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Avá

versión On-line ISSN 1851-1694

Avá  n.9 Posadas ago. 2006

 

ARTÍCULOS

Identidad individual y valores morales en la socialización de los futuros oficiales del ejército argentino1

Máximo Badaró2

Resumen

En este trabajo analizo dos dimensiones centrales del proceso de socialización militar de los cadetes del Colegio Militar de la Nación, la única academia de formación inicial de oficiales del ejército argentino. Estas dimensiones son la redefinición de las identidades individuales y la socialización de determinadas emociones y sentimientos. El análisis pondrá de relieve las modalidades de transformación identitaria que implican estas dimensiones y el lugar que ocupan ciertos valores morales en este proceso. Más que teorías o conceptos, estos valores son prácticas que suponen elecciones y preferencias ligadas al contexto de socialización institucional y a relaciones sociales particulares. Mostraré que la socialización de los cadetes aspira no sólo a transmitir un conjunto de conocimientos específicos de un campo profesional sino, principalmente, a formar un actor social capaz de representar al ejército como una comunidad moral cualitativamente diferente del común de la gente.

Palabras clave: Socialización militar; Valores morales; Ejército argentino.

Abstract

In this article I analyze two central dimensions in the military socialization process of cadets at the Colegio Militar de la Nación, the only military academy with initial instruction for officers of the Argentine Army. These dimensions are: the redefinition of individual identities and the socialization of particular emotions and feelings. The analysis will shed light on the types of identity transformations implied in these dimensions and how certain moral values fit into this process. More than theories or concepts, these values are practices that imply choices and preferences related to the context of institutional socialization and particular social relationships. My analysis will show that the socialization process of the cadets aims not only to transmit specific knowledge related to a particular professional field but, mainly, to shape a social actor able to represent the Army as a moral community which is qualitatively different from the rest of the population.

Key words: Military socialisation; Moral values; Argentine Army.

Fecha de recepción: Diciembre 2005
Fecha de aprobación: Mayo 2006

A mediados de la década de 1980, diversos actores políticos y sociales reclamaban un cambio institucional en el ejército argentino. El fracaso en la guerra de Malvinas (1982), las violaciones a los derechos humanos de miles de personas durante la última dictadura militar (1976-1983) y el juicio a sus principales responsables militares por parte de autoridades civiles del gobierno democrático electo en 1983, habían transformado al ejército argentino en una institución fuertemente desprestigiada en la sociedad. En 1994, la muerte de un soldado conscripto a causa de los maltratos físicos recibidos durante el servicio militar acrecentó este descrédito y aceleró un proceso de cambios institucionales que se operaba en el ejército desde principios de la década del noventa. Uno de los dilemas que enfrentó el ejército en ese contexto de presiones políticas y desprestigio social giró en torno a la forma de gestionar la relación entre el cambio y la continuidad institucional: la necesidad de redefinir y jerarquizar en términos profesionales, simbólicos y sociales la profesión militar debía conciliarse con la continuidad de sus tradiciones institucionales.

Una de las principales medidas adoptadas por el ejército para afrontar este dilema fue modificar los planes de estudio del Colegio Militar de la Nación (CMN), la única academia de formación inicial de oficiales del ejército argentino3. A comienzos de los años noventa la formación de los cadetes del CMN incorporó programas de estudios terciarios y, en 1997, programas de licenciatura equivalentes a los de universidades civiles. Las modificaciones fueron introducidas por iniciativa del ejército y contaron con la aprobación del Ministerio de Educación nacional, quien reconoció al CMN como "instituto universitario"4. Los cadetes egresan desde entonces con el grado militar de subteniente y un diploma de grado de licenciatura. A partir de allí ingresan al cuerpo de oficiales del ejército para comenzar una carrera en la que pueden alcanzar los mayores grados militares. Por otra parte, los cambios en los planes de estudios también fueron acompañados en 1997 con la apertura del "cuerpo comando" (los cadetes que aspiran a transformarse en oficiales) al ingreso de mujeres, quienes reciben una educación en igualdad formal de condiciones que sus pares hombres.

Hasta diciembre de 2004 los cadetes egresaban con el diploma de licenciatura en administración de empresas o el título de contador público. Ambos títulos eran oficialmente equivalentes a los otorgados por las universidades públicas y privadas. La formación para la obtención del grado de subteniente duraba cuatro años, a los que se sumaban seis meses más para completar la licenciatura universitaria. En el 2005 estas carreras fueron reemplazadas por la "licenciatura en conducción y gestión operativa" y el tiempo total de formación universitaria y militar en el CMN fue reducido a cuatro años.

En el 2004 los principales requisitos para la inscripción al CMN eran:

"ser argentino/a nativo/a o por opción; tener entre 16 y 25 años de edad; estado civil soltero/a, sin hijos y mantener estas condiciones hasta su egreso; haber aprobado los estudios de nivel medio completos; acreditar antecedentes intachables de conducta a satisfacción de la dirección del instituto, la cual, en última instancia, podrá decidir sobre el particular" 5.

Al terminar el primero año los cadetes pueden optar, de acuerdo al orden de mérito en el que se encuentran, por integrarse a un arma (Artillería, Caballería, Comunicaciones, Infantería e Ingenieros) o a una especialidad (Arsenales e Intendencia), a la cual pertenecerán durante toda su carrera militar. Las cadetes mujeres pueden optar por cualquier arma o especialidad, a excepción de las armas más antiguas y tradicionales: Caballería e Infantería.

La transformación del CMN en un "instituto universitario" no ha estado exenta de conflictos internos. Muchos oficiales sostienen que la asociación de la identidad militar con la identidad universitaria amenaza con "desnaturalizar" la profesión militar desde el interior de la institución destinada a formar los hombres y mujeres que integrarán la elite del ejército. El CMN se transformó en un escenario de tensiones entre un mundo "militar" ligado a las tradiciones institucionales y un mundo "universitario", ligado a las necesidades políticas de modernización y cambio. Los programas universitarios introdujeron tensiones, incertidumbre y ambigüedad en la socialización de los cadetes y en la construcción simbólica de la identidad militar.

