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Circe de clásicos y modernos

versión On-line ISSN 1851-1724

Circe clás. mod.  n.10 Santa Rosa 2005- 2006

 

Mens nova me fateor: Paulino de Nola, poeta cristiano

Dora Battistón

Universidad Nacional de La Pampa Argentina

Resumen: La literatura cristiana presenta rasgos de sincretismo -modelos tomados del contexto bíblico, pero realizados a través de géneros y caracteres grecolatinos- y elementos diferenciales propios del debate que, necesariamente, entabla con el paganismo a partir de un mismo ámbito de producción y recepción. Paulino de Nola representa un emergente del conflicto entre pensamiento pagano y cristiano y un intento de creación literaria proyectado desde la conversión hacia la nueva realidad cultural de Occidente.

Palabras clave: Cristianismo; Sistema grecolatino; Poesía; Conversión; Paulino de Nola.

Mens nova me fateor: Paulinus of Nola, christian poet

Abstract: The Christian literature has features of syncretism -models taken from biblical context but realized through Greco-Latin genders and characters- and distinct elements typical of the debate in which it has necessary been engaged with paganism in the field of production and reception. Paulinus of Nola represents a poet emerging from the conflict between pagan and Christian thought in an attempt to create a literature projected from the conversion to the new cultural reality of the West.

Keywords: Christianism; Grecolatin system; Poetry; Conversion; Paulinus of Nola.

Vade in Campaniam, disce Paulinum...
Agustín, Epist.26,5

El primer período literario cristiano reconoce una amplia red intertextual anudada en los vértices esenciales de los poetas del clasicismo y expandida más allá de los confines temporales de la literatura imperial, en los dilatados espacios de la antigüedad tardía.
La perduración de la lengua y la cultura latinas, afianzadas en el sistema educativo romano, determinan la continuidad cultural en Occidente y definen para el mundo medieval una relación entre dos sistemas literarios: el pagano— dominante hasta el siglo III— y el cristiano, que desde el IV, por razones históricas, se convierte en central. La afirmación de Marrou es taxativa:

Como quiera que sea, deplorable o providencial, el hecho es éste: nacido en la Palestina helenística, el cristianismo se desarrolló y adquirió su forma en el seno de la civilización grecorromana, de la cual recibió una impronta indeleble […] (1970: 388).

Por lo tanto, el sistema cristiano,1 originado en la periferia del ámbito cultural grecorromano, fue adquiriendo sus rasgos identificadores hasta instalarse en el centro del sistema grecolatino y desplazar a los textos paganos; el avance se registra desde producciones primarias, de tipo pragmático y valor instructivo, que parten del ámbito cultural judaico, continúan a través de los judíos helenizados de la diáspora, y luego, mediante la escritura de los textos en las lenguas griega y latina, pasan a formar parte de la gran red literaria del imperio romano. Sin embargo, la literatura cristiana presenta rasgos de sincretismo —modelos tomados del contexto bíblico / esquema de géneros y caracteres grecolatinos— y elementos diferenciales: comentarios, traducciones, advertencias, y sobre todo, el predominio de diatribas y apologías, propios de una literatura que entra en debate, necesariamente, con el paganismo, a partir de una lengua común y un ámbito de recepción definido por las mismas pautas culturales.
A su vez, el nuevo sistema, en su evolución, había modificado el formato, el modo de lectura y el circuito de receptores —reducido a causa de la concentración de la vida cultural en espacios eclesiásticos—, pero, de un modo análogo, los paradigmas textuales de la antigüedad tardía siguieron influyendo dinámicamente en la literatura cristiana. Y de los sucesivos acercamientos, alejamientos e interacciones entre producciones cristianas y paganas, surge el concepto de tradición clásica.
Precisamente de esta dialéctica entre ambos sistemas —que comparten bases generales estéticas e intelectuales— se originan las controversias, medulares para el desarrollo del sistema cristiano y derivadas del acontecimiento fundante de la conversión, que posibilitará el movimiento expansivo a través del mundo helenístico y que, mediante la figura decisiva de Pablo de Tarso, determinará la identidad cultural de la nueva religión. Como lo sintetiza José Antonio López Silva:

[…] como tal, el fenómeno de la conversión no sólo tendrá importancia a nivel teológico sino también como tema básico de la literatura cristiana a todos los aspectos, no sólo porque explicita las esenciales y peculiares relaciones con la teología y literatura paganas, sino también por el hecho de que es un tema de reflexión básico en los propios contenidos intragenéricos y extragenéricos de dicho sistema. Parafraseando a Calderone […], podemos decir que la historia de la literatura cristiana es la historia de la conversión al cristianismo. (2001:140)

En el campo de la controversia y de las relaciones entre los tópicos tradicionales y los del nuevo kérigma, la figura de Paulino de Nola adquiere especial relieve.

