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Ciencia, docencia y tecnología

versión On-line ISSN 1851-1716

Cienc. docencia tecnol.  no.44 Concepción del Uruguay ene./jun. 2012

 

HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES
INVESTIGACIÓN

La relación con "el otro": d'Orbigny y Darwin por el Río Paraná

 

Petrucci, Liliana Cecilia

Artículo derivado de dos proyectos de investigación sobre los discursos de viajeros europeos en Entre Ríos durante el siglo xix y primera década del siglo xx, desarrollados en la Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), Paraná (Entre Ríos, Argentina); recibido en agosto 2011; admitido en febrero 2012.

Autora: Profesora Titular Ordinaria, Facultad de Ciencias de la Educación, UNER. Contacto: lilianapetrucci@ciudad.com.ar

 


Resumen

Los viajes de los naturalistas europeos del siglo xix se articulan a la re-invención de América como "naturaleza". Se retomará de los relatos de dos viajeros naturalistas del siglo xix la relación con "lo otro" que se pone en juego en su recorrido y relevamiento por las costas del Río Paraná. Nos detendremos en las apreciaciones de Alcides d'Orbigny -naturalista francés- y Charles Darwin -inglés-. En el primero, la articulación con algunas referencias a la naturaleza es la ocasión para reivindicar la propia cultura. En el segundo, la escritura contenida, circunscripta por la tarea y el saber, aparece (según nuestra lectura) sustraída a las reivindicaciones más frontalmente etnocéntricas, con un tinte nacionalista en disputa con los colonizadores. El presente trabajo focalizará la relación con "el/lo otro", cómo y en relación a qué se constituye al "otro", teniendo en cuenta el orden del discurso de la época y las significaciones imaginarias.

Palabras clave: Historia cultural; Viajeros naturalistas europeos; Imaginarios; Alteridad.

Relations with "the other": d'Orbigny and Darwin at the Paraná River

Abstract

The travels of nineteenth century European Naturalists are linked to the re-invention of America as "nature". The narratives of two nineteenth century naturalist travelers will be studied in their relationship with "the other one", matter which is a main topic in their travels and recognition of the coasts of the Paraná River. We will focus on the narratives of Alcides d'Orbigny -French Naturalist- and Charles Darwin -British-. In the first case, some references to nature are the excuse to vindicate the traveler's own culture. In the second naturalist writing, circumscriptive and self-controlled by his work and knowledge, appears (according to our reading) linked to most frankly ethnocentric vindications, with a nationalist tinge in dispute with colonizers. The relationship with "the other/the otherness" will be analyzed, taking into account how the "other" is constructed, in relation to the order of discourse at the time and to the social imaginary implied.

Keywords: Cultural history; European naturalist travellers; Social imaginaries; Otherness

A relação com "o outro": d'Orbigny e Darwin pelo Rio Paraná

Resumo

As viagens dos naturalistas europeus do século XIX articulam-se à re-invenção da América como "natureza". Vai se retomar dos relatos de dois viajantes naturalistas do século XIX a relação com "o outro" que entra em jogo em seu percurso e levantamento pelas margens do Rio Paraná. Vamos nos deter nas considerações de Alcides d'Orbigny -naturalista francês- e Charles Darwin -inglês-. No primeiro, as articulações com algumas referências à natureza são ocasião para afirmar a própria cultura. No segundo, a escritura contida, circunscrita pela tarefa e o saber, aparece (segundo a nossa leitura) subtraída às reivindicações mais frontalmente etnocêntricas, com um matiz nacionalista em disputa com os colonizadores. O presente trabalho focalizará na relação com "o outro", como e em relação a que se constitui ao "outro", tendo em conta a ordem do discurso da época e as significações imaginárias.

Palavras chave: História cultural; Viajantes naturalistas europeus; Imaginários; Alteridade


 

I.Introducción

—¿Viajas para revivir tu pasado?— era en ese momento la pregunta de Kan, que podía formularse así: ¿Viajas para encontrar el futuro?
Y la respuesta de Marco:
—El otro lado es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá. (Calvino, 2006:42)

El fragmento de Ciudades Invisibles de Italo Calvino resulta alegórico respecto de la relación de los viajeros europeos con "los otros" y de nuestra relación con esos relatos. A su vez, los relatos de viaje de Marco Polo formaron parte de las relaciones imaginarias que Colón mantuvo durante el "descubrimiento de las Indias". En el diario del cuarto viaje, Colón expresa con frecuencia que quiere encontrar al Gran Kan, emperador de China (Todorov, 2003). Una relación singular en el descubrimiento de "los otros" que inaugura la modernidad y que, al basarse en la distinción entre un "nosotros" y "los otros", la trasciende, aunque transformada según los valores y distinciones reivindicadas en cada época, en las sociedades y por los sujetos.
Una doble hermenéutica marca este trabajo1: por un lado las representaciones y la relación con lo "otro" que los viajeros europeos pusieron en juego en sus relatos, descripciones que revelan un modo de producción y recepción en un momento histórico. Por el otro, en estas lecturas sobre los relatos de los viajeros intervienen nuestras condiciones de recepción y representación, en que el trazo de "lo otro" se confunde, por momentos, con "lo propio". La diferencia entre "nosotros", que puede ser significado como "lo propio" de una cultura y/o grupo social, y "lo otro" merecería una detención. Dejamos señaladas algunas cuestiones que perturban una separación tajante: el uso habitual, la costumbre, una historia, transforma en "propio" lo que era un préstamo2.
Partimos de la consideración de las prácticas desde su enlace con las representaciones "en la medida en que designa conductas ritualizadas o espontáneas que, acompañadas de discursos o no, manifiestan (o revelan) las identidades y hacen reconocer el poder" (Chartier, 2000:125). La transformación de las prácticas de lectura y escritura en el siglo XIX europeo producen, además, otras fragmentaciones como la división entre las clases, la diferencia en los procesos de aprendizaje según el tiempo de estudio y el dominio de la cultura escrita. Es así que: "la instrumentalidad de la letra" (de Certeau, 1996:157) trastoca el privilegio de nacimiento y se erige en la representación del logos que se imprime en textos y permite ordenar y reorientar la historia, transformar la naturaleza, educar a los pueblos "salvajes".
Sin pretender concluir las significaciones de "lo otro", dejamos señalados algunos de los aspectos que lo delimitan y contribuyen a una producción de sentido: las prácticas y representaciones sobre las conductas −señaladas precedentemente− y sobre la cultura de una nación o de un grupo social al que no pertenece el viajero, el etnógrafo, el investigador. Las relaciones contradictorias o críticas en la significación de la civilización y los términos o parámetros que la definen pueden funcionar para una demarcación de "lo otro". Asimismo, en la consideración de un "nosotros" en relación a "otros" se juegan el estatuto otorgado al "nosotros" y las operaciones políticas, culturales y sociales. Además, en "lo otro" participa la relación de un "yo" con un "otro" y la pretensión de constituir una identidad como frontera y diferencia. Una frontera situada en una relación de exterioridad a una supuesta unidad que se abre en la relación consigo mismo, el conocido diálogo silencioso del dos en uno −el "yo" como "otro"−. Quedarían por recorrer otras implicaciones que tienen que ver con la temporalidad como diferencialidad en el modo de ser del sujeto.
En el caso de los viajeros que nos ocupan, producen sus relatos para una comunidad que presenta esas modificaciones, y por su pertenencia a asociaciones y academias de ciencias, se inscriben en modelos y normas compartidas. El saber aparece como purificado de una pretensión domesticadora o imperialista aunque retorne como "lo otro de sí". El paradigma descriptivo en la historia natural se presenta desligado de pretensiones transformadoras pero participa de una construcción del conocimiento que pretende contribuir a "una conciencia planetaria eurocéntrica" (Pratt, 1997: 76).
En nuestro caso, no solo las prácticas perdieron su pretendida transparencia, sino que se disloca un modo de interpretación que se asentaba en la autoridad experimental −estuvo ahí− o en la inmediatez del acceso a la realidad. Asimismo, es cuestionado el conocimiento de "lo otro" que se basa en la reducción de lo extraño a lo familiar, ya que disolvería su heterogeneidad. Aun las pretensiones de contar las cosascomo son −basadas en la descripción densa y en la necesidad de neutralizar la intervención del investigador− resultan un slogan que no se resuelve con el análisis textual, ya que dejaría en suspenso u obliteraría las condiciones lingüísticas y situadas históricamente del investigador autor del relato. De este modo, el desmantelamiento de las implicaciones que se juegan en la producción del discurso sobre "lo otro" conlleva el reconocimiento de la radical heterogeneidad de la relación entre "lo otro" y "nosotros". Su análisis crítico y desmitificador implicará la transformación del objeto de estudio, sus condiciones epistemológicas y la focalización en las condiciones de recepción, de interpretación y producción del discurso. La relación entre "los otros" y "nosotros" se vuelve problemática y sus intentos de responderla son diferentes.
Dentro de las perspectivas actuales en juego están las que distinguen a los universalistas de los relativistas, sin que ello menoscabe el reconocimiento de que, en la narración, aunque velado el lugar de enunciación −la situación comunicativa−, opera el sujeto del enunciado presente en el discurso:

No solo aquéllos cuyas afirmaciones han de ser interpretadas, sino los interpretes mismo están siempre situados históricamente en un campo de convenciones y prácticas mediadas por el lenguaje común (Palti, 1998: 42).