La forma adoptada por las autoridades del ejército para hacer frente a estas tensiones consiste en definir al CMN como un espacio institucional donde confluyen el mundo "militar" (entendido como mundo de los "valores") y el mundo universitario (entendido como mundo del "conocimiento" y de la "excelencia académica"). A partir de la segunda mitad de la década del noventa el ejército comenzó a definir públicamente al CMN como un "campus universitario" integrados por "hombres y mujeres de acción", que ofrece, como característica distintiva, una educación universitaria de "excelencia académica" y una formación militar basada en "valores". Al adoptar esta perspectiva el ejército busca reconvertir su identidad institucional sin modificar una dimensión sobre la cual ha intentado construir, al menos desde los años treinta del siglo veinte, su legitimidad pública: la dimensión moral de la profesión militar. En un contexto en el que las instituciones educativas del ejército (liceos militares, CMN, Escuela Superior de Guerra) han comenzado a participar y competir en el espacio de las universidades nacionales públicas y privadas, el CMN construye su identidad institucional resaltando los valores morales que acompañan a la formación militar y académica que reciben los cadetes.

Basándome en un trabajo de campo en el CMN6, en este trabajo analizaré dos dimensiones centrales del proceso de socialización inicial de los jóvenes que ingresan a esta academia militar: la redefinición de las identidades individuales y la socialización moral de determinadas emociones y sentimientos. El análisis pondrá de relieve las modalidades de transformación identitaria que implican estas dimensiones así como el lugar que ocupan ciertos valores morales en este proceso. Más que teorías o conceptos, estos valores son prácticas que suponen elecciones y preferencias ligadas al contexto de socialización institucional y a relaciones sociales particulares7. La socialización de los cadetes aspira no sólo a transmitir un conjunto de conocimientos específicos de un campo profesional sino, principalmente, a formar un actor social capaz de representar al ejército como una comunidad moral cualitativamente diferente del común de la gente.

Las dimensiones de la socialización militar inicial

Las dos primeras semanas (conocidas como "semanas de adaptación) y los primeros dos o tres meses en el CMN son un período central en la socialización inicial del novato y en su transformación en "cadete". Más que un período de pasaje conformado por etapas ordenadas en forma lineal y secuencial, como lo sugiere la noción de "ritos de pasaje" consagrada en la teoría antropológica por Arnold Van Gennep (1969), esta transformación es un proceso que posee niveles o dimensiones que se desarrollan en temporalidades y ordenamientos no siempre lineales y coherentes. Cada dimensión supone para los novatos un aprendizaje diferente sobre su nuevo estatus dentro de la institución y genera en ellos/as evaluaciones morales sobre el proceso de transformación identitaria que están viviendo. El aprendizaje surge tanto de la interacción entre los propios novatos como entre ellos y los cadetes y oficiales superiores.

Redefinición de las identidades individuales

En un estudio clásico, Erving Goffman (1994) señalaba las llamadas "instituciones totales"- hospitales psiquiátricos, monasterios, prisionessometen a los recién llegados a procedimientos de "mortificación del yo" que intentan lograr su "muerte civil". Algunos de los procedimientos aplicados a los novatos son la prohibición de contactos con el exterior de la institución, el despojo de pertenencias personales, el cambio de nombre y la limitación de la autonomía de movimiento y de elección. Desde su ingreso a la institución, la línea de acción del individuo queda expuesta en forma constante a la vigilancia y las intromisiones de otras personas.

Los/as novatos del CMN son sometidos a procedimientos relativamente similares, entre los cuales se encuentra la obligación que pesa sobre ellos de solicitar constantemente "permiso" a los cadetes y oficiales superiores para realizar todo tipo de actividades. Durante el almuerzo o la cena, por ejemplo, el cadete de primero o segundo año debe solicitar diversos "permisos" a los cadetes superiores que se encuentran sentados en la mesa: "permiso para sentarme, mi cadete", "permiso para pararme, mi cadete", "permiso para servirme agua, mi cadete", "permiso para tomar la sal, mi cadete", "permiso para hablar, mi cadete". En estas situaciones los cadetes superiores - tercero o cuarto añoutilizan uno de los principales recursos de poder que les otorga su posición en la jerarquía de cadetes: la indiferencia. Aplazada por varios minutos o directamente negada, la ausencia de una respuesta a la solicitud de "permiso" genera en los cadetes que la solicitan un estado de parálisis, ya que sin aquella ellos no pueden actuar en forma autónoma8.

De todos modos, en el CMN la idea de "muerte civil" también adquiere sentidos inversos a los expresados por Goffman. Antes de atravesar la "muerte civil" - y suprimir hábitos y comportamientos "civiles"- los cadetes deben aprender a identificarlos y rotularlos como tales y contraponerlos con normas y formas de comportamiento definidas como propias de la "condición de militar". Los novatos atraviesan un proceso de socialización en el que aprenden a poner en práctica un sistema de clasificaciones que les permite identificar y catalogar como "civiles" a personas, actos, gestos, objetos y expresiones, y eventualmente suprimirlos o incorporarlos en su línea de comportamiento habitual dentro y fuera del CMN.

"Civil" y "militar" son los extremos opuestos de un sistema de clasificación que ordena el mundo interno del CMN y establece un orden jerárquico entre sus partes. Muchos autores han señalado que las clasificaciones son instrumentos de control social que naturalizan y esencializan las dimensiones que abarcan sus taxonomías (Durkheim y Mauss, 1960; Douglas, 1987; Herzfeld, 1992). Roberto, un cadete de segundo año, recuerda perfectamente cuando en su primer día de cadete recibió gritos de un cadete de cuarto año por haber dicho "gracias" cuando éste le entregó el par de borceguíes de su talle que él había solicitado. Durante la primera semana también recibió un "llamado de atención" por caminar con las manos en los bolsillos y por masticar chicle. Otros cadetes me han relatado situaciones de gritos y apercibimientos recibidos durante los primeros días por hablar gesticulando con las manos, por charlar con una "cadete femenina" o por no expresarse o cantar con suficiente "energía". En los comentarios, gritos y apercibimientos que reciben los novatos en estos momentos entra en juego un sistema de clasificaciones y evaluaciones que designa lo que significa actuar como "civil" y "militar".