Paulino o las señales de la fe

Reconocido por su maestro Ausonio, y alabado por el papa Anastasio, por Ambrosio, Jerónimo y Gregorio Magno, no sólo a causa de su entrega a la fe de Cristo sino también en mérito a la gravitas y la dignitas de un estilo difícil y complejo por su novedad y por el sincretismo que lo define, Paulino de Nola representa un emergente del conflicto entre pensamiento pagano y cristiano y un intento de creación literaria proyectado hacia la nueva realidad cultural del mundo mediterráneo. Un intento que asume dos direcciones: en lo personal, el retiro del hombre hacia su interior; el camino de la introspección; en lo social y político, la oposición al paganismo y la lucha por la restauración de la justicia.
Poncio Meropio Paulino2 (Burdeos, 355 d.C.), educado en el ambiente aristocrático de una familia senatorial romana, discípulo de Ausonio y gobernador de Campania, viaja a Nola hacia el 381, y bajo el impacto del carisma de San Félix mártir, le dedica su primera barba. Casado con Terasia, se bautiza en Burdeos, vende sus propiedades y marcha a Hispania donde desarrolla una vida ascética hasta 394. Ordenado sacerdote en Barcelona, regresa a Nola; organiza, con su esposa, sendas comunidades ascéticas de hombres y mujeres, y construye incesantemente iglesias, baptisterios, coros y pórticos. Obispo de Nola, se supone que debió abandonar la ciudad en 408, después de la entrada de los godos y que pasó el invierno en Cartago. De su retorno y de los años siguientes da testimonio la intensa relación epistolar con su amigo Agustín, obispo de Hipona, que lo alecciona contra la herejía del pelagianismo y le dedica un tratado.

La poesía de la conversión

Cartas y Poemas filian a Paulino como autor en el contexto de los géneros cristianos más relevantes: la epístola, el panegírico, la paráfrasis de los textos bíblicos, el encomio. J. Fontaine (1981), que considera los poemas de Paulino como continuidad cristiana de la poesía de Ausonio y compara su proyecto con el de Prudencio, sostiene que el propósito de Paulino es escribir de acuerdo con su nueva vida, marcada por la fe, esto es, "la segunda conversión": componer con elementos paganos, pero desde la creencia cristiana. Compara su situación con la de Livio Andrónico, que cinco siglos antes había adaptado la Odisea al oído latino.
Ya vinculado al primer movimiento ascético occidental, y emulando a Ambrosio de Milán —que había transferido al canto el contenido de los Salmos—, Paulino realiza paráfrasis del Antiguo Testamento, en las que mantiene los esquemas genéricos clásicos, pero cambia el contenido y la intencionalidad, desde que otros serán los receptores. En las dos cartas en verso donde discute con Ausonio — Poemas 10 y 11— elige a Cristo como inspirador, y abandona las Musas y la mención de Apolo. Bajo la forma del protréptico, indica a Jovio, en el Poema 22, cuál ha de ser el rumbo eficaz de la creación poética, y teoriza acerca del criterio de adaptación. En 24 y 32 utiliza la misma forma para aconsejar sobre decisiones o recomendar cambios en objetivos o conductas.
Si bien los primeros poemas son evaluados como juegos retóricos, revelan ya, bajo las formas epigramáticas, las lecturas juveniles de Virgilio y Marcial. El 4 ofrece similitud con algunos pasajes del segundo Épodo de Horacio:

Quodsi pudica mulier in partem iuvet
domum atque dulcis liberos (39-40).
                         ... ... ...

et orna dulce vina promens dolio
dapes inemptas appare (47-48).

mas si es casta esposa quien morada y caros hijos a cuidar ayuda
[…] sirviendo con dulce jarra en no comprado festín el vino de hogaño.

a partir de cuyas desiderativas construye una sentencia inapelable:

Adsit laeta domus, epulis alludat inemptis
Verna satur, fidusque comes, nitidusque minister,
Morigera et conjux, caraque ex conjuge nati.
Moribus haec castis tribuat Deus, hi tibi mores
Perpetuam spondent ventura in secula vitam. (4, 15-19).