Una alternativa para evitar esas reducciones y proyecciones es la construcción dialógica en la llamada etnografía posmoderna −de S. Tyler, por ejemplo− (Palti, 1998). Una vía para sortear la represión que opera en la narración en tanto representación del "otro", ya sea como el noble salvaje o como dato de una combinatoria posible. Sin embargo, ese dialogismo −según Clifford (1991)− no sólo se contradice con el requerimiento de textualización de la etnografía, sino que el relevo de la autoridad etnográfica por la autoridad dialógica invierte −pero no resuelve− la dimensión autoral del texto. Aun los intentos de sortear esa paradoja a través de las detalladas y extensas citas de los relatos de los "informantes" no pueden soslayar la selección, recorte y composición de los textos. A la neutralidad estallada, se le suma la neutralización imposible del propio lugar de producción y recepción.
No nos detendremos en la polémica entre relativistas y universalistas; sólo dejaremos señalado que esta última se basa en la búsqueda/ reconocimiento de una esencia humana, una libertad −Rousseau−, que permita sortear el relativismo al que conduce la dispersión de las diferencias y que afecta las posibilidades de la crítica.
Por otro lado, las críticas a las pretensiones universalistas, por el riesgo esencialista, etnocentrista y el imperialismo de la interpretación que conllevan, no reconocen que la misma se basa en alguna norma o concepción −entre otras− desde la cual se valora. Sin estar resuelta la polémica que algunos sindican como parte de los restos de las ansiedades cartesianas −objetivismo vs. relativismo−, optamos por el recorte de los textos que aluden a la relación con "lo otro" sin menguar nuestras marcas, en un intento de diálogo en el que se juegan nuestras condiciones históricas, lingüísticas y éticas.
A continuación señalaremos, brevemente, algunos de los debates vinculados a la relación entre la diversidad de los pueblos y la unidad humana, y la inflexión que supuso el cientificismo en los debates sobre la universalidad y diversidad.

II. Etnocentrismo y cientificismo

La adquisición de conocimientos hace
que nos acerquemos a la verdad, cuando
se trata del conocimiento de lo que se ama,
y en ningún otro caso. Weil

La cita de Simone Weil (Todorov, 2005:12) adquiere un matiz irónico cuando la relación con "lo otro" es una proyección de lo que somos, de nuestra actualidad. En ese caso, el conocimiento de "lo otro" quedaría hipostasiado por el amor a lo mismo. Una cuestión −las tematizaciones y problematizaciones de la relación con el "otro"− que no ha perdido relevancia y actualidad para nosotros y para nuestro tiempo; de ahí la doble vinculación que recorrerá el trabajo.
Se parte del reconocimiento de que los discursos sobre la raza y sus justificaciones no son la expresión de intereses individuales; aunque expresen posiciones, su producción y recepción los inscriben como verosímiles en una época dada, aunque no necesariamente en la verdad. Asimismo, el carácter de acontecimiento de los discursos posibilita actos, y ellos mismos son actos −en tanto fuerza locutiva, ilocutiva y con efectos perlocutivos−, producen visibilidades en articulación con la definición del estatuto y circulación de las obras, en una época dada, que trasciende la función enunciativa (función-autor)3.
Dentro de la perspectiva universalista, se enfoca la etnocentrista, que pretende elevar como valores universales los de la sociedad a la que se pertenece. Todorov plantea que el etnocentrista es una caricatura del universalista.
En los debates clásicos −siglo XVI y XVII− no está ausente el reconocimiento de la diversidad de los pueblos, ni los cambios en la costumbre y su fuerza: "la costumbre es nuestra naturaleza", dice Pascal (cit. en Todorov, 2005:24). El problema gira en torno a si es posible extender los valores más allá de las fronteras o son todos relativos. La pretensión de conocer al hombre en general se sostenía en la concepción de la lengua como universal, en tanto lengua de la razón. Es así que los cambios históricos serán considerados como superficiales: no transforman el teatro de sus acciones, se tienen las mismas pasiones y corazón que en la antigüedad (La Bruyère, cit. en Todorov, 2005). Las diferencias étnicas no forman parte de sus preocupaciones, ni se destaca un vínculo particular entre la humanidad y los individuos. La Bruyère critica el etnocentrismo que llama "bárbaros" a los pueblos que no se nos parecen; sin embargo, aclara que lo más razonable es apreciar la cultura en la que se ha nacido, una actitud condescendiente con las diferencias que se vincula con Montaigne: "si algo tenemos de bárbaros es el hecho de que nos horroricemos al ver que otros pueblos razonan como nosotros" (Todorov, 2005: 25). Ese señalamiento autorreferencial es el que se declina en un etnocentrismo −egocentrismo− cuando afirma que bárbaros o civilizados no es una diferencia que distinga a todos los compatriotas de los extranjeros. Y que se reafirma cuando pondera la cultura, la lengua y las costumbres refinadas de los franceses, "con una cara tan blanca, costumbres tan cultivadas, leyes tan bellas y, sin embargo, para algunos pueblos somos bárbaros" (La Bruyère, cit. en Todorov 2005:26). La dificultad para establecer un criterio universal respecto a las diferencias con otras culturas y gobiernos la resuelve con que lo más razonable y seguro es apreciar aquélla en la que se ha nacido. Desde esa perspectiva crítica a los viajeros, los viajes largos corrompen las costumbres, hacen perder la religión y vuelven a los viajeros más indiferentes.
La introducción del cientificismo dentro del etnocentrismo estuvo orientada por la necesidad de dotar de componentes científicos a las indagaciones de los viajeros. En ese sentido, como indica Todorov (2005), ocupa un lugar destacado el documento que escribe Joseph-Marie de Gérando y que publica la "Socieété des observateurs de l'homme" en 1800, inaugurando el denominado etnocentrismo científico, y luego agrega: "Cansado de haberse agitado en vano, durante siglos, en teorías vanas,... La ciencia del hombre es también una ciencia natural, una ciencia de la observación..." [De Gérando] (Todorov, 2005: 38). Un programa del que participa también Diderot y que marca las pretensiones de establecer un enfoque equivalente entre el conocimiento del hombre y el conocimiento de la naturaleza. La deuda de De Gérando con Condillac es clara para Todorov, porque transforma en preguntas las afirmaciones de Condillac. Comienza criticando la pretensión de equiparar a los "salvajes" con la propia cultura como la de asimilarlos entre sí. La identificación y distinción, los términos entre los que se dirimen, son cuestiones problemáticas que no pasan desapercibidas. Parte de un enfoque universalista y racional, sabe cómo es el hombre en general y se ocupa de averiguar cómo se sitúan los hombres particulares en relación al mismo. Para ello, utiliza las categorías de su época como instrumentos conceptuales universales, por ejemplo, la distinción en la sociedad de "relaciones políticas, civiles, religiosas y económicas"4, las que son tomadas como nociones válidas para la sociedad en general. De este modo, su crítica al etnocentrismo de los otros no le evita caer a él en un etnocentrismo. La razón de la ceguera respecto al propio etnocentrismo se debe a la pretensión de conocer a los otros sin conocerse a sí mismos (en la advertencia inicial del folleto, De Gérando aclara que el estudio se ocupará de las naciones que difieren de Europa). Conocerse a sí mismo es la condición para conocer a los otros: es lo que afirma Rousseau y Todorov reivindica. Si bien, como ya lo señaló Sócrates, el maestro de la polis griega, el diálogo aunque silencioso es ese "dos en uno"; por lo tanto la alteridad y la diferencia no sólo son parte de la pluralidad del mundo sino de la existencia del ego humano 5.
Al mismo tiempo, no está claro cómo se evitaría que ese "conocimiento de sí " no derivara en una sustancialización −si se lo tomara como estructuras psíquicas separadas de sus condiciones (Elias, 1993)− o como una proyección de nuestros valores. Probablemente dicha afirmación contenga una crítica antropológica a las pretensiones filosóficas, ya que Todorov no ignora que "lo otro" es parte de la cultura europea de la época −musulmanes, judíos, asiáticos−.
Las críticas del siglo XVIII al etnocentrismo −de Fontenelle, Montesquieu− se evidencian en la afirmación de Helvecio: "aunque recorra todas las naciones, en todos lados voy a encontrar usos distintos, y cada pueblo en particular creerá necesariamente que posee las mejores costumbres" (Todorov, 2005:30). Una modalidad de la crítica que, sin embargo, corre el riesgo de caer en un relativismo puro y que, a diferencia de Rousseau, el primero en criticar el etnocentrismo de la filosofía clásica, no renuncia al universalismo. Rousseau critica las descripciones de los viajeros, sobre las que se basa el conocimiento de otras culturas: "...los habitantes de Europa han inundado las otras partes del mundo y publicado sin cesar nuevos libros de viajes y relatos, estoy convencidos de los únicos hombres que conocemos son los europeos" (Todorov, 2005: 30). Objetadas unas por ser descripciones interesadas e incompetentes (los relatos de viajeros), igualmente son criticados los intentos de generalización de los filósofos cuando afirman que todos los hombres son iguales y que, por lo tanto, hace irrelevante los intentos de estudiar los distintos pueblos. El cuestionamiento a ese modo de proceder parte de la valorización del conocimiento empírico, además de impugnar las concepciones teológicas y las que se basan en la aceptación de la lengua y de la sociedad como algo dado y obvian su explicación. Las puntualizaciones de Rousseau comienzan distinguiendo las especificidades de un pueblo desligadas tanto de los intereses de conquista o conversión como de los prejuicios nacionales, además de la necesidad de una formación, por lo que considera que se debe regresar a la idea universal del hombre, ya no metafísica sino empíricamente fundada: "Cuando se quiere estudiar a los hombres, hay que mirar cerca de uno; para estudiar al hombre, es preciso dirigir la mirada a lo lejos; primero hay que observar las diferencias para descubrir lo que nos es propio" (Rousseau, cit. en Todorov, 2005: 31). Atravesar lo aparente para llegar a la naturaleza se basa en el descubrimiento de que dos formas diferentes pueden responder a la misma esencia. Conocer lo propio a partir de lo diferente invierte el principio etnocéntrico.
Sin pretender concluir con las polémicas y los rasgos etnocéntricos, nos detendremos en la distinción entre lo universal y lo particular ligada al problema ético, el de las normas morales y su articulación con el cientificismo como un modo de sortear las preferencias culturales sin renunciar a un "ideal universal".