La categoría "civil" es utilizada por los cadetes de diversos modos. En primer lugar, para definir un estado particular o una condición temporaria de una persona: muchos cadetes me han dicho que cuando están en el CMN ellos son "militares" pero afuera, cuando no visten el uniforme, quieren actuar y ser vistos como "civiles". En segundo lugar, para definir una forma de comportarse: es común escuchar a los cadetes decir, en referencia a un comportamiento propio o ajeno, que éste había sido "re civil", es decir, que habían actuado como si desconocieran las normas de la institución militar. En tercer lugar, como modo de desvalorizar la verdadera condición militar de alguien: una forma habitual de criticar un camarada o un oficial superior es decir que se trata de un "civil con uniforme". En cuarto lugar, como forma directa o indirecta de insulto: muy utilizada por los cadetes, esta clasificación evalúa a los "civiles" desde su supuesta carencia de "valores", la cual se hace evidente, según señalan muchos cadetes, en actitudes, comportamientos, aspectos físicos, estéticos y culturales.

Para aprender a poner en práctica este sistema de clasificaciones el novato es ubicado por los cadetes y oficiales superiores en una posición ambigua respecto de las categorías sociales que conforman este sistema. Este status simbólico ambiguo se manifiesta en la denominación informal que reciben los/as novatos: "bípedos". La figura del "bípedo" ilustra la noción de "persona liminar" elaborada por Victor Tuner, es decir, las personas que están "entre lo uno y lo otro", que transitan una condición en la que "ya no están clasificados y, al mismo tiempo, todavía no están clasificados" (Turner, 1999:106; cursiva original). La "persona liminar" posee un status social ambiguo ligado su posición interestructural, desestructurada y pre-estructurada al mismo tiempo (ídem.: 108).

El status de "bípedo" evoca analogías con un estado de naturaleza y animalidad pre-social, y con procesos de gestación, parto y amamantamiento. Juan, un cadete de cuarto año, define a "los bípedos" como "animales con dos patas, nada más, no piensan, no hacen nada, son imberbes e implumes". Sebastián, un cadete del mismo año, considera que "estar a cargo" de la instrucción de los "bípedos" es "como agarrar arcilla y moldearla, vos lo haces al cadete, le enseñas mal o bien, depende de vos, pero vos los formás, lo guías en como querés que salga ese cadete...". Representado como una especie desconocida de "animal" o como un trozo de arcilla, la naturaleza del "bípedo" es esencialmente corporal. El cuerpo es un instrumento privilegiado en la incorporación del mundo simbólico al que ingresa el novato.

El cuerpo del novato simboliza, sobre todo durante sus primeros meses en el CMN, la ambigüedad de aquel que se encuentra entre dos mundos, entre el mundo "civil" y el "militar". En tanto "estadío de reflexión", según la caracterización de Turner (ídem., 117), la situación liminar comienza a modificarse cuando el cadete logra convertir en objeto de reflexión y resignificar diversos aspectos del mundo que deja y de aquel al cual pretende incorporarse. ¿Cuáles son estos aspectos y de qué modos se convierten en "objetos de reflexión"? Turner observa que la "monstruosidad" o la exageración son mecanismos a través de los cuales se incita a los neófitos a descomponer las ideas, los sentimientos y los hechos que conforman sus pensamientos y valores habituales, a reflexionar sobre ellos y reformularlos en la perspectiva del nuevo status que van adquirir en el interior del grupo al que ingresan.

Las reflexiones de Turner son sugestivas para pensar los relatos de los cadetes sobre sus primeros días en el CMN. Los relatos describen este período evocando situaciones que ellos mismos califican como desmesuradas o excesivas: gritos fuertes y constantes, actividades estrictamente cronometradas, movimientos controlados y espacios limitados, cansancio, sed, pérdida de peso, tensión física y psicológica. Sus relatos también señalan que al comenzar las clases de las materias de la licenciatura los gritos, las corridas y otras situaciones "exageradas" se distienden y disminuyen en su grado de intensidad, aunque no desaparecen. Así, parecería que durante las primeras semanas los cadetes son llevados a transformar su cuerpo, sus partes y funciones en objeto de reflexión, a pensarlo y reformularlo en términos morales basados en la clasificación "civil-militar", a concebirlo como una entidad moral que representa la persona militar y a través de la cual se expresan sentimientos, ideas y conocimientos.

El estadio liminal introduce al novato en un proceso de reflexión sobre su condición de individuo autónomo. Mientras que la categoría de "civil" tiende a pensarse en términos exclusivamente individuales, la categoría de "militar" designa principalmente una identidad colectiva. Para abandonar su condición de "civil" el novato debe redefinir su status de individuo autónomo y singular. Desde sus primeros días en el CMN el novato se enfrenta a un conjunto de reglamentaciones institucionales que toman a su cuerpo como espacio privilegiado de esa redefinición. Los novatos hombres, por ejemplo, deben cortarse el cabello en la peluquería del CMN, no tienen permitido utilizar colgantes, anillos o aros, ni tener tatuajes de ningún tipo.

El procedimiento de entrega inicial de la vestimenta a los novatos también refleja las modalidades que adquiere este proceso. La anécdota de Alejandro muestra como, en la perspectiva de los oficiales y cadetes instructores, los talles de vestimenta y los números del calzado de los novatos representan una individualidad anterior al grupo y que por lo tanto requiere de una resignificación institucional: el Ejército "viste" y "calza" a un grupo, a miembros de una institución, no a individuos. Sin embargo, cuando es imposible ignorar las características individuales del novato- cuando, por ejemplo, es imposible que el talle de la ropa o los zapatos coincidan con el del cadete que los recibe-, los cadetes superiores o los oficiales instructores realizan una operación ritual a través de la cual el novato recibe la vestimenta o el calzado acorde a su talla o número pero sólo en tanto representante de una categoría de persona y de una posición institucional: cadete de primer año. La negación del cadete superior a recibir un agradecimiento cuando entregó el par de borceguíes revela que él concebía su acción como una contribución al buen funcionamiento del grupo y no a la comodidad de Alejandro.

