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Avá

versión On-line ISSN 1851-1694

Avá  n.10 Posadas mar. 2007

 

ARTÍCULOS

Singularidades y asimetrías en el campo antropológico mundial1

Eduardo Restrepo2

Resumen

Las concepciones normativas de la disciplina tienden a obliterar la multiplicidad de genealogías, trayectorias y configuraciones de las antropologías existentes en el mundo. Las singularidades son opacadas y consideradas derivadas de unos paradigmas disciplinarios naturalizados que pocas veces son objeto de examen. En este artículo se elaboran una serie de planteamientos teóricos sobre la relevancia de comprender estas singularidades así como sobre las relaciones de poder que estructuran las condiciones de existencia y de visibilidad en y entre las antropologías del mundo.

Palabras Clave: Antropologías del mundo; Establecimientos antropológicos; Canon antropológico; Antropologías periféricas.

Abstract

The normative understandings of the discipline have the tendency to obliterate the multiplicity of genealogies, trajectories and configurations of the existing world anthropologies. The singularities are blurred and assumed to be derivate from a set of disciplinary paradigms that are naturalized and rarely examined. In this article propose some theoretical considerations about the relevance of understanding these singularities as well as about the power relationships that structure the conditions of existence and visibility within and across the anthropologies of the world.

Key words: World anthropologies; Anthropological establishments; Anthropological cannon; Peripherical anthropologies.

Fecha de recepción: Julio 2006
Fecha de aprobación: Agosto 2006

En múltiples lugares del mundo se cuenta en la actualidad con establecimientos antropológicos con trayectorias e historias que, no en pocos casos, se remontan a varias generaciones y comprenden varios centenares (y a veces miles) de practicantes. Las comunidades antropológicas ya no se circunscriben a un puñado de antropólogos en unos pocos países en Europa y en Estados Unidos en donde por vez primera se articuló institucionalmente la disciplina. Además del crecimiento demográfico y complejización de estos primeros establecimientos, en gran parte de los países de América Latina, África, Europa y Asia han surgido comunidades de antropólogos locales que adelantan labores de investigación y docencia, así como de intervención social, diseño de políticas públicas y de participación política, entre otras. Congresos disciplinarios, publicaciones especializadas y programas de formación en pregrado y postgrado existen en no pocos de estos establecimientos antropológicos desde hace varias décadas.

Existe el riesgo de diluir la importancia de las singularidades de los establecimientos antropológicos en ciertas interpretaciones de la globalización que enfatizan la homogenización económica, política y cultural del mundo. Es errado entender la creciente interconectividad mundial como un signo y garantía de una comunidad antropológica planetaria homogénea, desjerarquizada y desterritorializada. Antes que una disciplina homogénea practicándose de la misma manera, con idénticos énfasis conceptuales, agendas, entramados institucionales y estrategias metodológicas en todo el mundo, lo que encontramos son significativas variaciones en y entre los establecimientos antropológicos en los cuales operan diferentes comunidades locales, nacionales o regionales. La diferencia entonces ya no como exterioridad y objeto de estudio, sino como constitutiva del campo antropológico mundial. De ahí la relevancia de comprender la singularidad de los diferentes establecimientos antropológicos, las modalidades de financiación, los específicos amarres institucionales dentro de los que operan, las articulaciones con otras formas de conocimiento académico o más allá de lo académico, sus trayectorias, modalidades de formación, subjetividades disciplinarias, estrategias argumentativas, y mecanismos de difusión, debate e instrumentalización de los resultados del trabajo antropológico, entre otros.

El otro aspecto asociado al actual campo antropológico mundial que amerita examinarse refiere a la asimetría. Para recurrir a una conocida metáfora, el incremento en el 'viaje' de antropólogos y antropologías asociadas a la mayor interconectividad de la globalización, no significa que estos 'viajes' se realicen con la misma intensidad y alcance en todas las direcciones. Unas antropologías y antropólogos 'viajan' más que otros y lo hacen bajo diferentes premisas y alcances. Las condiciones materiales de la movilidad (al igual que las lingüísticas), las formas de inserción y las direccionalidades de los flujos son distintas si estamos hablando de establecimientos antropológicos periféricos o centrales. De ahí que no sólo deban considerarse las singularidades de los establecimientos antropológicos, sino también asimetrías entre ellos.

