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Ciencia, docencia y tecnología

versión On-line ISSN 1851-1716

Cienc. docencia tecnol.  n.37 Concepción del Uruguay nov. 2008

 

Editorial

Escribir el editorial del trigésimo séptimo número de la revista me permite, en primera instancia, cobrar conciencia del esfuerzo sostenido que para nuestra universidad significa renovar el compromiso con la circulación de los saberes académicos. Cada ejemplar constituye un acontecimiento que implica la convergencia de itinerarios institucionales y la voluntad y el trabajo de sujetos que, asumiendo su responsabilidad como actores, colaboran para provocarlo.
Del nombre que signa esta publicación -Ciencia, Docencia y Tecnología-, elijo, en esta oportunidad, la Docencia para centrar en ella algunas reflexiones, interrogándome acerca de los desafíos que implica hoy el oficio de enseñar en la universidad pública.
Por ser la universidad una institución que históricamente se ha constituido en la encrucijada de estas tres prácticas, enunciaré dos cuestiones que considero significativas en tanto transparentan juegos de interacciones posibles entre la investigación, los procesos tecnológicos y la enseñanza.
La primera refiere a un cierto aspecto incorporado al imaginario colectivo que afirma que el docente universitario se caracteriza por nutrir su enseñanza en la investigación. Al decir esto, podría entenderse que el profesor enseña lo que descubrió investigando. Cabe, entonces, la pregunta: ¿qué es lo significativo para la enseñanza que este docente descubre al investigar? Probablemente se trate de una serie de cuestiones, dentro de las cuales deseo destacar una en particular: el haber transitado los procesos de la investigación deja huellas en los sujetos, en sus propios modos de conocer y construir el conocimiento. Este aprendizaje impregna su trabajo con el conocimiento y con el oficio de enseñar. El docente-investigador puede constituirse en aquel profesor que en sus clases narra a sus alumnos sus propios itinerarios al acercarse a un tema, sus problematizaciones, sus diálogos con otros especialistas, sus errores y sus aportes. Es un interlocutor que alienta y anima a sus estudiantes a iniciarse en estos trabajos intelectuales, a ser protagonistas de la construcción epistémica de su campo disciplinar. Creo que, desde este lugar, la práctica de la investigación transforma al docente y cambia su enseñanza.
La segunda cuestión se centra en una problemática específica de los saberes técnicos. En la universidad, estos se enseñan y aprenden dentro de marcos teóricos referenciales que sostienen las prácticas. Pero cabe aquí una reflexión a modo de advertencia: el riesgo de dejarse involucrar por tendencias de época y poner el acento en desarrollar prioritariamente competencias técnicas específicas, descuidando la intencionalidad de una enseñaza formativa, de fuerte sustento científico, ético y político. Entiendo que la universidad debe preservar para sí este espacio educativo, incorporándole los desafíos de las prácticas situadas en una docencia que promueva la enseñanza problematizadora y el aprendizaje crítico de conocimientos científicos y técnicos.
Estas dos problemáticas referidas a la docencia se anudan con una multiplicidad de variables que atraviesan su constitución. Entre ellas reconozco al tiempo como una de las categorías de mayor impacto en la elaboración de la propuesta docente, cuando intenta acompañar, enseñando, las búsquedas de los estudiantes en torno a los temas de una asignatura. Asimismo, cuando se propone acercarse al aprendizaje de problemáticas situadas, en las cuales interesa no solamente encontrar la solución correcta sino abordarlas en su complejidad.
Esta dimensión temporal atraviesa el espacio de la docencia desde otro lugar. Es aquél que tiene que ver con uno de los dilemas universitarios actuales que nos incita a sostener/conciliar la centralidad de estos principios en una época caracterizada por altas tasas de abandono, incertidumbre, los trabajos temporarios y el multiempleo, la tendencia sostenida a la emigración de los mejores graduados hacia otros países, la presión social a incrementar la oferta de carreras cortas con salida laboral, las resistencias de los jóvenes a comprometerse en un proyecto de formación a largo plazo junto a la merma de adultos que crean que eso vale la pena.
Finalmente, creo importante señalar la necesidad de darnos el espacio, como ciudadanos universitarios, para participar debatiendo políticas públicas referidas a la enseñanza universitaria que incluyan, junto a otras, la consideración de los temas aquí planteados.

Susana Celman
Secretaria Académica de la Universidad Nacional de Entre Ríos
Codirectora de CDyT