Las modificaciones generadas por los requisitos funcionales de los nuevos planes de estudios también alteraron una dimensión clave de la socialización militar: la pérdida de intimidad. La profesión militar supone una "identidad total" que abarca todos los aspectos de la vida de una persona. Los espacios de privacidad e intimidad son limitados, sobre todo cuando se encuentra en las posiciones más bajas de la jerarquía institucional. Al ingresar al CMN el novato pierde esta dimensión de su individualidad, ya que toda su vida está expuesta a la mirada, la intromisión y el control de sus pares y sus superiores. En numerosas ocasiones observé los alcances de esta dimensión. En una oportunidad, por ejemplo, mientras recorría el CMN acompañado por un cadete de cuarto año, él entró a un aula de primer año mientras los novatos estaban en las "horas de preparación" (no tienen clases pero deben permanecer dentro del aula) y, parándose en el frente, dijo: "Mirá, estos son de primero.. a ver, usted, cadete de primer año, venga ¿qué está haciendo?". "Estoy estudiando matemática, mi cadete", "¿Qué tema?", "El teorema de...., mi cadete", "Está bien, vaya a sentarse". "Me voy a sentar, mi cadete".

De todos modos, el vínculo entre la privacidad individual y las relaciones jerárquicas ha sido alterado recientemente por los requisitos de los nuevos programas de estudios y la incorporación de mujeres al "cuerpo de cadetes". Estos cambios han contribuido al surgimiento dentro de CMN de espacios en donde los cadetes pueden encontrar algún tipo de intimidad o de privacidad. Cuando se trata de cadetes mujeres, por ejemplo, los cadetes superiores ya no pueden ingresar intempestivamente en los baños o cuartos como lo hacen con los cadetes hombres de años inferiores. La presencia de mujeres también exigió que se colocaran cortinas en los cuartos de los cadetes9. Para las cadetes mujeres, su identidad de género se transformó en un factor de individuación y de privacidad que les permite estar menos expuestas a las intromisiones sutiles o violentas de otros cadetes.

Antes que el reflejo de un mayor respeto por las individualidades, la privacidad de la que gozan las cadetes mujeres es más bien la contracara de su exclusión de la vida interna del CMN. En efecto, desde el primer día en el CMN las cadetes mujeres afrontan una suerte de "doble liminalidad" que las ubica en un estado de ambigüedad identitaria que refuerza su exclusión. En tanto la representación institucional del "militar" o del "cadete" presupone una identidad de género masculina, las novatas mujeres deben transformarse en "cadetes" a costa de poner en riesgo, ante los cadetes hombres (y también mujeres), su legitimidad como "mujeres" o, a la inversa, defender esta identidad de género a costa de perder legitimidad como "militares".

Ni mujeres ni militares, la doble liminalidad de las novatas mujeres se diluye en un sólo espacio del CMN: el aula. La mayoría de los cadetes hombres sostienen que sus pares mujeres "son buenas en aula", es decir, en las materias de los programas de estudio universitario. Considerar "el aula" como un espacio en el que se destacan las cadetes mujeres no presupone, sin embargo, su feminización. La identidad de cadete valorada en el CMN supone una localización espacial particular: el "terreno", "la pista de combate" o el "campo de maniobras". El "aula", por el contrario, es un escenario ajeno a esta identidad militar, un espacio en el que los cadetes deben desempeñarse como "estudiantes", ya que allí se desarrollan las todas las actividades vinculadas a los estudios universitarios que imparte el CMN. El "aula" es para los cadetes un espacio fuertemente estigmatizado no sólo por un representación de género que ubica a los hombres en los espacios abiertos y a las mujeres en espacios cerrados, sino por una arraigada forma de definir a la identidad militar, según la cual el mundo civil se distingue por actividades intelectuales que carecen de valores morales, y el mundo militar, por el contrario, se basa en la exteriorización corporal de valores morales como el sacrificio, la abnegación y la resistencia. Más que un espacio "feminizado", "el aula" se construye en las representaciones de los cadetes como un espacio "civil" y, más precisamente, como el espacio característico de "los otros", es decir, de los "estudiantes universitarios". "Yo no vine acá para estar todo el día con lo libritos"- me decía un cadete. Al ser consideradas como "buenas para el aula" las cadetes mujeres son acusadas de "civiles", de personas caracterizadas justamente por la condición identitaria que los novatos deben redefinir y abandonar para transformarse en "cadetes".

Socialización moral de las emociones: la centralidad del familismo

Los relatos que he recogido sobre los primeros días de los novatos en el CMN evocan sensaciones como nerviosismo, tensión, cansancio, alegría, incertidumbre y, sobre todo, añoranza del mundo social y familiar. Los cadetes no cesaban de repetir que el principal obstáculo que habían tenido que superar al llegar al CMN fue el hecho de encontrarse viviendo solos, muchas veces por primer vez, lejos de sus padres, de su casa y de la vida familiar. "Muchos se van porque extrañan a la familia" - repetían cadetes, oficiales y profesores. La mayoría de los cadetes con los que he hablado reconocían haberse "quebrado" en algún momento de los primeros meses y haber pensado pedir la baja por "extrañar" a su familia. Según ellos, los momentos de "quiebre" originados por este sentimiento, que muchas veces se expresaban con llantos, malestares físicos o desgano, nunca generaban burlas, desprestigio o sanciones por parte de sus camaradas de año, de cadetes de años superiores o de oficiales instructores. Por el contrario, el cadete que se "quiebra" porque "extraña a la familia" recibe el apoyo y los consejos de camaradas y superiores para superar la situación y evitar que ese sentimiento se transforme en un motivo para abandonar el CMN.

