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Circe de clásicos y modernos

versión On-line ISSN 1851-1724

Circe clás. mod.  n.12 Santa Rosa ene./dic. 2008

 

Herrero de Jáuregui, Miguel
Tradición órfica y cristianismo antiguo
Madrid, Trotta, 2007, 413 pág. ISBN 978-84-8164-915-4

Por Laura Pérez

La tradición órfica, cuyas raíces se remontan al siglo VI a.C., no sólo es una de las religiones más originales dentro del mundo griego, sino que también ha despertado gran interés por sus similitudes con el cristianismo. Su estudio ha suscitado encendidos debates en los dos últimos siglos. De allí la importancia de este aporte de Herrero de Jáuregui, quien estudia la naturaleza del orfismo en el panorama religioso, literario y filosófico griego y las relaciones que establece con este fenómeno la literatura cristiana de los siglos II-IV. En efecto, la perspectiva de los apologistas cristianos se toma por primera vez como fuente principal para reconstruir la forma y ámbitos de influencia del orfismo en época imperial. Esta investigación surgió primero como una tesis doctoral y se ofrece ahora como material invalorable para comprender desde una perspectiva original el encuentro entre la cultura griega y la judeo-cristiana.
En el capítulo I, "Introducción", el autor se posiciona en el campo de los estudios sobre el orfismo y su relación con el cristianismo, distanciándose de dos posturas por las que ha pasado sucesivamente la investigación: el panorfismo y el orfeoescepticismo. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX predominó el panorfismo, según el cual esta religión sería la raíz de numerosos elementos ideológicos, morales y rituales absorbidos por el cristianismo, e incluso -en las visiones más extremas- de algunos de los dogmas capitales de la teología cristiana. Pero esta postura centrada en las similitudes entre los dos fenómenos llevó a una visión distorsionada del orfismo, sobre el que se tendió a proyectar las categorías cristianas. Frente a esa tendencia se produce, en el segundo tercio del siglo XX, una reacción escéptica, el orfeoescepticismo, que llegó a poner en cuestión la existencia misma del orfismo, que no sería ninguna realidad distinta de fenómenos como el pitagorismo, el culto de Dioniso o los misterios eleusinos (p. 28). Nuevos descubrimientos de la segunda mitad del siglo XX desmintieron las tesis escépticas y volvieron a ubicar al orfismo en un lugar central del estudio de la religión y filosofía griegas. Pero los nuevos estudiosos, según Herrero, no tienen como preocupación central su relación histórica con el cristianismo, ni intentan establecer una influencia directa en uno u otro sentido.
El autor dedica la segunda parte del primer capítulo a la delimitación terminológica de los principales conceptos con los que trabajará a lo largo del libro: cristianismo, paganismo y orfismo. El término cristianismo simplifica en exceso la gran complejidad de ideas teológicas que coexistían en época imperial; sin embargo, Herrero justifica su uso porque no se ocupará del contenido teológico de la literatura cristiana, sino de su contenido apologético y de las estrategias que implica. Justamente a partir de la apologética el término paganismo pasa a designar todo lo que no es cristiano ni judío ni hereje, es decir, la religión tradicional griega y romana y los nuevos cultos surgidos a partir de época helenística. Este concepto engloba, por lo tanto, una realidad compuesta de diversidad de cultos y corrientes.
Por último, define el orfismo como "la elaboración teológica de los elementos míticos y rituales y de la experiencia misma de los misterios griegos: un proceso intelectual que fructifica a través de poemas, ritos y creencias determinados por esta especulación" (p. 29). La transmisión escrita, uno de los rasgos característicos del orfismo, "permite a esa especulación lanzarse a innovar con más audacia desde la tradición" (p. 30). En este sentido, al contrario de la opinión más extendida que asigna a las novedosas ideas órficas un supuesto origen externo (no griego), el autor demuestra -a través de numerosos ejemplos- que muchas de ellas son en realidad fruto de la teologización de las propias nociones consustanciales a los misterios. Entre estas ideas originales se encuentra la visión del alma, que está encerrada en el cuerpo como castigo por una falta primordial, y está condenada a sufrir un ciclo de reencarnaciones y/o tormentos en el Más Allá hasta que no expíe su culpa ancestral y pueda así disfrutar de la vida feliz sempiterna a la que su naturaleza inmortal la hace aspirar. Herrero enfatiza además dos aspectos fundamentales no tenidos en cuenta en la concepción tradicional del orfismo: por un lado, que éste no es un sistema coherente y unificado de ideas, sino que se trata de una amalgama de especulaciones, con muchos elementos comunes pero no organizadas ni sistematizadas; por otro, que no hay un grupo social específico constituido por los 'órficos', ya que no existe una preocupación por la uniformidad ritual e ideológica, ni un sentimiento de comunidad. En efecto, el orfismo se superpone a otros tres campos distintos: los pitagóricos, los iniciados en Eleusis y los practicantes del culto de Dioniso.