III. Cientificismo: la otra figura del universalismo

Diderot, contemporáneo de Rousseau, en el Supplément au vayage de Bougainville, trata el problema que se plantea con el relativismo y el universalismo, el de las normas morales o del fundamento ético ante la pluralidad de las civilizaciones: "No puedes acusar a las costumbres de Europa basándote en Tahití... hace falta una regla más certera; ¿y cuál será esa regla?" (Todorov, 2005: 33). La salida no está ni en prohibirse −como el relativista− juzgar las costumbres de los otros ni −como el etnocéntrico− en aplicar las normas del propio país. Fundamentar el comportamiento humano en la naturaleza humana no implica −para Diderot, según Todorov− retomar la concepción de naturaleza de la filosofía antigua, donde la naturaleza y el orden cósmico eran el criterio.
La referencia a la naturaleza como proveedora de una norma que vaya más allá de las costumbres es puesta en discusión desde el romanticismo por el relativismo y el empirismo. Diderot desliga la naturaleza de la moral y busca criterios universales fundados en la naturaleza que provean de normas al comportamiento humano: "Vicios y virtudes se encuentran por igual en la naturaleza" (Todorov, 2005: 35). La premisa será el conocimiento de los hechos, pues es la ciencia la que permitirá distinguir las buenas leyes de las malas, dado que los hombres están determinados por la naturaleza, por lo que le otorga un gran valor a las leyes, y considera que el libertinaje es la oposición a las leyes del estado: "Hablaremos contra las leyes insensatas, hasta que se las reforme y, mientras..., nos someteremos a ellas" (Todorov, 2005: 40). Dicha subordinación de la ética y la política a la ciencia, así como su relevancia para conocer el comportamiento, son algunas de las cuestiones que identifican al enciclopedismo.
Como sabemos, Rousseau tuvo una participación menor en la enciclopedia y su crítica a las costumbres de la época no implicó la renuncia a la defensa y valoración de la ilustración. Siendo un defensor de "Las Luces", va a poner en tela de juicio esa reducción del hombre a naturaleza propugnada por Diderot, ya que menoscaba la libertad y el sentimiento y obvia las condiciones sociales, históricas y morales. Son la libertad y la voluntad lo que distinguen al hombre del animal.
La ética no sólo no queda subordinada a la ciencia −como proponía Diderot− sino que será la encargada de juzgar la tarea de la ciencia. Antes de reducir el deber-ser a lo que es, el derecho al hecho, basado en un determinismo biológico como el de Diderot −que implicaría el imperio de la fuerza y los excesos de los más fuertes−, Rousseau plantea la libertad y la voluntad como "fundamento natural". La disponibilidad de cierta libertad permite asumir la responsabilidad sobre los actos y admite su juzgamiento. Una ética que no se subsume a la ciencia ni a la religión sin que por ello pierda el derecho de fiscalización sobre la ciencia. Pero la libertad y la voluntad no garantizan un acuerdo ético y, si existe, no vemos cómo podría sustraerse a la fuerza de las convenciones y costumbres que se da un grupo y su utilización como parámetro normativo. Una diferencia entre estos dos representantes de "Las Luces", que están favor de la ciencia y de la liberación de la tutela de la religión y que marcarán los debates durante dos siglos.
Gracias a Condorcet, la perspectiva científica recibirá un importante impulso al amalgamar la naturaleza humana −igual en todas partes− con la capacidad racional que es universal y que forma parte de ella, lo que justifica un mismo principio de justicia. El mismo demuestra la necesidad de unificar las leyes de los países:

Puesto que la verdad, la razón, la justicia, los derechos del hombre, el interés por la propiedad, por la libertad, y por la seguridad son los mismos en todas partes,... Una ley buena debe serlo para todos los hombres, del mismo modo que una proposición verdadera lo es para todos (Todorov 2005:44).

La determinación de las mismas leyes para todos los pueblos es parte del momento inicial de su programa, que se extenderá, por la difusión de "Las Luces", no sólo a los intercambios comerciales sino también a los espirituales. Un influjo que irá acercando a los pueblos a la adopción de la lengua de los más distinguidos (franceses o ingleses), para formar un solo todo y tender a un único fin. De este modo, la razón y su encarnación la ciencia adquiere un predominio que incidirá en las decisiones políticas. Una perspectiva materializada en un proyecto que se articula con intereses políticos que no se interroga sobre "la razón".
La superioridad de las leyes y de la civilización europea, su encarnación en la organización del Estado, es parte de la perspectiva de algunos de los viajeros naturalistas −universalista etnocéntrica o cientificista−. Las diferencias se pierden cuando se reivindica "lo propio" en contraposición a "lo otro", especialmente cuando tratan de las costumbres, las leyes, la organización del Estado, e indudablemente están presentes cuando se trata de la materia y/o conocimiento que los convoca o los impulsa a la travesía. Tal vez, el punto ciego de sus prejuicios etnocéntricos en la "mirada sobre los otros" esté en la convicción y en la formación; los hombres, como la naturaleza, admiten los mismos procedimientos, principios y relaciones. Ciencia y cultura, razón y saber, valores y naturaleza, pares de términos que se articulan al "desarrollo", a la "superioridad", y que menoscaban la alteridad, aun cuando sea la manifestación de un embelesamiento exotista6 .
A continuación, retomaremos algunas de las apreciaciones de dos viajeros naturalistas, uno francés y otro inglés, vinculadas a la presentación y relación con "los otros". En d'Orbigny, la articulación con algunas referencias a la naturaleza será la ocasión para reivindicar la propia cultura. En Darwin, la escritura "contenida", circunscripta por la tarea y el saber, aparecerá (según nuestra lectura) sustraída a las reivindicaciones más frontalmente etnocéntricas, con un tinte nacionalista en disputa con los colonizadores.