La primera parte de este artículo introduce unos criterios de encuadre para visualizar las singularidades de las antropologías del mundo. Se argumenta la relevancia de superar los enfoques que parten de concepciones normativas de una unicidad trascendente de antropología para plantear que es desde las prácticas y las relaciones históricamente concretas que deben entenderse las especificidades de los diversos establecimientos antropológicos. En la segunda parte se examinan algunos de los planteamientos de asociados a la Red de Antropologías del Mundo que han sido sugeridos para dar cuenta de las diferencias y asimetrías en el campo antropológico mundial. En particular, se anota su distinción de antropologías hegemónicas y subalternizadas así como los argumentos sobre la asimetría en la visibilidad de las diferentes antropologías. Finalmente, el artículo concluye indicando la relevancia de aplicar sobre nuestras propias prácticas algunas de las enseñanzas que han resultado de la labor antropológica.

Antes que una etnografía o historia de establecimientos antropológicos particulares que ilustre mi argumento o un ejercicio comparativo que sustente los puntos de confluencia y diferenciación entre estos establecimientos, mi artículo se limita a una elaboración teórica de algunos planteamientos que son pertinentes para pensar la singularidad y asimetría en y entre las antropologías practicadas en diferentes partes del mundo. No es que considere irrelevante la fundamentación empírica de estos planteamientos, sino que para lospropósitos y alcances de esta contribución he preferido limitarme al examen conceptual. Es igualmente pertinente que el lector tenga presente que este artículo ha sido escrito desde una experiencia y perspectiva de un antropólogo colombiano que ha realizado sus estudios de postgrado en los Estados Unidos. Esto significa que el conocimiento de los establecimientos antropológicos en otras partes del mundo (como las disímiles tradiciones en Europa, Asia y África) es de segunda mano a través de la literatura y, he de reconocer, en muchos aspectos marcadamente limitado. Lo que anima a presentar estos planteamientos es precisamente un reconocimiento de los límites propios que son manifestación de desconocimientos más profundos y estructurales de los diferentes establecimientos en los cuales habitamos.

Cuestiones de encuadre: visualizando las singularidades

Para dar cuenta del campo trasnacional de las antropologías se requiere tomar en serio la singularidad de las antropologías practicadas en diferentes lugares del mundo. Esto significa abandonar la premisa ampliamente extendida de que existe algo así como una 'antropología auténtica' (que por lo general se identifica con unas 'tradiciones' concretas)3 y que sus variaciones en los países periféricos debían ser entendidas como copias (las más de las veces diletantes) que sólo de forma parcial (un no-todavía) y heterodoxa lograban aparecer como antropología. Como bien lo anota el antropólogo mexicano Esteban Krotz, estas antropologías "[...] no son reductibles a meras 'extensiones' o 'réplicas' (acaso imperfectas) de un modelo antropológico original. Más bien, nos encontramos ante formas de generar conocimientos antropológicos que tienen características particulares" (1993: 8).

Si bien es cierto estas antropologías no pueden considerarse como simples imitaciones, de esto no se sigue que en ellas no hayan operado desde su institucionalización contradictorios procesos de mimetismo, subalternizacion y confrontación con respecto a las tradiciones antropológicas dominantes. Sin desconocer las complejas tensiones que estructuran las disímiles antropologías, el cuestionamiento del supuesto de que son derivación aberrante de un patrón naturalizado, no marcado y definido de antemano busca abrir un espacio analítico para examinar las singularidades en sus propios términos y con todos los contradictorios procesos de diferenciación e inscripción en el campo antropológico mundial. Por tanto, al tomar en serio la singularidad de las diferentes articulaciones antropológicas se busca evidenciar los específicos entramados institucionales, sociales, políticos e intelectuales en los cuales emergen y se transforman las diferentes antropologías. La especificidad de estos entramados no responde sólo a variantes nacionales o regionales, sino también a las modalidades de relación y su posicionalidad con respecto a otras antropologías. La singularidad no significa aislamiento o ensimismamiento.

En este sentido, se requiere cuestionar una lectura metafísica, esencialista u ontológica (como se quiera adjetivar) de la antropología (o, mejor, de las antropologías) para centrarse en las prácticas concretas (lo que los antropólogos realmente hacen y enuncian en tanto antropólogos), así como en las diferentes capas de relaciones que permiten (o no) estas prácticas. Dejar de pensar en definir desde un a priori normativo la antropología (o las antropologías) recurriendo a un criterio articulador (ya fuera en el objeto, la metodología, conjunto de paradigmas o contenidos), para abrir la posibilidad de entender la multiplicidad de prácticas y relaciones que de hecho constituyen las antropologías existentes. La densidad, especificidad e historicidad de las prácticas y relaciones en lugares concretos deben ser tomadas seriamente en consideración para evitar disputas inagotables y estériles que pretenden saldar en abstracto y de forma normativa lo que constituiría la comunalidad y las diferencias en y entre las antropologías4.