En el capítulo II, "Presencia y valor del orfismo en época imperial", Herrero examina las formas de la tradición literaria órfica, teogonías, himnos y catábasis, y las obras de cada género que se han conservado. Luego, examina los rastros del orfismo en la práctica ritual y sistematiza para ello una gran cantidad de testimonios epigráficos y papirológicos que dan cuenta de prácticas rituales efectivas teñidas de orfismo. Dada la enorme variedad de los testimonios y la multiplicidad de los cultos, divide cuatro zonas para hacer el recuento: Grecia, Roma, Egipto y Asia Menor. Ello le permite comparar el peso del orfismo en cada una de estas regiones y sus características diferenciales. Además, el análisis de esos documentos revela un resurgimiento claro del orfismo (cuyos rastros rituales casi desaparecieron en época helenística) a partir del siglo II.
El capítulo III, "Espacios de encuentro entre orfismo y cristianismo", describe las relaciones y los límites fluidos entre las diversas corrientes coexistentes en el mapa ideológico y religioso del Imperio. Muchas de ellas -platonismo, estoicismo, neopitagorismo, entre las filosóficas; literatura teológica pagana, gnosticismo, judaísmo, entre las religiosas- mantienen ideas parejas a las expresadas en los poemas órficos o elementos rituales y literarios similares, y en ocasiones el orfismo se integra con estas tradiciones en un caudal común. Por su parte, el cristianismo también converge y se solapa con estas corrientes, pues tampoco es un sistema aislado y de contornos perfectamente definidos. De esta manera, surgen entre ambos numerosos espacios de contacto.
A partir del capítulo IV, "La tradición órfica en la literatura apologética", el autor pasa a ocuparse de su centro de interés, por lo que este y los dos siguientes capítulos son mucho más extensos que los anteriores. Estudia "el origen y significado de las apariciones de Orfeo, sus poemas y ritos en fuentes cristianas", específicamente, en la literatura apologética, a la que entiende como "la que presenta el cristianismo a un público no cristiano" (p. 113). Antes de comenzar el análisis, ubica la literatura apologética en su entorno y describe sus relaciones tanto con la apologética judía anterior, como con la apologética anticristiana. Luego, proporciona una breve noticia sobre cada uno de los autores cristianos que tomará en su estudio. En el examen de las referencias al orfismo presentes en textos cristianos sigue el criterio que ya había explicitado en la introducción: "este material no debe utilizarse sin un previo análisis de las fuentes, la intención y la manipulación del apologista que lo transmite, pues la apologética es todo menos inocente y neutral" (p. 23). Así, Herrero analiza en qué contexto y con qué objetivo aparecen en estos autores las referencias a la figura de Orfeo, a los misterios, al henoteísmo o a la teoría de la reencarnación. Asimismo, da cuenta de las fuentes más probables de cada apologista, y establece las relaciones intertextuales entre ellos. Al final del capítulo evalúa la fiabilidad de los apologistas: si bien éstos se basan sobre todo en fuentes literarias -no en los poemas órficos directamente- y a pesar de su manipulación, el cuadro general del orfismo que presentan coincide con la realidad que muestran los testimonios paganos.
El siguiente capítulo, "Estrategias cristianas ante el orfismo", está muy relacionado con el anterior, ya que los contenidos de la tradición órfica aparecen en los escritos apologéticos enmarcados en una determinada estrategia. Por ejemplo, Clemente de Alejandría, que en su Protréptico brinda abundante información sobre el contenido teológico y ritual de los misterios de Orfeo, utiliza este material para descalificar y demostrar la indignidad de los dioses griegos, razón por la cual, luego de citar los elementos más escandalosos e inmorales de las teogonías órficas, engloba todos los misterios como un conjunto caracterizado por unos rasgos comunes de sexo y violencia. Otros autores, en cambio, se apropian de los poemas órficos con mayor tendencia al henoteísmo -que identifican a todos los dioses hasta convertirlos en una única divinidad o dan primacía a Zeus- como apoyo a la idea cristiana del monoteísmo. Por último, algunos contenidos de la tradición órfica son directamente omitidos en los textos apologéticos, porque su gran similitud con las ideas teológicas cristianas hace imposible criticarlos en el bando opuesto, a la vez que podría propiciar el sincretismo.