Sea feliz mi casa y que el esclavo nacido en el hogar, el fiel compañero y el resplandeciente criado, junto con una morigerada esposa y los hijos de la cónyuge querida se gocen con comidas no compradas. Dios concedió todo esto a las costumbres puras, y estas costumbres se aseguran una vida eterna para los siglos por venir.

La impronta de Horacio persistirá en el campo de las paráfrasis, tan frecuentadas en la primera literatura cristiana, puesto que configuran el propósito de versificar la Escritura y transferir una experiencia épica de una cultura a otra por entero diferente. Juvenco3 había realizado traducción del Evangelio, inspirada en el modus de Virgilio, y en la misma senda Paulino escribe los Poemas 7, 8 y 9. En el séptimo, la paráfrasis del Salmo I le permite aplicar el mecanismo retórico que consiste en citar cautelosamente el locus clásico para oponerle la correcta interpretación cristiana. Así, la meditación horaciana Beatus ille, qui procul negotiis (Ep.II,1), transformada, adquiere un sentido diferente:

Beatus ille, qui procul vitam suam
Ab impiorum segregarit coetibus,
Et in via peccantium non manserit (1-3).

Dichoso aquel que pase su vida lejos de las reuniones de los impíos y no se
quede en la senda de los pecadores.

El Poema 6 indica el cultivo del panegírico, en este caso, dedicado al Bautista:— Laus Sancti Iohannis— y exhibe influencia virgiliana en los parlamentos y en la inclusión de factores de virtual paralelismo con la Eneida —vg. Arcángel Gabriel /Mercurio— fundados acaso en el conocimiento del temple épico por parte del receptor; el héroe aquí es Juan el Bautista, monje primordial y compendio de virtudes que han de ser imitadas.
Los Natalicios4 configuran el grupo más numeroso en el contexto de los Poemata. Son catorce piezas dedicadas a la conmemoración de San Félix de Nola. La tradición romana y en particular la fórmula de Menandro el rétor,5 determinaban la forma en función de la costumbre de celebrar los aniversarios. El encomio— que da lugar al panegírico— opera así como estructura retórica previa, que Paulino carga de contenido cristiano. El comienzo del Poema 16, por ejemplo, a partir de la evocación de la imagen del tiempo fugaz, que en los poetas anteriores conducía inevitablemente a la celebración del presente bajo la incitación carpe diem - Horacio, Od. II, 18, 15: truditur dies die/ novaeque pergunt interire lunae: "el día sigue al día, y sin cesar perecen lunas nuevas"; Catulo, Carm.5, 4: soles occidere et redire possunt: "los soles pueden caer y retornar"-, adquiere en Paulino una dirección diferente, y se afirma en la perduración en Cristo.

Tempora temporibus subeunt; abit, et venit aestas;
Cuncta dies trudendo diem fugit, et rotat orbem:
Omnia praetereunt, sanctorum gloria durat
In Christo, qui cuncta novat, dum permanet in se. (1-5).

Las estaciones siguen a las estaciones, el tiempo va y viene; todo el día se escapa empujando el día precedente y hace girar la rueda del firmamento; todo pasa, mas la gloria de los santos perdura en Cristo, que todo lo renueva a la par que Él permanece siempre.

En el orden de los Natalicios, el Poema 18 —dedicado a la devoción de Félix— ofrece un ejemplo claro de la incidencia virgiliana en la construcción de la imagen de Paulino y también del tratamiento extremado de los lugares poéticos tradicionales.