Así, la diversidad en y entre las antropologías no es entendida como suplemento o derivado de una identidad primordial y trascendente. Desde esta perspectiva se cuestiona, entonces, un modelo difusionista que subyace a muchos análisis del sistema mundo de la antropología donde se asume que existiría de un lado la antropología (así en singular) que se identificaría con ciertas tradiciones (principalmente asociadas a Inglaterra, Francia y Estados Unidos) y, del otro, una diversidad de antropologías híbridas o derivadas. Igualmente, implica el cuestionamiento de que existiría algo así como un núcleo, una esencia, un objeto, una metodología, una matriz o unos paradigmas que definirían una suerte de comunalidad trascendental que se expresaría con mayor o menor variación en los diferentes contextos en los cuales se practican las antropologías.

Estas prácticas no se articulan libre y reflexivamente por una comunidad antropológica específica -ni, mucho menos, por un antropólogo en particular-, sino en función de contextos institucionales y discursivos que operan en diferentes escalas que comprenden desde lo local al campo antropológico mundial. Al señalar la relevancia para entender las singularidades de las antropologías mediante el estudio de las prácticas que las constituyen, no pretendo argumentar que no operen procesos de normativización y subjetivación que constriñen y definen las condiciones de posibilidad de estas prácticas. Al contrario, lo que pretendo resaltar es que estos procesos de normativización y subjetivación deben ser estudiados histórica y etnográficamente antes que suponerlos de antemano basados en una definición más o menos general de antropología. Al suponerlos de antemano se corre el doble riesgo de no justipreciar la singularidad de las diferentes antropologías (sobre todo de aquellas que han sido marginalizadas e invisibilizadas en los establecimientos centrales y periféricos) y de facto equiparar lo antropológico con sus expresiones dominantes.

Ahora bien, la diversidad en y entre antropologías no significa que cada una de ellas sean entidades cerradas sobre sí mismas resultantes del aislamiento y entrampadas en sus inconmensurabilidades. Su diversidad es más resultado de sus constantes y múltiples relaciones (dialógales y de poder) en diferentes escalas que de su aislamiento. No obstante, al indicar las interrelaciones tampoco se puede desconocer los entramados específicos sobre los que gravitan relaciones, recursos, afectos, intereses, pasiones... como los que puede definir el marco del Estado o de la lengua. La imagen no es la de una antropología que viaja y llega de la misma manera a diferentes lugares del mundo, sino que de entrada eso que se llama antropología en singular es esencialmente un efecto de una mirada retrospectiva y disciplinante que en ningún lado ha existido realmente. Si uno va más allá de los manuales de antropología que caricaturizan y simplifican las genealogías disciplinarias, lo que se presenta en sus comienzos son diferencias sustantivas, tensiones y dispersiones en y entre los distintos establecimientos (c.f. Stocking, 2002). Incluso para cuando las antropologías institucionalmente articuladas se circunscribían a unos pocos establecimientos (como en Inglaterra, Francia y EEUU, pero también Alemania e Italia entre otras), detrás de las nociones de 'antropología cultural', 'antropología social' y 'etnología' no estaba en juego exactamente el mismo proyecto disciplinario. A propósito Stocking anotaba: "Despite the apparently unifying embraciveness of the term 'anthropology,' there is actually a great deal of diversity within the Euro-American anthropological tradition. The history of this diversity has yet to be written [...] ." (1982: 172). No más recuérdese como la arqueología o la antropología física eran partes integrantes o no del proyecto dependiendo de la 'tradición', o cómo los conceptos centrales de cultura, sistema social o estructura interpelaban diferencialmente estos establecimientos. Por supuesto, al interior de estos no ha habido tampoco una homogeneidad o consenso como a veces se pretende suponer con nociones como las de 'escuela' o 'teoría'5.

Por tanto, el campo de las antropologías ha sido más heterogéneo desde sus inicios de lo que tiende a presentarse. No obstante, hoy presenciamos una mayor complejidad y profundización de estas heterogeneidades no sólo por la consolidación de múltiples establecimientos antropológicos en diferentes lugares del mundo, sino por la expansión demográfica y temática de los más antiguos6. La multiplicación y densificación de los establecimientos antropológicos no se encuentra predicada sobre una antropología idéntica que se aclimataría, con mayor o menor éxito, a las diferentes condiciones locales. Las variaciones observables en el actual campo antropológico mundial no deben ser consideradas como simple efectos de superficie de un núcleo primordial que garantizaría su mismidad última y trascendente.