"Extrañar" a la familia es un sentimiento fuertemente normalizado y ritualizado que expresa una forma particular de redefinir los vínculos afectivos del cadete con su familia y el mundo social en general. Estos vínculos poseen un lugar importante en las reglamentaciones que regulan las actividades del cadete. Según las normas internas los cadetes "deben" exhibir en el armario de sus habitaciones un portarretratos con la fotografía de sus padres10. Las normas también indican que "el cadete deberá escribir periódicamente a sus familiares, especialmente cuando estos últimos residan en el interior del país. Deberá destinar a dicha actividad los recreos mayores después del almuerzo o cena. También podrá hacerlo en el aula en las horas de preparación que determina la Jefatura de Estudios".

Una lectura de las normas internas del CMN de años anteriores muestra que este artículo no se ha modificado al menos en los últimos setenta años. Por ejemplo, en el reglamento interno del año 1934 se lee: "El cadete escribirá una vez por semana a su familia y además cuando esté enfermo. Es necesario recordar que nadie está más interesado que los padres en lo que atañe al cadete y que a ellos nada debe ocultársele" 11. Al definir el vínculo entre el CMN y la familia del cadete las autoridades del CMN también construyen una representación del modelo de familia a la cual el cadete "debería" pertenecer y "extrañar". Esto es aún más evidente, y muestra su continuidad histórica respecto de las representaciones sobre la familia dentro del ejército, en las siguientes palabras de un director del CMN, expresadas el 15 de marzo de 1986 en la ceremonia de inauguración del los cursos anuales:

"A ustedes, señores padres, les agradezco habernos confiado la responsabilidad de darle a vuestros hijos una carrera digna, formándolos como profesionales militares cabales. La moral cristiana inculcada en vuestros hogares, constituirá la base sólida y cierta sobre la que edificaremos al futuro ciudadano y soldado argentino. Este colegio será la continuación de vuestras familias, entendiendo que nuestra constante y permanente interrelación será beneficiosa y repercutirá directamente en la formación integral de los educando (...) los invito una vez más a que sigan colaborando con el colegio a fin de que vuestros hijos, mis cadetes, sean cada día de mejor calidad, para beneficio de ellos, del Ejército y de la Nación misma"12

Las autoridades militares intentan transformar al CMN en una familia sustituta del cadete. Para esto apelan a una representación tradicional de la familia en la que el padre detenta la autoridad moral. Así, el "padre de familia" cede al ejército la autoridad sobre su "hijo", quien continúa siendo educado en el CMN bajo el status de "cadete". Así, el modelo de familia católica tradicional y el ejército aparecen como dos instancias de la misma formación moral del "hijo-cadete". Esta concepción de la relación "familia- ejército" deriva en un modelo de socialización que interpela al joven novato a evaluar su papel de hijo y de cadete como mundos complementarios que requieren de un mismo compromiso de su parte: al descuidar uno de ellos - el mundo familiar o el militar- el cadete lo hace con ambos.

El recurso a la metáfora familiar en la socialización militar permite a los oficiales evocar y consagrar un modelo de relaciones sociales que ubican al ejército como "padre protector" o "tutor" del conjunto de la sociedad argentina. Esta metáfora ofrece a su vez un esquema interpretativo en el que las nociones de "autoridad", "obediencia" y "sacrificio" dan forma a los modos de plantear la relación familiacadete- ejército y, más ampliamente, ejército-estado-sociedad.

Si bien la "familia" no figura en el conjunto de "valores fundamentales" del ejército actual - Amor a la Patria, Fe en Dios, Pasión por la Libertad 13-, ella está presente en diferentes discursos y prácticas del CMN14. Por ejemplo, los oficiales encargados de realizar las "entrevistas vocacionales" a los aspirantes a cadetes deben averiguar si ellos poseen el "sentido de familia"15. A su vez, el documento que describe el "perfil esperado" del cadete de primer año señala, en el punto dedicado a los "valores e ideales", la necesidad de que el cadete posea al finalizar el año "respeto de su familia"16. La "familia" también ocupa un lugar central en los discursos institucionales17. El 6 de marzo de 2002, por ejemplo, el cadete de cuarto año encargado del "Cuerpo de Cadetes" pronunció un discurso dirigido a los cadetes de primer año incorporados en febrero de ese año, que finalizaba de este modo: "Con Dios en el alma y la familia en el corazón...! Viva la Patria!".

Como señalé más arriba, durante las primeras semanas el novato está sujeto a una serie de reglamentaciones que lo privan del contacto con sus familiares: el primer día, al llegar para incorporarse, no puede ingresar al CMN con sus padres, quienes generalmente lo acompañan en ese momento; luego permanece allí dos semanas sin franco y, en muchos casos, sin permiso de utilizar el teléfono. Estas privaciones conforman el marco inicial para "enseñar" al cadete a redefinir en términos militares el vínculo con su familia. El siguiente relato de Roberto muestra las dimensiones que adquiere este aprendizaje en la práctica:

"A los primeros días los sufrí, fue terrible, me quería ir, estaba como loco, extrañaba todo, me quebré mal, pero muy mal. Entonces... un cadete de cuarto año, uno que ahora es subteniente...estabamos formados y dice... fue así, y esto no lo cuento nunca...él dice "a ver, ¿quién de los cadetes..." - era un jueves, habíamos entrado el miércoles- entonces dice, "a ver, ¿quién de los cadetes extraña a su familia? Que levante la mano"...y no daba...yo tenía que levantar la mano y dije "má si, la levanto", y la levanté primero, y miro y nadie la levantaba, y después salta uno y después otro y otro, y éramos como cuatro o cinco, y viene el cadete de cuarto año y dice "¿extraña a su familia?", "sí, mi cadete", le digo. Yo no aguantaba más, no aguantaba más, viste cuando tenés un nudo acá (se toca la garganta), y me habló, me habló muy bien me acuerdo, muy bien, es más, se me cayó un lagrimón terrible, porque yo estaba partidísimo, partidísimo en mil pedazos. "Bueno, bueno, no se ponga mal", me dijo el cadete y qué sé yo que más...y me empezó a hablar, y me empezó a cambiar un poco, y yo le digo "sabe lo que pasa, mi cadete, necesito hacer algo para olvidar, algo de educación física", le digo. !Cuando dije eso! Carrera march cuerpo a tierra carrera march cuerpo a tierra! (hace movimientos con las manos señalando cómo lo había hecho correr de un lado a otro).