Cernite laetitiam mundi in splendore diei
Elucere sacris insignibus; omnia laetus
Candor habet, siccus teneris a nubibus imber
Ponitur, et niveo tellus velatur amictu.
Quae nive tecta, solum nive, silvae, et culmina, colles:
Cuncta senis sancti canos testantur honores;
Angelicaque docent et luce et pace potiri
Felicem placida clarum in regione piorum,
Lactea quae tacito labuntur vellera coelo. (16-24).

Contemplad cómo la alegría del mundo luce en el brillo del día con señales
sagradas. Un halo de blanca alegría lo posee todo, una seca lluvia cenicienta
se deposita desde las nubes, se viste con un manto níveo la tierra que, cubierta
de nieve y con peinado de nieve en casas, suelo, bosques, tejados y colinas, da
fe de los canos honores del santo anciano. Nos están demostrando que en la
plácida tierra de los esclarecidos justos Félix disfruta de la luz y la paz de los
ángeles, y desde allí se deslizan lácteos vellones por un cielo silencioso.

El Poema 17 exhibe el conocimiento técnico del propemptikón. Escrito para despedirse de Nicetas de Remesiana y citado como ejemplo del género, presenta la subversión de algunos tópoi: miedo y tristeza se convierten en confianza y alegría por la esperanza del reencuentro. El texto aparece atravesado por metáforas y símbolos relacionados con la literatura de viajes, de antiguo conocimiento en el mundo grecolatino, y propone a Nicetas como una suerte de héroe civilizador, capaz de transformar a las poblaciones bárbaras mediante la palabra evangélica:

Orbis in muta regione per te
Barbari discunt resonare Christum
Corde Romano, placidamque casti
Vivere pacem. (260-264).

Gracias a ti en una región muda del mundo los bárbaros aprenden a cantar el
nombre de Cristo con el corazón de un romano, y a vivir castamente una
tranquila paz.

El epitalamio, género frecuentado por Estacio, Claudiano, Catulo y Ausonio, encuentra su expresión en el Poema 25, revestido de cierto prestigio histórico, ya que describe el primer matrimonio cristiano celebrado en una iglesia. Se celebran las bodas solemnes de Julián y Ticia, y el poeta va a introducir una serie de modificaciones esenciales en el texto, respondiendo sin duda a los cambios operados con relación al ritual romano tradicional. El ámbito es la iglesia; por lo tanto, no hay referencias festivas sino un clima emocional que rodea las acciones litúrgicas: el casamiento por el obispo Mémor, las súplicas a Cristo y la bendición. En el plano compositivo, Paulino procede así la ruptura del esquema literario clásico. Se invierten los tópicos, se alude a la paz, la modestia y la devoción, y la Escritura ha reemplazado a la mitología como paradigma. A su vez, este poema puede ser considerado como doctrina cristiana acerca del matrimonio, con la renovación que implica una propuesta de continencia y castidad en lugar de la exhortación a procrear propia de la unión pagana.
Otro ejemplo de trasmutación de un género anterior —en este caso, la consolación—, puede advertirse en el Poema 31, que exhorta a la esperanza y edifica el mensaje a partir de los valores teológicos de la fe y la resurrección., con lo que se aleja notablemente de sus antecedentes, incluso de su amigo Ausonio.

Ausonio: amistad y controversia

Precisamente, Ausonio6 domina una franja de la vida intelectual de Paulino.
Proyectada desde la juventud del poeta, la figura del maestro es la única que se opone, en el imaginario de la conversión, a la nueva fe del discípulo. Los Poemas 10 y 11, realizaciones del género epistolar, discuten ampliamente el tema. Desde los antiguos tópicos de la amicitia, y bajo invocaciones tan cruciales como la fides, Ausonio le ha reprochado poner la nueva creencia antes que la vieja amistad, y Paulino responde con la confesión inusitada: tiene una nueva mente, y en ella reside la intencionalidad poética de cantar a este Deus maior que ha elegido, y en cuyo nombre se ha desprendido de sus propiedades para dejar de lado inquietudes terrenales y disuasivas. Pero estas decisiones personales se anudan al propósito didáctico, a través de la creación estética. El criterio de adaptación —cimiento de la paráfrasis— resulta central en la misión que se impone. El Poema 22 guarda las huellas de esa reflexión bajo la forma de un protréptico a Jovio, donde indica los motivos a tratar y define la nueva inspiración, de naturaleza sagrada; la severa exhortación a olvidar las gestas mitológicas al uso y concentrarse en "los grandes asuntos" evoca el comienzo de la Égloga IV de Virgilio, y aunque distante en el tiempo, la actitud de Paulino se acerca por momentos a aquella confianza horaciana en la propia inmortalidad a través de la obra —una obra que, en ambos casos, lleva como signo de origen la virtud de haber adaptado el mensaje de un mundo a otro, de una a otra lengua—.