IV. Alcides d'Orbigny navegando el Paraná

La Editorial Futuro presenta, en 1945, la traducción al español del libro de d'Orbigny, Viaje por América Meridional que había aparecido en Francia en 1844. La obra en nueve tomos fue publicada con el auspicio del Ministerio de Instrucción Pública y recibió de la Sociedad Geográfica el "Gran Premio". La misma fue dedicada a Alejandro de Humboldt7.
Del relato del viaje que d'Orbigny hizo entre 1826 y 1833, retomamos el realizado por el Paraná, desde Buenos Aires a Corrientes, que comienza el 14 de febrero de 1827, remontándolo por una de sus riberas y regresando por la otra, para detenernos especialmente en la Provincia de Entre Ríos.
El reconocimiento a Humboldt no sólo está presente en la dedicatoria del libro, como lo mencionamos, sino que, además, es un referente en distintos momentos de este tramo del itinerario. En el capítulo primero sitúa su obra en el quiebre con los relatos de viajeros del siglo pasado, "relegados al rincón más oscuro de las bibliotecas, entre las novelas y las obras de mera imaginación" (d'Orbigny, 1945: 13). La inscribe en la literatura científica, en una época de regeneración y progreso, lo que conlleva que los viajes se incorporen al domino de las clases ilustradas y sean el complemento indispensable de toda educación liberal.
Es interesante la convocatoria que realiza a los lectores, el compañero que acepta su guía y del que necesita su apoyo, y la diferencia que establece con otras expediciones desacreditadas por el prejuicio del engaño o error en el que caen los viajeros. Sin negar dicha posibilidad por el simple expediente de que son hombres, reclama el reconocimiento de que los viajeros "no mienten" y no podrían hacerlo teniendo en cuenta el espíritu crítico e ilustrado del público como la atención a la impostura de una prensa siempre alerta. Solicita la benevolencia del lector ante las posibles referencias personales que se encuentren en el relato. Parte del deseo de identificarse, en cierto modo con el lector, para hacerlo más útil al mismo. Entre los preparativos para el viaje menciona la consulta realizada a viajeros eminentes, entre ellos Humboldt, y las indagaciones complementarias tendientes a hacer más completas las investigaciones de la naturaleza. La llegada a tierra firme está cargada de emociones que no tenía posibilidad de comunicar a "otros". Una expresión que marcaría el extrañamiento y la distancia del extranjero -la comunicación es posible entre iguales, con la misma lengua y cultura−. Menciona algunas de las cuestiones que impulsaron el viaje y la exploración: el deseo infantil de pisar "la tierra de los Colón"−aunque con un sentido muy diferente−, la devoción a la patria y a la ciencia. Y que le permiten exclamar, el 23 de setiembre de 1826: "Nada faltábame para ser feliz... Estaba en América" (d'Orbigny, 1945:30).
Costeando la ciudad de Buenos Aires, remonta el Paraná, donde destaca su anchura y los canales e islas pantanosas que separan el Paraná de las Palmas del Paraná Guazú, y su diferencia con las que se extienden entre el Paraná de Las Palmas y las Barrancas de San Isidro o el Tigre: "Entre el Paraná de las Palmas y las barrancas de San Isidro o Tigre... Quedé encantado por el aspecto del lugar. Todo respira abundancia..." (d'Orbigny, 1945:92) A la descripción del espacio se le añade el toque sensible, la marca del cuerpo en la escritura, vinculada a la narrativa romántica y a la representación habitual del "nuevo continente": la abundancia de una naturaleza virgen.
Atendiendo a la particularidad de este relato, lo podríamos situar en la estela de los primeros naturalistas en tanto viaje de exploración y conocimiento, que mantiene los gestos descriptivos y clasificatorios para componer un sistema por fuera de las localizaciones −la ubicación geográfica y la distancia pierden importancia en las referencias globalizantes del sistema−; el narrador, en tanto espectador, se ausenta para mantener el carácter de relevamiento del viaje.
Los parentescos con la obra de Humboldt8 estarían dados por la preponderancia de un lenguaje que no abunda en términos especializados ni en sistemas clasificatorios pormenorizados al estilo de los discípulos de Linneo −en este recorte− y a la ausencia de relatos personales −y en especial las disculpas que solicita al lector señaladas al comienzo−.
La reinvención de América como naturaleza por los europeos del siglo XIX se inscribe en un proyecto de intervención europea −que en América comienzan en el Siglo XVI y XVII−, de expansión y que contiene las pretensiones de globalización, hoy hegemónicas. Los viajes de los naturalistas responden al impulso de describir y contribuir a un "sistema unificado de la naturaleza" que los diferencia de la conquista, y se lo denomina como anticonquista9 o la conquista interior −conocimiento y relevamiento de la naturaleza en un sistema ordenador−.

Difícil sería hacerse una idea de la rapidez con que se multiplicaron los duraznos y naranjos en esa localidad, y ello sin el menor cultivo10 (d'Orbigny, 1945: 92).
Otros extranjeros intentaron el aprovechamiento también de la inmensa cantidad de duraznos que se pierde cada año en las islas,... se vieron obligados a suspender el trabajo por falta de previsión o medios, o por efecto de las trabas oponen a todas las explotaciones industriales que se emprenden en el país, la carestía de la mano de obra y la pereza de los obreros...; pero no encontré que el durazno tenga la pulpa densa como en Europa ni que conserve el sabor que lo distingue en Francia, por ejemplo; lo que proviene sin duda de que los habitantes no sepan injertar sus árboles,... (d'Orbigny,1945: 93)

Las comparaciones entre Europa −Francia− y América podrían considerarse tanto como el registro ineludible que opera en el conocimiento de lo desconocido y como la atención a las condiciones de recepción: los relatos están dirigidos a lectores europeos y son una invitación vinculada a los intereses de los dirigentes criollos. Europa y Francia se acoplan en una unidad que, aunque mantiene sus inflexiones, permite construir un "nosotros" diferente a "los otros". La naturaleza lleva la marca del hombre y es la civilización −el cultivo− la que hace la diferencia productiva. Es interesante la paradoja no registrada por el viajero que, al tiempo que señala las posibilidades y potencialidades abiertas en una naturaleza aún no "explotada", destaque los antecedentes de la presencia europea −la multiplicación de los durazneros y naranjos−. Lo inaugural estaría ligado a la ausencia de todo arte, saber e interés productivo y que, cuando aparece, está vinculado a los extranjeros que sufren las trabas por la pereza e imprevisión, la falta de políticas de producción e industrialización. El orden, el saber y la laboriosidad
serán los signos que destacan a los extranjeros en contraposición a la
población local.
La equivalencia entre estas costas del Paraná y Francia permite destacar la diferencia salvaje/virgen vs. cultivado/producción. La autoridad del viajero −por su proveniencia civilizada e ilustrada− contribuye a una autoafirmación identitaria correlativa a la diferenciación y construcción de "lo otro".
Aun la referencia a la vegetación extraña se decanta en la alusión familiar al paisaje, como por ejemplo la vegetación indígena de las islas bajas: los laureles mini, que se aprovechan para curtir cueros, y el blanco de los ceibos "que se cubre de hermosas flores púrpura y sería ornamento de nuestros bosquecillos más bellos". "Estos se elevan y presentan en masa el aspecto de nuestras espesuras" (d'Orbigny, 1945: 94).
La preocupación por la diferencia con los "indígenas", torpes y sin arte, pondría de manifiesto las condiciones "racialistas" tanto en la producción como en la recepción de los discursos de la época o bien, la diferencia civilizados-incivilizados, reconocida y ponderada por el autor. Preferimos la denominación de "racialismo" a la de "racismo" −aunque se impliquen− teniendo en cuenta que no refiere a una conducta y que forma parte de un moviendo de ideas surgido en Europa a mediados del siglo XVII que se extiende hasta mediados del siglo XX (Todorov 2005). La oscilación entre un rasgo de tinte racialista y la óptica civilizatoria se reitera en distintos momentos y circunstancias, como por ejemplo cuando alude al modo de explotación de los carboneros: "Su modo de fabricación es de los más viciosos, por lo que el producto resulta malo..." (d'Orbigny, 1945: 94).
Las comparaciones entre lo que se observa en estas tierras y la patria del viajero, así como las descripciones ponderativas respecto a los encantos naturales, son recurrentes: "el Paraná de las Palmas podría tener por allá doble anchura que el Sena frente a las Tullerías..." (d'Orbigny, 1945: 95).
No escapan a la mirada y al registro, las costumbres de los pobladores, como por ejemplo el incendio de los campos para renovar los pastos que alimentan el ganado. La devastación que ocasiona y los
animales muertos no dejaban de afectarlo profundamente y "espantarlo".
La decepción que le producen los poblados que avista desde la embarcación no deja de ser ilustrativa: [Baradero] "El poblado parecía compuesto por unas veinte o treinta casas miserables,... y dos o tres pulperías, especie de tabernas donde se reúnen todos los ociosos y asesinos de la vecindad" (d'Orbigny, 1945: 98). Entre el ocio y la criminalidad no habría distancia, unos y otros ligados por la falta de esfuerzo y laboriosidad, lo que explicaría la indiferencia en relación a las condiciones de vida. La equivalencia entre pulperías y tabernas, un guiño para el lector europeo, señalaría un rasgo apuntado al comienzo: el conocimiento de lo extraño se realiza a través de lo familiar afectando el conocimiento de "lo otro" como alteridad.
El "majestuoso Paraná", libre de las islas, es ocasión de embelesamiento: "...su inmensa anchura perdida en el horizonte lejano, me lleva a admirarlo en religioso silencio...los parques denominados corrales en el país, se utilizan para encerrar caballos o vacas" (d'Orbigny, 1945:100). La diferencia entre parques y corrales no sólo no es reconocida sino que la alusión a las vacas y caballos al ser reducidos a un detalle, no alcanza a destrabar el esquema que se toma como referencia correctiva. El esfuerzo interpretativo en relación a las marcas humanas y costumbres estaría ausente, pues los rasgos civilizatorios de la población local son negados o sólo reconocidos negativamente desde un registro especular que se resuelve en términos de inferioridad/ superioridad.
Una relación que signó la presencia de Colón11 y que Todorov contrapone a la de Cortez12: el marino, amante de la naturaleza, aguzado descifrador de los signos vitales para la navegación; el primero, en oposición al segundo: un intérprete estratega que manipulaba los signos relevantes de la cultura azteca para asegurar el triunfo conquistador.
Reafirmando su vocación científica, d'Orbigny explicita que realiza parte del viaje enfermo y, sin embargo, mantiene su misión por el amor a la ciencia y el deseo de ver cosas nuevas.
Es interesante como explica el éxito en la caza de los pájaros que deja ensangrentado el suelo y que atribuye a la ausencia de civilización: la confianza e inexperiencia de los pájaros que aún no habían aprendido a temer la dominación tiránica del hombre. "¡Cuando la civilización haya invadido esta ribera salvaje ya no habréis de recorrer con paso tan leve los meandros de vuestras chacras!" (d'Orbigny, 1945: 102). La falta civilizada atañe tanto a sus habitantes como a las aves; el nativo no sobresale ni se distingue de la naturaleza, aunque no goza como ésta de los calificativos ponderativos. La población local es un accidente perturbador en ese paraíso salvaje. Se repiten las analogías con los peces −entre los dorados y los lucios−, una pretensión de acercar lo extraño a lo familiar y así acrecentar la significación de la descripción y la colaboración del lector. La virginidad de la naturaleza funciona como tropo para acentuar los usos rudimentarios de los "indios".
La aproximación a la Provincia de Entre Ríos es la ocasión para destacar lo deshabitado del paisaje en contraposición al panorama que ofrece la ciudad capital desde el río: ciudad bastante grande, con un número importante de casas y una iglesia de importantes dimensiones, el puertecito y toda la costa tenían "un aspecto tan vivo que rompió la monotonía" de las largas jornadas de navegación. Los hornos de cal a lo largo de barranca y la escasez de árboles en la zona exigían recolectar la madera en las islas. La costumbre de no llevar una carga, de los obreros empleados en este trabajo, explica la alternativa de utilizar los caballos que deben cruzar las islas sin que los detenga la profundidad, correntada y anchura de las aguas. La holgazanería se transmuta en valentía, cuando los nombra como "intrépidos nadadores" que llevan atados los caballos para cruzarlos a las islas. O bien, la astucia para resolver el esfuerzo y el riesgo −señalado−, cuando los atan a una barca para que, guiados por los tripulantes, puedan llegar a la costa y poder utilizarlos para arrastrar árboles enteros.
"En estas comarcas donde abundan los caballos, se los cuida poco, pueden darse por contentos si su dueño no los deja atados 2 o 3 días a un poste,..." (d'Orbigny, 1945:106). En este caso, la indolencia se enlaza con la abundancia y la crueldad en el trato con los animales, como si ese espectáculo justificara dicha apreciación y la misma no fuera válida cuando se trataba de sus incursiones de caza y el tendal de aves muertas y las tierras teñidas de sangre que dejaba. Tal vez esa contradicción se justifique por la ya mencionada "confianza de las aves" A partir del 1º de marzo comienza el regreso por la otra orilla. Bordeando las barrancas de la Provincia de Entre Ríos, destaca su aspecto agreste matizado por el rugido de los jaguares que: "habrían podido helar de espanto a cualquier hombre que, en el seno de una sociedad civilizada, se encontrara de repente con aquellas soledades agrestes" (d'Orbigny, 1945: 108). La felicidad de estar en América, apuntada en el comienzo, se transforma por la fatiga del viaje, las privaciones y la soledad −tal vez− en añoranza de la sociedad y la naturaleza civilizada. La invocación universal del "hombre" se decanta en la oposición salvaje-civilizado. que no conocían el dominio del hombre.
En uno de los momentos en que aparece más nítidamente un tinte "racialista", relata los comentarios de los marineros en relación a una cabaña que se distingue. La misma estaba ocupada por un cazador portugués reconocido por "su pericia en la caza del jaguar. Se decía que ningún americano podía aventajarlo en esto". (d'Orbigny, 1945: 109). La referencia al portugués en desmedro de los americanos es elocuente y recurrente en la caracterización ponderativa de las virtudes civilizadas ligadas sistemáticamente a los extranjeros en contraposición a los "vicios" y costumbres indolentes y sanguinarias de los lugareños. Salvo la referencia a uno de los tripulantes de la embarcación diestro en la caza y junto al cual logra una fructífera cacería, los mismos son denostados por sus características o mañas, la desidia, la pereza, la rapiña y el vandalismo. Relaciones con "los otros" que se mantienen a lo largo de su travesía, a la que se le añade el recelo que suscitan los viajes de los naturalistas en la tripulación del barco. Al comienzo de su viaje destaca la poca disposición del capitán y el teniente de la Meuse, cuando llegan a Tenerife y pide una lancha para bajar y realizar las observaciones que el capitán no lo permite:

