna de estas estrategias fueron buenos predictores de la severidad de la sintomatología ansiosa o depresiva, cabe preguntarse respecto de su utilidad a la hora de añadir su entrenamiento como componentes de protocolos de tratamiento para pacientes con TA. De la misma manera, los pacientes con TA tampoco presentan un menor uso Búsqueda de Gratificaciones Alternativas como medio para lidiar con emociones negativas cuando se los compara con población no clínica.
Por otro lado, sí se registraron diferencias significativas en el empleo de las estrategias de Evitación Cognitiva y Resignación-Aceptación, en las que los pacientes con TA presentaron un uso más elevado. El análisis de los tamaños de efecto indica que es en estas dos variables en las cuales la magnitud de las diferencias fue mayor entre ambos grupos. En este sentido, los resultados parecen ser congruentes con las hipótesis de algunos modelos psicoterapéuticos recientes, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (TAC) y la Terapia Conductual Dialéctica (Hayes & Spencer, 2005; Linehan et al., 2002), los que señalan que la primera estrategia estaría implicada en la génesis de diversas formas de psicopatología. De hecho, ambos modelos le otorgan a la Evitación Cognitiva un rol preponderante en la génesis del malestar subjetivo, ya que el intentar evitar los contenidos mentales (ej. pensamientos, recuerdos, emociones) supondría un efecto paradojal que incrementaría su frecuencia (Wegner & Zanakos, 1994).
Sin embargo, si bien en el GA la Evitación Cognitiva fue empleada en mayor medida como recurso para afrontar emociones displacenteras, el análisis correlacional no identificó una asociación significativa entre ésta y la severidad de la sintomatología ansiosa o depresiva, contrariamente a lo postulado por los modelos terapéuticos antes mencionados. Este hecho es sumamente relevante pues estimula a investigar en detalle el rol de dicha estrategia en los TA ya que, como parecen señalar nuestros datos, su empleo tal vez no siempre se encuentre ligado con resultados disfuncionales, o tal vez sean moderados por otros tipos de mecanismos o factores contextuales.
Algunos modelos actuales de psicopatología señalan que la Aceptación sería una estrategia que contribuiría a incrementar la calidad de vida de las personas. Además, postulan que dicha estrategia sería escasamente utilizada en los trastornos de ansiedad. Nuestros resultados parecen contradecir dicha hipótesis, dado que los pacientes del GA presentaran una tendencia mayor a emplear estrategias de Resignación-Aceptación.
Sin embargo, lo anterior debe interpretarse teniendo en cuenta algunas consideraciones. Las Terapias Cognitivas de tercera generación postulan que la aceptación es un proceso que se relacionaría con una menor tendencia a la psicopatología. No obstante, cabe aclarar que el constructo evaluado por la CRI-A difiere notablemente del proceso de aceptación tal como lo conceptualiza la TAC. En este último caso se entiende por aceptación al proceso por el cual se acepta radicalmente el sufrimiento inherente a nuestras experiencias internas, cesando todo intento por controlarlas o modificarlas mediante estrategias de evitación, a la vez que se promueven acciones encaminadas hacia metas vitales (Luoma, Hayes & Walser, 2007). Las estrategias de Resignación-Aceptación evaluadas por la CRI-A, por el contrario, se vinculan más con la resignación, es decir, con la percepción de la imposibilidad de cambiar algún aspecto de la situación- problema, con la consiguiente tendencia a la inacción. Tal vez por este último punto, uno de los resultados registrados en la presente investigación fue el hecho de que los pacientes del GA manifestaran una tendencia menor a los del GC a emplear estrategias de resolución de problemas. Vale decir, es congruente que si un estado emocional displacentero se evalúa como inmodificable no se implementen mecanismos conductuales tendientes a su modificación o la del entorno.
Desde una perspectiva cognitiva conductual, estos resultados podrían interpretarse a la luz de la teoría sobre los factores de incremento de la ansiedad (Salkovskis, 1985). Dicha teoría postula que la percepción de una baja capacidad de afrontamiento se relaciona con el aumento en los niveles de ansiedad y dispararían conductas de tipo evitativo.
De esta manera se estaría ante una situación en la cual, ante una emoción displacentera (ej. miedo, ansiedad, angustia), los pacientes con TA tenderían a emplear estrategias de tipo evitativo (ej. Evitación cognitiva, Descarga emocional), las cuales podrían disminuir el impacto de las estrategias de aproximación de tipo cognitivo (ej. elaboración emocional mediante Análisis lógico y Revaloración positiva). De hecho, como puede verse en la tabla 2, se hallaron correlaciones significativas de tipo negativo entre la Revaloración positiva y la severidad de la sintomatología ansiosa, si bien los índices son muy bajos. Como se dijo anteriormente, esto puede deberse a que su utilidad se ve disminuida por la activación simultánea de estrategias de tipo evitativo.
En el mismo sentido otros investigadores han sugerido que las estrategias adaptativas podrían mostrar una relación más débil con la psicopatología porque su utilidad podría ser dependiente del contexto y del impacto de las más disfuncionales (Nolen-Hoeksema & Aldao, 2011).
En la misma dirección, el hecho de que los pacientes del GA no difirieran del GC en cuanto a la tendencia a emplear estrategias de reevaluación positiva y de análisis lógico señalan interrogantes respecto de la utilidad de añadir en dichas estrategias en los protocolos de tratamientos como grupo de habilidades a potenciar. Al respecto, es posible entonces que la mayor fuente de malestar no se relacione tanto con una incapacidad o merma de los pacientes ansiosos respecto de estas habilidades, sino más bien con el aumento de la Resignación-Aceptación y la disminución de las estrategias de Resolución de problemas.
Como resultado convergente, los análisis de regresión evidenciaron el peso de las estrategias de Resignación-Aceptación para predecir la severidad de sintomatología depresiva y ansiosa. Dicha estrategia, junto con la Resolución de problemas, Descarga emocional y Búsqueda de gratificaciones alternativas fueron las mejores predictores de la predisposición a la ansiedad como rasgo estable (STAI-rasgo). Por lo tanto se abre el interrogante sobre la utilidad de implementar estrategias que disminuyan dichas estrategias evitativas a la vez que aumenten las centradas en Resolución de problemas.
Un resultado destacable es que la estrategia de Análisis lógico presentó correlaciones positivas de tipo moderado con la severidad tanto de síntomas depresivos como ansiosos. Si bien este hecho parece contradecir la literatura al respecto, debe tenerse en cuenta que los reactivos utilizados por el CRI-A se asemejan a los utilizados para caracterizar a procesos rumiativos, los cuales se han asociados con incrementos en los niveles de malestar. Por lo tanto, es posible que los resultados estén manifestando esta superposición de constructos, debiéndose interpretarlos con cautela.
Si bien estos resultados son preliminares, abren un interrogante sobre la utilidad u obligatoriedad de incluir en los tratamientos técnicas de reestructuración cognitiva centradas en la Revaloración positiva y el Análisis lógico. Como señalan otros autores, es posible que el futuro de los nuevos tratamientos cognitivos de la ansiedad se vinculen más con la incorporación de técnicas de aceptación experiencial y activación conductual como medio para optimizar los resultados (Hofmann, Sawyer & Fang, 2010).
Como puede observarse, se necesita más investigación en el área con la inalidad de arribar a conocimientos que permitan mejorar los tratamientos para los TA.

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Fecha de recepción: 3 de mayo de 2012
Fecha de aceptación: 10 de septiembre de 2012