Por otro lado, en este capítulo también describe de forma muy clara cómo las semejanzas y diferencias con el orfismo hicieron de esta teología mistérica el eje sobre el que se construye la oposición que sustenta toda la literatura apologética: el cristianismo frente al paganismo. La metáfora de la conversión a la que exhortan los cristianos requiere la delimitación de un punto de partida y otro de llegada, concebidos como dos entes unitarios, opuestos y, en cierto modo, simétricos. Por eso, los textos apologéticos transmitieron una imagen de la religión griega como un conjunto unificado de creencias y cultos, del que Orfeo se convierte en el patrón principal. En esta creación artificial, el cristianismo adopta elementos externos del paganismo para hacerse comprender en el sistema cultural griego; a la vez que afecta al orfismo, sobre el que proyecta los esquemas cristianos. Esta estrategia tiene consecuencias importantísimas: "las estrategias de selección, manipulación y presentación de la tradición órfica que practicaron los apologistas cristianos determinaron la percepción del cristianismo hasta el siglo XIX y que aún perdura en parte hoy día" (p. 273).
Sin embargo, a pesar de las deformaciones que puede provocar la perspectiva externa, que aborda al orfismo desde un interés cristiano, ésta también puede arrojar nueva luz sobre el fenómeno, precisamente porque lo enfoca desde un punto de vista único. Pero para iluminar el orfismo desde esta perspectiva hay que realizar una labor de comparación con el cristianismo, tarea que Herrero emprende en el último capítulo del libro, "El orfismo a la luz de los textos cristianos". Deja para el final la cuestión de las causas de los paralelos, ya que le interesa la analogía de ideas más que la genealogía entre ellas, "que puede inducir a proyectar nociones posteriores sobre sus supuestos precedentes" (p. 276). En efecto, a diferencia de los estudiosos anteriores que critica, no identifica entre esas causas relaciones de influencia directa en un sentido o en otro, sino que reconoce multiplicidad de factores: semejanzas tipológicas, por incluirse las dos en las categorías de religiones de salvación y de religiones del libro; semejanzas debidas a sucesivas oleadas de orientalismo que se han integrado de manera diferente en cada una; influencias del platonismo vulgarizado; y, finalmente, influencias mutuas en ambas direcciones.
Uno de los aportes más valiosos de este texto es que actualiza el estudio del orfismo, por un lado, a través de un estado de la cuestión que sintetiza las discusiones al respecto y los principales errores que se han cometido, para tratar de superarlos aplicando una nueva perspectiva; y, por otro, mediante la recopilación y sistematización de las fuentes más importantes existentes -las fuentes literarias, tanto paganas como cristianas, y las fuentes directas, epigráficas y papirológicas-, muchas de las cuales han sido descubiertas en las últimas décadas. Además, el análisis exhaustivo de los elementos órficos aludidos por los apologistas, de sus estrategias y manipulaciones ilumina muchos aspectos de gran valor en la comprensión del fenómeno y de su relación con el cristianismo antiguo y, también, con el actual.
Resulta de gran utilidad el "Apéndice", donde se transcriben los fragmentos más importantes de las obras cristianas en relación al orfismo, los cuales resultaban demasiado extensos para citarlos en el cuerpo del texto, y a los que se remite en los momentos oportunos. Asimismo, es una herramienta importante -y no sólo para este trabajo, sino también para otros de temática relacionada- el "Glosario", donde aclara, entre otros, el sentido de términos muy específicos de los cultos mistéricos, casi todos ellos conceptos griegos sin traducción al español actual.
La discusión bibliográfica es muy abundante, incluso demasiado, ya que en ocasiones dificulta la lectura de algunos pasajes para los no especialistas. En efecto, si bien el autor afirma en el prólogo que el libro "pretende ser accesible no sólo a los filólogos clásicos y especialistas, sino a todo el que se interese por la religión antigua" (p. 11), la gran especificidad de algunas discusiones vigentes en el campo de investigación entorpecen este propósito.