Los argumentos con que Paulino defiende ante Ausonio su opción en la vida y en el arte pueden condensarse simbólicamente en la negación de modelos paganos de inspiración —las Musas, Apolo— y en la adopción de Cristo como manantial de incesante creación y autoridad ética y mística. El extenso Poema 10 despliega el motivo en formas diversas, que no excluyen la crítica a la ficción y a los artilugios de los rétores, de un modo que recuerda los razonamientos platónicos.

Quid abdicatas in meam curam, pater,
Redire Musas praecipis?
Negant Camoenis, nec patent Apollini
Dicata Christo pectora.
Fuit ista quondam non ope, sed studio pari
Tecum mihi concordia,

Ciere surdum Delphica Phoebum specu,
Vocare Musas Numina;
Fandique munus munere indultum Dei,
Petere e nemoribus aut jugis.
Nunc alia mentem vis agit, major Deus;
Aliosque mores postulat,
Sibi reposcens ab homine munus suum,
Vivamus ut vitae Patri.
Vacare vanis otio aut negotio,
Et fabulosis litteris
Vetat, suis ut pareamus legibus,
Lucemque cernamus suam:
Quam vis sophorum callida, arsque rhetorum, et
Figmenta vatum nubilant,
Qui corda falsis atque vanis imbuunt;
Tantumque linguas instruunt,
Nihil adferentes ut salutem conferant,
Quod veritatem detegat.
Quid enim tenere vel bonum aut verum queant,
Qui non tenent summae caput,
Veri bonique fomitem et fontem Deum?
Quem nemo nisi in Christo videt. (20-46).

¿Por qué, padre, mandas que mi afán retorne a unas Musas de las que ya he abdicado? Los corazones consagrados a Cristo reniegan de las Camenas y no se abren a Apolo. En otro tiempo compartí contigo, bien que no igual en capacidad pero sí en idéntico empeño, la idea de invocar al sordo Febo desde su antro délfico, el deseo de llamar a las Musas deidades y de pedir a los bosques y montes el don de la palabra, concedido por regalo de una divinidad.
Ahora mueve mi mente otra fuerza, un Dios mayor, y exige otras costumbres, reclamando del hombre su obligación para con él, a fin de que vivamos para el Padre de la vida, a fin de poder obedecer sus leyes y contemplar su luz, que anublan la astuta fuerza de los sofistas, el arte de los rétores y las invenciones de los poetas, que son quienes encharcan los corazones de mentiras y frivolidades y tan sólo instruyen la lengua, sin aportar nada para darnos la salvación o poner al descubierto la verdad. Pues ¿qué bien o verdad pueden tener quienes no tienen el meollo de lo esencial, a Dios, que es el alimento y fuente del bien y de la verdad, a quien nadie ve si no es en Cristo?

Con mayor énfasis y procedimientos retóricos que concentran la antítesis en la imagen visual y auditiva, procede a la desvalorización de los emblemas del poeta pagano.

Unde dari possit. Revocandum me tibi credam,
Cum steriles fundas non ad divina precatus,
Castalidis supplex averso Numine Musis?
Non his numinibus tibi me patriaeque reduces.
Quod datur, in nihilum (sine Numine nomina Musas
Surda vocas, et nulla rogas) levis auferet aura,
Irrita ventosae rapiunt haec vota procellae,
Quae non missa Deo vacuis in nubibus haerent,
Nec penetrant superi stellantem Regis in aulam. (110-118).

¿Puedo creer que vas a hacerme volver porque derramas estériles oraciones
no para Dios, sino como un suplicante ante las Musas Castalias, cuyo poder
está en tu contra? Con esas deidades no me haces volver a ti y a la patria.
Estás invocando a dioses sordos y suplicas a quienes no son nada (una leve
brisa se llevará esto que se destina a la nada, a las Musas, nombres sin poder).
Vendavales de tempestad arrebatan estos votos sin fuerza, que por no ser
enviados a Dios se quedan pegados en las vacías nubes y no llegan a entrar en
el palacio estrellado del Rey del cielo.

