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Circe de clásicos y modernos

versión On-line ISSN 1851-1724

Circe clás. mod.  n.12 Santa Rosa ene./dic. 2008

 

Cavallero, Pablo et al. (traducción, introducción y notas)
Nubes de Aristófanes
Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires, 2007, 343 pág. ISBN 978-987-1450-15-2

Por Marta Alesso

Estamos asistiendo a un fenómeno significativo: nuevas ediciones y traducciones de clásicos griegos y latinos aparecen en el mercado como una oferta más que frondosa dirigida no sólo al público especialista sino a todo quien tenga curiosidad por acercarse a una literatura fundacional para occidente. Es alentador comprobar que mientras autoridades en educación se muestran decididas a erradicar nuestras materias de los planes de estudio de licenciaturas y profesorados, el público corriente no cesa de adquirir con avidez estas obras ineludibles para la formación de una cultura literaria. Nuevos Homeros, Ovidios y Platones aparecen en las mesas de las mejores librerías de todo el país. No se trata solo de ediciones venerables, indispensables para los profesionales de griego y latín. No. También las empresas editoriales de difusión masiva, como Losada o Colihue -por mencionar sólo las locales-, compiten por ofrecer catálogos nutridos de títulos donde florecen renovados los poetas, los trágicos, los comediógrafos, los filósofos y los oradores áticos y romanos. El fenómeno no se limita a las grandes obras literarias. Ensayos con reflexiones y estudios sobre los sistemas políticos en la antigüedad, sobre relatos de viaje, sobre arte, sobre mitología, atraen al lector moderno y encuentran una respuesta positiva en el mercado. Esto sin mencionar que editoriales como Miño y Dávila -que publica y distribuye nuestra Circe- se han decidido a tomar a su cargo revistas científicas de la especialidad. Más se publica, más se lee. Más textos clásicos se ofrecen, más se demandan. Pero es en el campo de las traducciones, con buenos prólogos y anotaciones, donde las propuestas se multiplican.
Este ejemplar de Nubes ve la luz gracias a la editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y es fruto de un sólido trabajo de investigación, mas no por ello tendrá una difusión restringida a los expertos. La traducción conserva la frescura y la espontaneidad procaz del ateniense. Porque si una buena traducción es la reposición en términos modernos de las evocaciones y alusiones del original, esta versión lo logra. Y todos sabemos que con Aristófanes es harto difícil. Es una traducción 'al rioplantense', y aunque no sea usual leer en una comedia griega un "¡al carajo!", lo entendemos mucho mejor que un literal "¡a los cuervos!". El buen resultado es que nos hace desternillar de risa. Lo he probado con mis alumnos de Literatura Griega. He incorporado este texto a las lecturas de estudiantes que están iniciando la carrera de Letras -poco avezados en disquisiciones filológicas- y han disfrutado un primer acercamiento atraídos por la hilaridad que provoca un Tergiversero que va sumando fracasos y calamidades a lo largo de la trama cómica. Luego será la oportunidad de sumergirse en las sesudas discusiones bibliográficas que ofrecen el prólogo y las notas y realizar lecturas más medulosas y detalladas.
La Introducción podría constituir por sí misma una obra de consulta de alta calidad sobre Aristófanes. Participan de su elaboración investigadores destacados como Pablo Cavallero, Diana Frenkel, Claudia Fernández y María José Coscolla. Comienza por situar al autor en su época y da cuenta de la situación política en Atenas. El subtítulo "La educación griega en el siglo V a.C." es útil no sólo para referir el interés del comediógrafo por la educación, sino también para ilustrar sobre las características de la paideia y sus múltiples aspectos. Las consideraciones iniciales sobre el sistema educativo en Grecia son completadas más adelante en el apartado titulado "La educación en Nubes".
Un esquema de la Introducción da cuenta de lo siguiente:

a) Ubicación de Nubes en el corpus aristofánico, con referencia a las versiones y a la tradición del texto. De manera sucinta pero exhaustiva se dilucida la tradición del texto, se aclara que es ésta una segunda versión -posiblemente nunca representada- de la obra, se informa sobre los manuscritos existentes y la tradición indirecta, consistente en escolios y las referencias de la Suda, que aporta 335 citas de Nubes.

b) Descripción de los personajes, con especial énfasis en Tergiversero (Strepsiádes) y Sócrates, y un profundo análisis de la función del Coro. Los personajes de Nubes requieren de actores principales, de actores secundarios y de actores mudos. Se supone que el primer actor representa a Tergiversero; el segundo actor asume los papeles de Sócrates, el Argumento Más Débil y el Primer Acreedor; el tercer actor representa a Ahorrípico (Pheidippídes), hijo de Tergiversero (excepto en vv. 814-1114), al Discípulo, al Argumento Más Fuerte, al Segundo Acreedor y al Discípulo B; el cuarto actor se haría cargo de Ahorrípico en 814-1114, del esclavo del prólogo y del Discípulo A. Los 'testigos' que acompañan a los acreedores serían casi seguro aprendices mudos, como los Discípulos que aparecen en el prólogo. Un verdadero esfuerzo de imaginación requiere representarnos in mente el extravagante coro de nubes-hombres disfrazados de mujeres con aspecto nebuloso- que sugiere la entidad vaporosa, inestable y oscilante de la dialéctica de los sofistas y pseudo-científicos.

c) Consideraciones sobre el género y el nivel de lengua. Constituye uno de los aportes más vigorosos del libro, no sólo por el esclarecedor análisis de los términos en lengua griega transcriptos -poco usual en ediciones de esta naturaleza-, sino también por la profusos comentarios bibliográficos que consigna. Merece especial mención la recopilación de neologismos.