Aprovecharé esta oportunidad para señalar una especie de rivalidad, tan perjudicial al progreso de la ciencia, que en aquella época existía entre ciertos oficiales de marina y naturalistas...que llevaron su mala voluntad a obstaculizar incesantemente mis exploraciones... (d'Orbigny, 1945: 112).

La sin razón de la rivalidad de los oficiales es contrapuesta al progreso de la ciencia guiado por el conocimiento desinteresado. El conocimiento, la ilustración, en oposición al oficio es una de las narrativas que aún funcionan, como su inversión que no implica su desmontaje, para organizar una jerarquía según competencias y atribuciones. Asimismo, la educación fue considerada la vía rápida y no violenta para extender el proyecto universal de Occidente. Proyecto que, vinculado al cientificismo, postula la subordinación de "la política" a "la historia" y, por ende, de "la moral" a "la ciencia". La evolución que implica optar por esa dirección llevará a la humanidad a su unificación −concepciones compartidas por Condorcet, Saint-Simon y Comte− (Todorov 2005:47).
Las apreciaciones egocéntricas se reiteran cuando se presenta ante el capitán gobernador de la Provincia de Entre Ríos y describe el tipo de vivienda, los códigos y la diferencia de rangos que no son acompañados de los signos distintivos de su país, una sociedad civilizada. Un encuentro que le permite confirmar la necesidad de mantener las distancias.
Abundan las descripciones admirativas de los sitios "salvajes", su calma imponente rasgada a la distancia por el grito de los pájaros y los bramidos de jaguares. Una circunstancia propicia para desencadenar la añoranza por la tierra lejana: "Recuerdos muy queridos, de la patria, se agolpaban en mi imaginación, sugiriéndome comparaciones que me hacían ansiar más aún los goces de mi amada Francia." (d'Orbigny, 1945: 111) No hay dudas, el viajero tiene, por momentos, claridad de su añoranza y de la implicación en la relación que puede mantener con estos lugares. El extrañamiento y la melancolía le permiten confundir o intercambiar el Sena con el Paraná, el lucio con el dorado. Lo reconoce como una manifestación de patriotismo, la exageración propia de una "pasión simpática" que lleva a embellecer un poco las cosas propias sin distinción entre el "hombre más civilizado hasta el más salvaje ignorante, siempre oí a los americanos hablar de sus países con igual entusiasmo" (d'Orbigny, 1945: 115). La comunidad del entusiasmo patriótico en los sin comunidad de "la cultura", de la civilidad.
Hay una auto referencialidad ligada al disciplinamiento civilizatorio en Europa que se destaca en los análisis que realizan Norbet Elias13 y Virgarello14 respecto a las Pedagogías Correctivas. Las normas de civilidad se apoyan en cánones de conductas, postura y reglas de pudor que varían en los distintos momentos y en el interior de cada configuración. Pero, a su vez, son atributos o cualidades que permiten marcar las distinciones a partir de indicadores como la postura, la sensibilidad y las costumbres entre la sociedad cortesana y el resto. Una diferencia que afecta a unos y otros.
La pasión del naturalista rebasa y trastoca las valoraciones más etnocéntricas para adquirir un tinte exotista cuando vincula escasez con civilización y abundancia con desierto. El "desierto" pareciera representar el estado primitivo y virgen.

Sólo existen tantos pájaros en medio de los vastos desiertos. Nuestros países civilizados no les ofrecen bastante alimento.
El gozo que experimento, me decía, tratando de distinguir el canto característico de cada especie, es y será, por así decirlo, siempre desconocido a los habitantes de las ciudades,... (d'Orbigny, 1945: 387).