Y concluye en la confesión personal que intenta sintetizar ambos mundos en razón de lo que el más viejo ha podido sembrar para el advenimiento del nuevo.

Mens nova me fateor cepit, mens non mea quondam,
Sed mea nunc autore Deo, qui si quid in actu
Ingeniove meo sua dignum ad munia vidit,
Gratia prima tibi, tibi gloria debita cedet,
Cujus praeceptis partum est quod Christus amaret. (142-146).

Tengo, lo confieso, un espíritu nuevo que no es el mío, al menos el mío de
antaño, pero que es el mío de ahora por obra de Dios. Y si él ha visto en mi
vida o en mi talento algo digno de sumisión, el primer gratificado eres tú,
y para ti es la gloria que se te debe. De tus preceptos ha nacido aquello que
Cristo pudiera amar.

El Poema 11 —respuesta a la Carta 23 de Ausonio— registra, igualmente, una serie de argumentos de orden apologético, que entre los versos 35 y 60 condensan las razones contra el maestro en un verdadero catálogo de imágenes que evocan la Égloga primera de Virgilio: las comparaciones, el elemento bucólico, la doliente percepción de la patria distante, las antítesis, los impossibilia que intentan medir la perduración física y espiritual del afecto y de la amistad puesta en duda por el antagonista.

Si vitulum tauro, vel equum commitis onagro,
Si confers fulicas cygnis, et aedona parrae;
Castaneis corylos, aequas viburna cupressis,
Me compone tibi: vix Tullius et Maro tecum,
Sustineant aequale jugum; si jungar amore,
Hoc tantum tibi me jactare audebo jugalem;
Quo modicum sociis magno contendit habenis
Dulcis amicitia aeterno mihi foedere tecum,
Et paribus semper redamandi legibus aequa.
Hoc nostra cervice jugum non scaeva resolvit
Fabula, non terris absentia longa diremit.
Nec perimet, toto licet abstrahar orbe, vel aevo.
Numquam animo divisus agam; prius ipsa recedet
Corpore vita meo, quam vester pectore vultus. (35-48).
...........................................................................
Et cum solutus corporali carcere,
Terraque provolavero,
Quo me locarit axe communis Pater,
Illic quoque te animo geram. (57-60).

Si es que pretendes emparejar un novillo con un buey o un caballo con un
onagro, si juntas las fochas con los cisnes, y el ruiseñor con la urraca, las
avellanas con las castañas, si igualas los mimbres con los cipreses, entonces
aparéjame contigo. Con mucho trabajo serían capaces de llevar contigo el
mismo yugo Tulio o Virgilio. Pero si es clamor el yugo, sólo en esto me
atreveré a jactarme de compartir tu collera, por cuanto la dulce amistad, igual
en mi eterno pacto contigo y siempre bajo las análogas leyes del afecto
correspondido, compara lo pequeño con lo grande con riendas amigas. Este
yugo no lo ha descolgado de nuestro cuello una siniestra habladuría, tampoco
lo destruirá la larga ausencia de la patria. Aunque mediara entre nosotros
todo el globo del mundo o una edad entera, jamás viviré separado en el
espíritu. Antes se me escapará la propia vida del cuerpo que tu rostro de mi
pensamiento. […] Y cuando emprenda el vuelo, libre de la cárcel de mi
cuerpo y libre de la tierra, en la constelación en que me ponga el Padre de
todos, allí también te llevaré en mi espíritu.

Más adelante, en el Poema 15, cuando define la identidad del poeta cristiano, está aceptando, tácitamente, que la tradición pagana es la única que funciona culturalmente y por tanto, la única que le ofrece los códigos de recepción necesarios y suficientes, de acuerdo con su intencionalidad. En un sentido alegórico, podría pensarse en la antigüedad clásica como el gran panóptico desde donde es posible avizorar y dar un cuerpo textual a las ideas que constituirán las bases teológicas del Cristianismo. Y en el plano de la mimesis poética, el avancehacia una fusión entre los propósitos de la vida misma, en sus instancias físicas y espirituales, con el don de la palabra, entendida simultáneamente como arte, como misión y como plegaria.