Una de las implicaciones más sustantivas de estos planteamientos radica en que, una vez situados en el plano de las prácticas y relaciones, se hace evidente que los bordes entre lo antropológico y no antropológico (las fronteras disciplinarias) y, más aún, entre lo académico y no académico (las fronteras que definen el conocimiento experto) se desdibujan o, por lo menos, se visualizan y problematizan. No más un objeto, un método, unos héroes culturales o un conjunto de teorías garantes de una coherencia maestra desde donde se podría identificar de una vez y para siempre lo que constituye lo antropológico de lo que no lo es. Ahora bien, si estas fronteras se ven desdibujadas desde el plano de las múltiples prácticas de las antropologías del mundo no es para abrazar un relativismo o nativismo epistemológico (o axiológico) ni para desconocer que estas fronteras se instauran constantemente como relaciones de poder institucionalizadas que constantemente definen una exterioridad constitutiva (no homogénea y siempre problemática).

Hacia una perspectiva sistémica: examinando las asimetrías

En los últimos años se ha venido consolidando una Red de Antropologías del Mundo (RAM-WAN) donde adquiere relevancia comprender e intervenir sobre las condiciones y los términos de la conversalidad de la comunidad antropológica transnacional7. En uno de sus artículos señalaban dos de las preguntas que inspiran el trabajo de los integrantes de esta red en los siguientes términos: "[...] ¿cómo podemos repensar -y rehacerlas antropologías de manera abierta y en un contexto global, a pesar de su origen en la modernidad europea, y más allá de sus conexiones con el colonialismo, el capitalismo y la globalización? ¿Cómo pueden caracterizarse unas 'antropologías del mundo' en contraste con un panorama actual desbordado por 'tradiciones antropológicas nacionales' en las que algunas de éstas tienen más peso paradigmático - y de ahí más poder y autoridad implícita- que otras?" (Colectivo Wan, 2003: 265-266). Lo que está en juego, entonces, es una preocupación por la pluralización del campo de las antropologías del mundo reconociendo los anclajes y trayectorias de las diferentes tradiciones que han estructurado relaciones asimétricas entre éstas. Las diferencias entre las antropologías importan, tanto como las relaciones de poder que saturan el campo antropológico mundial. Para dar cuenta de estas diferencias y relaciones de poder, los integrantes de la red han explorado una serie de conceptos. En la distinción entre antropologías centrales y periféricas8, se introducen las nociones de hegemonía y subalternización que permiten comprender cómo las relaciones de poder no sólo operan entre establecimientos antropológicos, sino al interior de éstos: "La distinción entre 'centro' y 'periferia' es compleja, y no está limitada meramente una distinción geográfica. En la Red estamos interesados en la dinámica por la cual es establecida la hegemonía y subalternización entre las antropologías en un contexto mundial y la creación de centros en las periferias y periferias en los centros" (Colectivo WAN, 2003: 266).

Por antropologías hegemónicas se entiende la serie "[...] de formaciones discursivas y prácticas institucionales asociadas con la normalización de la antropología bajo las modalidades académicas principalmente en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia [...] " (Ribeiro y Escobar, 2006: 7). De ahí que la hegemonía refiera a la configuración y naturalización de cánones disciplinarios y las subjetividades que interpelan a los antropólogos no sólo en los establecimientos centrales, sino también en los periféricos. La hegemonía entendida de esta manera es menos la dominación como imposición o coerción, y más como lo que con el paso del tiempo se convierte en y opera desde los precipitados del sentido común disciplinario que tienden a mantenerse fuera de examen. Las antropologías subalternizadas serían aquellas modalidades de hacer antropología que, por diversos motivos, no encajan en las articulaciones hegemónicas en un momento determinado. Las antropologías subalternizadas, entonces, habitarían en las márgenes e intersticios de los establecimientos antropológicos de la periferia, pero también de los centrales. En establecimientos centrales como el de los Estados Unidos se hallan antropologías subalternizadas y en un establecimiento periférico como en Colombia tambien se encuentran operando antropologías hegemónicas. Ahora bien, con el concepto de antropologías subalternizadas no se busca apelar a un Otro (ahora encontrado al interior del campo antropológico pero aun imaginado como 'anomalía', 'derivación', 'desviación' o 'particularismo' culturalista) en aras de 'mejorar' o de 'corregir' este campo desde una propuesta multiculturalista, de acción afirmativa o de políticas de la identidad ni, menos aun, una celebración del relativismo epistémico donde "everything goes".