Una figura que se reitera −cuando enlaza lo salvaje con lo virgen− al referirse a los ríos y la pureza de sus aguas y su diferencia con las europeas contaminadas por los desperdicios de las ciudades y de los residuos químicos. Lo bueno está ligado acá a una naturaleza salvaje que ya anuncia su corta vida en beneficio del "progreso".
Cuando se detienen en Caballú Cuatiá, destaca la pobreza del caserío, habitado por "hombres desconfiados... con rostros de aspecto tan feroz como los jaguares, sus vecinos" (d'Orbigny, 1945: 389). El parangón entre esos hombres y el animal feroz resulta indicativo; ni el habla ni el semblante son rasgos que distingan. El modelo de civilidad, de su civilización, se impone La referencia a la tierra "virgen", a las extensas comarcas todavía inútiles, se articula a esa medida. "Esa comarca sólo espera brazos laboriosos para producir el céntuplo" −se refiere a la vista de los bosques de palmeras frente al Riacho Chapetón (d'Orbigny, 1945: 392). La posibilidad de su desarrollo está vinculada a la estabilidad de los gobiernos, que permitirá "al extranjero hallar un refugio seguro". En distintos lugares de este recorte se refiere a la escasa presencia de las leyes y a la poca fuerza del gobierno. El proceso de civilización, la salida del estado "salvaje", se articula a un estado fuerte que se atribuye el ejercicio "legitimo" de la violencia (Elias, 1993).
"El segundo lugar habitado", Feliciano, no merece otro comentario que la alusión a la cabaña divisada del cazador portugués. O cuando observa un "hermoso establecimiento agrícola" y señala los surcos marcados por el arado para sembrar trigo, que le permiten marcar la similitud de su aspecto con las granjas europeas, sensación que lo transporta a la campiña de Francia, "encanto destruido con la vista del ancho Paraná". La oscilación entre el embelesamiento de las bellezas naturales y la falta por ausencia de la huella del trabajo −de la civilización− puede deberse tanto a su condición de naturalista, a las representaciones y valores culturales, como a las fatigas y privaciones del viajero.
Continúa el viaje hasta llegar al puerto de La Bajada, capital de la provincia. A su arribo se acercan extranjeros −franceses e italianos− que le aconsejan no ir al puerto de la ciudad sin armas a la hora de la siesta o a la noche para no poner en riego su vida. Un alerta que lo lleva a averiguar sobre la posibilidad de que exista algún tipo de justicia. Una pregunta que pareciera ser más bien retórica, dado que le permite confirmar que: "en la región como en toda la República Argentina, las leyes carecen de fuerza, tratándose de crímenes" (d'Orbigny, 1945: 393). La costumbre de no ejecutarlos se la significa como un estimulo que estaría vinculado con "las revoluciones de emancipación de las Provincias Unidas". La articulación entre dichos significantes −crímenes, ausencia de ley y revolución− es una operación que significa a las revoluciones de emancipación como un episodio ajeno a cualquier otra referencia y experiencia. La búsqueda de emancipación no es un valor para una cultura expansionista que plantea las relaciones en términos de superioridad-inferioridad, civilización-barbarie. Las referencias que brinda el viajero francés −citadas a continuación− no sólo las sitúa como "lo otro" de su cultura y valores sino en relación a un "racialismo" que explicaría las características de los "nativos", su casta. Las mismas están vinculadas a un "tipo ideal" que distingue entre razas agrupadas por características físicas observables y que sirven para delimitar grupos según diferentes indicadores −genéticos, sangre, óseos, epidermis−.
Por ejemplo, la identificación de mestizos o gauchos no niega la diferenciación entre razas sino que la supone. A la tipificación física se le añaden las morales, como veremos a continuación, desde una óptica causal, determinista de las diferencias culturales y en relación a una escala de valores. Siguiendo a Todorov (2005), en la historia natural y en particular en Buffon, se parte de la unidad del género humano considerada desde la "racionalidad y sociabilidad" y será su mayor o menor presencia la que permitirá la oposición entre civilización o urbanidad y salvajismo o barbarie. Una jerarquización que ubicará en la cumbre a Europa septentrional, seguida de los demás europeos, Asia y África y, en lo inferior de la escala, a los salvajes americanos.

Las guerras partidistas y el carácter un tanto sanguinario de las castas de los gauchos o pastores, acostumbrados a la sangre, desarrollando en ellos los gérmenes del pillaje los han hecho indiferentes a la muerte de un hombre como a las de los animales (d'Orbigny, 1945: 393, 394).

Apreciación que llega hasta nuestros días y que atraviesa los discursos del orden vinculados a una organización superior que funciona como modelo. A pesar de que d'Orbigny no desconocía la colonización y conquista, la costumbre del asesinato y el pillaje es atribuida al "otro". La crueldad es del hombre de a caballo −de aspecto avinagrado− y no la los cazadores ni conquistadores. Atribuye dicho carácter a la población indígena que habitaba la zona sur, las islas del Paraná, que le trasmitieron el carácter "belicoso y feroz" junto con su suelo, a los criollos que viven hoy. Es así que señala a los guaraníes aliados con los charrúas, los más bravos de todos, que combatieron a los españoles, mataron a Juan de Garay y sus soldados, demostrando un odio implacable a los españoles que continúa.
Ya en la zona del Puerto del Tigre y de San Isidro destaca que estaba poblada por pulperías o posadas, un villorrio rodeado de vergeles: "En todas partes se veían gauchos a caballo, con aspecto rudo y mirada insolente y escrutadora" (d'Orbigny, 1945: 439). Este pareciera ser el punto culminante de la ceguera de este viajero, sólo comprensible desde un discurso etnocéntrico que mantiene una relación imaginaria con las propias condiciones, instituciones y prácticas. La superioridad
incuestionable del progreso y la ciencia oblitera el reconocimiento de las masacres perpetradas.
De esa caracterización se salvan las mujeres (¿será por su carácter subalterno?); ellas gozan de los atributos de la civilización: cordialidad, amabilidad y dulzura. Rasgos que atraviesan sin distinción a las mujeres de cualquier latitud, una esencia que franquea los estados salvajes y civilizados. Es la primera referencia que aparece de este modo al universalismo ligado a lo femenino, en el que se destaca un rasgo vinculado a la danza española en términos ponderativos −"la gracia"−. En la fiesta del 25 de mayo: "las mujeres del país desplegaron una gracia infinita en la contradanza española." (d'Orbigny, 1945: 432).
Una amabilidad que por momentos se extiende a los naturales del país cuando comenta la recepción que tuvieron al arribar a San Pedro. En su regreso a Buenos Aires, después de catorce meses de estar ausente, detalla las dificultades por las que pasó para llegar y proteger las muestras, recogidas durante el viaje, de los asaltantes.
La uniformidad de las llanuras le producen desolación y le inspira tristeza: "únicamente los lugares de los alrededores habitados ha cambiado con la llegada de los europeos" (d'Orbigny, 1945 [1844]: 434). La alusión es clara, la convocatoria es fuerte: las grandes planicies sin habitar se transforman con la "civilización", con los europeos.
Finalmente retomaremos del Diario del Viaje de un naturalista alrededor del mundo. En el Navío de S. M. "Beagle" de Carlos Darwin, el breve viaje realizado desde Buenos Aires a Santa Fe.

V. Carlos Darwin por el litoral

El 27 de setiembre sale de excursión a Santa Fe desde Buenos Aires, por tierra, y regresa el 20 de octubre. Cuando dejan atrás la ciudad de Luján, señala que ahí encontró:" un puente de madera sobre el río, cosa rara en este país".

Las llanuras parecían horizontales, esto es a perfecto nivel... Aquí hay grandes extensiones abandonadas entre estancia y estancia, pues los buenos pastos escasean... (Darwin, 1921: 176)

La rareza de la presencia -el puente de madera- y las extensiones abandonadas pueden ser consideradas como un deslizamiento en una escritura cuyo apego a la descripción pretende desenlazarse de la marca subjetiva. La presencia del enunciador con "raro" y "abandono" se acoplan a su representación de la zona.
Se extiende en los comentarios sobre las mismas, señalando que son
conocidas por los ladrones que aprovechan los cardales para esconderse y, así, robar y asesinar impunemente. La zona no le interesa pues en ella se encuentran vizcachas y el mochuelo. Describe la vizcacha −que se parece a un conejo grande− y comenta que hace unos tres o cuatros años se envía la piel a Inglaterra para peletería. Su carne blanca es saludable pero es escaso el consumo. Las diferencias en las costumbres serían un índice del desarrollo o de la diversidad de los hábitos alimenticios y mundanos.
A la llegada a San Nicolás, ve por primera vez el magnífico río Paraná. De Rosario comenta que es "una gran ciudad, edificada sobre una meseta horizontal levantada sobre el Paraná..." (Darwin, 1921: 180). La vista del río, que es muy ancho en esa zona y que parecería un lago si no fuera por las numerosas islas, merece su atención. Los farallones le dan el toque pintoresco, pintados de color rojo, unas veces verticales y otras como grandes hendiduras cubiertas de mimosas y cactus. Aclara, sin embargo, que la verdadera grandeza de un río inmenso como éste deriva: "1º, de constituir un importante medio de comunicación y comercio entre los países por donde pasa; 2º, de la vasta extensión de su comarca, y 3º, del vasto territorio que avena la mole inmensa de agua que arrastra su curso" (Darwin, 1921: 180). El punteo de las condiciones requeridas para hacer del mismo un recurso para la "grandeza" deja entrever lo que más adelante aparecerá más francamente en relación a la explotación de las vías de navegación vinculada a un modelo de desarrollo.
La escritura circunscripta a la descripción y observación se extiende en referencias como, por ejemplo, la vizcacha y sus hábitos, del que los habitantes del país ignoran sus razones.
El 2 de octubre pasan por "Cofunda" (sic) que, por la frondosidad de sus jardines, es una de las poblaciones más bonitas. Desde ese punto hasta Santa Fe el camino no es seguro; la ribera occidental del Paraná, hacia el norte, no está habitada y los indios arman celadas
a los viajeros. Los arbustos espinosos que abundan en la llanura se
prestan a los saqueos.
El relato mantiene un fuerte carácter descriptivo, en el que se destacan las vías para el comercio, la extensión de la llanura y algunos riesgos y condiciones que las hacen inhóspitas, así como los jardines y los detalles pintorescos.
Hay un momento en el que se detiene para abundar en detalles sobre los remedios que utilizan para curar los dolores de cabeza.

Muchos de los remedios empleados por la gente del país eran ridículamente extraños y repugnantes para mencionarlos. Uno de los menos repulsivos consistía en matar y abrir en canal dos cachorros, que se vendaban luego a los dos lados de un miembro roto. Los perritos pelones son buscados con gran empeño para que duerman a los pies de los convalecientes. (Darwin, 1921: 183).