Surge igitur cithara, et totis intendere fibris,
Excita vis animae tacito mea viscera cantu,
Non tacita cordis testudine, dentibus ictis,
Pulset amor linguae, plectro lyra personet oris.
Non ego Castalidas vatum phantasmata Musas,
Nec surdum Aonia Phoebum de rupe ciebo,
Carminis incentor Christus mihi: munere Christi
Audeo peccator sanctum et coelestia fari.
Nec tibi difficile, Omnipotens, mea solvere doctis
Ora modis, qui muta loqui, fluere arida, solvi
Dura jubes. Tu namque asinam reboare loquendo,
Perfectamque tibi lactentes condere laudem
Fecisti, et solidam solvisti in flumina rupem,
Et terram sine aqua subitis manere fluentis
Jussisti, deserta rigans in spem populorum,
In quorum arentes animas pia gratia fluxit,
Quos Christus vivo manans petra fonte refecit.
Unde ego pars hominum minima, isto munere fretus,
Roris, Christe, tui vivos precor aridus haustus.
De verbum de fonte tuo; tua non queo fari
Te sine; namque tui laus martyris, et tua laus est,
Qui facis Omnipotens homines divina valere,
Fortiaque infirmis superans, de carne triumphas,
Aerios proceres vincens in corpore nostro. (26-49).

Levántate, pues, cítara, y ténsate en todas tus fibras, oh conmovida esencia de mi alma. Que el amor pulse mis entrañas con su silencioso canto, dando el golpe de los dientes en el nada silencioso caparazón de mi corazón, y la lira de mi boca resuene con el plectro de mi lengua. No voy a pedir que acudan las Musas de Castalia, fantasías de los poetas, ni tampoco desde la peña Aonia el sordo Febo. Cristo es el director de mi canción, por un don de Cristo me atrevo yo, pecador, a cantar lo sagrado y lo celestial. No es difícil para ti, que eres Todopoderoso, desatar mi boca en sabios ritmos, tú que haces hablar a los seres mudos, manar a lo seco y deshacerse lo duro. Pues hiciste rebuznar a la burra en forma de palabras y a los lactantes componer una alabanza acabada en tu honor, y diluiste en líquido la sólida roca y mandaste que una tierra sin agua manase con súbito caudal regando el desierto para esperanza de los pueblos, hacia cuyas secas almas fluyó la piedad de la gracia y a los que Cristo, piedra manantial del agua viva, restauró. Por eso yo, parte mínima de los hombres, confiado en ese regalo, Cristo, suplico sediento el sorbo vivo de tu rocío. Concédeme la palabra desde tu fuente, no puedo hablar de ti sin ti. En efecto, el elogio de un mártir tuyo también es elogio tuyo, porque en tu omnipotencia haces que los hombres gocen de un poder sobrenatural y vences la fuerza para beneficio de los débiles, triunfando sobre la carne, venciendo en el interior de nuestro cuerpo a los príncipes habitantes del aire.

La variedad de géneros, propia de la poesía alejandrina, caracteriza también este conjunto de treinta y tres poemas,7 cuya virtud estilística reside en la mezcla formal, un compendio de especies literarias y de metros diferentes, utilizados empero con rigor "clásico". Más aún, los rasgos de estilo no desdicen la mejor tradición de los escritores del periodo clásico, sólo que intensifican y amplifican acaso en función del propósito didáctico, algunos recursos, tal la antítesis, la hipérbole, el elemento maravilloso, la ékfrasis, el tránsito frecuente del épos al epýllion.
En el orden de los Natalicios, el Poema 18 —dedicado a la devoción de Félix— ofrece un ejemplo claro de la incidencia virgiliana en la construcción de la imagen, y expone al mismo tiempo el tratamiento extremado de los lugares poéticos tradicionales.