Pero gracias a ese carrera march cuerpo a tierra, que fueron dos carrera march cuerpo a tierra, yo le dije, hasta el día de hoy...se lo presenté a mi novia el día del baile de primer año, de la entrega de uniforme, y le dije "permiso mi cadete, quiero presentarle a mi novia" y le digo a mi novia "Josefina, este es mi cadete de cuarto año y gracias a él hoy estoy recibiendo el uniforme, si él no me hubiese hablado yo no estaría acá, no estaría viviendo esto", y le dije "gracias mi cadete por haberme ayudado", fui y se lo dije. Máximo: Y los otros cadetes, cuando levantaste la mano, ¿no hubo bromas o burlas?

Roberto: No, no, algunos me dijeron después, "yo me acuerdo cuando vos le dijiste al cadete de cuarto año", qué sé yo, "estabas re quebrado", y sí, lo digo, no me molesta decirlo, yo era la primera vez que salía de mi casa; yo tenía todo en mi casa, tenía mi pieza, tenía mi moto, tenía mi novia, mi familia, todo, tenía todo, no podía quejarme, todo tenía, tenía mis amigos; y dejé todo por la carrera militar, todo, pero todo, absolutamente todo; yo, que decía, "mami, quiero que me vayas a comprar un chupetín", y era al quiosco que estaba a cuatro cuadras, y ella iba y me compraba el chupetín a cuatro cuadras...

"Extrañar a la familia" es, como diría Marcel Mauss (1968), un "sentimiento de expresión obligatoria", un sentimiento que los cadetes y oficiales instructores esperan encontrar en los novatos y que todo "buen cadete" debería manifestar. La ideología familista ofrece a los cadetes un lenguaje a través del cual pueden identificar, vivenciar y expresar sus sentimientos en un formato aceptado y valorado por el grupo de pares y los cadetes y oficiales superiores. "Extrañar a la familia" es el modo institucionalmente aprobado de manifestar públicamente -frente a cadetes y oficiales- emociones como angustia, tensión, desgano, tristeza, etc. Fernando, un cadete de tercer año, me cuenta que una vez encontró llorando a un cadete de primero; era el segundo día de clases y el cadete lloraba porque "extrañaba a su familia". En lugar de reprobar su actitud, Fernando intentó comprenderlo y ayudarlo:

"Traté de poner la experiencia que yo tenía, de también estar de lejos, de ser del interior,...yo también extraño, pero ellos también, desde tu casa, también les duele que vos no estás, entonces vos tenés que tratar que ese dolor o sufrimiento de tu familia, que se despegó de vos, más los gastos que están invirtiendo en vos, vos devolvérselos de una manera, estando acá, cumpliendo acá y aguantando. Total cuando vuelvo disfruto mucho más que si estuve mucho tiempo en mi casa. Disfruto más mi familia. Porque estoy todos los días diciendo "voy y como con mi familia, voy y como con mi familia" y llego a mi casa y no me mueve nadie, de comer, de estar con mis sobrinitos"

Los relatos de Roberto y Fernando sugieren que el novato tiene que aprender a "extrañar" a su familia y transformar ese sentimiento en un valor moral ligado a las nociones de "sacrificio", "abnegación" y "entrega". Los cadetes de años superiores y los oficiales instructores guían al novato respecto de los modos de socializar ese sentimiento, de definirlo y clasificarlo dentro de la escala de normas y valores aceptados y rechazados por la institución. Un cadete puede "quebrarse" legítimamente porque "extraña" a su familia, pero no puede hacerlo por tener dificultades en otras dimensiones de la instrucción militar y de la vida general en el CMN, como el entrenamiento físico y militar, las relaciones jerárquicas o la situación de encierro. Redefinir el sentimiento de añoranza de la familia supone dejar de concebirlo como un sentimiento individual y transformarlo en un sentimiento colectivo que refleja los valores morales que caracterizan el "buen militar". Para continuar en el CMN el cadete no necesita dejar de "extrañar" a la familia, sino identificar, clasificar y asociar ese y otros sentimientos con nociones morales como el "sacrificio" y la "resistencia".

Si bien en los discursos institucionales la justificación de este "sacrificio" suele estar asociada con la idea de "patria" o de "nación", en las palabras de los cadetes el "sacrificio" se vincula más bien con la institución castrense -entendida como familia sustituta- o con la familia "real" y las aspiraciones sociales que ésta deposita en el joven: "dejar todo por el Ejército" o "sacrificarse por la familia".

En muchos casos, los cadetes que solicitan la baja por "extrañar a la familia" son aquellos que no logran socializar ese sentimiento en clave militar, es decir, no logran reconceptualizarlo en términos de "sacrificio por la familia" (la familia "real" y la "familia militar"). A través de este proceso de socialización de los sentimientos y las emociones, los novatos son expuestos a un discurso que consagra a la familia nuclear como principio ordenador y modelo natural de organización social (Bourdieu, 1994). Así como las expresiones de tristeza originadas por la añoranza de la familia son valoradas institucionalmente y no generan burlas o desprestigio, sino más bien actitudes de comprensión y apoyo emocional, difícilmente podría ocurrir lo mismo si un cadete manifiesta abiertamente que no le interesan los vínculos familiares (reales o ideales) y que "extraña" las salidas con sus amigos, a su pareja o las actividades en un club deportivo.

Por otra parte, los relatos de los cadetes sobre las primeras semanas o meses en el CMN evocan en la mayoría de los casos momentos de crisis individual en los que aparece la idea de "pedir la baja". Los cadetes y oficiales con los que he hablado me han dicho que esta situación es prácticamente la norma durante las "semanas de adaptación" y el primer semestre. La pregunta "¿qué hago acá?" aparece reiteradas veces durante este período.