En la descripción de las costumbres y prácticas, si bien pretende mantener un tono neutral, la calificación de repugnantes y ridículas se transforma en una marca elocuente de la relación con "los otros", que podría vincularse a un etnocentrismo universalista que valora la propia cultura como sinónimo de "la cultura".
La otra referencia teñida de su concepción es la que realiza del gobernador López, de Santa Fe, que estuvo diecisiete años en el mismo cargo. Una estabilidad atribuida a los "procedimientos tiránicos, pues hasta ahora la tiranía parece adoptarse a estos países mejor que el republicanismo" (Darwin, 1921:183). El detalle sobre la ocupación favorita del gobernador (cazar indios y vender los hijos), a reglón seguido de lo anterior y sin ningún indicio de censura, puede ser ilustrativa de la concepción en juego y uno de esos raros momentos en que se desvía de su programa científico. La "etapa de desarrollo" de éste país explicaría la necesidad de la tiranía para la estabilidad. Se extiende así la concepción naturalista −de ordenar en un sistema de conocimiento− a los asuntos civiles y políticos.
Con la llegada a La Bajada, capital de Entre Ríos, que en "1825 contenía 6.000 habitantes y la provincia 30.000", da cuenta de la escasez de población. Esa característica no fue un obstáculo para sufrir las "revoluciones más sangrientas y obstinadas" de todas las provincias (Darwin, 1921:183). Disputas que parecieran no responder a otra ley que no sean los intereses personales aglutinados en bandos, más de villanos que de hombres honrados, que interfieren en la construcción de la grandeza del Estado. Una calificación que vela los propios parámetros valorativos y explicita la concepción preponderante que articula orden-Estado fuerte-progreso. La ironía es fuerte −villanos son los de la zona− y nefasta la imagen que se construye del "otro". Gracias a la fertilidad y variedad del suelo y a su forma casi insular con dos grandes "vías de comunicación, los ríos Paraná y Uruguay, será una de las regiones más ricas del Plata" (Darwin, 1921: 184).
La referencia a la desusada hospitalidad de un anciano español catalán al que entregó una carta de recomendación puede atribuirse a una distinción producto de la rivalidad de intereses, o bien a la diferenciación jerárquica entre civilizaciones y nacionalidades. La disputa es con "otros", los que se aproximan al círculo civilizado.
Cita a d'Orbigny (Darwin, 1921:185) cuando se refiere a sus hallazgos en las riberas del Paraná de "grandes lechos de una concha de estuario", lo que demuestra que las Pampas se elevaron bastante hasta quedar convertidas en tierra seca.
En ésta parte del texto es marcado el diálogo con otros colegas, viajeros naturalistas y geólogos en consonancia con el paratexto −el título del libro− donde pone de manifiesto la "comunidad" en la que se inscribe.
Más adelante −18 y 19 de octubre−, cuando navegaban río abajo, vuelve a recalcar en lo relegada que está esa soberbia vía de comunicación entre las regiones templadas y tropicales y sus producciones. Destaca la fertilidad del suelo, que como dijo "el mejor de los jueces, M. Bonpland, en fertilidad no tiene semejante en ningún país del mundo. ¡Cuan diferente habría sido el aspecto de este río si colonos ingleses hubieran tenido la fortuna de ser los primeros en remontar la corriente del Plata!" (Darwin, 1921:199).
La laboriosidad es un rasgo que distingue a los colonos ingleses de otros y que marca a "el otro", ya no el gaucho, indio o mestizo, sino a los europeos continentales. Una representación y relación imaginaria que se mantienen entre otras latitudes.
A continuación destaca la torpeza de la distancia y diferencia que afecta a Paraguay y Argentina, dos países situados en polos opuestos. Dicha distancia se explicaría por la presencia del dictador Francia en Paraguay. Sin embargo, su desaparición no asegurará la prosperidad de una república, ya que falta, en Sudamérica: "un núcleo fuerte de hombres imbuidos en los principios de la justicia y el honor" (Darwin, 1921:200).
En otro momento del relato se refiere a lo que se denominó "gran seca" comprendida entre 1827 y 1832 y que ocasionó la muerte de aves, ganado y animales silvestres, circunstancias que ocasionaron diferentes disputas entre los dueños del ganado, en las que tuvo que intervenir una comisión del gobierno enviada por Buenos Aires. Se refiere a Sir Woodbine Parish, quien le da noticias de la curiosa fuente de altercados: la tierra seca durante tanto tiempo y el viento que levantaba cantidades de polvo, "que en un país descampado como éste se borraron las rayas y mojones, siendo imposible señalar los límites de las fincas" (Darwin, 1921:190). Lo curioso de los altercados ligado al descampado significa al país como "primitivo", inhóspito y falto de civilización.
En esta parte del relato se manifiesta la perspectiva ideológica, el espíritu nacionalista de laboriosidad y desarrollo de los ingleses contrapuesto al de los españoles. Cuántas resonancias nos traen esas alusiones que buscan la explicación del desarrollo de los países o su ausencia en la "estirpe" de los colonizadores. En ningún momento el afán imperialista es puesto en duda; el "desarrollo" que es representado por la justicia y el honor de sus hombres, justifica las valoraciones subalternas.
En relación a este aspecto, es interesante lo que destaca del patrón de la embarcación, un viejo español que llevaba muchos años en el país y que sentía gran simpatía por los ingleses pero pensaba que, si en la batalla de Trafalgar éstos habían vencido, era porque los capitanes españoles se habían dejado comprar. "Me sorprendió, por ser un tanto característico, que este hombre prefiriera para sus compatriotas la nota de traidores del peor género antes que la de torpes y cobardes" (Darwin, 1921:199). La disputa es con "los otros"; la preponderancia de los ingleses mercantil y marítima y la expansión comercial hacen irrelevantes otras referencias y emerge como la razón del "atraso" de estas latitudes.
El 12 de octubre, con su salud afectada, decide regresar en un barco de un solo mástil con destino a Buenos Aires. Cuando pasan por "Punta Gorda", menciona a una "colonia de indios mansos, procedente de la provincia de Misiones" (Darwin, 1921: 195). La referencia a "los indios mansos" y a los gauchos, en otros momentos, presupone una distinción racialista que no pretende jerarquizar, aunque el calificativo de manso suponga una distribución entre rasgos.
El estallido de una revolución lo obliga a desembarcar en "las Conchas" y continuar hasta Buenos Aires a caballo. Cuando se presenta ante el General y oficiales, destaca su apariencia de "villanos", refrendaba por la observación y "la realidad" de sus conductas. Las dificultades que atravesaron en su regreso estuvieron agravadas por la situación de conflicto y levantamiento para los que no encontraba justificativo. Los mismos se volvían irrelevantes para "una nación que en el espacio de nueve meses (de febrero a octubre de 1820) había sufrido quince cambios de gobierno −no obstante elegirse cada presidente por tres años, según la Constitución-sería absurdo buscar pretextos" (Darwin 1921:201). Las revueltas e insurrecciones no sólo son causa de desorden sino que se transforman en signos de la falta de apego a normas y leyes, en donde lo particular o individual se pliega a los intereses de la nación −o debería hacerlo−. De ahí la justificación de la tiranía como forma de gobierno conveniente para estas latitudes. Aunque muchas veces injusta −la tiranía− resultaría provechosa para el desarrollo de la civilización y el progreso de la ciencia. Un ideal que pareciera trascender las diferencias históricas y culturales y que persiste con matices, en algunos discursos, como "causa" de la falta de desarrollo.