Cernite laetitiam mundi in splendore diei
Elucere sacris insignibus; omnia laetus
Candor habet, siccus teneris a nubibus imber
Ponitur, et niveo tellus velatur amictu.
Quae nive tecta, solum nive, silvae, et culmina, colles:
Cuncta senis sancti canos testantur honores;
Angelicaque docent et luce et pace potiri
Felicem placida clarum in regione piorum,
Lactea quae tacito labuntur vellera coelo. (16-24).

Contemplad cómo la alegría del mundo luce en el brillo del día con señales sagradas. Un halo de blanca alegría lo posee todo, una seca lluvia cenicienta se deposita desde las nubes, se viste con un manto níveo la tierra que, cubierta de nieve y con peinado de nieve en casas, suelo, bosques, tejados y colinas, da fe de los canos honores del santo anciano. Nos están demostrando que en la plácida tierra de los esclarecidos justos Félix disfruta de la luz y la paz de losángeles, y desde allí se deslizan lácteos vellones por un cielo silencioso.

El poeta cristiano opera sobre los mismos cánones lingüísticos y literarios de la cultura anterior, y si bien los verdaderos cambios se dan en los asuntos y en la sustitución de componentes del universo pagano por los de la reciente religión, es acaso en estas variaciones de estilo, funcionales a la intencionalidad evangélica de los textos, donde se perfila el horizonte de una nueva literatura.

Notas

1 Seguimos, en este aspecto de la cuestión, el artículo de José Antonio López Silva "Sistema literario cristiano y tradición clásica: el género historiográfico" Ianua 2 (2001) ISSN 1616-413X 135-153.

2 Para los datos biográficos, la reseña de la obra de Paulino de Nola y la versión española de sus textos se ha seguido la excelente edición de Gredos, con introducción traducción y notas de Juan José Cienfuegos García.

3 Cayo Vetio Juvenco, el primer poeta épico que versificó en latín el texto de los cuatro Evangelios. Informa San Jerónimo que "En el tiempo de Constantino, el presbítero Juvenco puso en verso la historia de nuestro Señor y Salvador y no la mermó ni siquiera al versificar las majestuosas frases del evangelio." (Epístola a Magnum), y que "Juvenco, español de nobleascendencia, presbítero, compuso cuatro libros, trasponiendo los cuatro evangelios casi a la letra, en versos hexámetros, y algunas otras cosas, en el mismo metro, relativas al orden de los sacramentos." (De viris ilustribus).

4 Se trata de los poemas 12, 13, 14, 15, 16, 18, 19, 20, 21,23, 26, 27, 28 y 29.

5 Menandro de Laodicea, siglo III, ofrece las normas de composición del

6 Décimo Magno Ausonio (Burdigala, actual Burdeos, 310-395 d.C.), poeta y rétor.

7 Advierte Juan José Cienfuegos García, en la Introducción a los Poemas, que la obra de Paulino comprende 51 cartas y 33 poemas, de los cuales 29 se reconocen auténticos; 4, 5, 32 y 33 se atribuyen a otros autores.

Bibliografía

Edición

WILHELM VON HARTEL. (1894) Volúmenes XXIX (Cartas) y XXX (Poemas) del Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum de Viena. Edición de M.Kampner, Viena, 1999.         [ Links ]

Traducción

PAULINO DE NOLA. (2005) Poemas. Introducción, traducción y notas de Juan José Cienfuegos García. Madrid, Gredos.         [ Links ]

Bibliografía citada

CATULLUS. (1998) The Complete Poems. A new traslation by Guy Lee. Oxford University Press.         [ Links ]

FONTAINE, J. (1981) Naissanse de la poésie latine dans l'Occident chrétien (Esquisse d'une histoire de la poésie latine chrétienne du III au IV siècle), París, capítulos IX y XI.         [ Links ]

LÓPEZ SILVA, J.A. (2001) "Sistema literario cristiano y tradición clásica: el género historiográfico" Ianua 2 X 135-153.         [ Links ]

MARROU, HENRI-IRÉNÉE (1970) Historia de la educación en la antigüedad, Buenos Aires, Eudeba, 1970.         [ Links ]

Q.HORATI FLACCI. (1988) Opera, E.C. Wickham - H.W. Garrod, Oxford University Press.         [ Links ]

Recibido: 5 de marzo de 2006
Evaluado: 16 de marzo de 2006
Aceptado: 19 de marzo de 2006