d) Técnica y estilo. El apartado propone una reflexión sobre el quiebre, propio de la comedia aristofánica, de la distancia entre escena y público. Están minuciosamente registrados los recursos para lograr la hilaridad del espectador así como las alusiones paratrágicas. Este género busca siempre la complicidad de los espectadores, de allí las puntuales alusiones al auditorio, por ejemplo durante las parábasis, al final del primer agón o cuando está concluyendo el segundo agón. Aristófanes intenta complacer a dos tipos de público, según su propia clasificación: el phortikós que gusta de las groserías y el sophós y dexiós que disfruta de las sutilezas. Las referencias a personajes históricos contemporáneos es un recurso característico de la comedia antigua, con ello se censura también la relación entre conductas privadas y la política, los vicios de la demagogia y los gastos excesivos en tiempos de carestía.

e) Estética. Se trata de una reflexión sobre el fenómeno de autorreferecialidad propio de la comedia. Especialmente en la parábasis, el comediográfo teoriza -por boca del coro- sobre la poética del género y sobre los errores de sus competidores, e insiste en apelaciones al público para lograr el favor de la audiencia, es decir, construye discursivamente un modelo de auditorio de competencia suficiente para captar la genialidad de sus propias expresiones artísticas.

f) Un esquema ilustrativo que sintetiza los tópoi argumentales de la pieza. Demuestra que en cierto modo el mayor interés de Aristófanes radica en la educación, no en la política. Se oponen en apretada sinopsis los núcleos de los argumentos de Kreítton (el Argumento Más Fuerte, personificación de la retórica justa) versus Hétton (el Argumento Más Débil, personificación de la retórica injusta), completados por los de Tergiversero y Ahorrípico, en dos columnas.

g) Las conclusiones se desarrollan bajo el subtítulo "Pobreza, cultura y educación" y cierran con solvencia el estudio preciso y detallado que aporta la Introducción. El disparador es la pregunta "¿Puede la educación ser un remedio contra la pobreza?".

Nubes pone en escena a un grupo de filósofos quienes, descalzos, mal vestidos y pálidos, y preocupados en temas sutiles y poco prácticos, sienten más el hambre que el reconocimiento de la comunidad. Demuestran que cultura y miseria pueden ir perfectamente de la mano. Por otro lado, Tergiversero, un campesino no aristócrata, que habiendo logrado un buen pasar, sufre al momento una grave situación financiera y se embarca en la esperanza de que la 'educación' pueda salvarlo, para lo cual pergeña un plan a todas luces absurdo. La vena crítica de la comedia devendrá en una exposición cruda de la corrupción y de la falacia a las que puede conducir la nueva educación sofística. Es evidente que Aristófanes se aplica a censurar la utilización incorrecta de un recurso valioso, la retórica, pero también advierte sobre la nociva actitud de ciudadanos que aspiran a eludir la ley valiéndose del aprendizaje de argumentaciones y silogismos falsos.
Completa la primera parte del libro la Bibliografía, exhaustiva y actualizada. Está organizada en bibliografía general sobre Aristófanes y en particular sobre Nubes, presentaba en dos secciones: ediciones y estudios.
La presentación del texto es bilingüe: griego-castellano. Está realizada a partir de las mejores ediciones de los manuscritos originales hoy disponibles y la traducción logra una aproximación fidedigna de la lengua de partida a la de llegada. A pesar de las serias dificultades filológicas y lexicográficas que ofrece siempre la obra de Aristófanes -y otras muchas derivadas de un campo semántico imposible de restaurar-, la solución innovadora de volcar el texto al rioplatense acerca más al lector al tono insolente del comediógrafo. Debe haber sido una opción difícil y discutida, pero mucho más acertada que caminar por caminos trillados de la tradición.
La traducción propiamente dicha está precedida por los Presupuestos o Hypotéseis y profusamente anotada con referencias a la bibliografía y aclaraciones filológicas sobre los términos, situaciones, inteligibilidad de los mitos e incluso consideraciones personales de los traductores que esclarecen sobremanera la lectura de los diálogos.
Uno de los amargos encantos -valga el oxímoron- de Nubes es la inmersión en una de las facetas más controversiales de Sócrates. La imaginación y el absurdo conciertan un retrato del filósofo que lo cofunde peligrosamente con los sophistaí que malamente educaban a los jóvenes de Atenas en el dificultoso arte de la persuasión, siempre, claro, que sus familias estuvieran dispuestas a remunerar generosamente al maestro dispuesto a develar desde los arcanos del universo hasta las estrategias políticas. La contrafigura -grotesca y mezquina- de Tergiversero, en tensión constante por la amenaza de bancarrota y el temor de una sanción legal por sus malos negocios y por los despilfarros de su hijo Ahorrípico, pone en jerarquía el personaje de Sócrates. El espectador de la época tenía una ventaja sobre nosotros -que sólo podemos acceder a Platón o Jenofonte- y pudo comparar esta caricatura del filósofo con el de carne y hueso que recorría las calles interrogando a los ciudadanos sobre sus presuntos saberes. Es menester recordar que a ellos -a quienes tenían posibilidad de comparar- iba dirigida esta pintura extremada del personaje. Nunca sabremos cómo fue el verdadero. Eso no nos impide -por el contrario, estimula- el repetido recorrido por las discusiones e intercambios desopilantes de los caracteres de la comedia, y para ello, nada mejor que esta versión que se constituirá sin duda en obra de referencia obligada para los especialistas y para todo público o lector que quiera disfrutar de nuevo la comedia política.