Las antropologías hegemónicas operan tanto en los Estados Unidos como en Portugal o en Colombia, al igual que lo hacen las antropologías subalternizadas. Las articulaciones concretas de unas y otras en el marco de una nación, región o localidad específica no se pueden suponer de antemano porque esta no se deriva mecánicamente del lugar de esa nación, región o localidad en el concierto geopolítico global. No obstante, la correlación de fuerzas y las disputas entre las antropologías hegemónicas y subalternizadas varían tanto en un establecimiento antropológico concreto como en el campo transnacional de la antropología en un momento determinado. Esta conceptualización de antropologías hegemónicas y subalternizadas tiene la ventaja analítica de pensar en términos de una geopolítica del conocimiento que, aunque tiene expresiones espaciales concretas, no sigue de manera mecánica la distinción geográfica entre países ni, mucho menos, implica una apología nativista o nacionalista a los establecimientos antropológicos de la periferia del sistema mundo. En otras palabras, estos conceptos parten del "[...] reconocimiento de la necesidad de una critica que mine la simple definición geográfica de la 'periferia' y del 'centro', especialmente cuando esta definición se reviste de una reversión esencialista de los términos en aras de esgrimir un nativismo como supuesto privilegio epistémico" (Colectivo WAN, 2003: 267). Desde la perspectiva del Colectivo WAN (2005), es relevante provincializar las antropologías hegemónicas, descentrarlas y marcarlas mostrando los mecanismos y relaciones de poder por los cuales a su interior y con respecto a otras antropologías (en los centros y en las periferias) constituyen barreras en la transformación de las actuales condiciones y los términos de conversabilidad antropológica global.

En un reciente libro colectivo sobre las Antropologías del Mundo, Gustavo Lins Ribeiro y Arturo Escobar (2006: 13) proponen las nociones de 'cosmopolitanismo provincial' y 'provincialismo metropolitano'. Por cosmopolitanismo provincial indican el hecho que los antropólogos de las antropologías periféricas generalmente conocen y refieren a la historia, autores y discusiones de las antropologías metropolitanas. No hacerlo puede poner en tela de juicio su competencia disciplinaria. Al contrario, los antropólogos localizados en los establecimientos metropolitanos rara vez evidencian un conocimiento de las antropologías periféricas y, menos aún, toman a sus autores y literaturas como interlocutores del mismo nivel que sus colegas en casa (Gupta y Ferguson, 1997: 27).

En una dirección semejante, el antropólogo japonés Takami Kuwayama (2004) describe algunos de los dispositivos de la hegemonía que operan en el sistema mundo de la antropología. En primer lugar, indica el 'consistente patrón de negligencia' de las antropologías centrales con respecto a las antropologías marginales o periféricas. Este patrón implica que sólo quienes, siguiendo una actitud mimética, se pliegan a los estilos de argumentación y escritura del centro, quienes asumen publicar en sus revistas y editoriales, son objeto de reconocimiento en las antropologías centrales: "This practice poses a great dilemma for peripherial/native scholars because conformity to the center may be derided as imitative, whereas nonconformity will likely result in dismissals of their work for being incompreshensible" (p. 40). En segundo lugar, refiere a cómo en las antropologías centrales confluyen la comunidad antropológica local en la cual escribe, debate y se inserta el trabajo de sus antropólogos (sobre todo si se trata de la estadounidense) con la audiencia antropológica global; mientras que los antropólogos en la periferia deben escindirse entre la comunidad antropológica local y la audiencia global. Tercero, Kuwayama (2004: 44) anota la asimetría entre los establecimientos antropológicos resultante de la 'intimidad peculiar' de la relación colonial en la cual, como resultado de los legados coloniales, las clases educadas o elites locales se encuentran en posición de hablarle a sus anteriores colonizadores en su 'lenguaje'. Esto ha contribuido, dice, a la prominencia de antropologías como la de la India. Finalmente, de cierta forma relacionado con este argumento, Kuwayama (2004: 44) indica que, de acuerdo con Wallerstein, las elites de los países periféricos y centrales constituyen a menudo una relación simbiótica, por lo que no es de sorprender que las relaciones entre los antropólogos entre los centros y las periferias pueden ser más estrechas que las que se dan entre los antropólogos en el centro o en la periferia respectivamente. El bagaje de clase privilegiada y la actitud elitista de ciertos antropólogos en países periféricos como Colombia y ciertos amarres institucionales donde logran tener una presencia predominante parecen mostrar lo acertado de este punto de Kuwayama.