VI. Conclusiones

Como lo señalamos, estos dos viajeros naturalistas se inscriben en una comunidad científica que pretende contribuir al conocimiento de la naturaleza, a un sistema unificado de la historia natural; de ahí la presencia de la descripción y la observación como registro, lo que permite reconocer las huellas de las condiciones de producción de la época y la inflexión que los atraviesa, explicitada por d'Orbigny, respecto a otras narrativas de viaje.
Asimismo, nuestra lectura de los mismos se encuentra cruzada por los análisis respecto de la posibilidad de conocer "al otro", dado que toda interpretación y relación está situada histórica, política y culturalmente y presente a través de la convenciones y modos de enunciación, así como por los debates que significan al descubrimiento del "otro" y al conocimiento en la construcción de una conciencia planetaria que se declina en diferentes tensiones u oposiciones entre universalismo y particularismo. Universalismo que, en su vertiente etnocéntrica y/o cientificista, vela pero no clausura el predominio y privilegio de ciertos valores por sobre otros, la jerarquización de una cultura como sinónimo de "la cultura", en síntesis, la construcción de "lo otro". Un debate que por cierto no fue ajeno a los europeos desde el siglo XVI −como señalamos al comienzo del trabajo−. La diferencia estaría en su persistencia a pesar de o junto a sus transformaciones histórico-políticas y los efectos imperialistas, de subordinación, empequeñecimiento y/o domesticación de "lo otro", que se presenta en la actualidad bajo el signo de la pobreza, la dependencia y hegemonía de un "modelo de desarrollo". Sus alcances son políticos, culturales, sociales y pedagógicos.
Retomando el recorrido propuesto por los relatos de d'Orbigny y Darwin, e intentando concluir −sin por ello reducir− las variaciones y matices que intentamos atender en el desarrollo del trabajo, podemos marcar, en términos generales, la presencia de un enfoque universalista etnocéntrico articulado a una impronta cientificista. El relato del conocimiento de la naturaleza se ajusta a los parámetros de la ciencia de su tiempo, sin que ello suponga la neutralización del punto de vista, de las marcas en el discurso de la presencia del enunciador.
En Darwin, el apego a dichas normas y reglas y a una óptica universalista es más pronunciado que en d'Orbigny. Sólo en alusiones esporádicas aparecen, ya sea como reflejo velado −las vías de navegación, lo curioso de las costumbres, la llanura y el desierto−, o como afirmación rotunda −la tiranía, la distancia entre países− la marca etnocéntrica que eleva como universales los propios valores.
En d'Orbigny, las alusiones sensibles, las referencias y analogías con Francia y Europa no sólo colorean sus descripciones sino que permiten reponer el horizonte imaginario en el que se inscribe su propia travesía −en la estela de los Colón−, así como las comunes al descubrimiento de América como naturaleza −tierra y país virgen− y a la necesidad de expansión comercial. El etnocentrismo enlaza a Europa y Francia produciendo un efecto universal, en el que "la civilización" queda en la otra orilla del Atlántico.
Las marcas racialistas son amortiguadas por el uso genérico de las denominaciones que supuestamente caracterizan y distinguen a indios de gauchos y a extranjeros, en algunos momentos del relato. Otras, irrumpen como cortes sin concesiones en la equivalencia entre animales feroces y habitantes de la zona, específicamente en d'Orbigny. Una diferencia con Darwin que se reitera en la referencia a las mujeres, una distinción que atraviesa los particularismos: la gracia las engloba.
Lo extranjero, en estos viajeros, a pesar de sus diferencias, tiene que ver con lo "europeo", con "la civilización". En d'Orbigny, en tanto signos familiares que permiten su reconocimiento y equivalencia. Por el contrario, en Darwin, "lo otro" se engarza en una disputa entre colonizadores que permite englobar a españoles, gauchos, indios. La fatiga y las privaciones templarán las pasiones para marcar la oscilación entre las ponderaciones de tinte nacionalista y la sospecha sobre "la civilización", lo que acarrea como contaminación y pérdida, aspecto éste particularmente característico en d'Orbigny.
Para finalizar, podemos anotar que la comunidad de estos viajeros está marcada por su pertenencia a asociaciones naturalistas y por una concepción que articula civilización-leyes-estado.

Notas

1. Este trabajo retoma la indagación primero realizada en el marco del Proyecto de Investigación: Viajeros europeos en Entre Ríos durante el siglo XIX: configuración del discurso científico e imagen territorial, (período de ejecución: 2005-2007) y continuada en el proyecto en curso: Discursos de viajeros europeos y cultura escrita en la Argentina (1810-1910).

2. La necesidad de plantear lo "propio" como una entidad distinguible y con identidad propia implica la pregunta por el "origen" o fundamento: "la búsqueda de un signo que remita a un significante y significado y que no refiera a otra cosa que a sí mismo". Sin embargo, "lo propio", propiedad, valor, en relación a "lo otro" funciona por comparación, como metáfora, y "se apoya en una analogía que organiza los intercambios dentro del lenguaje entre dos regiones" (Derrida, 1998: 255).

3. La función-autor, que −como dice Foucault− funciona en lo que se llama "la literatura" y más raramente en "la ciencia", salvo para dar el nombre a un teorema y ha sido el producto de una relación marcada inicialmente por los protectores que encargaban y/o financiaban las producciones −las dedicatorias serían un índice de ello−. La necesidad de liberarla de las condiciones que conllevaba ese protectorado, los intereses de las imprentas y de los autores por regular su reproducción son algunos de las cuestiones que se juegan en dicho requerimiento. La concentración de los privilegios de edición y de censura los manejan, en un caso, corporaciones de libreros delegados por la monarquía; en otros, como en Francia, dependen más del estado. En el "siglo XVIII los libreros inventan el concepto de autor-propietario para defender sus privilegios en la reproducción y circulación. Diderot, un defensor de las libertades, se presenta como un defensor de los privilegios de los libreros para reivindicar la del autor-propietario". (Chartier, 200: 44)

4. Divide su indagación según dos rubros principales: "el estado del individuo y el de la sociedad". Cuando se refiere a "la sociedad en general, afirma que se presenta bajo la forma de cuatro tipos distintos de relaciones: políticas, civiles..." (Todorov, 2003: 29)

5. Esta cosa que soy no necesita de la pluralidad para establecer la diferencia, está presente, la contiene, cuando dice "yo soy yo". (Arendt, 1995:132).

6. El exotismo primitivista es parte de una antigua tradición que con el "descubrimiento de América" encuentra una tierra "virgen" para proyectar las imágenes de una época perdida y apreciada. Se produce a partir de un eje que opone lo simple a lo complejo, la naturaleza al arte, el origen al progreso, el salvajismo al carácter social, la espontaneidad a las luces. Dentro de ese par de oposiciones discurrirán las valoraciones exóticas (Todorov, 2005).

7. El 15 de noviembre de 1825, el Museo de Historia Natural de París confió al joven sabio la misión de visitar, explorar y estudiar la flora y la fauna de las regiones australes de América del Sur. Durante ocho años recorrió las costas del Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Perú y Bolivia Los estudios de su Viaje comprenden 160 mamíferos, 860 pájaros, 115 reptiles, 166 peces, 980 moluscos, 5.000 insectos y crustáceos, 3.000 plantas y aportan conocimientos de geología, paleontología y etnografía −dice Ernesto Morales en la edición de1945−.

8. Pratt destaca en Humboldt el interés por reivindicar América del Sur como "Naturaleza virgen" y que, a partir del importante interés de los europeos por este continente, su prolífica producción tuvo amplia difusión e incidió en la configuración de un imaginario y en su redefinición. Sus críticas, junto a otros escritores de la época, a los formatos habituales de escrituras de viaje apuntan a la disyunción entre las estrategias objetivista-subjetivista, a que los escritos científicos abundan en detalles que resultan insípidos y antiestéticos y a lo triviales que son cuando abundan en un sentimentalismo personal.

9. Con el término anticonquista, Pratt destaca las representaciones que permitieron a los viajeros mantener su inocencia respecto de la conquista al tiempo que contribuyeron a acrecentar pormenorizadamente la hegemonía de un "sistema de conocimiento" que se vinculó a intereses expansionistas.

10. Las negritas de las citas son nuestras.

11. Consecuente con su misión conquistadora y evangelizadora, Colón pone en juego una estrategia finalista de la interpretación −el sentido final está dado desde un principio-; el argumento de autoridad es el que prima. Naturalista aficionado, observa las plantas, los animales y especialmente las cuestiones vinculadas a la navegación, lo que le permite verdaderos logros y lo sitúa en una perspectiva pre-moderna. Hasta acá serían los rasgos que lo distinguen de este viajero ya que, por el contrario, su viaje y formación se inscribe en un proyecto científico. Es en relación con los habitantes donde esa superioridad cognitiva ampara la ausencia de esfuerzos interpretativos descentrados de la autoconciencia de superioridad. Cuando la relación con "el otro" gira en torno a la igualdad −todos son iguales− o bien a la diferencia −son inferiores o superiores−, "lo otro" queda hipostasiado por los propios valores (Todorov, 2003).

12. Cortez no solo manifiesta un gusto por el espectáculo y los efectos simbólicos que pueden tener sobre los "indios" −para ello se informa− sino que, además, utiliza el discurso para manipular. Para ello desvincula el discurso del objeto que describe y de la tradición y lo construye en función de la meta a alcanzar. Se preocupa por la interpretación que los "indios" pueden dar a sus gestos.

13. Elias sitúa la significación de la "civilité" en el quiebre de la sociedad caballeresca y la unidad de la iglesia católica, en tanto formación social que expresa diferentes nacionalidades a través de la lengua italiana primero y después francesa. "A partir de las cuales se realiza la unidad europea sobre nuevas bases." Es así, que "civilité" encarna la evolución de una sociedad, vinculada a la configuración de la sociedad cortesana en tanto matriz de las costumbres occidentales y ligada a la formación del estado. Es interesante destacar que la transformación que se opera a partir de dichas rupturas y de la secularización que implica no modifica el sentido de las prácticas de conquista y expansión, por la cruz en la época de la conquista colonial, por la civilización después (Elias, 1993).

14. A modo indicativo de las referencias a la pedagogía sobre el cuerpo en Francia, mencionamos el análisis que realiza Vigarello, en coincidencia con algunos de las rasgos en negativo mencionados por d'Orbigny. La pedagogía en articulación con las pautas civilizatorias va desde el corsé en el siglo XVII para modelar los contornos −imponer actitudes aristocráticas y orientar fuerzas calculadas−, pasando por la ortopedia en el siglo XVIII −que prioriza la rectitud y la coordinación, basada en el "modelo del soldado"−, a las pedagogías del siglo XIX, que buscan acrecentar los rendimientos y productividades −un tratamiento del sujeto orquestado y garantizado por el rigor formal de sus disposiciones y basado en la aplicación ordenada de la voluntad− (Vigarello, 2005).

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