Los momentos de crisis generan en los individuos reflexiones y elecciones morales (Durkheim, 1968). En estas situaciones los sentimientos y la afectividad funcionan, según Eduardo Archetti (1997), como los "fusibles" de la moral, como "índices morales". En la conformación e internalización de un orden social y moral determinado intervienen aspectos normativos, cognitivos y emocionales. La moralidad supone elecciones y evaluaciones acerca de lo que es bueno o malo, correcto o incorrecto, deseable y esperado (ídem.: 101). Signe Howell sostiene que es necesario pasar de un enfoque que privilegia los contenidos morales a uno que identifique y analice los razonamientos morales que se expresan en un grupo social (1997: 14). Las preferencias y las emociones individuales cumplen un papel importante en la adopción de las normas y códigos de comportamiento del grupo.

Este enfoque sobre la moralidad permite analizar las situaciones en las que los cadetes se hacen la pregunta "¿qué hago acá?" como momentos de crisis que generan razonamientos, evaluaciones y elecciones que son puestas en relación con ciertos aspectos del conjunto de códigos y valores morales institucionales aprendidos durante los primeros días, semanas o meses en el CMN. Para responder a la pregunta "¿qué hago acá", y para que la respuesta derive en la permanencia en el CMN, los cadetes justifican sus elecciones apelando a valores morales aprendidos durante la socialización militar inicial. En la respuesta a esta pregunta no sólo intervienen aspectos normativos sino también las historias y deseos de los cadetes y de sus familias, las presiones de otros cadetes de primer año, de cadetes superiores y oficiales. En los momentos de "quiebre" el cadete plantea preguntas y respuestas que pueden ser entendidas como reflexiones morales que suponen evaluaciones y elecciones entre lo que es bueno y malo, correcto e incorrecto, deseado y esperado por él/ella, por su familia, su grupo de pares dentro y fuera del CMN.

El "sacrificio", la "resistencia" y la "abnegación" son nociones que a través de su encarnación en prácticas, discursos o estados emocionales expresan una escala de preferencias. Se trata de valores institucionalmente reconocidos que poseen una carga normativa y vinculante, ofrecen justificaciones de prácticas y discursos (ofrecen, por ejemplo, una justificación moral a las preguntas que surgen en los momentos de "quiebre) y evocan valores morales institucionalmente reconocidos como característicos del "buen cadete". Estos "valores morales" permiten anudar los aspectos normativos de la institución con los deseos y las expectativas individuales y familiares. Hablando sobre sus primeros días como cadete, Fernando, un cadete de tercer año, observa:

"El primer año fue durísimo para mi...soy muy hijo de casa así, extrañé un montón; en las primeras semanas de adaptación se me cruzó un montón de veces irme de baja...nos hacían acostar a la noche todos transpirados, había que estar corriendo constantemente, entonces uno estaba mal, se sentía incómodo, entonces me iba al baño, me miraba en el espejo, y me ponía a pensar en el sacrificio que hicieron mis viejos para que yo este ahí, y bueno, ahí pasaba"

La noción de "sacrificio" también permite redefinir la relación entre la familia y el Ejército, transformándola en una relación entre comunidades morales complementarias. Marilyn Strathern (1997) sostiene que el campo de la moralidad remite a relaciones sociales específicas y al modo en que los individuos se involucran en ellas. La pertenencia a una comunidad moral requiere evaluar y elegir relaciones sociales. Superar los estados de "quiebre" apelando a la noción de "sacrificio" permite entender a la permanencia en el CMN como una forma de expresar al mismo tiempo la lealtad al vínculo familiar y la identificación con el Ejército, y demostrar la subordinación de los "intereses personales" (jugar al fútbol, estar con los amigos, por ejemplo) a los valores colectivos.

Ideas finales

Las dimensiones que analizo en este trabajo no agotan las modalidades de transformación identitaria que abarca la socialización inicial de los novatos, la cual también incluye una redefinición simbólica de sus cuerpos, sus partes, funciones y relaciones con el tiempo y el espacio, así como la adquisición de categorías de juicio estético y moral utilizadas para clasificar y evaluar lugares, personas, apariencias y comportamientos. Las dimensiones analizadas fueron elegidas en función de su importancia en la transmisión de dos valores morales centrales del la socialización militar de los novatos: por un lado, la elaboración simbólica de la noción de "civil" como alteridad identitaria del "militar" y condición inicial para el nacimiento de una identidad individual que sólo adquiere sentido en su expresión colectiva; y por otro lado, la resocialización del vínculo familiar del individuo "civil" que "muere": el novato debe distanciarse de las características del mundo "civil" y, al mismo tiempo, revalorizar (y por lo tanto redefinir) los vínculos con su mundo familiar. La familia tradicional aparece así como el equivalente "civil" de la institución militar y un referente modelo de organización social.

Después de las dos primeras "semanas de adaptación", la vida cotidiana del novato transcurre entre las actividades del "núcleo de formación profesional" y las materias del "núcleo universitario" (estas son los denominaciones oficiales dentro del CMN). Para los cadetes y los oficiales estos son dos mundos morales diferentes: el mundo de los valores militares colectivos - el ejército como familia, la camaradería, el sacrificio y la abnegación por el grupo- y los valores "universitarios" vinculados al desarrollo y desempeño individual. La ideología familista y las visiones organicistas de la sociedad son tópicos centrales de la cosmología tradicional del ejército argentino18. Los valores e ideas que expresan estos tópicos son recursos a los cuales apelan las autoridades militares para enfrentar institucionalmente el riesgo de una suerte de contaminación moral que, en la perspectiva de muchas autoridades militar, acarrea la introducción de programas de estudio universitarios en la formación de los cadetes. En efecto, la implementación de estos programas exige a los cadetes comportamientos que, para la mayoría de ellos y de muchos oficiales, representan características del mundo "civil"19.