Lo más paradójico de estas 'políticas de la ignorancia' es que las antropologías periféricas tienden a desconocerse entre sí, incluso cuando se encuentran geográfica y lingüísticamente cercanas. Un antropólogo en Colombia tiende a saber más de las discusiones, autores y problemáticas de las antropologías estadounidense, francesa o inglesa que las de las antropologías en Venezuela, Ecuador, Panamá o Argentina (Cardoso de Oliveira, 1999/2000: 13). Algo similar puede plantearse para África y Asia donde los pasados vínculos coloniales aun signan las tendencias en los enlaces intelectuales. Es relevante agregar que aunque este antropólogo en Colombia puede tener algunas referencias de las antropologías mexicana y brasileña, lo contrario es extraordinario ya que las asimetrías se reproducen al interior de las regiones e incluso en un mismo país entre sus capitales y provincias. Estas diferentes influencias y orientaciones son también marcadas por los lugares en los cuales los antropólogos reciben su entrenamiento si salen de sus países o no y a dónde en particular.

Esta asimetría en la visibilidad de unas y otras antropologías es lo que Esteban Krotz (1993, 1997) ha denominado el silenciamiento de las antropologías de Sur. Este silenciamiento pasa por el abierto desconocimiento de la existencia de las antropologías en los países del Sur por parte de los antropólogos en las metrópolis o, más comúnmente, por considerarlas "[...] como una especie de 'eco' o versión diluida de la antropología propiamente dicha que es y sigue siendo únicamente la generada en los países originarios de la disciplina, documentada en sus revistas y empresas editoriales, producida y transmitida en sus universidades" (Krotz, 1993: 7). Este silenciamiento se expresa concretamente en los cursos en las universidades sobre el pensamiento antropológico o en los manuales sobre la historia de la disciplina donde generalmente se obliteran autores y contribuciones por fuera de las tradiciones estadounidense, francesa y británica. Así, las antropologías del Sur aparecen como 'antropologías sin historia', como simples copias diletantes de las 'verdaderas antropologías' que constituyen la historia y los paradigmas de la disciplina. Esta imagen no se encuentra sólo en las antropologías centrales, sino que también en las mismas antropologías del Sur lo que indica cuan poco examinados y extendidos son ciertas premisas sobre las que se edifican y expresan no sólo diferenciaciones sino jerarquizaciones. Que esta imagen circule y sea ampliamente aceptada en las antropologías periféricas es explicable precisamente por las operaciones hegemónicas que naturalizan unos cánones y genealogías como la antropología y la historia disciplinaria.

Otro aspecto que es importante no perder de vista en el análisis se refiere a que el silenciamiento no sólo afecta a las antropologías de los países del Sur, sino a establecimientos antropológicos consolidados en ciertos países del Norte. Así las antropologías en los países como Austria, Alemania, Italia, Canadá, España o Japón son también objeto de tales silenciamientos. Sobre esta última, por ejemplo, en un libro sobre las antropologías en el este y sureste asiático, los editores señalaban que: "[...] despite the large number of anthropologists in Japan and the immense volume of work they publish, it is still surprising how little this work is known in West" (Yamashita, Bosco y Eades 2004: 6). Esto nos indica que las relaciones de visibilidad y las posicionalidades de las antropologías apuntan a procesos y mecanismos más complejos que la simple expresión mecánica en el campo trasnacional de las antropologías de las relaciones de poder y de riqueza entre el Norte y el Sur. Por supuesto que las condiciones materiales y el orden de posibilidades en las cuales se inscriben los establecimientos antropológicos no son las mismas en general en aquellos establecimientos del Norte y los del Sur, pero las 'antropologías sin historia' no son patrimonio exclusivo de estos últimos. Ahora bien, como nos recuerda el antropólogo colombiano Carlos Alberto Uribe (2005: 71), estas diferencias en las condiciones materiales y orden de posibilidades nos alertan sobre los riesgos de considerar sin mayor examen como una totalidad homogénea a las antropologías periféricas.

En los últimos años parece estar consolidándose un interés en algunos ámbitos de los establecimientos antropológicos centrales y periféricos por examinar las políticas de la ignorancia en y entre las diversas antropologías en el campo antropológico mundial así como por una revisión de los supuestos sobre los que se constituyen y operan estos establecimientos. Publicaciones de números especiales de revistas, libros y eventos en diferentes partes del mundo dan cuenta de este creciente interés9. Cada vez hay mayor sensibilidad entre los antropólogos e instituciones en los establecimientos centrales para asumir relaciones de colaboración y reconocimiento de sus colegas en los establecimientos periféricos cuestionando las modalidades extractivas de 'investigación minera' que han prevalecido10. De otro lado, aunque desde hace varias décadas antropólogos en las periferias del campo antropológico mundial han articulado críticas a los modelos metropolitanos de antropología y el colonialismo intelectual, más recientemente han venido confluyendo disímiles voces en establecimientos periféricos que esgrimen preocupaciones sobre las nuevas y antiguas modalidades de asimetría con los colegas y establecimientos dominantes y sus mediadores locales11. Parece entonces que ha llegado el tiempo en que la historia del campo antropológico mundial será re-escrito con la paulatina irrupción y posicionamiento de lo que hasta ahora han sido 'antropologías sin historia'.

