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Circe de clásicos y modernos

versión On-line ISSN 1851-1724

Circe clás. mod.  n.11 Santa Rosa ene./dic. 2007

 

GALLEGO, Julián
Campesinos en la ciudad. Bases agrarias de la pólis griega y la infantería hoplita.
Buenos Aires: Ediciones del signo, 2005, 211 pp.

Marta Alesso

La hipótesis del texto es que el surgimiento de la pólis se produce por un proceso de incorporación de comunas aldeanas a una nueva estructura estatal, en tanto constituye una unidad inseparable el centro urbano y el territorio agrícola , en una relación mediante la cual la aldea rural es una parte segmentaria del nuevo estado, de modo que las formas organizativas de la vida social campesina pasan a funcionar como elementos del orden político. A su vez la ciudad -personificación colectiva de la comunidad- produce un espacio social y simbólico-religioso que controla el territorio cívico y, en tanto opuesta a los propietarios individuales, es la propietaria en un sentido general que regula el acceso a las parcelas; de este modo, cultura política y cultura agraria se moldean recíprocamente.
En una época de profundas transformaciones, que se ubica entre los siglos VII y VI a.C, las vinculaciones entre agricultura, guerra y política determinan el ascenso social del campesinado, en tanto el auge de la falange hoplita permite la definitiva participación de los agricultores soldados en la vida política.
Sin eludir el tratamiento del tema en Esparta y la complejidad que ofrece el sistema de póleis periecas al que dedica el segundo capítulo, el análisis es especialmente valioso en torno de las circunstancias de la Atenas arcaica, cuyas comunidades muestran cuatro características: 1) la presencia de comunas rurales de propiedades agrarias familiares, que irían congregándose en torno a la ciudad a partir del fenómeno tradicionalmente conocido como sinecismo; 2) el desarrollo de la urbanización asociado a la configuración de ciertas instituciones propias de la justicia y el derecho en la pólis; 3) grupos sociales tales como los aristócratas terratenientes -quienes controlaban el poder institucional- y una multitud básicamente de campesinos que vivían en agrupamientos rurales unidos a la ciudad; y 4) la conformación de la infantería hoplítica y la primera codificación de las leyes. Este conjunto de circunstancias desembocó en una organización política particular de la pólis, que debió sortear conflictos sociales producidos por las tensiones entre la aristocracia y el campesinado. La promulgación de leyes que intentaron regular la vida en esta incipiente comunidad política partió de aristócratas que supieron comprender que la moderación en las formas de explotación podía ser más productiva que excesos tales como los denunciados por Hesíodo en Trabajos y días. La organización en clases censatarias, promovida por Solón, estableció que todos los miembros de la comunidad tendrían asegurada su libertad y la de sus familias debido a la abolición de la esclavitud por deudas . La posición de Gallego es que la stásis arcaica implicó una lucha de masas, esto es, provocó la irrupción del dêmos rural en los ámbitos de decisión de la ciudad. Los gérmenes de la democracia, la apertura política en la pólis ateniense, se debió a la irrupción de un campesinado libre en la escena pública más que otras posibilidades tradicionalmente aceptadas por los historiadores, como que la admisión en la politeía de los más sumergidos surgió del peligro de que algún aristócrata osara romper la solidaridad de clase para acceder a la
tiranía apoyándose en el descontento de campesinado. La principal diferencia con las líneas historiográficas tradicionales, como la de Finley, es que éstas conciben a la pólis como centro de consumo habitado por una pequeña parte de la población total y no por granjeros ciudadanos comprometidos con el destino colectivo que partían a la mañana hacia el campo y volvían con la caída del sol.
Merece especial atención el brillante análisis que Gallego hace de los textos de Aristóteles -La Constitución de Atenas y Política- que ocupan gran parte del Capítulo III, titulado "Zeugîtai atenienses ¿ciudadanos activos?". Aristóteles dejó establecida la diferencia existente entre la situación de las instituciones antes de la tiranía de Pisístrato y la posterior a sus reformas y las de Pericles. La primera etapa se trataba de una república de campesinos, encolumnada ordenadamente detrás de gobernantes moderados; en la segunda, se produciría el ascenso político del pueblo que cobraba un salario (thêtes) por su participación institucional y así los demagogos habrían estado dispuestos a conceder prebendas (clientelismo) con tal de no perder el favor del pueblo. Destaca Gallego que la terminología usada por Aristóteles implica una calificación moral además de catalogar a los actores según su pertenencia a una clase: hay gobiernos y gobernantes virtuosos y otros, corruptos, así como, según el filósofo, hay clases que son más aptas y otras menos aptas para mandar (p. 115).
El manejo de las fuentes antiguas -Aristóteles, Jenofonte, Tucídides, entre otros- se logra sin agobiar al lector con citas sino mediante remisiones bibliográficas en las notas al pie y con comentarios en texto que dan cuenta de una perspectiva de historiador crítico que sabe integrar los datos filológicos con los arqueológicos (como en Cap. I, p. 35 y ss.) en una síntesis que contempla la interacción de aspectos económicos, sociales, geográficos y políticos.
Las fuentes literarias son un material provechoso para analizar la sociedad que las ha producido, especialmente Aristófanes, en cuyos textos Gallego ha abrevado en publicaciones anteriores.
La discusión sobre la bibliografía teórica que actualiza el tema prácticamente a la fecha es abundante -quizás en exceso- y adolece en ocasiones de poder de síntesis que impida ver como repeticiones lo que son argumentaciones sobre aspectos diversos.
Un glosario con los términos griegos transliterados que sirven para ésta y otras lecturas sobre la disciplina se presenta sumamente útil para delimitar conceptos de uso corriente en historia griega antigua.