La persistencia y la legitimidad en la socialización de los futuros oficiales de los valores que integran esta cosmología militar tradicional responde no sólo a un conservadurismo de principios sino principalmente a una forma de protección y preservación institucional ante la situación de incertidumbre que atraviesa el CMN como espacio de construcción de sentidos unificadores y totalizadores sobre la identidad militar. Si bien el Ejército intenta, por convicción o pragmatismo político, asignar sentidos novedosos a la profesión militar actual, carece sin embargo de los recursos simbólicos y conceptuales para hacerlo. Por lo tanto, frente a esta situación de ambigüedad respecto de los significados legítimos de la identidad militar, el Ejército apela a una cosmología basada en doctrinas y valores morales tradicionales como elementos distintivos de aquella, lo cual también supone un repliegue al interior de sus fronteras institucionales, sobre todo a sus instituciones educativas, un espacio en donde todavía conserva un amplio margen de autonomía respecto de las intervenciones del poder político civil.

Notas

1 Este trabajo forma parte de un capítulo de mi tesis doctoral. Una versión anterior fue presentada en julio de 2005 en el seminario permanente del Centro de Antropología Social del IDES. Agradezco las observaciones de los asistentes a esta reunión, y en particular los comentarios y sugerencias de Fernando Balbi y Rosana Guber. El artículo también se ha beneficiado de las precisas observaciones y sugerencias de Elizabeth Jelin. La investigación sobre la cual se basa este artículo fue financiada por becas de la Fundación YPF y el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES).

2 Doctorando en Antropología Social, EHESS-París. Becario del IDAES-UNSAM. E-mail: mbadaro@yahoo.com.

3 El CMN fue creado en 1869 por el entonces presidente de la nación Domingo F. Sarmiento con la intención de modernizar y profesionalizar la educación militar de los oficiales del ejército, quienes hasta ese momento se formaban en los cuarteles o en el campo de batalla. En 1901, con la creación del servicio militar obligatorio, el CMN se transformó en la fuente exclusiva de reclutamiento y formación inicial de los oficiales del ejército. El edificio actual del CMN fue inaugurado en 1937 y está ubicado en la localidad de El Palomar, en la Provincia de Buenos Aires.

4 Si bien el gobierno electo en 1983 actuó en forma relativamente inmediata en las áreas de gasto militar, derechos humanos y en la sanción de una nueva ley de defensa, sus medidas para modificar las características de la educación militar fueron prácticamente nulas (Lopez, 1994: 120). Las modificaciones introducidas en este terreno han sido mayoritariamente iniciativas del propio ejército, quien no obstante siempre contó con el aval tácito o formal de los sucesivos gobiernos civiles. De hecho, las iniciativas del ejército siempre se han encuadrado en la idea general, sostenida por todos los gobiernos civiles desde 1983, de vincular la educación militar con la educación universitaria civil.

5 CMN, Programa de Ingreso, 2004.

6 El trabajo de campo comenzó a finales de agosto de 2002, continuó en forma intensiva hasta finales de 2003 e incluyó algunas entrevistas y observaciones durante 2004. Participé en numerosas clases, actos, ceremonias, eventos y en algunos ejercicios militares; realicé entrevistas grabadas y mantuve una gran cantidad de charlas informales con cadetes, oficiales y suboficiales de diferentes grados y armas, profesores civiles y militares, y empleados civiles del CMN. También consulté documentos institucionales y realicé una investigación en los archivos históricos del CMN y del Ejército.

7 Mi interés por el estudio de las "moralidades" de los grupos sociales surgió a partir de un curso dictado por Eduardo Archetti en la maestría en antropología social del IDES/IDAES. En gran medida fue él quien difundió entre muchos antropólogos argentinos las bases teóricas del estudio de esta temática. Para algunos notables ejemplos recientes ver los trabajos de Fernando Balbi (2000) y Sabina Frederic (2004).

8 Para un análisis de la indiferencia como recurso de poder característico de las burocracias modernas ver Herzfeld ,1992.

9 En cada cuarto duermen entre tres y cinco cadetes, según el año. Todos los cuartos tienen una ventana orientada hacia el exterior y otra hacia el pasillo central de la "subunidad" (el edificio donde duermen los cadetes).

10 He comprobado al recorrer las habitaciones que los portarretratos y las fotografías están en todos los armarios de los cadetes. Este portarretratos es el único objeto externo al CMN que puede (y debe) exhibirse en el cuarto y es el único elemento que permite identificar al cadete como un individuo particular.

11 Reglamento Interno del Colegio Militar, Año 1934 (cursivas en el original). Archivo Histórico del CMN.

12 Libro Histórico del Colegio Militar de la Nación, 1986, p. 60, 62. (cursiva mía).

13 Reglamento ROB-00-01 "El Ejército Argentino".

14 Para las representaciones de la familia y la política de las fuerzas armadas argentinas y por otros grupos sociales durante los años de la última dictadura militar consultar el trabajo de Judith Filc (1997).

15 Según lo indica un documento llamado "Guía de Entrevista Vocacional. Criterios complementarios para la evaluación", preparado por el Gabinete Psicopedagógico del CMN y entregado a los oficiales que realizan las entrevistas vocacionales a los aspirantes a cadete.

16 Los otros "valores e ideales" son: "sentimiento de patria, sacrificio, honestidad, verdad y lealtad; vocación de servicio y clara motivación para seguir la vida militar; valores religiosos"

17 Actualmente no es necesario que los cadetes se identifiquen con la religión cristiana sino que posean "fe en Dios".

18 Para Stanley Tambiah "a society's principal cosmological notions are all those orienting principles and conceptions that are held to be sacrosanct, are constantly used as yardsticks, and are considered worthy of perpetuation relatively unchanged" (1985:130).

19 Se trata de comportamientos que están orientados al desarrollo de intereses u objetivos individuales antes que grupales. Por ejemplo, ocupar el tiempo disponible para estudiar una materia del "núcleo universitario" en lugar de utilizarlo para transmitir informalmente conocimientos militares a cadetes de años inferiores o para participar en los rituales que realizan los cadetes superiores para iniciar a los novatos.

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