Comentarios finales

El ex presidente de la American Anthropological Association, Don Brenneis, anotaba su sorpresa por la aparente inconsistencia de los antropólogos que en general evidencian extraordinarias habilidades para examinar complejas situaciones en sus trabajos de campo pero que "[...] son considerablemente menos analíticos sobre las redes institucionales que habitan diariamente aquí en casa" (2004: 581). Esta inconsistencia es la punta del iceberg que evidencia la dificultad de los antropólogos para volver sobre sí mismos el ensamblaje analítico que han desarrollado en el estudio detallado de las más variadas e inusitadas manifestaciones humanas. Los entramados institucionales de la práctica propia, la filigrana de premisas no habladas sobre las que se edifican los establecimientos antropológicos y las subjetividades articuladas a los mismos tienden mantenerse por fuera del análisis y del campo de visibilidad para el grueso de los antropólogos, incluso entre aquellos que debaten febrilmente sobre su disciplina. En general, los énfasis son puestos más en 'escuelas', 'paradigmas', 'rupturas epistemológicas', desplazamientos metodológicos, héroes culturales antes que en las condiciones de emergencia y transformación del ejercicio antropológico, de la diferenciación y de jerarquización de los antropólogos mismos a partir de lo que hacen y dejan de hacer así como de las narrativas que sobre sí suelen tejer y los silencios que suponen.

Si alguna enseñanza ha dejado las innumerables investigaciones antropológicas durante el pasado siglo, es que las maneras cómo los seres humanos pensamos el mundo y las formas de habitarlo no sólo se encuentran estrechamente imbricadas, sino que varían significativamente. Lo que hemos estudiado de múltiples maneras en los diferentes escenarios sociales y culturales a lo largo del planeta, parece ser más difícil de comprender cuando intentamos volver la mirada hacia nosotros mismos en nuestra labor de antropólogos. Parece que algunos aspectos sustantivos de nuestras propias prácticas se constituyesen como un punto ciego difícil de someter a examen. No es extraño observar cómo tendemos a naturalizar nuestra propia identidad disciplinaria apelando a narrativas que pretenden establecer especificidades y unicidades a través del tiempo y el espacio que desconocen las disímiles antropologías realmente existentes. Así, aunque la gran mayoría de los antropólogos hemos desencializado nuestros análisis de las identidades o las culturas que estudiamos, parece que cuando pensamos nuestras identidades disciplinarias de golpe se instaura nuevamente una mirada esencialista y nos aferramos a entidades trascendentales que nos garantizarían la existencia de una única antropología ya sea en un lugar (mítico de origen) o por debajo de las apariencias o superficiales diferencias observadas. Para comprender el sistema mundo de la antropología necesitamos desencializar nuestra concepción de las antropologías, tanto como provincializar las expresiones dominantes que tienden a naturalizarse como paradigmas no marcados que definiría los términos y el espectro de las variaciones. Lo que amarra o no a las diversas antropologías son prácticas institucionales y subjetividades cambiantes y objeto de disputas en y entre las antropologías y antropólogos en un campo antropológico mundial saturado en diferencias y jerarquías con respecto a las visibilidades y posiciones de los establecimientos antropológicos del mundo.

Notas

1 Este artículo se ha alimentado de las discusiones con un grupo de colegas de diferentes países con los cuales hemos conformado desde hace ya unos años la Red de Antropologías del Mundo (www.ram-wan.org). Por tanto, mis planteamientos son elaboraciones colectivas o, cuando menos, resultado de infinitud de conversaciones por escrito u orales con estos colegas. Algunas de estas conversaciones han sido particularmente intensas y sobre las que no hay ni pretendemos consenso alguno. Por supuesto, la manera en que las interpreto, los énfasis que establezco y las implicaciones que subrayo responden a mis particulares posiciones en esta conversación. Así que cualquier responsabilidad por desvirtuar las ideas o planteamientos de mis colegas, son de mi entera responsabilidad. Agradezco especialmente a Marisol de la Cadena, Arturo Escobar, Susana Narotzky y Gustavo Lins Ribeiro por su siempre honesto, constante y edificante intercambio intelectual. Igualmente, agradezco los comentarios al borrador de este artículo realizados por Elisabeth Cunin, Noel B. Salazar y Natalia Otero que implicaron elaborar aspectos que no había considerado y precisar algunos de mis argumentos iniciales.

2 Miembro de la Red de Antropologías del Mundo. Candidato al doctorado en antropología en la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill. Email: restrepo@email.unc.edu

3 Las tradiciones concretas que aparecen como lo paradigmatico de la antropología dependen del lugar desde el cual uno este examinando el campo. En gran parte de America Latina y en los EEUU las tradiciones mas salientes son la francesa, inglesa o estadounidense. Algunas escuelas italianas, alemanas y hasta holandesas tienen su relevancia en ciertos establecimientos de America Latina (cf. Guber y Visacovsky, 1999).

4 Al menos desde finales de los sesenta se encuentran disímiles pronunciamientos en esta dirección. En Reinventing Anthropology, por ejemplo, Dell Hymes tajantemente afirmaba: "Forget the difficulty of defining anthropology or even of identifying it [...] Let anthropology be what anthropologists do" ([1969] 1974: 7). Más recientemente, el antropólogo haitiano Michel-Rolph Trouillot abre su libro sobre la antropología en los tiempos de globalización con el contundente enunciado: "Anthropology is what anthropologists do" (2003: 1). Por su parte, Johannes Fabian puntualizaba que lo que hacen los antropólogos no es una actividad centrada en sí mismos (como puede desprenderse de ciertas manifestaciones extremas de la reflexividad antropológica en el establecimiento estadounidense), sino en relación con otros: "Anthropology may be what anthropologists do [...] , but anthropologists do what they do by doing it with, and perhaps sometimes to, others." (2006: 283).

5 Para un examen de las dispersiones, silenciamientos y multiplicidades de la antropología en Francia que se ha imaginado como una entidad homogénea, véase Archetti (2006).

6 Sobre esta expansión demográfica y temática en el establecimiento estadounidense, véase Geertz (2002).

7 Esta red cuenta con unos sesenta integrantes en diferentes partes del mundo, aunque hay una mayor presencia de antropólogos latinoamericanos que trabajan en los EEUU o en América Latina. Si bien ha contado con la financiación de entidades como la Fundación Wenner Gren para la realización de una de las reuniones muy al comienzo, donde participaron algunos de sus miembros, la red se ha adelantado con reuniones paralelas entre algunos de sus integrantes financiados por ellos mismos y predominantemente mediante correos electrónicos y su página en Internet (www.ram-wan.org). Para un conocimiento de los miembros, la trayectoria y contribuciones de la red, puede consultarse la revista electrónica que se publica en su página.

8 Esta distinción fue sugerida en la década de los ochenta por Gerholm y Hannerz (1982). Con la distinción centro/periferia buscaban dar cuenta de las desigualdades estructurales de las diferentes antropologías en el 'orden mundial de la antropología' que tiene mucho que ver con las posiciones pasadas y presentes de los respectivos países en el sistema mundo (Gerholm y Hannerz, 1982: 6). En América Latina los modelos propuestos por Cardoso de Oliveira en Brasil y Esteban Krotz en México también han abordado desde una perspectiva sistémica las relaciones entre diferencia, lugar y poder en y entre las distintas antropologías y antropólogos del mundo. Mientras que Cardoso de Oliveira ([1993] 2004, 1999/2000) ha elaborado sus análisis a partir de la distinción antropologías metropolitanas o centrales y antropologías periféricas, Krotz (1993, 1997) ha sugerido la noción de 'antropologías del Sur'. Más recientemente, el antropólogo japonés Takami Kuwayama vuelve sobre la distinción antropologías centrales y periféricas para argumentar la noción de sistema mundo de la antropología ('world-system of anthropology'). Según Kuwayama, "[...] la antropología constituye un 'sistema mundo' en el cual los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia están posicionados en el 'centro' o núcleo. Su poder hegemónico ha relegado otros países, especialmente aquellos con tradiciones intelectuales no-occidentales, a la 'periferia' o al margen del sistema" (2004: 36).

9 Una muestra de las publicaciones son los libros colectivos de Boškovic (in press); Ribeiro y Escobar (2006); Segal y Yanagisako (2005); Grimson, Ribeiro y Semán (2004); Yamashita, Bosco, y Eades (2004); así como las diferentes series de Anthropology News Letters sobre las antropologías de diferentes partes del mundo.

10 En el contexto académico francés circula esta expresión para hacer referencia al modelo de ir a tomar los datos afuera para analizarlos y publicarlos en casa. Agradezco a Elisabeth Cunin por llamar mi atención sobre esta noción en el establecimiento académico francés y sobre el interés que se atestigua sobre las antropologías periféricas como lo evidencia este número especial del Journal des Anthropologues.

11 Véase, por ejemplo, el primer número de Antípoda, revista de antropología de la Universidad de los Andes en Bogotá. Puede consultarse en la siguiente dirección: http://antipoda.uniandes.edu.co

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